domingo, 13 de noviembre de 2016

Chile. Sobre el gobierno de Allende y el Poder Popular: el libro de Franck Gaudichaud

"Aspiramos a que el régimen de la memoria no se viva como áspera
 condena" Miguel Mazzeo
"Es raro leer un libro llevado con tanta convicción en el esfuerzo de dar la palabra a las y los de abajo" Michäel Löwy
Franck Gaudichaud es un francés con medio corazón en Chile. De hecho, su compañera y su único hijo, Darío, nacieron en el país del fin del mundo. Master en Historia, Doctor en Ciencias Políticas y militante político y social, es autor de 'Poder popular y Cordones Industriales' (Ed. LOM), 'Operación Cóndor. Terrorismo de Estado en el Cono Sur', 'Las fisuras del neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la democracia tutelada y conflicto de clases' (Ed. Tiempo Robado y Ed. Quimantú), entre otras publicaciones.
Su tesis doctoral para las y los lectores de habla española de 'Chile 1970-1973. Mil días que estremecieron al mundo. Poder popular, cordones industriales y socialismo durante el gobierno de Salvador Allende', publicada en el país andino por Ediciones LOM, fue lanzada en la Sala Domeyko de la Casa Central de la Universidad de Chile el pasado 2 de noviembre 'a tablero vuelto'.
La creatividad popular
Franck Gaudichaud indicó que "el punto de partida del libro fue volver a una historia sobre la cual existe un océano biográfico, pero donde, paradójicamente, queda mucho por investigar. Cuando comencé, lo que más me llamó la atención fue que hay un actor central del proceso muy poco investigado: el movimiento obrero. Hay mucho sobre los partidos políticos, sobre el gobierno, sobre la intervención imperialista, etc. ¿Pero dónde estaban los que hicieron el proceso, los trabajadores, los sindicatos, los territorios y poblaciones? ¿Qué pasaba en las fábricas, en la base? Queda mucho por estudiar sobre lo que ocurrió en las regiones. Yo creo que es uno de 'los tesoros perdidos de la Revolución Chilena', estos es, hay que recuperar toda la riqueza de ese período que fue fiesta y drama, pero también fue mucha creatividad popular."
Durante el lanzamiento, Gaudichaud proyectó explicativamente una serie de fotografías que ilustran los mil días del gobierno de la Unidad Popular, en especial, desde abajo, desde los trabajadores y el pueblo.
"Compañero"
En la presentación, la traductora al español del texto originalmente en francés, Claudia Marchant (co-editora de Tiempo Robado Editoras), señaló que "a través de la traducción de la tesis doctoral de Franck tuve la oportunidad de conocer y entender mejor un texto de mi padre, el filósofo chileno Patricio Marchant, y la importancia y fuerza que le asignó a la palabra 'compañero'. La fuerza de la dignidad de un momento histórico en el país, vivido por personas comunes y corrientes que no dudan en decir que los años de la Unidad Popular (1970-1973) fueron los más felices, los más plenos, los más importantes. A pesar de las dificultades, de las peleas, del trabajo duro y de la derrota posterior, de la dictadura y de nuestra actual pos-dictadura.
Patricio Marchant escribía en 1989, 'el régimen de Salvador Allende pudo tener los orígenes sociales, históricos, económicos que se quieran. Pudo tener, y los tuvo, todos los errores que se quieran. Pero para quienes lo vivimos a través de la música de la palabra 'compañero', constituyó la única experiencia ético-política de nuestra vida. Esa es la absoluta superioridad moral, ese ser distinto, de otra especie, sobre los que nada supieron de la palabra compañero. Mérito evidentemente no de nosotros, no de nuestra individualidad o de nuestro ser persona. Mérito de esa palabra, de esa música. Música-palabra que no fue inventada por alguien. Música-palabra que dice cuáles eran las fuerzas de ese proceso histórico y nos señalaba sólo eso: la posibilidad de un corresponder a ese proceso. Compañero. Porque una cosa es Salvador Allende, otra esa música 'Compañero Presidente', ese fundamento de la grandeza de Salvador Allende. Atenuándose, las desigualdades persistían entre nosotros. Iguales éramos, sin embargo, al saludarnos como 'compañero, compañeros'. Ese sueño, poco tiempo realidad, convirtió a Chile en un país digno de respeto.'"
"Una memoria para las luchas del presente"
Marchant manifestó que "Es ese país digno de respeto el que Franck nos ofrece hoy. En su trabajo vemos con hechos concretos cómo desde abajo se vivió ese proceso. Repasa los momentos más importantes de la movilización popular, sin por ello dejar de ver sus errores, titubeos y sus dificultades. Sin dejar de lado tampoco, la interacción con la revolución desde arriba, impulsada por las medidas de Salvador Allende y los partidos políticos de la Unidad Popular. Nos relata con bastante detalle, especialmente los cordones industriales de Cerrillos-Maipú, de Vicuña Mackenna, sin dejar de mencionar a las demás coordinaciones en provincia, en Arica, Valparaíso, Concepción, Osorno, Punta Arenas, entre otras. La lucha de los pobladores y del campamento Nueva La Habana, la Asamblea de Concepción en julio de 1972, la Toma de Constitución en febrero de 1973. Las posiciones de los diferentes actores políticos y sociales; los mecanismos de participación desde arriba y desde abajo; los periódicos que salieron a la luz en esos días; la expresión de la lucha cultural e ideológica en curso. Levanta cuadros y lista territorios y su expresión de poder popular; identifica fábricas y dirigentes involucrados, dejando la cancha abierta para todos aquellos que quieran seguir investigando este período. Pero no se trata de episodios aislados, algunos de los cuales han sido tratados con profundidad en otros textos y quedan debidamente referenciados aquí. Sino que el panorama, el paisaje que se dibuja, nos permite tener una visión de conjunto de lo que estaba pasando en los diferentes frentes y lugares. Aunque, sin dudas, como el mismo autor lo ha reconocido, hay territorios menos indagados, entre los que podemos mencionar el campo chileno, las comunidades mapuche y no mapuche asentadas en la pre-cordillera y cordillera, que también tuvieron momentos excepcionales de desarrollo de poder popular, como lo fue el complejo maderero y forestal Panguipulli. Tampoco deja de lado a la oposición y su organización, sus dirigentes y articulaciones. El paro de octubre de 1972 es un momento álgido del texto, así como la forma en que el gobierno y el pueblo movilizado van procesando la embestida patronal. Tampoco se trata de levantar un cuadro heroico de un proceso excepcional. La idea no es construir una memoria y una historia petrificada y despolitizada. Se trata de una memoria para las luchas del presente. No como legado para las nuevas generaciones o no solamente para ello, sino que para hoy, para las y los movilizados de nuestro presente."
La traductora del texto agregó que "Me imagino que Franck comparte las expresiones de Miguel Mazzeo (historiador, académico y militante político-social argentino) que trabaja el tema del poder popular hoy. Mazzeo escribe que 'no se trata de que nuestro abordaje esté condicionada por las políticas de la memoria y no por las necesidades inherentes al proyecto emancipador en Nuestra América. Aspiramos a que el régimen de la memoria no se viva como áspera condena. Cuando el pasado es el único lugar del encuentro, o el lugar privilegiado para la realización de nuestros sueños, el presente puede ser el lugar de la pasividad, el fatalismo, la ambigüedad, las querellas superficiales y la mera retórica. Las políticas de la memoria, cuando no promueven síntesis políticas y balances prácticos, cuando opacan el presente y el futuro, pueden terminar como un recurso de las clases dominantes, como un procedimiento destinado a conjurar la praxis emancipadora actual, porque de esta manera instalan en la sociedad la idea de que ese pasado nunca será futuro'."
Los intersticios de la academia, ventanas abiertas al fragor de las calles
Claudia Marchant comentó que "También podemos destacar las palabras Michäel Löwy en el prólogo del texto de Franck en su edición francesa: 'es raro leer un libro llevado con tanta convicción en el esfuerzo de dar la palabra a las y los de abajo, en ruptura con las lecturas tradicionales, esencialmente institucionalistas, de la trágica, pero apasionante experiencia chilena. Un trabajo que no esconde su enfoque, su método: analizar los hechos desde el punto de vista de la lucha de clases. Tampoco esconde su empatía crítica con la causa de los vencidos del golpe de Estado militar. Lo trabajadores, los oprimidos y los explotados. Y en particular en este libro, del poderoso movimiento obrero chileno'.
Franck retoma el desafío que tan claramente Luis Martín Cabrera expresa en un texto que Proyección Editores lanzó hace pocos días y que ha copado nuestras últimas conversaciones: 'Insurgencias invisibles'. Dice Luis Martín que 'los profesores deberíamos salir de nuestras guaridas académicas, al menos de vez en cuando, a trabajar en las comunidades. No para dictar conferencias o para apropiarnos de sus conocimientos y encerrarlos en nuestros papeles. Si no que para intercambiar conocimientos, para socializar nuestros privilegios e insertarlos en una lógica de tiempo y espacios robados. Pensar en los intersticios de la academia, ventanas abiertas al fragor de las calles'."
Mito, realidad y los trabajadores organizados por abajo
Mario Olivares (dirigente sindical, ex militante de los cordones industriales) dijo en la presentación de la obra que "soy un hombre viejo, soy un sobreviviente de esa experiencia. En esa época trabajé en una de esas industrias más o menos emblemáticas de lo que fue el cordón Vicuña Mackenna de Santiago. Entonces yo era dirigente sindical y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). A mis 66 años, sigo siendo un dirigente sindical activo de los trabajadores de la Viña San Pedro, la segunda vitivinícola de exportación del país que hace parte de la CCU, cuyo propietario es el grupo económico Luksic.
Sobre el libro de Franck, me parece interesante cómo recoge la información. Toma referencias de otros autores que han escrito sobre el proceso de la Unidad Popular y de los cordones industriales. Pero lo que me parece más interesante aún, es que Franck conversa con muchos compañeros como yo, que fueron obreros al interior de las fábricas. Entonces, al leer el libro, uno se da cuenta que el análisis que tenía la conducción de los partidos de izquierda de la época respecto de lo que nosotros estábamos sintiendo abajo, no encaja bien. Allí uno se percata de que existían muchas situaciones que tenían más que ver con mitos que con la realidad. No hay ninguna duda de que el ascenso del gobierno de Allende en Chile provenía del aumento de las luchas populares que venían de muchos años atrás. Pero lo más importante es que cuando adviene la Unidad Popular, más allá de su programa político, creó la expectativa en la clase trabajadora organizada de que era posible iniciar un proceso de transformaciones radicales, de justicia y de igualdad, que apuntaba a la construcción del socialismo. Los dirigentes sindicales por primera vez, comenzaron a tomar confianza en ellos mismos y se empoderaron de su capacidad como trabajadores. Entonces había sectores que criticaban de 'ultraizquierdistas' a muchos trabajadores que con su conducta estarían prácticamente 'poniendo en peligro' el programa de Allende, en el marco de cómo se avanzaba. En este sentido, mientras se fue agudizando la lucha de clases en la sociedad chilena, naturalmente hubo sectores de la izquierda que radicalizamos nuestras posiciones, incluso más allá de las propias direcciones de esos partidos. Como teníamos a las fuerzas de la reacción, de la burguesía en contra de todo el proceso, nosotros, los trabajadores organizados por abajo, nos impusimos la tarea de crear nuestras propias formas para defendernos de esos embates. Eran formas alternativas bastante básicas. Como era muy fuerte el mercado negro, frente a Cristalerías Chile empezamos a realizar una distribución directa de los productos de las tantas fábricas e industrias de la zona. De las que habían sido estatizadas, como de las que fueron tomadas por los trabajadores. Los trabajadores le habíamos exigido al gobierno de Allende que esas empresas fueran intervenidas y pasaran al control obrero, donde nosotros empezamos a administrar la empresa, por supuesto con un interventor nominado por el gobierno.
Cuando se vino el paro de los camioneros que intentó paralizar completamente al país, nosotros, para evitar que ellos lograran su objetivo, requisamos microbuses en la calle con el fin de llevar y traer a los trabajadores para que las fábricas no dejaran de producir. Claro que estas iniciativas no fueron absolutamente espontáneas. Había direcciones y expresiones de distintos sectores, del Partido Socialista, del MIR, que daban orientaciones de cómo la clase trabajadora debía pasar a la ofensiva.
Cuando yo llegué a la fábrica de muebles a trabajar, además de la explotación brutal, de los bajos salarios, de las 'ventas negras' para evitar impuestos, la producción de muebles estaba destinada a los sectores más pudientes y no a los trabajadores. Muchos de mis compañeros vivían en campamentos, en zonas marginales. Entonces cuando nos tomamos la empresa decidimos producir una línea de muebles económicos, dignos, decentes, para los propios trabajadores de la fábrica. También hicimos alrededor de 10 mil linchacos (barra doble de madera) para que se defendieran los compañeros de las fábricas intervenidas y tomadas.
Entre la guerra por la producción y la toma del poder
Mario Olivares, con honesta memoria, informó que "En medio de todo se encontraba la agudización de la lucha de clases y la opinión de sectores de izquierda que querían detener la irrupción de los trabajadores más radicalizados. Nos decían que 'no querían una guerra civil', que la única guerra era 'por la producción'. Nosotros pensábamos en la toma del poder. De esa manera, se formó una dirección político-sindical en el cordón Vicuña Mackenna con las empresas más emblemáticas, salvo las textiles que estaban controladas principalmente por los compañeros del Partido Comunista (PCCh). Y en esa dirección político-sindical nos rotábamos. ¿Qué quiero decir? Que no existía una democracia plena, no era que los trabajadores de base a los que uno representaba elegían a la dirección directamente. Era más bien un acuerdo entre los partidos políticos que teníamos cierta hegemonía en la dirección. Sin embargo, a través de esta instancia, se hablaba de hacer un poder paralelo al poder burgués para intentar dar un salto adelante. Ahora bien, según mi experiencia, yo creo que confundíamos los sueños políticos con la realidad. Se hicieron algunas experiencias que tímidamente tuvieron esa expresión. Por eso el libro de Franck manifiesta lo que yo viví y logra matizar distintas miradas de lo que fue el proceso de una manera coherente e inteligente y sin descalificaciones. Al fin, yo pienso que los sueños no han muerto y sigo peleando."

Fuente: http://piensachile.com/

jueves, 3 de noviembre de 2016



EDUCACIÓN POPULAR

APORTES TEÓRICOS DE MARX Y ENGELS

Nestor Kohan

                                                  BiografíasBiografía de Federico Engels



La innovación que agregaron Marx y Engels y que los diferenciaron de los Socialistas Utópicos, es que se plantearon la necesidad de una estrategia política, de un sujeto.

Marx (1818-1883), en una Alemania atrasada donde no se había hecho ni siquiera una revolución burguesa -recordemos que Alemania se unifica recién en 1870-, en esa Alemania comienza su vida política como periodista, él quería ser académico, quiso ser profesor y no pudo serlo, estudia derecho porque el papá lo obliga, y estudia filosofía porque a él le dio la gana.
Engels, quien vive en los años 1820-1895, le pesó toda la vida tener un padre burgués, porque la obligación que él tenia era administrar la fábrica, él vivía con una carga, a él le interesaba la literatura, las ciencias naturales, era aficionado a las ciencias naturales y el padre lo puso a administrar la fábrica, primero por mandato familiar, y después, cuando se convierte en un revolucionario, para darle dinero a Marx para que pudiera escribir. Engels se sacrificó toda su vida.
La noche en que Marx termina El Capital, esa noche le escribe una carta a Engels reconociéndole que si no hubiera sido con su ayuda, él nunca hubiera podido escribir El Capital.

Marx comienza como un periodista y la primera vez que se toca con la propiedad privada es cuando hacia periodismo sobre el parlamento alemán, era un periodista parlamentario y había un debate en el parlamento en la zona dónde él vivía, en una revista llamada la Gaceta del Rin y había un debate sobre el robo de leña. Los campesinos robaban leña para hacer fuego en el invierno y eso produjo un gran debate sobre la propiedad privada del campo. Esta es la primera vez que él ve, que toma conciencia, del papel que juega la propiedad privada en la sociedad actual. El mismo Marx cuenta qué impacto tuvo en su conciencia descubrir el papel de la propiedad privada y se dio cuenta, que en la sociedad capitalista la propiedad privada era algo fundamental, no era una cuestión secundaria.

Sus amigos filósofos creían que todo el problema era que había un discurso viejo en Alemania y había que remplazarlo por un discurso nuevo, que había una iglesia reaccionaria y que había que remplazarla por una iglesia más moderna. Con el robo de leña de esos campesinos es la primera vez que advierte que no era una cuestión de discurso ni de religión, sino que era una cuestión material, no material en el sentido químico o físico, era una cuestión material en el sentido social y a partir de allí se involucra, se va radicalizando y se tiene que ir de Alemania, recordemos que Alemania era muy reaccionaria.
Primero va a Bruselas y después va a Paris y luego a Inglaterra, donde muere después de vivir 33 años exiliado. El Capital lo escribe en Inglaterra.

Cuando Marx pasa por Francia se topa con un segundo impacto en la conciencia: los trabajadores. En la Alemania atrasada donde él vivía, no habían sindicatos, no habían grupos políticos de obreros, por eso los debates que tenía de joven eran debates muy abstractos, hablaban de la libertad, cómo cambiar la sociedad, pero todo muy genérico, no salía del micro clima universitario.
En Francia, cuando se tiene que ir exiliado en el año 1844, toma contacto con esos primeros grupos de obreros que eran Socialistas Utópicos. Fue la primera vez que este hombre vio obreros de carne y hueso, dejó de debatir con profesores y comenzó a debatir con los trabajadores. En su concepción esto fue muy importante porque él siempre estuvo girando dentro de la orbita filosófica y es la primera vez que sale de la filosofía en busca de lo que no tenían los Socialista Utópicos, que era el sujeto, es decir, quien va a llevar a la práctica esas ideas buenísimas.
Marx encuentra al sujeto en Francia, en el trayecto de su obra intelectual, este período es muy importante, en esa fecha escribe los famosos Manuscritos Económicos Filosóficosque fueron publicados por primera vez en 1942 en la URSS y en Alemania.

Manuscritos Económicos Filosóficos de 1844

En esa obra, Marx utiliza una categoría fundamental del capitalismo que es la enajenación o alineación , él dice: que œ los trabajadores aunque se les aumente el salario muchísimo van a seguir siendo esclavos porque hay un proceso social dentro del capitalismo, dentro del mercado capitalista que no se soluciona con el aumento del salario , es decir, un obrero aunque tenga un carro muy bueno, un equipo de sonido muy bueno, etc., si continúa en el engranaje capitalista, está prisionero de la enajenación o alienación .
La enajenación o alienación es la pérdida de lo más característico que tenemos los seres humanos y que no lo tiene un gato, un perro, una paloma, un delfín, dice él, que es la capacidad de crear, la capacidad de hacer una actividad humana creativa , siempre comparaba a los seres humanos con los animales. Esa comparación la tomó de Hegel, filósofo alemán, al cual estudiaron Marx y de Engels, que aportó mucho, aunque era un burgués. Hegel siempre comparó a los animales con los humanos tratando de buscar qué era lo que teníamos de específico en relación a todas las otras especies que existen.
Marx estuvo muy preocupado toda su vida como pensador sobre qué nos define como seres humanos, qué nos define como sujetos, y es en 1844 cuando plantea que: lo que nos define como seres humanos es la capacidad de trabajar creativamente, la capacidad de transformar la naturaleza y adaptarla al mundo humano y al mundo cultural .

¿En el capitalismo los seres humanos pueden ejercer libremente esa capacidad humana?

La tesis de Marx es que no, porque entre los seres humanos y la naturaleza, en una sociedad capitalista, se encuentra el mercado y, aunque hayan muy buenas intenciones, los seres humanos pierden lo más propio que tienen: la capacidad de crear .
En el capitalismo, son las mercancías las que ocupan el lugar central, no el sujeto. En el capitalismo el dinero manda, el que tiene dinero hace lo que quiere y el que no tiene dinero no. El dinero vale mucho más que las personas.
La tesis de Marx es que en el mercado capitalista el lugar central no lo ocupan los seres humanos, las personas, sino las cosas. Este proceso se define así: las cosas y las personas ocupan los lugares opuestos, las personas se vuelven cosas y las cosas se vuelven personas. Por ejemplo, un obrero se muere en una empresa y es contabilizado como una cosa, como si fueran tres bolsas de cemento, es decir, un objeto más que hay que pagar. Otro ejemplo de cosas convertidas en sujetos es el oro. Los lingotes de oro en un banco son pedazos de cosas, pero en la sociedad capitalista son sujetos, ya vemos en los noticieros que el periodista dice: hoy el mercado estuvo tranquilo, hoy el mercado estuvo nervioso, hoy el mercado estuvo triste . ¿¡Cómo!, las acciones están tristes? ¿Tienen acaso problemas de pareja las acciones?
Marx lo adopta de otros pensadores anteriores, algunos son famosos como el inglés Shakespeare, quien en sus obras de teatro exponía el papel del dinero y decía que era mágico porque un viejo con dinero se transforma en un joven atractivo, alguien débil si tiene dinero se transforma en un tipo fuerte, como que el dinero trastoca todo, cambia las características de las cosas.
En los Manuscritos Marx cita largos párrafos de la obra El Timón de Atenas donde Shakespeare, que no era socialista, ni comunista, solo un escritor de obras, ya había advertido que el dinero y el oro tenían una característica rara, era una cosa que se convertía en persona y que convertía a las personas en cosas.
Después cita a otro autor alemán que también escribió obras de teatro y que tampoco era socialista, era un burgués que se llamaba Goethe que escribió una obra de teatro llamada Fausto , que expone un pacto entre el hombre y el diablo, y también ve en el dinero una cualidad mágica, fantástica que hace invertir todo al revés, lo negro se vuelve blanco, lo blanco se vuelve negro, el viejo se vuelve joven, etc. El dinero da vuelta a todo. De allí Marx dice que si ellos lo vieron en el teatro y otros autores lo vieron en la economía, hay algo raro en el dinero .

Por eso el Che Guevara en los debates de cómo funciona una empresa en el Socialismo, y en una carta famosa que recomiendo leer que se llama El Socialismo y el Hombre en Cuba , es quizás el texto más famoso del Che escrito en 1965, es una carta que le escribe a un compañero de Uruguay y le dice : la derecha nos acusa de que para nosotros los socialistas y comunistas el Estado es todo, la persona no es nada, la derecha dice que defiende al individuo, los comunistas aplastamos la libertad individual, en realidad lo que nosotros pensamos es esto â€¦ y le escribe esa carta que es el gran documento teórico del Che Guevara, gran aporte a nivel mundial, en esa carta es fundamental la categoría de enajenación y dice que: el objetivo de la Revolución Socialista es ver al ser humano libre de la enajenación ver al ser humano liberado de ese proceso “raro” mediante el cual las personas se convierten en cosas y las cosas se convierten en personas, los objetos son sujetos y los sujetos son objetos, este es el gran objetivo de la Revolución Socialista.
Dice el Che que el Socialismo no es solamente un proyecto económico, al mismo tiempo es un proyecto que apunta a eliminar la enajenación y la única condición para superarla es eliminar el mercado, no puede haber Socialismo si hay mercado, son incompatibles porque mercado es igual a enajenación. Si existe el mercado, por más que seamos los mejores socialistas del planeta hay enajenación y el Socialismo es la antitesis del mercado.

¿Cuál es la herramienta con la cual deberíamos luchar contra el mercado?

El Che Guevara dice: a Planificación . Ahí viene el debate ¿mercado o planificación en la transición socialista? No es un debate solamente económico, el Che Guevara tiene un estudio muy riguroso de los Manuscritos de Marx, donde el mercado es igual a dinero, a enajenación. El plan no solo es una tesis económica, es un proyecto que va mucho mas allá de la economía, por eso a veces a los economistas les cuesta entender esto.
Marx escribió muchas versiones de ese gran proyecto que es El Capital. Él dice que empezó siendo un periodista, no era comunista, no era socialista, era liberal, era un periodista, quería cambiar la sociedad y pensó que lo haría desde la prensa, después comprendió que de la libertad de prensa tenía que pasar a una crítica de la religión, porque en la Alemania que le toco vivir, la iglesia protestante que no sigue la línea de Tomas Munzer, el cristianismo de la liberación, sino la de Martín Lutero que es burguesa y conservadora, estaba orientada hacia la apología del capitalismo.
Para el protestantismo clásico acumular es fundamental. Hay un libro de un burgués protestante, no socialista Max Weber que se llama La Ética Protestante y los Orígenes del Capitalismo . En los orígenes del capitalismo en Europa, el protestantismo, defendía esa necesidad de acumular, ayudó a que surgiera el capitalismo.
Marx dice: como vi que la iglesia de mi país era tan conservadora y aplaudía el acumular, después de pasar esa etapa de periodista ingenuo liberal, pasé a la crítica de la iglesia, pero rápidamente me di cuanta que para cambiar la sociedad criticar a la iglesia era tan limitado, que no iba cambiar Alemania porque yo criticaba a la iglesia. Entonces descubrí que la verdadera crítica no estaba en la religión, la verdadera tarea era hacer una crítica política, había que criticar a las instituciones políticas.
Empieza entonces a escribir sobre el Estado, pero rápidamente se da cuenta que toda la vida política, institucional, parlamentaria, con los partidos políticos, etc. tenía por detrás al mercado, es decir, que detrás de los bellos discursos políticos había intereses económicos. Por lo tanto, a la conclusión a la que él llega es que para cambiar la sociedad hay que estudiar la ciencia social que estudia el mercado capitalista: La Economía Política . Por eso Marx le dedicó alrededor de treinta años, a pesar de que era abogado y filosofo, a estudiar economía. Por eso escribió miles de páginas criticando la economía política, porque era la ciencia que legitimaba, que defiende al mercado capitalista.

La gran obra de Marx

La gran obra a la que llegó es El Capital , cuyo subtitulo es: Crítica de la Economía Política.

Las dos corrientes de la Economía Política

Una era la economía vulgar , representada por los que hoy diríamos el Banco Mundial, el FMI, la escuela de Chicago, es decir, los que no les interesa para nada la ciencia y solamente quieren defender a los empresarios y a los banqueros, por lo tanto, Marx los desprecia.
En cambio, dice Marx, hay otros economistas que no son simplemente defensores de los empresarios, sino son gente seria, rigurosa, que de verdad quieren entender cómo funciona la sociedad, pero tienen el defecto de ser burgueses. A estos economistas Marx los llama economistas clásicos científicos .

¿Cuál es la diferencia?

Los primeros sólo quieren defender a los empresarios y mienten, dicen cualquier tontería. Los segundos aportan algo, pero tienen un límite, son burgueses. Por esa condición, no pueden aceptar que la fuente de la ganancia empresarial es la explotación de los trabajadores. Marx respeta a los clásicos, desprecia a los vulgares y critica a ambos.
El Capital es una gran obra que tiene varias teorías: La teoría del poder, de la dominación, de la explotación, del funcionamiento del mercado: La ley del valor, del plusvalor etc. La teoría central es la del mercado capitalista, donde Marx plantea que la fuente de la ganancia empresarial es la explotación de la fuerza de trabajo.
Empieza distinguiendo dos categorías que en nuestro lenguaje siempre se usa como sinónimo: trabajo y capacidad de trabajar. ¿Cuál es la diferencia?
Marx dice: que el trabajo es la actividad que realiza la gente y, la capacidad de trabajar es la fuerza de trabajo.
Por ejemplo, si yo trabajo en la Shell ¿qué me paga la Shell ? Me paga por mi capacidad de trabajar un salario. ¿Cuánto produce la capacidad de trabajar? 15X, esto es lo que me paga, ese es el valor de mi fuerza de trabajo. Pero, ¿cuánto trabajo real ejecuto? Ejecuto 20X, entonces el empresario me dice: ¡lo sé, yo te pago por lo que tu trabajás!
La economía política lo toma como un hecho, sin cuestionar, que el empresario capitalista clásico me paga por todo el trabajo que hago. Marx dice:¡ No! Me pagan por lo que vale mi capacidad de trabajar, que siempre es menor al trabajo que yo ejecuto. Por ejemplo, todo el trabajo lo realizo en 10 horas, produzco 20X pero a mi me pagan 15X que sería el equivalente al valor de mi capacidad de trabajar. ¿Cómo mido ese valor? Sería equivalente al valor de todas las mercancías necesarias para que al día siguiente yo pueda volver a trabajar (comida, vestimenta, vivienda, educación). Ese valor que se mide socialmente es de 15X, en mi jornada laboral yo lo hago durante siete horas y media, pero mi jornada laboral es más larga, yo trabajo diez horas, entonces el patrón (suponiendo que el empresario honesto, ético, que cumple con toda la ley, en el capitalismo eso nunca pasa) a mi me paga por mi capacidad de trabajar.
Esta distinción que se hace del capitalismo, en América Latina está muy presente. Se dice que habría un capitalismo bueno, nacional humano, tercera vía, el capitalismo andino, social, sueco, dialoguista, racional etc., y otro malo que seria el neoliberalismo salvaje, mercado salvaje, etc.
Para Marx esta oposición es absurda, el dice que aun en el caso de que eliminemos el capitalismo malo y nos quedemos con un capitalismo que supuestamente cumple las reglas, que respeta las leyes y que paga en la fecha que hay que pagar, igual nos están pagando por nuestra capacidad de trabajar pero no por todo el trabajo realizado. La diferencia entre el valor de todo el trabajo realizado y el valor de mi fuerza de trabajo se llama Plusvalía.
¿ La Plusvalía se la queda el empresario de la Shell que a mi me contrata? Marx dice: ¡No!. En la sociedad capitalista real, la plusvalía es como el botín de un pirata y, como todo pirata, tiene que dividir el botín porque hubo otros piratas que lo ayudaron a robarlo. Una parte se lo llevan los empresarios, lo que Marx va a llamar ganancia industrial , otra parte se la llevan los bancos: interés bancario , otra parte se lo lleva el capital agrario : renta terrateniente , otra parte la paga al Estado a través de impuestos .

La conclusión política de Marx

Los trabajadores, la fuerza de trabajo, mantienen al conjunto de la sociedad, de ellos salen todas esas fuentes de ingresos supuestamente mágicas. La más mágica de todas es el interés que parece ser hecha por un alquimista, por un mago. Llevo al banco hoy un billete de 100 y al mes siguiente tengo 110. ¿Creció sola la plata como una plantita? En la imagen popular creció sola la plata y en la economía política sobre todo la vulgar dice: sí, crece sola . El dinero genera interés, la tierra genera renta, el capital genera ganancias. Marx dice esas tres ilusiones mágicas expresan fetichismo. Esto de creer que un billete verde en un banco genera interés sólo, sin que en el medio haya trabajo humano, es el fetichismo elevado a la máxima potencia.
La conclusión de Marx en 1844 era que la categoría central era la alineación. En 1865 era el Fetichismo, la plusvalía, es decir, la explotación.

¿Qué es el fetichismo?

El fetichismo es otorgarle a un objeto una capacidad humana, expresa con una palabra distinta, eso que en su juventud, Marx llamó alienación, y tiene otras características distintas a la alineación que podemos discutir en otro momento.
Para el Che Guevara tanto los Manuscritos del 44 como El Capital son fundamentales, porque la conclusión entonces sería que para cambiar la sociedad no alcanza con repartir lo que hay, es decir, socializar el consumo, eso que quería Juan Crisóstomo padre de la iglesia. Socializar los bienes de consumo, que la gente tenga un salario alto, se vista mejor, coma mejor, etc. ¡No alcanza!. Esta es la gran conclusión política.

¿Qué propone Marx?

Marx dice: que lo que hay que cambiar no es la manera de distribuir sino la manera de producir, es decir, el Modo de Producción.

Si solamente cambiamos la manera de distribuir pero mantenemos el modo de producción capitalista, seguimos en el capitalismo. En necesario revolucionar el modo de producción, así cambiará la manera de distribuir. La manera en que se reparte, si se quiere, es un efecto y el modo de producción es la causa, si solamente atacamos los efectos y dejamos intactas las causas, a la larga el capitalismo se recicla.

Por ejemplo, el General Perón que no era un neoliberal, era un keynesiano, era partidario de que el Estado intervenga, etc. El General Perón tiene un discurso famoso en la bolsa de comercio en la segunda mitad de la década del 40 donde le dice a los empresarios argentinos: yo no soy socialista, ni soy comunista, pero les advierto que si ustedes no reparten el 30 por ciento, el pueblo se va a tomar el 100 por ciento, keynes, economista inglés que después de la crisis de 1929 le dice a los empresarios de occidente: compañeros repartamos un poquito porque sino se vienen los rojos, miren lo que pasa en Rusia.keynes no quería el Socialismo, si uno lo compara con los neoliberales, keynes parece un socialista que defendía a los humildes a los trabajadores, pero en realidad él defendía a los empresarios. En conclusión, distribuir mejor la renta es un mecanismo de los empresarios para neutralizar las protestas populares y el gran teórico de eso a nivel económico fue keynes, repito no era socialista, era un crítico del Socialismo.
Entonces la propuesta de Marx no es la de keynes. Como hemos vivido un cuarto de siglo de neoliberalismo en América Latina hay mucha confusión, cualquiera que critique el mercado capitalista ya parece un compañero, un socialista.
En los Foros Sociales se vio mucho esa confusión, mucha gente ha circulado frente al neoliberalismo y todos parecían compañeros. Una vez que el neoliberalismo empieza a desprestigiarse y en América Latina aparecen nuevos procesos, se reabre el debate, el neoliberalismo ya no va más ¿Cuál es la alternativa entonces? La consigna de estos foros es otro mundo es posible y ahí viene el debate ¿Cuál es ese otro mundo? ¿Es distribuir mejor manteniendo el mismo modo de producción o es cambiar el modo de producción?
Distribuir mejor lo que se tiene es un capitalismo reformista. La socialdemocracia obviamente se juega con eso, en el mejor de los casos. Por ejemplo, yo creo que el partido socialista obrero de España ni siquiera está en esa corriente, porque ni siquiera quiere repartir mejor, simplemente es neoliberal. Pero la socialdemocracia sueca, noruega, sí se puede ubicar en esta corriente.
Si la estrategia es mejorar la distribución de los recursos creyendo que ese es el Socialismo, es muy complicado y allí viene la gran discusión, el gran debate en América Latina: ¿a qué le llamamos Socialismo del Siglo XXI?

LA POLÍTICA HA MUERTO ¡VIVA LA POLÍTICA!
Manuel Cabiese


PORTADA 863E l mensaje cívico de las elecciones municipales no deja lugar a dudas. Es el repudio a la casta política y su corrupción. Pero es a la vez el reclamo por una política distinta, decente, leal al pueblo y sobre todo participativa. Una forma ciudadana de plantear esto -a falta de una alternativa nacional en las urnas- es el récord mundial de abstención y el apoyo a candidaturas aisladas, como la de Jorge Sharp en Valparaíso, que interpretaron correctamente que el rechazo a la politiquería no es lo mismo que el rechazo a la Política.

Para la Izquierda -sí, para esa Izquierda dispersa y sin rumbo- se vuelve a plantear la oportunidad -y el deber- de levantar una alternativa de cambio. Una alternativa que conduzca a una Asamblea Constituyente para echar las bases de una nueva institucionalidad, democrática y participativa.

¿De qué Izquierda hablamos? De la que se anida en el movimiento social y que expresa las demandas de justicia, igualdad y participación democrática truncadas por el golpe de 1973 y luego por la demagogia y corrupción de la casta política.

El rechazo a la casta política que creció a la sombra del mundo empresarial no pudo ser esta vez más evidente. Desde la elección presidencial de 2013, Chile es el país con más alta abstención electoral en el mundo. Esta vez solo confirmó ese récord ominoso que ya alcanza al 65,5%.

Se trata de una crítica con diversos destinatarios. Nos interesa en especial aquella que se dirige a la sensibilidad democrática y libertaria de las luchas del pueblo.

La tardanza en reconstruir una alternativa de Izquierda que agite las banderas políticas, sociales y culturales que le son propias, tiene un costo muy alto. Está ayudando a despejar el camino a La Moneda de la derecha empresarial sin careta. El acelerado desgaste de la Nueva “Mayoría”, cuya base social -en importante medida- se encuentra a la izquierda del espectro político-social, ya ni siquiera puede usar a su favor el argumento de ser el “mal menor”.

En resumen, las elecciones municipales fueron un nuevo y contundente rechazo a la corrupta casta política. Acentúan la crisis institucional por la precaria representatividad de los municipios. Se prolonga la crisis política que vive el país. Es un deber de la Izquierda sacudir el pesimismo que la debilita y reivindicar el significado democrático de la política.

¿Por qué no plantearse un factor unificador de la lucha social y política? Una alternativa que ponga al centro del debate y de la agitación social la demanda por una Asamblea Constituyente. Porque sin Constitución democrática, será imposible desalojar a la oligarquía financiera y política que gobierna el país.

Editorial de “Punto Final”, edición Nº 863, 28 de octubre 2016.

martes, 1 de noviembre de 2016

Contrarrevolución neoliberal en crisis


RAFAEL AGACINO

 
Como se sabe, Chile ha sido un laboratorio para las elites dominantes y el imperialismo; aquí su intelligentsia, sus intelectuales orgánicos y la tecno-burocracia experta en gestión de conflictos, ensayaron el nuevo arsenal de reformas institucionales diseñadas para extirpar de raíz las conciencias y voluntades anticapitalistas.


El experimento chileno se llamó contrarrevolución neoliberal. Su punto de partida, su momento fundacional, arrancó de los escombros dejados por el golpe de Estado de 1973 y se extendió hasta inicios de los años ochenta; luego sobrevivió a una severa crisis mundial recurriendo a ajustes heterodoxos, y ya entrada la década de los años noventa, recuperada y ufana, se vistió de democracia al cuidado de una coalición de ex golpistas y franjas de la Izquierda conversa.



Su última etapa -la pax neoliberal como la denomina Gaudichaud- ha sido exitosa pues, además de superar en años a la dictadura, también terminó por reconvertir a la Izquierda al credo neoliberal.
La guinda de la torta fue la incorporación de la dirección del PC, primero al Parlamento en el año 2010, y luego, a la alianza de gobierno el 2014. Toda una hazaña de los ingenieros de las transiciones políticas.



Este extenso trayecto dura ya 42 años, y dado que las reformas estructurales tienen décadas de aplicación y sus relaciones sociales y subjetividades son usos y costumbres, nada tiene de extraño que la racionalidad individualista y de mercado sea el sentido común predominante. En el curso de las reformas neoliberales, la sociedad chilena fue adelgazando el tejido de sus relaciones sociales aunque, paradojalmente, multiplicara su red de interacciones; todos cada vez más conectados pero a la vez más empobrecidos de sentido colectivo; átomos guiados según el interés de cada cual y compitiendo en las arenas de la institución neoliberal por antonomasia: el mercado.



Pero también a 42 años de la contrarrevolución, la utopía neoliberal muestra fisuras y aflora un malestar social inusitado, y en éste, un potencial de ruptura. A nivel de la política y lo político se están manifestando las contradicciones derivadas de un agotamiento crítico de la forma que tomó la sociedad chilena en el curso de cuatro décadas; se trata de las anomalías de la contrarrevolución neoliberal propias de su etapa de maduración.



Y eso lo saben, intuyen o vivencian casi todos los sectores en lucha latente o abierta. Por ello, tanto los de arriba como los de abajo, atribulados por la emergencia de las contradicciones estructurales, se agrupan y reagrupan entre la resistencia conservadora y la apertura al post neoliberalismo.
El texto que nos ofrece Franck Gaudichaud(1) precisamente se pone en este borde histórico y sobre la base de una evaluación de la trayectoria reciente de la sociedad chilena, incursiona sobre las interpretaciones del momento actual y las posibilidades de algún tipo de alternativa política de carácter popular. Los ejes en que concentra su análisis -nombro solo los que me parecen principales- son la centralidad de la relación capital/trabajo, el carácter de los movimientos sociales y el peso de la subjetividad de masas que el propio modelo produce y reproduce, todo ello en el marco de la institucionalidad política y la estructura de clases que caracterizan en el presente al modelo neoliberal.


La combinación de dichos ejes y la apelación a tales aspectos estructurales (lo político y las clases), conducen a una síntesis que, a mi juicio, constituye el aporte central que ofrece el texto, pues permite una discusión sobre las alternativas políticas teniendo a la vista una hipótesis interpretativa del momento por el que hoy atraviesa la sociedad chilena.


En este sentido, aprovecho para acentuar algunos aspectos en relación a los ejes que nos propone Gaudichaud; estos comentarios ya han sido expuestos en otros lugares, pero creo viene al caso retomarlos aquí dado el tipo de análisis que nos presenta el autor.


En primer lugar hay que destacar que las movilizaciones de trabajadores en 2015 han tendido a desbordar las formas organizativas y de acción tradicionales, y por ello mismo, a la propia institucionalidad sindical conservadora. Este año 2015 tenemos a la vista la huelga de los subcontratistas del cobre -que incluso costó la vida del trabajador Nelson Quichillao a manos de la policía militarizada-, el largo conflicto de los profesores que rebasó la política conciliadora de una parte de la dirigencia del Colegio de Profesores, y finalmente, la lucha de los trabajadores públicos del Registro Civil que han debido enfrentar al gobierno y al despliegue de todos los dispositivos del poder: la ley, la presión política, la campaña mediática e incluso la conducta desleal si no francamente aleve de la dirigencia de la CUT y de la Izquierda parlamentaria.


Estas movilizaciones confirman la profunda crisis del sindicalismo clásico, pero a la vez abren posibilidades para un nuevo movimiento de trabajadores que rompa con los límites ideológicos y objetivos impuestos hasta ahora por el sindicalismo conservador. En efecto, si este nuevo movimiento logra madurar, lo hará a partir de bases totalmente diferentes. Por ejemplo, desprendiéndose de una concepción que considera al sindicalismo tradicional y sus sindicatos legales, propios de la etapa desarrollista industrializadora, como la única y más efectiva forma de organización de los trabajadores.
Hubo antes formas mutualistas, sociedades en resistencia, mancomunales, etc., que en ausencia de una legislación laboral, organizaron grandes masas obreras que enfrentaron directamente al capital e incluso ofrecieron respuestas autónomas a las necesidades colectivas; los derechos codificados en la legislación laboral, a cuyo amparo se desarrolló luego el sindicalismo clásico, son resultado de dichas luchas.


También comprendiendo que frente a un “capital extendido”, es decir, que somete a su racionalidad y dominio actividades sociales antes ajenas a la producción capitalista, es necesario, del mismo modo, concebir de manera “extendida a la clase trabajadora”.


Si el capital convierte los servicios -antes públicos y sin fines de lucro- en actividad productiva de valor, o somete otras actividades no mercantiles, personales y/o comunitarias a la lógica de la acumulación, entonces los que allí se desempeñan y venden su talento productivo al capital, son igualmente parte de la clase trabajadora.



Así como las formas de pago o de contratación -directa o indirecta; parcial o completa; temporal o permanente- no importan para definir a la clase trabajadora, tampoco el carácter material o inmaterial del trabajo o de su resultado son criterios correctos para dilucidar quiénes son o no parte de aquella. Lo central es la relación social entre capital y trabajo.



Y finalmente, entendiendo que hay luchas cuya escena no es ya el terreno de la empresa e incluso la rama, se trata de derechos colectivos que sólo pueden imponerse enfrentándose al conjunto del capital y el Estado.



Un nuevo sistema de relaciones laborales, de salud, de transporte público o un sistema educacional, por citar algunas demandas más inmediatas, indefectiblemente son luchas por derechos generales y no derechos de un sindicato o federación; son luchas por los intereses globales de los trabajadores constituidos como sujeto colectivo autónomo y opuesto al capital.



En segundo lugar, es necesario resaltar la emergencia entre 2006 y 2011 de las movilizaciones sociales, pues, como bien muestra el autor, la abrupta explosión de “lo social” cambió severamente el panorama nacional: mostró las arrugas de una contrarrevolución madura y develó una suerte de incompletitud del teorema neoliberal.



En efecto, la institución mercado mostró sus insuficiencias para procesar todos los conflictos y disiparlos en meras contiendas entre partes privadas; el dispositivo de regateo entre privados (el mercado), incluyendo el recurso judicial para resolver las contiendas sobre obligaciones y derechos consignadas en los contratos, no alcanzó para contener y mantener los conflictos en la esfera civil, sobre todo cuando una de las contrapartes saltó de lo individual a lo colectivo.



El creciente malestar terminó por desbordar parcialmente el “orden de mercado” y la burocracia política y sus ingenieros en gestión de conflictos, desacreditados y perplejos, en reiteradas ocasiones fueron superados por la dinámica de las luchas sociales. El conflicto por la educación es un caso paradigmático por muchas razones, pero una es crucial y se refiere al sentido menos visible de la lucha de los estudiantes secundarios.



Estos reclamaron por la gratuidad y mejores condiciones materiales, pero dejaron entrever en sus formas organizativas, en sus acciones y en su estética de lucha, un rechazo feroz a la propia comunidad escolar, a la escuela, como espacio invivible por su autoritarismo, mediocridad, por el colapso de los profesores, por su régimen de competencia individual y la presión por el éxito que enfrenta a unos jóvenes y adolescentes con otros.



Por ello, a diferencia de otros movimientos, los secundarios no eran fácilmente domesticables apelando a políticas redistributivas y clientelares: sus demandas no eran susceptibles de reducir a precios; y mirado desde otro ángulo, se trataba de la rebelión de los hijos del modelo neoliberal maduro cuya lucha no consistía en resistir las reformas neoliberales sino en rebelarse contra el efecto de su funcionamiento pleno; en rigor, su malestar era consecuencia, resultado, de un modelo realizado y frente al cual venían reaccionando masiva, espontánea y sistemáticamente desde el “mochilazo” del 2001.



No es arriesgado afirmar que fue el movimiento estudiantil secundario -y no el universitario- la base de las luchas sociales que lograron trizar los consensos de las clases dominantes y la paz social que los gobiernos civiles mostraban al mundo como el exitoso modelo chileno y la exitosa transición a la democracia.



Así las cosas, la incompletitud de la utopía neoliberal puede considerarse una anomalía crítica, una verdadera falla estructural, por cuanto la emergencia de las movilizaciones masivas y de los movimientos sociales expresan, tanto el fracaso del intento de diluir la “cuestión social” en la cuestión privada, como la ineficiencia del propio sistema político que diseñó el neoliberalismo, cuestión central a la hora de calibrar el momento actual de la política chilena.



En particular, el sistema de partidos políticos se ha mostrado estéril para anticipar, procesar y disipar los conflictos sociales que escalan por abajo, a la par que parece no ser capaz ya de ofrecer una representación eficaz del interés general del capital y gestionar sus conflictos fraccionales que se precipitan por arriba. Y esto es una debilidad crucial pues manifiesta los límites de “lo político” en el contexto de un modelo cuyas potencialidades se han realizado casi completamente.



En efecto, un régimen político debilitado, que pierde por abajo su capacidad de maniobra vía clientelismo frente a las luchas sociales, por default tiende a fortalecer sus dispositivos y formas policiacas de control del orden, mientras por arriba, si es capturado por el capital, tiende a convertirse en un cuasi cascarón jurídico-político dirigido desde fuera por un “poder dual burgués” que comanda a la tecnoburocracia y sus políticas.



El régimen político y el Estado actuales en nada se parecen al ideal republicano liberal burgués, al Estado de compromiso y benefactor declarado por la Constitución de 1925 y aderezado a través de sus sucesivas reformas. El régimen político actual carece de su aura democrática y el Estado de su majestad como titular del bien común; incluso más, el mismo Estado corre riesgo de lumpenizarse.
Esta posibilidad no es ajena a los momentos en que se conjugan una fuerte concentración del capital con una debilidad estructural de la institucionalidad político-burguesa, y en América Latina la asociación policiaco-mafiosa entre trasnacionales, capital monopólico, partidos políticos y ejército no es ninguna sorpresa.


Así, la contrarrevolución neoliberal chilena se encamina veloz hacia sus propios límites. Hoy son las instituciones de la “república” las que se trizan. El Estado subsidiario, el Parlamento, los partidos políticos, las fuerzas armadas, el empresariado, la burocracia eclesiástica, y la Constitución Pinochet-Lagos que los resguarda, todos eslabones de una larga trenza de corrupción moral y material, ya han entrado en la zona de costos crecientes para sostener su hegemonía ideológica y política.


Y si bien todo esto aparece ahora sin claroscuros, en que los velos han caído y la decadencia moral se muestra como simple síntoma del fracaso de la utopía neoliberal, no fue así hasta hace muy poco. Escasos meses atrás la mayor parte de la sociedad chilena vivía bajo el influjo de un modelo estable y triunfante y ni siquiera imaginaba el devenir reciente.



Fuera por cinismo, miopía o por ambos, las clases dominantes subestimaron las fisuras de esta contrarrevolución neoliberal madura, y una vez enfrentadas a las crudas circunstancias, han mostrado sorpresa y cierta perplejidad que ha retardado el diseño de una salida institucional.
Lo que se ha abierto en Chile es un periodo político de creciente pugna entre las fracciones conservadoras y reformistas de las elites dominantes, pugna en torno a cómo enfrentar y resolver los déficits estructurales del modelo.



Pero a la vez, un mismo ambiente tenso por arriba, ofrece a los “terceros excluidos” del teorema neoliberal, los trabajadores y sectores populares, enormes posibilidades para dar un salto y constituirse en una fuerza gravitante en los acontecimientos por venir. Y es éste el terreno al que nos conduce directamente y sin rodeos todo el trabajo analítico de Franck Gaudichaud: la construcción política estratégica para el hoy, crudo problema al que no en vano le dedica sus mayores esfuerzos teóricos y prospectivos en la última parte de su texto.



Nada simple por cierto. Se trata nada menos que de desentrañar las posibilidades de una política general que haga plausible la configuración del bloque de los de abajo, o lo que no es sino su contracara, una estrategia común capaz de entrelazar la multiplicidad de luchas contra el capital que discurren actualmente por el país. Un desafío no sólo para el análisis político sino también para la propia práctica política inmediata


RAFAEL AGACINO

(1) Franck Gaudichaud, Las fisuras del neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la “democracia tutelada” y conflicto de clases, Tiempo Robado Editoras y Quimantú, Santiago, 2015.

El autor


Rafael Agacino es investigador de Plataforma Nexos. Este es el texto de su prólogo al libro de Gaudichaud. Título original del artículo: “Contrarrevolución neoliberal y la construcción política estratégica para el hoy”.

El Último día de Miguel Enríquez

     


miguel enSu eterno chaquetón marinero y su risa estruendosa, que contagiaba alegría, es lo primero que recuerdo de Miguel Enríquez. El optimismo asomaba a sus ojos, a sus gestos, comunicando esa incansable vitalidad que le animaba. Miguel reía con todo el cuerpo, se agitaba y el torrente reventaba con una explosión de alegría. Después descubrí que también era la forma de reir de su padre, don Edgardo. Miguel era un dinamo, veloz de pensamiento y palabra. Sus frases se precipitaban en ráfagas.
Temible en la polémica, a veces era también -para mi gusto- demasiado duro en la discusión con los compañeros. Abrumaba con argumentos, citaba la historia revolucionaria mundial, especialmente la revolución bolchevique; conocía bien a Lenin (el Pelao, como le llamaba con familiaridad), a Trotsky y Rosa Luxemburgo, se paseaba por la revolución china, conocía en detalle la revolución cubana y sabía mucho de historia de Chile.
Por supuesto era carrerino, admiraba a Manuel Rodríguez y se refería con mala voluntad al "guatón O'Higgins". Dedicaba especial atención al estudio y le gustaba discutir con gente de pensamiento diferente al suyo.
Matarlo no fue fácil para la DINA. Los sicarios de la dictadura tuvieron que extremar sus torturas con los detenidos que habían contactado a Miguel o a sus enlaces desde que el líder del MIR pasó a la clandestinidad. La crueldad del capitán Miguel Krassnoff Marchenko, jefe de la Agrupación Caupolicán de la Brigada de Inteligencia Metropolitana de la DINA, y de su principal verdugo, Osvaldo Romo, sin embargo, no tenía límites. El Informe Rettig señala: "La primera prioridad de la acción represiva de la DINA durante el año 1974 fue la desarticulación del MIR. Esta continuó siendo una prioridad durante 1975. Durante estos dos años se produce el mayor número de víctimas fatales atribuibles a este organismo". Creada por decreto en junio de 1974, la DINA venía operando desde noviembre de 1973, en dependencia directa de Pinochet. Quinientos oficiales de las FF.AA. y Carabineros dieron origen a esa estructura secreta que más tarde contaría a miles de funcionarios, asesores e informantes a sueldo.
Matar al secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, un médico de 30 años que había burlado numerosas trampas y emboscadas, se convirtió en una obsesión para la DINA. Destinó para ello a la Agrupación Caupolicán, mientras la Agrupación Purén se dedicaba a perseguir al resto de la Izquierda. La DINA consiguió datos para localizar el sector de Santiago donde Miguel vivía clandestino. Era en la calle Santa Fe 725, entre Chiloé y San Francisco, en la comuna de San Miguel. Una casa con apariencias de nada con dos portones metálicos que todavía conservan más de treinta impactos de balas. El 5 de octubre de 1974 se libró allí un combate desigual, como el de La Moneda y otros durante 17 años en que hombres y mujeres de la Izquierda chilena dieron lecciones de honor y valentía en combate.
Miguel era uno de los dirigentes chilenos más prometedores. Tenía rasgos indudables de genialidad política. En él "despuntaba un jefe de revolución", como dijo Armando Hart a nombre del Partido Comunista de Cuba en el solemne homenaje que se tributó en La Habana al revolucionario chileno. Los dirigentes cubanos no derrochan ese calificativo porque conocen su significado. Por eso el nombre de Miguel Enríquez lo llevan muchos comités de defensa de la revolución (CDR) y un hospital clínico quirúrgico.
LA CACERIA DEL MIR
La precaria clandestinidad de Miguel, soportó poco más de un año. Había lanzado la desafiante consigna "el MIR no se asila", y quiso dar el ejemplo permaneciendo en Chile para organizar un movimiento de resistencia que concebía amplio y unitario. Explicó: "Nos quedamos en Chile para reorganizar el movimiento de masas, buscando la unidad de toda la Izquierda y de todos los sectores dispuestos a combatir a la dictadura gorila, preparando una larga guerra revolucionaria a través de la cual la dictadura será derribada, para luego conquistar el poder para los trabajadores e instaurar un gobierno de obreros y campesinos".
Desoyó los consejos de muchos camaradas y amigos que le pedían salir del país. Miguel era del tipo de líderes que guían con el ejemplo. No subvaloraba, sin embargo, las tareas de apoyo en el exterior. Encomendó organizarlas a dos miembros de la comisión política, su hermano Edgardo -ingeniero de 34 años, detenido en Buenos Aires en abril de 1976 y desaparecido desde Villa Grimaldi- y René Valenzuela Bejas, hoy preso en España.
La persecución al MIR fue motivo de disputa entre la DINA y el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA), que dirigía el comandante Edgar Ceballos Jones ("Comandante Cabeza"). El SIFA llegó a tener numerosos prisioneros en su cuartel general en la Academia de Guerra Aérea (AGA). Mediante el método de hacer desaparecer a los prisioneros y una brutalidad extrema en la tortura, la DINA consiguió finalmente desplazar al SIFA.
El terrorismo de la DINA se hizo sentir con fuerza a partir de abril de 1974. El recinto secreto de Londres 38, un ex local del PS, se convirtió en centro de torturas y en primera estación del vía crucis de muchos detenidos hacia la muerte y desaparición en Colonia Dignidad, como ocurrió con Alvaro Vallejos Villagrán (el "Loro Matías"), estudiante de Medicina de 25 años, uno de los primeros en ser ejecutados en la colonia alemana de Paul Schäffer.
La comisión política del MIR, sin embargo, se mantenía más o menos intacta a comienzos del 74. La pérdida más importante había sido la de Bautista Van Schouwen Vasey, en diciembre de 1973, capturado por una delación en el convento de los Capuchinos de Santiago, donde se ocultaba. Van Schouwen, de 30 años, médico, era uno de los fundadores del MIR e íntimo amigo de Miguel Enríquez, con cuya hermana, Inés, estuvo casado.
A partir de julio del 74, la DINA -ahora en posesión de abundante información y con la colaboración de delatores- aumentó la intensidad de sus golpes. Cayeron detenidos y desaparecieron decenas de miristas como Bárbara Uribe y Edwin Van Yurick, su esposo; el periodista Máximo Gedda, Martín Elgueta, Alfonso Chanfreau, María Angélica Andreoli, Muriel Dockendorff, etc. Muchos fueron atrapados en "puntos de contacto" que entregaban los torturados. Otros cayeron en "ratoneras" montadas en casas de militantes detenidos. Muchos fueron reconocidos en las calles por delatores que salían a "porotear" con los agentes de la DINA.
La represión aumentó y en septiembre del 74 la situación se hizo trágica. Casi todos los presos del MIR eran salvajemente torturados y desaparecían para siempre, como el arquitecto Francisco Aedo Carrasco, de 63 años, liberado desde Chacabuco y arrestado de nuevo el 7 de septiembre, los hermanos Carlos y Aldo Pérez Vargas (cuyos otros tres hermanos, Iván, Mireya y Dagoberto, este último miembro de la comisión política del MIR, morirían en 1975 y 1976), Carlos Gajardo, Vicente Palomino, Manuel Villalobos, etc. Delatores como Marcia Merino ("La Flaca Alejandra") asesoraban los interrogatorios, señalando a los torturadores lo que debían preguntar, clasificando la información, participando en los allanamientos o en el "poroteo".
La situación alcanzó su punto álgido a fines de ese mes y comienzos de octubre con la detención de los dirigentes Sergio Pérez Molina y Lumi Videla Moya (cuyo cadáver terriblemente torturado por Osvaldo Romo lanzaron al interior de la embajada de Italia el 3 de noviembre), María Cristina López Stewart, el sacerdote Antonio Llidó, los hermanos Jorge y Juan Andrónico Antequera, Amelia Bruhn, y una larga lista de mártires.
La DINA obtuvo nuevas pistas para llegar a Miguel Enríquez: el barrio donde vivía, una descripción de su aspecto físico y de su pareja (Carmen Castillo Echeverría, que hacía de enlace en algunos contactos y que estaba embarazada), una Renoleta roja que usaba Miguel (la reconocieron durante un enfrentamiento a tiros en el sector del Estadio Nacional), etc.
LA CASA DE SANTA FE
Desde diciembre de 1973, Miguel vivía clandestino en Santa Fe 725. Un barrio tranquilo, de pequeña burguesía pobre y de obreros, casi todos propietarios de sus viviendas. La mayoría -como la que ocupaba Miguel- son casas de un piso con patio y parrón. Los vecinos se conocen por años. Entonces la mayoría eran de Izquierda, comunistas y socialistas. Frente a la casa de Miguel vivía un viejo obrero comunista, Leyton, "cicerone" del Museo Recabarren.
La casa de Miguel estaba entre la de un obrero cesante y la de un periodista, Rolando Carrasco, comunista, preso en Chacabuco. Allí vivían la mujer de Carrasco, Anita Klöpping (como actriz de teatro y radio más conocida como Anita Mirlo) y sus hijos, Rolando, de 16 , y Valentina, de 11 años.
Miguel y su compañera, Carmen Castillo, llegaron a vivir en esa casa a fines del 73, después de la caída de Van Schouwen. Inicialmente los acompañaba otro dirigente del partido, Humberto (Tito) Sotomayor, y su esposa. Ocasionalmente iban a pasar unos días con ellos las pequeñas hijas de ambos, Javiera, hija de Miguel (con Alejandra Pizarro), y Camila, hija de Carmen (y de Andrés Pascal Allende, también miembro de la comisión política del MIR, que a su muerte reemplazaría a Miguel en la secretaría general del MIR). El otro hijo de Miguel, Marco Antonio (con la periodista Manuela Gumucio), estaba en Francia y apenas tenía un año cuando mataron al líder del MIR.
Una ciudadana británica compró con fondos del MIR la casa de Santa Fe a un dueño de camiones, padre de unas mellizas, a quien en el barrio todos miraban con sospecha porque era opositor al gobierno de la Unidad Popular y porque vendía mercaderías que escaseaban en el mercado.
EL ALIENTO DE LA BESTIA
Miguel, Carmen, Sotomayor y su mujer no lo sabían pero eran objeto de observación en el barrio. Se siente curiosidad por los nuevos vecinos. Se preguntan quiénes son, de dónde vienen, qué hacen, etc. Los jóvenes que viven en Santa Fe 725, parecen gente de desahogada situación económica, se muestran afables y saludan con cortesía pero sin intentar mayores relaciones. Todos observan...y comentan. Al dueño del boliche de la esquina le llama la atención que los nuevos propietarios de la casa de Santa Fe 725 dispongan de más dinero que lo común en el vecindario. Compran mayor cantidad y artículos de más calidad. Para el almacenero es un buen negocio pero comunica sus observaciones y el rumor circula...
Miguel y Carmen, Sotomayor y su mujer, entretanto, hacen una vida normal y buscan establecer una relación discreta con los vecinos. Se dan cuenta que en ese barrio hay que trabar amistad con la gente. Miguel y Carmen ayudan al vecino cesante. Se enteran que Anita tiene a su marido preso en Chacabuco y que trabaja como costurera para sostener el hogar. Carmen le ayuda mandándole hacer ropa para Javiera y Camila, luego para ella o para una amiga que inventa. Un día el joven Rolando Carrasco (hoy arquitecto, casado, dos hijos) está duchándose, la llama se apaga pero el gas sigue fluyendo, Rolo cae desmayado, como de costumbre ha cerrado con llave la puerta del baño. Anita lo siente caer, intenta abrir la puerta, no puede y corre a la casa de Miguel a pedir ayuda. Humberto Sotomayor acude, echa abajo la puerta, reanima al joven y le da instrucciones a Anita para seguir atendiéndolo. Así ella se entera que es médico. Desde ese día siente por sus vecinos del 725 una enorme gratitud y cariño. Ya no le importa la cortés pero firme discreción con que ellos defienden su privacidad.

MORIR EN OCTUBRE

Amanece el 5 de octubre de 1974. La DINA está sobre una pista segura para llegar a Miguel. Otras le habían fallado. Por ejemplo, detecta que Javiera, de 5 años, hija de Miguel, vive con su tía, Ana Pizarro, y sus tres hijos. Supone -con razón- que por esa vía existe un vínculo con Miguel. La DINA pierde la paciencia y amenaza de muerte a Ana Pizarro y sus hijos, que se asilan en la embajada de Francia. Pero antes Miguel manda a buscar a su hija. En una carta le dice a su ex cuñada que quiere tener a Javiera por un tiempo porque está seguro que va a morir.
La DINA ya sabe que Miguel vive en la zona sur de Santiago, en un cuadrante enmarcado por Santa Rosa, Gran Avenida, Departamental y Callejón Lo Ovalle. Los esbirros de Krasnoff, capitaneados por Osvaldo Romo que olisquea sangre, "peinan" esa área. Llevan algunos de los presos torturados para que reconozcan calles, ruidos, olores. Pasan algunos días en esa tarea de rastrear las huellas todavía invisibles de Miguel. Buscan una Renoleta roja y una joven señora embarazada. Van en tres vehículos y llevan armas largas por si acaso. Se detienen a preguntar en almacenes y talleres, interrogan a niños y mujeres, carteros, revisores de medidores de luz y agua, recogedores de basura, etc.
Está clareando y en la casa de Santa Fe 725, todos duermen: Miguel, Carmen, Humberto Sotomayor y José Bordas Paz (31 años, encargado de la Fuerza Central, rama armada del MIR). El grupo conversó hasta tarde. Quedaron de acuerdo en que al día siguiente, 5 de octubre, Carmen buscará una casa de emergencia. El instinto les decía que la seguridad del escondite se había resquebrajado, sobre todo después del enfrentamiento a tiros en la Avenida Grecia. Miguel había hecho algunas reuniones en la casa con compañeros que presumiblemente ahora estaban presos. Aunque se habían observado las reglas de la clandestinidad, no se podía descartar que alguno se hubiese dado cuenta del barrio y la calle donde los habían llevado a ciegas. Se iban también a cumplir diez meses viviendo en la misma casa y las normas de clandestinidad prohibían una permanencia tan larga en un mismo lugar.
Dos semanas antes, Miguel arregló el asilo en la embajada de Italia de las pequeñas Javiera y Camila, que entraron en la misión diplomática en la cajuela del automóvil del encargado de negocios. Por último, Miguel había aceptado reducir el ritmo de su trabajo y replegarse a un lugar fuera de Santiago. Una amiga de Carmen, Cecilia Jarpa, se haría cargo de comprar una parcela en Macul. Pero Carmen la llamó el día anterior para entregarle el dinero y el tono y forma de sus respuestas, hicieron a Miguel deducir que Cecilia Jarpa ya estaba en manos de la DINA. Estaba claro que el cerco se estrechaba.
En la mañana del 5 de octubre Carmen Castillo salió a buscar una casa para mudarse ese mismo día. Miguel, Sotomayor y José Bordas también salieron de Santa Fe 725 . Acordaron volver a encontrarse en la casa a las tres de la tarde. Sin embargo, Carmen volvió cerca de la una. Encontró a Miguel y a los otros dos compañeros quemando papeles, con las armas a la mano y en estado de enorme tensión. Habían detectado tres autos sospechosos que rondaban el barrio y que habían pasado ya dos veces, lentamente, observando la casa. Están seguros que es la DINA y que deben estar tendiendo el cerco. Rápidamente terminaron de recoger en dos bolsos lo más importante. Cuando Miguel y Carmen salían al patio donde estaba la Renoleta roja, se produjo el primer ataque de la DINA. Ellos se replegaron al interior de la casa y comenzaron a responder el fuego junto con Sotomayor y Bordas.
El primer cerco no fue muy efectivo. No habían llegado aún suficientes refuerzos. En los primeros momentos Humberto Sotomayor y Jose Bordas lograron escapar. A uno lo vio Anita, la vecina, saltar al patio de su casa y de ahí a la calle San Francisco; el otro huyó en dirección a Varas Mena, una calle paralela al sur de Santa Fe. (Sotomayor se asiló después en la embajada de Italia y José Bordas fue emboscado por el SIFA el 5 de diciembre. Cayó herido y murió dos días después en el hospital de la FACH, donde fue torturado). Carmen Castillo fue herida en el interior de la casa. A ratos perdía la conciencia mientras proseguía el tiroteo sostenido por Miguel. Recuerda haberlo oido gritar: "Hay una mujer embarazada, respeten su vida".
El Informe Rettig dice:"La casa donde se ocultaba Miguel Enríquez, fue rodeada por un nutrido contingente de agentes de seguridad, el que incluía una tanqueta y un helicóptero, quienes comenzaron a disparar. Entre los ocupantes del inmueble se encontraba una mujer embarazada que resultó herida. Miguel Enríquez cayó en el enfrentamiento recibiendo, según el protocolo de autopsia, diez impactos de bala que le causaron la muerte".
Anita, la vecina de Miguel, no sabe cuánto duró el tiroteo; tampoco su hijo, Rolo. Pero les pareció eterno. En su casa estaba otro muchacho, compañero de Rolo, ambos se encontraban en el patio cuando se inició el asalto a la casa vecina. Se agazaparon y vieron saltar el muro al mirista que huyó hacia la calle San Francisco. Anita y la niña, Valentina, permanecieron tiradas en el piso de la casa. Recuerdan el ruido ensordecedor de los disparos, el helicóptero sobrevolando, los altavoces de Carabineros ordenando al vecindario permanecer en sus casas. Cuando cesaron los tiros vieron en la calle Santa Fe a muchos civiles armados, carabineros, soldados, la tanqueta y muchos vehículos. Más tarde cuando sacaban a Carmen Castillo herida (creyeron que iba muerta) y luego el cadáver de Miguel Enríquez.
Miguel no se rindió. Una de las diez balas le perforó el cráneo. Su cuerpo lo encontraron en el patio donde se había parapetado para disparar, mientras intentaba saltar a la casa trasera. La noticia de la muerte de Miguel, que se divulgó esa noche, causó un impacto doloroso en el pueblo. Saber que Miguel estaba en la clandestinidad, intentando reorganizar las fuerzas, fortalecía muchas esperanzas.
La DINA lo celebró mofándose de los presos en el recinto de José Domingo Cañas, donde había trasladado su infierno de torturas. La casa de la calle Santa Fe 725 la ocupó la DINA durante dos meses. Algunos vecinos dicen que allí se hacían fiestas y que los oficiales se emborrachaban y gritaban como locos. Más tarde vivió un microbusero, pariente de un agente de la DINA, y luego volvió el antiguo propietario, el camionero. Cada 5 de octubre, desde 1990, sus moradores se refugian en el interior de la casa cuando un grupo de familiares y ex miristas realizan en la calle un acto recordatorio, encienden velas, se acercan a mirar el patio interior y tocan con emocionada reverencia las perforaciones de balas en los portones de la casa donde Miguel vivió su último día.