miércoles, 28 de noviembre de 2012

Derrota del sistema autoritario



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Además de constatar el total engaño respecto de los resultados de las elecciones municipales que han intentado hacer la Alianza y la Concertación, es importante resaltar que la gigantesca abstención que hubo en ellas (que combinada con los votos nulos y blancos representa más del 60% de los ciudadanos) constituye una seria derrota para la legitimidad del sistema político-social autoritario y neoliberal impuesto por la dictadura de Pinochet, y consolidado por el liderazgo de la Concertación a través de sus 20 años de gobierno.

Más allá del hecho obvio de que dicha abstención no se debe a una sola causa; es claro que ella refleja una muy grande y creciente cantidad de gente que –de una u otra forma- se ha dado cuenta que el ejercicio de su voto no tiene un efecto significativo en la variación de las condiciones de su vida, dado que la coalición que teóricamente plantea el cambio social (la Concertación) hace mucho ya que dejó de tener dichas intenciones. Esta conclusión se reafirma porque -a diferencia de países muy desarrollados donde la gran cantidad de abstención constituye el reflejo de la satisfacción generalizada con el statu-quo- la generalidad de las encuestas expresan que la mayoría de la población está en desacuerdo con las estructuras económico-sociales vigentes, heredadas de la dictadura.

Por cierto que la inmensa mayoría de estos ciudadanos abstencionistas está todavía desinformada respecto del regalo de la mayoría parlamentaria efectuada por aquel liderazgo a la derecha en 1989; o del bloqueo de fondos externos (holandeses) y de la discriminación del avisaje estatal aplicados por los gobiernos concertacionistas a sus diarios y revistas teóricamente afines, y que terminaron destruyéndolos en la década de los 90; o de la feroz oposición de sus sucesivos gobiernos a devolver los bienes del confiscado diario Clarín a su legítimo dueño (Víctor Pey), consolidando así el duopolio El Mercurio-Copesa; o de la aprobación de una ley a comienzos de los 90 que amplió la posibilidad de desnacionalizar el cobre; o de que dichos gobiernos efectuaron fraudes estadísticos con las encuestas CASEN de aproximadamente 35 mil millones de dólares, con la finalidad de exhibir una mucho menor desigualdad de ingresos que la realmente existente (Ver El Ciudadano; Nº 52, diciembre de 2007); o de numerosas otras medidas de aquellos gobiernos que, de saberse, dejarían perplejos –por decir lo menos- no solo a la mayoría de estos ciudadanos sino también al conjunto de la sociedad chilena.

Pero así como no se puede tapar el sol con el dedo, tampoco se pueden dejar de percibir los resultados fundamentales de la obra de los gobiernos de la Concertación. Es decir, ningún engaño retórico puede ocultar el hecho que TODAS las estructuras económico-sociales impuestas por la dictadura durante los 80 quedaron esencialmente iguales al 2010 (por lo que acentuaron la concentración del poder y del ingreso de los grandes grupos económicos); y, por cierto, han continuado vigentes durante el gobierno de Piñera: El Plan Laboral; las AFP; las ISAPRE; la LOCE-LGE; la ley de universidades; los sistemas financiero y tributario; las privatizaciones; la ley de concesiones mineras; la neutralización de los sindicatos, de las juntas de vecinos y de los colegios profesionales; etc.

Además, adquiere mayor significación la abstención electoral de las recientes elecciones si consideramos la profusa propaganda electoral efectuada –especialmente por la derecha política propiamente tal- y los insistentes llamados realizados por el conjunto de las instituciones nacionales, y particularmente por los canales de televisión, a apelar al sentido del “deber ciudadano” para que la población se sintiera éticamente obligada a concurrir a depositar su voto.

Otro elemento de la reciente elección que refuerza la derrota del sistema autoritario vigente son los malos –e incluso sorprendentes- resultados obtenidos por alcaldes que se distinguieron por aplicar duras políticas represivas al movimiento estudiantil del año pasado. Fueron los casos de Labbé en Providencia (que además, se “distinguió” por homenajear a uno de los peores criminales de la DINA, como Miguel Krasnoff) y de Zalaquett en Santiago, que perdieron rotundamente su esperada reelección. Y también fue el caso de Sabat en Ñuñoa que –más allá si gana o pierde finalmente la elección- logró una aprobación muchísimo menor a la esperada. En la misma línea apuntan los excelentes resultados –y también sorprendentes- alcanzados por el ex presidente de la FEUSACH, Camilo Ballesteros, en su postulación a la alcaldía de Estación Central.

A todo lo anterior hay que agregar que –dentro del muy disminuido conjunto de votos válidamente emitidos- la Concertación, con su ¡17,09% del total del universo electoral!, obtuvo en conjunto con los demás partidos de “centro” o de “izquierda” (5,55%) mucho más que la derecha política propiamente tal (13,08%). Es cierto que se puede deducir que una cantidad significativa de votantes de la Concertación también ya “se ha comprado” el modelo neoliberal o va a seguir confiando ciegamente en su liderazgo. Pero no hay duda también que una gran parte de ellos perciben con molestia la derechización de aquel; y si continúan votando por dicho conglomerado es más por razones histórico- emocionales o de “mal menor” que por compartir el viraje ideológico de su cúpula dirigencial. Por lo mismo, al preferirla a la derecha está demostrando una mucho menor adhesión a la obra económica de Pinochet que si votara a la inversa.

De todas formas no es posible sacar cuentas muy alegres de esta derrota del sistema autoritario. Pese a que también dentro de los militantes y dirigentes concertacionistas están creciendo significativamente las voces que demandan una democratización del país a través de la única vía posible para ello, esto es, una Asamblea Constituyente libremente electa por todos los ciudadanos chilenos; la hegemonía de la dirigencia conservadora de la Concertación es todavía abrumadora. Ya vimos como el furor de la derecha ante la sola mención de tal Asamblea gatilló un cerrado rechazo de aquella a esa posibilidad. Incluso, dos de los mayores líderes fácticos del PS –Escalona e Insulza- se refirieron muy despectivamente a ella. Es más, Escalona –reconocido “vocero” de Bachelet en Chile- señaló con su particular estilo que al proclamar esas ideas “se estaba fumando opio” y se le estaba haciendo un gran daño a la candidatura presidencial de la propia Bachelet: “Se le estaba colocando un salvavida de plomo”. Y, reveladoramente, ella no dijo nada…

Por otro lado, el creciente número de personas y grupos que están planteando la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente se encuentran desperdigados, no siendo aún capaces de formar un auténtico movimiento socio-político en esa dirección. No es fácil el camino para una democratización del país. Noviembre de 2012 13:52 Felipe Portales- Clarín

(Chile) Derecha y sistema electoral: Los grandes derrotados


Se materializó una realidad que viene de atrás: la mitad de los chilenos no vota


La UDI y RN se tragaron una paliza electoral y el gobierno de Piñera se convirtió en la administración que peor resultados electorales haya tenido en casi cien años. Chile quedó marcado como un país donde la inmensa mayoría de la gente no vota, colocando en un trance el sistema político formal. Pese a que las alzas en votos no fueron del todo cuantitativamente notables, cualitativamente implicaron un logro político/electoral para el arco opositor.

Privadamente, el equipo del Servicio Electoral (Servel) que encabeza Juan Ignacio García, sabía días antes de la elección municipal del 28 de octubre, por sus análisis, que habría un tremendo porcentaje de abstencionismo que superaría el 55%. Por eso, en entrevista con un medio de comunicación, García dijo, antes del proceso, que si había “un 45% de abstención, será un éxito”. No se equivocaron. La gente que no sufragó llegó al 60%. Como sea, con ese frágil universo de electores, la derecha (Unión Demócrata Independiente yRenovación Nacional) se tragó una paliza electoral y el gobierno de Sebastián Piñera se convirtió en la administración que peor resultados electorales haya tenido en casi cien años; Piñera pasó a ser el mandatario que se jodió a la UDI y a RN. La oposición, en todo su abanico, que es mucho más que el colorido arcoíris de una descolorida Concertación, logró arrebatarle casi 20 comunas a la derecha, con candidatas y candidatos concertacionistas, comunistas, independientes, progresistas, de izquierda, que vencieron en comunas comoSantiago, Ñuñoa, Arica, Concepción, Recoleta, Los Ángeles, Maipú, Providencia, entre varias otras.
Fueron, a lo menos, los primeros sellos de las “Municipales 2012” que trajeron sorpresas y guerra de nervios como no se esperaba y marcaron la cancha para las presidenciales y las parlamentarias que, según varios dirigentes y analistas, “se comenzaron a correr el lunes 29 de octubre”. Quizá por eso Michelle Bachelet se puso a llamar por teléfono desde Nueva York a triunfadoras como Carolina Tohá (PPD), Claudina Núñez (PC), Josefa Errázuriz (Independiente) y Maya Fernández (PS) y el gobierno de la derecha anunció que habría cambio de gabinete, con el propósito no de mejorar la gestión, sino de abrirles la puerta para que se vayan a correr por la presidencial a Andrés Allamand (RN) y Laurence Golborne (cercano a la UDI).

Desde sectores automarginados de este proceso, se validó como positivo el alto abstencionismo y el rechazo al sistema político. Eloísa González, líder de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces), simbolizó la protesta de la abstención, promovida por grupos políticos, medios de prensa sociales y de izquierda e independientes. En horas del proceso electoral, Eloísa expresó que “hayamos hecho o no la campaña, en Chile ya había un fenómeno alto de abstención en las elecciones, porque la gente no se siente representada por la institucionalidad política chilena, y nosotros lo único que hicimos fue darle voz a este descontento, a esta crítica profunda a nuestra institucionalidad”. Enfatizó lo positivo de “instalar una discusión, como debate público, de qué tipo de democracia tenemos hoy en día, si es que realmente la tenemos, y cuál es la democracia que nosotros necesitamos en este país”.

REMEZÓN INSTITUCIONAL

El 60 por ciento de abstención y la derrota político/electoral de la derecha y el gobierno de Sebastián Piñera sellaron el proceso del 28 de octubre e instalaron lo que podría ser un remezón institucional que del fenómeno del “pato cojo” pasó a tener las casa política “patas pa’arriba”.

Tanto que se habló del civismo y tradición institucional del chileno, y ahora el país pasó a estar junto a las naciones latinoamericanas caracterizadas por la baja participación electoral. Chile quedó marcado como un país donde la inmensa mayoría de la gente no vota, colocando en un trance el sistema político formal.

Paralelamente, el Gobierno, en manos de la derecha encabezada por Sebastián Piñera (liderada sería mucho decir), pasó de tener pésimos porcentajes de aprobación en las encuestas (30% como promedio) a representar el peor resultado electoral de una administración en el poder. Junto a eso, los partidos de la derecha perdieron sus emblemáticas alcaldías, bajaron los porcentajes en votos, perdieron los candidatos de los presidenciables y salieron mal en la evaluación ciudadana. Se instaló la crisis política del Gobierno y de la derecha.

Frases de dirigentes y analistas del ámbito de la representación política nacional sinterizaron este panorama. Alberto Mayol dijo que “la era de la impugnación tiene como protagonista a la derecha”. Francisco Javier Díaz (asesor de Michelle Bachelet) apuntó que la derrota de la derecha “es una debacle de proporciones épicas e históricas”. El vocero de La Moneda, Andrés Chadwick, sostuvo que “nos hubiera gustado un mejor resultado” y el ministro de Defensa y presidenciable de RN, Andrés Allamand, manifestó que “no ha sido una buena elección para la centro derecha”. Ascanio Cavallo indicó que todo “fue una catástrofe para el gobierno” de Piñera. Osvaldo Andrade, presidente del PS, precisó que “se derrotó a los más genuinos representantes de la derecha más reaccionaria”.

En las líneas más finas, hay factores que quedaron representados en las municipales. Sincerando las cosas, en términos crudos y absolutos, en Chile siempre la decisión de no votar ha rondado el 50%, considerando que durante 20 años más de cinco millones de personas no se inscribieron para sufragar. Lo que ocurre es que los análisis de los procesos electorales se hacían en base a “los votos válidamente emitidos”. En la abstención actual hay que considerar a alrededor de un millón de chilenas y chilenos que residen en el exterior y están inscritos por el mecanismo de registro automático, pero se les niega la opción de sufragar porque está prohibido que lo hagan quienes viven afuera. Se han señalado otros elementos como la falta de condiciones para los trabajadores y adultos mayores, las falencias del transporte público, la ausencia de una campaña cívica de orientación, la mala información para los electores (lugares de votación, etc.) y el que una parte del electorado tanto de derecha como de la oposición, dio por ganado o perdido a su candidato y entonces prefirió no concurrir a las urnas. El ex funcionario de Augusto Pinochet, diputado Alberto Cardemil, dijo que “como un millón 300 mil personas de nuestro sector no fue a votar”.

A lo anterior se considera lo que el presidente del Partido Comunista consideró como “fallas del sistema institucional y electoral” chileno, “como la existencia del binominal y la falta de repuesta a las demandas sociales y ciudadanas”, lo que lleva a que “mucha gente se pregunta ¿para qué voy a votar?”. Al mismo tiempo, parte del abstencionismo está en un segmento que de manera consciente recurre a esa opción como herramienta de expresión política, lo que fue reivindicado por académicos, dirigentes sociales y cientistas políticos.
Se dijo que “la abstención beneficia a la derecha”. La realidad mostró otra cosa. Ayudó, al parecer, a la derrota de la derecha. El senador de la UDI, Juan Antonio Coloma fue claro: “Tengo la convicción de que el cambio de sistema al voto voluntario no fue bueno para Chile”. La Alianza se quedó con un poco más del 37% (de los votos emitidos, es decir, tiene menos adhesión real), lo que le significó un retroceso de varios puntos. Perdió comunas “seguras” electoralmente como Providencia, Recoleta y Santiago. Bajó en número de concejales. Además, se mostró dividida frente al resultado y sus liderazgos aparecieron erráticos y confundidos (pelea de Iván Moreiracon Andrés Allamand, ambigüedades de Laurence Golborne, el presidenciable de la UDI, la escapada del presidente de RN, Carlos Larraín, la disputa por la fecha de cambio de gabinete y el “fuego amigo” contra Piñera). Revisando la prensa y los análisis, se registró una falta de instalación de discurso y una impronta pos/electoral de la derecha, incapaz de absorber el golpe con creatividad política y consistencia mediática.

Las municipales 2012 le generaron una crisis a RN y la UDI con efecto institucional, porque el Gobierno quedó en una postura de des/gobierno: derrota electoral municipal; baja porcentaje de representación municipal; saldo negativo en evaluación de la administración piñerista; el Gobierno no traspasó adhesión a la derecha, sino “voto de castigo”; negativo posicionamiento para los presidenciables (Allamand, Golborne) en medio de pugnas intra/sector.

Es así que si las fuerzas políticas de todo signo tienen el desafío de “reencantar” y convocar a la ciudadanía a sufragar (presidenciales y parlamentarias), la derecha tiene el reto de ser capaz de revertir los resultados y no enfrentar una derrota parlamentaria y perder La Moneda que conquistó electoralmente después de medio siglo.

OPOSICIÓN Y EL PECADO DEL ENTUSIASMO

Los partidos del conjunto de la oposición sacaron, todos, cuentas alegres. “Pura ganancia” se escuchó en varias sedes políticas. Pese a que las alzas en votos no fueron cuantitativamente notables, cualitativamente implicaron un logro político/electoral. Como ejemplos: el Partido Comunista subió de 44 a 102 concejales y su votación pasó del 5,03% al 6,44%; ganó Recoleta, fundo de la derecha, lo que indica un impacto positivo de las municipales para esta colectividad. La Concertación recuperó -pacto por omisión de por medio con comunistas y la Izquierda Ciudadana- alcaldías vitales como Santiago, Concepción, Maipú y Ñuñoa y quedó bien instalada para las presidenciales y las parlamentarias. El Partido Progresista (PRO) ganó en siete alcaldías. Con distintas características y efectos, la oposición capitalizó triunfos como los de Josefa Errázuriz en Providencia y Jorge Soria en Iquique. Como lo dijeron Osvaldo Andrade yGuillermo Teillier, se lograron dos altos objetivos: desbancar a la derecha de municipios claves, propinarle una derrota a RN y la UDI y tener más alcaldes y más concejales de la oposición.

Eso ya tuvo un efecto en las proyecciones de las presidenciales y las parlamentarias. Las que, según el diputado Pepe Auth (PPD) “empiezan este 29 de octubre”. Claro que se pasea sobre todos ellos la sombra del pecado del entusiasmo. Las municipales pueden ser un buen piso, pero con patas todavía enclenques. Algunas de las críticas, por ejemplo, escuchadas y leídas en contra de la Concertación, fueron sus actuaciones soberbias, prepotentes y destempladas potenciadas en 20 años de gobierno, que calaron mal en el pueblo. Si con estos resultados asoman esas actitudes, pueden sobrevenir sorpresas; no hay que desdeñar, quizá, que hubo asomos de cuestionamientos al verse a los mismos operadores de siempre frente a las cámaras el día de las municipales y no se vio para nada aquellos “rostros nuevos” que tanto se prometieron, inclusive llegándose a imágenes patéticas como antiguos funcionarios de gobiernos concertacionistas capitalizando el triunfo de Errázuriz en Providencia.

Los resultados del 28 de octubre no lo es todo para la oposición. Paradójicamente hay un tema crucial: ¿se podrá seguir hablando de oposición o se volverá al mapa de Concertación por un lado, Partido Comunista e izquierda por otro, el PRO más allá, el MAS por acá y así una seguidilla de candidatos y grupos? En concreto, más allá de la multiplicidad de vocerías, no parece muy claro si todos los partidos de la Concertación están dispuestos a generar una nueva entidad opositora, más amplia y diversa. Lo más probable es que el PRO conMarco Enríquez-Ominami corran solos. El PC ya estableció que para un acuerdo para las presidenciales y parlamentarias tiene que haber un programa, si no, irán por su camino. En todo caso, el generar una convergencia opositora tuvo un aliento con el buen balance que hicieron muchas colectividades respecto al pacto por omisión (Concertación, PC e Izquierda Ciudadana). Pero dentro de los concertacionistas hay otra tesis: ir los mismos partidos sin “el ruido” de estar con los comunistas, confiados en que con Michelle Bachelet ganan en primera vuelta y si no, el voto comunista les llegará en la segunda vuelta. En esa ruta están las vocerías que levantan la tesis de la “izquierdización” para evitar concretar programa y acuerdo con el PC y estableciendo con ello el punto de quiebre. Claro que hay noticias de que a Bachelet y su equipo eso no les resulta auspicioso. Mucho más si se considera que en la noche del 28, en la sede del PS donde se reunieron los representantes de la oposición, un comentario generalizado era “pucha que le fue bien a los comunistas” y se repartieron efusivos abrazos a representantes de esa colectividad que vencieron en Recoleta, Pedro Aguirre Cerda y estuvieron a punto de coronarse en Estación Central, a parte de tener otras cuatro alcaldías.

Se podría decir que en el campo opositor se pasó de los votos a los contenidos. A definir cuáles serán los derroteros programáticos y las letras que llenarán los acuerdos político/electorales.

En ello, por cierto, hay un tema determinante. El comportamiento y el compromiso de los partidos con el movimiento social y ciudadano. El involucramiento y el argumento en torno de las demandas estudiantiles, laborales, comunales y regionales, medioambientales, indígenas, con sectores como los pescadores y los deudores habitacionales, juveniles, mujeres, diversidad sexual y en materia de medios de comunicación (donde es absolutamente conservadora la postura de la Concertación).

Y claro, un tema gravitante será el abstencionismo, la posibilidad que de nueva cuenta no vote la mayoría de la gente, que la campaña de “Yo No Presto el Voto” o de “Anula con la Tula” surta efecto, que ahora sí vote el millón de derechistas a los que aludió Cardemil, que se dispersen los votos anti/derecha y que todo sea algo más que un susto. El entusiasmo de las municipales y la seguridad que daría Michelle Bachelet podría convertirse en un boomerang, aunque los números los acompañen.

Otra factor señalado sobre todo por dirigentes sociales, es que si bien se viene un año “muy politizado” por las campañas presidencial y parlamentaria, también se viene un año “muy pesado” en cuanto a las movilizaciones sociales y las protestas de todo tipo (reforzado por el descrédito del gobierno de Piñera), donde se medirá el argumento del conjunto de la oposición.
Por Hugo Guzmán
El Ciudadano Nº135, primera quincena noviembre 2012
Fuente fotografía

(Chile) Nuevo presidente de la Fech: Dura crítica a la Concertación



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Domingo, 25 de Noviembre de 2012 08:13 Rubén Andino Maldonado- Clarín

El nuevo presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), Andrés Fielbaum, critica las prácticas de los partidos existentes, alerta sobre la falta de legitimidad del sistema político como consecuencia de la abstención del 60% en las municipales, anuncia la irrupción de nuevas fuerzas sociales que buscan cambiar el sistema y critica al Partido Comunista por su alianza con la Concertación.

Anticipa que 2013 será un año de movilizaciones y de debate programático, y advierte que si Michelle Bachelet no propone cambios importantes pondrá en peligro su popularidad.

Andrés Fielbaum Schnitzler (25 años) es estudiante del magíster en ciencias de la ingeniería con mención en transporte. Pertenece a la organización política Izquierda Autónoma, que ganó la presidencia de la Fech por un segundo periodo.

El gobierno dice haber recuperado la iniciativa en materia de educación… ¿usted qué opina?

“Hay que ver el tema en una perspectiva histórica. En 2012 el movimiento estudiantil vivió un reflujo en relación a 2011, que nos dejó cansados. Por otra parte el gobierno tuvo mayor actividad, impulsó proyectos que constituyen concesiones, como la rebaja de la tasa de interés del Crédito con Aval del Estado (CAE).

En 2012 logramos sostener el movimiento, y nos movilizamos cuando fue necesario. Haber mantenido vigente el conflicto crea buenas perspectivas para 2013. Permaneció intacta la capacidad de incidencia del movimiento estudiantil. Logramos hacer salir a los bancos del tema crediticio y avanzamos en la unidad del movimiento, trabajando hombro con hombro con los secundarios y estudiantes de universidades privadas.

Nos hacemos cargo, eso sí, de nuestra incapacidad para dimensionar lo grande que fue el reflujo en 2012, que disminuyó temporalmente nuestra convocatoria. Nos faltó un contacto más directo con nuestras Facultades, para decirle a las bases que esta lucha tiene ahora tanto sentido como el año pasado. Es fundamental que la Universidad de Chile se plantee como desafío su transformación, para demostrar al país, con un ejemplo práctico, lo importante que es una mejor educación pública. Hay transformaciones que no requieren sino voluntad política de las autoridades. Por ejemplo, establecer mayores grados de democracia interna, más equidad entre las distintas Facultades y un mecanismo de acceso que sea menos segregador”.

¿Cuáles son los elementos de continuidad y cambio que visualiza en su gestión?

“El principal elemento de continuidad tiene que ver con que el movimiento estudiantil sea incidente y genere, mediante la movilización y la presión, avances concretos hacia transformaciones profundas en el país y sus instituciones. Los partidos políticos existentes están cooptados por conflictos de interés y sus dirigentes se sienten cómodos en el actual modelo de país. 2013 será un año de elecciones presidenciales y parlamentarias. La movilización volverá a tomar un rol importante. La interpelación la haremos tanto al gobierno que termina como a los que quieren ocupar la Presidencia en los próximos cuatro años”.

LA NUEVA POLITICA 

Ustedes critican a la vieja política. ¿Cuál es la nueva política?

“Criticamos una política hecha por partidos desligados de los actores sociales, o simplemente sin base social; responden a los grupos de interés que los financian o influencian, pero no representan a sectores amplios de la sociedad. Cuando hablamos de una nueva política, nos referimos a recuperar esa conexión que existió entre los partidos populares y la base social.

Como ahora hay muchos conflictos activos, se están articulando nuevas fuerzas políticas que provienen de esos conflictos y que responden a una base social real. Eso les da sentido a sus propuestas. Dejan de ser iluminados que se juntan entre cuatro paredes, responden a procesos vivos de construcción social. Es lo que queremos recuperar cuando hablamos de nueva política.

El formato clásico consiste en que un sector social se manifiesta, se moviliza, le reclama a la institucionalidad y finalmente obtiene algún avance. Este modelo ha demostrado ser insuficiente para la profundidad de las transformaciones que la mayoría del país está exigiendo”.

¿Qué pasó en las elecciones municipales, miradas desde esta nueva perspectiva?

“La alta abstención demuestra que una parte importante de Chile está dispuesta a movilizarse, a cacerolear, a participar en tomas y a interesarse por la política. Pero no se siente convocada a votar. No digo que todos los que se abstuvieron tengan una crítica profunda al sistema, pero una parte considerable cree en la posibilidad de construir un país diferente, dando su apoyo a las demandas más relevantes del movimiento estudiantil. Esas mismas personas no se sienten convocadas a votar porque no creen en los proyectos de país que representan la Concertación y la derecha.

Al no existir una fuerza transformadora, termina ganando la misma vieja política que tantas veces nos ha dado la espalda. El triunfo de Carolina Tohá en Santiago, el cuasi triunfo de Maya Fernández en Ñuñoa y la victoria de Josefa Errázuriz en Providencia, con algunos matices, demuestran que la Concertación prácticamente no aumentó su votación respecto a 2008. Lo único nuevo fue que la derecha retrocedió mucho. La Concertación recuperó alcaldías, pero no tiene mayor convocatoria, y eso plantea un desafío a los que creemos en la posibilidad de construir una fuerza transformadora”.

EL ROL DEL PARTIDO COMUNISTA

¿Cómo se inserta el Partido Comunista en esta realidad?

“El PC, más temprano que tarde, debe convertirse en un aliado nuestro, porque tiene una representación importante en los sectores populares. Programáticamente tenemos muchas más coincidencias que diferencias con el PC. El desafío de generar fuerza alternativa al calor de las luchas sociales, requiere de un alto nivel de madurez. Para que esa alianza sea posible, el PC tiene que abandonar su actual acercamiento a sectores de la Concertación que han demostrado ser profundamente neoliberales. Con esta política el PC no aporta a la transformación del país. Por el contrario, le significa mayor amarre de manos para criticar a una Concertación que durante años nos ha dado la espalda. La única manera de recuperar las confianzas del pueblo es sumar fuerzas para impulsar un nuevo proyecto.

Hay sectores de base de la Concertación que también debieran ser nuestros aliados. Muchos dirigentes de juntas de vecinos o sindicatos están más cerca de nosotros que de sus cúpulas partidarias. Esperamos que tengan la capacidad de dar un paso adelante y digan: la Concertación no es útil para hacer los cambios que necesitamos”.

INCONSECUENCIAS DE LA CONCERTACION

Cuesta entender que la Concertación no esté con las demandas del movimiento estudiantil…

“Un gran desafío es demostrar su inconsecuencia, porque de manera oportunista ha dicho que está con la educación pública, ahora que es oposición. El Crédito con Aval del Estado, la Ley General de Educación (LGE) y el financiamiento compartido los inventó la Concertación. La realidad es muy simple: la Concertación tomó el país construido por la dictadura y se dedicó a administrarlo y a profundizar sus aspectos fundamentales. Los partidos de la Concertación dieron forma durante veinte años a un Estado que abandonó sus deberes en educación, salud, etc. Incluso ahora que son oposición y han intentado verbalizar algo diferente, terminan cuadrándose con las iniciativas de la derecha. En 2012, cuando se votó el informe sobre lucro en la educación, la Concertación permitió que se rechazara; y cuando se votó el ajuste tributario, posibilitó que se aprobara”.

¿Qué opina del anuncio del PC de presentar como candidatos a diputados a tres ex dirigentes del movimiento estudiantil?

“No tengo problema con que Camila Vallejo, Camilo Ballesteros y Carol Cariola tomen ese rumbo. Cuando uno intenta construir la vía propia de los movimientos sociales, hay que apostar por conquistar algunos espacios de poder, porque allí se toman decisiones. Sin embargo, somos críticos respecto a que este tipo de construcciones se hagan en alianza con la Concertación, porque terminan lavando su imagen y bloquean la emergencia de actores realmente transformadores”.

Si lo invitaran al encuentro empresarial Enade 2012, ¿qué diría a los asistentes?

“Me parece lamentable que en esos espacios se termine definiendo más la política del país que en el Congreso Nacional, el gobierno o en las manifestaciones sociales. No estoy dispuesto a sugerir a los empresarios lo que tienen que hacer para detener el malestar social”.

EL AÑO QUE VIENE

¿Cuál es su pronóstico para 2013?

“Será un año de movilizaciones en el área educacional y en todos los sectores que han levantado demandas. Veremos cómo reaccionan los diversos grupos políticos y candidaturas ante las exigencias del mundo social. Está claro que la mayoría ha dejado de ser ingenua, ya no basta con promesas. Hemos tenido demasiadas y el país sigue igual o peor”.

¿Cuál es la mejor manera de plantear temas programáticos?

“Es importante avanzar a una articulación programática de sectores sociales más allá de la elección presidencial. Para que eso ocurra, es fundamental que se rompan las visiones parciales y construyamos un ideario acorde con el siglo XXI.

La posibilidad de irrumpir en el sistema político y romper la exclusión de las mayorías tiene que ver con la capacidad de movilizar a la sociedad. Los esfuerzos que se han hecho hasta ahora para levantar una alternativa presidencial han carecido de una base social que los sustente. Las movilizaciones estudiantiles o regionalistas demuestran que existe un gran potencial para aumentar la base social de un proyecto alternativo”.

Hasta ahora Michelle Bachelet parece ser la candidata que tiene mayor adhesión. ¿Ese fenómeno electoral es una oportunidad o una dificultad?

“Es una dificultad, porque ella representa una práctica política que vemos con preocupación. Desaparece del país y está tres años callada, cuando las mayorías se han expresado con más fuerza y han puesto más temas sobre la mesa. La hemos interpelado varias veces. En 2011 le llevamos una caja de medicinas para la amnesia a su Fundación Dialoga, para que hablara sobre lo que hizo en su mandato, como la implementación de la LGE. La política no puede hacerse en silencio y a escondidas, sino de cara a la mayoría.

Si ella pretende volver a ser presidenta, va a tener que referirse a estos temas. Si no lo hace estaremos emplazándola permanentemente. Un rol del movimiento social en el próximo periodo será exigir que los candidatos se pronuncien sobre los temas importantes. No vamos a aceptar un programa de gobierno de promesas vacías. Si Bachelet no manifiesta su voluntad política de hacer transformaciones, su popularidad va a estar en riesgo, se pondrá en contra de las demandas de la gran mayoría”. 

UNA NUEVA FUERZA POLITICA

¿En qué difiere el actual estado de cosas del que existía hace tres años?

“Hoy es posible soñar con un país diferente. Hace tres años parecía normal que el lucro fuera el motor de todas las actividades humanas, incluyendo un derecho básico como la educación. A la mayoría le daba lo mismo que la educación fuera pública o privada, que hubiera que pagar y endeudarse para obtener educación o salud. Hoy esa mayoría se da cuenta de que las cosas pueden ser de otra manera y que los derechos básicos deben ser gratuitos y estar garantizados para todas y todos”.

Uno de los objetivos del movimiento estudiantil en 2012 fue fortalecer los vínculos con la sociedad organizada. ¿Cómo evalúa su cumplimiento?

“Es un proceso complejo, toma tiempo. No se hizo por completo en 2012 ni se hará en 2013, pero hay que avanzar. Otro desafío es la capacidad que tengamos de establecer alianzas programáticas, que vayan más allá de la solidaridad. Hay luchas que son comunes, como más democracia o mayor desconcentración económica regional, que interesan por igual a trabajadores, pobladores o estudiantes”.

¿Y cómo se conecta esa coordinación con la necesidad de una nueva fuerza política?

“Para romper con las lógicas de la vieja política y dar pasos hacia una nueva fuerza, ésta debe darse al calor de las luchas sociales, para que su fisonomía se organice naturalmente de acuerdo a las demandas de los movimientos sociales. Hay sectores de la Concertación con los que se podría trabajar en esta línea, para construir una alternativa al duopolio del poder. No nos sorprendería que algunos de sus actores se comprometan, como ha ocurrido antes con el movimiento regionalista de Aysén o con la campaña que llevó a Josefa Errázuriz a la alcaldía de Providencia.

Cuando hablo de la generación de nuevas fuerzas políticas, no me refiero sólo a sectores que se definen de Izquierda. Las ideas antineoliberales y la defensa de la educación y la salud públicas como un derecho, pueden ser compartidas también por sectores de centro. Nuestra crítica a la Concertación radica en que ese conglomerado está manejado por personas que tienen conflictos de interés que los unen al sistema neoliberal. Podemos avanzar juntos con fuerzas transformadoras que tengan una visión distinta del carácter del Estado, provengan del centro o de la Izquierda. El caso de Josefa Errázuriz es muy ilustrativo, porque no necesitó de las cúpulas de la Concertación para ganarle a la derecha”.

¿Es partidario de una Constituyente?

“Es fundamental una nueva Constitución que reemplace a la existente, ilegítima en su origen y que contiene todas las trabas que bloquean las demandas por las que luchamos. Para cambiarla necesitamos más fuerza. Una Asamblea Constituyente podría ser fácilmente cooptada por los conservadores de la Concertación y la derecha, los únicos que hoy tienen fuerza para copar los puestos en una Constituyente. Podríamos terminar legitimando una Constitución muy parecida a la del 80 con un disfraz más democrático”.

RUBEN ANDINO MALDONADO

Izquierda en la Fech

Fuerzas de Izquierda dominan la nueva directiva de la Fech. La Izquierda Autónoma, a la que pertenece Andrés Fielbaum, en alianza con la Nueva Izquierda ganó las elecciones con el 33% de los votos. Segunda resultó la lista de los colectivos Praxis, FEL y otros, encabezada por Fabián Araneda, que ocupará la vicepresidencia. La lista de las JJ.CC. y Juventud Socialista obtuvo el tercer lugar, con 23,2% y su candidata, Rebeca Gaete, ocupará la secretaría general. Sebastián García y Omar Astorga, ambos de Izquierda, se desempeñarán como secretarios de comunicaciones y ejecutivo, respectivamente. La derecha (RN) alcanzó 5,8% de la votación y un sector trotskista, 5,5%.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 771, 23 de noviembre, 2012

lunes, 26 de noviembre de 2012

Chile: ¿Qué hacer? La Izquierda y el vacío político



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Viernes, 23 de Noviembre de 2012 06:04 Manuel Cabieses Donoso/ Clarín


La masiva abstención en las elecciones municipales del 28 de octubre (60,8%: 8 millones de ciudadanos), constituye un rechazo contundente a la “clase política” y sus manejos, que han sumido en el desprestigio una actividad que ha perdido sus valores éticos fundamentales.
No importa que dirigentes de partidos y parlamentarios se hagan los distraídos fingiendo que el 28 de octubre jamás existió. El lapidario veredicto ciudadano continúa allí, firme como un peñón en medio de la frivolidad del debate sobre primarias presidenciales, cupos parlamentarios y esbozos de programas que ni siquiera rasguñan los sagrados intereses de las clases dominantes. Pero si la “clase política” está dándose un festín con las sobras de una democracia liberal que pudo haber sido pero no fue, la abstención -que empieza a ser la sombra negra de las primarias- no sólo puso al descubierto la indigencia del sistema político chileno, también dejó en evidencia un vacío político que es urgente llenar con una alternativa popular. En política el vacío permanente no existe. Si el espacio no lo ocupan unos, lo harán otros. Si el pueblo trabajador no levanta su alternativa y asume un liderazgo capaz de movilizar millones, serán los explotadores de siempre quienes lo harán con disfraces y subterfugios.
El eje neoliberal que manipula la sociedad chilena está viendo cómo comienzan a ralear sus filas. Gobierno y Concertación -las dos derechas- sufrieron un duro revés en las municipales con votaciones que acentuaron la curva descendente de los últimos años. Sin duda que echarán mano a nuevas argucias para mantener el control de la situación: sobran los aventureros y mercenarios dispuestos a desempeñar el rol que les asignen sus amos. Por eso, demorar la tarea de llenar de contenido popular el vacío político constituye un grave delito contra los intereses vitales del pueblo. Los responsables por acción u omisión tendrán que pagar muy cara su desidia si eluden asumir su deber y postergan la construcción de una alternativa liberadora.
El vacío político se hace evidente en la medida que se desmenuzan las cifras de la abstención. El Instituto de Sociología de la Universidad Católica -por encargo de la Cámara de Diputados- hizo un estudio que señala que el 22% de quienes se abstuvieron quisieron “manifestar un rechazo a la política y al sistema político”*. Por otra parte, el 23% se abstuvo porque no le interesan las elecciones municipales y el 21% lo hizo “porque no se sentía representado por ningún candidato”.
Aunque las encuestas salieron muy mal paradas el 28 de octubre -y ésta no es muy diferente en sus procedimientos-, podría tomarse como hipótesis. Es posible que una cuarta parte de los que se abstuvieron lo hicieron como un acto consciente de rechazo al sistema político. Podría sumarse ese 21% que no se sintió representado por ningún candidato (y/o partido). En ambas situaciones, la abstención fue una decisión madurada. De modo que el 43% de la abstención habría tenido un claro sentido político. Tres millones y medio de ciudadanos y ciudadanas mayores de 18 años en definitiva no votaron para manifestar su repudio a un sistema que no los representa, y que les es ajeno. Este es el sector ciudadano al que debería dirigirse una propuesta reactivadora de la pasión democrática, capaz de producir una amplia unidad política y social.
¿Qué hacer para ocupar el vacío político con una alternativa popular? Nadie tiene respuesta a un problema que es colectivo y que requiere un debate en que participen millones.
Los partidos que reducen la actividad política al quehacer electoral parecen creer que el mecanismo para superar la crisis política son las primarias presidenciales (las primarias parlamentarias parecen haber sido desechadas por la necesidad de negociar cupos, cuadrar los cuoteos con los pactos por omisión, etc.). Sin embargo, a quienes vuelven a entregarse en cuerpo y alma al Supremo Hacedor electoral les espera otra decepción. Si damos crédito al estudio antes mencionado, entre el 54 y el 58% de quienes se identifican con ambas coaliciones (Concertación y Alianza), no irán a votar en las primarias. Es una cifra que ronda el fatídico 60% de abstención de las municipales.
En síntesis, la “oposición” -hegemonizada por las corrientes socialdemócrata y democratacristiana, enemigas juradas del proceso de liberación que se desarrolla en América Latina- no es un aliado a considerar en un proyecto emancipador, orientado a terminar con la desigualdad y los privilegios.
La tarea de levantar una alternativa popular, sin duda, se ha hecho más compleja a partir de la decisión del Partido Comunista de caminar junto con la Concertación en un proyecto de “gobierno de nuevo tipo”, que ya fue propuesto -y aceptado de inmediato- por la candidatura presidencial de Eduardo Frei-Ruiz Tagle, derrotado por Piñera en 2010. En esta oportunidad, la Concertación sin duda aceptará firmar cualquier compromiso a cambio de los votos del PC (6%). Pero una candidatura de “oposición” no resolverá el problema del vacío político que, justamente, se produce por rechazo al conjunto de los partidos y, sobre todo, a los de la Concertación + PC.
Las fuerzas políticas reales en la Izquierda han quedado más reducidas por la ausencia del PC. Sin embargo -paradojas de la política- se está produciendo un fenómeno de fortalecimiento de los pequeños partidos, grupos y colectivos que conforman el mosaico de la Izquierda chilena. Esto ocurre sobre todo entre los estudiantes universitarios y secundarios, como lo muestran las elecciones en la FECH. El elemento fundante de este proceso, sin duda, es la percepción por esa vasta gama de colectivos del vacío político existente y de la necesidad de llenar ese espacio. A pesar de su fragmentación, la Izquierda extraparlamentaria posee capacidad de trabajo y de movilización, que puede contribuir al proceso de formación de la alternativa popular. Para eso se requieren pasos concretos que conduzcan a la unidad. Ese camino impone el realismo político: esto es poner a disposición de los movimientos sociales, en particular estudiantiles, todas las capacidades disponibles para la construcción de la alternativa popular.
Está claro que se trata de un proceso, pero ha llegado el tiempo de iniciativas más enérgicas. Las organizaciones sociales tienen una responsabilidad en la generación de los cambios que experimenta la política chilena. Eso les obliga a superar sus limitaciones y convocar a la unidad en la acción común. Si algo no falta, son motivos para luchar, y las organizaciones sociales deben marcar el rumbo. Un ejemplo es la lucha contra el lucro en la educación, que en los próximos meses puede reactivarse y alcanzar los niveles que tuvo en 2011. Las demandas de educación y salud son compartidas por millones de chilenos.
La mercantilización de servicios que son un derecho de los ciudadanos alcanza niveles que avergüenzan a los propios mercaderes del sistema, como ha sucedido con las Isapres -el odioso sistema de seguros de salud creado por la dictadura-. Han confesado 140 millones de dólares de utilidades en los primeros nueve meses de este año. Sesenta y siete mil millones de pesos robados a los trabajadores. Lo mismo -y aún a mayor escala- ocurre con las AFP. Este sistema, también creado por la dictadura, permite que grupos financieros nacionales y extranjeros administren los fondos de retiro de los trabajadores, utilizándolos como capital propio en inversiones en todo el mundo. Miles de personas de edad avanzada han sido víctimas de este sistema, que convierte sus pensiones en sal y agua. Las exigencias de una AFP estatal y la presencia dominante del Estado en el sector salud, constituyen una demanda ciudadana que genera amplio consenso.
Por supuesto es en el cobre -y en la minería en general- donde la alternativa popular debería buscar una incidencia relevante. El concepto de “renacionalización” corresponde a lo que es necesario impulsar para revertir el proceso de reducción de Codelco en beneficio de un puñado de empresas nacionales y extranjeras. En estas páginas hemos analizado el desmesurado aumento de las ganancias remesadas al exterior por las empresas extranjeras. Bajo el gobierno de Ricardo Lagos aumentaron de 4.438 millones de dólares a más de 13 mil millones, y bajo el de Michelle Bachelet crecieron a más de 25 mil millones de dólares. Una reforma tributaria que establezca el pago de regalías e impuestos a las utilidades debería iniciar un proceso de recuperación de las riquezas naturales para financiar las necesidades del país. Otros sectores con enormes ganancias, como el bancario, deberían contribuir en forma decisiva a un programa de desarrollo nacional que garantice educación, salud y trabajo.
No obstante, no nos engañemos. Nada de esto será posible sin una Constitución que permita abrir los cerrojos que impiden tocar los centros neurálgicos del poder. De modo que el eje político de una alternativa popular y democrática es la convocatoria a una Asamblea Constituyente -“una tradición revolucionaria habitual desde 1789”, como diría el sarcástico Eric Hobsbawm-**.
Hace unos meses, cuando las movilizaciones estudiantiles hicieron evidente que se entraba en una crisis institucional, hasta el ex presidente Lagos y el senador Ignacio Walker, presidente de la DC, jugaron con la idea de una Asamblea Constituyente. Pero bastó un bufido de El Mercurio para que ambos echaran pie atrás y licuaran sus palabras. En declaraciones a ese periódico, Lagos planteó que si la Concertación y la Coalición por el Cambio se ponían de acuerdo para eliminar el sistema electoral binominal “¡se acabó la discusión de la Asamblea Constituyente!”***. Pareció acertar, porque el tema del binominal, -que tampoco se modificará en lo previsible- desplazó a la necesidad de nueva Constitución en el debate político.
Pero Lagos -que reivindica como democrática la actual Constitución gracias a los parches que le puso su gobierno en 2005- se equivoca. Por cierto es necesario eliminar el binominal, pero eso no bastaría para democratizar el país. También es necesario aprobar en plebiscito una nueva Constitución elaborada en una Asamblea Constituyente para levantar la nueva institucionalidad democrática. No es una meta inalcanzable, si la alternativa popular acumula la fuerza suficiente para obligar a las dos derechas a convocar a la Asamblea de los diputados del pueblo.
La certeza de que es tiempo de iniciar este camino de lucha social y política la señala el vacío político que puso al descubierto la abstención. Depende de nosotros -del pueblo en general, pero sobre todo de los jóvenes-, impedir que ese vacío lo ocupen los de siempre.
MANUEL CABIESES DONOSO


La ruptura

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Jueves, 22 de Noviembre de 2012 12:38 Juan Pablo Cárdenas S.-Clarín

Dentro del 60 por ciento de ciudadanos que se abstuvo de sufragar en las últimas elecciones municipales no sólo están los que siempre se muestran desinteresados por la política. Es evidente que esta vez un buen número de chilenos quiso manifestar ruptura con el orden político y económico actual, su repudio al comportamiento general de la clase política, como su opción por un orden nuevo que surja, como es debido, de una carta fundamental refrendada libremente por el pueblo.

Incluso entre los que concurrieron a sufragar se expresó con nitidez el alto respaldo a los candidatos independientes o a quienes se atrevieron a desafiar a los alcaldes y concejales perpetuados y corrompidos en sus cargos. De esta forma es que se pudo celebrar el triunfo de una Josefa Errázuriz, en la comuna de Providencia, victoria que ella misma atribuyó  a “una nueva forma de hacer política”, como textualmente se lo representara a la expresidenta Bachelet. Por más que los partidos sacaran “cuentas alegres” al momento de los escrutinios, lo cierto es que la militancia de los candidatos se tomó muy poco en cuenta a la hora de sufragar,  toda vez que la propaganda desplegada soslayara deliberadamente algo que debiera estar explícito en un proceso serio y transparente, como la opción política de quienes dicen representarnos.

No es casual que el partido más populoso del país,  la UDI, prefiera apoyar la postulación presidencial de un independiente en vez de un hombre de sus filas. Parece realmente increíble que al interior de la Democracia Cristiana, partido que tuvo fuerte carácter ideológico, haya quienes prefieren postular a una candidata de otro partido en vez de esos dos camaradas deseosos de medirse en una elección primaria con ella. En estos y otros casos está visto que estos referentes políticos lo que quieren es asegurar su mantención, retorno o acceso a La Moneda por sobre cualquier ideario programático. En el reconocimiento, por supuesto, de que el país viene practicando una ruptura con el pasado y las expresiones más recurrentes de la cupularidad partidista.

Los más intensos operativos actuales se concentran en la búsqueda de abanderados mágicos que puedan capturar apoyo sin mayor consideración de los partidos que los respalden, por lo que han sido su propios despropósitos o de los equipos que inevitablemente los rodearán en su eventual ejercicio en la Presidencia de la República.

Resulta extraño que en el cuadro de desencanto general con los actores y referentes de la política, en la convicción de tantos votantes y no votantes de que ya es hora que se rompa con el pasado y se opte por nuevos rostros y desafíos políticos, no emerja estrategia y liderazgos que se propongan sin equívocos el cambio, renuncien a todo intento de obtener migajas electorales del sistema electoral binominal y con valentía demanden el apoyo del pueblo para ejercer una franca ruptura con el orden establecido y sacralizado por lo que se identifica como el duopolio político representado por las dos grandes alianzas electorales y los partidos que los integran como titulares y comparsas. Expresiones que en los “votos válidamente emitidos” todavía marcan porcentaje, pero que en el universo electoral quedaría todos muy por debajo de los dos dígitos.

Un camino de ruptura que aspire a llegar a la Moneda con votos pero, sobre todo, con el respaldo popular necesario para cercar la política autoritaria y excluyente que se erige como la gran camisa de fuerza de los cambios que Chile espera. Institucionalidad dentro de la cual parece completamente ingenuo esperar equidad social, educación y salud para todos, como una democracia participativa. Cuando los integrantes del Ejecutivo y del Poder Legislativo son, justamente,  grandes beneficiarios de las leyes que se perpetúan o dictan.

En el enorme desprestigio de la clase dirigente, hasta sectores del empresariado nacional han decidido apostar por nuevos derroteros políticos, otorgándole millonario apoyo a una opción como la del ex ministro de Hacienda Andrés Velasco (independiente también), en un ingrato esfuerzo  por desalojar ahora de La Moneda a los actuales y anteriores moradores que tanto colaboraron a la más  escandalosa concentración de la riqueza de nuestra historia. En su propia ruptura con el duopolio político, la clase patronal demuestra su agudo olfato por los buenos negocios y busca un servidor que sea todavía más dócil a sus intereses. Antes que la ruptura popular con el orden establecido, convierta las actuales movilizaciones sociales en inevitables convulsiones. Y  una nueva crisis institucional.

"Necesitamos una respuesta social desde la periferia europea"


Economistas críticos de Grecia, Portugal, Italia y España comparten en Madrid sus diagnósticos sobre la crisis económica y las alternativas posibles

Una organización humanitaria reparte comida en Atenas.

LUIS GIMÉNEZ SAN MIGUEL 

Madrid 22/11/2012 18:34 Actualizado: 23/11/2012 14:41 Público

Una organización humanitaria reparte comida en Atenas.- AFP.

"La semana pasada el ministro de Guindos respondió a los huelguistas diciendo que no hay alternativa posible. Y nuestra labor hoy aquí es demostrar que sí hay alternativa". Así introducía el profesor de Economía Jorge Uxó el encuentro internacional Economy4Youth, 'Juventud, periferia económica europea y fractura social', que ha comenzado este jueves en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y que concluirá mañana con la presentación de un manifiesto conjunto. Será redactado por economistas críticos y activistas de movimientos sociales que, invitados por el colectivo EconoNuestra, se han trasladado desde Portugal, Italia y Grecia para tratar la problemática específica de la crisis en los países del sur de Europa.

"El 15-M fue un soplo de aire fresco tanto fuera como dentro de la academia. Y algo teníamos que decir al respecto", ha explicadoAntonio Sanabria en la presentación del acto, quien se ha mostrado convencido asimismo de que "ante la crisis europea se ha de dar una respuesta social desde la periferia". Y ese es precisamente el objetivo de este encuentro, que ha contado con una asistencia que ha sorprendido a los propios organizadores. Fernando Luengo, el economista que sin duda más se volcado en la preparación, se mostraba orgulloso porque "ha venido mucha gente y las ponencias han entrado en diagnósticos y problemáticas muy actuales".

"El 15-M fue un soplo de aire fresco tanto fuera como dentro de la academia" 
El primero de los académicos de esta maltrecha periferia europea en tomar la palabra ha sido el italiano Sergio Cesaratto, profesor de Economía en la Universidad de Siena, quien antes de nada ha querido dedicar la conferencia a los jóvenes, los que más que nadie están sufriendo las consecuencias de la austeridad y el recorte de derechos. Y, por si cabía duda, ha dejado claro que su discurso "no es contra Europa", sino que se trata de "trasladar una voz desde una parte de Europa a otra", pues igual que ocurrió en América Latina las décadas anteriores, hoy "el FMI vela por los intereses de los bancos del norte imponiendo medidas de ajuste estructural en el sur".

Una de las conferencias más esperadas era la de Euclides Tsakalotos, profesor de la Universidad de Atenas y parlamentario de Syriza. Como han recalcado varias de las intervenciones, si hoy hay alguna esperanza, ésta se encuentra en Grecia, pues allí con esta coalición "que recoge la indignación del movimiento de las plazas" se ha vislumbrado una alternativa a la senda de la austeridad. "El progreso de la ciencia social hoy pasa por recoger y analizar las preguntas y las respuestas que vienen de los movimientos sociales", ha comentado. Para este profesor y político, que en los últimos años ha visto cómo su país se empobrecía aceleradamente de recorte en recorte, "tener hegemonía en la crisis significa que tu relato es el que acepta la mayoría y cuando sabes qué economía política quieres para salir de ella". Y hoy, a su entender, esta hegemonía la tienen los movimientos sociales.

Recogiendo el testigo de Marx y Gramsci ha explicado cómo ésta no es una crisis de la deuda, sino que se trata de "una crisis neoliberal y de reparto de la riqueza, que traslada el riesgo del capital a los trabajadores". Frente a ello, él y su formación tienen una apuesta clara: más democracia, presupuestos participativos y repensar los modelos de producción y consumo. En resumen, que la economía y la política vuelvan a las manos del ciudadano de a pie, pues éste "puede entender los problemas de su vida, puede buscar estrategias políticas para solucionarlos y puede ponerlas en práctica". "Como no soy liberal, creo que las personas normales pueden hacerlo."

"El progreso de la ciencia social pasa por recoger las preguntas y respuestas que vienen de los movimientos sociales"

Una problemática diferente es la de Portugal, según ha explicado José Castro Caldas, profesor de la Universidad de Coimbra y miembro del Centros de Estudos Sociais (CES). Allí llevan más de una década viendo aumentar el paro. Por eso, recogiendo los argumentos de las anteriores intervenciones, él también cree que para salir de "la trampa de la austeridad" es necesario un cambio de dirección política en toda Europa. "Se necesita una protesta internacional coordinada y también un estudio teórico para ofrecer soluciones".
"El único argumento político que están utilizando los gobiernos para legitimar esta senda de austeridad es que éste es el único camino. Reconocen que no les gusta pero alegan que no hay alternativa", ha comentado Bibiana Medialdea, economista de la Complutense y miembro de EconoNuestra. Con esperanza en un nuevo horizonte de ruptura, ha añadido que "se nos plantea que el debate de cómo salir de la crisis se escapa del ámbito de la política y lo introducen en el ámbito de la economía, dónde sólo los especialistas pueden decidir. Frente a este engaño, hay que devolver el debate al terreno de la política. Y también es necesario que desde la academia digamos que sí son posibles otras alternativas".

EL PRECIO DE UN SOLO ISRAELÍ


por Eduardo Galeano y John Berger

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por Eduardo Galeano y John Berger

No somos sino espectadores del más reciente -quizás penúltimo- capítulo del viejo conflicto de 60 años que enfrenta a Israel y al pueblo palestino. Sobre las complejidades de este trágico conflicto se han vertido incontables opiniones, defendiendo una u otra de las partes enfrentadas. Hoy, con los ataques israelíes desarrollándose ininterrumpidamente sobre Gaza, el cálculo esencial -que siempre fue materia reservada- y que subyace tras el conflicto ha sido revelado en toda su crudeza: la muerte de una víctima israelí justifica la muerte de cientos de palestinos. La vida de un israelí es tan valiosa como la de un centenar de vidas palestinas.

Esto es lo que el Estado israelí y los medios de comunicación - tan solo con algunas excepciones marginales- repiten ciegamente. Y esta reclamación, que acompaña y a la vez justifica la más larga ocupación de un territorio extranjero en el siglo XX de la historia europea, es visceralmente racista.

Que el pueblo judío debe aceptar esto, que el mundo debería comprenderlo, y que los palestinos deberían asumirlo... es uno de esos chistes irónicos de la historia. Y no tiene gracia en ningún lugar. Nosotros podemos, sin embargo, rebatirlo, con más y más voces. Hagámoslo.

"Cuando los que mandan pierden la verguenza, los que obedecen pierden el respeto." Refrán popular