viernes, 7 de octubre de 2016

EE.UU.: Presos políticos

“Soy un revolucionario y un optimista”, dice ex Pantera Negra

Jalal Muntaqim lleva 45 años como preso político vagando por las cárceles de los Estados Unidos, afirma: “Ellos no me quebraran, un día seré libre nuevamente”.

por Breno Altman

Nueva York, especial para Opera Mundi* 
Jalil tiene 64 años y es uno de los más longevos presos políticos de la historia mundial - Créditos: Reproducción/Opera Mundi
Jalil tiene 64 años y es uno de los más longevos presos políticos de la historia mundial / Reproducción/Opera Mundi
La penitenciaría de Attica, construida al noroeste del estado de Nueva York, a 570 kilómetros de la capital, entre las ciudades de Buffalo y Rochester, quedó famosa por una sangrienta rebelión, en septiembre de 1971.

Los detenidos tomaron el establecimiento y 42 funcionarios quedaron rehenes. La policía estadual, sobre el comando del gobernador Nelson Rockefeller, invadió el predio, actuando sin piedad.

Cuando la batalla terminó, los cuerpos de 33 prisioneros y 10 carceleros se extendían por los patios y las celdas, además de incontables heridos.
La revuelta había sido provocada por el asesinato del militante negro George Jackson, encarcelado en San Quintin, California, dos semanas antes. Una seguidilla de levantes penitenciarios sirvió de respuesta a la brutalidad policial.
Sus muros grises, levantados en los años 30 del siglo pasado, a partir de entonces pasaron a proteger a uno de los más seguros y vigilados núcleos carcelarios del país.

Pasaron por sus instalaciones innumerables asesinos seriales, jefes mafiosos y notorios criminales, a ejemplo de Mark Champman, condenado por el homicidio de John Lennon.

Attica continuó siendo a lo largo del tiempo en uno de los destinos de los principales activistas vinculados a los Panteras Negras y otras organizaciones revolucionarias.

Actualmente allí esta encerrado uno de estos militantes: Anthony Bottom, rebautizado Jalal Muntaqim cuando se convirtió al islamismo, a inicios de los años 70.

El anuncio de su nombre provoca risas tensas, aunque mudos, entre los funcionarios penitenciarios. El oficial que conduce al periodista para el interior del presidio, sin embargo, no contiene su bilis. “Vino a entrevistar a asesino de policías?”, pregunta gentilmente. “Cuidado, el tipo parece buena gente, pero es muy peligroso”.

El resto de la caminata, hasta un amplio salón de visitas, fue cubierto por el silencio, quebrado apenas por instrucciones sobre como funciona la entrevista y algunos comentarios sobre la organización de la prisión.
Muntaqim apareció dos horas después. El encuentro se había atrasado, como era de esperar, por cuenta de una breve rebelión en el ala donde cumple pena.
Vestido con blusa polo y gorro blanco, pantalón verde musgo, si siquiera su barba gris revela sus 64 años, escondido por permanentes ejercicios físicos y una gran sonrisa que aparta las ideas de sufrimiento.
Pero los registros son implacables: está recluso desde los 19 años, hace casi medio siglo, chocando a Mandela y otros legendarios sentenciados. El único correligionario con más tiempo en la cárcel es Romaine “Chip” Fitzgerald, viviendo en calabozos desde septiembre de 1969.
Bisabuelo

“Cuando fui preso, mi novia estaba embarazada de tres meses y hoy soy bisabuelo”, recuerda de forma alegre, más como un hecho que como un lamento.
Pasó por toas las penitenciarias estatales de seguridad máxima, además de pasar algún tiempo en la cárcel de California.
Respondió a cuatro procesos y sufrió dos condenas, una de ellas ya vencida.
El caso mas grave fue la acusación de haber matado a dos policías neoyorquinos durante un tiroteo, em mayo de 1971, en la compañía de Albert Washington, ya fallecido, y Herman Bell, también encarcelado desde aquella época.
Recibió, en la primera instancia, sentencia de prisión perpetua, pero con el derecho de pedir libertad condicional después de 25 años.
Terminó teniendo que esperar más de de 30 años por la oportunidad de este beneficio, por haber sido transferido para San Francisco en razón de un proceso que terminó, tras casi cinco años, con un acuerdo sin cumplimientos de pena.
Podría estar en la calle desde el 2002, pero por ocho veces su pedido de libertad condicional fue negado. Siempre que es marcada una audiencia para analizar su progresión de pena, la asociación de los policías se moviliza contra, recluta familiares de las victimas y convoca el apoyo de la prensa más conservadora, sumándose a la fiscalía y a la dirección del sistema penitenciario.

“El Estado es vengativo”, afirmó Muntaqim. “El objetivo es demostrar que cualquier acto de rebelión, sus denuncias, sin embargo, van más allá. En los Estados Unidos, será derrotado y jamás olvidado”.

Sus denuncias, sin embargo, van más allá. No se trataría sólo de la interdicción a eventuales beneficios, sino de una trama conducida desde su prisión.
El principal testigo de la acusación, un militante de los Panteras Negras llamado Ruben Scott, habría incriminado Muntaqim y sus compañeros después de intensas torturas. Cerrando el juicio en primer instancia, reconoció esa circunstancias. Aún así, su declaración fue revalidado y negado el pedido de nuevo juzgamiento.
Declaraciones de otras tres personas, según la defensa de los reos, también habrían sido arrancados sob presión.
Peritos balísticos del FBI determinaron que las armas con la cual Muntaqim fue preso, en San Francisco, no era la que había sido supuestamente usada en la muerte por la que fue acusado. Ese parecer fue substituido por otro, de la policía neoyorquina, ofreciendo conclusión opuesta, y desapareció de las providencias durante la apelación.

Bastidores

Grabaciones actualmente alojadas en los archivos de la biblioteca de Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos entre 1968 y 1974, revelan un poco de los bastidores de aquel momento.
Entre las cintas gravadas, se cuenta el registro de reuniones en la Casa Blanca, cinco días después de los homicidios en Nueva York, en el cual el caso fue apodado de NEWKILL. Estaban presentes el director del FBI, J. Edgar Hoover, y el mandatario norteamericano, acompañado por asesores de seguridad nacional.
El presidente ordenó, entonces, que la policía federal se encargue de solucionar el crimen, a pesar de su carácter local. Muchos sospechan que la orientación trazada haya sido aprovechar el episodio, como otra en el mismo período, para golpear a los Panteras Negras y llevar sus militantes a la prisión.

Así comenzó la saga carcelaria de Jalal Muntaquim.

Nacido en Oakland, California, venia de una familia de clase media. Su padre era programador de computadoras. La madre, secretaria, participaba de movimientos por los derechos civiles y seguia el pacifismo de Martin Luther King Jr.
“Mi padres eran adeptos a la no violencia y criticaban a los grupos más radicales”, recorda con humor. “Los viejos hacían parte de la burguesía nacionalista negra”.
Esta condición social le permitió acceder a una buena educación. Completó el curso primario con honores, ganando beca para una escuela secundaria bastante conceptuada en el enseñanza de matemática y ciencia.
Uno de sus monitores fue John Carlos, el campeón de los 200 metros en los Juegos Olímpicos de México, en 1968, cuya foto con el puño regido, junto a su colega Tommy Smith, se transformaría en una imagen legendaria de la resistencia antirracista.

A los diez y ocho años, ya vinculado en la lucha por los derechos civiles, ingresó a la facultad de ingeniería de la Universidad Estadual de San José.
Se transformó en uno de los portavoces de la Union de los Estudiantes Negros y también se dedicó al trabajo social en comunidades pobres.
Sus ideas serían estremecidas, como las de muchos jóvenes de su generación, el día 4 de abril de 1968, cuando Luther King fue víctima de un disparo mortal, en Memphis, en Tennessee.

“Perdí cualquier esperanza que los negros pudiesen luchar sin apelar a la autodefensa, sin responder a la violencia policial y de los grupos racistas”, recuerda. “Aún no tenia 17 años, pero decidí inscribirme en los Panteras Negras, para el disgusto de mi madre”.

Muntaqim, la verdad, iría más allá. Apenas un adolescente, aceptó participar del brazo armado de la organización, que más tarde sería conocido como Ejercito Negro de Liberación.

“Nuestro papel era hacer la seguridad de las sedes partidarias, combatir traficantes en los barrios negros, enfrentar a la policía y obtener recursos financieros a través de expropiaciones bancarias”, esclareció, con gestos marcados y voz pausada, tomando cuidado con sus palabras. “Había una guerra en curso y teníamos derecho de actuar con los mismo recursos de nuestros enemigos”.

Prisión

Los tiempos de libertad terminaron el 28 de agosto de 1971, al ser detenido por la tentativa de homicidio contra un policía de San Francisco, en un enfrentamiento típico de escalada represiva que tenia en la mira a los Panteras.
Preso con Washington y Bell, los tres rápidamente se tornaron la elección preferida, a los ojos del FBI y de la policía de Nueva York, para responsabilizar sobre el crimen ocurrido, tres meses antes, en la gran ciudad del este.
Casi cuatro décadas pasaron.

Habiendo atravesado en cautiverio más de doble de su vida en las calles, Muntaqim se formó en psicología y sociología, antes que fuese cortado el programa de enseñanza universitaria para condenados a prisión perpetua.
También escribió novelas, ensayos y poemas, algunos de ellos reunidos en el libro “Escaping the prism, fade to black”, lanzado en agosto del 2015.
Más que nada, se dedicó a luchar por los derechos de los presos, dentro y fuera de las cárceles donde era enviado. Recibió innumerables puniciones, generalmente largos períodos en confinamiento solitario.

Con sus cartas y manifiestos, se tornó el principal promotor del movimiento de solidaridad con los presos políticos en la sociedad norteamericana. Un apelo firmado por Muntaqim llevó alMovimiento Jericó, en 1998, cuando millares de activistas protestaron, delante de la Casa Blanca, contra esa herencia maldita de los años rebeldes.

“Yo me empeñé en construir un existencia dentro de la prisión, manteniéndome políticamente activo, como fuese posible”, afirma. “La prisión te hace descubrir flaquezas y conocer lo mejor del enemigo. Se aprende a sobrevivir en las peores situaciones, a ser paciente y determinado”.

Muntaqim tiene el costumbre de recibir la visita de su hija, sus dos nietos y de los bisnietos, además de amigos y correligionarios. Pero jamás tuvo en sus manos un celular, navegó en internet o interaccionó en las redes sociales.

“Soy un dinosaurio”, reconoce, un poco desanimado. “Hace décadas acompaño las novedades por el cuaderno de tecnología del New York Times. Pude apostar: conozco la teoría de los principales inventores, hasta de aquellos que aún no están en el mercado”.

La entrevista va llegando al final.
Dos últimas preguntas.

Una es cuál es la primera cosa que te gustaría hacer si volviese a la calle.
“Pasear con mi hija, nietos y bisnietos”, responde sin titubear. “Después, pasar unos días con una bella mujer. Encontrar un gran amor, retomar trincheras de lucha contra la pobreza y la opresión”.

La segunda cuestión es si tienes esperanza de ser liberado.
“Soy un revolucionario y un optimista”, responde con una gran sonrisa. “Ellos no me quebraran, un día seré libre nuevamente”.

EE.UU., ¿sin rumbo no catastr

Escrito por John Saxe-Fernández - El Clarín de Chile

La militarización por el desplome hegemónico hace patente la incapacidad del sistema político de EU para lidiar con los mayores retos existenciales (antropogénicos) que jamás haya enfrentado la biota global y la humanidad: el riesgo de guerra nuclear y el asomo en el horizonte de un calentamiento global (CG) catastrófico. El epicentro del capitalismo monopólico, financiarizado, fosilizado y en creciente belicismo está bajo impacto de la gran recesión. El Partido Republicano, con su negación del CG y embate a toda política hacia un patrón energético no fósil, representa un peligro para la vida en el planeta, mientras la continuidad de la diplomacia de fuerza Bush/Obama adoptada por la demócrata Clinton contra Rusia, China y la periferia progresista/nacionalista del tercer mundo azuza una guerra catastrófica.

A nadie escapa el peso de la gran recesión que estalló en 2007/2008: el estancamiento europeo y la recuperación de Estados Unidos, manejada con estadísticas laborales a modo que suavizan la percepción de la realidad y conducen a errores de cálculo, por el peso electoral del desempleo crónico. Prabhat Patnail, con datos oficiales, lo estima en 10.6 por ciento (MR, enero/2016/, p13). La caída de los precios del petróleo que alentó la demanda de consumidores dio la sensación de recuperación, pero no se acompañó de aumentos en la inversión. Con tasas de interés cercanas a cero, Patnaik advierte que tenemos una situación semejante a la de finales de los años 30, anterior a la vigorosa campaña de rearme, cuando la utilización de la capacidad instalada mejoró en el sector de bienes de consumo sin mucha recuperación en el sector de bienes de capital (ibid).

La persistencia de la gran recesión acentúa la dinámica del poderoso complejo bélico industrial de Estados Unidos y con ello el agravamiento de la actual guerra fría, más peligrosa que la iniciada en 1946 y ante fuerzas semejantes a las que antecedieron a la Segunda Guerra Mundial, pero hoy con alto riesgo de que la unilateralidad bélica de Estados Unidos desemboque en guerra nuclear. Es en este venenoso y riesgoso caldo que los tambores de guerra de Clinton demonizando a Putin, Rusia, China, junto a su previa actuación en el Senado y el Departamento de Estado a favor de guerras de agresión (Afganistán, Irak), desprecio al derecho internacional (Libia) y a la Corte Penal Internacional, son inadmisibles, mientras el negacionismo climático de Trump se profundiza sin control, para beneplácito del acaudalado cabildo fósil.

Los medios masivos de comunicación marginan al calentamiento global en curso mientras, como si viviéramos en un estado de excepción, prevalece un apagón informativo sobre maniobras de guerra nuclear, algo extraordinario, máxime en tiempos electorales. No hay debate, sino propaganda y agresivos ejercicios militares contra Rusia y China, rodeadas de bases militares, tropa, equipo y amenazantes despliegues antibalísticos de Estados Unidos, demasiado cerca de sus fronteras. Toda una imprudente provocación que conlleva riesgos catastróficos. Esto ocurre enmedio de las torpezas fascistoides, anti-mexicanas, antimigrantes y climáticas de Trump. Es el clasismo e incitación a la violencia desatada por un magnate extravagante que anunció estar a favor del carbón (Trump digs carbon) mientras los demócratas avalan el fracking.

A estas linduras les siguen investigaciones de varios procuradores encabezados por quien, según Bernie Sanders, no tocó a peces gordos de Wall Street por irregularidades durante el estallido de la burbuja hipotecaria. Ahora es sobre presunta corrupción entre la Fundación Clinton y la Secretaría de Estado bajo Hillary. Hay sensación de frustración en vastos sectores del electorado. Es un bipartidismo corrupto que nos puede matar por radiación o por calor.

Mientras, en el mundo los cambios elevan los costos de los operativos diplo-militares de Estados Unidos, visibilizando su tendencia al uso de la fuerza para neutralizar límites económicos, disimular procesos tipo Brexit y recambios en Oriente Medio. Por ejemplo, los resultados de la diplomacia de fuerza como el coup d’état en Turquía, clínicamente golpismo precoz, ante una gradual escisión turca del atlantismo y un acercamiento a Moscú y Pekín: paso a paso Turquía se aleja del sistema atlantista, dice Yunus Soner, del Partido Patriótico Turco: Esa es la razón detrás de este golpe. Esa es la razón por la cual la OTAN está en pánico. Esto es mucho más amplio y mucho más grande que Erdogan. Esto es un movimiento tectónico. Esto afectará las relaciones de Turquía con Siria, con China; de Turquía con Rusia e Irán. Esto cambiará al mundo.

Ante este giro en la ecuación mundial de poder, Estados Unidos y sus cipayos han lanzado desde 2009 en Honduras hasta hoy en día regresión conservadora y represión contra el pueblo, para contener la marea en Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia. Pero en América Latina la marea está en ciudades y campo: el pueblo los inunda por todos lados.

viernes, 20 de mayo de 2016

ESTUDIANTES EN LUCHA Ocupaciones del 2016 renuevan al movimiento estudiantil y amplían las pautas de lucha


“Independientemente de ser politizado, esta es una lucha por mejoras en las condiciones educativas”, afirma la educadora
José Eduardo Bernardes
São Paulo (SP), 
Estudiantes secundarios ocupan la Asamblea Legislativa para garantizar las investigaciones por los desvios de recursos   - Créditos: Jornalistas Livres
Estudiantes secundarios ocupan la Asamblea Legislativa para garantizar las investigaciones por los desvios de recursos / Jornalistas Livres
Las ocupaciones de las escuelas estaduales y técnicas en varios estados brasileños ganaron nuevos contornos en 2016, con reivindicaciones distintas de aquellas que tomaron más de 200 escuelas del estado de São Paulo en 2015. A pesar de ser difusas y con particularidades en cada ocupación, más manifestaciones realizadas durante el 2016 tiene como objetivos la merienda y la infraestructura de equipamientos educacionales.
En São Paulo, 15 escuelas fueron ocupadas pidiendo la adopción de alimentación digna para los alumnos. Paralelamente, estudiantes secundarios ocuparon la Asamblea Legislativa de São Paulo, para garantizar que fuese instaurada una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) responsable por investigar el desvio de los recursos destinados a la merienda escolar. Pero además de las escuelas paulistas, otros estados también se movilizaron. En Rio de Janiero, son, al menos, 68 escuelas ocupadas; en Ceará, 12; una en Rio Grande do Sul; además de 72 ocupaciones en el vecino Paraguay.
“El estado tiene la obligación de promover la merienda, para que él pueda quedar mas tiempo en la escuela, porque la familia, muchas veces no consigue y eso es deber del estado. Ellos están apenas cobrando del Estado la parte que les compete”, explicó Neide Noffs, directora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica (PUC-SP). Según la educadora, “los alumnos comenzaron discutiendo una situación materializada, que es la merienda, pero ellos van a llegar en la calidad de la enseñanza”.
La educación de las escuelas se degradó en los últimos años, apuntó Neide Noffs. Para ella, los alumnos ya percibieron esa deficiência. "Quedó tan empobrecido que el propio estudiante consigue identificar aquello que él precisa y aquello que él no tiene. Independientemente de ser politicazo, esa es una lucha por mejorías de las condiciones de enseñanza, que se deteriora mucho”.
El estudiante João Gabriel, de la Escuela Estadual Adauto Bezerra, en la ciudad de Fortaleza [Ceará], explica que la lucha de los alumnos cearenses es por mejorías de infraestructura en las salas de aula, como la instalación de aire acondicionado en las unidades, merienda digna para los estudiantes, debates sobre cuestiones de género y la tarifa cero en el trasporte para estudiantes. Pero, según João, la lucha es prioritariamente “contra el despido de profesores” y por su capacitación.
“Nosotros priorizamos las pautas unificadas, porque los grandes medios de comunicación procuran enmascarar la grandeza del movimiento. La ocupación es autónoma de los estudiantes, pero los profesores también están apoyándonos. Es un apoyo mutuo una lucha unificada entre los estudiantes y los profesores”, dijo.
“La escuela no acompañó los cambios sociales, como la tecnología, el estimulo para la internacionalización, el contacto con las lenguas extrajeras”, apunta Neide Noffs. Para ella, es deber del estado proveer la calidad, que pasa por la merienda, pero llega en la figura del profesor que da clases y su capacitación. Por eso, simultáneamente con la merienda, ellos comenzaron a apoyar las condiciones de trabajo del profesor”, afirma la educadora.
Para el profesor de políticas públicas de la Universidad de São Paulo (USP), Pablo Ortellado, “ellos están viviendo una experiencia concreta de que la movilización política directa da resultados. Nosotros tuvimos por lo menos 3 mil estudiantes que participaron activamente del proceso de movilización, sin contar los otros que no fueron activos, pero que estaban colaborando, participando de las actividades. Ellos aprenden que la acción organizada de ellos tuvo resultados concretos”, señaló.
Horizontalismo
En las ocupaciones no hay líderes. Todo es decidido entre los estudiantes en asamblea, de manera directa y democrática. “Yo creo que ellos están inseridos en una tradición de otros movimientos que tienen esas características y el más importante de ellos es el MPL [Movimiento Pase Libre] con el cual tienen muchos vinculaos, principalmente al inicio del movimiento”, comenta el profesor de la USP.
En el caso de la ocupación sede operacional de las escuelas técnicas de São Paulo, el Centro Paula Souza, la directora del Centro, Laura Laganá, reclamó diversas veces de la ausencia de lideres estudiantiles con las cuales ellos pueden dialogar. Según Ortellado, “en esa forma de organización, una cosa que el propio Pase Libre enseñó, es que es preciso tener una agenda muy clara de reivindicaciones, de manera que ese carácter más horizontal, no genere una incapacidad de usted efectivamente alcanzar conquistas”.
Inspiración regional
El movimiento estudiantil chileno, que quedó conocido como “Revolución de los Pingüinos”, fue la gran inspiración de los levantes estudiantiles en Brasil y de los demás países de América Latina. En 2006, más de 600 mil estudiantes chilenos fueron las calles para exigir reformas en el sistema educativo, desde el pase libre para el transporte público, hasta las leyes que subsidian escuelas privadas en Chile.
En Chile, cuatro líderes estudiantiles de las manifestaciones fueron electos posteriormente como diputados. En Brasil, los estudiantes secundarios también consiguieron impactar en la política. “El gobierno de Geraldo Alckmin perdió el 20% de apoyo con las protestas. Ningún movimiento reciente causó tanto daño. Ni mismo partidos políticos, ni acciones parlamentarias, consiguió efectivamente causar tanto daño”, comenta Pablo Ortellado. Además de la reprobación popular, las ocupaciones derrocaron, en 2015, el entonces secretario de Educación Herman Voorwald.
La lucha de los estudiantes en Paraguay también afectó de lleno al gobierno. Dos días después de la ocupación de 72 escuelas, la ministra de Educación y Cultura paraguaya, Marta Lafuente, renunció. Ella estaba envuelta en un esquema de la super facturación de la licitación para la compra de alimentos. Las protestas de los alumnos presionaban a Marta Lafuente y reivindicaban infraestructura y merienda para las escuelas.
“Aun está muy temprano para ver como eso irá a reflejar en la política de América Latina. En Chile, tuvo una onda en 2006, otra onda en 2011 y está distante en tiempo, para el que esta aconteciendo en Brasil en 2016, ya se pasaron 5 años. Pero obviamente es un proceso de inspiración”, comenta Ortellado.    



Traducción: María Julia Giménez 

Aporte al pensamiento crítico




Gallo Rojo No1 Mayo 2016
Por Veronika Engler



Los seres humanos tenemos dificultad para considerar los derechos de los demás, lo que nos lleva a no tener en cuenta el punto de vista ajeno ni las limitaciones de nuestro propio punto de vista, es así que con frecuencia incurrimos en una forma de pensamiento egocentrista en el que utilizamos nuestras ideas y conceptos sin tener en cuenta las ideas de nuestros semejantes y sin objetivar la realidad. Nos consideramos ecuánimes, pero confiamos demasiado en nuestras percepciones intuitivas dejando de lado los estándares intelectuales al pensar.

Los estándares psicológicos y subjetivos del pensamiento nos pueden llevar a afirmar que algo es cierto porque el grupo al que pertenecemos cree en ello. Este socio centrismo se desprende de la premisa de que las creencias dominantes dentro de ese grupo son ciertas aunque nunca se hayan cuestionado las bases de las mismas. Un ejemplo claro es la lealtad casi religiosa hacia un partido o fuerza política, devoción que lleva a aceptar los giros y la metamorfosis ideológica que se justifica en la aceptación pasiva de las presiones económicas internacionales y que conlleva a que las barreras entre la izquierda y la derecha sean cada vez más difusas.
A pesar de que somos conscientes de que no basta con creer en algo para que se convierta en verdad, optamos por incurrir en la negación sin darnos cuenta de que el precio por sostener esa posición es tener que justificar constantemente los errores cometidos por los integrantes de la fuerza política que nos representa aunque atenten contra nuestros principios y valores.
Algunos creen que eso es preferible a enfrentar verdades que podrían poner en juego la legitimidad de sus creencias y su fidelidad política, si no fuera así, quizás dejaríamos de tolerar el manoseo que se hace con los Derechos Humanos; las malas políticas económicas; las truncas promesas de mejorar la educación; el sinfín de irregularidades y dinero mal administrado; el nepotismo y el amiguismo; la corrupción; los problemas ambientales y la política cada vez más represiva de seguridad.
No podemos conformarnos con la excusa de que es más fácil defender valores y principios desde la oposición que sostenerlos desde el gobierno sin admitir que las campañas políticas se apoyan en mentiras que tienen por finalidad captar la atención y los votos del pueblo. El pensamiento crítico debería llevar al militante a cuestionar las malas políticas o las actitudes erróneas y a exigir cambios, sin embargo el despertar es lento y doloroso. Cuando siempre se creyó en algo y se luchó por eso, es difícil aceptar que se puede estar equivocado, existe un fuerte deseo o necesidad de mantener la lealtad, a tal punto que se torna difícil para la persona definir hasta donde se puede justificar y pasar por alto la evidencia que queda como resultado de las malas decisiones y sus consecuencias.

Se termina por amparar y justificar actitudes y hechos que de otro modo no serían aceptados, incurriendo en una suerte de complicidad. Que la mayoría del pueblo permita y justifique las transgresiones a los principios y valores de izquierda, otorga a los políticos impunidad para infringirlos y los alienta a seguir por el mismo camino. Hay quienes creen que algo es cierto o es válido porque les conviene y se aferran a esta posición egocentrista con uñas y dientes. Es difícil renunciar a los beneficios obtenidos para aventurarse a la incertidumbre de lo que vendrá.
Otros tienen poca confianza en que se realicen cambios significativos hacia la izquierda desde el gobierno, pero también tienen miedo a lo que puede venir; “más vale malo conocido que bueno por conocer”, que en el caso uruguayo se transforma en aceptar lo “menos malo”.

Los estándares intelectuales legítimos del pensamiento crítico nos sirven para dejar de engañarnos a nosotros mismos y para verificar la calidad del razonamiento sobre un problema. Cuando ordenamos las ideas, los conocimientos y los conceptos estamos siguiendo un proceso que nos lleva a objetivar y tomar posturas frente a un acontecimiento, un problema o un tema determinado. Esta forma de pensamiento parte de nosotros, es auto dirigido, auto regulado, auto disciplinado y autocorregido e implica que debemos tener un dominio consciente de su uso y que tenemos que superar el socio centrismo y el egocentrismo inherente del ser humano. Para lograrlo debemos contar con la suficiente información y evidencia que nos lleva a sacar una conclusión, recopilar información contraria a dicha posición y ser parcial al evaluar todos los puntos de vista. Es mi deseo que “El gallo Rojo” contribuya a aportar algo para desarrollar ese pensamiento crítico más allá de las discrepancias y diferencias.


Veronika Engler, Montevideo 13/05/2016

jueves, 19 de mayo de 2016

La izquierda tiene que repensar su aparato teórico y táctico



David Harvey, profesor de la City University de Nueva York, uno de los pensadores marxistas más prominentes de nuestro tiempo, se sentó con el activista colectivo AK Malabocas a discutir las transformaciones en el modo de acumulación capitalista, la centralidad del terreno urbano en las luchas de clase contemporáneas, y las implicancias de todo esto para la organización anti-capitalista.


AK Malabocas: En los últimos 40 años, el modo de acumulación capitalista ha cambiado globalmente. ¿Qué significan estos cambios para la lucha contra el capitalismo?

D

ensado previamente. Al mismo tiempo veíamos el surgimiento de una oposición que está ligada a las redes, a la descentralización y a la que no le gusta la jerarquía y las formas previas de oposición de tipo fordista.
Así, que de una manera curiosa, las y los militantes de izquierda se reorganizan a sí mismos en el mismo modo en el que la acumulación del capital se reorganiza. Si entendemos que la izquierda es una imagen en espejo de lo que estamos criticando, entonces tal vez lo que debamos hacer es romper el espejo y salir de esta relación simbiótica con aquello que estamos criticando.
MK: ¿En la era fordista, la fábrica era el principal sitio de resistencia. Dónde podemos encontrarla ahora que el capital se ha movido lejos del piso fabril hacia el terreno urbano?
DH: Antes que nada, la forma fabril no ha desaparecido. Todavía encuentras fábricas en Bangladesh o en China. Lo que es interesante es cómo el modo de producción en las ciudades centrales cambió. Por ejemplo, el sector logístico se ha expandido: UPS, DHL y todos sus trabajadores y trabajadoras están produciendo valores enormes hoy en día.
En las últimas décadas, un gran cambio tuvo lugar en el sector servicios también: los más grandes empleadores de mano de obra en la década de 1970 en los Estados Unidos eranGeneral MotorsFord y US Steel. Los más grandes empleadores de mano de obra hoy sonMc Donalds, Kentucky Fried Chicken Walmart. Antes, la fábrica era el centro de la clase obrera, pero hoy encontramos a la clase obrera más que nada en el sector servicios. ¿Por qué diríamos que producir autos es más importante que producir hamburguesas?
Desafortunadamente la izquierda no se siente cómoda con la idea de organizar a los trabajadores y trabajadoras de la comida rápida. Su imagen de la tradicional clase obrera no encaja con la producción de valor de los trabajadores y trabajadoras de servicios, los de distribución, de restaurants, de los supermercados.
El proletariado no desapareció, pero hay un nuevo proletariado que tiene características diferentes del que tradicionalmente la izquierda solía identificar como la vanguardia de la clase trabajadora. En este sentido, las y los trabajadores de Mc Donalds se convirtieron en las y los trabajadores metalúrgicos del siglo XX.
MK: ¿Si esto es lo que es el nuevo proletariado, cuáles son los lugares desde organizar la resistencia hoy?
DH: Es muy difícil de organizar en los lugares de trabajo. Por ejemplo, las y los trabajadorss de la distribución se mueven de un lado a otro. Así que esta población tal vez podría organizarse mejor fuera del lugar de trabajo, quiero decir, en sus estructuras barriales.
Hay una frase interesante en el trabajo de Gramsci de 1919 que dice que organizarse en el lugar de trabajo y tener concejos fabriles está muy bien, pero que deberíamos tener también concejos en los barrios también. Y los concejos de los barrios, dijo, tienen un mejor entendimiento de lo que son las condiciones de toda la clase trabajadora, comparado con el entendimiento sectorial de la organización en el lugar de trabajo.
Las organizadoras y organizadores fabriles solían saber muy bien lo que un trabajador metalúrgico era, pero no entendían lo que el proletariado era como un todo. La organización barrial habría incluido, por ejemplo, a los trabajadores y trabajadoras de la limpieza urbana, de la distribución y las trabajadoras doméstica. Gramsci nunca tomó esto y dijo: "Vamos! el Partido Comunista debería organizar asambleas barriales"
No obstante, hay algunas excepciones en el contexto europeo donde los partidos comunistas organizaron, de hecho, concejos barriales, porque no podían organizarlos en las fábricas, por ejemplo en España. En la década de 1960 esta era una forma de organización muy poderosa. Por ello, como he discutido por un largo tiempo, deberíamos ver la organización barrial como una forma de organización de la clase. Gramsci sólo lo mencionó una vez en sus escritos y nunca lo desarrolló más en profundidad.
En Gran Bretaña en los ’80, hacía formas de organización laboral en plataformas a lo largo de la ciudad, sobre la base de concejos de oficios, que estaban haciendo lo que Gramsci sugirió. Pero dentro del movimiento sindical, estos concejos siempre fueron mirados como formas inferiores de organización laboral. Nunca se los trató como un componente fundacional de cómo el movimiento sindical debería operar.
De hecho, ocurrió que los concejos de oficios fueron a menudo mucho más radicales que los gremios tradicionales y eso era porque estaban basados en las condiciones de toda la clase trabajadora, no sólo de los sectores más privilegiados de la clase. Así, al punto de que estos tenían una definición mucho más amplia de la clase, los concejos tendieron a darse políticas mucho más radicales. Pero esto nunca fue valorado por el movimiento sindical en general, siempre fue mirado como un espacio en el que lxs radicales podían actuar.
Las ventajas de esta forma de organización son obvias: supera la brecha entre organizarse de manera sectorial, incluye todas las formas de trabajo "desterritorializado" y es muy adaptable a nuevas formas de organizaciones comunitarias y de base asamblearia, como Murray Boockchin planteó, por ejemplo.
MK: En las recientes oleadas de protesta -en España y Grecia, por ejemplo, o el movimiento Occupy- puedes encontrar esta idea de "localizar la resistencia". Pareciera que estos movimientos tienden a organizarse alrededor de cuestiones de la vida cotidiana, más que en torno a grandes cuestiones ideológicas en las que la izquierda tradicional solía enfocarse.
DH: Por qué dirías que organizarse alrededor de la vida cotidiana no es una de las grandes cuestiones. Yo creo que es una de las grandes cuestiones. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y la vida cotidiana urbana es a lo que la gente está expuesta y en lo que encuentra dificultades. Estas dificultades residen tanto en la esfera de realización del valor como en la esfera de la producción del valor.
Este es uno de mis más importantes argumentos teóricos: todo el mundo lee el Volumen I del Capital y nadie lee el Volumen II. El Vol I es acerca de la producción del valor, el II es sobre la realización del valor. Al enfocarse en el Vol II, puedes ver claramente que las condiciones de realización son tan importantes como las de producción.
Marx a menudo hablaba de la necesidad de ver al capital como la unidad contradictoria entre la producción y la realización. Donde el valor es producido y donde es realizado son dos cosas diferentes. Por ejemplo, mucho valor es producido en China y, de hecho, es realizado por Apple o por Walmart en los Estados Unidos. Y, por supuesto, la realización del valor trata de la realización del valor por medio de costoso consumo de la clase obrera.
El capital puede conceder salarios más altos en el punto de la producción, pero luego los recupera en el punto de la realización por el hecho de que los trabajadores y trabajadoras tienen que pagar alquileres y gastos de vivienda más elevados, costos de teléfono, tarjetas de crédito y así sucesivamente. Así que las luchas de clase en torno a la realización, alrededor de viviendas más baratas por ejemplo, son tan significativas para la clase trabajadora como las luchas acerca de salarios y condiciones de trabajo. Cuál es el punto de tener un salario más alto si te es inmediatamente extraído en términos de gastos más elevados para tener un techo?
En su relación con la clase trabajadora, los capitalistas han aprendido hace mucho que pueden hacer un montón de dinero recuperando lo que antes habían entregado. Y, al punto que -particularmente en los 60 y 70- los trabajadores se empoderaron de manera creciente en la esfera del consumo, así que el capital comienza a concentrar mucho más en extraer valor a través del consumo.
Así que las luchas en la esfera de la realización, que no eran tan fuertes en los tiempos de Marx, y el hecho de que nadie lea el maldito libro (Vol II), es un problema para la izquierda convencional. Cuando vos me decís: "¿cuál es el problema macro aquí?"- bueno, ¡esto es un problema macro! La concepción del capital y la relación entre producción y realización. Si no ves la unidad contradictoria entre ambos entonces no vas a tener la imagen completa. Tiene lucha de clases escrita todo alrededor y no puedo entender por qué un montón de marxistas no logran ver cuán importante es esto.
El problema es cómo entendemos a Marx en el 2015. En los tiempos de Marx, la extensión de la urbanización era relativamente conveniente y el consumo de la clase trabajadora era casi inexistente, así que de lo único que Marx tenía que hablar era acerca de la clase trabajadora arreglándoselas para sobrevivir con un salario magro y cómo eran bastante sofisticados para hacerlo. El capital los dejaba hacer con sus propios dispositivos lo que les gustaba.
Pero hoy en día, vivimos en un mundo en el que el consumo es responsable de casi el 30 % de la dinámica de la economía global; en EE UU llega al 70 %. Así que ¿por qué estamos aquí sentados y diciendo que el consumo es casi irrelevante, pegándonos al Volúmen I y hablando acerca de la producción en lugar del consumo?
Lo que hace la urbanización es forzarnos a cierto tipo de consumo, por ejemplo: tienes que tener un auto. Y tu estilo de vida está dictado en muchos sentidos por la forma que toma la urbanización. Y de nuevo, en los tiempos de Marx esto no era significativo, pero en nuestros días es crucial. Tenemos que amigarnos con formas de organización que de hecho reconozcan este cambio en la dinámica de la lucha de clases.
Los grupos que marcaron los recientes movimientos con su estilo, viniendo de tradiciones anarquistas y autonomistas, están mucho más metidos en la política de la vida cotidiana, mucho más que las y los marxistas tradicionales.
Les tengo mucha simpatía a las y los anarquistas, tienen una mucha mejor línea en este tema, precisamente al lidiar con la política del consumo y su crítica acerca de lo que el consumo es. Parte de su objetivo es cambiar y reorganizar la vida cotidiana alrededor de nuevos y diferentes principios. Así que creo que esto es un punto crucial hacia el cual mucha de la acción política debería ser dirigida en estos días. Pero desacuerdo con vos cuando decís que esta no es una "gran cuestión".
MK: Así que, mirando ejemplos de Europa del Sur -redes de solidaridad en Grecia, auto-organización en España o Turquía- parece ser muy crucial para construir movimientos sociales alrededor de la vida cotidiana y las necesidades básicas en estos días. ¿Ves esto como un acercamiento promisorio?
DH: Creo que es muy promisorio, pero hay una clara limitación ahí, lo que es un problema para mí. La propia limitación es la reticencia para tomar el poder en algún punto. Bookchin, en su último libro, dice que el problema con las y los anarquistas es su negación del significado del poder y su inhabilidad para tomarlo. Bookchin no va tan lejos, pero yo creo que es su rechazo a ver al Estado como un posible aliado hacia la transformación radical.
Hay una tendencia a considerar al Estado como enemigo, el enemigo al 100 %. Y hay muchos ejemplos de estados represivos fuera del control público en el que este es el caso. No hay duda: el estado capitalista debe ser combatido, pero sin dominar el poder del estado y sin tomarlo, pronto vuelves a la historia de lo que pasó por ejemplo en 1936 y 1937 en Barcelona y luego en toda España. Al rechazar tomar el Estado en un momento en el que tenían el poder para hacerlo, los revolucionarios y revolucionarias de España permitieron que el estado volviera a caer en las manos de la burguesía y del ala estalinista del movimiento comunista. Y el estado se reorganizó y aplastó la resistencia.
MK: Eso puede ser cierto para el estado español en la década de 1930, pero si miramos al estado neoliberal contemporáneo y el retroceso del estado de bienestar, ¿que queda de estado para conquistar, para aprovechar?
DH: Para empezar, la izquierda no es muy buena para responder la pregunta de cómo construimos infraestructura masiva. ¿Como construirá la izquierda el puente de Brooklyn, por ejemplo? Toda sociedad reposa sobre grandes infraestructuras, infraestructuras para toda una ciudad, como el suministro de agua, electricidad, etc. Yo creo que hay una gran reticencia dentro de la izquierda para reconocer que necesitamos diferentes formas de organización.
Hay áreas del aparato de estado, aún del aparato de estado neoliberal, que son terriblemente importantes; el centro de control de enfermedades, por ejemplo. ¿Cómo respondemos a epidemias globales como el Ébola o similares? No puedes hacerlo al modo anarquista del "hazlo tu mismo o tú misma". Hay muchas instancias en las que necesitas alguna forma de infraestructura de tipo estatal. No podemos confrontar el problema del calentamiento global a través de formas descentralizadas de confrontación y actividades solamente.
Un ejemplo que es frecuentemente mencionado, a pesar de sus muchos inconvenientes, es el Protocolo de Montreal para enfrentar el uso de clorofuorocarbono en heladeras para limitar la afectación de la capa de ozono. Fue reforzada de manera exitosa en los ’90 pero necesitó de un tipo de organización que es muy diferente a aquella que proviene de una política basada en asambleas.
MK: Desde una perspectiva anarquista, yo diría que es posible reemplazar aún instituciones supranacionales como la OMS con organizaciones confederales que serían construidas de abajo hacia arriba y que eventualmente arribarían a una toma de decisiones global.
DH: Quizás a un cierto grado, pero tenemos que ser conscientes de que siempre habrá algún tipo de jerarquías y de que siempre enfrentaremos problemas como la responsabilidad o el recurso correcto. Siempre habrá relaciones complicadas entre, por ejemplo, gente lidiando con el problema del calentamiento global desde el punto de vista del mundo como un todo y desde el punto de vista de un grupo que está en el territorio, digamos, en Hanover o similar, y que se pregunta, por qué debería escuchar lo que ellxs están diciendo?
MK: Entonces, ¿crees que esto requeriría alguna forma de autoridad?
DH: No, va a haber estructuras de autoridad de cualquier modo, siempre las habrá. Nunca he estado en una reunión anarquista en la que no hubiera una estructura de autoridad secreta. Está siempre esa fantasía de todo siendo horizontal, pero me siento, miro y pienso, "oh dios, hay toda una estructura jerárquica acá pero está encubierta"
MK: Volviendo a las protestas recientes alrededor del Mediterráneo, muchos movimientos se han concentrado en luchas locales. ¿Cuál es el siguiente paso hacia la transformación social?
DH: En algún punto tenemos que crear organizaciones que sean capaces de ensamblar y reforzar el cambio social en una escala más amplia. Por ejemplo, será ¿Podemos en España capaz de hacer eso? En una situación caótica como la crisis económicas de los últimos años, es importante que la izquierda actúe. Si la izquierda no lo hace, entonces la derecha será la siguiente opción. Yo pienso -y odio decirlo- que la izquierda tiene que ser más pragmática en relación a las dinámicas que están ocurriendo ahora.
MK: ¿Más pragmática en qué sentido?
DH: Bueno, ¿por qué apoyé a SYRIZA aunque este no fuera un partido revolucionario? Porque abría un espacio en el que algo diferente podía pasar y eso era una movida progresiva para mí.
Es un poco como Marx diciendo: el primer paso hacia la libertad es la limitación de la duración de la jornada de trabajo. Demandas muy estrechas abren un espacio para resultados más revolucionarios, y aún cuando no hay ninguna posibilidad para ningún resultado revolucionario, tenemos que buscar soluciones de compromiso que sin embargo se apartan del sinsentido de la austeridad neoliberal y abren el espacio en el que nuevas formas de organización pueden tener lugar.
Por ejemplo, sería interesante si Podemos buscara organizar formas de confederalismo democrático, porque en cierto modo Podemos surgió de un montón de reuniones de tipo asambleario teniendo lugar a lo largo de España, así que tienen mucha experiencia con ese tipo de estructura.
La cuestión es cómo conectarán la forma asamblearia a formas más permanentes de organización, en relación a su creciente posición como un partido fuerte en el parlamento. Esto también vuelve a la pregunta de la consolidación del poder: tienes que encontrar maneras de hacerlo, porque si no la burguesía y el capitalismo corporativo van a encontrar modos de reafirmarse y tomar nuevamente el poder.
MK: ¿Qué piensas acerca del dilema de las redes de solidaridad llenando el vacío que dejó la retirada del estado de bienestar e indirectamente convirtiéndose en un aliado del neoliberalismo en ese sentido?
DH: Hay dos formas de organizarse. Una es el vasto crecimiento del sector ONG, pero mucho de eso está financiado de manera externa, no son organizaciones de base, y eso no se acerca a la cuestión de los grandes donantes que marcan la agenda, la cual no será una agenda radical. Aquí nos acercamos a la privatización del Estado de bienestar. Esto me parece que es muy diferente políticamente a las organizaciones de base en las que la gente dice "Ok, el estado no se ocupa de nada, así que vamos a tener que hacernos cargo de nosotros y nosotras mismas" Esto me parece que tiende a formas de organizaciones de base con un status político muy diferente.
MK: Pero ¿cómo evitar llenar esa brecha al ayudar, por ejemplo, a gente desempleada para que no sean exprimidos por el estado neoliberal?
DH: Bueno, tiene que haber una agenda anti-capitalista, para que cuando el grupo trabaje con gente todo el mundo sepa que no se trata sólo de ayudarla a arreglárselas sino que hay todo un intento organizado de tratar de cambiar políticamente el sistema en su integralidad. Esto quiere decir tener un proyecto político muy claro, lo cual es problemático con tipos de movimientos no centralizados, no homogéneos, donde alguna gente trabaja de un modo, otra trabajan de manera diferente y no hay ningún proyecto colectivo en común.
Y esto se conecta con la primera pregunta que hiciste: no hay coordinación acerca de lo que son los objetivos políticos. Y el peligro es que sólo estes ayudando a la gente a arreglárselas y que no haya política saliendo de ahí. Por ejemplo, Occupy Sandy ayudó a la gente a volver a sus casa e hizo un maravilloso trabajo, pero en última instancia, hicieron lo que la Cruz Roja y los servicios de emergencia federales deberían haber hecho.
MK: El fin de la historia parece haber pasado de largo. Mirando las condiciones actuales y los ejemplos concretos de lucha anti capitalista, ¿piensas que "ganar" es todavía una opción?
DH: Definitivamente; y más aún, tienes fábricas ocupadas en Grecia, economías solidarias a través de cadenas productivas siendo forjadas, instituciones de democracia radical en España y muchas cosas hermosas ocurriendo en muchos otros lugares. Hay un crecimiento saludable del reconocimiento de que necesitamos ser mucho más amplios y amplias en lo que concierne a la política en todas esas iniciativas.
La izquierda marxista tiende a desdeñar un poco estas cosas y creo que está equivocada. Pero al mismo tiempo no creo que ninguna de estas cuestiones sea lo suficientemente grande en sí misma como para lidiar con las estructuras fundamentales de poder que necesitan ser desafiadas. Aquí hablamos de nada menos que del Estado. Así que la izquierda debe repensar su aparato teórico y táctico.
FUENTE : 


Traducción: de Gabriela Mitidieri para Democracia Socialista, editado por VIENTO SUR