martes, 8 de octubre de 2013

Un nuevo Kaláshnikov con seis cañones giratorios saldrá al mercado en 2015

Publicado: 4 oct 2013 
El consorcio de armamentos Kaláshnikov está diseñando una ametralladora portátil de seis cañones. Prevén presentar la potente arma al público en el año 2015.
El proyecto se desarrolla con base en una arma antiaérea de cañones múltiples, precisó el diseñador jefe Yuri Shirobókov, aunque disparará cartuchos simples del calibre 7,62 mm, como el que tiene la emblemática ametralladora M60 de Estados Unidos. El arma, dijo al periódico 'Izvestia', contará con un mando a distancia y permitirá abrir fuego desde un lugar protegido.
La ametralladora, agregó el jefe de ingenieros del consorcio, se crea "a efecto de cumplir con unas misiones especiales, cuando es necesario no tanto impactar en el objetivo, como asegurar que se suprima con su fuego un área de destino para impedir que respondan con fuego desde allí". 
Por el momento el arma solo existe en bocetos y un prototipo. Los diseñadores no han decidido qué tipo de mecanismo emplearán para alimentar y cargar los cañones con los cartuchos. El jefe del grupo de ingenieros admitió que el patrón disponible de la metralleta es demasiado pesado como para portarlo a mano. 
"Lo que ha sido determinado son los seis cañones giratorios, como los que tiene el cañón. Con base en esta construcción es posible crear otra, más ligera", precisó Shirobókov. 
La fundación del consorcio Kaláshnikov se debe a una iniciativa del viceprimer ministro ruso Dmitri Rogizin, y fue registrado oficialmente hace un mes. El legendario diseñador de los fusiles de asalto AK-47, AK-74 y AK-12, teniente general Mijaíl Kaláshnikov, había autorizado que la empresa llevara su nombre de forma gratuita. 

Kaláshnikov cede gratis los derechos de su valiosa marca a un nuevo productor de armas

Publicado: 31 may 2013 
El diseñador de las armas de fuego más emblemáticas del mundo ha cedido gratis los derechos a usar el nombre de Kaláshnikov a una nueva fábrica de armas. Se calcula que la marca valdría 10.000 millones de dólares, informa RIA Novosti.
Izhmash, la tradicional fábrica del famoso fusil, se ha fusionado con Izhmech, otra fábrica de armas en la ciudad de Izhevsk, formando una nueva empresa que funcionará bajo la marca común Kaláshnikov. 

El director general de Izhmash, señaló que Mijaíl Kaláshnikov se comprometió a transferir los derechos en febrero de este año y que los documentos para el registro de los permisos de uso de la marca se han presentado ya al Servicio Federal de Propiedad intelectual (
Rospatent en ruso)

La nueva fábrica, había previsto inicialmente comprar los derechos para usar el nombre de Kaláshnikov por tres millones de rublos (100.000 dólares), según Konstantin Busygin, director de la fábrica.  Antes de adquirir los derechos de uso, Izhmash sólo podía utilizar la palabra Kaláshnikov junto con la imagen gráfica del arma y su símbolo en productos militares.  

En relación a la cesión, Busygin dijo que Kaláshnikov ni siquiera ha planteado el tema del dinero. "Mijaíl Timofeevich [Kaláshnikov] es un patriota, un verdadero patriota. Ni una palabra se dijo acerca de dinero". 

Asimismo, Busygin declaró que la marca no será usada sólo para material de uso militar, sino que se fabricarán todo tipo de productos.

Antes de adquirir los derechos de uso, Izhmash sólo podía utilizar la palabra Kaláshnikov junto con la imagen gráfica del arma y su símbolo en productos militares. 

Izhmash es el mayor productor ruso de armas automáticas y fusiles de francotirador, así como de una amplia gama de armas para uso civil como rifles deportivos o  herramientas para maquinaria, entre otros productos. La empresa exporta a 27 países, incluyendo EE.UU., Reino Unido, Alemania, Noruega, Italia, Canadá, Kazajistán y Tailandia. 
 
Según los expertos, los beneficios de las ventas potenciales de los productos Kaláshnikov se pueden comparar con los de 'gigantes' como Apple. Sin embargo, la producción bajo la marca Kaláshnikov nunca ha sido regulada en términos de derechos de autor. Copias del fusil y suvenires con su marca se producen en todo el mundo de forma ilegal


sábado, 5 de octubre de 2013

Washington apunta su poder contra Venezuela


De Tribuna Popular 2 octubre, 2013 

Ahora le toca al pueblo venezolano hacer elevar a Nicolás Maduro a nivel histórico o simplemente rendirse a su pasado espacio en el “patio trasero” del Imperio que se halla en decadencia.

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Por: Vicky Peláez Ria Novosti

Tribuna Popular – OPINIÓN.- 
Estados Unidos no puede resolver todos los problemas del mundo, pero los problemas del mundo no pueden resolverse sin liderazgo de los Estados Unidos (Hillary Clinton).

A medida que pasa el tiempo aparecen nuevas revelaciones sobre la existencia de un plan norteamericano para hostigar sistemáticamente al actual gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, y en especial a su presidente Nicolás Maduro desde su elección el pasado 14 de abril.

Para empezar Washington nunca reconoció la elección de Maduro como legítima, y a pesar del rotundo fracaso del candidato opositor Henrique Capriles Radonski quien denunciaba un fraude electoral, el gobierno norteamericano no cambió su postura respecto al actual presidente venezolano y ha impulsado una verdadera guerra mediática contra el país.

En los cálculos del departamento de Estado, Venezuela es vital para los intereses y la seguridad nacional estadounidense por ser uno de los más grandes proveedores de petróleo para Norteamérica.

Durante estos cinco meses del gobierno de Maduro, Venezuela ha denunciado más de 10 veces los intentos de la derecha venezolana de mantener “una actitud extraña y sospechosa” orientada a desestabilizar al país y atentar contra su presidente. Toda esta campaña, según la prensa oficial venezolana, está orquestada por el departamento de Estado norteamericano y varios líderes de oposición radicados en Miami.

La reciente prohibición temporal del sobrevuelo del avión en que viajaba el presidente Maduro con su comitiva sobre Puerto Rico rumbo a China, bajo el pretexto de que no era el avión presidencial oficial, sino de Cubana de Aviación es parte de la campaña.

Lo curioso que simultáneamente, la oposición venezolana consideró como como una actitud anti patriótica no usar el avión presidencial prefiriendo él de la línea cubana.

Ahora resulta que el avión presidencial Airbus A-319 CJ presenta una muy grave falla en una de sus alas, luego de estar inoperativo por varios meses después de retornar a Venezuela de su mantenimiento en Francia. Tan grave es el problema del aparato que la dirección de Airbus declaró estar dispuesta a investigar las fallas del avión.

Todo esto supone que si Maduro hubiera abordado el avión oficial, Venezuela estaría de duelo y posiblemente preparándose para nuevas elecciones presidenciales. Pero allí no termina la historia. Según los planes oficiales, el presidente de Venezuela debía viajar de China a New York para asistir a la 68 Asamblea General de la organización de las naciones Unidas (ONU).

Sorpresivamente canceló su participación en este fórum alegando de que fue informado de que “se gestaban provocaciones” para atentar en Nueva York contra su “integridad física” con el supuesto conocimiento del gobierno norteamericano.

Según Maduro, una de las “provocaciones” apuntaba a generar una situación de violencia en Nueva York y el otro plan estaba orientado para afectar su “integridad física” en el cual estaban envueltos dos ex diplomáticos americanos, Roger Noriega y Otto Reich quienes habían participado en los últimos 30 años prácticamente en todos los golpes de Estado en Latinoamérica y en particular en el de 2002 en Venezuela.

Por supuesto que el departamento de Estado acusó a Maduro de exagerar las cosas y pidió pruebas concretas. La respuesta del presidente venezolano fue que tenía información de fuentes fidedignas pero sin poder especificar ni dar nombre para no repetir lo que pasó con los cinco agentes secretos cubanos cuando Fidel Castro, usando su buena voluntad e inocencia advirtió al ex presidente Clinton de la preparación de actos terroristas contra Cuba en Miami. El resultado fue que en vez de arrestar a los involucrados en el terrorismo, el FBI, analizando la información recibida, detuvo a los agentes del gobierno cubano.

Mientras sucede la polémica verbal entre Estados Unidos y Venezuela, promovida día a día por la prensa globalizada internacional y nacional, anunciando un próximo golpe de Estado en proceso, la conspiración externa contra el socialismo del siglo XXI proclamado por Hugo Chávez y seguido por su sucesor, Nicolás Maduro con mayor fuerza, ha logrado cohesión y coordinación con las fuerzas internas conspirativas.

Están siguiendo el mismo patrón establecido por ex presidente de los EE.UU. Richard Nixon cuando ordenó el 15 de setiembre de 1970 a su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger “hacer chillar la economía” chilena.
Algo parecido está sucediendo en Venezuela. Se está produciendo el desabastecimiento de productos básicos de consumo, su acaparamiento y especulación para utilizarlos como generador de malestar popular y el descontento.

Por supuesto que el gobierno siempre es señalado por la mayoría de los medios de comunicación, que están en manos privadas, como el “principal responsable debido a la corrupción y burocratismo que generan largas filas en los supermercados”.

La realidad es diferente. Lo que les está molestando aparentemente a los hombres de negocios locales, acostumbrados a la explotación de trabajadores de acuerdo a los postulados neoliberales, es la nueva Ley de Trabajo que obliga a los dueños de negocios a garantizar dos días de descanso a sus trabajadores y un máximo de 40 horas de laborales a la semana. Se esperaba que así se lograría aumentar el índice de empleo pero resultó ser al revés. Lo que no calculó el gobierno es que el 75 por ciento del Producto Nacional Bruto es generado por el sector privado que sigue envuelto en el modelo neoliberal y es contrario a las ideas colectivas enarboladas por el chavismo que hasta ahora no ha formulado las leyes para controlar la producción y distribución de los productos de consumo en Venezuela.

Aprovechando esta situación los sectores privados restringieron la salida de los productos a los anaqueles y aprovechando la nueva Ley De Trabajo redujeron la cantidad de cajas habilitadas para cobrar, que lógicamente hicieron crecer las colas y el malestar popular.

Como respuesta el gobierno decidió mandar milicias a los supermercados para que aprendan los códigos de productos y la metodología de trabajo. Recién bajado del avión en Caracas después de su viaje a China, el presidente Maduro reiteró al pueblo venezolano a incorporarse a la batalla por la estabilidad económica y eléctrica en el país.

Dijo que “hay venezolanos que dudan de la guerra económica” pero el desabastecimiento y la especulación es el resultado de la política de la derecha que pretende “destruir la economía nacional y el sistema eléctrico”. Ya se ha probado que el incendio y la explosión ocurrido el 25 de agosto de 2012 en una las más grandes refinerías en el mundo, la planta de Amuay con la capacidad para procesar más de 600,000 barriles de petróleo al día fue resultado de “un acto de sabotaje” que costó al país más de mil millones de dólares, según la conclusión de la Comisión Investigadora presidida por el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez.

A la vez, el ministro de Energía Eléctrica, Jesse Chacón aseguró que el apagón que dejó sin luz a 19 de los 23 estados del país recientemente fue “producto de sabotaje” y “está completamente comprobado que fue un acto intencional sobre la malla que cubre la torre número seis”.

Para enfrentar esta “guerra económica” no le queda otra alternativa al presidente Maduro que convocar el poder popular que cuenta con 2.250 000 personas miembros de Comunas, Consejos Comunales, Salas de Batalla social y Movimientos Sociales cuyo número es de 71.521 organizaciones a nivel nacional.

La derecha venezolana que se lucra de la especulación, apoyada e inspirada por los Estados Unidos no va dejar un respiro al gobierno venezolano para revertir los logros sociales que logró el país en los últimos 14 años en la educación, salud, la alimentación y la cultura. En este período de tiempo el índice de malnutrición se bajó al cinco por ciento, de acuerdo a la estadística de la ONU.

También a pesar de una continua guerra mediática internacional y nacional que permanentemente denuncia la precariedad de vida, hambre, el empobrecimiento, la galopante inflación y la inseguridad física, el reciente Reportaje sobre la Felicidad en el Mundo (World Happiness Report) elaborado por el Earth Institute of Columbia University, auspiciado por las ONU, otorgó a Venezuela el número 20 entre Luxemburgo y Bélgica y no estando lejos de los Estados Unidos que quedó en el décimo sexto lugar.

Para llegar a estas conclusiones los especialistas en estadística de la universidad analizaron las encuestas en 159 países tomando en cuenta tales variables como “satisfacción con el trabajo”, “percepción de la seguridad”, “condiciones económicas existentes”. “confianza en el gobierno”, “eficiencia del gobierno”, “libertades individuales”, “desigualdad presente” etc.

¿Entonces, en qué quedamos? El Imperio y sus seguidores locales siempre han querido convertir Venezuela en apéndice energético pero apareció Hugo Chávez e hizo retornar dignidad e independencia a su pueblo aunque de acuerdo a uno de los más célebres pensadores y luchadores dominicanos, Juan Bosh, “ningún hombre es superior a su pueblo”. También dijo que “que hay personas que creen que los hechos históricos son producidos por los grandes hombres y que resulta que es al revés, son los hechos históricos que producen a los grandes hombres”.

Ahora le toca al pueblo venezolano hacer elevar a Nicolás Maduro a nivel histórico o simplemente rendirse a su pasado espacio en el “patio trasero” del Imperio que se halla en decadencia.

viernes, 27 de septiembre de 2013

¿Y quién juzga a EEUU por el uso de armas químicas y nucleares?



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Contrainjerencia 25 septiembre 2013

FERNANDO VELAZQUEZ / VOLTAIRENET.ORG –

La campaña mediática de la administración de Barack Obama diseñada para obtener apoyo para su bombardeo (limitado por 60 días, con una posible extensión a 90 días, sin poner soldados dentro del país, según planes de un comité senatorial) contra Siria incluye acusaciones de “uso de armas químicas contra su propio pueblo”.

El argumento sugiere que si el presidente de Siria, Bashar al Assad, es capaz de usar esas armas terribles contra sirios, lo haría con más facilidad contra gente de otros países, lo cual incluye a Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio.

Los golpes de pecho de la administración de Obama sobre el tema coinciden con comentarios en los medios sobre un escándalo provocado en 1998 por el programa News Stand de CNN, el mismo que revelara que, en 1970, el ejército estadunidense envió fuerzas especiales a Laos en busca de un campamento donde vivían desertores (estadunidenses) y luego les dio muerte usando gas sarín.

De acuerdo con la periodista Jennifer Epps, se trataba de una operación negra o blackOp, llamada Operación Tailwind en la que murieron cerca de 100 laosianos.

El programa de CNN provocó airadas protestas del Pentágono, de veteranos de guerra y oficiales como Henry Kissinger, quien en el momento del ataque fungía como asesor de seguridad nacional.

La agencia noticiosa se disculpó ante su audiencia y despidió a Jack Smith y April Oliver, los productores del programa, tras decir que se trataba de un error.

Smith y Oliver demandaron a la patronal por despido injustificado, pero no sólo para ganar el pleito: uno de los demandantes recibió 1 millón de dólares y el otro una suma indeterminada como pago por daños a los dos periodistas. Justicia para los productores

Los productores después obtuvieron reconocimiento por su integridad periodística con la publicación del libro Me and Ted against the world: the unauthorized story of the founding of CNN”.

En éste, el cofundador y primer presidente, Resse Schonfeld, relata cómo durante una deposición, el almirante Thomas Moorer, testigo clave en la historia, indicó que Oliver lo había citado correctamente en el reporte sobre la Operación Tailwind.

Admitió que a veces algunos desertores fueron asesinados porque el comandante Jack Singlaub (importante figura de la Liga Anticomunista Mundial) les había dicho que matar desertores era una prioridad.

Cuando le preguntaron sobre el uso del gas sarín, Moorer dijo que si el arma podría salvar vidas de estadunidenses él no vacilaría en usarlo.

El sitio en internet de CNN enfoca el incidente retrospectivamente con un mensaje que dice: “Nosotros no creemos que puede razonablemente sugerirse que cualquier información en la que se basó el reporte fue fabricada o inexistente”. Experimentos nucleares y la salud pública

Luego está la radiación nuclear aplicada a los estadunidenses durante las llamadas pruebas nucleares. De acuerdo con la Preparatory Commission for the Comprehensive Nuclear-Test-Ban Treaty Organization, entre 1951 y 1958, 100 pruebas nucleares fueron realizadas en el estado de Nevada, en un sitio ubicado como a 100 kilómetros de la ciudad de Las Vegas.

El poder promedio de las pruebas atmosféricas fue de 8.6 kilotones. El polvo radiactivo contenía radionucleidos y gases que fueron transportados por el viento a miles de kilómetros de distancia.

La población estadunidense fue expuesta durante esos años a los efectos de la radiación emitida por las pruebas que, por encima de todo, tenían por objeto la fabricación de armas de destrucción masiva como las usadas contra la población civil de Hiroshima y Nagasaki, en Japón.

Según relata el doctor Alan Cantwell, autor del libro Queer blood: the secret AIDS genocide plot, agencias del gobierno estadunidense –como la Comisión Atómica, los departamentos de Defensa, Salud, Educación y Bienestar, Servicio de Salud Pública, el Instituto Nacional de Salud, la Administración de Veteranos, la Agencia Central de Inteligencia y la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio– son responsables de que millones de personas fueran expuestas a las pruebas nucleares continentales atmosféricas y subterráneas.

Estas pruebas incluyeron la dispersión secreta de radiación.

Luego están los más de 200 mil “veteranos atómicos” que laboraban cerca de las detonaciones nucleares en Nevada, entre las décadas de 1950 y 1960.

Estas pruebas, dice Cantwell, impactaron a la gente que vivía en poblados, viento abajo, en Nevada, Utah, Colorado y Nuevo México.

El investigador añade que esos pobladores expuestos al viento radiactivo también sufrieron al ingerir la carne de animales de corral y otros productos agrícolas contaminados. El ensayo con fotografías de Carole Gallagher, titulado American ground zero: the secret nuclear war, revela el sufrimiento de esas víctimas de enfermedades inducidas por el gobierno en su afán de construir armas de destrucción masiva.

Cantwell subraya que la publicación –en el diario Albuquerque Tribune en 1993– de los nombres de 18 estadunidenses que fueron secretamente inyectados con plutonio y la historia de la periodista Eileen Welsome revelaron la falta de ética y lo inhumanos que eran los estudios nucleares. Las protestas provocadas por esas revelaciones llevaron al Departamento de Energía a ordenar la publicación de los archivos secretos sobre experimentos realizados durante la Guerra Fría. La monstruosidad de los “estudios científicos”

Para Cantwell, el propósito de esos experimentos secretos era supuestamente establecer estándares de seguridad ocupacional para personas empleadas en la producción del plutonio. Algunos experimentos entre 1946 y 1954 incluyeron: exponer a más de 100 pobladores de Alaska a yodo radiactivo, alimentar a 49 jóvenes con retraso mental con cereal mezclado con hierro radiactivo y calcio, así como exponer a 800 mujeres embarazadas a hierro radiactivo, inyectar a siete bebés recién nacidos (seis negros) con yodo radiactivo y exponer los testículos de más de 100 prisioneros a radiación cancerígena.

Otros experimentos se realizaron con pacientes de una clínica siquiátrica en San Francisco, prisioneros en San Quintín y pacientes del hospital general de Cincinnati.

¿Y todavía piensan que les queda un fragmento de derecho moral para apuntar el dedo acusatorio hacia el gobierno de Bashar al Assad?

*Periodista en Radio Pacífica, en California, Estados Unidos

Daniel Paz & Rudy
DANIEL PAZ & RUDY

La resistencia mapuche al modelo extractivista


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por Unidad de los Pueblos y los Trabajadores / EsGlobal
Martes, 24 de Septiembre de 2013 


Las comunidades mapuche en Chile y la Argentina defienden sus tierras frente al avance del modelo extractivista.

El pasado 6 de agosto, el llamado “conflicto mapuche” se cobraba en Chile una nueva víctima: el comunero Rodrigo Melinao fue encontrado muerto, con impactos de bala, por sus compañeros de la comunidad Rayen Mapu, que desde el principio desconfiaron de la policía. El Estado, por su parte, reaccionó con más tibieza que cuando, en enero, un atentado en la región de la Araucanía acabó con la vida de un empresario local y su esposa; de inmediato, el presidente chileno, Sebastián Piñera, decretó la aplicación de la ley antiterrorista.

Apenas tres días después del asesinato de Rodrigo, se celebraba el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Poco había que celebrar en el Gulumapu, como llaman los mapuche a sus territorios ancestrales en Chile, que abarcan las regiones de La Araucanía, Bío Bío, Los Lagos y Los Ríos.

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Tampoco al otro lado de la cordillera, en lo que los mapuche llaman Puelmapu, la Tierra del Este. En territorio argentino este pueblo ha sufrido también la represión y criminalización o, al menos, la pasividad estatal ante los ataques a sus territorios y modos de vida. Como denunció Amnistía Internacional el 9 de agosto, pueblos originarios en toda Argentina – especialmente, los Qom en la provincia de Formosa y los mapuche en la Patagonia – han visto morir a al menos doce de sus miembros en los últimos tres años, ante la inacción del Estado.

Según Amnistía Internacional, el recrudecimiento de la violencia contra los pueblos originarios se debe a “la creciente disputa por las tierras”, lo que, a su vez, se relaciona con el avance de grandes proyectos que involucran a importantes empresas multinacionales.

Del lado argentino, es la extracción de hidrocarburos el mayor dolor de cabeza para los mapuche. Antes fue Repsol, y ahora es Chevron quien, junto a la re-estatizada YPF, prevé explotar las recién descubiertas reservas de petróleo y gas de Vaca Muerta con una técnica todavía en ciernes y que plantea importantes dudas desde el punto de vista ambiental: la fractura hidráulica o fracking.

Ni a las comunidades mapuche ni a los wingka -el hombre blanco- les da mucha confianza el historial de Chevron, que huyó de Ecuador, llevándose todos sus activos, después de que la justicia de aquel país le impusiese una sanción de 19.000 millones de dólares (algo más de 14 mil millones de euros) por el derrame de 103 millones de litros de crudo en la selva amazónica, que dejó medio millón de hectáreas contaminadas y 30.000 personas afectadas. Un juez argentino ordenó embargar los bienes de la petrolera en el país, pero la Corte Suprema anuló esa decisión al mismo tiempo que YPF y Chevron llegaban a un acuerdo sobre Vaca Muerta.

En Chile, el impacto social y ambiental de las grandes represas se ha convertido en la principal amenaza. Enel Endesa proyecta construir, a través de su filial Hidroaysén, cinco centrales hidroeléctricas en la región de Aysén, además de una línea de transmisión de 2.300 kilómetros de longitud que transportaría la energía hacia el centro del país. Las comunidades locales han mostrado su rechazo y han propuesto que se legisle para otorgar a la Patagonia el estatus de Reserva de la Vida; pero, por el momento, la legislación chilena es clara: la propiedad de las fuentes de agua es de concesión privada y en la región de Aysén Enel Endesa posee más del 90% de los derechos del agua.

A ambos lados de la cordillera, otras dos grandes industrias representan sendas amenazas: de un lado, un sector forestal en auge, que crece al calor de la extensión de la frontera forestal, para la producción de madera o celulosa o bien para la obtención de bonos de dióxido de carbono, en el marco del Protocolo de Kyoto. La segunda es la minería a gran escala, que ya ha provocado la protesta ciudadana tanto en la provincia argentina de Neuquén, donde la canadiense Barrick Gold posee varios emprendimientos, y en los fiordos de la Patagonia chilena, donde se proyectan cinco minas de carbón a cielo abierto.

Políticos, empresarios y algunos expertos defienden la necesidad de aprovechar los recursos para fomentar el desarrollo de todo el país, incluidas las zonas mapuche. Así, el Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO) consideraesencial “el papel de los recursos naturales en el desarrollo”, y coloca en el centro del debate la implementación de políticas públicas que favorezcan una “segunda fase del desarrollo exportador” con más valor agregado y mayor diversificación. Por su parte, el Ministerio de Minería chileno defiende la sostenibilidad ambiental y social de las industrias extractivas en un país donde al menos un 26% del PIB proviene de este sector, según las Cuentas Nacionales.

El Gobierno argumenta además que se están implementando programas de desarrollo local para que estos recursos lleguen a todos los rincones del país. Es el caso del Fondo Social Más por Chile, que concede a organizaciones sociales fondos de unos 8 millones de pesos (cerca de 12.000 euros) para financiar proyectos de desarrollo local en regiones como el Bío Bío.

La cuestión de la tierra

Lo escribió ya en 1928 el periodista y pensador peruano José Carlos Mariátegui: todas las tesis que intentan explicar el problema indígena como un conflicto étnico o moral se han utilizado para ocultar o desfigurar el problema: “La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra”.

Hoy como siglos atrás, la tierra es el motivo de confrontación entre mapuche y wingka. En los últimos años, la presión sobre las comunidades indígenas para que abandonen sus territorios se ha recrudecido allí donde avanzan los grandes emprendimientos y la frontera agrícola.

Es lo que la investigadora Maristella Svampa ha llamado el “Consenso de las Commodities“. Los gobiernos latinoamericanos de izquierda o derecha parecen de acuerdo en que no hay alternativas a ese modelo que reprimariza las economías; cualquier otra posibilidad puede ser tachada, como hizo el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, de “ecologismo infantil”. Así que, pese a los impactos sociales y ambientales, a veces irreversibles, avanza un modelo que se apoya sobre la extracción intensiva de hidrocarburos y metales, así como los grandes monocultivos.

Este “neoextractivismo desarrollista”, como lo llama Svampa, irrumpe en los territorios y desaloja comunidades, pese a que las leyes nacionales y los convenios internacionales reconocen el derecho de los pueblos originarios a sus tierras ancestrales. El famoso Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que plantea la obligatoriedad de consulta previa a las comunidades indígenas, no ha conseguido proteger el derecho de las comunidades a decidir sobre el destino de su  territorio.

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Tampoco sirvió de mucho que, en 2006, en Argentina se declarase la emergencia de las tierras indígenas y el relevamiento inmediato de sus territorios: siete años después se ha relevado una parte mínima de las tierras y, aunque en 2006 se prohibieron los desalojos de comunidades indígenas, éstos se siguen produciendo. En 2011, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) requirió del Estado medidas cautelares para proteger a sus poblaciones mapuche y Qom. La situación es aún más urgente en Chile, donde las comunidades han denunciado la complicidad de las fuerzas de seguridad del Estado.

Estrategia de invisibilización

Tanto en Chile como Argentina la estrategia es de invisibilización de las reivindicaciones indígenas y de estigmatización, cuando no criminalización y judicialización de los movimientos de resistencia. El relator de Derechos Humanos y Contraterrorismo de la ONU, Ben Emmerson, denunció recientemente que el Estado chileno aplica a los mapuches la legislación antiterrorista “de una manera confusa y arbitraria, que termina generando una verdadera injusticia”.

Mientras, los mapuches se organizan y reclaman el reconocimiento de sus tierras, pero también de su identidad cultural y su autonomía política. Ni el Estado chileno ni el argentino registran esas reivindicaciones; en buena medida, porque persisten los prejuicios y estigmas contra los indígenas, a los que el imaginario de las clases medias y blancas todavía relaciona con el atraso y el salvajismo. Por eso las organizaciones mapuches han llevado ante el comité de la ONU contra la discriminación racial al ex ministro chileno del interior y actual ministro de Defensa, Rodrigo Hinzpeter, que relacionó a los mapuches con actos terroristas.

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Es un caso extremo, pero no aislado. Y, aunque las investigaciones antropológicas y las excavaciones arqueológicas evidencian lo contrario, políticos y medios de comunicación siguen en buena medida sustentando el discurso de que los mapuches no vivían en ese territorio cuando se formaron las repúblicas en el siglo XIX. En Chile dicen que vinieron de Argentina; en Argentina, que vinieron de Chile.

No se trata, como señalaba un lúcido Mariátegui casi un siglo atrás, de un matiz étnico, cultural o moral, se trata de la tierra. Los mapuches no tendrían derechos sobre esas tierras si fueran un pueblo invasor, así como negar el problema es la mejor estrategia para retrasar su resolución. Pero ahí estaban los mapuches cuando llegaron los conquistadores españoles y ahí seguían cuando, 300 años de resistencia después, se independizaron los nuevos Estados. Y parecen decididos a seguir resistiendo.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Escritora española vino a dar la cátedra “Memoria y Literatura: a 40 años del Golpe de Estado en Chile” Almudena Grandes analiza la transición española y su mortal parecido con la del Chile post Pinochet


por MARCO FAJARDO


Sus libros sobre dictaduras sangrientas, transiciones anodinas y el eterno retorno del pasado han encontrado gran acogida en lectores en Latinoamérica. Su visita responde a una invitación del Instituto Nacional de Derechos Humanos y el Centro Cultural Estación Mapocho.


Escritora Almudena Grandes













Foto: Javier Liaño
Una dictadura sangrienta. Una transición pactada entre cuatro paredes, con un soporte legal que de transitorio se convirtió en definitivo. Y una crisis de representación política que clama a gritos una reforma porque ese soporte legal  ya no se condice con la actualidad, donde un duopolio en el poder se arriesga a desaparecer en los comicios si no se hace cargo. ¿Le suena?
Pero la escritora Almudena Grandes (Madrid, 1960) no habla de Chile, sino de su propio país, España. Y cree que la experiencia traumática a partir de la refundación de un país a sangre y fuego cuya transición optó por hacer como si aquí no pasara nada, un modelo que termina haciendo aguas, puede ser un ejemplo que nuestro país debe mirar de reojo para no sufrir los mismos problemas.
Grandes vino invitada para dar la cátedra “Memoria y Literatura: a 40 años del Golpe de Estado en Chile”, en un evento organizado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos y el Centro Cultural Estación Mapocho. Sí, se hizo famosa con “Las edades de Lulú” (1989), una novela erótica que fue llevada al cine por Bigas Luna, pero su vínculo con la historia –una carrera que estudió en la Universidad Complutense de Madrid- es indisoluble.
Su relación con Chile tampoco es nueva (vino por primera vez en 1990). La televisión local hizo una versión de su novela “Atlas de geografía Humana” en la premiada serie “Geografía del deseo”, dirigida por Boris Quercia. Y el teatro puso en escena “Los ojos rotos”, obra adaptada y dirigida por la actriz María Izquierdo. Esta vez viene de visitar Buenos Aires, Córdoba y Montevideo.

SERIE DE NOVELAS

Grandes actualmente está escribiendo una serie de seis novelas, que transcurren durante 25 años entre 1939 y 1964, obras independientes entre sí que sin embargo comparten “un espíritu y personajes, desde la perspectiva de los que dijeron que no” a la dictadura. La idea es hablar “de los resistentes armados, de los no armados, de los que no se rindieron, de políticos y no políticos”, y contarle al lector de hoy historias de hombres y mujeres “que se jugaron la vida por ti, porque en definitiva lo hicieron para que tú tuvieras los derechos que ahora tienes, como la democracia, etc”.
Dos textos ya han visto la luz: “Inés y la alegría”, sobre una malograda incursión militar antifranquista en la frontera francesa en 1944, y “El lector de Julio Verne”, que habla sobre un niño cuyo padre es policía y reprime a los guerrilleros que su hijo admira. El próximo año saldrá una tercera, “Las tres bodas de Manolita”, que versará sobre los actos de resistencia a la dictadura del franquismo surgidos a partir de las mujeres de los presos políticos que se conocieron haciendo fila para ver a sus familiares en la cárcel. Hasta ahora ha tenido éxito con sus historias: “Mucha gente se me acerca para decirme que no sabía nada de esto”.
Su interés por el periodo surgió hace algunos años cuando decidió leer y ver material fílmico sobre la dictadura y se dio cuenta “de que no sabía nada”. Se topó con una multitud de historias “muy buenas”, grandes y pequeñas, que nunca habían sido contadas, como la invasión del Valle de Arán, en el norte de España, por cuatro mil guerrilleros en 1944 durante nueve días con la intención de derrocar a Franco, o sobre una red de evasión de nazis montada en Madrid que facilitó la fuga de criminales como Adolf Eichmann, o de un cura que se hizo rico organizando bodas falsas para presos políticos. En suma, historias que sólo conocían algunos pocos historiadores y el público general ignoraba.
En la investigación se topó con personas ansiosas por contarle sus vivencias, como la de una niña a la cual internaron con las monjas con la promesa de enseñarle a leer y en cambio fue destinada a lavar ropa ajena. Hoy la novelista recuerda que aquella mujer fue hasta su casa para entregar su relato. “Me lo contó todo y al final me dijo: ‘Si hace falta que te pague algo, te lo pago’”, algo que Grandes obviamente rechazó. “’Es que yo quiero que lo sepa la gente’, me dijo. Es como una obsesión: quieren que se sepa lo que pasó”, cuenta, recordando que se trata de historias que han debido ocultar toda la vida.
Con su investigación, Grandes no sólo quiso “entender” la historia al sentir “que andaba por tierras movedizas y necesitaba pisar tierra firme”. El proyecto además le permitía agradecer a los que resistieron la dictadura en un país donde el Estado jamás lo había hecho, porque eran incómodos en medio de un pacto de la impunidad entre viejos y nuevos gobernantes. “Es una de las cuentas pendientes que tenemos los españoles con nuestro pasado”.

MEMORIA

“Yo creo que lo fundamental, contra lo que la gente cree, es que la memoria no tiene que ver con el pasado, sino con el presente y el futuro”, señala Grandes, para quien la Guerra Civil es un momento fundacional que seguirá presente en la gente “hasta que deje de haber españoles que se sientan perdedores”, para que haya paz, un momento que “todavía no ha llegado”.
La escritora asegura que en España se vivió la llegada de la democracia como “un ejercicio de amnesia colectiva”, y da como ejemplo que de niña –como le sucedió a muchos de sus coetáneos- era usual toparse en su casa con fotografías de personas que no conocía y de quienes los adultos no querían hablar, víctimas de la Guerra Civil, como supo luego.
Eso tampoco cambió con la transición española, que la escritora compara con una escena de la película “Mary Poppins”, en la cual los personajes se lanzan al vacío y aterrizan en un país de dibujos animados donde todo es felicidad, como si nosotros los chilenos nos hubiéramos sumergido en los spots del NO, donde todo era color y una promesa de alegría.
“El problema es que las estrategias de los niños pequeños (como los de Mary Poppins) de decir ‘no voy a pensar en eso’ y ‘esto nunca sucedió’, fracasan”. Añade que el punto de inflexión llegó a comienzos de 2000, en momentos en que comenzaron a desenterrarse los desaparecidos españoles que tras ser fusilados habían sido sepultados en las orillas de las carreteras, en un país que además del exilio también sufrió el robo de bebés y cuyas plazas de toros se convirtieron en campos de detención, tal como ocurrió acá con estadios y gimnasios.
Fue en aquel momento cuando los nietos de los protagonistas de la Guerra Civil, cumpliendo 40 años como la propia Grandes, hicieron balance y comenzaron a preguntarse en qué país vivían, “y nos dimos cuenta de que la democracia española estaba edificada en el aire”, en alusión a un soporte legal –una Constitución que consagra una escasa participación ciudadana y un sistema de votación absolutamente injusto- hecho entre cuatro paredes.
Entoces comenzó a cuestionarse una transición, incruenta y hecha en circunstancias difíciles, reconoce Grandes. Una transición que, cabe mencionar, además luego fue vendida como ejemplar y en la cual, por cierto, se inspiraron muchos políticos chilenos que luego gobernaron con la Concertación. Paz a cambio de impunidad… ¿le suena?
A comienzos de 2000, de forma paralela, también comenzó el rescate y reivindicación de la República Española de los años 30, aquel revolucionario intento por convertir un reino casi feudal en un lugar con igualdad de derechos, y que tal como la UP acabó ahogado en un baño de sangre.
Grandes rememora que de los pequeños homenajes usuales, casi clandestinos, llenos de amargura y tristeza, se comenzó a enaltecer y a recordar la República Española con orgullo y alegría, como aquel multitudinario homenaje realizado por 35 mil personas en un estadio en la localidad de Rivas en junio de 2004, donde ella participó. Un homenaje que daría origen a otro en el Congreso (y a una Ley de Memoria Histórica, con una serie de beneficios para las víctimas de la represión), y que volvió a demostrar cómo la sociedad civil va por delante de las instituciones, cuenta la escritora.
Fue justamente el fruto de esa reflexión el punto de partida de su libro “El corazón helado”, donde Grandes intentó explicarse este proceso –“de cómo el pasado lastra el futuro”, según dice- a través de una historia entre un hombre de una familia de derecha y una mujer de una de izquierda, una división que tal como atraviesa las familias chilenas, atraviesa las españolas, hasta hoy, para demostrar cómo el pasado está presente hasta hoy
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