jueves, 17 de abril de 2014

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: represión y tortura


Mateus Ramos
Marzo 2014

"Es como si ellos corrompieran tu alma, destruyendo lo que uno tiene de bueno (...). Ellos quieren, a través de la masacre, de la inhumanidad, que uno traicione, que uno rompa todos los vínculos que tiene, como en el caso que vi de una niña, que entregó a su propio padre”.

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Maria do Carmo Serra Azul

El trecho de arriba es parte de una larga entrevista concedida por María do Carmo Serra Azul a Adital. Cacao, tal como es conocida por los amigos, es una ex-presa política, que fue torturada en los sótanos del DOI-CODI, uno de los órganos represores de la dictadura militar brasilera.

Presos políticos, como Cacao y tantos otros, son personas que fueron encarceladas por las autoridades de un país por expresar, en palabras o actos, su discordancia con el régimen político en vigencia. Cabe resaltar que la existencia de esos presos, está, usualmente, asociada con regímenes políticos dictatoriales, o sea, no hay presos políticos si no hay dictadura.

Las torturas a las que eran sometidos los presos políticos llevaron al surgimiento de otro término: desaparecidos políticos, personas que simplemente desaparecían después de ser detenidas por la policía.

El sitio web www.acervoditadura.rs.gov.br revela que existen más de 200 muertes oficiales en el período de la dictadura, sin embargo, ese número debe ser mucho mayor, teniendo en cuenta que muchos muertos fueron simplemente "desovados”, para utilizar un término que los propios opresores usaban.

Otro número oficial, que en la realidad también debe ser mucho mayor, es el de los desaparecidos. En el sitio web www.desaparecidospoliticos.org.br se publica un listado de 379 nombres de personas que desaparecieron después de ser detenidas durante el régimen militar. Ese número es bajo si tenemos en cuenta que muchas familias no relataron la desaparición de sus seres queridos por miedo a sufrir represalias por parte de los militares.

Métodos de tortura

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"Ellos me hacían el ‘submarino’, introducían mi cabeza en el agua a la fuerza, me ahogaban y después me hacían respirar, como si me hubiese ahogado en la playa, eso me dejaba loca”, se desahoga Cacao al recordar los 15 días que pasó siendo torturada.

Antes de hablar de los órganos de represión, es necesario explicar los métodos de tortura utilizados, que muchas veces eran tan crueles, que llevaban a la muerte a los torturados o los dejaba locos.

Silla del Dragón – "Me ataron a la silla del dragón, desnuda, y me dieron choques eléctrico en el ano, en la vagina, en el ombligo, en los senos, en la boca, en el oído”. (María Amelia Teles, ex-militante del Partido Comunista de Brasil) Era una especie de silla eléctrica revestida de zinc y vinculada a terminales eléctricas, donde los presos se sentaban desnudos. Cuando se lo activaba, el aparato trasmitía choques eléctricos a todo el cuerpo del torturado. Además, muchas veces los torturadores colocaban un balde de metal en la cabeza de la víctima, donde también eran aplicados choques eléctricos.

Palo de arara – "Fui al palo de arara varias veces (uno es atado a un palo como si fuese un ave o un animal para transporte). De tanto porrazo, una vez mi cuerpo quedó en muy mal estado, me agitaba convulsivamente en el suelo”. (Maria do Socorro Diógenes, ex-militante del Partido Comunista Brasilero Revolucionario (PCBR) – El palo de arara es una de las formas más antiguas de tortura, utilizada en Brasil desde la época de la esclavitud. Los torturadores colocaban una barra de hierro atravesando los puños y las rodillas del preso, que quedaba desnudo. La víctima era colgada a cerca de 20 centímetros del suelo, en una posición que causaba dolores desgarradores y no terminaba allí. Después de estar colgando el torturado recibía choques eléctricos, golpizas y quemaduras con cigarrillos.

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Ahogamientos – "Los torturadores me introducían con capucha en un tanque de agua sucia, hedionda, asquerosa. Cuando retiraban mi cabeza del agua, yo no podía respirar, porque aquel paño se pegaba a mi nariz.” (Maria do Socorro Diógenes, ex-militante PCBR) - Con este método, los torturadores tapaban las narinas del preso y colocaban una manguera dentro de la boca de la víctima, obligándolo a tragar agua. Otro método de ahogamiento era el de sumergir la cabeza del torturado en un tanque de agua, forzando su nuca hacia abajo hasta el límite del ahogamiento. Muchas veces el preso se desmayaba, lo que no significaba el fin de la tortura.

Heladera – Los presos eran obligados a quedarse desnudos dentro de una celda pequeña hacia lo alto, lo suficiente como para impedirles estar de pie, después de eso los torturadores accionaban un dispositivo que, controlado por ellos, alternaba la temperatura de la celda entre extremadamente baja y lo suficientemente alta que enloquecía a cualquiera. Sumado a eso, altoparlantes reproducían sonidos extremadamente irritantes. Los presos llegaban a pasar días en esas celdas, sin agua ni comida.

Suero de la verdad – Existen varios tipos de "sueros de la verdad”, el utilizado por el régimen militar era el pentotal sódico. Una droga que provoca en la víctima un estado de somnolencia y que reduce las barreras inhibitorias. Bajo su efecto, la persona puede hablar cosas que normalmente no diría (de ahí el nombre de suero de la verdad). El problema es que el efecto de ese suero es poco confiable, ya que la víctima puede tener alucinaciones y fantasear cosas que no son necesariamente verdaderas. Además, en algunos casos, la droga puede llevar a la muerte.

Palizas – "Ellos giraban a los presos dentro de las celdas y los empujaban contra la pared, dejando marcas de sangre por todos lados, mi marido tiene una cicatriz en la cabeza hasta hoy a causa de ello” (Cacao) - Como el propio nombre lo dice, era literalmente una paliza. El preso recibía agresiones físicas de todas las maneras posibles, entre las más violentas estaba el "teléfono”, donde el torturador golpeaba con las dos manos, en forma de concha, al mismo tiempo en los oídos del preso. Esta técnica dejaba al torturado zonzo y podía hasta estallarle los tímpanos, causando sordera permanente.

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Abusos sexuales – "Ellos usaban y abusaban. Sólo nos interrogaban totalmente desnudas, juntando el dolor de la tortura física con la humillación de la tortura sexual”. (Gilse Cosenza, ex-militante de Acción Popular, AP). Una forma cruel de tortura, ya que afecta tanto lo físico como lo psicológico. Esos abusos se sumaban a las golpizas, insultos y mucha sumisión, muchas veces además del estupro, hombres y mujeres tenían objetos introducidos en sus cuerpos.

Tortura psicológica – "Con certeza la peor tortura fue ver mis hijos entrando en la sala cuando yo estaba en la silla del dragón. Estaba desnuda, toda orinada a causa de los choques eléctricos. Cuando me vio, Janaína preguntó: ‘Madre, ¿por qué estás azul y nuestro padre verde?’. Edson dijo: ‘Ah, madre, aquí la gente queda azul, ¿eh?’. Ellos también me decían que iban a matar a los niños. Llegaron a decir de que Janaína ya estaba muerta dentro de un cajón”. Considerada por muchos como la forma más cruel de tortura. Iban desde la humillación del preso hasta amenazas de violencia contra sus familiares. Mujeres embarazadas o que tenían hijos recién nacidos, muchas veces escuchaban decir a los torturadores que nunca más los verían. Hay también relatos de hombres que eran obligados a ver los abusos sexuales contra sus mujeres.

Los órganos de represión
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"Usted, ahora, va a conocer la sucursal del infierno”. (Palabras proferidas por un oficial del ejército a Frei Tito, cuando éste era llevado hacia el interrogatorio y, consecuentemente, a las torturas)

"Decían que la tortura no era institucional, yo me entregué en la 10ª Legión militar y salí de allá encapuchada y sufriendo agresiones, entonces, todo es una gran mentira, todos sabían lo que ocurría con los presos políticos (...). En el propio cuartel, había una placa con la sigla DOI-CODI”, recuerda Cacao, sobre el día en que se entregó a la policía.

Los órganos de represión de la dictadura militar brasilera eran varios, pero vamos a atenernos a los más importantes y temidos, como el DOI-CODI. Fue en los sótanos de ese órgano donde la mayoría de los presos políticos fueron torturados, humillados y muchas veces asesinados.

El DOI-CODI, que era dirigido por el entonces Capitán Carlos Alberto Brilhante Ustra, estaba constituido por dos órganos diferentes, el Destacamento de Operaciones y de Informaciones (DOI), responsable de las acciones prácticas de búsqueda, detención e interrogatorio de sospechosos, y el Centro de Operaciones de Defensa Interna (CODI), cuyas funciones incluían el análisis de informaciones, la coordinación de los diversos órganos militares y el planeamiento estratégico del combate a los grupos de izquierda. Aunque fuesen dos órganos distintos, eran frecuentemente asociados en la sigla DOI-CODI, lo que reflejaba el carácter complementario de los dos órganos.

Ustra, en 2008, se convirtió en el primer militar en ser reconocido por la Justicia brasilera como torturador en el período de la dictadura. Durante una sesión de la Comisión de la Verdad, en 2013, el ex-sargento del Ejército Marival Fernandes declaró que el ex-comandante, era el "señor de la vida y de la muerte" del DOI-CODI y que "elegía quien iba a vivir y quien a morir".

Otro brazo importante de la represión y que causaba escalofríos en los presos era el Escuadrón de la Muerte, liderado por el delegado Sergio Fleury. El Escuadrón, que surgió en la década de 1960 en San Pablo, era un grupo paramilitar cuyo objetivo era perseguir y matar a supuestos delincuentes tenidos como peligrosos para la sociedad.

Su comandante, Fleury, era uno de los más crueles interrogadores, frecuentemente los presos interrogados por él morían durante las torturas. "Él frecuentemente contaba victorias, afirmando haber sido la persona que mató a Marighella”, cuenta Cacao.

María do Carmo fue una de las personas que enfrentó el interrogatorio de Fleury y sobrevivió. Ella cuenta que todos los interrogatorios realizados por él alternaban torturas con conversaciones. "Él me preguntaba: ¿te está gustando? ¿Quieres que te lo repita? Entonces yo decía: ¡no! Y él retrucaba, pues entonces habla. Y yo respondía: pero es que no se”.

Censura

Además de la represión violenta, había también censura. Durante la dictadura, fue enorme la censura a las producciones culturales que contrariaban las doctrinas militares. El órgano responsable de la censura, durante el régimen, era la División de Censura de Diversiones Públicas (DCDP). Para aprobar la letra de una canción, por ejemplo, era necesario enviarla al DCDP y si no era liberada por el órgano, la grabadora podía abrir un recurso a ser juzgado por los censores, que estaban en Brasilia. Ellos analizaban cómo se trataban las buenas costumbres y la crítica política contra el régimen militar.

"Ellos se creían omnipotentes, inalcanzables, lo que no era tan verdad. Yo tenía aún el control sobre lo que yo haría. Lo que ellos querían, yo lo sabia, y sólo lo diría si yo lo quisiera”, resalta Cacao.

http://youtu.be/1KskJDDW93k

Curiosidades

Algunos hechos curiosos ocurrieron en la época de la censura, cosas que pocas personas saben. Veamos:
Gilberto Gil hizo la composición de la canción "Aquel abrazo”, después de haber sido detenido en un carro blindado de la policía. Él pensó que sería asesinado.

Chico Buarque, cuando escribió la canción ‘Apesar de você’, lo hizo por el disgusto que sentía por la falta de libertad durante la dictadura. El cantor expresó su decepción en la canción, donde la crítica se disfrazada como si fuese una pelea entre enamorados. Al enviar la canción al departamento de censura, él imaginó que la letra sería vetada, pero terminó siendo liberada;

Después de la grabación de "Apesar de você”, los censores se volvieron bastante rígidos con Chico Buarque, que entonces pasó a utilizar también el heterónimo Julinho de Adelaide, para huir de la censura. Después del descubrimiento de que Julinho de Adelaide y Chico eran la misma persona, los censores pasaron a exigir copias de RG y CPF a los artistas.

Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com


La resistencia
Mateus Ramos
Adital

 Foto: Reprodução

"Pasamos a realizar con más frecuencia, los llamados discursos relámpagos, que eran una acción muy característica del PCBR; hacíamos así, en determinado lugar donde había aglomeración, que había un esquema armado, un esquema de seguridad, una persona que tuviera más facilidad de oratoria, llegaba y tenía de 30 a 45 segundos para hablar a aquella aglomeración, y decía lo que estaba ocurriendo en el país, que el país estaba en una dictadura civil militar, inclusive una dictadura que también tuvo la colaboración del gobierno americano [estadounidense], del Imperialismo americano. Teníamos que decir todo eso, sintéticamente, y sacar una conclusión como máximo en 45 segundos, porque la represión no jugaba...”

Foto: Adital
Quien brinda este relato a Adital es el profesor Valter Pinheiro, otro ex-preso político, que tal como tantos otros, luchó contra la dictadura militar en Brasil. En su entrevista, Pinheiro relata, además de las torturas, algunas acciones que los resistentes practicaban para combatir al régimen dictatorial brasilero.

A diferencia de lo que ocurrió con la acción del golpe militar, el régimen en sí, tuvo amplia resistencia por parte de diversos grupos en todo el país. Partidos políticos como el PC de B, PCBR (Partido Comunista Brasilero Revolucionario), PCB (Partido Comunista Brasilero) y otros grupos formados por estudiantes, como la propia UNE (Unión Nacional de Estudiantes), la JEC (Juventud Estudiantil Católica), hicieron la resistencia ideológica y armada contra la dictadura.

De hecho, es posible afirmar, según el historiador Guilherme Diógenes, de la UFC (Universidad Federal de Ceará), que los estudiantes tuvieron gran parte de responsabilidad en la confrontación ideológica contra el régimen, muchos de ellos entraban en los movimientos bastante jóvenes y por simple curiosidad. "En aquella época yo era adolescente, estaba haciendo lo que se llamaba gimnasia en el Liceo de Ceará. Creo que estaba en el séptimo grado. No tenía en ese período, en ese comienzo, en el 64, no tenía una vivencia política. Estudiaba en el liceo y me involucré en algunas actividades, porque en aquella época el Liceo era un colegio que fomentaba manifestaciones, entonces yo iba a esas manifestaciones, más por la movilización, por la curiosidad (...) mi participación más activa, ya con una comprensión de lo que realmente significaba aquel golpe y partir hacia el combate de militancia fue cuando entré en la facultad...”, revela el profesor Pinheiro.

Además de la resistencia ideológica, realizada en gran parte por los movimientos estudiantiles, otros grupos también protagonizaron la resistencia contra los militares, entre ellos se destacan el MR8 (Movimiento Revolucionario 8 de octubre), los movimientos sindicales, las ligas campesinas, etc.

El movimiento estudiantil

"Los jóvenes entraban armados en nuestro colegio, en esa época hombres y mujeres estudiaban en colegios separados, entonces ellos entraban, hacían sus discursos y a la salida nosotros íbamos escoltándolos, como escudos humanos...” (María do Carmo Serra Azul, Cacao)

El movimiento estudiantil realmente fue el mayor contrapunto ideológico en aquella época de la dictadura. Incluso después de ser prohibida, el 27 de octubre de 1964, la UNE, actuando en la clandestinidad, promovía manifestaciones, acciones de panfleteo y comicios en todas las grandes ciudades del país.

"(...). Yo me involucré en un grupo que había en la Facultad llamado Guardia Roja, que, a pesar del nombre, no tenía nada que ver con la Guardia Roja de China (...). Con el paso del tiempo vinieron militantes más experimentados, con una formación política más sólida, y ese grupo pasó a denominarse MCI (Movimiento Comunista Internacional), entonces nuestra actividad no fue más de simple estudio y preparación teórica, ya nos ocupábamos de la publicación de obras, actividades de panfleteo en puerta de fábrica, e inclusive, la cuestión de la publicación de obras de autores marxistas, en aquella época había un número muy reducido de librerías que vendían obras de autores marxistas”, relata Pinheiro.

El auge de las protestas se produjo después de la muerte del estudiante Edson Luís de Lima Souto, asesinado por la Policía Militar, el 28 de marzo de 1968, durante una confrontación en el centro de Río de Janeiro. Edson Luís entró en la historia de manera trágica, fue el primer estudiante muerto oficialmente por la dictadura militar.

La muerte del joven marcó el comienzo de un año turbulento y de fuertes movilizaciones contra el régimen dictatorial. Cientos de carteles fueron pegados en Cinelandia, con frases como "¿Bala mata hambre?", "Los viejos en el poder, los jóvenes en el cajón" y "Mataron a un estudiante. ¿Y si fuese tu hijo?".

El 26 de junio del mismo año, ocurrió la manifestación que quedó conocida como la Marcha de los 100 mil, en alusión al número superior a 100 mil personas que participaron en la protesta, realizada también en Cinelandia, centro de Río de Janeiro. La Marcha se hizo como consecuencia de la muerte de Édson Luis y se convirtió en una de las más significativas protestas en el período dictatorial brasilero.

Foto: Reprodução

La lucha armada

Para Carlos Marighella, uno de los organizadores de la resistencia al régimen militar, llegando a ser considerado el enemigo número 1 de la dictadura, las acciones urbanas servían para causar una tensión política. En el libro ‘Manual del Guerrillero urbano y otros textos’ él afirma que esa tensión sería alcanzada "llevando la inseguridad y la incertidumbre a las clases dominantes, desgastando y desmoralizando a las fuerzas militares de los gorilas”.
Después de la prohibición de la UNE, muchos líderes estudiantiles migraron hacia otros grupos y partidos políticos. Algunos de esos grupos eran parte de sectores más radicales de la izquierda política, y fue de allí que surgió el combate armado, aunque en forma clandestina.

Las acciones se dieron tanto en las ciudades como en el campo. La parte urbana hacía acciones, como asaltos a bancos, secuestros de diplomáticos y atentados contra autoridades y unidades militares.
El secuestro del embajador estadounidense

Foto: Jornal do Brasil
Una de las acciones más exitosas fue el secuestro del embajador estadounidense, Charles Burke Elbrick, realizado por el MR8 en cooperación con la ANL (Alianza Nacional Libertadora). El objetivo del grupo, en el cual participó Fernando Gabeira, escritor, periodista y ex-diputado federal por Río de Janeiro, era exigir la liberación de 15 presos políticos y su amnistía hacia México. La acción, que se convirtió en un libro y posteriormente en un filme, fue muy exitosa y consiguiendo la liberación de todos los presos solicitados.

Acciones en el campo

De todas las acciones ocurridas en el campo, la más conocida fue la Guerrilla del Araguaia. A pesar del nombre en singular, ‘Guerrilla’, no fue sólo una, sino una serie de guerrillas ocurridas en la década de 1970.

El movimiento, organizado por el PC de B (Partido Comunista de Brasil), pretendía combatir al gobierno militar e implementar el comunismo en Brasil, iniciando el movimiento en el campo. En su mayoría estudiantes, profesores y profesionales liberales, los guerrilleros se establecieron en una región de frontera entre los Estados de Goiás, Pará y Maranhão, en las márgenes del río Araguaia-Tocantins.

Los integrantes de la Guerrilla discutían las reivindicaciones de interés de los habitantes locales, estimulando la consciencia política de la población y buscando apoyo. Además, también promovían entrenamientos de guerrilla.
Foto: Reprodução
En 1971, el Ejército brasilero descubrió la localización del núcleo guerrillero, haciendo a partir de ahí tres embestidas contra los rebeldes. Tomados de sorpresa, muchos se refugiaron armados en la floresta, ofreciendo resistencia hasta marzo de 1974.

Se estima que participaron alrededor de 78 guerrilleros, cuya mayor parte se dirigió a aquella región alrededor de 1970. Entre ellos estaba el ex-presidente del Partido de los Trabajadores (PT), José Genoíno.

Combate cultural

Hoy es usted el que manda
Dijo, está dicho
No hay discusión
Toda mi gente hoy anda
Hablando bajito
Mirando al suelo, vio?
Usted que inventó este estado
E inventó el inventar
Toda la oscuridad
Usted que inventó el pecado
Se olvidó de inventar
El perdón
(...)
Cuando llegue el momento
Todo el sufrimiento
Cobraré seguro, juro
Todo ese amor reprimido
Ese grito mordido
Este samba en lo oscuro
Usted que inventó la tristeza
Tenga hoy la fineza
De desinventar
Usted va pagar y bien pagada
Cada lágrima brotada
Desde mi penar
(...)

Durante la dictadura militar en Brasil, artistas, periodistas y otros sectores de la cultura nacional sufrieron la censura aplicada por los militares. A pesar de eso, muchos enfrentaban las consecuencias y publicaban obras que iban en contra de los intereses de los militares.

Foto: bahiaempauta

Gran parte de las personas que enfrentaron la censura fueron detenidos o exilados, y sus producciones sumariamente censuradas. Sin embargo, con mucha creatividad, algunos de esos artistas conseguían publicar sus trabajos, repletos de doble sentido, que pasaban desapercibidos a los censores, como es el caso de la canción destacada en este reportaje, de Chico Buarque. Además, muchos de ellos, ya conocidos por el régimen, utilizaban heterónimos, o sea, publicaban con el nombre de otras personas para huir de una fiscalización más rígida.

Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com



Geraldo Vandré - Pra não dizer que não falei das Flores

martes, 15 de abril de 2014

Desentierran las fotografías escondidas del Chile de Allende

Para no exponer a la cárcel, torturas y muerte a quienes aparecían en sus fotos y salvaguardarlas de la sangrienta represión, el periodista Fernando Velo, tras cubrir las primeras horas del golpe militar en las afueras del palacio presidencial,por la noche, el 11 de septiembre de 1973, sin decir nada a nadie, ni siquiera a su familia, escondió todos sus archivos fotográficos dentro de unos tambores de aceite, enterrándolos en unos hoyos que cavó con sus propias manos en el patio de su casa. Después de varios años, a punta de sudor y lágrimas, las rescata y las hace viajar a Estados Unidos, donde reside desde 1976.



 · Myriam Carmen Pinto (Santiago de Chile) · GritoGrafías · Fotografías de Fernando Velo

Era una colección de alrededor de 23 mil negativos,mayoritariamente inéditos, que empieza a recuperar poco a poco, tras revelar el secreto de los tambores clandestinos a su hermano menor, pero desafortunadamente sus esfuerzos no prosperan según lo planificado. Los archivos que habían logrado sobrevivir, venciendo al paso de los años, la humedad y las lluvias no superan las barreras policiales que se suceden en los aeropuertos. En México, le requisan cerca de 20 mil negativos a una persona de su máxima confianza que se los llevaba a Los Angeles, Estados Unidos, donde llega en 1976 como  refugiado político, después de permanecer un año y medio exiliado en Perú. En vano hizo lo posible e imposible para encontrarlos. Nunca supo dónde fueron a parar.
Las fotos registraban los mil días del gobierno de la Unidad Popular, lo que sucedió en Chile entre 1970 y 1973, el pueblo movilizado a su sueño por un país sin explotadores, ni explotados; la temperatura psicológica de una utopía; un registro logradadesde el corazón mismo de la revolución puesta en marcha fruto de su trabajo como integrante del pool del equipo gráfico de la editorial Quimantú,  fotógrafo oficial de las brigadas muralistas, Ramona Parra, de la Organización Nacional del Servicio Voluntario (ONSEV) de la Secretaría Nacional de la Juventud y colaborador de la revista, “Claridad” de la Federación de Estudiantesde Chile, FECH.
Recuperando una decima parte, algunas universidades norteamericanas le han ofrecido comprar este valioso material. No obstante, él no ha querido embarcarse en ninguna propuesta porque considera que sus fotos constituyen un patrimonio que pertenece al pueblo chileno y a las nuevas generaciones para que puedan conocer la obra y vigencia del compañero presidente Salvador Allende, y  no se dejen llevar  por los discursos de los gestores e ideólogos del golpe militar, y sus propósitos de silenciar la verdad.

En la primera fila de la noticia
La mañana del 11 de septiembre de 1973, Fernando Velo, se levantó temprano, pero no fue como lo hacía de costumbre a la universidad, donde estudiaba Historia y Geografía y realizaba su tesis de grado en Periodismo, dos carrerassimultáneas ya que un año antes había dejado de cursar Derecho por falta de tiempo. Por entonces la educación era pública y gratuita.
A primera hora, escuchando la radioemisora Corporación en un equipo portátil que tenía bajo su almohada,  oyó decir que algo sucedía en La Moneda, y que Carabineros había establecido un cerco en torno a ella. Presintiendo, pues recuerda había una cierta clave que sería propalada al aire en caso de un levantamiento militar, se puso su terno y camisa blanca, que por lo general no solía vestir, prepara su credencial de periodista, sus dos cámaras; una vieja Nikon de visión directa y una Zenith rusa réflex, y se dirige al palacio presidencial.
Ese día, el tránsito estaba disminuido, pero logra subirse a una liebre,  encontrándose allí con un amigo, quién le informa el alzamiento de la Armada, la sublevación de un sector de la marinería, y que algunos barcos de la Operación Unitas, habían regresado a Valparaíso. Esta alerta no fueimpedimento para que siguiera hacia donde pensaba y creía tenía que estar.
Bajándose del vehículo, una cuadra antes de llegar, caminando, desde el paradero más cercano,Carabineros impedía el paso de los transeúntes hacia las calles aledañas al barrio cívico. A él lo dejan pasar, luego que constatan su maletín lleno de rollos fotográficos y sus dos cámaras de fotos. Eran las ocho de la mañana con apenas un par de minutos.
Al llegar a la Plaza de la Constitución, se suma de inmediato a los casi 20 periodistas, reporteros gráficos, entre ellos camarógrafos de canal 13,  Televisión Nacional, y un grupo de corresponsales extranjeros. Poco antes, el Presidente Allende, había salido a uno de los balcones a ver el ambiente exterior.Cerca de las nueve de la mañana,  fotografía la llegada de un microbús de Carabineros que se estaciona frente a la puerta del edificio de la Intendencia mientras sacan con las manos en alto a unas quince personas. A lo lejos, reconoce que era un equipo del GAP (Grupo de Amigos Personales) que había intentado llegar a La Moneda para reforzar a la guardia personal del presidente. A todos, los llevan presos.
La confusión de lo que acontecía era tan grandeque algunos periodistas decían maliciosamente que los detenían por intentar robar en las tiendas del comercio. Hasta este momento nadie dimensionaba la tragedia.
A continuación se produce una balacera, cuyos primeros disparos procedían de una ametralladora de uno de los tanques militares que abría fuego situado en la calle Morandé. Entonces, en medio del fuego cruzado, los equipos de prensa buscan resguardo, parapetándose entre los árboles y arbustos, donde permanecen hasta cerca de las diez de la mañana cuando carabineros en un intento de resguardarles su seguridad física los invita a guarecerse en el sótano de la plaza, donde funcionaba el Servicio de Investigaciones de Accidentes de Tránsito (SIAT).
Estando allí, uno de los camarógrafos filma a un tanque  que se detuvo frente a la entrada del SIAT para informar un incendio en uno de los pisos superiores del Hotel Carrera. Fue el detonante para que el oficial les impidiera seguir laborando, decomisándoles sus cámaras, grabadoras y filmadoras. Fernando dice, que a raíz de esto, le aconsejó no destruir el material gráfico porque “pasara lo que pasara, todo eso era parte de la historiade Chile”.
 También recuerda que antes de entrar a los sótanos de la plaza divisa en el perímetro a los tres tanques Sherman quedisparaban sus ametralladoras contra el palacio de Gobierno. Dice que eran unos armatostes de la Segunda Guerra Mundial que Estados Unidos había donado al ejército chileno como parte de la renovación de material bélico, y a los aviones Hawker Hunter, sobrevolando.
Más o menos, a las 10:45 horas, alrededor de cuarenta carabineros ingresan al subterráneo. Era el contingente de la guardia presidencial a cargo de la seguridad y defensa del palacio. Medía hora después, como a las 11:15, una vez que se sabía con certeza que el bombardeo aéreo se iniciaría al mediodía, un oficial les comunica a viva voz a los periodistas que pueden irse, aprovechando una tregua previa a los ataques por aire y tierra.
Al salir les devuelven los equipos, y escoltados por los uniformados armados con fusiles, SIC, los llevan  a las puertas del edificio delCongreso, donde los dejan libres, y a su propia suerte.
Ahora convencido de que había que marcharse porque ya nada más podía hacer, Fernando Velo, poco antes de despedirse de los corresponsales extranjeros, con quienes reporteó las primeras horas del golpe militar, entrega sus rollos fotográficos a un periodista de la revista mexicana “Siempre”, y a unos argentinos que trabajaban para la televisión sueca. Nunca conoció el destino de aquellas gráficas.
Pasado el mediodía, el palacio de La Moneda en llamas, con un sentimiento de total frustración por el desigual combate que tenía lugar, con su cámara en mano, camina solo, bordeando el Mapocho. Fotografía los murales que habían pintado las Brigadas Ramona Parra en los murallones del río, las paredes con rayados de la Unidad Popular; el arte gráfico que encontró al costado del lecho, y en las cercanías del Parque Forestal.
Este último registro se lo requisa un capitán delbatallón que había cercado la Plaza Italia. Indagando su bolso fotográfico encuentra que había guardado  varios cartuchos vacíos puntocincuenta que recogió como recuerdo en la calle Agustinas y Morandé, tras los disparos de los tanques militares. Tenía 24 años.

Cada momento, una historia
Fernando Velo llega al periodismo atraído por el mundo de las fotografías y las circunstancias fortuitas que le permitieron situarse propiamente en la primera fila de la noticia. En 1971, en la universidad, su profesor de fotografía, Domingo Ulloa, fotógrafo y docente que había sido asistente de Antonio Quintana, y en más de una ocasión trabajó junto a Sergio Larraín, lo expulsó de la sala de clases, argumentando que “un profesor no podía enseñar a otro profesor”. “O se va usted o me voy yo”, le dijo.
Puestas así las cosas, sin nada más que hacer, abandonó la sala  con sus ojos llenos de lágrimas, sellando la promesa de meterse de lleno al arte de la fotografía, sus técnicas de iluminación, encuadres, y procesos de revelados.
Negativos originales.
Había finalizado el primer curso con muy buenas notas y a modo de premio,  un profesor de ingles, que recuerda como el famoso “Pito” y otro de Historia, lo contactaron para que dictara clases gratuitas de fotografía en el Instituto Chileno Checoslovaco de Cultura. Pese a que sentía que aún  no contaba con las “credenciales propias” acepta el desafío porque le explicaron era un trabajo de índole político.
Constatando su tesón, Mario Planet, decano de la Facultad de Comunicación y Periodismo de la Universidad de Chile, lo envía a realizar su práctica profesional en la Editorial Quimantú,  (Sol de sabiduría, en lengua mapuche), recién nacionalizada por el presidente Allende, en el marco de sus lineamientos programáticos que consideraban a la cultura y la información como una herramienta de cambio social y concientización de sujetos sociales libres, críticos y autónomos.
Integrándose al equipo de doce reporteros gráficos que trabaja en Quimantú bajo la dirección del fotógrafo argentino, Juan Domingo Politi, Fernando  parte cubriendo noticias del quehacer deportivo y en el curso de pocas semanas lo integran a trabajar codo a codo en tareas informativas de índole política, cultural y de carácter comunitario. Al finalizar 1971, el profesor Ulloa le otorgó una nota cinco sin que él hubiese terminado el curso que  impartía.
Quimantú fue una editorial que edita en menos de dos años cerca de quince millones de libros y publicaciones especiales que vendían a muy bajo precio. Fernando conserva como tesoro su colección. Forman parte de su preciada biblioteca que sigue viva e intacta en Estados Unidos. Y es que también los escondió dentro de los tambores bajo tierra, salvándolos de la hoguera y la editorial clausurada.

Tras el golpe militar, se quedó en Chile.  Trabajaba como profesor de Historia y Geografía en el Liceo 18 de Niñas, en el Liceo Nocturno “Federico Hansen”, y en el Colegio Compañía de María. Entre octubre de 1973 y mediados de 1974, los militares lo apresaron en tres oportunidades. La primera vez fue delatado por una alumna y  después por un grupo de padres y apoderados que anónimamente lo acusaron de hacer proselitismo político y pronunciarse públicamente en contra de la Junta Militar.
Emprendiendo por la memoria histórica
Desde 1980 trabaja como editor en el diario Azteca News”, que se publica en California dirigido a la comunidad latinoamericana. Su gran sueño y proyecto personal es montar una muestra fotográfica a nivel masivo a lo largo de Chile. Mientras tanto, digitaliza sus archivos, y sumándose a los innumerables esfuerzos por recuperar la memoria colectiva, ha decidido sacarlas a la luz, y ponerlas paulatinamente a disposición de quienes quieran verlas en Youtube, en las redes sociales, e invitaciones que realiza de manera más selectiva.
Las fotografías de la Unidad Popular no mueren ni moriran. El escrutinio ya es público. Las fotografías que la noche del 11 de septiembre de 1973 fueron ocultas bajo tierra, a 40 años de la tragedia resignifican un testimonio viviente de una hazaña revolucionaria reconocida internacionalmente. En Chile, esperan con los brazos abiertos el arribo de esta colección, y con ella dos nuevos ojos observadores.
 Fotografías Fernando Velo en Los Angeles, Estados Unidos.
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viernes, 11 de abril de 2014

¿POR QUÉ EL CHÉ FUE A BOLIVIA?



Il "Che" in Bolivia

(intervención de Jorge Zabalza en la presentación del libro de Daniel De Santis)

Estamos presentando un trabajo muy serio, de la misma índole y calidad al “Vencer o morir”, la historia del PRT-ERP que años atrás nos regaló Daniel De Santis. “¿Por qué el Ché se fue a Bolivia?” es un compendio de la cadena de revoluciones obreras cuyo primer eslabón fue la Comuna de Paris (1871); en ese contexto histórico, analiza  la Revolución Cubana, primera experiencia revolucionaria en América Latina. Daniel expone  los antecedentes históricos  y las estrategias revolucionarias que obraron en el Ché, como fundamento teórico y motivación concreta para tomar la decisión de irse a Bolivia con el proyecto de extender la insurrección armada a todo el continente, una forma práctica de apoyar la guerra de liberación del pueblo vietnamita.

El ensayo de Daniel está escrito con una perspectiva histórica revolucionaria, se rescata y reivindica la epopeya de Ernesto Ché Guevara y se deja un texto de referencia, que consultarán obligadamente esos locos (entre comillas) que surgen en cada generación y elijen  gastar su tiempo en los asuntos del quehacer revolucionario. Esos militantes tendrán en su mesa de luz el didáctico “¿Por qué el Ché fue a Bolivia?”, que les será tan útil como fueron los materiales de la guerra civil española en los años ’50.  

Apuntando al mismo objetivo que Daniel y para no robar demasiado tiempo, me limitaré a comentar sólo uno de los aspectos que toca el ensayo. Ni siquiera creo que sea el más importante, pero es el que inspira esta intervención. El autor describe al detalle el resquebrajamiento paulatino del poder de la dictadura de Batista a medida que surge y se desarrolla su contracara, el poder armado y organizado por el pueblo cubano. De un lado el  ejército batistiano, una tropa numerosa y disciplinada, dotada de armamento poderoso, apoyado por el cercanísimo imperio, que se desgranó en un período muy corto de tiempo. Del otro lado, el movimiento guerrillero, apenas ochenta hombres que desembarcan del Granma con escaso y precario armamento, pero que supieron convocar  el  movimiento popular clandestino que en pocos meses extendió su red a todo el pueblo de Cuba. El ejército de Batista sin saber porqué iba al combate, a quién defendía y contra quién, se fue desmoralizando a medida que en el pueblo cubano crecía el sentimiento de que la  lucha contra la dictadura era muy justa, de que valía la pena arriesgar la vida en la calle con decisión y coraje apoyando a los “barbudos” de Sierra Maestra. A medida que la rebelión popular fue creciendo, retroalimentaba la voluntad política de los guerrilleros, fortaleciendo su capacidad de combate y acelerando el fin de la guerra. La dictadura fue impotente para hacer frente a tamaña combinación de elementos, las balas de la guerrilla y el bombardeo ideológico y político de la movilización de masas, la moral de los soldados se hacía pedazos en las batallas pero también en los barrios donde vivían y hasta en sus propios hogares. La tropa llegó a un punto en que no querían combatir contra los guerrilleros ni reprimir las movilizaciones populares, no obedecían la cadena de mandos. En esas circunstancias anímicas, la Huelga General de los primeros días de enero de 1959 y la entrada de los revolucionarios a La Habana fueron los golpes finales que desarmaron completamente la voluntad de lucha de la dictadura: “El 2 de enero Camilo Cienfuegos Gorriarán tomaba sin resistencias el regimiento de Columbia, la principal base militar y el Ché entraba a La Cabaña, la otra base militar importante que tenía la dictadura en La Habana”, relata Daniel en la página 145. La batalla final no fue batalla sino el paseo triunfal de multitudes y guerrilleros.

Algo semejante ocurrió en la Comuna de París, con su tentativa de romper para siempre la maquinaria del estado burgués, como condición previa y necesaria para hacer la revolución de carácter socialista. La primera medida de los comuneros apuntaba a quebrar el monopolio del uso de las armas: suprimió definitivamente del ejército y lo sustituyó con pueblo armado. La democracia de las armas debe preceder y determinar la democracia proletaria. Colocado frente al pueblo armado, los soldados franceses se negaron a tomar por asalto el territorio dominado por la Comuna y el gobierno burgués debió recurrir al ejército prusiano para llevar a cabo la masacre. No fueron solamente barricadas y piedras las que lograron paralizar a los soldados formados en la escuela napoleónica, sino que sus consciencias registraron el hecho de que los enfrentaba un pueblo en armas. La revolución que se produjo en la subjetividad del pueblo trabajador de alguna manera penetró la piel de los soldados y los conminó a bajar sus armas. Tal vez, de haber tenido otro ejército enfrente habrían combatido con fiereza, pero la abigarrada multitud que los apedreaba era demasiado parecida a ellos mismos y muy diferente a los oficiales que los mandaban.

Sin embargo, mucho me temo que, por lo menos en Uruguay,  hicimos una lectura parcial y sesgada  de esa historia revolucionaria. Percibimos con más nitidez el “meta bala, meta bala” que el proceso de transformación del pueblo no organizado en pueblo armado y organizado. Pensamos la insurrección como una operación militar del aparato guerrillero en lugar de pensarla como el levantamiento en armas de los trabajadores, los estudiantes y los vecinos organizados en un movimiento  armado. En última instancia el objetivo de la guerra revolucionaria es quebrar la voluntad de combate del ejército de la clase dominante y está históricamente comprobado que esa tarea la cumple con mayor efectividad el pueblo armado y organizado. Uno tiene la íntima convicción de que son insuficientes las acciones militares dirigidas a la destrucción material de las fuerzas enemigas (hostigamiento permanente, emboscada, el asalto a sus unidades) y que, en cambio, el soldado es muy sensible al mensaje que surge de la lucha de masas (manifestaciones, ocupaciones, barricadas, grampas, molotovs). Es que la lucha popular en todas sus formas, armadas y desarmadas, legales e ilegales, tiene la virtud de colocar al soldado frente al espejo, crea dudas su consciencia y hace titubear su voluntad de combate. 

La acción guerrillera sin su complemento de lucha popular puede ser contraproducente al crear condiciones que favorecen la propaganda contra el comunismo internacional y la subversión a la que están sometidos los soldados. En Uruguay algunas acciones de la guerrilla tuvieron el efecto de fortalecer el espíritu de cuerpo de las fuerzas armadas en lugar de debilitarlo. El protagonismo de las masas en las insurrecciones populares es la fuerza ideológica fundamental, tanto en el desarrollo de la revolución como en el proceso de disuadir al enemigo. 

  

Uno corre el riesgo de que lo miren como a un marciano  al reflexionar  públicamente sobre los aspectos militares de una insurrección popular. Sin embargo, estos son los problemas que deben resolver los revolucionarios, pues seguirá siendo  imposible la liberación social mientras la clase opresora mantenga intacto su aparato policíaco-militar. Parece irrelevante e ingenuo hablar de construir poder popular y de hacer la revolución, dejando de lado la cuestión de destruir el monopolio armado de la burguesía. Este problema político básico de los revolucionarios se puede resolver entendiendo que el destacamento de vanguardia no es el protagonista esencial, que el rol fundamental en la creación de la subjetividad revolucionaria le corresponde a la retaguardia de masas insurrectas. Estas reflexiones apuntan a pensar que las revoluciones son fenómenos de consciencia por sobre todas las cosas.


La historia parece enseñarnos que las emboscadas y el hostigamiento son tácticas insuficientes para quebrar el espíritu combativo de los ejércitos, no son nada sin la masiva rebelión popular que descorazona al enemigo y desintegra su capacidad de combate. Por supuesto, estamos hablando de concepción y estrategia y no de dejarse comer por los leones como los primeros cristianos. Hablamos de las relaciones que contraen el movimiento de masas con su destacamento de vanguardia, meollo del fracaso de cien experimentos revolucionarios. Hablamos de aniquilar ejércitos y policías, de hacerles perder su capacidad de reacción, que no quieran combatir más y muchos de ellos pasen a las filas del pueblo. Es tiempo de saber que el poder de aniquilar al aparato policíaco militar surge del pueblo armado y organizado y no del imprescindible destacamento de vanguardia y que ésta es una definición ideológica básica, producto de la experiencia histórica del siglo XX y previa  a la elaboración de todos los proyectos insurreccionales del siglo XXI. La iniciación de acciones guerrilleras tiene sentido si existe la atmósfera subjetiva que hace posible la masividad de la respuesta a la convocatoria o, dicho de otra manera, instalar un destacamento de vanguardia es una necesidad histórica cuando la formación de la retaguardia popular está a punto de cristalizar. En otras condiciones, cuando no hay posibilidades de convocar la formación de la retaguardia, es un contrasentido instalar un foco guerrillero. No habría de quién ser destacamento de vanguardia … por esa realidad, cruda y contundente, estamos jubilados de guerrilleros, no de revolucionarios, los sobrevivientes de la generación del Ché.