lunes, 22 de abril de 2013

(Chile) Asamblea Popular Pencopolitana: La unidad como síntoma de madurez político - social



Escrito por Oscar Sanzana Silva (resumen.cl)   
Sábado, 20 de Abril de 2013




El nuevo referente de la Región del Bío Bío se propone unificar las demandas ciudadanas, y constituirse como una alternativa frente a la institucionalidad política.

La bandera gigante que desplegaron los estudiantes de la Universidad del Mar, en el frontis de su casa central en toma, constituyó algo así como un mosaico de las reivindicaciones que el movimiento social chileno se ha encargado de posicionar en la agenda pública. Educación y salud estatal y gratuita, renacionalización del cobre, el litio y los recursos naturales, no a las leyes que criminalizan la protesta social, fin al sistema de AFP, libertad a los presos políticos mapuche. Como éstas, son diversas las demandas que han motivado a la ciudadanía a movilizarse en los últimos años. El descontento, lejos de reducirse, pareciera aumentar, como lo demuestra el masivo respaldo a las reivindicaciones estudiantiles, la alta abstinencia en las últimas elecciones municipales, y el creciente nivel de organización social. Sin embargo, hasta ahora no habían prosperado los intentos de decantar dichos petitorios en una plataforma de lucha común.

De allí que a muchos sorprendiera gratamente la conformación en la Región, de la llamada Asamblea Popular Pencopolitana (APP). Integrada por más de una docena de colectivos y organizaciones sociales de base, este espacio de convergencia encabezó tres movilizaciones entre fines de febrero y fines de marzo: el Cacerolazo Popular por la Reconstrucción, la Protesta Popular del 11 de marzo, y la Marcha por el Día del Joven Combatiente. Llevaron a cabo un Encuentro el 6 de abril, donde al cierre de esta edición esperaban sobrepasar el carácter pencopolitano, y sumar sectores como Ñuble y Arauco. En esta asamblea se discutirían los caminos a seguir, sobre la base del análisis de la situación política actual. 

Unificando las demandas sectoriales y territoriales

En la APP confluyen organizaciones de base pertenecientes a diversos territorios del Gran Concepción, desde mesas de salud, hasta preuniversitarios populares. Para Jorge Figueroa, presidente de la Fenats Bío Bío y vocero de la APP, se trata de un espacio de convergencia donde se priorizan los puntos en común por sobre las diferencias de las organizaciones que lo componen. “Diferentes voluntades, tanto sindicales, gremiales, políticas y sociales decidieron unirse de acuerdo a necesidades propias, y por eso se denomina Asamblea Popular Pencopolitana. El nombre Asamblea porque acá se debate todo y están las puertas abiertas para todo el mundo”, sostuvo el dirigente.

Figueroa destacó el carácter anticapitalista de la APP, asegurando que es la base para cambiar nuestra realidad “a través de la conformación de una nueva fuerza político-social de la Región, capaz de  ser una alternativa a lo ya existente”.

El representante de la Mesa Territorial de la Salud Talcahuano, Jaime Fica, sostuvo que su participación en la APP tiene como objetivo “actuar de bisagra en los temas por los cuales peleamos estructuralmente, como el no a las AFP, una mejor salud, educación, etc. En definitiva, se trata de retomar la lucha por la recuperación de la democracia”.

Eduardo Aranda, vocero de la organización Consejos Estudiantiles, expresó que la adhesión de su colectividad a la APP tiene su origen en la necesidad de unificar las demandas sectoriales. “Más que como estudiantes, llegamos como jóvenes comprometidos con la lucha y la acción política. Decidimos participar en esto debido a la necesidad de unirse que tiene la izquierda, teniendo en cuenta que uno de los grandes problemas que impide el avance de la lucha político-social en Chile es la segregación de la izquierda revolucionaria”, enfatizó.

Por su parte, Sebastián Valdés, del Partido Igualdad, sostuvo que es necesario estar en todos los lugares donde se genere agitación popular y unidad. “Cualquier espacio de unidad, de convergencia social, permite que los luchadores sociales avancen. Creemos que hoy en día debemos construir un gran bloque social donde todos los luchadores marchen por un mismo camino. En este sentido, necesitamos levantar un pliego nacional de demandas, y la APP camina hacia eso”, indicó.

José Carrasco, del Colectivo Poder Popular, aseguró que después de más de ocho asambleas y con un Encuentro Fundacional ad portas, la APP ha ido creciendo sobre la base de gran dinamismo y capacidad de proyectar las demandas sectoriales. “A nosotros nos pone muy contentos que las fuerzas políticas de nuestra zona demuestren este grado de madurez que no se ha dado, por ejemplo, en Santiago. Es importante sacar las demandas de la universidad para unificarlas con lo que pasa afuera, y conjugar lo que pasa en cada territorio en una sola plataforma de lucha”, señaló. 

Frente a la coyuntura electoral

Con toda seguridad, este 2013 será un año marcado por las elecciones presidenciales y parlamentarias del 17 de noviembre. La clase política-empresarial intentará echar mano a todo su aparataje propagandístico para cooptar a los electores desilusionados de las políticas neoliberales de las últimas décadas. Frente a este escenario, con dos conglomerados en la disputa por el poder, ambos defensores del mismo modelo económico, el movimiento social chileno tendrá  el desafío de continuar posicionando sus demandas en un ambiente cargado al populismo y a programas presidenciales repletos de letra chica.

Eduardo Aranda, de Consejos Estudiantiles, sostiene que el trabajo de la APP debe ser capaz de trascender lo coyuntural. “Para nosotros como estudiantes, es necesario continuar con la lucha para desenmascarar la política burguesa. Así como lo hicimos el año pasado, apoyando la deslegitimación de la clase política, como izquierda revolucionaria queremos continuar con esto, enfatizando la crítica contra el sistema electoral, el cual, creemos, engaña al pueblo”, sostuvo el dirigente.

Una opinión diferente posee Sebastián Valdés, del Partido Igualdad, quien aseveró que la participación electoral es algo sobre lo cual debe discutirse en toda la izquierda. “A nosotros, más que el tema electoral, nos beneficia estar en la lucha acá. Participamos en todas las formas de lucha, desde una barricada en la calle, las tomas, en todos los espacios. Hay que ocupar todos estos medios, aunque sin hacer pactos con los poderosos”, señaló.

Desde una perspectiva conciliadora, Jorge Figueroa reconoció que si bien la gran mayoría de las organizaciones que componen la APP no están de acuerdo con la participación electoral, la Asamblea respeta la decisión de quienes sí deseen hacerlo. “Nuestra posición es que todos son bienvenidos, y la idea es que podamos unirnos de acuerdo a los puntos principales, y en cuanto a lo que nos divide, como la coyuntura electoral, preferimos brindar las más amplias libertades, aunque dejando bien en claro que ése no es nuestro camino. Nuestro camino es el trabajo de conformación de redes sociales, en territorios populares, esa es nuestra base, y ahí  es donde nos importa unirnos con todos los sectores de izquierda revolucionaria”, sentenció el vocero.

Organizaciones agrupadas en la Asamblea Popular Pencopolitana presentaron sus demandas 


Poderes populares en América Latina


 Franck Gaudichaud- Clarín

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El laboratorio latinoamericano [1] Desde hace más de una década, América Latina aparece como una “zona de tempestades” del sistema-mundo capitalista. La región ha conocido importantes movilizaciones colectivas y luchas sociales contra los estragos del neoliberalismo y sus representantes económicos o políticos y, también, contra el imperialismo; dinámicas de protestas que han llevado en algunos casos a la dimisión o la destitución de gobiernos considerados ilegítimos, corruptos, represivos y al servicio de intereses extraños a la soberanía popular. El cambio de las relaciones de fuerzas regionales, en el patio trasero de los Estados Unidos, se ha traducido también en el plano político e institucional en lo que ha sido calificado por muchos observadores como “giro a la izquierda” [2] (Gaudichaud, 2012) así como, en algunos casos, en una descomposición del sistema de partidos tradicionales:

“A comienzos de los años 90, la izquierda latinoamericana agonizaba. La socialdemocracia se adhería al más desenfrenado neoliberalismo. Sólo algunos embriones de guerrillas y el régimen cubano, superviviente a la caída de la URSS en un período de penuria denominado “ período especial”, rechazaban el “final de la Historia” tan querido por Francis Fukuyama. Después de haber sido el laboratorio de experimentación del neoliberalismo, desde comienzos de los años 2000 América Latina se ha convertido en el laboratorio de la contestación al neoliberalismo. Han surgido oposiciones en América Latina, con formas diversas y desordenadas: revueltas como el Caracazo venezolano (1898) [3] , ahogado en sangre, o el zapatismo mexicano, luchas victoriosas contra los intentos de privatizaciones como las guerras del agua y del gas en Bolivia, y también movilizaciones campesinas masivas como la de los cocaleros bolivianos y los sin-tierra brasileños. Entre 2000 y 2005, seis presidentes fueron derrocados por movimientos llegados de la calle, principalmente en su zona andina: en Perú en 2000; en Ecuador en 2000 y 2005; en Bolivia, tras la guerra del gas en 2003 y en 2005; además de una sucesión de cinco presidentes en dos semanas en Argentina, durante la crisis de diciembre de 2001. A partir de 1999 se han constituído gobiernos que se reivindican de estas resistencias. En poco más de una década, más de diez países se han inclinado hacia la izquierda, sumándose a Cuba donde los hermanos Castro siguen estando en el poder. Llevados por estos poderosos movimientos sociales, nuevos gobiernos de izquierda con trayectorias atípicas se han instalado en el poder: un militar golpista en Venezuela, un militante obrero en Brasil, un sindicalista cultivador de coca en Bolivia, un economista hostil a la dolarización en Ecuador, un cura de la Teología de la Liberación en Paraguay...” (Posado, 2012).

Aunque el tema del “socialismo del siglo 21” es reivindicado por líderes como Hugo Chávez, la región no ha conocido experiencias revolucionarias, en el sentido de una ruptura con las estructuras sociales del capitalismo periférico, como fue el caso de la revolución sandinista en Nicaragua, el castrismo en Cuba o, en cierta medida, el proceso de poder popular durante el gobierno de Allende en Chile. Sin embargo, en un contexto mundial difícil, caracterizado por la fragilidad relativa de las experiencias progresistas o emancipadoras, las organizaciones sociales y populares latinoamericanas han sabido encontrar los medios para pasar de la defensiva a la ofensiva, aunque no siempre de manera coordinada. Haciéndose eco de las reivindicaciones de las y los “de abajo” y/o al comienzo de la crisis de hegemonía del neoliberalismo, algunos gobiernos llevan a cabo políticas con acentos antiimperialistas y reformas de gran envergadura, sobre todo en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela. Más que un enfrentamiento con la lógica infernal del capital, estos gobiernos se orientan hacia modelos nacionales-populares y de transición post-neoliberal, de vuelta al Estado, a su soberanía sobre algunos recursos estratégicos, en ocasiones con nacionalizaciones y políticas sociales de redistribución de la renta dirigidas hacia las clases populares, pero manteniendo los acuerdos con las multinacionales y las élites locales (ALAI, 2012). En estos tres últimos países se han desarrollado también los mayores avances democráticos de esta década en el plano constitucional, gracias a innovadoras asambleas constituyentes; un contexto que ofrece nuevos espacios políticos y un margen de maniobra creciente para la expresión y la participación de los ciudadanos. El “progresismo gubernamental” se viste a veces también con el ropaje de un social liberalismo sui generis , en particular en Brasil (y de manera diferenciada, en Argentina), combinando una política voluntarista y de transferencias de rentas condicionadas, destinadas a los más pobres, favoreciendo a las élites financieras y al agrobusiness .

Según el economista Remy Herrera: “ La inteligencia política del presidente Lula se demostró al haber resuelto un dilema completamente insoluble para sus predecesores de derecha, en su búsqueda de un neoliberalismo “perfecto”: profundizar la lógica de sumisión de la economía nacional a las finanzas globalizadas, ampliando al mismo tiempo la base electoral en el seno de las fracciones desfavorecidas de las clases explotadas contra las cuales se dirige sin embargo esa estrategia. Una explicación puede ser sin duda el modo de gestionar la pobreza que ha adoptado el Estado: cambiar la vida de los más miserables, en concreto, gracias a una renta mínima, sin tocar las causas determinantes de su miseria” (Herrera, 2011).

En otros países, los movimientos populares tienen que seguir haciendo frente a regímenes conservadores o abiertamente represivos, al terrorismo de Estado, a las mafias o al paramilitarismo, como ocurre en grandes países como Colombia y México, o incluso Paraguay (desde el golpe de Estado “legal” de junio de 2012) y Honduras (desde el golpe de Estado de 2009) [4]. En plena crisis internacional del capitalismo, la región logra asombrosas tasas de crecimiento del Producto Interior Bruto (y además durante un largo período), que suscitan la admiración del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, aunque se trata de un “crecimiento” desigual, basado esencialmente en un visión neo-desarrollista que mantiene o renueva el saqueo de los recursos naturales, la extracción de materias primas (petróleo, gas, minerales, etc.) y una fuerte dependencia respecto al mercado mundial, por medio de una estrategia de “acumulación por desposesión” (en palabras de David Harley) extremadamente costosa en el plano social y ambiental. Esta estrategia “extractivista”, compartida por el conjunto de los gobiernos de la región, es una de las principales tensiones del período (Svampa, 2011):

“A nivel económico, este modelo, orientado esencialmente hacia la exportación, induce un despilfarro de riquezas naturales en gran medida no renovables. Engendra una dependencia tecnológica respecto a empresas multinacionales y una dependencia económica respecto a fluctuaciones de los precios mundiales de las materias primas. Aunque los elevados precios de estas últimas en la actual coyuntura han permitido a los países de América Latina superar la crisis después de 2008, la reprimarización de las economías, esto es, la incitación a volver a dirigirse hacia la producción de materias primas no transformadas, las hace muy vulnerables a un eventual cambio de los mercados. En un contexto de mundialización económica, este modelo refuerza una división internacional del trabajo asimétrica entre los países del Norte, que preservan localmente sus recursos naturales, y los del Sur. A nivel ambiental, las minas a cielo abierto, la sobreexplotación de yacimientos de débil concentración, el agrobusiness o incluso la extracción de hidrocarburos, implican el vertido de metales pesados en el entorno, la contaminación de los suelos y de las capas freáticas, la deforestación y la destrucción de los paisajes, de los ecosistemas y de la biodiversidad. [...] Esta situación crea –casi mecánicamente– las condiciones para una intensificación de los conflictos sociales. El margen de maniobra de los gobiernos es sin embargo estrecho: por una parte, estas economías están basadas en gran medida en la exportación de materias primas, y por otra, las izquierdas recién llegadas al poder necesitan, para poder mantenerse, resultados tangibles a corto plazo en términos de redistribución y de desarrollo social” (Duval, 2011).

No obstante, si comparamos el estado actual del continente con el período de los años 70-90, saltan a la vista muchos cambios sociopolíticos. Porque habría que recordar brevemente “de dónde viene” el subcontinente. Después de los años 80, los años de la década “robada” (más que “perdida”), años de explosión de una deuda exterior por lo general ilegítima, los 90 fueron los años de las aplicaciones salvajes de los preceptos del FMI, de los ajustes estructurales, de la continuación de las políticas de consenso de Washington, de las desregulaciones y privatizaciones en nombre de una supuesta eficacia económica, que llevaron a la destrucción de sectores enteros de los servicios públicos y a una mercantilización de los ámbitos sociales de una amplitud sin igual. América Latina ha sufrido de lleno el “neoliberalismo de guerra” ( para retomar la expresión del sociólogo mexicano Pablo González Casanova), su hegemonía, y después su crisis, en particular en América del sur, aunque este último persiste –e incluso se refuerza– en otros países: en México, en Colombia y en una parte de Centroamérica. Estos períodos han sucedido en muchos casos a largas dictaduras. Chile encarna todavía este capitalismo de desastre de los Chicago-boys y de la doctrina del “choque neoliberal” [5]. Producto de las derrotas de las izquierdas, de la represión del movimiento obrero y de la imposición de este nuevo modelo de acumulación, el subcontinente es el más desigual del planeta: la región de las desigualdades sociales, territoriales y raciales. A pesar de una ligera mejora en este aspecto, y también, de forma más clara, en el de la pobreza (en Colombia, un contraejemplo, las desigualdades han continuado aumentando) (Gaudichaud. 2012) [6].

Movimientos sociales, utopías concretas, poderes populares
En un reciente análisis de las “gracias y desgracias de la conflictividad social” en Francia desde los años 1970 a los 2000, Lilian Mathieu señala, a justo título, que: “la cuestión de las alternativas al orden capitalista se plantea con tanta agudeza hoy que hace treinta o cuarenta años. Tal vez incluso con más urgencia: las consecuencias desastrosas de este modo de producción para la simple supervivencia de la humanidad son ahora mucho más tangibles ”; pero también que después de los desvíos autoritarios de varias experiencias post-capitalistas en el siglo 20: “No sólo se ha hundido la credibilidad de las alternativas. También los intentos de construir sobre el terreno formas de vida que se sustraen al orden dominante se han malogrado en su mayor parte y sólo son contempladas en tono de burla. El fenómeno de las comunidades, aunque numéricamente marginal, tuvo cierto eco e impresionó mucho a los contemporáneos, sobre todo por el hecho de ser obra de jóvenes diplomados, destinados como tales a asegurar la reproducción del orden capitalista. Las temáticas de la “vuelta a la naturaleza” (o al “país” regional), la exigencia de autenticidad en la producción y el consumo, la voluntad de escapar de la lógica mercantil, la reivindicación de relaciones sociales más igualitarias (en la pareja, la familia, la empresa...), en resumen, varios elementos de lo que Luc Boltanski y Eve Chiapello denominan “crítica artísta” [7], han sido invalidadas tras infructuosos intentos de aplicación concreta, o reprimidos, o “recuperados” y sometidos al orden capitalista. Estas dos lógicas de “descredibilización ” de las alternativas al capitalismo pueden ser ilustradas con el tríptico de Albert Hirschman [8]. Al haber fracasado tanto la opción de la “voice” (acelerar la instauración del socialismo por medio de una movilización de masas) como la del “exit” (la instauración de “bolsas” de existencia que escapan al orden dominante, en el interior mismo de sociedades capitalistas, sin cuestionarlas frontalmente), sólo quedaría la opción de la lealtad al capitalismo” (Mathieu, 2012).

Esta constatación parte de una descripción crítica del “nuevo espíritu del capitalismo” y de las realidades político-sociales de los países industriales de los centros de la economía mundial y de la cuarta edad (neoliberal) del capital. ¿Pero qué ocurre en el sur y en la periferia del sistema, en las sociedades dependientes y sometidas al intercambio desigual mundializado? Para comprender tanto los intentos de transiciones post-neoliberales como los de construcciones comunitarias de emancipaciones locales, de autogestión territorial en América Latina, es indispensable tener en cuenta la temporalidad propia de la región (aunque integrada en un todo mundial) y sus formaciones sociales específicas. Así, aunque la reflexión sociológica arriba citada puede proporcionarnos elementos teóricos sobre las relaciones actuales –y pasadas– entre experiencias revolucionarias y ensayos de construcciones locales (lo que algunos denominan “utopías concretas”), debe estar supeditada a la consideración de las realidades de una América indo-afro-latina .

Primera evidencia, esta realidad ha estado atravesada por grandes momentos revolucionarios y varios proyectos nacionales, muchos derrotados, de transición antiimperialista: de la revolución mexicana de 1910 –mucho antes que la revolución rusa– hasta las actuales –aunque embrionarias– discusiones sobre el socialismo “del siglo 21”, pasando por la revolución cubana (1959) y otras más... Otra evidencia, ya mencionada, el continente latinoamericano, a diferencia de un “viejo mundo” en plena crisis de civilización, es de nuevo un terreno de ensayo para la construcción de alternativas: bajo estas latitudes se abrió, desde los años 90, el ciclo altermundialista (Pleyers, 2011) y tuvieron lugar los foros sociales mundiales, concebidos como experiencias de democracia participativa (en particular en Porto Alegre, Brasil); también ahí se pueden situar las primeras explosiones de resistencias globales al neoliberalismo (Vivas y Atentas, 2009), simbolizadas en el grito de los neozapatistas chiapanecos contra los tratados de libre comercio: “¡ Ya basta !”; y es también al sur del Río Bravo donde se viene hablando de “buen vivir” [9], de derechos de la Naturaleza y de los bienes comunes, de Estado plurinacional o incluso de autonomías indígenas. En cuanto a la noción de “poder popular”, ha recorrido todas las grandes movilizaciones sociales del siglo 20 latinoamericano, tanto en Argentina, como lo demuestra Guillaume de Gracia (2009), como en el resto de la región: designa una dinámica que se puede ver en marcha durante los períodos de crisis revolucionarias, pero también en varias experimentaciones locales o comunitarias, circunscritas a un barrio, una fábrica, un territorio; una noción que ha conocido por tanto múltiples puestas en práctica aunque todas ellas ligadas directamente al movimiento obrero y social. Este poder popular consiste en una serie de experiencias sociales y políticas, la creación de nuevas formas de apropiaciones colectivas (a veces limitadas), que se oponen –en su totalidad o en parte– a la formación social dominante y a los poderes constituidos. En otras palabras, se trata de un cuestionamiento de las formas de organización del trabajo, de las jerarquías sociales, de los mecanismos de dominación materiales, de género, de raza o simbólicos. América Latina ha estado recorrida, en varios puntos de su territorio, por estos “relámpagos autogestionarios” cuyas identidades y geografía social están inextricablemente ligadas a su arraigo en este continente (Petras y Veltmeyer, 2002).

Con esta pequeña obra colectiva, nuestra ambición es revisar estas gramáticas de una emancipación plural –parcial y atravesada por múltiples conflictos, pero “en actos”–, en el curso de la última década. Las diez utopías concretas que nos proponemos tratar aquí reflejan la diversidad de estas experimentaciones, algunas “desde abajo”, directamente surgidas del movimiento social, otras más ligadas a formas de democracia participativa y en relación con algunas instituciones. Experiencias que esbozan la cartografía, parcelada, de otros mundos posibles: Comuna de Oaxaca, mujeres y feministas mexicanas frente a la violencia y al patriarcado, ensayos difíciles de control obrero en Venezuela o empresas recuperadas en Argentina, consejos comunales en los barrios populares de Caracas, luchas de los sin techo en Uruguay o ejemplar organización colectiva de los trabajadores sin tierra en Brasil, iniciativa para una sociedad post-petróleo y del “buen vivir” en Ecuador y agroecología en una comunidad colombiana, a pesar de la guerra; finalmente los análisis del proceso constituyente boliviano que plantea la cuestión de las instituciones y la construcción de una democracia postcolonial. En contextos diversos, surgen gérmenes de poderes populares que buscan a tientas los caminos de la emancipación, casi siempre contra los poderes constituidos y la represión del Estado; aunque también, en ocasiones, en relación con políticas públicas post-neoliberales y el campo político o partidista nacional. Por supuesto, los ejemplos que hemos seleccionado no pretenden dar una imagen exhaustiva de todo el mosaico de experiencias en curso. Habríamos podido citar también los medios de comunicación comunitarios de muchos países, la lucha de los mapuches de Chile por su supervivencia y por la recuperación de sus tierras, la autoorganización campesina en Honduras, la increíble capacidad de resistencia de los “caracoles” y el asesoramiento de los buenos gobiernos Zapatistas, los comedores comunitarios autogestionados de Buenos Aires o incluso las juntas de vecinos de la ciudad de El Alto (Bolivia), el “asambleísmo” y las ocupaciones estudiantiles del último período, etc. Por medio de textos cortos y accesibles, escritos por autores y autoras que conocen de cerca estas experiencias, a menudo a través de observaciones de participaciones en el terreno, nuestro objetivo es desbrozar algunos temas poco o nada abordados en los medios masivos de comunicación dominantes, con la esperanza de invitar al debate sobre las cuestiones estratégicas que suscitan estas experiencias.

Lejos de nuestra intención la idea de mitificar lo que el sociólogo Franck Poupeau ha designado como “pequeños universos” cerrados en sí mismos, “una micro-sociedad formidable, por ser singular, gobernada por la ayuda mutua y el compartir, separada de los flujos de la comunicación mercantil y de los intercambios interesados que son la suerte de la masa de consumidores”: estos “senderos de la utopía” [10] en construcción que aquí explicamos no pretenden “pensar la utopía a partir de experiencias de comunidades en ruptura con el resto del mundo social”. Porque pensamos que “ lo ‘ común’ obtiene su eficacia de lo que es universalizable, extensible más allá de la comunidad de iniciados, en las esferas donde el antagonismo entre trabajo y capital deja entrever la posibilidad de un cambio profundo” (Poupeau, 2012), y que debe dirigirse al mayor número, comenzando por las clases populares y por aquellas y aquellos que sufren directamente la miseria del mundo. Esto es precisamente lo que dejan entrever –con un grado de éxito o de fracaso variable y a escalas diversas– las experiencias que ponemos en debate en esta obra colectiva. Todas ellas resisten a su manera al signo de los tiempos (neoliberal, racista, machista y austero) y participan, aquí y ahora, a la construcción de nuevos espacios políticos, territorios sociales en busca de “lazos que liberen”. En cierta manera, podría sugerirse que estos poderes populares responden concretamente al eco planetario y a los interrogantes de las y los indignados, al surgimiento de este “pueblo de las plazas” y a las múltiples revueltas que, desde hace meses, rasgan el consenso neoliberal en varios países. Estos 99% de ciudadanas y ciudadanos que hacen frente a la arrogancia del 1% de oligarcas de las finanzas y de una política politiquera ciega:

“ El año 2011 supone un cambio histórico. La oleada revolucionaria iniciada en Túnez ruge todavía en la plaza Tahrir, en Egipto. Ha cambiado el panorama político en el mundo árabe y se ha extendido rápidamente como una mancha de aceite a las cuatro esquinas del planeta. De Santiago de Chile al municipio de Wukan en el sur de China, de la Puerta del Sol a la plaza Síntagma , de Moscú a Wall Street pasando por los motines de Londres, se ha visto alterado el curso regular de la dominación. En el ciberespacio, se ha abierto un nuevo frente con la guerrilla de los Anonymous contra las grandes corporaciones y los dispositivos del Big Brother. Estos acontecimientos están todavía demasiado cercanos para poder seguir los hilos que los unen, comprender sus raíces. La amplitud y la naturaleza de los cambios desencadenados son por ahora imposibles de conocer. Pero resulta claro que, al igual que en 1848 o 1968, la posibilidad de otro futuro se ha entreabierto en 2011 ”. (ContreTemps, 2012).

Hay que subrayar sin embargo que las emancipaciones latinoamericanas en proceso que aquí presentamos se diferencian también ampliamente de la constelación de las indignaciones mundiales. En primer lugar porque han podido pasar, incluso desde hace varios años, de la ofensiva a la construcción, de la indignación a la creación alternativa. Pero también por el hecho de vínculos específicos y directos con las clases populares de la región, lejos de un “sujeto revolucionario” incorpóreo o de una reivindicación de ciudadanía abstracta, como se pueden encontrar entre algunas y algunos indignados. Pero, sobre todo, estas experiencias tienen su propio repertorio y en ningún caso pretenden significar modelos “llave en mano”, ni tampoco “ prêt-à-porter ” de praxis militantes que deban ser aplicadas mecánicamente bajo otros cielos. Por el contrario, deseamos mostrar cómo estos procesos nacen de las entrañas mismas de las condiciones materiales y subjetivas del capitalismo latinoamericano, de su violencia, de su exclusión en las cuales están inmersos. Son el fruto de un ciclo de movilizaciones que comenzó globalmente a mediados de la década de los 90, hace más de quince años, y revelan la lucha de muchos actores. Una multiplicidad producto en parte de los efectos de la fragmentación social neoliberal y de su implantación brutal en América Latina:

“ Estos movimientos tienen historias, bases sociales y reivindicativas y arraigo en los territorios rurales o urbanos, muy diferentes. Son sin embargo capaces de movilizarse colectivamente en torno a objetivos comunes, sobre todo cuando un proyecto político gubernamental, supranacional o económico (la estrategia de una multinacional, por ejemplo) amenaza las estructuras que representan. Es posible identificar a algunas familias que estructuran en esta nebulosa de organizaciones locales, regionales o nacionales cuya historia común se ha forjado en las resistencias a las oligarquías y a las políticas neoliberales desde hace una treintena de años: los movimientos indígenas (muy activos en particular en los países andinos), los movimientos y sindicatos campesinos (presentes en el conjunto del sub-continente, siendo el más emblemático y poderoso el Movimiento de trabajadores rurales sin tierra del Brasil. MST); los movimientos de mujeres; los sindicatos obreros y de la función pública; los movimientos de jóvenes y de estudiantes, las asociaciones medioambientales” (Ventura, 2012).

Estamos por tanto ante un sujeto emancipador plural y complejo, caracterizado por la multidimensionalidad. ¿Quiero esto decir que la componente de clase, el sindicalismo o incluso los trabajadores estarían ausentes o “diluidos” en una nebulosa post-moderna, definida sólo por la novedad de estos movimientos? En ningún caso. La dimensión de clase de estos conflictos sigue siendo central y los asalariados han jugado un papel esencial en este ciclo ascendente de protestas, y lo siguen haciendo por medio de experiencias como las que describimos en este libro (ver los textos sobre Uruguay, Argentina o Venezuela). Sin embargo, se constituye una praxis propia a las movilizaciones del último período, en particular la del movimiento indígena y su cuestionamiento de la “colonialidad del poder”[ 11], que “ ha renovado y enriquecido los programas y los horizontes, con una profundidad estratégica todavía lejos de ser asumida en toda su dimensión para ser coherente con la máxima de Mariátegui, que decía que el socialismo indo-americano no puede surgir del calco ni de la copia. [...] Desposeídas o amenazadas de expropiación, temiendo por sus tierras, su trabajo y sus condiciones de vida, muchas de estas organizaciones han encontrado una identificación política en su desposesión (los sin tierra, los sin trabajo, los sin techo), en las condiciones sociopolíticas de vida comunitaria amenazada (los movimientos de habitantes, las asambleas ciudadanas” (Algranati, Taddei, Seoane, 2011). Estas nuevas movilizaciones se caracterizan sobre todo por la horizontalidad de las formas de organización, la importancia de la discusión en asambleas y la reivindicación de un territorio de luchas.

Durante la última década, hemos asistido a una relocalización de los movimientos sociales y a un ascenso potencial del espacio local como base territorial de sociabilidad, pero también como centro de reivindicaciones y de la acción de protesta: luchas contra las expropiaciones de tierras, luchas por el medio ambiente, luchas por la vivienda, luchas contra el cierre de fabricas, etc... Se trata de construir territorios alternativos o incluso “ espacios de experiencia en los cuales los participantes intenten traducir a la práctica los valores de participación, de igualdad y de autogestión” . Sin embargo, “el arraigo local de actores y de movilizaciones no es en absoluto incompatible ni con el vínculo político nacional, ni con una proyección de la ciudadanía más allá de las fronteras del Estado-nación” (Merklen, Pleyers, 2011). Desde luego, estas prácticas situadas y circunscritas a un espacio específico, pese a todo su potencial, plantean también la cuestión de los límites de movilizaciones que se esfuerzan en obtener resultados a nivel nacional, en ausencia de proyecto político a una escala más amplia. El conjunto de estos procesos plantea por tanto importantes cuestiones estratégicas sobre el “arriba” y el “abajo”, los instrumentos y las tácticas de una estrategia emancipadora para el siglo 21...

Desde abajo, desde arriba y a la izquierda [12]. Cambiar el mundo transformando el poder y ... la sociedad

Una reflexión sobre este laboratorio latinoamericano en términos de experiencias democráticas, autogestionarias, participativas, y potencialmente emancipadoras, como las que aquí se presentan, se muestra rica en pistas sobre toda una serie de cuestiones: relación entre autonomías sociales y Estado, relación entre movimientos, partidos e instituciones, formas de organización de las clases populares y relaciones entre lo local, lo nacional y lo global, relación con el mercado así como con otros sectores sociales subalternos, etc. Desde hace algunos años, están muy presentes en América Latina los debates en torno a cómo “cambiar el mundo” (Whitaker, 2006), pero también sobre la relación que las diversas modalidades de transformación social entablan con el Poder.

Algunos analistas y militantes han sido seducidos por la idea de construir un “antipoder”, o de un contra-poder, basado únicamente en la autonomía de los movimientos sociales, de las “multitudes” y de espacios comunitarios autogestionados. Podemos encontrar estas ideas, con sensibilidades diferentes, en Toni Negri, Miguel Benasayang y, sobre todo John Holloway. Este último, inspirándose en particular en la rica experiencia zapatista, llama a “cambiar el mundo sin tomar el poder”, a construir más “poder-acción”, “poder-hacer” (potentia), en vez de interesarse en el “poder sobre” (potestas), el del Estado y las instituciones: “el mundo no puede ser cambiado por medio del Estado”, el cual constituye sólo “un nudo en la red de relaciones de poder” (Holloway, 2008). El objetivo estratégico sería por tanto liberar la potentia de la potestas , prevenir las experiencias autogestionadas del “peligro” de las instituciones. Desde esta perspectiva, como lo señaló mordazmente Daniel Bensaid, Holloway ha forjado hasta cierto punto una especie de “zapatismo imaginario” [13], muy alejado de las realidades de México: desde luego, las conquistas de los zapatistas son considerables y hay que defender su “digna rabia”, cueste lo que cueste, al igual que su propuesta de “mandar obedeciendo”, porque tienen mucho que aportar a las prácticas políticas y militantes de este comienzo de siglo. ¿Pero por qué no ver también sus dificultades y sobre todo la existencia concreta de un poder –muy real (y en ocasiones necesariamente vertical)– que practican en lo cotidiano, a través de instituciones como los “consejos de buen gobierno”, de un ejército (EZLN), de dirigentes (a veces incluso sobrerrepresentados)?. (Baschet, 2002).

Entre los más fecundos autores “movimentista” latinoamericanos interesados por las experiencias bolivianas (“guerras” del agua y del gas), Argentina (piqueteros [14]) y, en particular, mexicana, hay que citar también a Raúl Zibechi. Según este último, se trata más bien de “dispersar el poder” (2009), basándose especialmente en el pensamiento comunitario de las poblaciones amerindias, una comunidad percibida, según el antropólogo Pierre Clastres, de la sociedad contra el Estado. Para Zibechi, el desafío sería “huir del Estado, salir de él”, mientras que procesos como el de la Comuna de Oaxaca representan “momentos epistemológicos, que hacen comprender lo no visible, lo que la vida cotidiana recubre el resto del tiempo. La dispersión del poder se realiza allí de dos maneras: asistimos por una parte a una desarticulación de la centralización estatal, y por otra parte estos movimientos no crean nuevo aparato burocrático centralizado, sino que adoptan una multitud de formas de organización, de manera que en el interior los poderes están distribuidos a través de toda la trama organizativa”. Describe micropoderes, inspirados en Foucault, Deleuze y Guattari. Pero en la cuestión –esencial– de la estructuración (democrática) de tales alternativas, de su perennización, prefiere alternativas “sólo provisionales. Hoy existen, mañana tal vez no. No es un problema, porque siempre pueden renacer” [15]. ¿Constituyen estas movedizas fundaciones perspectivas sólidas para otro mundo posible? ¿No se corre el riesgo de caer en una política sin política, teorizando una cierta impotencia para franquear los obstáculos de una revolución que rechaza tomar el poder? Además, aunque la Comuna de Oaxaca es seguramente la primera gran comuna del siglo 21, como lo recuerda Pauline Rosen-Cros en este libro, se presenta siempre como una institución al servicio del pueblo e incluso como un “espacio de ejercicio del poder” que integra a “todas las organizaciones sociales y políticas, los sindicatos democráticos, las comunidades y todo el pueblo”. Se trata de eso, no de una lógica de anti-poder o ni siquiera de su “dispersión”, aunque sea cierto que para Holloway lo importante es combatir al Estado, y la comuna de Oaxaca lo ha intentado con todas sus fuerzas.

Otros autores, en la senda de un marxismo más ortodoxo, han tenido tendencia a torcer el bastón en el otro sentido e insistir –a la inversa– en la necesidad de tomar el poder de Estado para forjar alternativas sólidas al imperialismo y al capitalismo [16]. Reivindicando aún más la herencia cubana o el proceso bolivariano venezolano, recordando (con toda razón) la violencia de las experiencias contrarrevolucionarias en América Latina, el sociólogo argentino Atilio Borón critica la falta de consistencia intrínseca del anti-poder frente al imperialismo, a los militares o a las multinacionales. Muestra la “fragilidad constitutiva, sociológica, de la multitud”, que no consigue tomar forma en una estructura política amplia, un proyecto nacional capaz de resistir y construir en el marco de la mundialización (Borón, 2001). Porque un movimiento, una comunidad, un colectivo, autónomo pero aislado, pueden verse cooptados o marginalizados y reprimidos por el poder –bien real – del Estado existente (la historia argentina es ejemplar en este sentido). ¿Cómo federar entonces una multiplicidad de espacios alternativos y autónomos para contrarrestar el rodillo compresor del capitalismo militar-industrial neoliberal? Volvemos a encontrar aquí algunos rasgos del debate iniciado en el siglo 19 en Europa por Proudhon, Bakanounine y Marx, y también por los comuneros parisinos.

Según el editorialista de Le Monde Diplomatique Serge Halimi, sería contradictorio hacer “como si algunas prefiguraciones de una utopía ‘libertaria’ (una cooperativa en Boston, un movimiento indígena en Chiapas, un squat en Amsterdam), y el establecimiento de diversos ‘lazos’ (Internet, Foros mundiales) entre estos islotes participativos, equivalieran a una estrategia política. Como si las experiencias locales a pie de tierra no fuesen tributarias de decisiones nacionales o internacionales (nivel de vida del país, fiscalidad, acuerdos de libre comercio, moneda, guerras, ...) que impiden confeccionar aparte su pequeña utopía, ‘sin tomar el poder’. Como si un internacionalismo legítimo debiera hacer olvidar que algunos Estados-nación habían constituido terrenos de luchas, de solidaridad, y permitido garantizar las conquistas obreras que la « mundialización » se ha propuesto romper en pequeños trozos” [17].

Aunque esta observación tiene cierta pertinencia estratégica, se desentiende de un problema (¡y no de los menores!): los socialismos “reales” del siglo XX no han resuelto en absoluto el problema de la existencia del Estado, de su burocratización, su autoritarismo, como ha sido denunciado con toda razón por los movimientos libertarios. ¿Cómo “tomar” el poder sin ser tomados por el poder o sin acomodarse en nombre de un cierto “realismo” institucional (cuestión planteada recientemente por la historia del Partido de los Trabajadores en Brasil)? ¿Cómo construir formas de poder popular constituyente, o incluso de doble poder, moldeando instituciones radicalmente democráticas, controladas por abajo y socializando el poder en todos los poros de la sociedad (en lugar de estatizarla)? Lo que está en juego es el difícil paso de poderes constituyentes a poderes constituidos y los métodos de articulación entre democracia directa, participativa y representativa, entre espacios de deliberación y de decisión: en definitiva, la cuestión clásica de la “soberanía” del pueblo. ¿Esta construcción-destrucción-creación debe desarrollarse totalmente externa al Estado (para echarlo abajo) o bien como emergencia combinada a la vez de formas externas y de un impulso procedente de instituciones gubernamentales? Esta cuestión está claramente planteada por los consejos comunales de Venezuela, efectivamente soberanos a cierta escala, pero directamente dependientes de una relación vertical con el ejecutivo bolivariano, como nos lo explica Mila Ivanovic.

El mismo problema a nivel económico, con las cooperativas, empresas recuperadas y otros experimentos locales: ¿cómo coordinar estos ensayos autogestionarios que no sea por medio del mercado, que tiende a desarticular la dimensión alternativa de estos espacios? ¿Con qué instrumentos? ¿Partidos, organizaciones, movimientos? ¿Y cómo abordar la discordancia de tiempos entre las elecciones –hoy América Latina vive en regímenes constitucionales, tras la noche negra de las dictaduras y guerras civiles– y lo indispensable, las luchas sociales y de autoorganización? Hervé Do Alto nos recuerda por ejemplo que la actual experiencia boliviana no habría podido surgir sin la creación del partido-movimiento MAS (Movimiento al Socialismo), que no sólo ha llevado al gobierno a Evo Morales por medio las urnas, sino que ha comenzado también a democratizar este país, el más pobre de América del Sur. Sin embargo, los gobiernos actuales, y su orientación general neo-desarrollista o en favor de un “capitalismo Ando-amazónico”, recuerdan una vez más que las izquierdas pueden ganar el gobierno, sin que el pueblo gane el poder, ni que esto signifique un proceso de ruptura (Toussaint, 2009). Todo lo contrario, ocurre a menudo que iniciativas venidas desde abajo son el blanco del autoritarismo de ejecutivos que, inicialmente, habían sido elegidos como una posible vía de cambio. ¿Qué pensar del gobierno nacionalista de Ollanta Humala en Perú, que había recibido el apoyo de una gran parte de la izquierda y de la sociedad civil y que hoy día encarna la figura de un gobierno al servicio de las transnacionales mineras, dispuesto a reprimir a su pueblo?¿Y qué ocurre con las relaciones entre toda una parte de los movimientos sociales, indígenas, obrero, con gobiernos nacionalistas-populares o progresistas (como por ejemplo los de Correa en Ecuador, Roussef en Brasil o Morales en Bolivia? Muchos militantes denuncian lo que consideran un nuevo rostro del capitalismo en vez de una perspectiva de reformas post-neoliberales, y por ello los repetidos conflictos entre estos presidentes y una parte de la población o de los trabajadores organizados.

En sus reflexiones sobre el “futuro del socialismo”, el economista Claudio Katz recuerda que el debate no se refiere tanto a la realización inmediata de otro mundo posible sino a su comienzo, condición esencial para cualquier avance futuro. Afirma que una estrategia de transformación radical se extiende necesariamente durante un largo período y que, en este camino sembrado de trampas, “ todo proyecto político y económico basado en la mayoría de la población que presente signos que van hacia la extensión de la propiedad colectiva y la consolidación de la autogestión popular, representa una forma embrionaria de socialismo” (Katz, 2004). Con este rasero (y en marco de las relaciones existentes con el imperialismo) podrían juzgarse los procesos de transformación en la región. Sobre esta base, nadie duda de que el camino será todavía largo, a pesar de los saltos logrados hacia la emancipación...

Cambiar el mundo favoreciendo la autoorganización y transformando el modelo de desarrollo, modo de producción, instituciones y sociedad: un desafío para pensar la emancipación del siglo 21... Pero se trata también de lograr aquí y ahora otras formas de vida posibles, hacer la demostración de las alternativas, verificar in vivo nuevos horizontes y crear bienes comunes: como lo decía Jacinta, militante del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) brasileño, se trata de convertirse en “sujeto de su propia historia”, o para José Martínez, productor agroecológico colombiano, recrear “sistemas de vida”. Jules Falquet recuerda que a pesar de la violencia masculina, neoliberal y guerrera que reina en México, mujeres y feministas han sabido retomar la iniciativa. En suma, con este libro colectivo, hemos intentado mostrar el momento vertical y el momento horizontal de una política de emancipación, y sus tensiones permanentes. Se trata de una invitación a inspirarse en la riqueza de las experiencias “desde abajo”, comunitarias, locales, autogestionadas, sino también en parte "desde arriba”, con el papel de los partidos políticos, de los procesos constituyentes, de los gobiernos progresistas, con el fin de retomar un debate estratégico necesario, que en parte ha quedado sepultado bajo los escombros del muro de Berlín y eclipsado por la asfixia de la revolución cubana.

Para Richard Neuville:

“La diversidad de las experiencias [en curso] demuestra ampliamente la riqueza de las prácticas emancipadoras en marcha en el subcontinente latinoamericano. Expresan relaciones diferenciadas con el poder [...]. En su diversidad, los movimientos sociales plantean claramente la cuestión de la democracia en sus aspectos económico, político y social, tanto a través del control y la gestión directa de la producción, la participación activa en las instancias de decisión como la autoorganización y la autonomía. Por ello, aún con matices, pueden ser categorizados como movimientos autogestionarios” (2012).

Se trata también de pensar los vínculos entre el campo social y político que estas variadas experiencias plantean, para continuar una reflexión que sigue abierta. Retomando figuras teóricas antes citadas, para enfocar la articulación entre crítica “artista” y crítica “social” del capitalismo, entre la Voice y el Exit , entre utopías concretas y proyectos políticos post-capitalistas y écosocialistas. Cuando se recorren los ejemplos aquí presentados, se puede avanzar la hipótesis de que en América Latina, las denuncias de la alienación neoliberal o los ensayos de emancipación comunitarios están precisamente conectados a la crítica social y ambiental del capitalismo (OSAL, 2012) y, sobre todo, a sus movimientos populares. Esto es lo que hace la fuerza del panorama actual en el subcontinente. Junto con otras cuestiones fundamentales que evidentemente habrá que tratar: los modelos de desarrollo cuando extractivismo y ecocidios hacen estragos en todo el continente, las relaciones de “raza” y de género, las integraciones regionales y la solidaridad internacional. ¡Un vasto programa en perspectiva!

Como señalaba Daniel Bensaid en su debate con John Holloway:

“Hay que atreverse a ir más allá de la ideología, sumergirse en las profundidades de la experiencia histórica, para retomar los hilos de un debate estratégico enterrado bajo el peso de las derrotas acumuladas. En el umbral de un mundo en parte inédito, donde lo nuevo cabalga sobre lo antiguo, más vale reconocer lo que se ignora, estar disponible a las experiencias que vendrán, que teorizar la impotencia minimizando los obstáculos a franquear” (ContreTemps, 2003).

Este pequeño libro colectivo es una invitación al viaje, al debate más amplio y a pensar otros posibles para el mañana. Una invitación al “principio esperanza” y al optimismo que defendía el filósofo Ernst Bloch [18], por encima de las catástrofes y la barbarie que acechan. Una convicción: estas utopías concretas vistas desde el Sur, llegadas de la “gran patria” de José Martí y de Mariátegui, pueden, junto con otras, ayudarnos a rearmarnos en el plano de las ideas y a (re)pensar cómo transformar el mundo.

Bibliographie

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NOTAS

[1] Nuestro agradecimiento a Emmanuel Delgado Hoch, de las ediciones Syllepse, por sus comentarios críticos a este texto. El resultado final, como tiene que ser, es de mi entera responsabilidad.

[2] Se trata en realidad de una gran variedad de gobiernos: de centro-izquierda, progresistas, social-liberales o nacional-populares, siguiendo las configuraciones socio-históricas nacionales, y sus relaciones con los movimientos sociales, con el imperialismo y con las clases dominantes.

[3] Caracazo : insurrección popular ocurrida el 27 de febrero de 1989 en Caracas contra la política neoliberal y las subidas de tarifas, impuestas por el presidente social-demócrata Carlos Andrés Pérez. La represión policial causó, según las estimaciones, entre 1.000 y 3.000 muertes.

[4] Sobre esta nueva generación de Golpes de Estado, a veces denominados “legales”, ver: “Coup d’Etat au Paraguay”, 23/06/2012, y “Honduras, un an après le coup d’Etat” (por Renard Lambert), La valise diplomatique, 28/06/2010, www.monde-diplomatique.fr.

[5] N. Klein, La Stratégie du choc , Actes Sud, París 2008.

[6) Ver también el dossier: “Menos desigualdades, ¿más justicia social?”, Nueva Sociedad, nº 239, junio 2012, www.nuso.org.

[7] En su libro, Boltanski y Chiapello distinguen la crítica “artista” que denuncia la alienación, la sociedad de consumo y la inautenticidad del capitalismo (asumida muchas veces por estudiantes, artistas e intelectuales), de la crítica “social”, centrada en la explotación y llevada a cabo por el movimiento obrero; recuperada la una por el sistema de gestión y muy desconectada de la otra, desde sus comienzos, en 1968 ( Le nouvel esprit du capitalisme , Paris, Gallimard, 1999).

[8] Albert O. Hirschman, Défection et prise de parole, Paris, Fayard, 1995.

[9] Sobre la noción mestiza del “ buen vivir” e indígena de Sumak Kawsay, ver el artículo de Matthieu Le Quang sobre Ecuador en este volumen.

[10] Ver el rico reportaje sobre varias utopías comunitarias europeas de Isabelle Fremeaux y John Hordan: Les sentiers de l’utopie , Zones – La Découverte, Paris, 2011, y el informe crítico de F. Poupeau: “Peut-on changer le monde? Des gens formidables...”, Le Monde Diplomatique, Paris, noviembre 2011.

[11] El concepto de “colonialidad del poder” fue presentado por primera vez por el intelectual peruano Anibal Quijano. Según este último, la matriz colonial se basa en cuatro pilares: la explotación de la fuerza de trabajo, la dominación etno-racial, el patriarcado y el control de las formas de subjetividad (o imposición de una orientación cultural etno-centrista). Dos siglos después de las independencias latinoamericanas, esta matriz seguiría siendo central en las relaciones sociales: “esta colonialidad del poder se ha mostrado más duradera y más arraigada que el colonialismo en cuyo seno se engendró, y que ayudó a imponerla mundialmente”, inscribiéndose por tanto en una dominación de tipo post-colonial (Quijano, 2007).

[12] La idea de “Por abajo, a la izquierda” es una referencia central de la experiencia zapatista.

[13] D. Bensaid, “La Révolution sans prendre le pouvoir? À propos d’un récent livre de John Holloway », ContreTemps, 2003.

[14] Piqueteros: “trabajadores desocupados” que cortaron las carreteras con grandes “piquetes” de huelga, tras la crisis de 2001 en Argentina.

[15] Ver la interesante entrevista a Zibechi aparecida en la revista libertaria Réfractions (2007).

[16] Sobre este debate estratégico internacional y sus prolongaciones, así como las repuestas aportadas por Holloway, ver: Contra y más allá del Capital (2006).

[17] S. Halimi, “Quelle societé future ? Dernières nouvelles de l’Utopie », Le Monde Diplomatique, Paris, agosto 2006.

[18] A. Münster, Ernst Bloch, messianisme et utopie, PUF, Paris, 1989.

[Introducción del libro colectivo: Amériques latines. Emancipations en construction, Paris, Syllepse, 2013 (Américas latinas. Emancipaciones en construcción), publicado en asociación con Francia América Latina.]

“Emancipación” (del latín emancipatio, -onis): Acción de liberarse de un vínculo, de una traba, de un estado de dependencia, de una dominación, de un prejuicio .

Traducido del francés por: VIENTO SUR

Revisado por:  María Piedad Ossaba (Red Tlaxcala - La Pluma)

Fuente: Contretemps, 10 de enero de 2013

Sobre el autor: http://rebelion.org/autores.php?id=59

CHILE: Cuando la calle manda y la política es profana


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Es en esa calle (digamos que en las aulas, las plazas, los piquetes de huelgas, los terrenos tomados, los nuevos colectivos políticos y partidos plebeyos) donde se está haciendo desde hace algunos años la política entre iguales, de manera horizontal, asamblearia (la mejor de las veces) y portadora de futuro; festiva incluso (pese a la feroz represión policial), movilizadora y afirmativa del poder emergente de las pasiones de justicia, de igualdad y dignidad de los de abajo. De ahí, de los territorios sociales salen los nuevos líderes populares o los nuevos liderazgos colectivos;  poco importa si por el momento el sistema y sus acólitos oportunistas tiene aún la capacidad de aspirar a algunos para darles un “cupo”. Otros vendrán.

Por Leopoldo Lavín Mujica

 La mentalidad burocrática, tecnicista y legalista que campea en la Cámara y el Senado es una expresión del desfase de la elite política del duopolio con el mundo real. Ensimismados en sus debates alimentados por las declaraciones de juristas-constitucionalistas “expertos” en detectar anomalías jurídicas, los políticos del régimen sólo atinan —en desmedro de eso que llaman legitimidad— a alimentar las percepciones críticas de la calle y de los movimientos sociales que en ella se expresan.

El tecnicismo es una línea de defensa o de ataque cuando lo que vemos resurgir es la política creativa y el poder de convocatoria de la calle como espacio social recuperado.

Porque se está agotando la política de los Dioses del Olimpo. La de los que se perpetúan de por vida en los sillones del binominal. La que se instala en su lugar es la política profana del pueblo ciudadano, juvenil y trabajador. Con demandas claras, simples y articuladoras entre las parciales y las más generales. Así se expresa el pueblo movilizado. Tan nítidas que ni vale la pena repetirlas.

Lo que hoy está en juego, lo que hay que cambiar, son las estructuras capitalistas-neoliberales que determinan la lógica del lucro (la ganancia) para que así desaparezcan el marco y las prácticas de los operadores orgánicos o tecnócratas como Harald Beyer. Viene otro y será más de lo mismo, si no hay transformaciones valientes. Eso, la gente en la calle lo intuye, o lo sabe por experiencia acumulada. La calidad de la política viene de ahí, del diálogo y la reflexión democrática que nutren la profundidad del pensamiento. Y madura rápido en espacios comunes o en aquellos ocupados por el nuevo relato antineoliberal en construcción. En un contexto mundial donde se acumulan los casos de corrupción de las elites políticas y de ejemplos de resistencias indignadas de las mayoría populares europeas. De una globalización capitalista que le impone a los Estados y a las elites el rol de ejecutores sumisos de las políticas del gran capital transnacional y nacional, profundamente imbricados (1).

Es en esa calle (digamos que en las aulas, las plazas, los piquetes de huelgas, los terrenos tomados, los nuevos colectivos políticos y partidos plebeyos) donde se está haciendo desde hace algunos años la política entre iguales, de manera horizontal, asamblearia (la mejor de las veces) y portadora de futuro; festiva incluso (pese a la feroz represión policial), movilizadora y afirmativa del poder emergente de las pasiones de justicia, de igualdad y dignidad de los de abajo. De ahí, de los territorios sociales salen los nuevos líderes populares o los nuevos liderazgos colectivos;  poco importa si por el momento el sistema y sus acólitos oportunistas tiene aún la capacidad de aspirar a algunos para darles un “cupo”. Otros vendrán.

En una coyuntura de potentes movilizaciones estudiantiles, tomas de terrenos por pobladores —cansados de esperar soluciones a sus urgentes necesidades de vivienda—, así como de paros y movimientos huelguísticos de trabajadores y trabajadoras de sectores diversos y también neurálgicos de la economía, que cuestionan tanto sus condiciones de vida y trabajo como la política presente y pasada, enredarse en la pura forma como lo están haciendo los parlamentarios, sin querer ir al fondo de las cosas, es desprestigiar aún más las instituciones posdictadura en las cuales la política dominante da manotazos de ahogado. Al menos así se los ve a los políticos del régimen. Bastante desesperados y aislados en el charco oscuro del tráfico de influencias, el nepotismo e incluso la corrupción.

Además, se ve la hilacha en cuanto a los verdaderos intereses que están detrás de las motivaciones políticas (muchos de ellos colaboradores directos de la empresa educativa) —cuando de aplicar la ley se trata— de quienes osan llamarse los “representantes” de ese mismo pueblo que los rechaza cada día más.

“Lo llaman democracia y no lo es” (2)

En efecto, la percepción ciudadana se transforma lentamente en consciencia de que ese entramado de intereses de un puñado de dueños de la economía, con el segmento de servidores o managers que asegura el funcionamiento voraz y depredador de la maquinaria capitalista junto con los políticos en el Estado, no es capaz de hacerse cargo de la satisfacción de sus necesidades materiales, sociales y jurídicas. Ya no es la “igualdad de posibilidades”. Hay que resolver el problema de la igualdad de condiciones de vida, materiales. Atacar de raíz la desigualdad de condiciones socio-económicas.

Cada día es más evidente que la naturaleza del sistema, tal cual opera en su fase neoliberal y del cual los políticos del duopolio son sus fieles guardianes (junto con los dispositivos mediáticos y los aparatos policíacos puestos a su disposición), genera conflictos insolubles y es incapaz de auto-regenerarse.

De ahí viene ese sentimiento de empoderamiento callejero del pueblo estudiantil y de la marea ciudadana que los apoya, ambos excluidos de la política tradicional, pero conectados al sentir común de las grandes mayorías que  ven con simpatía la lucha contra el lucro y la educación gratuita para todos. Impermeables a la política de la ultraderecha y sordos a los cantos de sirena de M. Bachelet y de su nuevo recluta Mario Waissbluth, otro experto encantador de serpientes que se opone a la educación gratuita para todos. Así se van deconstruyendo los discursos de la dominación, ocupando el vacío político y los espacios comunes que el neoliberalismo ha tratado de barrer intercalando sólo individuos que compiten entre ellos.

¿No decía la fallecida Margaret Thatcher, campeona del neoliberalismo triunfante de los ochenta, que sólo habían individuos y la sociedad no existía?

De la lucha contra los efectos del neoliberalismo en las subjetividades, de esa emancipación ideológica de la consciencia, va surgiendo un proyecto político social contrahegemónico, transformador, rupturista y alternativo al actual. Y con la práctica de la política profana de los iguales en la calle se ha avanzado mucho estos años.


El Ciudadano / Clarín de Chile


viernes, 19 de abril de 2013

Invasión a Playa Girón


Wipedia
Invasión a Playa Girón. Una brigada contrarrevolucionaria, armada, entrenada y transportada por EE.UU., arribó por la Ciénaga de Zapata, al sur de MatanzasCuba, la madrugada del 17 de abril de 1961. Todo el pueblo se movilizó, el Ejército y las Milicias, dirigidos por Fidel, contraatacaron de inmediato. En 60 horas de duros combates fueron derrotados los mercenarios, que se rindieron en Playa Girón al atardecer del día 19 de abril. Más de 150 combatientes revolucionarios murieron y varios civiles fueron asesinados por la aviación de los invasores.
La Invasión por Playa Girón fue parte de la Operación Pluto de la CIA[1] y representó la primera gran derrota del Imperialismo yanki en América Latina.

Contenido

Invasión a Playa Girón
Información sobre la plantilla
Fecha:17 de abril de 1961-19 de abril de 1961
Lugar:Bandera de Cuba Playa GirónMatanzas
Resultado:
Primera gran derrota del imperialismo yanqui enAmérica.
País(es) involucrado(s)
Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Bandera de Cuba Cuba
Líderes:
Bandera de Cuba Fidel Castro
Organizaciones involucradas:
Bandera de los Estados Unidos de América CIA

Preludio de la invasión

Operación Pluto

La Operación Pluto, aprobada por el presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960 fue el proyecto más poderoso jamás organizado por la CIA de los Estados Unidos.[2]Su arreglo corría en estrecha colaboración y aprobación del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Un ejército de exiliados sería reclutado, entrenado y equipado en Guatemala; un frente político, organizado; y encontrada la justificación teórica para liquidar a la Revolución Cubana expuesta en el Libro Blanco; y sobre todo, la mano de los Estados Unidos estaba oculta.
Los entrenamientos en Guatemala se organizaron en la llamada Base Trax.[3] La hoja de servicios militares de los instructores cubanos puestos al frente de preparar a los invasores, reflejaba la importancia que los jefes de la CIA otorgaban al aspecto militar, dejando a un lado otras consideraciones como el eventual rechazo que estos ex militares podrían generar en la tropa debido al compromiso de algunos de ellos con el régimen de Fulgencio Batista. La CIA se había esforzado en reclutar ex militares con una limpia hoja de servicios y en lo fundamental formados en sus escuelas.
El 4 de noviembre de 1960, desde la sede de la CIA en Washington se despachó un cable cifrado al oficial a cargo del proyecto en Guatemala, donde se le ordenaba la reducción del entrenamiento de guerrillas y la introducción de entrenamiento convencional para una fuerza de asalto anfibia y aerotransportada. Nacía así la Operación Trinidad –de vida efímera.[3] Luego Trinidad fue desechada como punto de desembarco, pero esta segunda fase de la Pluto mantuvo la perspectiva que ganaba fuerza dentro de la Agencia: liquidar la Revolución Cubana mediante un golpe único, contundente. Todo basado en un desembarco aéreo y marítimo para conquistar una cabeza de playa.
Teniendo en cuenta la decisión del ejecutivo, la Operación Pluto se preparó y aprobó para ser ejecutada con éxito sin la ayuda masiva norteamericana. El desembarco estaba inspirado en la operación anfibia más compleja de toda la guerra del Pacífico: el asalto a Iwo Jima;[4] y en la de Inchón, en Corea del Norte. No era casual entonces que al frente de la Brigada 2506 se encontrara el coronel del US Marine Corp. Jack Hawkins. El coronel fue presentado con el seudónimo de Frank a los reclutas, pronto se distinguiría por su severo sentido de la disciplina y un mal disimulado desprecio hacia los cubanos.
El Cuartel General de la Operación Pluto se ubicó en un edificio del Pentágono, en Washington. En el primer piso se hallaba la Sala de Guerra (War Room), un área restringida con su propio sistema de teletipos. Grandes mapas cubiertos de acetato sellaban las paredes. En casi todos aparecía la isla de Cuba y en no pocos un territorio particular: la Ciénaga de Zapata.

Guerra psicológica

El director de planes de la CIA (segundo en la jerarquía de esa organización), Richard Bissell, era el encargado de la estrategia para el derrocamiento del gobierno cubano. Bissell dirigió los proyectos del primer satélite espía, llegando a ser considerado pionero del reconocimiento aéreo.
Bissell estaba a cargo además de implementar un programa aprobado por el presidente Eisenhower, que consistía en una combinación de guerra psicológica y subversión interna, infiltraciones, abastecimientos de armas, explosivos y medios de comunicación. Desde oficinas ubicadas en Washington se elaboraban los planes de propaganda encaminados al ablandamiento psicológico del pueblo cubano que se desarrollaría a través de emisoras de radio, la prensa, la televisión, el cine y la literatura. También se confeccionaban volantes para lanzar sobre la isla.
Richard Bissell encargó el proyecto de operar una emisora destinada a emitir propagandas en contra del gobierno revolucionario a David A. Phillips, periodista y actor, organizador del hostigamiento radial contra el gobierno del derrocado presidente de Guatemala Jacobo Arbenz en 1954. Phillips explicó a Bisell que en Guatemala solo tomó seis semanas, pero en Cuba tomaría cerca de seis meses crear el clima psicológico apropiado para una invasión.
Phillips escogió la pequeña isla del golfo de Honduras, Swan (cisne), al sur del extremo occidental de Cuba para ubicar una estación de radio que se dedicaría a emitir propaganda e informaciones en contra de la Revolución Cubana. La isla pertenecía a los Estados Unidos. La emisora tuvo como nombre Radio Swan.
La red de Phillips llegó a controlar además las emisoras WRUL y WGBS de Miami, la WKWF de Cayo Hueso, la WWL de New Orleans y la WMIE, que todavía existe en la Florida como emisora contrarrevolucionaria y que actualmente se llama WQBA La Cubanísima.
El mayor peso de la propaganda recaía sobre Radio Swan, que tenía como objetivo crear caos y confusión en la mente del cubano común. Algunas de sus informaciones muestran de forma elocuente este objetivo:
¡Madre cubana!, escucha esto: la próxima ley del gobierno será quitarte a tus hijos desde los cinco hasta los dieciocho años.[5]¡Miliciano!, ten cuidado cuando vayas a salir: Hazlo igual que en Rusia, en grupos de tres. Si no quieres morir; pásate a las filas de la verdadera revolución.
Fidel está buscando un medio para destruir la Iglesia, pero eso no podrá ser: !Cubano!, ve a la iglesia y sigue las orientaciones del clero.
Radio Swan también comenzó a transmitir una noche de octubre de 1960 una noticia que decía:
¡Madre cubana, no te dejes quitar a tu hijo! El gobierno revolucionario te lo quitará cuando cumpla cinco años y te lo devolverá a los dieciocho, cuando esto ocurra serán monstruos materialistas.
Durante los meses siguientes la emisora radiaría una y otra vez la falsa noticia sobre la patria potestad. Era esta la primera fase de una operación de la CIA que se conocería como "Operación Peter Pan".
En Estados Unidos mientras tanto la prensa arremetía a diario contra el proceso que se desarrollaba en Cuba con afán de desacreditarlo. Los periódicos comparaban a Fidel con Hitler y Mussolini y lo calificaban de mentiroso. En Cuba los órganos de prensa, las emisoras de radio y de televisión, que no habían sido intervenidos, se sumaron mayormente a estas campañas contra Cuba y fueron intervenidos. Sobre el territorio cubano se comenzó a lanzar entonces miles de volantes que exhortaban a la gente a realizar sabotajes, quemar campos de caña, atentar contra milicianos y dirigentes, además de divulgar mentiras. Las avionetas usadas para regar esta propaganda procedían de los cayos de la Florida.

Frente Revolucionario Democrático

Para apoyar la imagen de que estas acciones estaban apoyadas y sustentadas por un segmento político de cubanos opuestos a Fidel Castro, la CIA recomendó que se creara el Frente Revolucionario Democrático (FRD). Fueron escogidos cinco personajes:
  • Manuel Antonio de Varona Loredo (Tony Varona). Político que había ocupado el cargo de presidente del senado y de primer ministro durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Se oponía a Fidel y consideraba que la solución del "problema" cubano sería un golpe de estado al estilo tradicional. Aspiraba a convertirse en presidente de la república.
  • Manuel Artime Buesa. Exoficial del Ejército Rebelde con una formación religiosa. Bajo la dirección de Humberto Sorí Marín, ministro de agricultura después de 1959 y el director de agricultura Rogelio González Corzo, Artime impulsó la labor de los llamados Comandos Rurales, integrados por jóvenes en su mayoría de la Agrupación Católica de La Habana que ayudaban a los campesinos e intentaban inculcarles la fe religiosa. Ya en territorio norteamericano, Artime organizó el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), que llegó a convertirse en la organización terrorista y contrarrevolucionaria de mayor beligerancia.
  • José Ignacio Rasco. Representante del Movimiento Demócrata Cristiano (MDC). La CIA pretendía inculcar a los religiosos que Fidel era el "anticristo" y para eso se apoyó en Rasco que tenía como sello particular de sus actos el poner a la Iglésia Católica frente a la Revolución. Cientos de miles de creyentes permanecieron sin embargo fieles a la Revolución cubana y el Papa Juan XXIII no excomulgó a Fidel Castro.
  • Aureliano Sánchez Arango. Había sido secretario de estado del gobierno de Carlos Prío. Fue el último político escogido para integrar el frente.
El 20 de junio de 1960 el Frente Revolucionario Democrático y sus dirigentes fueron presentados a la prensa. La CIA lo había organizado todo y el FDR expuso 12 puntos de un programa político que se llevaría a cabo una vez derrocado el Gobierno Revolucionario. Los "lideres" del frente viajaron por muchas ciudades promoviendo una cruzada contra Fidel.

Equipos de infiltración

Los primeros reclutamientos para la futura invasión se efectuaron en Miami. Las organizaciones contrarrevolucionarias apoyaron esta tarea. El 19 de mayo de 1960 partieron hacia la isla Ussepa los primeros agentes reclutados.
El 13 de febrero de 1961 llegaba a Cuba en un avión comercial, el agente de la CIA Manuel Reyes García. Tenia la misión de contactar a los jefes de la contrarrevolución interna. Al día siguiente se infiltró por la zona de Arcos de Canasí, entre La Habana y Matanzas, un grupo conformado por Felix Rodríguez Mendigutía, Segundo Borges, José González Castro, Javier Souto y Edgar Sopo. Traían equipos de comunicación, explosivos y armamentos.
Otros grupos se infiltraron posteriormente y trataron de cumplir las misiones para las que habían sido entrenados: contactar con las organizaciones contrarrevolucionarias, establecer y garantizar comunicaciones con el Cuartel General, localizar zonas para el lanzamiento de armas, entrenar grupos en el manejo de armas y explosivos y participar en la realización de acciones importantes.
De 35 agentes infiltrados antes de la invasión, 20 fueron capturados por la Seguridad Cubana, dos de ellos pudieron escapar posteriormente. Ante este fracaso la CIA determinó abandonar la idea inicial de destruir a la Revolución Cubana mediante la guerra de guerrillas. Esta estrategia no sería desechada, pero ya no formaba parte del proyecto de invadir la isla.

La invasión

El 7 de octubre de 1960 el canciller cubano Raúl Roa denunciaba en la ONU los preparativos de una invasión a Cuba.
"[...] desde fines de agosto y principios de septiembre se ha venido concentrando tropas y barcazas del ejército de Guatemala en la costa Atlántica del país. En la finca Helvetia, ubicada en el municipio de El Palmar, colindante con los departamentos de Retalhuleu y Quetzaltenango, zona occidental del país, adquirida recientemente por Roberto Alejos, hermano del embajador de Guatemala en Estados Unidos, Carlos Alejos y miembros de la familia de premunidos de la corte palaciega, están recibiendo entrenamiento especial numerosos exiliados y aventureros, bajo el mando de militares norteamericanos. El número total de extranjeros asciende a 185, de los cuales 45 son norteamericanos. En la citada finca se ha construido una pista de aterrizaje de concreto, con hangares subterráneos y se está construyendo una carretera hacia la costa del Pacífico. Se han instalado aparatos de detección. Las vías de acceso a la finca Helvetia están controladas por soldados del ejército guatemalteco. A los elementos extranjeros no se les permite relacionarse con la población local [...]
A solo tres semanas de la denuncia del canciller Roa, la seguridad cubana recibió un cable procedente de México en el que se expresaba que: "Nuestros amigos en Guatemala nos informan del traslado de 6 000 hombres de la finca Helvetia a Nicaragua". La desinformación salta a la vista ya que no se había producido ningún movimiento y los efectivos de la Brigada eran inferiores en número.
No sería hasta el 14 de marzo de 1961 que la CIA y el Pentágono seleccionarían a Bahía de Cochinos como punto de desembarco. Debido a anteriores maniobras de distracción que mencionaban este punto, el resultado fue que sin proponérselo la Agencia acababa de ejecutar una brillante operación de desinformación.

Acciones previas al desembarco

El 5 de febrero de 1961 una bomba había estallado en la ciudad de Bayamo cuando un obrero la había encontrado, hiriéndolo de gravedad y ocasionándoles heridas a cinco niños. Ese mismo día un avión lanzaba propaganda sobre La Habana.
El 7 de febrero explota un auto en La Habana, el 13 es detenido un contrarrevolucionario cuando se disponía a colocar una bomba y el 14 son detenidos 14 integrantes del MRR. El 19 de febrero un avión dejaba caer miles de volantes sobre barrios habaneros.
El 28 de febrero el miliciano de 14 años Pedro Morejón es asesinado por la espalda por un grupo de contrarrevolucionarios. El 6 de marzo es asesinado otro miliciano y quemado el almacén que vigilaba. El 14 de marzo una embarcación artillada abría fuego de ametralladoras y cañones contra la refinería de Santiago de Cuba.
Uno de los golpes más duros propinados a la CIA en Cuba ocurrió el 18 de marzo con la detención de varios de sus agentes más importantes. Ese día fueron apresados en una casa del reparto Miramar 11 contrarrevolucionarios entre ellos el organizador del clandestinaje en la Isla y máximo representante del MRR, Rogelio González Corzo, quien bajo el seudónimo de Francisco aparecía una y otra vez en cientos de informes de la Seguridad cubana. Esa noche fueron apresados otros dos contrarrevolucionarios.
El 13 de abril de 1961 es incendiada la tienda por departamentos más grande de Cuba, “El Encanto”, ubicada en La Habana. La tienda quedó destruida totalmente y en este acto terrorista murió la empleada Fe del Valle y resultaron lesionadas 18 personas. Las pérdidas materiales se valoraron en 20 millones de dólares. La acción fue ejecutada por un integrante del grupo terrorista conocido por las siglas MRP.

Bombardeos a aeropuertos cubanos

El 15 de abril de 1961 aviones de guerra atacaron simultáneamente la base aérea de San Antonio de los Baños, la pista de Ciudad Libertad y el actual Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, lo que sería el preludio de los sucesos acaecidos dos días después. La acción perseguía como objetivos, además de provocar miedo y confusión, destruir en tierra la escasa y anticuada fuerza aérea cubana, para asegurar la impunidad de otras incursiones enemigas por vía terrestre.
Ese día ocho bombarderos B-26 alzaban vuelo desde Puerto Cabezas (Happy Valley) en Nicaragua. Al aproximarse a Cuba tomaron tres rumbos diferentes: la escuadrilla Puma, integrada por tres aviones atacó el aeródromo de Ciudad Libertad. Linda, con tres bombarderos también, se dirigió a Santiago de los Baños y la formación Gorila atacaría el aeropuerto de Santiago de Cuba. Los aviones iban camuflados con las insignias de la fuerza aérea cubana. Uno de esos aparatos aterrizaría en Miami y daría la versión pública de deserción y rebeldía de los pilotos de la Fuerza Aérea Cubana.
De aquellos B-26, solo cinco pudieron regresar a Nicaragua. Uno fue derribado por las fuerzas revolucionarias; otro fue «tocado» por la artillería rebelde y se vio obligado a aterrizar en Cayo Hueso, mientras que un tercero, tuvo que aterrizar de emergencia en la isla Gran Caimán.
El ataque ocurrió de forma simultanea minutos antes de las seis de la mañana. La escuadra que atacó Ciudad Libertad encontró un fuego antiaéreo tan nutrido que algunos pilotos descargaron sus ametralladores en áreas cercanas a la base, matando a siete personas, entre ellas el miliciano Eduardo García Delgado, quien antes de morir, escribió con su sangre el nombre de Fidel. Otros 53 vecinos de la zona resultaron heridos.
En el sepelio de las víctimas del bombardeo del 15 de abril, Fidel proclamó que: "esta Revolución Socialista la defenderíamos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores".
En documentos desclasificados por la CIA se señala:
"Los informes iniciales de los pilotos indicaron que el 50% de la capacidad aérea de Castro quedó destruida en Ciudad Libertad, de un 75% a un 80% en San Antonio de los Baños, y la destrucción en Santiago de Cuba incluyó dos B-26, un DC-3, un Lodestar, y un T-33 o Sea Fury. Los estudios de las fotografías aéreas y las interpretaciones posteriores indicaron que los daños fueron mucho menores".
Se autorizó un segundo ataque aéreo sobre la base de San Antonio de los Baños el lunes 17 (Día-D). Cinco B-26 habían despegado en la noche pero regresaron sin causar daño alguno a sus objetivos.

Batalla en la ONU

En la mañana del 15 de abril de 1961 Frederik H. Boland, presidente de turno de la sesión en Naciones Unidas dio las palabra a Raúl Roa, representante de Cuba, para una cuestión de orden. Según las normas establecidas, no sería hasta el 17 de abril que Cuba tendría la palabra para discutir una denuncia sobre las últimas agresiones de Estados Unidos a la Isla.
Pero mientras los delegados estadounidenses quedaban perplejos, Roa denunció los bombardeos a los aeropuertos cubanos por parte de aviones norteamericanos procedentes de ese país o de países centroamericanos lacayos de este. El presidente de la Asamblea General advirtió al representante cubano que el punto que tocaba no era una cuestión de orden, sino de fondo y que por tanto no podía hacerlo de esa forma. Roa le dio las gracias y agregó que no le era posible retirarse sin acusar al gobierno imperialista de Estados Unidos y los hechos que "ponen en riesgo la paz y la seguridad internacionales". Ante un nuevo llamado de atención, Roa exclamó: "Ya lo he dicho y me retiro".
Inmediatamente y a propuesta del representante de la URSS se solicitó al presidente de la Primera Comisión una reunión urgente que fue aprobada para las tres de la tarde de ese día.
En la reunión y como respuesta a las acusaciones de Roa, el representante de Estados Unidos, Adlai Stevenson pidió la palabra y mostró fotos y declaraciones que según el probaban que los bombardeos habían sido obra de pilotos dela Fuerza Aérea cubana descontentos con su gobierno. Stevenson leyó sin saber que todo era una burda farsa elaborada para ocultar la participación de su gobierno en los bombardeos. El representante de Guatemalanegó luego que su país se hubiera prestado para entrenar fuerzas mercenarias contra Cuba.
Mientras tanto en La Habana en la despedida del duelo de las victimas del bombardeo Fidel Castro retaba a cualquiera a mostrar los pilotos "desertores".
El 17 de abril se reanudan los debates en la ONU donde Roa hace recuento del número de veces que Cuba denunciaba las agresiones por parte de Estados Unidos. En las siguientes sesiones numerosos países apoyan la causa cubana lo que lleva a expresar al representante de Estados Unidos a su gobierno su incómoda posición en los debates.

La batalla

Mercenarios detenidos en Playa Girón
Mercenarios detenidos en Playa Girón
Museo de Playa Girón en Matanzas
Museo de Playa Girón enMatanzas
En la madrugada del 17 de abril, el miliciano José Ramón González Suco comunicó desde Playa Larga que se observaban luces y movimientos en el mar. El batallón 339 de Cienfuegos fue enviado a la zona y chocó con la compañía E de los mercenarios entablándose combate de inmediato.
El pueblo cubano superó el imperativo de derrotar en menos de tres días a los mercenarios, y con la dirección de Fidel Castro, liquidó en sólo 66 horas de lucha a los invasores, que se rindieron en las arenas de Playa Girón al atardecer del 19 de abril de 1961.
Fidel redacta el Comunicado No. 4, y de inmediato se da a conocer: “Fuerzas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias tomaron por asalto las últimas posiciones que las fuerzas mercenarias invasoras habían ocupado en el territorio nacional.
Playa Girón que fue el último punto de los mercenarios, cayó a las cinco y treinta de la tarde.

La revolución ha salido victoriosa, aunque pagado un saldo elevado de vidas valiosas de combatientes revolucionarios que se enfrentaron a los invasores y los atacaron incesantemente sin un solo minuto de tregua, destruyendo así en menos de setenta y dos horas al ejército que organizó durante muchos meses el gobierno imperialista de los Estados Unidos.
Más de 150 combatientes revolucionarios murieron, y varios civiles fueron asesinados por la aviación de los invasores. Más de 1 200 prisioneros fueron entregados después a sus amos yanquis, que reconocieron serlo al entregar a cambio de ellos medicinas y alimentos para niños de Cuba.

Día 15 de abril

Alrededor de las seis de la mañana del día 15 de abril, ocho bombarderos norteamericanos B-26, provenientes de su base en Puerto CabezasNicaragua, realizan un ataque sorpresivo contra los aeródromos de Ciudad LibertadSan Antonio de los Baños y Santiago de Cuba.
Valiéndose, como es su costumbre, de procedimientos arteros, disfrazan los aviones con insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria de Cuba, para dar la impresión de que se producía una rebelión interna en la isla. El objetivo principal del ataque a los aeropuertos, era el de destruir en tierra la modesta fuerza aérea cubana, para impedir que fuera utilizada cuando se produjera la invasión. Pero no lograron su propósito. La artillería cubana, aunque todavía falta de experiencia, repelió el ataque y derribó uno de los aparatos enemigos, resultando muertos sus dos tripulantes. Las bajas de la parte cubana fueron 53 heridos y 7 muertos. Uno de éstos, un joven combatiente, expresó la decisión de lucha del pueblo revolucionario al escribir con su propia sangre, en la pared junto a la que cayó, el nombre de «Fidel»
Las aeronaves afectadas por el criminal ataque fueron un C-46, de transporte, y un T-33, ambas de la base aérea de San Antonio de los Baños, en Santiago de Cuba un B-26, que no llegaron a destruir, y el avión ejecutivo en que se movía el entonces Comandante y Ministro de las FARRaúl Castro Ruz.

Día 16 de abril

Al día siguiente, 16 de abril, al despedir el duelo de las víctimas del bombardeo, y ante una inmensa concentración de milicianos armados, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz proclamó el carácter socialista de la Revolución y declaró el estado de alerta, comprendiendo que la acción del día 15 era el preludio de la invasión. Así, los hombres que enfrentarían al enemigo horas después, combatirían ya conscientemente por el socialismo.

Día 17 de abril

En la madrugada del día 17 de abril se produjo la invasión mercenaria, nominada por sus organizadores «Operación Pluto». Integraban el contingente invasor —Brigada 2506—, un total de 1 500 hombres, que habían salido de Puerto Cabezas a bordo de cinco buques de guerra de Estados Unidos y escoltados por otras unidades navales, también norteamericanas. Desembarcan por dos puntos de Bahía de Cochinos (Playa Girón y Playa Larga), territorio de la costa sur de Las Villas, con el propósito de establecer una cabeza de playa y constituir un gobierno provisional contrarrevolucionario que solicitaría y obtendría de inmediato la intervención de los Estados Unidos. El lugar fue bien escogido. Era una faja de terreno separada de tierra firme por una ciénaga de diez kilómetros de largo, la Ciénaga de Zapata. Sólo tres terraplenes —construidos por la Revolución— comunicaban esa zona con las localidades aledañas, y los invasores consideraron que resultaba fácil impedir la entrada de las fuerzas cubanas por esos tres accesos. Además, la Brigada estaba bien organizada, perfectamente armada y pertrechada y gozaba de todo el apoyo necesario.
Zona por donde ocurre el desembarco.
Zona por donde ocurre el desembarco.
Pero el gobierno yanqui y los mercenarios no tuvieron en cuenta dos factores: la unidad indisoluble entre el pueblo y su Revolución, y la capacidad estratégica y táctica de Fidel y de la dirección revolucionaria. El pueblo sabía que los invasores representaban un pasado funesto, el imperio de la oligarquía explotadora y de los monopolios imperialistas, que la Revolución había desterrado. Escoltaban a los mercenarios las mismas fuerzas que habían frustrado a finales del siglo XIX la independencia nacional e impuesto a Cuba un régimen de opresión y esquilmación del pueblo.
Una simple ojeada a la composición de la brigada mercenaria mostraba sus objetivos de restauración oligárquica. En ella se encontraban: 194 ex militares y esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar, 100 latifundistas, 24 grandes propietarios, 67 casatenientes, 112 grandes comerciantes, 35 magnates industriales, 179 personas de posición acomodada, 112 elementos del lumpen y de otros estratos sociales. Muchos de ellos eran hijos y familiares de elementos acaudalados que habían perdido sus propiedades y privilegios. El pueblo combatiente de Cuba tenía, pues, la fuerza que da la defensa de una causa justa: la emancipación nacional y social recién conquistada.
Por otra parte, la sabiduría y la experiencia del mando revolucionario, demostrada desde los años de la insurrección armada, garantizó la unidad y la preparación del pueblo para ese enfrentamiento. Rápidamente se movilizaron los batallones de milicias de CienfuegosMatanzas y La Habana; la Escuela Nacional de Responsables de Milicias y la proveniente de Matanzas, un batallón de la Policía Nacional Revolucionaria y las baterías artilleras delEjército Rebelde, todos bajo el mando del Comandante en Jefe Fidel Castro. Al mismo tiempo, se pusieron en ejecución los planes para la defensa de todo el territorio nacional, y se efectuó la detención inmediata de unos tres mil elementos desafectos a la Revolución, con los que la CIA contaba para prestar un apoyo decisivo a la invasión mercenaria. Ya un mes antes, los batallones de milicias habían asestado un golpe demoledor a las bandas armadas en el Escambray, desarticulando también en ese punto los planes de la inteligencia norteamericana.
Las fuerzas revolucionarias enfrentaron con heroísmo a la brigada mercenaria, a sus unidades navales, tanques y aviones, empuñando las armas que tan oportunamente acababan de llegar de la Unión Soviética yChecoslovaquia y en menos de 72 horas, el enemigo fue derrotado, con un saldo de 89 muertos, 250 heridos y 1 197 prisioneros.

Día 18 de abril

El 18 de abril se inicia la contraofensiva, con el empleo masivo de artillería adquirida en la Unión Soviética y Checoslovaquia. Las maltrechas tropas de la Brigada que controlan las dos carreteras de acceso a Playa Girón son obligadas a retroceder hasta la zona de San Blas; en Playa Larga las tropas asaltantes, ante su difícil situación por la falta de municiones, deciden abandonar sus posiciones y dirigirse a Playa Girón para unirse a los otros miembros de la brigada. El ejército cubano se hace con el control de Playa Larga.
Ese mismo día en horas de la tarde, a la altura de Punta Perdiz, el Batallón 123 de las milicias revolucionarias que se trasladaba en ómnibus con el objetivo de tomar Playa Girón, fue atacado con cohetes, ametralladoras y bombas de napalm[6] por una escuadrilla de B - 26 que les causó grandes bajas.

Día 19 de abril

Era el 19 de abril de 1961. Las bajas cubanas fueron cientos de heridos y 157 muertos, que Cuba recuerda como «Héroes eternos de la Patria». Cinco días después, el presidente norteamericano, John F. Kennedy, admitió públicamente la plena responsabilidad del gobierno de los Estados Unidos por la invasión a Cuba.

Juicio revolucionario

Más de un millar de mercenarios, capturados durante las tres jornadas de combates y en los días posteriores, tuvieron que enfrentar el peso de la justicia revolucionaria en un juicio sumarísimo celebrado entre el 24 de marzo y el 4 de abril de 1962.
Para algunos hoy puede parecer dilatado el proceso, pero precisamente la demora estaba justificada por el hecho de haber tomado declaración a todos y cada uno de los encartados para deslindar la participación individual y cumplir al pie de la letra todas las garantías procesales.
Juicio sumarísimo celebrado entre el 24 de marzo y el 4 de abril de 1962.
Juicio sumarísimo celebrado entre el 24 de marzo y el 4 de abril de1962.
En el proceso, que tuvo como sede al habanero Castillo del Príncipe, se pusieron al descubierto los detalles de la artera agresión, planificada, financiada y organizada por el gobierno de Estados Unidos desde mayo de 1960.
Casi al año exacto de la invasión, el 7 de abril de 1962, el Tribunal presidido por el Comandante Augusto Martínez Sánchez, dictó sentencia por el delito de Traición contra los mercenarios capturados, a quienes se les condenó a pagar altas indemnizaciones y como subsidiarias a penas de hasta 30 años de cárcel "con trabajo físico obligatorio hasta que sea satisfecha la indemnización".
Mercenarios capturados por las tropas cubanas durante la batalla.
Mercenarios capturados por las tropas cubanas durante la batalla.
Los mercenarios capturados en Playa Girón y sus alrededores, al ser sancionados legalmente por ese delito, también perdieron la ciudadanía cubana. Los tres principales cabecillas de la Brigada 2506, José Alfredo Pérez San Román, Erneido Andrés Oliva González y Manuel Artime Buesa, fueron condenados a pagar al país cada uno medio millón de dólares.
Los demás mercenarios fueron sancionados a pagar 100 mil, 50 mil y 25 mil dólares, de acuerdo con la responsabilidad que tuvieron en la frustrada invasión. La suma total de la sanción impuesta a los mil 181 mercenarios juzgados ascendió a 62 millones 300 mil dólares.
Desde mayo de 1961, apenas unas semanas después de la agresión, Fidel Castro Ruz había expresado la disposición a devolver a Estados Unidos a todos los prisioneros, a cambio de que Washington accediera a indemnizar materialmente a la isla mediante la entrega de "500 buldóceres que necesitamos para el desarrollo de la agricultura". Tres días después, el 20 de mayo, quedó constituido el Comité de Prisioneros que viajaría a Estados Unidos para gestionar la libertad de los integrantes de la Brigada.
El gobierno de John F. Kennedy no quiso participar, de manera oficial, en este proceso, por lo que el asunto quedo en manos de la iniciativa privada que se agrupó en el llamado Comité Roosevelt el cual, a pesar de sus buenos deseos, no pudo dar una rápida solución al problema.
Cuando ya se había dictado sentencia contra los implicados en la Causa 111 de 1961, en junio de 1962, el Fiscal General de Estados Unidos, Robert Kennedy, incorporó a las negociaciones de la Comisión de Familiares de Prisioneros al abogado James Donovan, quien por cierto regaló a Fidel un traje de buzo envenenado por la CIA, pero eso es otra historia. Las negociaciones fueron interrumpidas durante la Crisis de Octubre pero se reanudaron el 18 de diciembre, firmándose los acuerdos el día 21. Ese convenio comprometía a Washington a pagar, en un término de seis meses, los 62 millones 300 mil dólares en medicinas y alimentos para niños mientras que Cubadejaría en libertad a los prisioneros quienes comenzaron a salir de inmediato para Estados Unidos.
Los primeros dos millones de dólares correspondientes a ese pago se destinaron a comprar en Canadá 50 incubadoras para mejorar la genética avícola. Al final, la Casa Blanca no completó su compromiso, pues dejó de pagar dos millones de dólares, aunque, como dijo Fidel, "tuvieron que aceptar el pago de la indemnización y por primera vez (…) en su historia el imperialismo pagó una indemnización de guerra".
Los resultados de esa negociación, más allá del innegable beneficio económico, convirtieron a un alimento para niños en un símbolo ético de la victoria militar e ideológica, porque cambiamos a los mercenarios por compotas.
Por su composición social más de 100 fueron latifundistas, 194 ex militares de la tiranía batistiana -varios juzgados aparte pues habían cometidos crímenes-, 112 comerciantes, 67 casatenientes, 89 altos funcionarios de empresas, 415 de las capas medas y 112 lumpens con antecedentes penales.

Documentos desclasificados

Peter Kornbluh, al frente del departamento Cuba del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, revela en agosto de 2011 que el esfuerzo legal para develar la historia oficial de la CIA en Playa Girón es muy difícil.
A principios de 1996, cuando se acercaba el 35 º aniversario de la tristemente célebre invasión de la CIA a Cuba, se presentó una solicitud a la Freedom of Information Act (FOIA) para obtener nuevos documentos secretos de laGuerra Fría. El informe altamente secreto echó la culpa de la fallida misión a la mala gestión de la CIA, la incompetencia, la arrogancia y el engaño.
Documentos divulgados en 2011 revelan como un operador de la CIA disparó por error contra sus propios pilotos durante la invasión por Playa Girón en 1961.[7] Los aviones B-26 tripulados por cubanos entrenados en EE.UU., fueron disfrazados para que parecieran naves militares de Cuba, pero el engaño funcionó demasiado bien. El operador, Grayston Lynch, recordó haber disparado a los aviones desde su buque de desembarco cerca de la costa cubana.
Se reveló además que las autoridades estadounidenses autorizaron el uso de napalm contra blancos militares y para proteger el área destinada al desembarco de la invasión a Bahía de Cochinos. En un principio, las autoridades titubearon sobre el uso del napalm porque “causaría preocupación e indignación en el público”, indicó uno de los expedientes. Pero al segundo día de combate, esa idea había sido echada por la borda “a favor de cualquier cosa que pudiera revertir la situación en Cuba a favor de las fuerzas de la brigada” mercenaria.

Referencias

  1.  Villares, Ricardo. Victoria de Girón 10 años después. Bohemia, 16 de abril de 1971.
  2.  Fernández Vila, Ángel. ¿Por qué la invasión por la Ciénaga? En Granma Internacional. Consultado el 14 de abril de 2012.
  3. ↑ 3,0 3,1 Operación Pluto, una aventura imperialista. Disponible en www.enlace.cu. Consultado el 13 de abril de 2012.
  4.  Menchaca, Raul. Pluto juega a la guerra. Disponible en www.radioreloj.cu. Consultado el 13 de abril de 2012.
  5.  Torreira Crespo, Ramón. Operación Peter Pan/Ramón Torreira Crespo, José Buajasán Marrawi. Editora Política 2000. La Habana, pp-90. ISBN 959010388X
  6.  Vicepresidente cubano denunció hace años uso de napalm en Girón. Disponible en Cubadebate. Consultado el 17 de agosto de 2011
  7.  «Top secret CIA 'official history' of the Bay of Pigs: Revelations» Disponibles (en inglés) en The National Security Archive. Consultado el 17 de julio de 2011.

Fuentes