lunes, 27 de mayo de 2013

Estados Unidos y sus guerras fracasadas: El pantano de Siria


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por Miguel Guaglianone
Mayo de 2013 


¿Será que alguna vez los “estrategas” van a decidirse a aprender de la historia o continuarán su ciega carrera hacia el vacío?

En los últimos tiempos a los Estados Unidos no le están saliendo muy bien las cosas en política exterior. Sobre todo desde que el Departamento de Estado y el Pentágono -léase los intereses de las grandes corporaciones- y sin importar el color político de quien esté en la Casa Blanca, decidieron que la intervención armada sería la forma principal de imponer sus objetivos a nivel global. Una política impulsada no sólo por el creciente predominio de los “halcones” en las decisiones de estado, sino también por su pérdida de influencia a nivel mundial provocada por un conjunto de factores que van desde su propia crisis interna y la correspondiente crisis de sus principales aliados, hasta el ascenso de nuevos protagonistas a nivel global tales como China, Rusia, India y Latinoamérica, que deciden cada vez más sin tener en cuenta los intereses estadounidenses y que tienden a generar el nuevo universo multipolar de la geopolítica planetaria.

Así, la guerra en Irak luego del derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein se fue estancando, y no fue posible mantener el control en un país en ruinas a pesar de los sucesivos gobiernos títeres instaurados. Luego de diez años de ocupación, la violencia de distintas facciones sigue estando presente (aún en la supuestamente protegida “zona verde” de Bagdad), y el vergonzoso y progresivo retiro de tropas ha sido la única respuesta posible. El saldo ha sido la destrucción de una nación, el saqueo de sus reliquias históricas y un relativo control sobre el petróleo iraquí por parte de las grandes corporaciones (todavía a pesar de los años no se ha logrado restaurar la producción del tiempo de Saddam).

Igual destino han sufrido en Afganistán, que fuera invadido bajo el pretexto de que el gobierno talibán protegía y promovía el terrorismo y dónde a la fecha, luego de 12 años de invasión, no han logrado ninguno de los objetivos propuestos. La resistencia continúa atacando no sólo a las fuerzas de ocupación, sino también a las del gobierno títere impuesto por las naciones occidentales. Los “estrategas” de Estados Unidos nunca estudian la historia, sino sabrían que desde Alejandro el Magno hasta el presente, el pueblo afgano ha logrado resistir a todas las múltiples invasiones que intentaron controlar su geopolíticamente vital territorio. El único saldo en crecimiento que ha dejado esta guerra, ha sido el aumento exponencial del cultivo de amapola y la producción de heroína, precisamente destinada a ser consumida en los países centrales. También aquí la guerra se ha estancado y presenta la misma cara que en Irak, la única salida parece ser una vergonzosa retirada, con el riesgo que el gobierno títere impuesto (al igual que en Vietnam) caiga rápidamente al irse las tropas invasoras.

Dónde en primera instancia las cosas parecían haber salido mejor para los intereses de la gran potencia ha sido en Libia. El nuevo método de ataque a través de intermediarios, producto de los repetidos fracasos militares anteriores y de las inmensas dificultades económicas de unos Estados Unidos en recesión para asumir los gigantescos costos de la movilización de tropas y equipamiento, dio unos rápidos frutos. Los terribles bombardeos por parte de la OTAN (78.000 misiones en menos de dos meses) y los ataques de todo tipo de opositores a Kadaffi estimulados, financiados y armados por los países occidentales, acabaron en muy poco tiempo no sólo con el gobierno libio, sino con las principales infraestructuras del país.

También como en Irak, el petróleo libio y sobre todo las grandes cantidades de dólares del Estado libio depositadas en los bancos europeos, quedaron en poder de los intereses occidentales. Las compañías norteamericanas y europeas consiguieron jugosos contratos para la “reconstrucción” del país que habían devastado. Pero, otra vez sin mirar la historia, los “estrategas” occidentales no tuvieron en cuenta dos hechos. El primero que el Estado libio no era un “Estado Nación” del tipo occidental, sino que la capacidad de Kadaffi había estado en lograr el consenso entre los grupos tribales que constituyen la estructura social del país. El segundo fue que, en la desesperación por tumbar rápidamente al gobierno libio, los países occidentales financiaron y armaron a cualquiera que dijera estar en su contra, sin ningún tipo de exigencia. El Consejo Nacional de Transición constituía una variopinta agrupación de facciones, que iban desde los opositores internos radicales libios hasta los grupos terroristas como Al Qaeda, pasando en el intermedio por grupos tribales y por todo tipo de tropas de mercenarios y delincuentes.

El resultado es que aún hoy la violencia sigue estando presente en Libia. Una violencia que ya le ha costado por ejemplo a los Estados Unidos la muerte de diplomáticos y que hasta la semana anterior sigue explotando en focos incontrolables, por parte de facciones que conservan su capacidad armada y no responden a ningún gobierno. Aquí no hay tropas de invasión para retirar, pero quienes representan los intereses occidentales no tienen la capacidad ni de dirigir u organizar, y aún menos de pacificar al país. A dos años de haber “terminado la guerra” la escalada de violencia continúa en un territorio libio donde lo normal es la devastación.

Siria

Cuando a fines del 2011 la política exterior norteamericana decidió aplicar a Siria el mismo libreto que aparentemente les había dado buen resultado en Libia, generando una supuesta “guerra civil” financiada desde el exterior, hacíamos el análisis de situación y pronosticamos que era probable que se estuviera gestando un conflicto prolongado y sin claros vencedores. Señalamos por ejemplo, que el gobierno sirio no había caído nunca en la ingenuidad de Kadaffi de desarmarse pensando que había conquistado las amistad de las potencias occidentales, muy por el contrario se mantenía hace casi cuarenta años en estado de guerra con su vecino Israel y no sólo estaba muy bien armado sino que mantenía un alto grado de capacidad militar. Otro elemento que hacía muy diferente el conflicto era que los países occidentales no lograron una decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que permitiera el bombardeo externo, ya que tanto Rusia como China no estaban dispuestas a ser partícipes de la destrucción de la nación siria, como lo fueron involuntariamente en el caso de Libia, al permitir la aprobación de una “zona de exclusión aérea” por parte de ese Consejo.

A pesar de estas diferencias (otra vez parece que los “estrategas” del Pentágono no leen la historia), los Estados Unidos impusieron el plan de guerra que les funcionara en Libia, con el objetivo de tumbar al gobierno sirio. Esta vez no sólo los estados europeos correrían con el peso de la factura de promover, financiar y armar a los “rebeldes”, sino que obtuvieron la cooperación de varios estados de la región (algunos de ellos curiosamente, enemigos entre sí) como Arabia Saudí, Jordania, Qatar, Turquía e Israel. Mientras tanto mantenían una furiosa ofensiva diplomática que buscaba aislar al gobierno de Bashar.Al-Asad, y lograr sanciones de todo tipo por parte de instituciones internacionales. Aunque no hubieran conseguido el aval para destruir desde el aire las infraestructuras y la aviación sirias, estaban dispuestos a tomar el riesgo de aplicar el plan, aunque fuera parcialmente.

Pero las cosas se fueron dando de otra manera. En la medida que el gobierno sirio lograba resistir las embestidas de los ataques, que no sólo fueron de guerra convencional y de guerrillas, sino que pasaron a ataques terroristas por parte de los “rebeldes”, y en la medida que además la posición de Rusia fue endureciéndose progresivamente (habiendo colocado el gobierno de Vladimir Putin una especie de “línea roja” en Siria, declarando que su país no permitiría una invasión extranjera); la guerra fue prolongándose y poco a poco el ejército sirio fue logrando sucesivas victorias frente a los mercenarios. Se dieron marchas y contramarchas, Turquía (vecino fronterizo) amenazó con intervenir directamente en forma militar, pero cuando comenzó a movilizar sus tropas hacia la frontera, la resistencia armada kurda que tiene en su interior, incrementó sus acciones militares, y debieron suspender sus pretensiones frente a Siria. Para compensar, la OTAN desplegó en territorio turco baterías de misiles Patriot para “defender a Turquía de Siria”. La Liga Árabe permitió al Ejército Libre Sirio (eufemismo para nombrar a los mercenarios) ocupar el puesto de esa nación en su seno. El gobierno sirio denunció ante las Naciones Unidas el uso de armas químicas por parte de los rebeldes, y Occidente contestó que era ese gobierno quien las empleaba. Las Naciones Unidas a través de su Secretario General (que opera como gobernador colonial de Occidente) declararon en el caso que “había que investigar al gobierno sirio”. Los miembros de la comisión enviada por las ONU hicieron declaraciones contradictorias, mientras unos decían que no encontraban pruebas de uso de armas químicas, otros afirmaron que habían descubierto que eran los “rebeldes” quienes las habían usado.

Todos estos entretelones no logran desviar el hecho que el gobierno sirio parece estar ganando la guerra en el terreno militar. La acción diplomática rusa logra entonces que en una visita del Secretario de Estado Kerry a Moscú, se convenga en la realización de una conferencia de paz en la cual esté presente el gobierno sirio. Todo pareciera estar apuntando a una resolución del conflicto.

La huída hacia delante

Sin embargo persiste la ciega tozudez de seguir intentando llevar adelante los planes establecidos aunque los hechos apunten a lo contrario. Obama se reúne por separado con Cameron (primer ministro Británico) y con Endorgan (primer ministro turco) y en ambas reuniones declaran seguir propiciando la caída del gobierno sirio como objetivo principal en Medio Oriente. Las Naciones Unidas bajo su influencia emiten una resolución de condena a Bashar Al-Asad y se expresa desde la Casa Blanca que los Estados Unidos van a armar por su parte a los rebeldes (ya comenzó a operar en territorio sirio una unidad mercenaria entrenada y armada por Estados Unidos en Jordania). Todo parece indicar que no importa de qué manera, el gobierno de Estados Unidos persistirá en sus objetivos. Aún cuando exista un informe de la CIA divulgado por los propios medios occidentales, que dice que Bashar Al-Asad cuenta con el respaldo de la mayoría del pueblo sirio y que es probable que gane las próximas elecciones con un apoyo mayor al 57% de los electores, lo que lo convertiría en presidente legítimo hasta 2020. Los propios medios occidentales muestran, aún con su información sesgada, como a los Estados Unidos no les importa en absoluto la “democracia” sino que van a imponer cada vez más abiertamente, la defensa de sus intereses (los de las grandes corporaciones) sin atender a ningún otro tipo de razón o consideración política.

Uno de los síntomas del tipo de crisis general que estamos viviendo, tiene que ver con esa ciega pretensión de imponer objetivos frente a realidades que no lo permiten. Del mismo modo que frente a la crisis europea los poderes económicos centrales repiten y repiten las fórmulas neoliberales que han demostrado su constante fracaso, en este caso la política exterior estadounidense intenta repetir y repetir las fórmulas intervencionistas de guerra que vienen naufragando sistemáticamente.

Así, Siria se les está convirtiendo en el mismo tipo de pantano que en que están enterrados en Irak y Afganistán. Y si la historia enseña algo, es que tendrán que salir de allí como salieron de Vietnam, con el “rabo entre las patas”.

Arnold Toynbee decía en su tratado sobre el Estudio de la Historia, que las crisis de civilización llegan cuando la minoría creativa que había elaborado propuestas civilizatorias que convencieron a los pueblos perdía su condición de tal, e intentaba convertirse en una minoría dominante apoyada únicamente por la fuerza. Decía también, estudiando el colapso de las civilizaciones, que en ese momento (el del colapso) era cuando curiosamente los imperios que habían dominado la civilización tenían la mayor capacidad militar de su historia, y que de nada les había servido para evitar la desintegración.

¿Será que alguna vez los “estrategas” van a decidirse a aprender de la historia o continuarán su ciega carrera hacia el vacío?

Algunas fuentes empleadas: RT TV - Hispan TV - Telesur - BBC - Rebelión - CNN (en inglés) - RTE - DW.
Publicado por Barómetro Internacional

domingo, 26 de mayo de 2013

Chile: A seis meses de las elecciones presidenciales ...La famosa “nueva mayoría” que se invoca como panacea para apoyar a Bachelet, es sólo un eslogan, una ilusión.


Por Alejandro Lavquén 
Mayo 24/ 2013

La decisión del Partido Comunista de Chile (PCCh) de dar su apoyo a la candidata presidencial, Michelle Bachelet, es obviamente la decisión legítima de un partido que así lo decide, pero ello no significa que tal orientación represente a todos los comunistas de Chile. La determinación la tomó el Comité Central, no fue una decisión tomada por las bases comunistas a través de un plebiscito partidario.
 Esto me parece importante decirlo, pues una de las exigencias fundamentales del movimiento social es que si realmente queremos cambiar el modo de hacer política, esto debe hacerse con la participación activa del pueblo; es decir, desde la base. Por otro lado, los dirigentes comunistas siempre hablaron de que apoyarían un programa no personas ¿Qué motivó que ese discurso cambiara? ¿Qué se puede esperar de estos dirigentes en los años venideros? ¿Cambiará el modo de operar de los partidos políticos en el futuro, como exige el pueblo movilizado?
Ante este acontecimiento es importante explicar que el Partido Comunista no representa a todos los comunistas de la nación, es sólo el partido de los comunistas militantes. El PCCh no tiene la potestad del comunismo chileno o la marca registrada de él. De hecho, en el país, somos más los comunistas que no militamos que los que militan. Eso lo sabe Guillermo Teillier, lo sabe Lautaro Carmona, lo saben todos los compañeros.
 Y si bien la mayoría hemos seguido votando por los candidatos comunistas, en las elecciones municipales y parlamentarias, tenemos claro, desde un análisis materialista dialéctico e histórico, que cuando una partido de Izquierda decide apoyar una candidatura con claros tintes neoliberales comete un grave error. Hoy, los actuales dirigentes del Partido Comunista, a cambio de escaños en el parlamento, han hipotecado la ideología y desafectado la identidad comunista forjada en la lucha contra la dictadura y en contra del neoliberalismo de las últimas dos décadas.
La famosa “nueva mayoría” que se invoca como panacea para apoyar a Bachelet, es sólo un eslogan, una ilusión. Mientras no haya participación efectiva de las bases no habrá democracia verdadera. Hasta el más bobalicón se da cuenta que el discurso de los dirigentes de los partidos de la Concertación no se condice con su práctica diaria. Recomiendo solicitar, por ley de transparencia, los documentos de cómo han votado los proyectos de ley los parlamentarios concertacionistas en los últimos años. Desde mañana veremos a los dirigentes comunistas tratando de justificar lo injustificable y tratando de convencer al pueblo de las virtudes de la candidata; sin olvidarse claro está, de decir que quienes los criticamos le hacemos el juego a la derecha. O sea, algo así como el discurso fascista de que los comunistas nos comemos las guaguas, pero al revés. Créanme, no se les ocurrirá un argumento más inteligente.




Alejandro Lavquén (Santiago1959) es un escritor chileno. Ha publicado libros, plaquette y cuadernillos de poesía y prosa. También ha escrito numerosos artículos sobre temas literarios, históricos, políticos, sociales y culturales.
Entre los años 2000 y 2005 condujo en radio Nuevo Mundo, en Chile, el programa literario De Puño y Letra. Actualmente es colaborador de la revista Punto Final y otros medios de comunicación impresos y digitales. Sus poemas y trabajos periodísticos han sido reproducidos por revistas, periódicos y páginas web de diversos países. En el año 2012 su libro Sacros iconoclastas fue traducido al griego por el poeta Rigas Kappatos y publicado en Atenas, Grecia, en una edición bilingüe por Editorial EKATH.


“Las amenazas, la cultura y la coordinación represiva”


 

por Nestor Kohan
Sábado, 25 de Mayo de 2013 12:00

“Las amenazas, la cultura y la coordinación represiva”













¿Ya no hay coordinación represiva en Nuestra América? ¿Se acabó el Plan Cóndor? ¿Se disolvieron los aparatos de inteligencia vinculados al terrorismo de estado? ¿Los grupos de ultraderecha son un triste recuerdo del pasado? ¿Vivimos en una democracia plena?

Cada quien responderá esas preguntas como quiera o como pueda.
En estas líneas me limito a hacer públicos y denunciar hechos puntuales que, ¿por qué no admitirlo?, me generan cierta preocupación.

En Argentina estamos acostumbrados a la vigilancia de los aparatos de inteligencia. Ya son parte del “folclore político” doméstico. Nos escuchan los teléfonos, nos leen los correos electrónicos, nos fotografían las asambleas, nos filman en las movilizaciones. Todo el mundo lo sabe. Los recientes casos, tristemente célebres, del oficial de inteligencia de la policía federal Américo Balbuena, infiltrado más de una década en la agencia de noticias alternativa Rodolfo Walsh, así como el “proyecto X” de inteligencia de la Gendarmería sobre organizaciones populares son tan sólo la punta del iceberg. Es lo que apenas salió a la luz. ¿Y todo lo que no se ve? Sólo alguien demasiado ingenuo o completamente desinformado puede imaginar que esto es producto de la “paranoia”.

El aparato de inteligencia y represión del estado opera a través de múltiples vías. Puede consultarse con provecho el libro de Gerardo Yung SIDE, La Argentina secreta (Buenos Aires, Planeta, 2006), donde aparece la descripción del modo de operar del aparato de inteligencia argentino (dirigido y equipado directamente por la CIA de EEUU y el MOSSAD de Israel) sobre el movimiento popular, sus militantes y sus intelectuales. Uno de los tantos departamentos de la central de inteligencia de Argentina está dedicado, obviamente, a la informática. Utilizan tecnología de punta, en gran parte proveniente de Israel. Desde allí interceptan mensajes, escuchan, miran y, ¿por qué no?, arman páginas y blogs en la web.

En ese clima político han aparecido últimamente una serie de páginas de Internet destinadas a contrarrestar a las agencias de información alternativa. Se presentan como gestionadas en forma “amateur” por individuos sueltos o viejitos reaccionarios. Pero por la cantidad de información que manejan, el seguimiento al detalle, día y hora, de movimientos sociales, partidos políticos e incluso individuos, sería imposible que una o dos personas puedan mantenerlas funcionando en forma “amateur”. Es evidente que hay un aparato detrás, una organización de vigilancia colectiva que intenta operar con información de inteligencia sobre la opinión pública. Quien sospeche que esto es “paranoia” que siga disfrutando de su ingenuidad.

En una de esas páginas, titulada CATAPULTA, me acusan con nombre y apellido, incluyendo fotografías de mi persona y tapa de mis libros, de ser un “escritor guerrillero” aduciendo como prueba haber publicado un libro sobre EL CAPITAL de Karl Marx y mi participación durante una década en la Universidad Popular que promovieron las Madres de Plaza de Mayo. Cada vez que publican artículos o notas sobre Néstor Kohan las ubican en la sección CONOCIENDO AL ENEMIGO. En una de ellas pretenden señalarme como “brazo político de las FARC” (referencia a la insurgencia de Colombia, hoy en diálogos de paz en la Habana, Cuba) junto al profesor de economía Jorge Beinstein, ya que ambos pertenecemos al Movimiento Continental Bolivariano (MCB). Véasehttp://www.catapulta.com.ar/?p=2629

Esta página de ultraderecha argentina disfraza su tarea incluyendo “notas color” donde acusan a la Iglesia del Vaticano de ser “demasiado liberal” y otras tonterías similares, pero el eje habitual de sus informaciones son, invariablemente, el seguimiento al detalle de las actividades de la izquierda y de las organizaciones populares.

“Acostumbrado” a nuestra ultraderecha criolla y a sus servicios de inteligencia siempre rodeándonos, dejé pasar esas publicaciones, no sin cierta preocupación.

Un tiempo después de que apareciera mi fotografía en la sección “CONOCIENDO AL ENEMIGO” de Catapulta, viajé a México a un seminario internacional organizado por el Partido del Trabajo (un partido legal e institucional, con representación parlamentaria) y al llegar al aeropuerto de México oficiales de INTERPOL me retuvieron el pasaporte y me llevaron a su oficina. No pasó nada grave. Me devolvieron el pasaporte. ¿Para qué hicieron eso? Nunca lo supe.
Luego fui a Santiago de Chile a presentar la edición chilena de mi último libro sobre el pensamiento teórico del Che Guevara y sus cuadernos de lectura marxista. En el aeropuerto de Santiago, a la hora de sellarme los documentos, comenzó un extenso interrogatorio sobre el contenido de mis clases, los amigos chilenos que me irían a recibir, mis contactos políticos y una serie infinita de preguntas policiales muy detalladas. Me exigían datos sobre las universidades que visitaría. Salí de ese interrogatorio y les pregunté a otros pasajeros si les habían hecho preguntas. Nadie que tomó el mismo vuelo que yo había sido interrogado.

Y ahora me encuentro, de pura casualidad, buscando información en Internet, con una nueva y amarga “sorpresa”.

Aparece una página, claramente de la inteligencia colombiana (por la cantidad de información y de notas diarias dedicadas a la insurgencia y al movimiento popular colombiano), titulada Colombiaopina’s Blog donde los editores publican la siguiente nota: “CONOCER A LOS APOLOGISTAS DE LAS FARC: NESTOR KOHAN”. Véase: http://colombiaopina.wordpress.com/2012/12/14/conocer-a-los-apologistas-de-las-farc-nestor-kohan/conocer-a-los-apologistas-de-las-farc/

Allí utilizan una fotografía mía donde estoy dando una conferencia sobre Karl Marx en Europa. Estos agentes de inteligencia la retocan y la trucan, al peor estilo del stalinismo (que retocaba las fotos donde Trotsky aparecía al lado de Lenin, borrándolo), reemplazando los símbolos de una organización política de Santiago de Compostela (Galiza, estado español) por el escudo de las FARC-EP de Colombia.


Fotografía original
Fotografía trucada:

Todo el mundo sabe que en Colombia las amenazas de muerte y los asesinatos políticos selectivos estuvieron y están a la orden del día. El caso del profesor Renan Vega Cantor, autor de una gran cantidad de libros sobre historia y Premio Libertador en Venezuela ha sido uno de los más recientes (hasta donde tenemos noticias). Renan Vega vino a la Argentina escapando de ese acoso político y esas amenazas de muerte y recibió la solidaridad de muchísimas personalidades políticas, intelectuales, revistas, cátedras y organizaciones estudiantiles. Lo mencionamos porque es el más cercano y el más reciente del que tenemos memoria.

También sabemos que la clase dominante colombiana no sólo ha amenazado, asesinado y reprimido dentro de su propio territorio nacional. No hace demasiado tiempo el intelectual y dirigente político Narciso Isa Conde, también integrante del Movimiento Continental Bolivariano, recibió un atentado —afortunadamente frustrado— en su país, República Dominicana. Como hacían los militares argentinos de Videla o los chilenos de Pinochet, esta gente vigila, amenaza, mata y asesina incluso más allá de sus fronteras.

Por eso dejé pasar las (falsas) notas acusatorias de los servicios de inteligencia de CATAPULTA. No le di mayor importancia a las “anécdotas” de INTERPOL en México y al rarísimo e inesperado interrogatorio de la policía en Chile. Pero cuando me encuentro ahora con esta burda maniobra de la inteligencia militar colombiana, creo que es hora de hacerlo público. Porque acá hay una coordinación represiva. Estas “coincidencias” no son casuales. Exactamente la misma información (falsa, trucada) y el mismo montaje comienza a aparecer en fuerzas represivas de países distintos.
En la acusación fraguada, malintencionada y pérfida a la que hago referencia, los agentes de inteligencia colombianos pretenden señalarme como “uno de los principales ideólogos de las FARC en este momento”. ¡Qué delirio, Dios mío! Estos fascistas no sólo son reaccionarios de ultraderecha, además tienen graves problemas mentales. ¿Cómo se imaginan que alguien que vive en Argentina, a miles de kilómetros de Colombia, puede ser un ideólogo de una organización de otro país? Como se han quedado sin los viejos cuentos del “comunismo que viene de Moscú o de Pekín”, ahora inventan ideólogos… argentinos. No puedo menos que reírme. Parece un chiste (malo) de argentinos. Los argentinos no sólo han puesto un Papa en el Vaticano, también controlan a las FARC de Colombia. ¡Qué delirantes!

Y no sólo eso, me acusan afirmando lo siguiente “y desde las páginas electrónicas de la organización narcoterrorista “tira línea” [Néstor Kohan] sobre lo que debe ser el comportamiento de los terroristas en el proceso de La Habana”. ¡Qué subestimación tiene esta gente de la insurgencia colombiana! ¿Un movimiento social y político con miles de integrantes, que hace 60 años que lucha en su país, necesitaría que alguien “le tire línea” sobre los problemas colombianos? Ni siquiera tengo datos empíricos de la economía colombiana, de la propiedad de su territorio, del desarrollo de su industria, de los niveles de su comercio exterior. No conozco ni siquiera las provincias colombianas. ¿Cómo “tirar línea” sin vivir ahí ni conocer a fondo un país? ¡Qué delirantes!

En su nota macartista y fraudulenta no se ahorran nada. Me acusan de “terrorista” por haber colaborado durante muchos años con el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. ¿Quién en su sano juicio piensa hoy que los campesinos brasileños son “terroristas”? ¿Detrás de estas acusaciones no estará la inteligencia de EEUU?

Los milicos de CATAPULTA me acusan de “terrorista” y “guerrillero” por haber colaborado durante una década con las madres de plaza de mayo (colaboración absolutamente gratuita, agrego… para evitar malentendidos, jamás cobré un solo peso).

Los milicos de Colombia me acusan de “terrorista” por haber trabajado junto a los campesinos de Brasil y por sugerir que lograr la paz en Colombia es muy difícil debido al terrorismo de estado de su clase dominante.

Como “pruebas” incluyen dos notas mías, pequeñísimas. (Estos lúmpenes a sueldo del estado ni siquiera se tomaron el trabajo de leer los libros míos que ellos citan como un pecado gravísimo). Una es sobre la paz en Colombia —que ellos rechazan, pues apuestan a la guerra y a la solución militar del conflicto— y otra es sobre una vieja biografía del escritor Arturo Alape del que hice una reseña bibliográfica hace 15 años.

Sobre la primera nota, “La paz en Colombia”, ni siquiera me había enterado que la agencia de noticias alternativa anncol la había publicado. Tuve que pinchar el link de los fachos para enterarme… porque el original salió en una página española. Si anncol rebotó esa nota, ¿qué problema hay? ¿Es pecado?

Sobre la segunda nota, citan un pequeñísimo texto que escribí en los años 90 sobre una biografía de Arturo Alape sobre Marulanda (buenísima, la recomiendo, la publicó editorial Planeta) que un dirigente sindical argentino nos había regalado, hace como 15 años, a mi padre y a mí. Una biografía literaria que hasta incluye elementos de ficción. La biografía se titula Tirofijo: Los sueños y las montañas. Este texto sobre la biografía de Alape fue escrito en la década del ’90 y lo incorporé al libro Pensar a contramano. Las armas de la crítica y la crítica de las armas. Buenos Aires, Nuestra América, 2007.pp.289-290. Como los fachos no leen libros gordos, porque es mucho trabajo, se tomaron de ese texto donde comparo a las FARC-EP de Colombia con el EZLN de México, trazando analogías y diferencias. Sí, también viajé a México y participé en un encuentro del zapatismo (EZLN) en 1996. ¡Qué pecado mortal!

¡Néstor Kohan defiende la rebeldía del pueblo colombiano! ¡Gravísimo! ¡Llamen a la Inquisición! También defiende a los campesinos de Brasil y a los indígenas de México y estuvo muchos años junto a las madres de plaza de mayo. Podrían haber agregado otros “pecados mortales”. Tuve el honor de conocer a Fidel Castro y a Hugo Chávez. También pude entrevistar a Evo Morales. Michael Löwy (brasileño, de inspiración trotskista-guevarista) prologó dos libros míos. Armando Hart Dávalos (cubano, fundador del Movimiento 26 de julio junto a Fidel) prologó otro texto mío. Osvaldo Bayer (argentino y anarquista) también prologó un libro mío. ¿Y qué? ¿Piensan identificar, marcar y amenazar de muerte a todos ellos? Soy amigo de muchos marxistas de España, Francia e Italia. ¿Piensan cruzar el mar e ir a “marcarlos” al otro lado del agua?

En las acusaciones de estos militares y agentes de inteligencia hay solo un dato cierto. Formo parte del Movimiento Continental Bolivariano… Es verdad. ¡Y a mucha honra! Es más, acabo de escribir un libro entero dedicado a Simón Bolívar y nuestra independencia (Una lectura latinoamericana). ¿Está mal? ¿Tanto miedo le tienen al fantasma de Simón Bolívar?

Como parte del Movimiento Continental Bolivariano hemos compartido un montón de clases y seminarios de estudio con la bandera de Simón Bolívar detrás nuestro (y del Che Guevara, ya que nuestra Cátedra de Formación Política lleva su nombre). Clases donde han participado muchos jóvenes estudiantes, trabajadores de fábricas recuperadas, piqueteros, y militantes populares compartiendo el conocimiento con profesores, escritores, intelectuales y pensadores como Osvaldo Bayer, Vicente Zito Lema, Atilio Boron, Jorge Beinstein, Claudio Katz, el embajador de Palestina en Argentina y varios dirigentes piqueteros. También participaron profesores brasileños, uruguayos, bolivianos, cubanos, venezolanos y chilenos. Las fotografías de esas clases y debates con estos profesores e intelectuales están en Internet. Nunca las ocultamos. ¡Todas clases públicas! ¿Piensan “marcarlos” y callarlos a todos?

Más allá de lo personal, quiero hacer una reflexión mínima sobre las preguntas del comienzo. ¿Desapareció el Plan Cóndor? ¿Ya no hay coordinación represiva a escala continental? ¿Los servicios de inteligencia y los aparatos de “seguridad” (qué palabra engañosa…) no se pasan información, no coordinan la vigilancia, no articulan el seguimiento y la represión?

Sus concepciones, que lamentablemente no quedaron recluidas en el pasado, continúan operando con objetivos precisos:

(1) Aniquilar por la fuerza a todo movimiento social rebelde, desde los tímidos movimientos urbanos y rurales que sólo se proponen reformas puntuales, hasta la insurgencia. TODOS SON ENEMIGOS. Para ellos todos son “terroristas”.

(2) Aislar a los rebeldes: el famoso “sacarle el agua al pez” que en los ’60 promovieron los franceses en Argelia y los norteamericanos en Vietnam, doctrinas que luego se aplicaron a rajatabla en Nuestra América. Que los rebeldes se queden solitos, aislados, sin que nadie opine, sin que nadie hable, sin que nadie vea nada.

(3) Golpear a la cultura de la rebeldía y al pensamiento crítico, considerados como “núcleo central del adoctrinamiento subversivo-terrorista” (según el teórico militar argentino Osiris G. Villegas: Guerra revolucionaria comunista [Buenos Aires, Pleamar, 1963; primera edición de la Biblioteca del Oficial del Círculo Militar Argentino, 1962]). La cultura es el germen de las revoluciones… por eso en ese espacio hay que vigilar, amedrentar, golpear y si es posible, aniquilar.

(4) Demonizar, satanizar y generar TERROR entre la juventud, el estudiantado, la intelectualidad, los periodistas, las abogadas, los profesores y las profesoras. ¡Qué nadie hable! ¡Qué los escritores no se animen a escribir! ¡Qué nadie investigue nada! ¡Qué los libros no circulen ni se lean!

(5) Sentar las bases de los futuros asesinatos selectivos. En Colombia lo vienen haciendo desde hace décadas. La Triple A argentina (Alianza Anticomunista Argentina) comenzó igual, señalando futuras víctimas. Amenazando. “Identificando”. Marcando.

No quiero ser pesimista. Tengo ganas, tengo deseos que las cosas cambien. No me gusta la cultura “dark” ni hago el culto de la melancolía. Pero tampoco soy ingenuo.

No creo que los aparatos de represión de este continente se hayan transformado en dulces monjitas o inocentes carmelitas descalzas. En Argentina, con formas “democráticas” desapareció Julio Lopez, testigo contra los asesinos militares. Hasta el día de hoy… “nadie sabe nada”.

No creo en la sonrisa hipócrita del presidente Obama. Cuanto más sonríe, más golpes de estado hay. ¿Qué pasó en Honduras? ¿Y en Paraguay? ¿Se desmantelaron las nuevas bases militares estadounidenses en Colombia? No, no le creo a Obama. Es un rubio disfrazado de afrodescendiente. Es más de lo mismo. Su multiculturalismo es una mercancía de shopping que nada tiene que ver con el totalitarismo de su american way of life que nos pretende imponer de mil maneras, cada día más sutiles, vigilancia, control y represión incluida.

No le creo al presidente Santos ni al ex presidente Uribe. Parece que entre ellos están peleados. La página de inteligencia militar que me “marca”, me señala y amenaza, critica a Santos, seguramente a favor de Uribe. No conozco esa interna política de Colombia ni me interesa. Los nazis también se peleaban entre ellos pero a la hora de matar, asesinaban todos juntos.

Cuando me encuentro ante estas publicaciones amenazantes me acuerdo de algunos viejos, queridos y admirados desde mi adolescencia.

Jean-Paul Sartre, por ejemplo, en medio de la histeria colonialista francesa y europea, se animó a defender los derechos a la rebeldía y a la insurgencia del pueblo de Argelia. No eran demonios, tenían derechos, dijo Sastre fumando su pipa. No merecían ser torturados, violados, asesinados. Sartre se puso en contra a todo el mundo, pero continuó defendiendo a los rebeldes. ¡Y bien que hizo!

Bertrand Russell, viejito, arrugado, completamente canoso, admirador de Leibniz, amante de la matemática y la lógica simbólica, se sobrepuso a las amenazas y no dejó un minuto de condenar la injusta guerra de Vietnam. Incluso lo metieron preso, pero siguió ejerciendo la solidaridad con la gente humilde y los pueblos rebeldes, brutalmente quemados y arrasados por el NAPALM de los marines norteamericanos.

Eric Hobsbawm, viejito judío rodeado de la flema y la neblina inglesa, al hablar de la insurgencia colombiana y el pueblo de Marulanda, no dudó en escribir que “En Colombia se vive la movilización campesina más grande de todo el hemisferio occidental”. No los nombraba como “terroristas” sino como campesinos movilizados.

Noam Chomsky, neurótico obsesivo fascinado por las estructuras del lenguaje y las formas de racionalidad humana, escribió en su libro Estados Canallas. El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales (Cambridge, South End Press, 2000; Buenos Aires, Paidos, 2001) que la insurgencia colombiana no constituye una banda de delincuentes, secuestradores, bandoleros y forajidos y, menos que nada, una “narcoguerrilla terrorista” sin ideología. ¿También lo van a marcar e identificar como “apologista de las FARC”? ¿También lo van a amenazar? ¿Van a ir a fotografiarlo hasta su casa en Estados Unidos?

Al enterarme que estos milicos, policías y aparatos de inteligencia me señalan con nombre, apellido y fotografías, me cuesta dormir. Mentiría si dijera que no tengo miedo. Sería una bravuconada tonta. Sólo alguien delirante puede no aferrarse al principio de realidad. Si quieren generar miedo, lo logran. La cuestión es qué hacemos nosotros con nuestros miedos. ¿Nos sometemos? ¿Nos anulamos como sujetos? ¿Dejamos de ser quienes somos? ¿Dejamos de escribir? ¿Abandonamos las clases de formación política? ¿Nos callamos la boca frente a la larga mano del terrorismo de estado?

Max Horkheimer decía “La lealtad a la filosofía significa no permitir que el miedo disminuya nuestra capacidad de pensar”. Y tiene razón. Todavía hoy tiene razón. Hegel, otro gigante del pensamiento, en su Fenomenología del espíritu escribió que “Solo si se pone en juego la vida, se conserva la libertad”. Y nuestro querido Rodolfo Walsh cerraba su carta a los mugrientos asesinos, terroristas de estado: “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Por la misma época de Rodolfo Walsh, en plena dictadura militar de Videla, mi padre fue amenazado de muerte, tuvo que irse de la casa y andar escondido. Nunca dejó de ser quiera era. No pudieron con él.

Así que no dejaremos de hacer lo que hacemos. Seguiremos estudiando y escribiendo, continuaremos con las clases itinerantes de formación política, no dejaremos de investigar ni de denunciar los crímenes del terrorismo de estado.


Buenos Aires, 24 de mayo de 2013

jueves, 23 de mayo de 2013

Chile a seis meses de las elecciones



"Dicho porcentaje de abstención, el cual alcanzó un 60% en las elecciones municipales, fue precisamente lo que le propinó el mayor golpe al sistema político desde que la dictadura le traspasó el poder a la clase política dominante. Ese ha sido el mensaje más duro y más claro a la clase política en las dos últimas décadas".


"Los verdaderos llamados a la unidad deben ser hechos desde la perspectiva de la abstención, la no participación masiva y el rechazo consciente y activo al sistema. Éste y no otro será el primer elemento de unidad real y efectivo destinado a construir en el futuro próximo una propuesta política viable y con base sólida a fin de desmantelar un sistema debilitado e ilegitimado por el creciente rechazo ciudadano. Precisamente éste es el llamado de la Huelga Electoral Constituyente, con el objetivo de contribuir a la caída de un sistema de origen ilegítimo, estructuralmente antidemocrático y funcionalmente corrupto y el establecimiento de una Asamblea Constituyente que refunde democráticamente –con representación ciudadana directa elegida a tal efecto– la institucionalidad del país."


Este artículo examina el papel de la Huelga Electoral Constituyente en el contexto de las elecciones del 17 de noviembre desde la perspectiva que otorga la situación electoral actual y sus proyecciones a futuro inmediato.

A seis meses de las elecciones de noviembre próximo, el escenario político muestra a trece candidatos quienes, en un plano general, insinúan notables coincidencias respecto de nebulosos cambios que se dicen necesarios, pero escasas precisiones respecto a programas específicos y proyectos concretos.

Por la derecha más tradicional y tras la resolución del “affair” Golborne, aparecen Longueira y Allamand disputándose quién representa mejor “al sector”. Uno levantando una imagen de candidato duro pero asequible a “construir consensos”, en tanto que el otro apela a su experiencia y largo recorrido político –parte de él en “el desierto”. Ambos, con matices, defendiendo “la obra” del gobierno dePiñera, sin que ninguno mencione sus pasados durante el período 1973-1990.

En la Concertación, predomina sin contrapeso la figura de Michelle Bachelet, aunque acompañada en esta etapa de otros “semi–presidenciables” como Velasco, Gómez y Orrego. Tras el fiasco de las primarias abortadas y sus coletazos, seguramente el escenario decantará pronto y el resultado, salvo la ocurrencia de algo realmente extraordinario, es fácilmente previsible.

Apoyado en el PRO, ya legalizado, se postula Marco Enríquez-Ominami. ME-O finalmente resistió las presiones, mensajes, y ultimátums de la Concertación para lograr que se integrara al proceso de primarias y no se transformara en una amenaza a “la Candidata”. El PRO aspira a crear una nueva constitución a través de un proceso “participativo”. Es visto, desde la Concertación, como el más serio postulante que podría mermar la votación de “Michelle”.

Más allá de los nombrados, aparece Franco Parisi, que ha anunciado que reunió las firmas necesarias para ser incluido en la papeleta. También Tomás Jocelyn-Holt, quien todavía necesita hacerlo para ser candidato. Hasta este momento, Jocelyn-Holt dice haber reunido 25.000 de las 37.000 firmas que necesita para su inscripción.

En una situación parecida se encuentra Roxana Miranda, dirigente de pobladores y de deudores habitacionales, en representación delPartido Igualdad, partido anti–establishment que se encuentra en proceso de reunir firmas para su legalización y que se autodefine como anticapitalista, proponiendo una nueva constitución para Chile a través de una “Constituyente Social”.

Sin embargo, esto no agota la lista, ya que se han lanzado también las candidaturas anti–establishment de Marcel Claude, en representación del Partido Humanista y movimientos ciudadanos y ambientalistas, apoyando la propuesta de una Asamblea Constituyente; y, finalmente, la de Gustavo Ruz, apoyado por el Movimiento por una Asamblea Constituyente y con este específico propósito.

Por último, y en representación del Partido Ecologista Verde, se presenta el economista Alfredo Sfeir Younis, quien necesitará reunir las 37.000 firmas necesarias para inscribir su candidatura.

En total, trece candidatos cubriendo casi completamente el espectro político del país. El único que no llevará candidato presidencial, obviamente que por razones tácticas, es el Partido Comunista.

Todos llaman a la “unidad”. Algunos para “defender lo hecho”, otros para “promover cambios responsables”, otros para “terminar con la desigualdad”, otros para “seguir avanzando”, otros para “transformar el país”, otros para “crear una nueva institucionalidad”, otros para “acabar con el lucro”, “otros para “terminar con los abusos”, pero todos prometiendo más de esto y más de lo otro, lo que es siempre fácil. Y los mensajes no se agotan…

El alto número de candidatos y sus diversos mensajes probablemente tendrán el efecto de atraer a los votantes. Sin embargo, también ese alto número y la probable dispersión del voto en múltiples opciones tiene otro efecto quizás no buscado: ayudar a construir la imagen de que la candidata que encabeza las encuestas por amplio margen es imbatible. Es un resultado que, en último término, ayuda a promover y a propiciar la estabilidad del sistema político tal como es y tal como está.

Mientras más candidatos haya y mientras más disímiles sean sus propuestas, es posible que más electores se sientan inclinados a concurrir a votar por “su candidato”, aunque éste tenga nulas posibilidades de ser electo. En otras palabras, la multiplicidad de “ofertas” en este esquema tal vez ayude a que el porcentaje de abstención disminuya, aunque también es posible que ante tanta disparidad de opciones e incluso duplicación de propuestas en algunos aspectos y contradicciones en otros, una buena parte del electorado tienda a abstenerse sindicando como no aceptables tanto a “la favorita” de la carrera como a las alternativas disponibles.

Lo más probable es que esta galería de trece postulantes decante en algún tiempo más en unos cuatro o, a lo más, cinco. Y que los que no sigan en la carrera posiblemente “endosen” a otros que tengan mejores posibilidades y financiamiento. Sin embargo, si tal “endoso” se hace efectivo a nivel de las bases que apoyan a quienes tiren la toalla, lo que es siempre dudoso pues existe la posibilidad de que también se vayan a casa con su candidato, ello contribuiría a que el porcentaje de abstención alcanzado en las municipales disminuya.

Dicho porcentaje de abstención, el cual alcanzó un 60% en las elecciones municipales, fue precisamente lo que le propinó el mayor golpe al sistema político desde que la dictadura le traspasó el poder a la clase política dominante. Ese ha sido el mensaje más duro y más claro a la clase política en las dos últimas décadas.

Tras la inesperada abstención hubo variadas reacciones. Los miembros más obcecados y menos inteligentes del establishment insinuaron hacer obligatoria la concurrencia a las urnas. Incluso hoy uno de los “semi–presidenciables” de la Concertación declara como una de sus metas imponer al voto obligatorio. Los más pillos intuyeron que una medida como esa sólo apresuraría el derrumbe del sistema y con él, el de ellos mismos, por lo que indicaron que era preferible que “los candidatos comenzaran a seducir a los votantes”. Jamás se imaginaron los que así pensaban que los candidatos declaradamente anti–sistema –como tampoco éstos– se transformarían en los mayores apoyos a dicho propósito. En los hechos, en verdaderos salvavidas del sistema político ilegítimo, antidemocrático y elitista que proclaman querer cambiar.

Pasados ya algunos meses del “lanzamiento” de las distintas candidaturas anti–establishment, está ahora claro que las esperanzas de que ellas confluyan en algún momento en un candidato común, están definitivamente canceladas.

Después de las elecciones, si un nuevo presidente o presidenta resulta electo con una abstención menor a la de las elecciones municipales, la clase política justificará y masificará el discurso de legitimación del sistema, inhibiendo toda posibilidad de cambio.

En dicho escenario, no se habrá avanzado un centímetro en un verdadero proceso de unidad de las fuerzas políticas y sociales anti-sistema. Por el contrario, se habrá consolidado una situación que, después de las municipales, se vio en un momento claramente amenazada. En suma, la próxima elección no pondría en peligro ni la estabilidad ni la permanencia del sistema, como tampoco la sobrevivencia de la clase política que lo administra, salvo que la mayoría de los ciudadanos decida masiva, consciente y activamente, no concurrir a votar dentro del sistema electoral vigente, una opción perfectamente legítima dentro del sistema mismo.

Un sistema que –algo único en el mundo– será próximamente supervisado por un general de ejército (una institución castrense, como todos saben, particularmente “democrática” en su historia) y un general con un oscuro pasado que lo vincula a crímenes de derechos humanos. Esta insólita situación al parecer no incomoda a los candidatos, como tampoco les incomoda un Servicio Electoral que no sabe cuántos centenares de miles de personas fallecidas aparecen en sus registros como votantes activos, y que no puede decir cuándo ni dónde se inscribió un votante, o si alguna vez ha ejercido su derecho a votar.

Los verdaderos llamados a la unidad deben ser hechos desde la perspectiva de la abstención, la no participación masiva y el rechazo consciente y activo al sistema. Éste y no otro será el primer elemento de unidad real y efectivo destinado a construir en el futuro próximo una propuesta política viable y con base sólida a fin de desmantelar un sistema debilitado e ilegitimado por el creciente rechazo ciudadano. Precisamente éste es el llamado de la Huelga Electoral Constituyente, con el objetivo de contribuir a la caída de un sistema de origen ilegítimo, estructuralmente antidemocrático y funcionalmente corrupto y el establecimiento de una Asamblea Constituyente que refunde democráticamente –con representación ciudadana directa elegida a tal efecto– la institucionalidad del país.

Pedro Alejandro Matta
Mayo de 2013

Movimiento por la Huelga Electoral Constituyente
Correo electrónico: huelgaelectoral@gmail.com
Twitter: @huelgaelectoral
Página web: www.huelgaelectoralconstituyente.cl (en diseño)
Fuente fotografía
Cristián Andrés Sotomayor Demuth

miércoles, 22 de mayo de 2013

“La izquierda tradicional opera como un tapón para evitar revueltas”


por Clara Ferrando
  Mayo de 2013 


“La izquierda tradicional opera como un tapón para evitar revueltas”
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Firme defensor del movimiento antiglobalización, impulsor del decrecimiento y promotor de nuevas formas de democracia directa, Carlos Taibo, escritor y profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, se define a sí mismo como libertario... 
 
Editor en Sin Permiso, director del programa de estudios rusos en el Instituto de Sociología de las Nuevas Tecnologías y colaborador asiduo de numerosos medios de comunicación como ‘El País’, ‘Público’ o ‘Rebelión.org’, este gallego ha escrito numerosos artículos y libros sobre formas de organización alternativa, como las cooperativas, la okupación como acción política, el anarcosindicalismo o la autogestión de espacios. Siempre dispuesto a abrir la ventana de par en par a temas que la prensa trata de soslayo, a reivindicar que el 15M dispone de los mimbres necesarios para convertirse en un movimiento de transformación social y a defender que el decrecimientodebería convertirse en el horizonte de los países opulentos.

¿Cómo definiría la doctrina del decrecimiento?
 
Se trata de una propuesta que, en primer lugar, nos dice que si vivimos en un planeta con recursos finitos, no tiene sentido que aspiremos a seguir creciendo ilimitadamente. Lo segundo que subraya es que tenemos que modificar las reglas del juego maestras de nuestras sociedades, tenemos que apostar por la vida social, por lo creativo en el trabajo, por la reducción del tamaño de muchas infraestructuras, por la recuperación de la vida local. En el terreno individual hay que buscar por la sobriedad y la sencillez voluntarias. Lo tercero y último que señala es que podemos vivir mejor con menos. La primera condición que he manejado es una imposición casi biológica, pero esta última nos recuerda que esa limitación la podemos reconvertir en lo contrario si somos capaces de articular sociedades en las cuales prioricemos la felicidad de las personas ante la acumulación de riquezas.

¿Qué sistema económico tendría cabida dentro del proyecto del decrecimiento?
 
Las concepciones teóricas son diversas, aunque la mía apunta a un modelo de socialismo autogestionario y cooperativo extremadamente descentralizado. Creo que es una suerte de combinación del proyecto anarquista o libertario tradicional con la teoría del decrecimiento.

“Vivir mejor con menos”, “trabajar menos para trabajar todos” son lemas del decrecimiento. Algo opuesto al modelo actual de capitalismo… ¿nos han engañado con la relación entre crecimiento económico y bienestar social?
 
No necesariamente. En determinados momentos históricos el crecimiento ha tenido efectos saludables por lo que respecta a prosperidad y bienestar. La cuestión es: ¿qué supone hoy el crecimiento económico en los países ricos del norte opulento? Sobran los argumentos para afirmar que el crecimiento económico no provoca una mayor cohesión social. Muy a menudo no crea puestos de trabajo, provoca agresiones medioambientales irreversibles, agota los recursos básicos, bebe del expolio de la riqueza humana y material de los países pobres, nos hace pensar que seremos más felices cuanto más consumamos. Hay muchos motivos para rechazar la lógica del crecimiento en los países del norte opulento.

¿Qué elementos del sistema actual cree necesario eliminar para avanzar hacia este modelo? ¿Qué es lo primero que eliminaría?
 
Eliminaría todos aquellos elementos que tienen que ver con la lógica del crecimiento, de la competitividad y del consumo. En último termino, prescindiría de las instituciones que guardan relación con la jerarquización social.

¿Cómo justifica la viabilidad de la autogestión y cooperación como opciones reales largo plazo? ¿Conoce algún ejemplo palpable de proyectos que vayan en la línea del decrecimiento y que estén funcionando?
 
Hay muchas muestras de ello, lo que ocurre es que alcanzan a una pequeña porción de la sociedad. Estoy pensando, por ejemplo, en los grupos de consumo, en las ecoaldeas, en las cooperativas integrales, en la banca ética y social, que empieza a manifestarse por muchos lugares, o en el incipiente movimiento de trabajadores que, en régimen autogestionario y cooperativo, decide hacerse con la dirección de empresas que están a punto de quebrar. Creo que el problema en este caso es doble. Por un lado, si queremos construir una sociedad justa e igualitaria no tiene sentido que sigamos delegando las capacidades de decisión en manos de unos pocos que están en el fundamento del modelo contrario de sociedad. Por otra parte, si no somos capaces de perfilar estrategias de autocontrol y autocontención en un planeta que se nos va, temo que el futuro será bastante negro. En ese sentido el proyecto de la autogestión y de la cooperación plantea un horizonte donde el autocontrol es un elemento decisivo.

El 15M defendía algunos postulados del decrecimiento, ¿en qué punto se encuentra en la actualidad este movimiento ciudadano? ¿Ha muerto o ha evolucionado?
 
El 15M no está muerto, creo que es un movimiento muy vivo. Sin embargo, existe un problema con los medios de comunicación a la hora de evaluar lo que ocurre con el 15M. A los medios sólo les interesa cuando hay una macromanifestación o cuando se producen episodios de violencia. No obstante, la vida cotidiana del 15M se vincula con las asambleas populares. En ese sentido creo que este movimiento es el principal instrumento de transformación eficiente del que disponemos en el presente. Lo digo sin algaradas, está claro que tiene sus carencias, pero no creo que sea un movimiento muerto en su dimensión.

¿Por qué cree que, dada la cruda situación actual, todavía no se ha producido una revuelta social en España? ¿Qué le falta a la sociedad española?
 
Tenemos muchos problemas, el primero de ellos es que las estrategias de dominación del sistema son eficientes y la sociedad sufre un procedimiento de sumisión general y de amedrentamiento que produce esos efectos. Otro de los problemas lo aportan la mayor parte de las estructuras de lo que voy a llamar izquierda tradicional que, a mi entender, operan fundamentalmente como un tapón para evitar esa revuelta. La tercera explicación sugiere que a los ojos de muchos de nuestros conciudadanos la situación no es todavía extrema o que, en su defecto, encuentran algún subterfugio para olvidarse de los problemas de los demás. Sospecho que la combinación de estos tres aspectos pueden arrojar alguna luz sobre la cuestión planteada.

¿Podrías dibujar algún posible escenario para después de la crisis?
 
No creo que esta crisis termine. Sólo en virtud de una ilusión óptica podemos pensar que vamos a superarla. De todos modos, si salimos de esto será con un deterioro tan visible del conjunto de la sociedad que merecerá la pena discutir si realmente hemos cambiado a mejor. En cualquier caso, el problema principal no es salir de la crisis, sino salir del capitalismo porque el colapso está cada vez más cerca y me temo que pasar página con la crisis será acercarnos de manera todavía más peligrosa al colapso.

LAS LUCHAS DE CLASES NO HAN MUERTO



"No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva".
Carlos Marx, Mensaje a la Liga de los Comunistas, 1850
por Marcelo Colussi

Por muchos motivos el siglo XX ha sido, seguramente, el más movido, prolífico y controversial de la historia. Marcó de forma indeleble el curso general de los acontecimientos de la humanidad con una fuerza imperecedera: para bien o para mal nos hizo asistir al surgimiento de incontables procesos nuevos, tales como la revolución científico-técnica imparable aplicada al mejoramiento de la vida cotidiana, las primeras experiencias socialistas, la universalización de la economía y la cultura (hoy día bautizada como globalización), guerras con aplicación de las fuerzas más destructivas que se pudieran concebir, inicio de la conquista espacial, inicio de la liberación femenina, aparición del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, sociedades masificadas y apoyadas con fuerza creciente en los medios de comunicación, poderes hegemónicos de escala planetaria. Todo esto fue nuevo en la historia, y el siglo pasado es su punto de arranque, punto de inflexión del que probablemente no se retrocederá más...

Cada uno de estos distintos aspectos representa, en sí y por sí mismo, un mundo aparte; cada uno ha corrido suertes diversas, con perspectivas futuras muy disímiles entre sí. De entre todos ellos nos interesa ahora particularizar lo correspondiente al discurso contestatario que trajo el socialismo y la suerte que el mismo tuvo durante todo el siglo.

Al hablar de la historia del socialismo, es decir: la esperanza genuina en un nuevo mundo de justicia, nos referimos no tanto a su génesis y primeros tanteos en el siglo XIX como cosmovisión sino a lo que, ya en tanto propuesta madura, significó en las expectativas que fue abriendo. Sin dudas nadie podría negar que esto movió a lo mejor de la humanidad, en todo sentido: a aquellos más nobles, abnegados y honestos que vieron en su aparición como teoría y en la primera revolución rusa de 1917, el inicio de un paraíso posible, el fin de las injusticias, la puerta de entrada a la patria de la humanidad. Movió, igualmente, lo mejor que cada uno de los seres humanos podemos tener: el espíritu de solidaridad, la fraternidad, la generosidad auténtica y desinteresada.

Muchas cosas han marcado el siglo XX, por supuesto; pero el inicio de las experiencias socialistas está entre aquellas que más reacciones produjo, tanto de aceptación como de rechazo. Lo que allí estaba en juego era mucho más grande que lo que podía abrir cualquier descubrimiento científico o tendencia artística. La profundidad de la transformación anhelada produjo pasiones igualmente intensas. Nadie pudo quedar impasible ante la magnitud de su propuesta.

En cierta forma podría decirse que todo el siglo se vio atravesado por este fenómeno: las primeras luchas sindicales con vistas a socializar la propiedad, el triunfo de las primeras revoluciones socialistas, la reacción del mundo capitalista ante su aparición, la construcción que se empezaron a dar los países que comenzaron a transitar esos caminos, la guerra fría entre los bloques antagónicos que fueron delineándose y el posterior triunfo del capitalismo sobre su modelo opositor hacia fines del siglo, nada de esto dejó de conmover hondamente a cualquier habitante del planeta. Durante los largos años que duró esta pugna entre bloques, entre cosmovisiones, las ideas generadas por el socialismo empezaron a ser moneda corriente en la cultura popular. Nadie se asombraba por hablar de la explotación, y tampoco eran crípticos términos de cenáculo para iniciados la lucha de clases, el reparto de la riqueza, la toma del poder, el antiimperialismo.

Hoy día, inicios del siglo XXI, habiendo corrido mucha agua bajo el puente y caídas esas primeras esperanzas, sin modelos alternativos a la vista que sirvan de contrapeso a la hegemonía agobiante del neoliberalismo y de la unipolaridad militar de los Estados Unidos, todo aquel discurso de apenas unas décadas atrás parece haberse esfumado. Pero, en sustancia, nada de lo que esas palabras significaban ha cambiado: sigue la lucha de clases, continúa el desigual reparto de la riqueza, el poder continúa en poquísimas manos, el imperialismo se ha acrecentado.

¿Por qué salieron de escena todos estos términos? ¿Acaso pasaron de moda?

En realidad cambió la agenda política, cambiaron los escenarios, pero no hubo cambios reales en las estructuras. Aunque sea casi una mala palabra y nadie la use hoy, ¿no hay más imperialismo? La historia la escriben los que ganan, por lo que en la actualidad, habiéndose impuesto el mercado como deidad absoluta, todo lo que vaya en su contra es blasfemo. De ahí que no se nombre todo lo anterior, sean anatemas. Hablar de lucha de clases o imperialismo es hoy anacrónico.

¡Pero no tanto! Es cierto que la historia la escriben los ganadores, ¡pero hay otra historia! Aunque la fuerza arrolladora con que se presenta el triunfo del gran capital, que podría tenernos abrumados con el manejo mediático, las realidades que están tras esos términos, hoy blasfemos, no han desaparecido. Seguramente por la misma imposición que esa victoria del gran capital trajo, le hemos tomado miedo a ese discurso contestatario y nos atemoriza ser vistos como nostálgicos de tiempos idos. Plegarse a los poderes dominantes, por supuesto, es más fácil que ir en su contra. El aturdimiento que produjo la caída del Muro de Berlín, vendido luego en pedacitos como souvenir turístico, aún nos tiene desconcertados y pareciera que nos hizo ir olvidando la sana irreverencia y la cuota de rebeldía que alentó pasadas luchas décadas atrás. Pero eso no está muerto.

El mundo post Guerra Fría dio como resultado fenómenos bastante patéticos: por un lado, cuotas de explotación inmisericordes que recuerdan el capitalismo decimonónico, sin leyes sociales de protección a los trabajadores ni regulaciones estatales. La precarización laboral de estos últimos años (léase: la explotación más descarnada) volvió a mostrar la verdadera cara del sistema económico-social en que nos movemos. Junto a ello, como otra de las consecuencias de esa caída (que fue la caída no sólo de un muro sino de las esperanzas que allí se jugaban) se nos presenta el intento de vaciamiento del discurso y la práctica transformadora, revolucionaria. La protesta se aguó, se degradó, y el sistema sabiamente pudo ir criminalizándola. Sin temor a equivocarnos podríamos decir que el discurso dominante nos hizo pasar de la lucha de clases a la criminalización de las relaciones sociales como motor de la historia. De Marx (abolición de la propiedad privada de los medios de producción y de la sociedad de clases basada en ella) fuimos pasando a Marcas (métodos alternativos de resolución de conflictos).

Menudo cambio, sin dudas. Las luchas de clases salieron de escena. Pero entiéndase bien: dejaron de ser tema de debate, objeto de discusión académica, referente en el discurso político, aunque ahí siguen estando. La preocupación que nos fue creando el omnímodo discurso dominante puso otros temas como principales. Además de la apología del dios-mercado, se entronizó la democracia representativa como modo superior de gobierno, y los problemas sociales quedaron resumidos en dos cosas: la mala práctica de gobierno (la culpa la tienen los políticos) o el crimen desbocado, que en estos últimos años pareciera haberse ido transformando en un nuevo demonio omniabarcativo.

En otros términos: de la lucha de clases a la delincuencia como factor de explosividad de las sociedades. La cotidianeidad de estos últimos tiempos, cada vez más plagada de hechos corruptos (hoy día ya no es noticia que caiga algún funcionario por algún hecho de corrupción) y delincuencia de todos los calibres (ciudades cada vez más inseguras, narcoactividad, pandillas juveniles y un largo etcétera), no deja ver la explotación económica, la lucha de clases, el fenomenal descontento que anida en todas las sociedades. En definitiva: la injustica más rampante, que se nos ha hecho ya es natural, dejó de ser el tema principal. Para tapar eso, para maquillarlo convenientemente el sistema ha ido encontrando formas cada vez más sutiles y efectivas de control: fundamentalismos religiosos de toda laya, masificación global y saturante del show deportivo, fundamentalmente de fútbol (se habló de hacer el Campeonato Mundial cada dos años incluso), bombardeo inmisericorde de los medios de comunicación aliados al sistema (guerra de cuarta generación le llaman a eso los estrategas del Pentágono). Es decir: el descontento social producto de la explotación, de las injusticias de base que siguen existiendo, se fue manejando, controlando, moldeando. Y así se puso como tema principal de cualquier discusión cotidiana la violencia callejera., o el fútbol. Pero las luchas de clases, aunque pasadas de moda, ahí siguen estando.

Con la llegada del socialismo del siglo XXI en la República Bolivariana de Venezuela hace algunos años se desempolvaron viejos conceptos que parecían ya olvidados, patrimonio de dinosaurios como los cubanos. El ideario sepultado bajo los escombros del Muro de Berlín tímidamente volvió a salir a luz. Quizá esperamos mucho, justificadamente sin duda, de ese proceso en el país caribeño. Hoy día no sabemos bien para dónde se dirigirá la experiencia venezolana, si mira realmente hacia un horizonte socialista (del siglo que sea) o si la conciliación de clases termina imponiéndose. Lo que sí, sin dudas, levantó esperanzas que habían quedado adormecidas estos años; el socialismo dejó de ser mala palabra. Y cuando nadie se lo esperaba (al menos desde el mundo occidental) allí golpea a la puerta de la historia el renacer de los pueblos árabes con este huracán de protestas que se está sucediendo.

Tomando palabras de José Steinsleger al referirse a los sucesos de Egipto, válidas para todo el proceso que se da hoy en buena parte del mundo árabe: ¿Hay [allí] una situación prerrevolucionaria? Los anarquistas se oponen a la solución autoritaria; los socialistas celebran el aliento democrático de la sublevación; los comunistas piensan en si las condiciones están dadas; los trotskistas agitan el programa; los nacionalistas evocan la dignidad de otras épocas; los liberales y conservadores revisan las páginas de El Gatopardo, y los religiosos sueñan con el renacer del Islam. ¿De qué se trata en realidad todo este volcán? Las lecturas pueden ser múltiples, antitéticas incluso, y todavía no puede vaticinarse para dónde se disparará el proceso. Pero definitivamente algo se mueve. Se mueve ¡y mucho! Todo lo cual evidencia que los problemas del mundo, los problemas básicos que produce este disparate civilizatorio en el que vivimos donde importa más una máquina que una vida humana, todo eso tiene como fundamento aquello que el viejo Marx denunciaba con vehemencia 150 años atrás.

En realidad no se trata de vaticinar qué pasará con esta ola de protestas que ponen en marcha los pueblos árabes; se trata de apoyarlas como momento importante, privilegiado quizá, en la historia. Apoyar, y si se ve que ello es un paso para la transformación social hacia mayores cuotas de justicia, tomarlo como propio, aunque no se pertenezca concretamente al mundo árabe. En todo caso, esa puede ser una batalla más de una lucha mucho más general, más universal, no sólo de los árabes por supuesto. En ese caso: todos somos árabes, todos estamos en la Plaza Tahrir de El Cairo, todos nos hacemos parte de ese volcán que ha despertado.

Pero además vale la pena tomar esta marea que se inició en el mundo árabe como un recordatorio que, más allá del fenomenal manejo mediático distractor que nos confronta con otros problemas, importantes sin dudas, pero menores en definitiva (la delincuencia cotidiana, las cuotas de corrupción, el mal gobierno), las luchas de clases no han muerto.