miércoles, 26 de marzo de 2014

35 países en los que EEUU apoyó a fascistas, narcos y terroristas


Marzo 2014 • en Contrainjerencia

rt eeuu

RT – El apoyo de EE.UU. a los ultraderechistas y al reciente golpe de Estado en Ucrania es solo un ejemplo más del respaldo estadounidense al fascismo, al narcotráfico o al terrorismo a lo largo de la historia contemporánea.

En un artículo publicado en el portal AlterNet, el periodista Nicolas J. S. Davies hace un repaso a la historia del siglo XX y XXI y demuestra cómo fascistas, dictadores, narcotraficantes y señores de la guerra de todo el globo han gozado del patrocinio de EE.UU. en su implacable lucha por detentar el control mundial.

A continuación, los 35 países más destacados cuya historia reciente ha sido explícitamente perfilada por la ‘mano’, a veces no tan invisible, de EE.UU.

1. Afganistán

En la década de 1980, EE.UU. trabajó con Pakistán y Arabia Saudita para derrocar el Gobierno socialista de Afganistán. Además, la CIA fundó, entrenó y armó a las fuerzas dirigidas por los líderes tribales conservadores, cuyo poder se vio amenazado por el progreso en la educación, los derechos de la mujer y la reforma agraria que se estaban llevando a cabo en el país. Tras la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán en 1989, los señores de la guerra apoyados por EE.UU. ‘desgarraron’ el país e impulsaron la producción de opio a un nivel sin precedentes —entre 2.000 a 3.400 toneladas por año—. El Gobierno talibán redujo la producción de opio en un 95% en dos años, entre 1999 y 2001, pero la invasión de EE.UU. en 2001 restauró a los señores de la guerra y a los narcotraficantes en el poder. Afganistán ocupa en la actualidad el puesto 175 de los 177 países más corruptos del mundo, el puesto 175 de 186 en desarrollo humano, y desde 2004, detenta el récord en producción de opio (5.300 toneladas al año).

© REUTERS Baz Ratner

2. Albania

Entre 1949 y 1953, EE.UU. y el Reino Unido se propusieron derrocar al Gobierno de Albania, el país comunista más pequeño y vulnerable de Europa del Este. Numerosos exiliados albaneses fueron reclutados y entrenados para volver a Albania con el objeto de incentivar la disensión y planificar un levantamiento armado. Muchos de los que participaron en el plan eran excolaboradores de la ocupación italiana y alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos estaba el exministro del Interior, Xhafer Deva, quien supervisó las deportaciones de “judíos, comunistas, afines y personas sospechosas” (tal como se describe en un documento nazi) a Auschwitz. Documentos desclasificados de Estados Unidos han revelado que Deva fue uno de los 743 criminales de guerra fascistas reclutados por los EE.UU. después de la guerra.

3. Argentina

Documentos estadounidenses filtrados en 2003 revelaron las conversaciones entre el secretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger y el canciller argentino Almirante Guzzetti en octubre de 1976, poco después de que la junta militar tomara el poder en Argentina. Kissinger aprobó explícitamente la “guerra sucia” de la junta, la cual mató en total a 30.000 personas, la mayoría de ellos jóvenes, y robó 400 bebés de familias cuyos padres había asesinado.

4. Brasil

En 1964, el general Castelo Branco lideró un golpe de Estado que estableció una brutal dictadura militar de dos décadas. Vernon Walters, a la sazón agregado militar de EE.UU., y más tarde director de la CIA y embajador adjunto ante la ONU, tenía buena relación con Castelo Branco desde la Segunda Guerra Mundial en Italia. La CIA proporcionó todo el apoyo necesario para asegurar el éxito del golpe de Estado, incluida la financiación de la mano de obra de la oposición y grupos de estudiantes en las protestas callejeras, como está ocurriendo en Ucrania y Venezuela recientemente.

5. Camboya

Cuando el presidente Nixon ordenó el bombardeo secreto e ilegal de Camboya en 1969, los pilotos estadounidenses recibieron la orden de falsificar sus registros para ocultar que mataron a al menos medio millón de camboyanos, dejando caer sobre le país más bombas que en Alemania y Japón juntas en la Segunda Guerra Mundial. A medida que los Jemeres Rojos se fortalecían en 1973, la CIA informó que su “propaganda había sido más eficaz entre los refugiados víctimas de los ataques de los [bombardeos] B-52″. Después de que los Jemeres Rojos mataran a al menos 2 millones de sus compatriotas y fueran expulsados por el Ejército vietnamita en 1979, el grupo especial estadounidense Kampuchea, con sede en la Embajada de EE.UU. en Bangkok, se dispuso a mantenerlos y a armarlos durante al menos otra década más como “resistencia” oficial al nuevo Gobierno camboyano que contaba con el respaldo de los vietnamitas.

6. Chile

Cuando Salvador Allende llegó a la presidencia en 1970, el presidente Nixon prometió “hacer chillar a la economía” chilena. EE.UU., principal socio comercial de Chile, cortó radicalmente el comercio con el país andino para causar la escasez y el caos económico. El Departamento de Estado y la CIA habían realizado sofisticadas operaciones de propaganda en Chile desde hacía una década, financiando a los políticos conservadores, a los sindicatos, a los grupos de estudiantes y a todos los medios de comunicación, mientras estrechaba sus lazos con los militares. Después de que el general Pinochet tomara el poder, la CIA mantuvo a funcionarios chilenos en nómina y trabajó en estrecha colaboración con la agencia de inteligencia de Chile DINA, mientras el Gobierno militar mataba a miles de personas y encarcelaba y torturaba a decenas de miles más.

© AFP STF
Chile


7. China

A finales de 1945, 100.000 soldados estadounidenses lucharon junto a las fuerzas del Kuomintang de China en áreas tomadas por los comunistas en el norte del país. Chiang Kai-shek y el Kuomintang fue probablemente el más corrupto de todos los aliados de Estados Unidos. Un flujo constante de asesores estadounidenses en China advertía de que la ayuda de EE.UU. estaba siendo robada por Chiang y sus compinches, algunos de ellos incluso la vendían a los japoneses, pero el compromiso de EE.UU. con Chiang continuó durante mucho tiempo.


8. Colombia

Cuando las fuerzas especiales estadounidenses y la Administración de Control de Drogas ayudaron a las Fuerzas Colombianas a perseguir y aniquilar al capo de la droga Pablo Escobar, trabajaron con un grupo de justicieros llamado ‘Los Pepes’. En 1997, Diego Murillo Bejarano y otros líderes de la banda fundaron la AUC (Fuerzas de Autodefensa Unidas de Colombia) que fueron las responsables del 75% de las muertes violentas de civiles en Colombia durante los 10 años siguientes.

9. Cuba

EE.UU. apoyó la dictadura de Batista al crear las condiciones represivas que mataron a 20.000 personas. El exembajador de EE.UU. Earl Smith testificó ante el Congreso estadounidense que “EE.UU. era tan abrumadoramente influyente en Cuba que su embajador era el segundo hombre más importante, a veces incluso más importante que el presidente cubano”. Después de la revolución, la CIA lanzó una larga campaña de terrorismo contra Cuba, formando a los exiliados cubanos en Florida, América Central y la República Dominicana para cometer asesinatos y sabotajes en la isla. Las operaciones respaldadas por la CIA contra Cuba incluyen el intento de invasión de Bahía de Cochinos, en el que murieron 100 exiliados cubanos y cuatro estadounidenses, decenas de intentos de asesinato contra Fidel Castro y los asesinatos de diversos funcionarios, varios bombardeos en 1960 y los atentados terroristas contra turistas en fecha tan reciente como 1997, además del aparente bombardeo de un buque francés en el puerto de La Habana (con al menos 75 muertos), un ataque con gripe porcina biológica que mató a medio millón de cerdos, y el atentado terrorista contra un avión cubano (78 muertos) planeado por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, quienes permanecen libres en EE.UU.

© AFP Walter Dhladhla

10. El Salvador

La guerra civil que asoló El Salvador en la década de 1980 fue un levantamiento popular contra un régimen que gobernaba con la mayor brutalidad. Al menos 70.000 personas murieron y miles más desaparecieron. La Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas establecida después de la guerra, encontró que el 95% de los muertos fueron asesinados por las fuerzas del Gobierno y los escuadrones de la muerte, y solo el 5% por la guerrilla del FMLN. Las fuerzas gubernamentales fueron creadas, entrenadas, armadas y supervisadas casi en su totalidad por la CIA, las fuerzas especiales de Estados Unidos y la Escuela de las Américas.

11. Francia

En Francia, Italia, Grecia, Indochina, Indonesia, Corea y Filipinas a finales de la Segunda Guerra Mundial, el avance de las fuerzas aliadas se encontró con que las fuerzas de resistencia comunistas se habían hecho con el control de grandes áreas o incluso de países enteros cuando las fuerzas alemanas y japonesas se retiraron o se rindieron. En Marsella, el sindicato comunista CGT (por sus siglas en francés) controlaba los muelles que eran clave para el comercio con EE.UU. y llevar a cabo el plan Marshall. La Oficina de Servicios estratégicos de EE.UU. (OSS, por sus siglas en inglés), había trabajado con la mafia estadounidense-siciliana y los gánsteres de Córcega durante la guerra. Después de que la OSS se convirtiera en la nueva CIA tras la guerra, utilizó sus contactos para restaurar a los mafiosos corsos en el poder en Marsella, con el objeto de romper las huelgas portuarias y el control de los muelles por parte de la CGT. La CIA protegía a los corsos, ya que estos creaban laboratorios de heroína. El envío de dicha droga a Nueva York se disparó, mientras la mafia siciliana-americana también florecía bajo la protección de la CIA.

12. Ghana

No parece que haya líderes nacionales inspiradores en África estos días. Y eso puede ser culpa de Estados Unidos. En los años 1950 y 1960, hubo una estrella en ascenso en Ghana: Kwame Nkrumah, que fue primer ministro bajo el dominio británico desde 1952 hasta 1960; cuando Ghana se independizó, se convirtió en presidente. Era socialista, panafricano y antiimperialista, y en 1965 escribió un libro llamado ‘Neocolonialismo: la última etapa del imperialismo’. Nkrumah fue derrocado en un golpe de la CIA en 1966. La CIA negó su participación en el mismo, pero la prensa británica informó más tarde de que 40 agentes de la CIA operaban fuera de la Embajada de EE.UU. El exagente de la CIA John Stockwell reveló más sobre el papel decisivo de la CIA en el golpe de Estado en su libro ‘En busca de enemigos’.

13. Grecia

Cuando las fuerzas británicas desembarcaron en Grecia en octubre de 1944, se encontraron con que el país estaba bajo el control efectivo de ELAS-EAM, el grupo guerrillero de izquierdas formado por el Partido Comunista de Grecia en 1941 tras la invasión italiana y alemana. ELAS-EAM dio la bienvenida a las fuerzas británicas, pero los británicos se negaron a cualquier acuerdo con ellos e instalaron un Gobierno que incluía monárquicos y colaboradores de los nazis. Cuando ELAS-EAM celebró una gran manifestación en Atenas, la Policía abrió fuego y mató a 28 personas. Los británicos reclutaron a miembros de los Batallones de Seguridad entrenados por los nazis para perseguir y detener a los miembros de ELAS, quienes se rearmaron como un movimiento de resistencia. En 1947, inmersos en una violenta guerra civil, los británicos, que estaban en bancarrota, pidieron ayuda a EE.UU. para hacerse cargo de la ocupada Grecia. El apoyo de EE.UU. al Gobierno de corte fascista instalado en Grecia entonces estaba consagrado en la Doctrina Truman, vista por muchos historiadores como el comienzo de la Guerra Fría. Combatientes ELAS-EAM entregaron las armas en 1949 después de que Yugoslavia les retirara su apoyo, y 100.000 de sus miembros fueron ejecutados, exiliados o encarcelados.

14. Guatemala

Después de su primera operación para derrocar a un Gobierno extranjero en Irán en 1953, la CIA lanzó una operación para eliminar al Gobierno liberal electo de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954. La CIA reclutó y entrenó a un pequeño ejército de mercenarios bajo el mando del exiliado guatemalteco Castillo Armas para invadir Guatemala, con 30 aviones, sin símbolos estadounidenses, de apoyo aéreo. El embajador Peurifoy, enviado de EE.UU. en Guatemala, preparó una lista de los guatemaltecos que debían ser ejecutados, y Armas fue instaurado como presidente. El reinado del terror que siguió durante su presidencia condujo a 40 años de guerra civil, en la que al menos 200.000 personas murieron, la mayoría de ellos indígenas. Documentos de La CIA detallan la masacre y la destrucción de pueblos enteros.

© AFP CIRMA
Guatemala

15. Haití

Casi 200 años después de la rebelión de esclavos que creó la nación de Haití y derrotó a los Ejércitos de Napoleón, el pueblo haitiano, que tanto había sufrido, pudo elegir finalmente un Gobierno verdaderamente democrático dirigido por el padre Jean-Bertrand Aristide en 1991. Sin embargo, el presidente Aristide fue derrocado por un golpe militar apoyado por Estados Unidos después de ocho meses en el cargo, y la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU. (DIA, por sus siglas en inglés) reclutó una fuerza paramilitar llamada FRAPH para atacar y destruir el movimiento Lavalas, creado por Aristide en Haití. La CIA contrató al líder del FRAPH, Emmanuel ‘Toto’ Constant, enviándole armas desde Florida. Cuando el presidente Clinton envió una fuerza de ocupación de EE.UU. para restaurar a Aristide en el poder en 1994, los miembros del FRAPH detenidos por las fuerzas estadounidenses fueron liberados por orden de Washington, y la CIA mantuvo al FRAPH para socavar a Aristide y su movimiento. Después de que Aristide fuera elegido presidente por segunda vez en el año 2000, una fuerza especial estadounidense con 200 efectivos entrenaron a 600 exmiembros del FRAPH en la República Dominicana para prepararse para un segundo golpe de Estado. En 2004, lanzaron una campaña de violencia para desestabilizar Haití, que proporcionó el pretexto para que las fuerzas estadounidenses entraran en el país caribeño y quitaran a Aristide del cargo.


16. Honduras

El golpe de Estado de 2009 en Honduras ha causado represión y múltiples asesinatos de opositores políticos, sindicalistas y periodistas. Si bien los funcionarios estadounidenses negaron cualquier participación en el mismo, rehusaron, no obstante, cortar la ayuda militar desde EE.UU. violando lo establecido en sus propias leyes para estos casos. Sin embargo, dos cables de Wikileaks revelaron que la Embajada de los EE.UU. tuvo un papel capital en la gestión del golpe de Estado contra Manuel Zelaya y la formación de un Gobierno que, según denuncian asociaciones de derechos humanos, está reprimiendo y asesinando a sus habitantes.


17. Indonesia

En 1965, el general Suharto asumió el poder tras el derrocamiento del presidente Sukarno, y su mandato desató una ola de asesinatos en masa que terminó con la vida de por lo menos medio millón de personas. Los diplomáticos estadounidenses admitieron posteriormente que proporcionaron listas con los nombres de 5.000 miembros del Partido Comunista que debían ser asesinados.


18. Irán


Puede que Irán sea el caso más ilustrativo de los golpes de Estado de la CIA y sus consecuencias a largo plazo. En 1953, la CIA y el MI6 del Reino Unido derrocaron al Gobierno democráticamente elegido de Mohamed Mosadegh. Irán había nacionalizado su industria petrolera por el voto unánime del Parlamento, poniendo fin al monopolio de la compañía Anglo Iranian Oil, la actual BP, que solo pagaba a Irán un 16% del valor de su petróleo. Durante dos años, Irán resistió el bloqueo naval británico y las sanciones económicas internacionales. Después de que el presidente Eisenhower asumiera el poder en 1953, la CIA accedió a la petición británica de intervención. Tras el fracaso inicial del golpe y de que el sah de Persia y su familia huyeran a Italia, la CIA pagó millones de dólares para sobornar a militares y contratar a gánsters para desatar la violencia en las calles de Teherán. Mosadegh fue finalmente retirado del cargo y el sah volvió a gobernar con gran brutalidad como títere de Occidente hasta la revolución iraní de 1979.

© AFP Behrouz Mehri

19. Israel

Desde 1966, EE.UU. ha utilizado su veto en el Consejo de Seguridad para proteger a Israel en 83 ocasiones, más que los otros cuatro miembros permanentes combinados, y 42 de esos vetos han sido sobre resoluciones relacionadas con Israel y/o Palestina. Recientemente, Amnistía Internacional publicó un informe denunciando que “las fuerzas israelíes han mostrado un cruel desprecio por la vida humana, matando a decenas de civiles palestinos, entre ellos niños, en la ocupada Cisjordania en los últimos tres años, con una impunidad casi total”. Por su parte, Richard Falk, Relator Especial de la ONU sobre Derechos Humanos en los Territorios Ocupados, calificó el asalto de 2008 sobre Gaza de “violación masiva del derecho internacional”, y agregó que EE.UU. “ha suministrado armas y apoyado el asedio, por lo que son cómplices de los crímenes”. La Ley Leahy requiere que EE.UU. corte la ayuda militar a las fuerzas que violan los derechos humanos, pero nunca se ha aplicado en contra de Israel.

20. Irak

En 1958, después de que la monarquía respaldada por los británicos fuera derrocada por el general Abdul Qasim, la CIA contrató a un iraquí de 22 años de edad, llamado Sadam Husein para asesinar al nuevo presidente. Husein y su banda no pudieron completar el trabajo y huyeron al Líbano. La CIA les alquiló un apartamento en Beirut y luego Husein fue trasladado a El Cairo, donde fue contratado como agente de la inteligencia egipcia, que frecuentaba con asiduidad la Embajada de EE.UU. Qasim fue asesinado durante un golpe de Estado baazista apoyado por EE.UU. en 1963, y al igual que en Guatemala e Indonesia, la CIA dio al nuevo Gobierno una lista de al menos 4.000 comunistas que debían ser “eliminados”. Pero, una vez en el poder, el Gobierno revolucionario baazista rehusó ser un títere occidental, y nacionalizó la industria petrolera de Irak, adoptó una política exterior nacionalista árabe y construyó los mejores sistemas de educación y de salud en el mundo árabe. En 1979, Sadam Husein se convirtió en presidente, llevó a cabo purgas de opositores políticos y lanzó una guerra desastrosa contra Irán, por lo que Donald Rumsfeld y otros funcionarios estadounidenses le dieron la bienvenida como un aliado eficaz contra Teherán. Cuando Irak invadió Kuwait, Husein se hizo más útil para EE.UU. como un enemigo que como aliado. Entonces el país americano comenzó su campaña propagandística mundial de descalificación del presidente irakí, el “nuevo Hitler”, lo que facilitó la invasión de Irak por EE.UU. y sus aliados internacionales en 2003.

© REUTERS Goran Tomasevic

21. Corea

Cuando las fuerzas estadounidenses llegaron a Corea en 1945, fueron recibidas por funcionarios de la República Popular de Corea (RPC), formada por grupos de la resistencia que se desarmaron al rendirse las fuerzas japonesas y comenzaron a establecer la ley y el orden en toda Corea. El general Hodge los expulsó y colocó la mitad sur de Corea bajo la ocupación militar de EE.UU. Por el contrario, las fuerzas rusas en el Norte reconocieron la RPC, lo que llevó a la división de Corea a largo plazo. EE.UU. trajo de vuelta al país asiático a Syngman Rhee, un exiliado coreano conservador, y lo colocó como presidente de Corea del Sur en 1948. Rhee se convirtió en un dictador guiado por la cruzada anticomunista, que detuvo y torturó a miles de personas acusándolas de ser comunistas y reprimió de forma brutal las revueltas, matando a 100.000 personas. Finalmente fue obligado a renunciar durante las multitudinarias protestas estudiantiles de 1960.


22. Laos

La CIA comenzó a proporcionar apoyo aéreo a las fuerzas francesas en Laos en 1950, y continuó su actividad allí durante 25 años más. La CIA ideó al menos tres golpes de Estado entre 1958 y 1960 para mantener alejados del Gobierno al izquierdista Pathet Lao. La CIA trabajó con capos de la droga laosianos de derecha como el general Phoumi Nosavan, transportando opio entre Birmania, Laos y Vietnam, y protegiendo su monopolio del comercio de opio en Laos. En 1962, la CIA reclutó un ejército mercenario clandestino de 30.000 veteranos de anteriores guerras de guerrillas de Tailandia, Corea, Vietnam y Filipinas para luchar contra Pathet Lao. Como un gran número de soldados estadounidenses en Vietnam se enganchó a la heroína, la compañía Air América, al servicio de la CIA, transportó opio del territorio Hmong a los laboratorios de heroína del general Vang Pao en Long Tieng y Vientiane para su envío a Vietnam. Después de los fallidos intentos de la CIA por derrocar a Pathet Lao, EE.UU. bombardeó el país asiático con dos millones de toneladas de bombas.


23. Libia

La intervención de la OTAN se justificó de manera fraudulenta ante el Consejo de Seguridad de la ONU como un esfuerzo para proteger a los civiles libios. Sin embargo, la OTAN llevó a cabo 7.700 ataques aéreos, durante los que entre 30.000-100.000 personas murieron, pueblos enteros fueron reducidos a escombros y se llevó a cabo una limpieza étnica. El país continúa sumido en el caos mientras las milicias islamistas entrenadas y armadas por Occidente se apoderan de las instalaciones de petróleo del país y compiten por el poder.

© REUTERS Suhaib Salem
Libya

24. México

El número de muertos en las guerras de la droga de México ascendió recientemente a 100.000. El más violento de los cárteles de la droga es el de los Zetas. Funcionarios estadounidenses llaman a los Zetas “el cártel más avanzado tecnológicamente, sofisticado y peligroso de drogas que opera en México”. Sin embargo, el cártel de los Zetas fue formado por las fuerzas de seguridad mexicanas entrenados por las fuerzas especiales de Estados Unidos en la Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, y en Fort Bragg, Carolina del Norte.

25. Birmania

Después de la Revolución China, los generales del Kuomintang se trasladaron hacia el norte de Birmania y se convirtieron en poderosos señores de la droga, con la protección del Ejército tailandés, la financiación de Taiwán y el apoyo aéreo y logístico de la CIA. La producción de opio en Birmania aumentó de 18 toneladas anuales en 1958 a 600 toneladas en 1970. La CIA mantuvo a estas fuerzas como baluarte contra la China comunista, pero transformó el ‘triángulo de oro’ en el mayor productor de opio del mundo. La mayor parte del opio era transportado en recuas de mulas hasta Tailandia, donde otros colaboradores de la CIA lo enviaban a laboratorios de heroína en Hong Kong y Malasia.

26. Nicaragua

Anastasio Somoza gobernó Nicaragua como su feudo personal durante 43 años con el apoyo incondicional de EE.UU., y su Guardia Nacional cometió inimaginables crímenes, torturas, extorsiones y violaciones con total impunidad. Después de que la Revolución Sandinista derrocara a Somoza en 1979, la CIA reclutó, entrenó y financió a mercenarios de la ‘contra’ para invadir Nicaragua y realizar actos de terrorismo para desestabilizar el país. En 1986, la Corte Internacional de Justicia condenó a EE.UU. por enviar a la ‘contra’ y minar los puertos nicaragüenses. El tribunal ordenó a EE.UU. que pusiese fin a su agresión y pagase reparaciones de guerra a Nicaragua, lo que nunca se ha producido. La respuesta de EE.UU. fue declarar que dejaba de reconocer la competencia de la Corte Internacional de Justicia, saltándose las reglas del Derecho Internacional.

27 Pakistán. 28 Arabia Saudita. 29 Turquía.

De acuerdo con el excolaborador de la CIA y del Departamento de Estado de EE.UU. experto en terrorismo Larry Johnson: “El principal problema con respecto a la evaluación de la amenaza terrorista es definir con precisión el patrocinio del Estado. Los mayores culpables hoy, a diferencia de lo que pasaba hace 20 años, son Pakistán, Arabia Saudita y Turquía. Irán, a pesar de los desvaríos de su sector de derechas/neocon, no es tan activo en el fomento o facilitación del terrorismo”. En los últimos 12 años, la ayuda militar de EE.UU. a Pakistán ha sumado 18.600 millones de dólares. EE.UU. acaba de negociar el mayor negocio de armas en la historia con Arabia Saudita. Y Turquía es un miembro de larga data de la OTAN. Los tres principales patrocinadores del terrorismo en el mundo hoy en día son aliados de Estados Unidos.

30. Panamá

Funcionarios de la agencia antidrogas estadounidense querían detener a Manuel Noriega en 1971, cuando era el jefe de la inteligencia militar en Panamá. Si embargo, aunque tenían evidencias de sobra para condenarlo por tráfico de drogas, Noriega hacía mucho tiempo que actuaba como colaborador e informante de la CIA, por lo que era intocable. Aunque la CIA prescindió temporalmente de sus servicios durante el Gobierno de Carter, Noriega siguió recibiendo al menos 100.000 dólares por año del Tesoro de EE.UU. Cuando se alzó con el poder como gobernante de facto de ser Panamá, volvió a ser de gran valía para la CIA, ya que pudo informar sobre las reuniones con Fidel Castro y Daniel Ortega de Nicaragua y apoyó las guerras encubiertas de Estados Unidos en América Central. Noriega probablemente dejó el tráfico de drogas en 1985, mucho antes de que EE.UU. lo acusara de este delito en 1988. La acusación fue un pretexto para la invasión de Panamá por parte de EE.UU. en 1989, cuyo objetivo principal era dar obtener un mayor control sobre el país latino, si bien su intervención costó la vida de al menos 2.000 personas.

© REUTERS Scott Applewhite
Panama

31. Filipinas

Desde que EE.UU. lanzó su llamada guerra contra el terrorismo en 2001, una fuerza especial con 500 efectivos de EE.UU. ha llevado a cabo operaciones encubiertas en el sur de Filipinas. Ahora, bajo la política de Obama de “pivotar hacia Asia”, la ayuda militar de EE.UU. a Filipinas está creciendo rápidamente, pasando de los 12 millones de dólares en 2011 a 50 millones en este año. Pero activistas filipinos de derechos humanos han reportado que el aumento de la ayuda coincide con el aumento de las operaciones militares de los escuadrones de la muerte contra la población civil. Los últimos tres años al menos 158 personas han sido asesinadas a manos de estos escuadrones.

32. Siria

Cuando el presidente Obama aprobó el envío de armas y milicianos desde Libia hasta la base del Ejército Libre de Siria en Turquía en aviones de la OTAN no identificados a finales de 2011, pensó que EE.UU. y sus aliados podrán replicar el ‘exitoso’ derrocamiento del Gobierno libio. Unos meses más tarde, los líderes occidentales socavaron el plan de paz de Kofi Annan con su ‘Plan B’, que lejos de buscar la paz, supuso un incentivo a la escalada de la violencia al ofrecer apoyo financiero y armamentístico a los yihadistas en Siria para asegurarse de que ignoraran el plan de paz de Annan y siguieran luchando. Ese movimiento selló el destino de millones de sirios. Las conversaciones de Ginebra II fueron un esfuerzo a medias para reactivar el plan de paz de Annan de 2012, pero la insistencia occidental de que una “transición política” significa la renuncia inmediata de Al Assad revela que los líderes occidentales aún dan más valor a un cambio de régimen que a la paz.

33. Uruguay

En Uruguay, en 1970, cuando el jefe de Policía Alejandro Otero se opuso a que los estadounidenses entrenaran a sus agentes en tácticas de tortura, fue degradado. El funcionario de EE.UU. sobre el que Otero emitió varias quejas era Dan Mitrione, que trabajaba para la Oficina de Seguridad Pública de EE.UU., una división de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional. Se informó de que las sesiones de Mitrione incluían la tortura de personas sin hogar a quienes maltrataban hasta la muerte con descargas eléctricas para enseñar a sus alumnos hasta dónde podan llegar con estas técnicas.

34. Yugoslavia

El bombardeo aéreo de la OTAN en Yugoslavia en 1999 fue un delito flagrante de agresión que viola el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas. Cuando el ministro de Relaciones Exteriores británico, Robin Cook, dijo a la secretaria de Estado de EE.UU., Madeleine Albright, que el Reino Unido estaba teniendo “dificultades con sus abogados” por el ataque planeado, esta sugirió a los británicos “buscar nuevos abogados”, según reveló James Rubin, secretario de Estado adjunto. El aliado de la fuerza terrestre de la OTAN en su agresión contra Yugoslavia fue el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), liderado por Hashim Thaci. Tanto un informe de 2010 del Consejo de Europa como el libro ‘La caza’, de Carla Del Ponte, exfiscal del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, respaldaron las denuncias de que durante la invasión de la OTAN, Thaci dirigía una organización criminal llamada ‘el Grupo de Drenica’ que envió más de 400 serbios a Albania para asesinarlos y extraer sus órganos para venderlos en el mercado negro. Hashim Thaci es ahora el primer ministro del protectorado de la OTAN de Kosovo.

© AFP Andrej Isakovic
Belgrade

35. Zaire (Re
pública Democrática del Congo)

Patrice Lumumba, el presidente del Movimiento Nacional pan-africanista del Congo, participó activamente en la lucha del país por la independencia y se convirtió en el primer ministro elegido por primera vez en el Congo en 1960. Fue depuesto por un golpe respaldado por la CIA dirigido por Joseph-Desire Mobutu, el jefe del Estado Mayor del Ejército. Mobutu entregó a Lumumba a los separatistas y mercenarios respaldados por los belgas contra los que había estado luchando en la provincia de Katanga, quienes lo fusilaron. Mobutu abolió las elecciones y se autoproclamó presidente en 1965, cambiando el nombre del país por el de República del Zaire y gobernando con el apoyo de EE.UU. como dictador conocido por su brutalidad durante 30 años. A pesar de que el presidente Carter se distanció públicamente del líder africano, Zaire continuó recibiendo el 50% de toda la ayuda militar de EE.UU. al África subsahariana. En la década de 1990 el apoyo de EE.UU. a Mobutu empezó a flaquear hasta que el mandatario fue derrocado por Laurent Kabila en 1997. Poco después falleció.

LA LUCHA IDEOLÓGICA EN ESTOS TIEMPOS DE CRISIS DE IDENTIDAD POLÍTICA



LAS CLASES SOCIALES ESTÁN EN PERMANENTE CONFLICTO

Rodrigo Santillán Peralbo

A menudo se habla de la polarización de los sectores sociales y se la tilda de peligrosa, como si se quisiera ocultar la existencia de la lucha de clases que es un concepto marxista explicado por el Materialismo Histórico que se refiere al origen, evolución y actualidad de las clases sociales antagónicas que, por su propia naturaleza y esencia, están en permanente conflicto, propio de toda sociedad organizada políticamente. Los sofismas provenientes de ideólogos del capitalismo transnacional así como los populismos de izquierda crean confusiones ideológicas para la satisfacción de sus objetivos políticos inmediatistas, a la vez que exacerban los antagonismos que, al ser mal conducidos, devienen en violencias incontroladas que retardan los verdaderos procesos revolucionarios. 

El marxismo, con sobra de argumentos científicos señala que la lucha de clases es el motor de la historia, lucha que sólo desaparecerá cuando se llegue dialéctica e inexorablemente a conformar una sociedad sin clases. Unos quieren que esa sociedad igualitaria, solidaria, plena de justicia social y vigencia de derechos humanos sea alcanzada con la revolución que permite los saltos dialécticos que evitan el largo recorrido por los procesos evolutivos, y otros que aborrecen la revolución, menosprecian los cambios y transformaciones porque sólo viven para conservar el sistema que les garantiza mantener sus privilegios de clase, en oposición a los intereses de los pueblos. 

En estos tiempos de confusiones ideológicas y políticas, quizá convenga señalar que los primeros serían de izquierda y los segundos conservadores, es decir de derecha. En la actualidad existen diferentes matices entre derechas e izquierdas, cada sector con su propio membrete, tácticas, estrategias. En cada grupo hay sectarios, ortodoxos, dogmáticos, fanáticos, dueños de verdades absolutas. En todos los sectores políticos, sociales y económicos hay personas que carecen de fundamentos ideológicos. 

¿Qué ha pasado con socialistas, comunistas y más revolucionarios en estos tiempos de crisis de identidad política? ¿Qué ha ocurrido con esos partidos y los proyectos de izquierda revolucionaria a lo largo y ancho de nuestra América Latina? Germán Rodas Chávez, historiador, académico, ensayista de reconocido prestigio internacional, en su calidad de dirigente histórico del Partido Socialista-Frente Amplio del Ecuador, sostiene que, ahora, ese es “un partido de alquiler” enquistado en el gobierno autollamado de “revolución ciudadana” en posiciones de cuarta categoría. ¿Los revolucionarios rojos de ayer, hoy son amarillo patito o verde flex que es el color del movimiento político del gobierno que preside Rafael Correa Delgado? ¿Acaso olvidaron el valor irremplazable de la lucha de clases? ¿Qué pasa con otros sectores de izquierda que aparentemente han sido derrotados? ¿Será necesario construir una nueva izquierda más allá de egoísmos, sectarismos y particulares estrategias? Sería bueno recordar que para superar esas interrogantes es indispensable recurrir a la ideológica marxista-leninista que es la mejor arma para ubicar a las izquierdas en sus propios derroteros y liquidar la crisis de identidad ideológica creada y forjada por los sectores reaccionarios de las derechas más oligárquicas y cavernarias que perviven en América Latina.

Cierto que la lucha ideológica ha ocasionado toda clase de excesos a lo largo de la historia mundial y en particular desde el siglo XX y primeros años del siglo actual, en particular a partir del triunfo de la Revolución Bolchevique. Fue la Revolución rusa de 1917, la que, al crear el primer Estado socialista del mundo y que estructuró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la que tuvo que enfrentar militar, política, económica e ideológicamente a Occidente y al capitalismo mundial que ya comenzaba a ser hegemonizado y liderado por Estados Unidos que, desde 1898, había iniciado la etapa imperial.

La lucha ideológica iba a producirse entre dos sistemas diametralmente opuestos: Socialismo y capitalismo, lucha ideológica que ni siquiera descartó la confrontación religiosa y el uso y abuso de la propaganda, prejuicios ancestrales, estereotipos, tradiciones y costumbres en los hechos sociales y culturales, por parte de todos los países sometidos al capitalismo. Hasta estos días, la confrontación se da entre esas dos concepciones del mundo, sus seres y sus cosas.

"Por voluntad de la historia y por la lógica del desarrollo, a lo largo del siglo XX (y lo que va del siglo XXI), las relaciones entre el socialismo y el capitalismo han estado en el epicentro de las luchas ideológicas. Sin embargo, no se trata sólo de la escala y profundidad de las divergencias, sino, en primer lugar de que las relaciones prácticas entre dos mundos, desde el propio comienzo, eran más que frías e, incluso, hostiles debido, frecuentemente, a causas objetivas. Pero tampoco se puede negar que su efecto se viese multiplicado por los factores subjetivos", sostiene Nikoláev. Esa diametral concepción de percibir y entender la realidad del mundo produjo la “guerra fría" que, en distintas ocasiones y en diversas latitudes 
de la tierra, se transformó en caliente Y que ocasionó múltiples conflictos que, en varias oportunidades pusieron a la humanidad al borde del holocausto nuclear. 

El enfrentamiento entre estas dos ideologías definió las particularidades de la revolución científico-técnica con preponderancia en el plano militar que alcanzó dimensiones demenciales, especialmente en Estados Unidos durante la era Reaganiana, en la que se inició la famosa “guerra de las galaxias" con la intencionalidad de someter al mundo socialista. Por parte del capitalismo hegemónico, la "guerra fría" superó los límites de la racionalidad preconizada por el modernismo, y en aras de la más crasa irracionalidad fueron sacrificados los 
pueblos de Centro América y los de los países de América del Sur que con México y el Caribe, conforman la Gran Patria soñada por nuestros libertadores que, desde luego, fue una definición ideológico-política, estratégica y económica de Simón Bolívar. 

En los inicios del nuevo milenio la lucha ideológica es una necesidad consustancial de la especie humana si quiere sobrevivir a las razones-sinrazones del imperio y a los designios del dios dinero-dólar.

Ningún ser humano puede escapar de esa confrontación de ideas y realidades diversas, sencillamente porque el hombre es un ser social y por tanto componente vital de la especie que mayoritariamente es subyugada, excluida y marginada de las "bondades" del capitalismo y de su democracia occidental y cristiana. Pero, esa lucha ideológica debe racionalizarse, debe "civilizarse" para no caer en las tentaciones del fácil e ignaro fanatismo y en el disparate del dogmatismo ortodoxo que, hasta se degeneran en luchas interétnicas y en conflictos religiosos absurdos y sangrientos en una serie de guerras religiosas y tribales.

Esa ideología de la violencia fanática debe ser combatida por la ideología de la revolución social liberadora, por la ideología del progreso de la conciencia social humanista fundada en la solidaridad y en el amor a la vida, en la justicia social, la libertad y los derechos humanos individuales y colectivos, económicos, sociales y culturales que, desde luego, deben subordinarse a los derechos de la colectividad que son superiores a los del individuo.

La conciencia social desarrollada se forma con principios, doctrinas, filosofías e ideologías. La conciencia revolucionaria es el resultado del conocimiento de la realidad de tantas injusticias, desigualdades y abusos del poder económico, político, social, cultural, militar, religioso y es la comprensión del hombre por el hombre en la incesante búsqueda de la realización humana con dignidad, con amor y ternura. Por eso, un revolucionario es ante todo un ser humano humanista, dotado de profundas sensibilidades y connotaciones sociales y de hondo amor y respeto a la vida, tanto que es capaz de dar su vida a cambio del respeto al derecho a la vida con justicia y verdadera democracia, para su comunidad y su pueblo. El revolucionario es una persona que desarrolla su existencia sobre la base de principios y valores con los que construye la ideología revolucionaria que se torna en irrenunciable porque pasa a ser la esencia de su vida. Esta verdad es combatida, encarnizadamente, por el contrarrevolucionario que basa su accionar en la ideología del pragmatismo, de la comodidad de la indiferencia egoísta y del personalismo que le lleva a ubicarse en el ''yoismo" expresado en: "Yo estoy bien v no me importa el resto". El pragmático es incapaz de renunciamientos porque carece de conciencia social, es incapaz de mínimos sacrificios porque realiza su vida, únicamente, en torno a su persona y porque ha aprendido a despreciar el valor de las ideas, de los principios, de las ideologías.

Son los pragmáticos que surgen del capitalismo egoísta y rapaz, del neoliberalismo que ideológicamente privilegia y exacerba el individualismo, los que rebuscan ideas para denigrar a las ideologías y aborrecerlas, e imbuidos en esas formas de pensar y ser, comienzan a odiar a los revolucionarios y a las ideologías revolucionarias, porque saben, perfectamente, que un revolucionario se vuelve molesto e incómodo para sus propias cosmovisiones acomodaticias; y, porque presienten que cuando menos principios tienen, mayores son las posibilidades del "éxito”' material de sus tristes vidas a las que aman, sólo en tanto logran satisfacciones materiales y económicas, sin que les importe la suerte de los demás.

Para esa clase de personas, la ideología y los principios son cosas molestas y nada prácticos y de esa especie de razón surge la necesidad de combatirlos, mucho más si provienen del marxismo militante, quizá porque desconocen que Marx y Engels también denigraron la concepción de la ideología, porque consideraron que era una conciencia tergiversada, utópica, ilusoria, opuesta cualitativamente a la concepción científica del mundo, de la sociedad y del hombre, en la cual se toman como punto de partida la existencia de los hombres y los procesos vitales reales, según el análisis de Konstantín Nikoláev que agrega que, de esa conceptualización se concibe, se deduce todo lo incluido en el contenido de las ideas, las leyes de su aparición y transformación. sus relaciones estructural-funcionales. En otras palabras, los iniciadores del marxismo no caracterizaron como ideología a la doctrina de la teoría científica del socialismo.

Pero a medida de que se difundía el marxismo, la doctrina comunista, se requirió tomar una nueva conciencia de esa interpretación, diremos sin ambages, unilateral de la noción ideología. La práctica mostraba que la ideología no es simplemente, ni obligatoriamente, ilusiones o errores; las representaciones concretas se tornan en éstos debido al nivel histórico del desarrollo de la sociedad, de la ciencia y de la esfera cultural en general. La ideología como forma de conciencia social es algo cualitativamente distinta, mayor que una suma de sus ideas y representaciones concretas. Tiene funciones que es necesario cumplir, porque de otro modo la sociedad no podrá vivir normalmente" sostiene Nikoláev.

Mientras el marxismo se sumía en confrontaciones ideológicas internas, en la búsqueda de argumentaciones que precisaran la ideología de las masas, del proletariado del campo y la ciudad y sus necesidades revolucionarias, la ideología pragmática del capitalismo sé concretaba en éxitos económicos, políticos y culturales, en el éxito del desarrollo de la ciencia y de la tecnología con fines de aplicación práctica que refuerzan la idea de riqueza y fortuna, poder y expansión de los sectores dominantes, pues de tan pragmáticos, la sociedad en su conjunto integral y sus problemas irresolutos, valían muy poco o nada frente al relumbrón de la revolución científico-técnica.

Es preciso recordar que la ideología es una ciencia y a esa categoría la elevó W. I. Lenin al definir al marxismo como una ideología científica que se desarrolla por sus propias y particulares leyes. La ideología, según Lenin, no es simplemente una percepción del conocimiento científico sino también una formulación, sobre esta base, de las recomendaciones para la organización de la sociedad, su realización práctica, inclusive por la vía revolucionaria. Así, con el desarrollo del socialismo científico, con la praxis revolucionaria que se concretó con el triunfo de la Revolución de octubre de l917 y la estructuración del primer Estado socialista, la ideología dejó de ser una cosa ilusoria, una utopía, un mero ejercicio intelectual o un experimento del pensamiento desarrollado.

La ideología se transformó en una realidad que originaba nuevas realidades y posibilidades de organización social, económica y política; pero a la vez, con el primer triunfo del socialismo aparecieron sus contrarios que ligaron, casi indisolublemente, las palabras ideología, socialismo, comunismo, revolución, para posteriormente extenderse a aquello de la "amenaza comunista", "avance del comunismo internacional", "subversivos, terroristas, revolucionarios, o simplemente "delincuentes”, definiciones que expresaban la ideología de las burguesías, del capitalismo y del imperio.

Pronto el capitalismo, con el uso de la propaganda, con el uso abusivo de los medios de comunicación, convertidos en poder mediático, prolíficamente manipulados, difundió por el mundo una serie de estereotipos y prejuicios sobre la amenaza comunista" y posteriormente, con la aplicación de la sicología social experimental, creó las teorías y las técnicas de la guerra sicológica, para con ella satanizar al socialismo, al comunismo y la necesaria e inevitable revolución social liberadora.

Como el marxismo, en su esencia, propone cambiar la propiedad privada por la propiedad social, debía ser combatido y atacado, calumniado y envilecido, por el capitalismo, sus voceros e ideólogos. Era natural que así ocurriese porque el marxismo atacaba la parte vital del capitalismo: el sistema de propiedad y los dueños y usufructuarios de ella no iban a cruzarse de brazos. Lo asombroso fue que utilizaron a los pobres y oprimidos, a los proletarios del mundo, para perseguir y combatir al marxismo y sus realizaciones socialistas porque, además, de los países socialistas surgieron científicos que desarrollaron la ideología hasta configurarla como una ciencia social con sus propias leves, principios y postulados que entre otras leyes, destaca que la ideología no debe sustentarse en estimaciones, preferencias o juicios subjetivos sino en criterios y verdades objetivos que es una exigencia para la ciencia verdadera. Igualmente, la ideología es un fenómeno evaluable por su contenido, cuantificable por sus efectos, cualificable por su esencia.

La ideología es un sistema de ideas y sólo se prueba su validez en la práctica social. Si es un sistema de ideas, la ideología es consecuentemente, la organización, la sistematización de las ideas, la unificación integral de las representaciones y significados sobre el mundo, sus seres y sus cosas y, por tanto, de las representaciones que el hombre se hace sobre la sociedad y su organización, sobre el hombre en sus interacciones con su entorno, de la sociedad con la naturaleza y del origen y desarrollo de las interacciones de la persona y de la sociedad con su ambiente; es decir, explica científicamente las relaciones e interrelaciones, las interacciones y la interdependencia del hombre con los hombres, del yo con el nosotros, del ser como ser social con la sociedad, del ser individual con el ser colectivo, del hombre y la mujer con la sociedad, la economía, el derecho, la cultura, la religión; pero siempre en una especie de doble vía, en la que la persona humana tanto da como recibe de la sociedad en la que interactúa.

La ideología confiere a la persona la posibilidad de trascender de su existencia biológica-síquica hacia estadios superiores de comprensión del mundo, ya que le otorga un programa de conocimientos científicos y un plan de acción para insertarse en la sociedad con la que interactúa y para que se eleve sobre ella y denuncie las formas muertas o mostrencas, al tiempo que propone transformaciones para una mejor y superior organización social, económica, política y cultural. Ese es el valor de la ideología científica que es irrefutable, precisamente por el carácter científico que posee. 

Sostener que la ideología sólo pertenece a los marxistas, a los revolucionarios y subversivos es un sofisma de la peor especie, tanto como afirmar que Estados Unidos es el paradigma de la democracia en la que conviven todas las ideas, agregaríamos, siempre que no representen un peligro para el sistema capitalista, ¿por qué, entonces, el capitalismo estadounidense tiene leyes que condenan de por vida o con pena de muerte a los “sediciosos y subversivos” acusados de haber violado la Ley de Seguridad Nacional o porque han puesto en peligro la existencia y pervivencia de la sacrosanta democracia occidental y cristiana? Después del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos, ha fortalecido la ideología de un Estado policíaco, mediante la expedición de leyes que violan los derechos humanos esenciales, para someter a los sospechosos de terrorismo, a tribunales especiales y, otra vez, pretende consolidar su rol de gendarme universal, con la propalación de la ideología de la defensa de la libertad y la democracia, o de “Justicia infinita", según las particulares concepciones del imperio guerrerista.

Sin ideología el capitalismo moderno, no hubiese sido siquiera concebido v sin ideología no podría sobrevivir. Las ideas sobre la democracia del voto o sufragio "libre", las ideas sobre la libertad, el impulso al individualismo, la exacerbación del egoísmo personalista, aquello del respeto a la iniciativa privada y a la propiedad privada, la defensa de los valores de la cultura occidental y cristiana, la motivación para que el hombre defienda "el mundo libre", constituyen los fundamentos de la ideología capitalista e imperialista y de sus hijos bastardos: el nazifascismo y el neoliberalismo. Los ideólogos del capitalismo hacen gala de cinismo cuando niegan las ideologías o pretenden desideologizar a los pueblos, Estados y naciones.

Proyectos, programas, planes, objetivos y metas, métodos y mecanismos que se utilizan para alcanzar esos objetivos, son el resultado directo de la aplicación de una determinada ideología que, también, es instrumento de los intereses de una clase, de una sociedad o de un sector de ella. De tal manera que los intereses generales o particulares están profundamente unidos a las definiciones ideológicas, por tanto, cualquier ideología existe, actúa o influye en una sociedad de conformidad con sus intereses y de acuerdo con las metodologías y estrategias instrumentadas desde el conocimiento científico-dialéctico. En consecuencia, la ideología puede estar al servicio de los intereses concretos de la sociedad y de los objetivos que hayan planteado; por tanto, la ideología es una necesidad vital de las sociedades contemporáneas e inclusive de aquellos que niegan su valor y existencia, y de aquellos que pregonan su fin. Inclusive quienes tienen una idea o un sistema de ideas para negar la ideología, quienes crean o poseen argumentos para liquidar a la ideología, de hecho son dueños y portadores de normas, reglas, programas, orientaciones para combatir a la ideología y en consecuencia son ideólogos o dependientes de la ideología de desideologizadora, de la contraideología, de la antiideología.

La ideología no ha llegado a su fin. Existe y tanto que al empezar el milenio continúa la lucha ideológica entre marxismo y capitalismo, entre los desideologizadores y defensores de la validez de las ideologías porque, además, la lucha ideológica va indisolublemente ligada a los intereses de clase y defensa de los intereses sociales de cada sector de la colectividad humana. Cada sector, cada grupo y cada hombre administran los métodos para la consecución de objetivos ideológicos y políticos que a su vez son instrumentos de clase para alcanzar el poder político que, inexorablemente, tendrá como meta la imposición de una determinada ideología y por ende, dialécticamente, una ideología subordinada y dominada puede pasar a ser una ideología dominante.

En una sociedad de clases existen intereses sociales y económicos contrapuestos y en permanente lucha que son apuntalados y consolidados por una o varias ideologías. "El carácter de los medios, de los métodos y de las formas de defensa y afirmación de los intereses es uno de los indicadores más importantes del nivel de civilización de las relaciones sociales y de la sociedad en su conjunto", concomitantemente a este criterio, la lucha ideológica adquiere profundidad en su significado y objetivos, cuando la ideología esté caracterizada por la tolerancia; es decir cuando el hombre o el grupo militante aprenda a respetar la ideología ajena y combata la violencia irracional, el fanatismo cruel, el dogmatismo ignaro, el sectarismo infantil. En este momento histórico es preciso encontrar métodos nuevos que permitan el triunfo de la ideología revolucionaria con el menor costo humano. ¿Será posible una revolución incruenta, una revolución blanca? ¿El imperio, pacíficamente va a perder sus privilegios, prebendas e intereses capitalistas y monopólicos? No, por desgracia, porque la noción imperial y su concreción son el producto de la violencia guerrerista y económica y porque el imperio es una negación rotunda a la civilización y convivencia pacífica de ideologías y sistemas políticos y económicos diferentes. El imperialismo no admite competencias.

La ideología capitalista-imperialista-burguesa está en constante lucha contra la ideología marxista-leninista, socialista, proletaria y si una de ellas llega a imponerse total y radicalmente sobre la otra, lo hará con la práctica de la violencia 'y la violencia nunca será un producto de la civilización. La ideología proletaria sólo puede triunfar por medio de los siguientes procesos:

1. Por la evolución de las condiciones sociales de conformidad con las leyes generales del desarrollo.

2. Por la evolución progresiva de la conciencia social-histórica.

3. Por la vía revolucionaria.

La ideología revolucionaria no quiere esperar la evolución histórica que aniquile al capitalismo y al imperialismo; y en consecuencia propugna los grandes saltos dialécticos para apresurar los procesos históricos. Y, es la ideología revolucionaria la que asusta, hasta el paroxismo, a los capitalistas y sus ideólogos y también a los pueblos sojuzgados que han sido víctimas de la propaganda capitalista, de la guerra sicológica desatada por Estados Unidos y sus aliados capitalistas. En estas condiciones, la lucha ideológica es desigual.

Pero, la dialéctica enseña que el desarrollo de la conciencia social no se detiene, que el progreso siempre irá hacia adelante y que la historia sobrepasa todas las barreras. Es más, la esencia del desarrollo social continuo desbarata las tesis de la contraideología ya que en tanto como niega lo viejo y caduco de las formas sociales, presenta alternativas de lo nuevo; es decir de nuevas formas ideológicas que posibiliten la continuidad de las luchas de los pueblos por alcanzar niveles de igualdad y bienestar. El peligro radica en que las ideas revolucionarias de hoy, mañana pueden ser viejas, si la revolución conquistó sus objetivos y realizó sus metas. De la constatación de esta realidad nace la idea de la revolución permanente, pues una verdadera y profunda revolución ideará nuevos objetivos y metas y jamás se conformará con alcanzar unos cuantos resultados. Si la constante del ser humano es su predisposición síquica para buscar nuevos objetivos una vez que alcanzó los que se propusieron, si en su naturaleza anida la inconformidad, es lógico que una revolución siempre proponga nuevos objetivos hacia metas más elevadas. La revolución es obra de seres humanos y por tanto cometerá muchos errores; pero en su dialéctica encontrará las alternativas que posibiliten la perfectibilidad. No entender si son justas o erróneas las realizaciones revolucionarias, es condenarlas al fracaso. La filosofía, la ideología marxista-leninista no ha fracasado y nadie ha sido capaz de enrostrarla errores conceptuales que resulten impracticables.

Quienes fracasaron fueron los hombres responsables de su aplicación práctica y con ese fracaso condenaron a la humanidad a un largo retroceso histórico y esto no es una "nostalgia dinosáurica" según ridícula acusación de los parlantes de la triunfalista ideología del capitalismo, sino una posición consciente de la realidad, con la esperanza de que la humanidad evolucione para que sea capaz de retomar los procesos revolucionarios que permitan la construcción de una sociedad comunista universal.

Hemos observado los sorprendentes cambios ocurridos en la última década del siglo XX y primeros 14 años del siglo XXI que hasta produjo veleidades como el “socialismo del siglo XXI”: Esos hechos conducen a pensar que desde los niveles de la conciencia crítica y social, es posible asumir los errores del socialismo, las experiencias positivas y negativas, los avances de la ciencia y latecnología y las condiciones reales del proceso histórico y de la ideología para, desde sus fundamentos irrebatibles, construir v reconstruir la teoría y prácticas revolucionarias, de tal manera que incidan en la apertura de nuevos horizontes para la humanidad que no puede dejarse estar en la grosera inacción impuesta por el capitalismo imperialista y sus doctrinas neoliberales.

El socialismo es la única posibilidad de supervivencia de la humanidad porque sólo el socialismo, que procura la liberación social y nacional, permite que los pueblos tomen la historia en sus manos y la hagan para servir al hombre en la plenitud de sus derechos y libertades, entendida que la libertad sólo es posible cuando se la ejerce con responsabilidad y conciencia social, porque se fundamenta en el conocimiento, se enriquece en la cultura. "Por eso, el hombre podrá lograr una emancipación verdadera sólo en la medida en que confirme sus conquistas socio-económicas, políticas y jurídicas con la civilización de su espíritu y conocimientos subordinados a la moral del humanismo", en palabras de K. Nicoláev.

La ideología para que sea fuerte y posible debe fundamentarse en el conocimiento científico y en la praxis social. La ciencia -como la materia- se transforma en procesos constantes y, por tanto, la ideología también se transforma y cualitativamente se desarrolla a través de los conocimientos y experiencias acumulados por toda la humanidad. La ideología es un acerbo de la humanidad y no es ni puede ser propiedad particular de un grupo, de un sector, de una sociedad y menos propiedad privada de persona alguna.

Si la ideología se transforma, es lógico que luche contra la inercia social y cultural de la sociedad humana que es propiciada por el ambiente impuesto por las clases dominantes seguidoras del capitalismo imperialista. La penetración cultural e ideológica es tan fuerte que inmoviliza a grandes sectores de la colectividad y tan fuerte como las medidas económicas tendentes a apuntalar el sistema de injusticias y privilegios, medidas que golpean con extrema dureza a los pueblos que, al recibir los golpes, sólo atinan a responder con débiles protestas, generalmente, acalladas o aniquiladas por los aparatos represivos del sistema y esto ocurre por la debilidad ideológica de la población explotada y excluida, y naturalmente por la debilidad idológica-política de los líderes que se ahogan en la falta de iniciativas y en la carencia de claridad de los objetivos, tanto que parecen desconocer que la revolución es necesaria para resolver los problemas de la sociedad, si la sociedad está preparada para asumir y asimilar los procesos revolucionarios que son posibles cuando se unen las condiciones objetivas y subjetivas que subyacen en las masas. 

La ideología es el sustento de la conciencia social y fundamento de cualquier proceso revolucionario que sólo puede desarrollarse si se basa en la experiencia social, en la racionalidad de las propuestas para construir una nueva sociedad democrática, popular, libre y soberana. Una ideología revolucionaria luchará para aniquilar a la ideología burguesa que esconde la naturaleza de la ideología de dominación y explotación porque le conviene ocultarla para dar rienda suelta a sus apetitos de acumulación y reacumulación de capital.

Terminada la "guerra fría”, la ideología del capitalismo imperialista se reacomodó a las nuevas realidades e impuso o trata de imponer el neoliberalismo, la neoglobalización y la consolidación del imperio, para moldear al mundo bajo las reglas de la neodominación y neocolonización, y como los fines supremos del capitalismo son los negocios y las ganancias, es lógico que sus ideólogos sostengan que el dinero no tiene ideología y traten de desideologizar la explotación y depredación de la humanidad y la tierra. Entonces una ideología revolucionaria tiene, también, que luchar contra la desideologización y en el proceso destruir el engaño y la mentira, y sacar a flote la ideología imperialista en la que se acuna la ideología de las transnacionales y de los monopolios del capitalismo mundial. A nivel nacional es un deber de todo revolucionario que carga una ideología, desenmascarar a los falsos profetas de las nuevas revoluciones de papel que, inclusive, hablan de neosocialismo o socialismo del siglo XXI, como si hubiesen descubierto la panacea universal, sin entender primero que el socialismo es dialéctica y desarrollo del pensamiento y la acción estrictamente revolucionarios. Un revolucionario de verdad no se monta en el anca de aventureros de pseudorevolucionarios.

La ideología es esencial para la humanidad. Suele decirse que las ideas no mueren, sólo cambian, se desarrollan, se transforman. Si la ideología es un sistema de ideas, es imposible que la ideología muera o haya llegado a su fin. Sostener esta barbaridad es, también, una toma de posiciones ideológicas que a la postre resultan falsas, porque también hay ideas falsas y éstas si están condenadas a la muerte. Una ideología cuando es verdadera y lo es si se fundamenta en el conocimiento científico, es una necesidad social insoslayable e indestructible, precisamente, porque cumple también una función social demostrada por Nikolaev al precisar: "El carácter de las necesidades sociales que originan uno u otro fenómeno o proceso se deduce con bastante claridad de las funciones sociales que cumplen. La función integracional de la ideología contribuye a integrar a la sociedad sobre una base socio-económica e ideológica determinada. La función justificativa de la ideología fundamenta científicamente su existencia, y con ello defiende el orden que existe en la sociedad.

Las funciones organizativa y educadora son evidentes y comprensibles. La función protectora de intereses de una u otras clases o grupos sociales estipula la defensa ideológica de quienes sacan mayor provecho del régimen social existente. La función cognoscitiva consiste en que la ideología no sólo emplea el saber que ya existe, también orienta de manera determinada al hombre y a la sociedad a obtener e interpretar una nueva información, un nuevo saber. La función cultural estriba en que la ideología influye poderosamente en la cultura, el arte y las artesanías del pueblo tanto directamente como por medio de su influencia en la sicología social".

La tesis es correcta que, enterrar a la ideología y cantar himnos en honor de su deceso, es una posición ideológica muy propia del capitalismo imperial que, sin duda, será aniquilado por los falsos hijos que engendra en su inútil propósito de dominar por tiempo indefinido a toda la humanidad. Es más, son desideologizadores los que proclaman que no tienen ideología, que su única ideología es la patria o el pueblo, o los que a regañadientes afirman que son portadores de la doctrina social de la iglesia católica y que mantienen el discurso de que son revolucionarios o líderes de algún tipo de revolución que no se identifica no con la realidad concreta del presente y peor con la realidad histórica.

La ideología está presente en todas las esferas de la actividad humana y nadie puede prescindir de ella. Decir que la ideología ha llegado a su fin es sostener un error monumental, simplemente porque toda sociedad, cualquiera que sea su estado de desarrollo, necesita de la ideología para avanzar en la construcción del progreso y porque toda sociedad necesita ser iluminada por las ideas y los conocimientos políticos, sociales, culturales, económicos, sin prescindir de la moral social y menos de la moral revolucionaria. Los que mienten y engañan no son revolucionarios.

La ideología es vital para los procesos revolucionarios y esta es la razón de los ideólogos del capitalismo imperial para negarla, vilipendiarla y enterrarla tan prematuramente como prematuro fue el entierro del socialismo.

"El materialismo dialéctico parte del hecho de que el conocimiento es un reflejo del mundo en la conciencia del hombre, inseparable del objeto del conocimiento en el curso de la práctica social, según concepción de A. G. Spirkin. o tegrar a la sociedad sobre una base socio-económica e ideológica determinada, clases o grupos sociales estipula la defensa ideológica de quienes sacan mayor provecho del régimen social existente. La ideología es el estudio de las ideas y sistemas de ideas con las que se nutre el conocimiento. Ideas y conocimientos están en la realidad del mundo material; y es en ese espacio en donde ocurre la práctica social de los hombres que incide en forma directa y determinante en todas las esferas de la vida del ser y de sus relaciones sociales, en permanente interacción con otros seres de la especie, con otras especies y con los objetos. La aplicación del materialismo y de la dialéctica permite -a través del materialismo dialéctico-el estudio de la sociedad humana. “La ampliación y aplicación de las tesis del materialismo dialéctico al desarrollo de la sociedad, es el materialismo histórico..." explica Spirkin en su obra: Materialismo Dialéctico y Lógica Dialéctica".

El materialismo histórico demuestra que el ser social determina la conciencia social y que el hombre, con ella, es capaz de comprender la sociedad, sus realidades, problemas, conflictos, las leyes de su desarrollo, es decir el proceso histórico de la humanidad y las fuerzas motrices que lo impulsaron; las fuerzas productivas, las relaciones de producción en la interacción de sus elementos y en su evolución, el aparecimiento de la propiedad privada que inició la cadena de la explotación del hombre por el hombre, el proceso de acumulación de riqueza y poder sobre la base de la explotación irracional de los recursos humanos y naturales.

El materialismo dialéctico y el materialismo histórico explican científicamente el mundo, el hombre y sus relaciones y naturalmente explican la sociedad, el desarrollo de las ideas, la evolución del pensamiento y del conocimiento, y consecuentemente de la conformación de clases y de sus intereses en cada etapa histórica. El materialismo histórico y dialéctico es la base científica de la ideología marxista-leninista que, ciertamente, no es una simple teoría sino una concepción científica del mundo, de sus seres y sus cosas. Esta ideología no ha muerto y como el materialismo dialéctico explica, solo cambia, avanza, se transforma.

La caída del Muro de Berlín, tomada por muchos como el suceso histórico que propició el fin de las ideologías y de la historia, el derrumbe del socialismo en los países de Europa Oriental y el descalabro de la Unión Soviética, no significan más que ciclos históricos que nacen y terminan de conformidad con las leyes del desarrollo de la sociedad y con la natural evolución de la especie humana.

Sostener que la ideología marxista-leninista que fundamentó los procesos revolucionarios de millones de seres humanos que han luchado y luchan contra todas las formas de explotación, contra el imperialismo y su ideología de dominación, contra las guerras colonialistas y neocolonialistas y que han luchado y libran combates por la paz y la liberación nacional, ha llegado a su fin, no es más que un supuesto carente dé la más mínima significación científica.

Los logros y éxitos alcanzados por la ideología marxista-leninista son incuestionables y ellos por si mismos -como ninguna otra doctrina económica, política, social- confirman la validez del materialismo dialéctico y de la concepción marxista del mundo. Es el marxismo-leninismo el que interpreta de una manera real y científica los intereses de las clases trabajadoras del campo y la ciudad y es la dialéctica narxista-leninista la que enseña a todos los seres humanos que en el mundo todo fluye, todo cambia, todo se transforma, todo se encuentra en permanente movimiento y desarrollo, y naturalmente las ideas, el pensamiento, el conocimiento, la ciencia, la tecnología; es decir la ideología no llega a su fin. En consecuencia toda forma de organización social, económica, política, deviene inevitablemente en pasajera, pues lo caduco muere para dar paso a nuevas formas de organización socio-económica que, al aparecer, serán superiores, mejores y más progresistas y democráticas.

En estos tiempos de crisis de identidad política que afecta a las dirigencias de los partidos socialista, comunista y otros movimientos de izquierda, se debería recordar el texto Apología del Comunismo, magistralmente escrito por Rafael Narbona, en el que dice:

“El odio que siempre ha hostigado al comunismo es la mejor prueba de su potencial transformador. El comunismo no pretendía reformar el capitalismo, sino borrarlo de la faz de la tierra. Por eso, se persiguió, torturó y asesinó a sus partidarios. Yo estoy orgulloso de ser comunista. El comunismo representa el anhelo de un mundo sin pobreza, abusos ni desigualdad. Sería tremendamente injusto establecer una falsa equivalencia entre comunismo y fascismo. El comunismo encarna el sueño de una sociedad igualitaria, sin propiedad privada ni clases sociales. El fascismo, en cambio, expresa una tendencia regresiva hacia un concepto excluyente de humanidad. El comunismo plantea la superación del nacionalismo por medio de la solidaridad internacional. El fascismo exalta la sangre y el suelo, el culto a la personalidad del líder, la limpieza étnica y la mística de lo irracional. El neoliberalismo que ha causado la actual crisis económica intenta igualar comunismo y fascismo para despojar a la clase trabajadora del potencial liberador de una utopía posible, donde la riqueza se distribuiría de acuerdo con las necesidades comunitarias, sin permitir la concentración de capital en monopolios que usurpan el papel de los estados, dictando leyes que protegen exclusivamente sus intereses. El comunismo siempre se ha identificado con una aurora roja, que representa la esperanza. Por el contrario, el fascismo está asociado a un crepúsculo wagneriano, donde sólo triunfa la muerte. Es imposible asimilar ambos términos sin producir una odiosa disonancia.

La lucha de clases nunca se ha interrumpido y los oprimidos, una mayoría doliente y anónima, aún esperan su liberación. No creo que el capitalismo pueda reformarse. La explotación y la alienación no son un efecto indeseado, sino su núcleo esencial. El capitalismo especula con la tierra, los alimentos, el agua, la vida, sin inquietarse por los estragos que provoca con su desmedida ambición. La economía de mercado debe ser reemplazada por una economía regulada por el interés general, con una banca nacional que gestione el crédito, una fiscalidad fuertemente progresiva, un control estricto del mercado inmobiliario, una tasa impositiva sobre los flujos financieros, grandes inversiones públicas en sanidad, educación e infraestructuras, una eficaz política de investigación y desarrollo, medidas contra la especulación y los monopolios y una legislación laboral que garantice los derechos de los trabajadores. Es indiscutible que estas medidas despertarían la ira de los mercados. Un país aislado soportaría con dificultad los ataques especulativos de los bancos, los fondos de inversión y las agencias de calificación. Por eso, el socialismo sólo es viable como internacionalismo.

No creo que la miseria de los trabajadores y los pueblos se mitigue por vías estrictamente políticas. Las grandes transformaciones sociales nunca se han producido sin violencia. Marx nunca se mostró tibio o moderado: “Los comunistas no se cuidan de disimular sus opiniones y proyectos. Proclaman abiertamente que sus propósitos no pueden ser alcanzados sino por el derrumbamiento violento de todo el orden social tradicional. ¡Que las clases dominantes tiemblen ante la idea de una revolución comunista! Los proletarios no pueden perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo por ganar. ¡Proletarios del mundo, uníos!”. No creo que estas palabras hayan perdido vigencia. El comunismo no nació para debatirse en universidades y tertulias, sino para cambiar el mundo. Recuperemos su espíritu y pensemos que es posible un porvenir donde los pueblos puedan elegir libremente su destino, logrando que la fraternidad y la solidaridad se impongan a la avaricia y el egoísmo. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Chile: Tsunami amenaza al nuevo gobierno

bachelet presidenta

Con desafiantes rayados callejeros, comentarios en Twitter y Facebook, decenas de columnas en los medios digitales y el liderazgo de la Nueva Mayoría en la primera plana de la prensa corporativa, el nuevo gobierno de Michelle Bachelet, que asume este 11 de marzo, parece acercarse a su estreno no como coalición flamante y triunfante, sino con el pesado lastre acumulado por veinte años. Las contradicciones -y también confusiones- en la conformación del gobierno mostradas durante el verano, sumadas a las tensiones al interior de la coalición, se instalan como una compleja y agorera señal: nunca, por lo menos en las últimas dos décadas, un gobierno había enfrentado tantos obstáculos antes de su inicio.

¿Qué señal exhibe un gobierno si antes de asumir entrega a la exigencia pública la cabeza de tres altos funcionarios, en tanto cerca las críticas a varios otros nominados? Contradicciones, bipolaridad, o tal vez culpa como efecto de la derrota de 2010. Pero también, como acusa la derecha, debilidad, desorden, ineficiencia. El antecedente ha quedado registrado.

Por un lado está la señal como efecto de la reacción en el equipo gubernamental, pero está también, y en un grado de mayor peso, la causa que llevó al gobierno entrante a bajar la guardia y acceder a las demandas de la opinión pública. Porque no fueron denuncias levantadas ni por un partido de oposición ni desde aquella zona tenebrosa expresada a través del duopolio que conforman los llamados poderes fácticos. Las presiones surgieron, principalmente, desde los movimientos sociales y como denuncias desde la prensa independiente, antecedente que deja a este sector muy fortalecido en cuanto observador del cumplimiento de sus demandas a partir del 11 de marzo.

Se trata de un antecedente inédito para cualquier gobierno posdictadura, registro al que se añade la carga de la culpa de la derrota de 2010, que es el miedo a un nuevo fracaso electoral. Un temor que con el correr de los días y al observar las evidentes contradicciones en materias clave que van desde la educación o derechos humanos, sólo tenderá a crecer.

Bajo este clima político estival, en este preludio destemplado, el gobierno de la Nueva Mayoría, tropezando en lo político, debiera hallar su apoyo donde siempre lo encontró la Concertación: en el modelo neoliberal, en un deseable alto crecimiento económico y en un supuesto y también necesario bajo desempleo. Con estas variables como piso de comprobada solidez durante al menos veinte años, la apuesta debiera avanzar segura.

¿Pero es más de lo mismo como se repitió durante la primera década del siglo? La Nueva Mayoría, a diferencia de los cuatro anteriores gobiernos de la Concertación, entra esta vez a La Moneda también criticando sus supuestos mayores logros de las décadas pasadas, contradicción que se eleva a la categoría de lo incompatible, la comedia o el absurdo. Que sea a partir de marzo ministro de Educación Nicolás Eyzaguirre, el mismo ministro que avaló desde Hacienda años atrás el crédito con aval del Estado, parece parte de un discurso de difícil articulación. O que sea el gobierno en pleno, cuyos miembros y adherentes están imbricados con los grandes grupos económicos el que pretenda, por lo menos en la letra, desmantelar parte del andamiaje mercantil, aparece también como un guión disparatado.

Pese a todas las incongruencias, algunas destapadas antes de la cocción y otras ya exhibiendo sin pudor sus diferencias y contraposiciones, el camino ya está señalado. A partir de este mes se muestra una realidad instalada, que se expresa desde la economía, los movimientos sociales, los sindicales y los gremios, a los grupos económicos y poderes fácticos. Desde todos ellos se levantan las demandas y los intereses. Unos por el cambio, los otros por el conservadurismo institucional.

EXPECTATIVAS ECONOMICAS INFUNDADAS

La campaña electoral de Michelle Bachelet creó expectativas que, al observar el espectáculo estival, trascienden la capacidad de su programa, el que está acotado básicamente a las reformas de la educación, tributaria y la redacción de una nueva Constitución. Pese a ello, el regreso a partir de marzo de la ex presidenta ha generado entre sus electores y parte de la población un clima de excesiva confianza en aspectos que no están necesariamente ligados a su programa. Es el caso de las expectativas en materia económica, que la ciudadanía está relacionando con su regreso.

No pocos analistas han escrito sobre los aspectos subjetivos de la figura de Bachelet, los que tuvieron un peso relevante en su triunfo electoral. Estos análisis pueden ser una herramienta para comprender la extraña relación que existe entre su programa y las enormes, y bastantes infundadas, esperanzas de mejoría casi inmediata de calidad de vida. Un horizonte radiante que más parece una visión creada por la fe que por un párrafo de su programa. Una ilusión, al considerar las proyecciones económicas para el año en curso.

Las altas expectativas colocadas en el futuro gobierno, registradas por la encuesta CEP y el derechista Instituto Libertad y Desarrollo, no tienen gran correspondencia ni con las proyecciones para 2014 realizadas por diferentes organismos económicos, como tampoco con las cifras del anterior gobierno de Bachelet. Durante el periodo 2006-2009 el PIB creció a una tasa promedio de un escaso cuatro por ciento, en circunstancias que durante el actual gobierno saliente la economía creció una media anual del 5,4 por ciento. Y algo similar ocurrió con el empleo. Durante el cuatrienio 2006-2009 la tasa de desempleo promedió un ocho por ciento, la que descendió a 6,8 en el gobierno de Sebastián Piñera. A grandes rasgos, no existen bases económicas objetivas para relacionarlas con las altas expectativas creadas por la Nueva Mayoría. Y si buscamos en otros indicadores, como los índices de desigualdad, veremos que éstos se han mantenido muy similares durante los últimos veinte años. Las dos coaliciones no han hecho nada para suavizar esas extremas diferencias en la distribución de la riqueza.

El futuro inmediato para la Nueva Mayoría no dista mucho de las cifras del último gobierno de la Concertación. La encuesta económica que realiza el Banco Central a especialistas del sector financiero apunta en la dirección contraria a las creencias de la ciudadanía. Para la mayoría de los economistas consultados, el PIB chileno, que en 2013 habría aumentado un 4,5 por ciento, sólo crecerá un cuatro por ciento en 2014, cifra que comparten la mayoría de los organismos económicos, desde el mismo Banco Central a organismos como la Cepal y el Banco Mundial. La economía chilena está en un proceso decreciente.

Hay una serie de variables que están contrayendo la economía nacional. Una de ellas es el comportamiento de la economía internacional, la que afectará la producción y exportación de productos ligados a los recursos naturales, piedra angular del modelo chileno. En la minería, una proyección de la Sonami, organización de los empresarios privados, estima que las exportaciones mineras llegarán este año a 45 mil millones de dólares, cifra menor que la del año pasado, como efecto de una nueva baja en el precio del metal rojo, que este año llegaría a unos 3,1 dólares la libra tras el peak histórico de 2011, con un precio de cuatro dólares.

La otra variable que se contrae en la economía nacional será la demanda interna, que es inversión y consumo. Después de un periodo de fuerte crecimiento económico, esta variable, en especial la inversión, se ha enfriado. Un informe de la OCDE del año pasado alerta sobre esta caída en la inversión, la que tendrá sus efectos en los salarios. Para el organismo internacional, la demanda interna creció en 2013 un 6,1 por ciento, en 2014 se expandirá un 5,3 por ciento y el próximo año seguirá cayendo para alcanzar solo a un 4,7 por ciento. Y otro tanto sucede con el desempleo, que desde el segundo semestre del año pasado expresa una tendencia al alza.

El panorama no es riesgoso en cuanto forma parte de los usuales ciclos económicos. Varios de los gobiernos de la Concertación, en especial el de Ricardo Lagos, tuvieron que hacer frente incluso a procesos recesivos y lograron terminar sus periodos sin grandes mellas. Pero el escenario que se abre en marzo tiene características que lo hacen especialmente sensible por las diversas expectativas creadas. Una está relacionada con las promesas de reformas en el programa de la Nueva Mayoría, en especial el aumento de los impuestos a las empresas para financiar los proyectos en educación; la otra, es la percepción empresarial, en cuanto estima que esas reformas serán mínimas.

SEÑALES DEL EMPRESARIADO

Durante las semanas que antecedieron a la segunda vuelta electoral hubo una presión desde la Alianza que amenazó a la ciudadanía con un freno en la inversión ante la incertidumbre económica que generaba el programa de Bachelet. Aun cuando se trataba de parte de la campaña electoral, si relacionamos las advertencias con la real caída en la inversión, la que está ligada a ciclos económicos, hay aquí elementos subjetivos y comunicacionales que podrían amplificarse en el futuro. No sería difícil para el empresariado amplificar sus quejas a través del duopolio mediático, las que ligadas a la desaceleración económica, podrían crear en el corto plazo un clima de deterioro económico. Los numerosos artículos que han aparecido en la prensa del duopolio alertando sobre los peligros de la eliminación del FUT que ha planteado la Nueva Mayoría, son solo un primer indicio de lo que podría venir en el futuro.

Ante este escenario, Bachelet podría poner el freno y echar marcha atrás en las materias que incomoden al empresariado. Un deteriorado clima económico genera temor entre los actores económicos y entre la población se propaga con facilidad. Afecta con rapidez a la confianza en el gobierno, en especial en un país con una arraigada cultura basada en los mercados.

ARTICULACIÓN FUTURA DEL MOVIMIENTO SOCIAL

Pero no será tan fácil para el gobierno de la Nueva Mayoría repetir las políticas de los consensos de la Concertación, algo que los incidentes del verano dejaron como muestra. Desde los últimos años de la década pasada el país ha dado un giro radical. El clamor ciudadano, canalizado a través de los movimientos sociales, que surgió durante el anterior gobierno de Bachelet y se organizó durante el saliente, está preparado para observar y cautelar sus demandas a partir de marzo. Lo han dicho los estudiantes, los trabajadores y otras organizaciones sociales.

Basta revisar algunos de los más importantes referentes sociales para argumentar esta afirmación. Desde diciembre tanto los estudiantes universitarios como los secundarios han comenzado a lanzar claras señales de cómo será la relación con el gobierno que se instala este mes. Desde la Fech, su presidenta, Melissa Sepúlveda, ha marcado las grandes diferencias que han detectado entre las demandas del movimiento estudiantil y las propuestas de la Nueva Mayoría. Para el futuro gobierno el fin del lucro estará acotado a las universidades estatales; para los estudiantes, en educación no puede haber espacio para el lucro.

Una perspectiva muy similar tienen los estudiantes secundarios. Eloísa González, de la Aces, en una columna titulada “Bachelet y el fantasma que recorre las calles”, afirmó durante el verano: los secundarios -junto al movimiento social- estarán tomándose no solamente los colegios. “Chile será un país ocupado por sus habitantes y reales dueños: el pueblo chileno”.

Durante el año pasado el movimiento sindical logró dar un salto cualitativo, cual fue la unión de varios sindicatos para la articulación de demandas compartidas. Y en un modelo neoliberal que ha despojado de prácticamente todos los beneficios y derechos a los trabajadores, compartir demandas es fácil, las que van desde los salarios, a las jornadas de trabajo y al sistema privado de pensiones administrado por las AFPs.

El año pasado marcó un punto de inflexión para el movimiento laboral. Tal vez la huelga en el puerto de Mejillones puede usarse como emblema, la que fue apoyada solidariamente por los trabajadores de los puertos de todo el país. Y es en aquel episodio en el cual surgen las demandas compartidas, desde el fin de las AFPs al fin del lucro en la educación de sus hijos.

POLITICA DE ALIANZAS: ESTUDIANTES Y TRABAJADORES

La política de alianzas sindicales corre a la par con un clima de conflictos laborales y huelgas en pleno desarrollo y crecimiento, las que superan en número y días a las de periodos anteriores. Sólo en los últimos meses están las huelgas de Correos, Asmar, Bodegas de Sodimac, Ripley y Montserrat, entre las más conocidas.

El gran salto de 2013 fueron las movilizaciones intersectoriales, las que han ido creciendo. Porque es cada vez más frecuente que las distintas grandes marchas cuenten con la participación de estudiantes y trabajadores, tanto del sector público como del privado. Hacia la mitad de diciembre numerosos sindicatos y centrales dieron una conferencia de prensa en conjunto con los principales líderes estudiantiles para sellar un pacto de movilización y lucha para impulsar las diversas demandas compartidas.

Y está el movimiento mapuche, que observa el regreso de Bachelet a La Moneda como el de un antiguo enemigo. Bachelet carga con el asesinato de Matías Catrileo hace seis años, crimen que las organizaciones mapuches no han olvidado, y con la aplicación de la Ley Antiterrorista. En una declaración publicada en diversos medios alternativos, el prisionero líder de la CAM, Héctor Llaitul, realizó un análisis sobre el futuro gobierno de Bachelet, cuyas reformas son simplemente una estrategia para contener a los movimientos sociales que tiene como objetivo el refuerzo del modelo de explotación neoliberal. Para Llaitul, “desde nuestras definiciones de mapuche autonomistas anticapitalistas, seguiremos en la senda de la resistencia y la reconstrucción nacional haciendo frente con diversas formas de lucha al nuevo gobierno, mientras se administre para los poderosos y en la medida en que se siga con la política de guerra contra nuestro pueblo”.

Ante este escenario lleno de tensiones, la Nueva Mayoría no podrá, como lo hizo la Concertación durante veinte años, gobernar con una cómoda administración del modelo.
Paul Walder - Punto Final

¿Es utópico luchar contra el capitalismo?



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por Julio C. Gambina    12/2/2014 La Haine

¡El capitalismo nacional es una utopía! :: Resulta imprescindible cambiar la lógica de razonamiento sobre la solución de los problemas que afectan a nuestro pueblo


La crisis capitalista es un dato de la realidad, aunque algunos la nieguen. Es parte de un diagnóstico generalizado, a izquierda y derecha, sin embargo algunos se resisten a esa calificación.

Hace pocos días, el economista Pablo Rojo me discutía la existencia de una crisis mundial y calificaba de utópica mi propuesta en pos del socialismo [1]. Era en pleno despliegue de la mega devaluación de fin de enero.
Lo curioso es que también me calificaba de utópico un periodista de izquierda ante mis comentarios de nacionalización del comercio exterior y la banca realizados en una entrevista radial telefónica antes de la mega devaluación.

No son los únicos, ya que algunos (muchos) amigos que evalúan mis presentaciones públicas me endilgan la imposibilidad de materializar mis propósitos anti capitalistas y que se requieren soluciones para el “mientras tanto”, lógicamente dentro del capitalismo.

Utópicos son los que esperan soluciones para la mayoría dentro del capitalismo

La realidad es que mientras me califican de utópico, el capitalismo realmente existente continúa su desarrollo, con mayor desigualdad a escala mundial y local.

La organización OXFAM presentó en Davos, en el Foro Económico Mundial, un informe que entre otras cuestiones relata como 85 fortunas tienen el equivalente de la riqueza de la mitad de la población mundial, unos 3.500 millones de habitantes.

A su vez, la CEPAL, en su último Panorama Social de América Latina difundido a comienzos de este 2014 da cuenta del estancamiento en la tendencia a la mejora de los indicadores sociales verificados en buena parte de la década 2002/2012, con deterioro de las causas que explicaron el gran crecimiento de la región y su impacto positivo en la disminución de la pobreza.

El asunto es que la crisis, con epicentro en el capitalismo desarrollado, situación normal para calificar de mundial a una crisis, empieza ahora a sentirse entre los países emergentes, forma de llamar a aquellos territorios receptores de inversiones externas en plena crisis de los desarrollados, y lógicamente con ellos, el impacto de la crisis se extiende a todo el resto de países, amplificando el fenómeno de la miseria, la pobreza y la mayor explotación de los trabajadores, de los pueblos y de la naturaleza.

Lo utópico es pensar en un “mientras tanto” (difuso) en el marco del horizonte capitalista.

Juan Carlos Pugliese, el ministro de economía en el ocaso del gobierno de Raúl Alfonsín, confesaría a la sociedad que les habló con el corazón y los empresarios le contestaron con el bolsillo. Se puede pensar que se olvidó del orden social capitalista presidido por la lógica de la ganancia y la valorización del capital.

Ocurre lo mismo cuando las autoridades actuales se sorprenden ante la actitud especulativa de la sociedad ante la posibilidad otorgada por la política económica para ahorrar en divisas, o cuando solicitan a los productores vender sus tenencias acumuladas en silo-bolsas para bien de la situación económica nacional.

Ambas acciones, las compras de dólares o las retenciones de producciones, son parte de una cultura propia del orden capitalista incentivado por la posibilidad ofrecida desde la política gubernamental.

Ahora, desde el agrupamiento Carta Abierta se acusa al poder económico de haber obligado al gobierno a devaluar, siendo que el deliberado accionar político podría haber enfrentado, no de palabras, sino con acciones la aspiración por la depreciación de la moneda nacional.

La propia Presidenta aludió a la ausencia de una burguesía nacional, sujeto imprescindible para el sueño utópico del capitalismo nacional a que convocó Néstor Kirchner el 25/5/2003.

¡El capitalismo nacional es una utopía!

No existe ese sujeto burgués para un capitalismo nacional en tiempos de transnacionalización de la economía, verificado en la dominación transnacional de la producción y los servicios en el país, aun en una década de críticas discursivas contra el neoliberalismo, los organismos internacionales y el poder económico concentrado.

Históricamente, el peronismo pretendió suplir la ausencia de burguesía nacional con el papel del Estado como sujeto colectivo para definir ese objetivo deseado.

Resulta que el Estado ha sido reformulado en los '80 y '90, siendo la institucionalidad neoliberal, reforma constitucional incluida, con sus tratados internacionales e institutos de libre comercio y defensa de las inversiones extranjeras (TBI, CIADI, etc.), con la legislación favorable a los transgénicos, la reforma al Código minero, la protección a la producción de las terminales extranjeras de la industria automotriz, la promoción de la industria de armaduría, o la ley de entidades financieras supérstite; junto al cáncer de la especulación financiera y el endeudamiento, lo que explica el carácter estructural de la subordinación y dependencia del capitalismo argentino al orden contemporáneo del capital, más allá de buenas intencionalidades discursivas.

Un mérito del kirchnerismo fue captar a importantes sectores de la sociedad y el movimiento popular para su proyecto político de hacer normal el desarrollo capitalista en la Argentina, es decir, crecimiento económico con consenso social y relativa capacidad compensatoria de satisfacer necesidades insatisfechas y deterioro absoluto y relativo de condiciones de vida entre 1975 y 2001.

La convergencia de demanda social hacia el 2001-03 con el discurso oficial kirchnerista favoreció la extensión del consenso que empieza a encontrar límites ante las restricciones para continuar la convivencia del desarrollo capitalista “normal” con paliativos social de inclusión.

Estamos en pleno despliegue del ajuste

El ajuste responde a plena lógica del régimen del capital. No es impuesto por lógica externa, sino por la propia dinámica de la búsqueda de la ganancia, la acumulación y la valorización.

La devaluación desde el 1 a 1 a 1 =1,40 y su proyección 1=3 y su evolución hasta el 1=8 constituyen una política de transferencia de ingresos desde la mayoría de la población con ingresos fijos a la minoría en condiciones de fijar precios en el conjunto de la economía. La política de gobierno, sea fiscal o monetaria, de ingresos y precios, más allá de ciertas iniciativas en el intento de frenar aumentos o administrar el precio de la divisa ha sido funcional al modelo de acumulación de ganancias, de riqueza y de poder.

No todos los países sufren el problema de la inflación, no del modo en que se soportan para la mayoría de la población en la Argentina. El asunto es que la inflación, lo dijimos muchas veces, es la forma específica que tiene el poder económico actuante en el país para redistribuir regresivamente el producto social del trabajo en el país. La responsabilidad gubernamental es esencial, por acción u omisión.

Desde el fortísimo impacto social de la situación económica del 2001-2002, se crearon condiciones para desplegar paliativos que nunca retrotrajeron la situación social a otros tiempos del capitalismo local, previos a 1975, el máximo de redistribución progresiva en el marco capitalista. El tiempo de las reformas encontraron un límite hacia el 2007 y por eso la respuesta del capital hegemónico fue la inflación, que contagia incluso a sectores no hegemónicos, que aumentan precios mientras exista mercado que demande sus bienes o servicios. Por esto es que la inflación no solo tiene sus causas en los grandes fijadores de precios, sino que estos tienen capacidad de extender la cultura remarcadora asociada a la demanda de un patrón de consumo que favorece a los monopolios.

El gobierno se jacta de no querer generalizar el ajuste. Sin embargo, la inflación es ajuste. Es algo que sufre la mayoría de trabajadores, regulares o irregulares, precarios o no, tercerizados o no, activos o pasivos, incluso benefactores de subsidios congelados o actualizadas en una desigual carrera contra los precios de bienes y servicios que consume la mayoría de la población.

La realidad es el ajuste mundial que induce el capitalismo en tiempos de crisis, con especificidades nacionales. En Argentina se pretende disciplinar a los trabajadores que se aprestan a discutir convenciones colectivas, intentando que demanden por debajo de la inflación pasada y en perspectiva, que dicho sea de paso, nadie puede verificar a ciencia cierta ante las incertidumbres de las mediciones del INDEC. Una gran incógnita es el nuevo indicador federal de la evolución de los precios, algo a develar en los próximos días y meses.

No es en las conspiraciones en que se debe indagar sobre los responsables de los problemas económicos de la Argentina, es en el propio capitalismo y su lógica de explotación de fuerza de trabajo (agro y monocultivo, industria de armaduría dependiente de insumos externos) y naturaleza (tierra, agua, minería, hidrocarburos), como en la dependencia del ingreso de inversiones externas (Chevron, por ej.) o préstamos (acuerdo con el BM, búsqueda de acuerdo con el club de París para cancelar deuda ilegítima asumida en tiempos de la dictadura genocida).

Llamemos a las cosas por su nombre: el problema es el capitalismo

Resulta imprescindible cambiar la lógica de razonamiento sobre la solución de los problemas que afectan a nuestro pueblo. No existe salida dentro del capitalismo. Eso es lo utópico. Hace falta enfrentar el orden capitalista y así como el capitalismo tiene sujeto social que lo hace posible -en la vanguardia las transnacionales, los principales estados capitalistas y los organismos internacionales, los que generan el sentido común mayoritario para un patrón productivo y de consumo privilegiando el sálvese quien pueda y el individualismo-, el anticapitalismo y el socialismo también requiere de la construcción del sujeto social para el cambio.

Esa construcción de sujeto es el “mientras tanto” entre la denuncia actual al orden capitalista y su gobierno, y la perspectiva para pensar en construir una sociedad alternativa con otro modelo productivo y de desarrollo, bajo el programa de la soberanía alimentaria, energética, financiera en un marco de integración regional no subordinada.
La soberanía alimentaria supone discutir el modelo sojero “transgénico” monoproductor, bajo el comando de las transnacionales de la alimentación y la biotecnología, de Monsanto, Syngenta, Dreyfus, Bunge y otros similares. Se trata de avanzar desde la agricultura familiar y de las comunidades en articulación con comunidades barriales de abastecimiento popular, extendiendo ferias contra grandes cadenas comerciales monopólicas, en beneficio de calidad de vida y empleo extendido con participación popular en la definición del patrón de producción y consumo.

Al remitir a la soberanía energética se supone asumir el proyecto “petroamérica” oportunamente sustentado por Hugo Chávez para articular una política energética común en Nuestramérica, lo que significa aunar criterios de impulso al desarrollo tecnológico y científico autónomo, con aporte de las universidades públicas de la región, con asignación de presupuestos suficientes y una convocatoria a definir el modelo productivo y de desarrollo no solo para el país, sino integradamente con la región.

Apuntamos a sustentar la propuesta de “nueva arquitectura financiera” para la región, con fondo constituido por las reservas internacionales, las que deben dejar de alimentar las finanzas del capitalismo desarrollado para organizar financiamiento propio con Banco del Sur o del ALBA, con aliento a monedas locales, sea el SUCRE (aceptado en el ALBA y que Venezuela podría proponer al Mercosur), o los acuerdos escasamente desarrollados de intercambio con monedas locales como el suscripto entre Brasil y Argentina.

Todo ello es posible si se denuncian los acuerdos bilaterales, se retira a la Argentina del CIADI, se generaliza una campaña contra el libre comercio redivivo en la Alianza Pacífico o en los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea, si se audita la deuda pública, especialmente ahora la que demanda el Club de París, que en su mayoría es deuda ilegitima, espuria y odiosa, por haber sido asumida por gobiernos no constitucionales.

Cualquier medida que asumamos en este sentido, sea la nacionalización del comercio exterior y la banca, como venimos proponiendo, supone golpear fuerte al desarrollo capitalista e iniciar la construcción de un nuevo orden que me empecino en llamar socialista. No es una utopía la lucha contra el capitalismo y por el socialismo, es una demanda de nuestro tiempo, es el camino por la emancipación social y la defensa de la naturaleza.

Nota [1] En el programa de Rolando Graña, tercera posición, 3P, en A24.
La Haine