
Alberto Maldonado, para ARGENPRESS.info
Cuando comencé a escuchar y leer las no pocas y permanentes “denuncias” de que se había agredido a periodistas y medios a través de unas “groseras” cuñas televisivas que se insertaban en los canales abiertos que retransmitían los partidos del mundial de fútbol Sudáfrica 2010, pensé que, a lo mejor, a los responsables de la publicidad gubernamental, “se les había pasado el mano” en sus afanes por contrarrestar eso que ya tiene nombre: El terrorismo mediático.
Como yo pertenezco a la vieja escuela del periodismo que procura ser veraz y objetivo, antes de opinar a favor o en contra de este nuevo destape mediático, le puse atención a esas cuñas y las encontré ingenuas, casi inocentes. Lo único que hacían era poner un poco de énfasis en aquello que Piero, desde hace años, lo dice y lo repite cantando: “los diarios publicaban porquerías, todos los días, todos los días” Y en estos tiempos, no solo los diarios sino las redes radiales del sistema y, sobre todo, los canales de televisión. Por algo, alguien que vivió en sus entrañas, lo calificó de televisión basura la mayor parte de su programación, que es lo que ven todos los días a toda hora nuestros congéneres, de todas las razas y todas las edades.
La ofensa que percibieron los sipianos (de la SIP-CIA) fue que públicamente los publicistas gubernamentales estaban “acusando” a los “inocentes” medios y sus periodistas, de mentirosos, de los verdaderos enemigos de la libertad de expresión, de la que tanto hablan y de la que se creen dueños y señores.
Y como ellos tienen y trabajan con aliados a nivel continental, no tardó en aparecer la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) con su protesta por tamaño “desacato” contra los “dueños de la verdad, la democracia y la libertad”. Una protesta que no hemos visto ni leído condenando los hasta hoy 9 asesinatos de periodistas en Honduras, la del señor Lobo; como tampoco hemos percibido la protesta sipiana por la detención y encausamiento de la periodista peruana-norteamericana Vicky Peláez, acusada, junto con su esposo y ocho personas más, de “espías al servicio de Rusia” aunque la acusación oficial fue que, de acuerdo a la ley FARA (según siglas en inglés) los sospechosos debían acreditarse como agentes al servicio de un gobierno extranjero en la oficina respectiva, que está muy cerca del FBI y de la CIA.
A estas alturas del siglo 21, que esos servicios secretos “descubran” que 10 personas (más un prófugo) han estado trabajando para Rusia, parecería una broma de muy mal gusto ya que hace una semana, los Presidentes Obama y Medvedev saboreaban unos deliciosos emparedados, en una camaradería que me recordó (sin quererlo) cuando el Presidente Abdalá comía cuy con la mano, junto a su carnal Fujimori.
Averiguada la verdadera razón de tan ridícula sospecha, gente honesta que todavía hay en EEUU descubrió que doña Vicky (una periodista peruana nacionalizada en Estados Unidos y con 10 años de residencia) escribía para el periódico en español La Prensa (que se edita en New York) unos comentarios en los cuales criticaba acremente la política imperial contra América Latina, especialmente contra Cuba, y reivindicaba las imágenes de los presidentes Hugo Chávez y Evo Morales a quienes la prensa imperial había caricaturizado como unos monigotes cualquiera.
Y aquello, en el corazón mismo del imperio, cuando toda la prensa sipiana norteamericana sostiene lo contrario era (es) poco menos que “repudiable e inaceptable” En consecuencia, la SIP, que depende de los grandes “trust” que dominan la comunicación social en el imperio, ¡cómo podía criticar a sus propios amos, por semejante medida!
Pero la gran prensa sipiana, en el Ecuador, se sintió “ofendida y humillada” por las cuñas televisivas del gobierno, un detalle que fue detectado por el asambleísta César Montúfar, que para eso está él ahí. Desde luego, ni me corresponde ni me propongo salir por los fueros del Secretario de Comunicación de la Presidencia (Sr. Fernando Alvarado) a quien el diario El Comercio de Quito le dedicó el domingo 4 de julio/2010, una “enjundiosa y amplia” carta-desafío bajo el titular “EL COMERCIO - pide suspender la propaganda injuriosa”.
Lo que si puedo -y debo- como ciudadano en pleno uso de sus facultades y derechos, es hacerme eco de alguna expresión del diario. Por ejemplo: “ha emprendido una campaña de desprestigio en contra de la prensa libre del Ecuador” le dicen al señor Alvarado y él sabrá como responde; pero en tan corta expresión hay dos afirmaciones dignas de analizarse:
La expresión “prensa libre del Ecuador” es un auto calificativo que desde hace mucho está cuestionado, cuando no desbaratado. En el mundo entero, la prensa sipiana goza de una indiscutida fama de parcializados, mentirosos, manipuladores y fascistoides. Solo por argumentar este criterio traigo a colación una frase que encuentro en el libro de José Peralta (el ideólogo del liberalismo radical de fines del 19 y comienzos del 20) “Eloy Alfaro y sus victimarios” edición especial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de febrero del 2008 (pag. 209 del capítulo VII Criminalidad y Premeditación) los siguientes párrafos: