domingo, 2 de septiembre de 2012

Estudiantes abren las grandes alamedas


Manuel Cabieses Donoso/Punto Final/Clarin

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Se cumplen 39 años de la traición militar -alentada por Estados Unidos- que aplastó el proyecto de libertad e igualdad más hermoso que el pueblo chileno haya gestado en 200 años de vida republicana. El gobierno derrocado se proponía construir -en palabras del presidente Salvador Allende- 
“el socialismo en forma progresiva, a través de la lucha consciente y organizada en partidos y sindicatos libres. Nuestra vía, nuestro camino, es el de la libertad. Libertad para la expansión de las fuerzas productivas, rompiendo las cadenas que hasta ahora han sofocado nuestro desarrollo”.(1)
La vía chilena al socialismo planteaba la igualdad “para superar progresivamente la división entre chilenos que explotan y chilenos que son explotados”. Ese reclamo de igualdad -“imprescindible (decía Allende) para reconocer a cada hombre la dignidad y el respeto que debe exigir”-, es el mismo que el pueblo exige hoy, sobre todo a través de las demandas y movilizaciones de los estudiantes.

Allende cometió errores pero no era un iluso -un soñador sí, como todo revolucionario-. Conocía nuestra historia y sabía los riesgos de la tarea que proponía. Lo anticipó con lucidez: “Las pocas quiebras institucionales fueron siempre determinadas por las clases dominantes. Fueron siempre los poderosos quienes desencadenaron la violencia, los que vertieron la sangre de chilenos, interrumpiendo la normal evolución del país. Así como cuando Balmaceda, consciente de sus deberes y defensor de los intereses nacionales, actuó con la dignidad y el patriotismo que la posteridad ha reconocido”.

Para Allende -el soñador- en Chile se cumplía el supuesto planteado por Federico Engels: “Puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitución se puede hacer lo que se desee, desde el momento en que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación”. Y éste es nuestro Chile, agregaba el presidente, donde “la voluntad popular nos legitima en nuestra tarea”. Sin embargo, los hechos demostraron -a costa de la vida del propio Allende y de la sangre derramada por miles de chilenos durante 17 años de terrorismo de Estado- que en ese punto su análisis era equivocado. Chile no reunía -ni de lejos- las condiciones para el tránsito pacífico al socialismo. El gobierno popular no concentraba todo el poder, ni la Constitución permitía las tareas de la transición ni se contaba con el apoyo de la mayoría.

Esta es la experiencia que debe recoger un nuevo proyecto revolucionario para Chile. Si el socialismo -democrático e igualitario que propuso Allende- era necesario para destrabar la crisis política y social de los años 70, hoy es asunto de vida o muerte para la democracia y para lograr el justo reparto de la riqueza y del bienestar. El capitalismo ha consolidado en Chile un modelo injusto que costará arduo trabajo remover. La derrota de 1973 quedó grabada a fuego en la memoria y es el principal factor que ha impedido levantar una alternativa de cambio. El temor, el desencanto y la desconfianza permitieron que la dictadura, obligada a retirarse, fuese reemplazada por los gobiernos hermafroditas de la Concertación. Sus políticas ambiguas condenaron al Estado a seguir sirviendo los mismos intereses nacionales y extranjeros que instrumentalizaron la dictadura militar. El estado de ánimo del pueblo -que oscilaba entre la perplejidad y el desprecio por la traición concertacionista- hizo crisis en las elecciones de 2009. Se quería un cambio -pero sin correr los peligros que supone un verdadero cambio- y así se entregó el gobierno a la derecha empresarial.

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La administración de Piñera no ha sabido interpretar el reclamo ciudadano. Está en línea con los gobiernos de la Concertación. Le ha dado continuidad a sus políticas, sobre todo en el área social. En la práctica, el actual gobierno es uno más de la misma serie, quizás más avanzado en algunos aspectos. Ha tomado iniciativas políticas a las que no se atrevió la Concertación. Sus complejos la llevan aún hoy a negar el origen izquierdista de algunos de sus partidos formateados por el neoliberalismo. Sin embargo, Piñera no se atrevió a iniciar los cambios -que en su mayoría dicen relación con la igualdad- en los que podía avanzar sin herir intereses vitales del capitalismo.

Comprobar que no se ha producido ningún cambio lleva el estado de ánimo de los chilenos a la confusión y contradicciones que reflejan las encuestas. La desilusión y la falta de una alternativa -más el espejismo del crédito que sostiene la economía- hacen posible que mientras el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD nos declara el país más “feliz” de América Latina, la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) confirme por enésima vez el rechazo a las instituciones políticas y a los partidos. Mientras el 50% dice que votará por Michelle Bachelet -que llevó a la derrota a su coalición- sólo el 17% apoya a la Concertación, cifra inferior a la que alcanza la Alianza derechista. Y entretanto, Piñera continúa recuperando puntos, rumbo al 40% tradicional de la derecha.

En medio de este guirigay -o despelote- de la opinión ciudadana, fruto de la codicia atornillada en el poder, el movimiento estudiantil crece torrencialmente. Cuando se le creía agotado, vuelve a la carga con más fuerza. Nadie logra explicarse cómo la protesta social rebrotó bajo el humus del horror y del silencio que la cubría. Fueron 17 años de dictadura y 20 de traición.

Los estudiantes que hoy se toman las calles y las escuelas, están abriendo las grandes alamedas que anunció Allende minutos antes del fogonazo final. Los jóvenes -y adolescentes- se han hecho cargo de reiniciar la lucha por justicia e igualdad. Están despertando al pueblo y convocándolo a dignificar la política. Lo suyo no son los compadrazgos electorales para escamotear los cambios. El 45% de los jóvenes entre 18 y 29 años, según el Instituto Nacional de la Juventud, dice que no votará en las elecciones municipales, y un 17% responde que “quizás”. Ese castigo a la politiquería rompe la lógica del temor, cuestiona el “sentido común” que agarrota la voluntad y hace frente a la indefinición y al doble discurso que imperan en la sociedad chilena.


La abstención activa en las elecciones municipales será el castigo que merecen los abusadores de la paciencia y buena fe del pueblo. Castigar a los partidos demagogos es lo menos que puede hacer el pueblo que intentó escalar las cumbres que proponía Allende y que libró una heroica lucha de resistencia contra el terrorismo de Estado. Los estudiantes merecen respeto y apoyo incondicional. Están abriendo “las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. Su norte es la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución. Pero, claro, no el pastiche que insinúan el ex presidente Lagos y el presidente de la DC. Convocar a una Constituyente no será instrumento de chantaje para lograr acuerdos con la derecha. Será la victoria del pueblo movilizado por el ejemplo estudiantil.



(1) Esta -y las citas que siguen- son del discurso del 5 de noviembre de 1970 en el Estadio Nacional.

sábado, 1 de septiembre de 2012

¿Crisis económica Europea y Mundial? ASÍ JUEGAN CON LA IDEA DEL MIEDO



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Hugo Farias Moya

El miedo a la crisis. El miedo a la incertidumbre. El miedo al futuro incierto. Y así reparten el miedo que hoy lo ocupan como instrumento de dominación y de sumisión. Esto lo hemos visto demasiadas veces. Lo utilizó la derecha con la campaña del terror en la campaña presidencial de 1970 cuando resultó ganador Salvador Allende. Lo utilizaron antes, durante y después del derrocamiento del Presidente. Esta cantinflera que ocupa la derecha y el empresariado mundial ya lo estamos viendo nuevamente.

Para aclarar a algunos desmemoriados les recuerdo que siempre han existido las mal llamadas crisis. Hay algunas que van y otras que vienen. La crisis asiática y la sub prime en EE.UU. y la de Portugal, la de Grecia y la de España, y la que viene y las que vendrán. Las que suman hasta hoy la no despreciable cifra de más de 280 crisis desde la gran depresión y también desde que el capitalismo financiero, con sede en la Bolsa de Wall Street de Nueva York, comenzó a imponer sus políticas neoliberales a nivel mundial.

Existen varias hipótesis sobre el origen de estas crisis, entre ellas la que sostiene que éstas corresponden a ciclos inevitables de un modelo económico irreal basado en la especulación financiera, el narcotráfico y una variada gama de negocios ilícitos y muy turbios que poco tienen que ver con las leyes que rigen las economías reales. En todas ellas existe un denominador común que es la corrupción de la clase política que gobierna. Otros dicen que es la ley de oferta y la demanda cuyo dogma es el mercado, ya sea la economía planificada o una mezcla de ambas.

Lo que es claro, sea cual sea su origen, ya sean producidas por el cansancio del modelo, otras provocadas a propósito o simplemente por la propia ineficacia de los gerentes planificadores que todo lo saben. Estas son manipuladas tal forma que en los hechos no hacen otra cosa que fortalecer la hegemonía global del capital financiero en desmedro de la ciudadanía y del tambaleante capitalismo a medias, no tan extremo (aún vigente en países como China, Rusia y Brasil).

Es así como para superar estas crisis o esto miedos, se impulsan desde los países, presionados por los banqueros y las grandes empresas multinacionales, procesos de privatización de todo lo que puede considerarse fuente de lucro y concentración de capital. Todo se vuelve mercancía, la salud, la educación, los servicios de utilidad pública, el agua. Se refunda el Estado poniéndolo al servicio exclusivo del capital financiero y la democracia no vuelve a ser ni la sombra de lo que era. Es decir que estas crisis, que son de una pequeña élite o pandilla mundial de especuladores, mafiosos e ineptos ricachones dueños del dinero, de los grandes medios de comunicación y la tecnología, se vuelven contra nosotros. Es decir se vuelve en contra sobre el resto de la población mundial que aun sigue creyendo en el miedo a una catástrofe financiera y económica.

En el fondo de las llamadas “CRISIS”, en los hechos, aparece la artimaña que usa el capitalismo para reacomodarse y profundizar el modelo de dominación. De ir generando a través de los mecanismos que impone para la resolución de cada una de ellas mayor concentración de la propiedad y de los recursos del Estado. Cada una de éstas crisis es una ocasión más para apropiarse a como dé lugar de los recursos naturales y el fruto del trabajo de todos los habitantes del planeta, ya sea por la “buenas” utilizándolas como subterfugio o ya sea por medio de guerras y golpes de estado en nombre de la supuesta defensa de la democracia y la lucha contra el terrorismo. O por el menos, pero oculta trama, de comprar y corromper a los políticos (que no se demoran mucho en ser cooptados). Y la última, de mantener a una población en silencio frente a la coyuntura política en nombre del miedo.

Estas formas de salidas a las crisis son posibles por el control que ejercen sobre los países, especialmente sobre los Estados Unidos, el capitalismo financiero. Así como también de la apropiación de los medios de comunicación y de la clase política mundial, amparados en la ventaja de contar con el monopolio de las armas y la falta de una alternativa popular y democrática.

Los resultados de estas llamadas crisis han sido hasta hoy y siempre los mismos: los ricos se hacen más ricos (y cada día son menos),  y los pobres más pobres (y cada día somos más). Así el planeta continúa su acelerado deterioro y la democracia se va quedando en los huesos o la penumbra. Y aquí me quiero explayar un poco mas sobre esto; la democracia no es aquel ejercicio cívico de ir a votar cada cuatro años, sino todo lo contrario y en esto los jóvenes demostraron su valía; la democracia es participación, debate continuo, movilización ciudadana, opiniones diversas, y por sobretodo respeto a la opinión contraria.

El fin del Estado de bienestar en el primer mundo

Si algo caracterizó hasta hace muy poco tiempo atrás a los países Europeos  y del primer mundo fue una cierta equidad en la repartición de la riqueza. Cuestión que permitía a sus ciudadanos gozar de un relativo bienestar. Esto fue posible gracias a la existencia de un Estado regulador y redistribuidor de la riqueza, la que en gran medida se obtenía del comercio desigual con el tercer mundo, (entre ellos los países sudamericanos) y la apropiación de sus recursos naturales y la propiedad de la tecnología. Una concepción de Estado el que aun siendo capitalista, aseguraba al ciudadano del primer mundo ciertas cuestiones básicas como salud, educación, etc., al que se le denominó “estado de bienestar”.

Todo esto ha comenzado a desaparecer y muy pronto se extinguirá producto de las llamadas políticas de recortes o de austeridad, supuestamente necesarias para superar la crisis. Las que se aplican contra los trabajadores y la población en general para desviar recursos hacia la banca privada y para la transformación del “estado de bienestar” por uno de nuevo cuño orientado a favorecer exclusivamente al capital financiero. Del mismo modo ocurre con la apropiación de la riqueza del tercer mundo la que hoy se destina sin más a engrosar las arcas de la banca y las corporaciones transnacionales (En el caso de Chile esto último lo hemos visto con el desvío de fondos de Enersis y las AFPs para cancelar la deuda de los bancos españoles).

Es así como los propios ciudadanos del primer mundo están viendo día a día como se deteriora su calidad de vida, disminuyen sus ingresos y la pérdida paulatina, pero a este paso inevitable, de la gran mayoría de los beneficios alcanzados por las reivindicaciones de los años anteriores.

Después de esta crisis y otras que vendrán será aún más difícil distinguir entre un pobre europeo o un norteamericano de un pobre del tercer mundo, como tampoco será posible distinguir entre los ricos de los países centrales y los ricos del tercer mundo. De continuar en esta dinámica, en unos años más ya no seremos sólo los africanos, los latinoamericanos, los vapuleados tercermundistas los que habremos de sufrir las penurias inherentes al subdesarrollo, sino también los ciudadanos de lo que hoy se conoce como el mundo desarrollado. Con esta nueva política todos quedaremos nivelados: unos muy arriba, otros muy abajo y al centro una pequeña franja de la sociedad constituida por aquellos y aquellas que cuenten con la suerte de quedar entre los elegidos para administrar el modelo. Como los nuevos gerentes o como empresario de segunda supeditado al capital financiero, profesional de elite, político institucional, militar o juez de alta jerarquía.

Este es el futuro que nos ofrece el capitalismo financiero norteamericano y judío, crisis y más crisis en las que ellos se enriquecen, los recursos naturales se agotan, el planeta se extingue y la gran mayoría de la población se pauperiza a niveles extremos.

Todo esto en el contexto de un mundo que disponiendo de todas las bases tecnológicas y materiales para resolver los problemas que aquejan a la humanidad, éstos, lejos de resolverse, se agudizan y amplían a todos los habitantes del mundo, producto de la voracidad del capitalismo.

No todo está todo dicho ni perdido

No obstante no está todo dicho; la emergencia en la economía mundial de otros actores con economías fuertes como la de Brasil, India, Rusia, India y China que abogan por un capitalismo de corte neo keynesiano y la multipolaridad. También se le suman los gobiernos progresistas de Latinoamérica y de otras latitudes. Esto países presionan y de una forma u otra y resisten la voracidad del capitalismo y no aceptan su hegemonía. Como tampoco aceptan la imposición de la crisis y a sangre y fuego de las políticas impulsadas por el FMI y sus acólitos, abogando por formas capitalistas más equilibradas.

No obstante lo anterior, los unos y los otros representan fórmulas agotadas que no apuntan a la solución del tema central y es que jamás al capitalismo le ha interesado resolver la explotación del trabajo asalariado, las sociedades divididas en clases, la intolerancia étnica, religiosa y cultural, la reorientación del desarrollo tecnológico, la sobrevivencia del planeta y la humanidad. Como tampoco aseguran la superación de la democracia representativa la que no garantiza la auténtica participación democrática que hoy reclaman los ciudadanos del mundo.
Como me dijo un gran amigo: “Es mas fácil pedirle a un muerto que se levante a que la burguesía y el capitalismo sean justos”

Los nuevos aires que soplan en el mundo.

La superación definitiva de lo anteriormente señalado no podemos esperarla de ninguno de aquellos actores que propugnan variaciones sobre el mismo tema, es decir de la clase política actual que gobierna. La verdadera solución debe salir de la propia gente, de aquellos que con su trabajo generan la riqueza, el conocimiento, la ciencia y la tecnología.

Así lo están entendiendo amplios sectores de la ciudadanía, los que en diversas latitudes del orbe se organizan, salen a las calles a expresar su descontento y sobre todo, en una primera instancia, a resistir las políticas que intenta imponer el capital financiero a nivel global. La verdadera crisis del capitalismo será cuando éste, cuando amagado por las grandes mayorías, ya no pueda reinventarse para prolongar su agonía, ni con falsas crisis y soluciones de parche, ni con guerras y golpes de estado, ni con corrupción, ni con todo su poder nuclear. Para terminar y para ser más claros, la crisis del capital será posible cuando la ciudadanía definitivamente pierda el miedo.



La política se hace en las calles



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Es posible que tras las múltiples manifestaciones de las últimas dos semanas, las que han superado ya varias decenas, los procesos sociales en Chile hayan ingresado en una nueva fase. Aun cuando el gobierno  ha preferido insistir en la descalificación de los movimientos sociales y mantener su gastado discurso del orden público, desde otros ámbitos institucionales de la política  han comenzado a elevarse voces que confirman el traspaso de un nuevo umbral.

Durante estos días se ha hablado de “crisis institucional”, de una “situación inmanejable”, de “pérdida de rumbo”, además, claro es, del síndrome del “pato cojo”, que es la condición en la que ha mutado la figura de Piñera, desde ahora enfrentado a un sistema político que mira el presente en una relación de rentabilidad que apunte a las elecciones presidenciales del próximo año.
Lo que puede verse de aquí al futuro es un gobierno acabado en su capacidad de establecer un rumbo y hacer proposiciones. No solo porque sus niveles de aprobación se mantienen en mínimos históricos para esta democracia tutelada, sino también porque sus grandes propuestas, como ha sido este año la reforma tributaria o la ley de pesca, están en el congreso en un áspero proceso y bajo la observación externa de activistas y organizaciones sociales. Si la reforma tributaria ha dejado ver los descuentos en los impuestos con los que el gobierno intenta beneficiar al primer quintil de ingresos, ensanchando aún más la brecha de la desigualdad estructural, en el caso de la ley de pesca busca consolidar un proceso iniciado hace más de una década por los gobiernos de la Concertación para privatizar los recursos pesqueros en manos de las grandes pesquerías depredadoras.

El último intento por copar la agenda comunicacional fue el fiasco de la encuesta Casen y la reducción de la pobreza. Las odiosas declaraciones que las estadísticas esgrimidas por el gobierno de Piñera estimularon entre ex ministros de los anteriores gobiernos administradores del modelo neoliberal no solo sirvieron para poner en duda la idoneidad y integridad de los ingenieros de Piñera sino a la misma metodología de la Casen. La encuesta, a los ojos de gran parte de la población, es una entelequia funcional a sociólogos y políticos que una expresión de la verdadera cara social y económica del país.

Pese a gozar de la complicidad de los medios corporativos de comunicación, son escasos y efímeros los eventos que logran fluir bajo el control comunicacional del gobierno. Lo usual, desde hace más de un año, es que sean los movimiento sociales, encabezados por los estudiantes, los que han marcado la pauta política. Ni durante las vacaciones ha tenido tregua: en pleno febrero fueron los habitantes de Aysén quienes se encargaron de mantener a la ciudadanía como el primer actor de la agenda.

La penúltima semana de agosto, con la nueva y poderosa arremetida de los estudiantes secundarios, el gobierno agotó sus respuestas, las que si bien no habían logrado destrabar el conflicto con los jóvenes y adolescentes, sí pudieron distender el problema y confundir a dirigentes y estudiantes.  A diferencia de los años y meses precedentes, esta vez ya ha utilizado todos los cartuchos legislativos, todos ellos hoy rechazados por el movimiento estudiantil, desde las becas a la reforma tributaria.

Lo que le queda al gobierno, y eso es lo que hemos observado en estas semanas, es negar, quizá engatusar, también descalificar. Algo así hizo el ministro de Educación, Harald Beyer, durante la jornada de protesta de los secundarios. Con el cinismo propio de la oligarquía y de funcionarios de la dictadura reciente, daba una conferencia de prensa para defender las iniciativas del gobierno en materia educacional, las que son, decía, una respuesta a las demandas de los estudiantes. A la misma hora, el presidente Piñera hacía sus cálculos y declaraba que los colegios en toma representaban solo el 0,1 por ciento del total de los establecimientos.

Con esta actitud, Piñera cortó las comunicaciones con los grupos movilizados. El discurso del gobierno   se ha cerrado sobre sí mismo, sobre las clases financieras y empresariales y sobre las elites políticas. La insistencia de responder a esas demandas con ajustes al mercado y no desde fuera del mercado, tal como exigen los jóvenes, representa, además de su encierro ideológico y los límites de un deteriorado y   cada día más desprestigiado modelo de mercado, su fracaso político para resolver la crisis educacional.

El duopolio, descalificación y represión

Tal como hemos venido observando desde hace meses, la negación de la magnitud de la crisis y la descalificación que se hace al movimiento estudiantil, obedece a una estrategia comunicacional de La Moneda canalizada y amplificada a través de los medios de comunicación funcionales al gobierno y al empresariado. Se trata de un discurso mediatizado que apunta a los efectos y no ve causas, que busca atemorizar a la población con la amplificación de la “violencia de los intransigentes líderes estudiantiles”, el que reproduce casi literalmente los calificativos del gobierno. El editorial de La Tercera del 24 de agosto reproduce ese relato casi con puntos y comas. “La convocatoria de ayer confirma otra vez que un grupo minoritario de alumnos de establecimientos municipalizados insiste en recurrir a medidas de fuerza...”, mensaje de Piñera,  por tanto los estudiantes deben “desistir de las tomas y aportar con propuestas a la discusión de los proyectos que se tramitan en el Congreso”, que es el mismo mensaje de Beyer.

Esta naturaleza de declaraciones, que expresan con toda claridad un cerrojo a los cambios demandados, no se lanzan solas. Van reforzadas con un despliegue masivo de fuerzas policiales, las que reprimieron aquel jueves 23 de agosto con una refrescada energía a los jóvenes y adolescentes. Las escenas en las calles para cualquier observador, algunas de ellas capturadas por los medios independientes que circularon profusamente por internet y las redes sociales, recordaban sin ninguna exageración a las de la dictadura. Así escribió con su habitual agudeza nuestro compañero Ricardo Candia horas después de la violenta jornada en un artículo titulado “La guerra de Piñera” publicado por el diario electrónico El Clarín de Chile. “El régimen se ha armado y apuesta a aumentar su poder de fuego. Dispone para el efecto uno de los más grandes presupuestos de la historia. Suma a esa medida la guerra sicológica disponiendo que los medios de comunicación busquen las contradicciones entre los dirigentes, aumenten las hogueras y quebrazones, oculten las causas que dan origen a la rebelión y mientan todo lo que les permita la imaginación y el sueldo”.

El Mercurio ha ido aún más lejos: ha detectado un nuevo enemigo interno. El 22 de agosto un editorial alertaba a sus lectores porque “actualmente minorías audaces pero organizadas pueden ampararse en aspiraciones estudiantiles, regionales, laborales, indígenas para enseñorearse por horas de carreteras, recintos educacionales, industrias”. El peligro de desestabilización del statu quo, advertía el matutino, se halla en “grupos políticos radicalizados que están instrumentalizando a los estudiantes con objetivos que ya distan mucho de su demanda original porque su meta es un estallido social que cambie el sistema y la institucionalidad del país (...) son grupos minoritarios que repudian por igual a partidos gobiernistas y opositores, recurriendo a toda la violencia que puedan desplegar “. Como sugerencia al gobierno, el diario propuso una mayor eficacia en la represión policial y en el trabajo de las fiscalías.

Pero desde otras tribunas surgen opiniones menos ideológicas y bastante más reflexivas. Aquellos mismos días, en el diario electrónico El Mostrador se podía leer un editorial que apuntaba en un sentido opuesto al del gobierno y el duopolio. “Resulta preocupante la manera cómo el gobierno hace frente a las movilizaciones sociales y gestiona los conflictos. Lo está haciendo sin atender al hecho que las razones que los mueven poco tienen que ver con diferencias doctrinarias o ideológicas. La mayoría, como la educación, por ejemplo, a estas alturas una encarnizada demanda por la gratuidad y la calidad, son transversales y tienen el apoyo de la mayoría de la población”.

El duopolio y los poderes establecidos pueden olfatear el nuevo clima nacional, aun cuando no consiguen ni desean determinar sus causas. Porque no se trata, como dice El Mostrador, ni de minorías ni de radicalización, sino de una  masa crítica cuyos problemas cotidianos han terminado por desbordar su paciencia.

Una creciente movilización social

El movimiento estudiantil no está solo y se inscribe en una corriente social que tiene características globales e históricas, flujo con una fuerte inspiración antineoliberal y anticapitalista. Los estudiantes, si bien partieron bastante solos el 2006 y un poco más escoltados el 2011, hoy forman parte de una tendencia que aglutina múltiples otras demandas impulsadas por diversos movimientos sociales. Aquellos reclamos puntuales por deficiencias en infraestructura, hoy, tras el despertar ciudadano, han mutado en la necesidad de cambios políticos integradores impulsados por la misma ciudadanía. Ante el deterioro del sistema binominal y el absoluto descrédito de toda la clase política la única salida que el pueblo ha comenzado a ver es a través de una asamblea constituyente.

El gobierno ha entrado en una etapa de repliegue que queda representada en una Moneda vallada y por calles reforzadas por una creciente fuerza policial. Es la rendición de Piñera ante los poderes de la oligarquía nacional, representada por los medios de comunicación, las grandes corporaciones, los grupos económicos y los partidos de su coalición. Hace un año atrás, en medio del fragor del movimiento universitario, tal vez Piñera pudo haber inscrito su propio rumbo a las demandas de la historia mediante una reforma profunda al sistema educacional, pero hoy ya es tarde. El presidente ha sucumbido a su clase empresarial y política, a sus socios y colegas, a la mercantilización de la educación. El neoliberalismo y los grandes negocios ya han escrito su pobre lugar en la política.

El gobierno está en las cuerdas ante un movimiento en pleno crecimiento y organización. El historiador Gabriel Salazar, en una entrevista reciente a un diario del duopolio, hizo una evaluación del movimiento estudiantil, el que “está lejos de haber perdido fuerza”. Lo que viven hoy los estudiantes es un momento de transición, “sumido en una reflexión interna a nivel de sus bases, con el propósito de levantar una propuesta política”. Un trance que requiere de otros actores sociales como aliados.

No sabemos aún el rol que jugará la CUT sin Arturo Martínez a partir de ahora. Pero sí es posible observar un proceso de incorporación de nuevas temáticas a la agenda política. Lo que hace unos pocos años y tal vez meses era impensable, hoy está de manera creciente incorporada en el habla política. La Asamblea Constituyente, que es una manera de “resetear” el actual sistema binominal junto a toda la institucionalidad económica, ya es materia que aterra a concertacionistas, aliancistas, gobiernistas y editorialistas del duopolio.

La idea de una Asamblea Constituyente ha venido ganando terreno desde las primeras movilizaciones estudiantiles hace ya más de un año. En la convicción que la traba a los necesarios cambios que pide la población no es este gobierno ni la Concertación, sino ambos bajo la institucionalidad heredada de la dictadura, la única salida hoy posible es una recomposición de todo el sistema político y económico desde sus cimientos y con la participación de las organizacciones sociales. De lo contrario, el deterioro institucional conducirá al país a una crisis sin precedentes en esta larga transición.

PAUL WALDER
Artículo publicado en revista Punto Final

jueves, 30 de agosto de 2012

CHILE: "El ciudadano común aún no se da cuenta de lo que NOS PERTENECE"


“Somos los ciudadanos los únicos llamados a cambiar las condiciones que tenemos,  difícilmente va a ser la clase política, porque está muy comprometida con la clase económica”- sentencia el alcalde, quien apuesta porque el 5 por ciento de los recursos producidos en las regiones mineras beneficien a sus territorios. A juicio del edil, el gobierno de Piñera no permite que los recursos queden en las regiones para proteger las ganancias de la industria minera.
No hubo anuncios para las comunas mineras en el mensaje presidencial del 21 de mayo. Pese a la manifestación desarrollada el pasado 18 de mayo, el gobierno mantiene la oferta de la Ley de Fondo de Desarrollo del Norte (Fondenor), que contempla la entrega de 225 millones de dólares a repartir entre 40 comunas mineras entre los años 2013 y 2015.
El economista Salvador Barrientos Muñoz calcula que a Calama le corresponden US$ 6,52 millones en total en los 13,5 años, a razón de US$ 480 mil anuales (siendo US$ 240 mil para el año 2012). En pesos chilenos a la ciudad nortina le correspondería $ 230 millones 400 mil pesos, lo que equivale a 20 viviendas sociales. Barrientos compara que un hospital, como el que actualmente se construye en Calama, cuesta unos US$ 70 millones o sacar la línea férrea que atraviesa la ciudad otros US$ 50 millones.
Para el alcalde Velásquez debe recuperarse la normativa que hasta 1976 daba el 5% de los recursos producidos en su territorio a las comunas mineras. “Es un reclamo contra el poder político y económico que no permite que ciudades como Calama crezcan y se desarrollen. Seguimos en el concepto de campamento minero, ciudad dormitorio”-  sostiene el edil.
En tanto la Asamblea Ciudadana mantiene el estado de movilización en la ciudad y se realizará un cabildo abierto el próximo 16 de junio para coordinar las acciones futuras.
¿Por qué rechazan el Fondenor?
- Porque son recursos mínimos, es una limosna lo que el gobierno quiere entregar con el mal llamado Fondenor, que no es un fondo de desarrollo. Son 225 millones de dólares a distribuirse entre 9 regiones mineras, entre más de 40 comunas y en 13 años. Sacas un promedio de 17 millones de dólares anuales para todas estas comunas. El monto no significa cifra alguna de desarrollo para la comuna de Calama. Aspiramos a cifras mayores en relación a lo que Calama produce anualmente para el país.
La Ley 11.828, derogada en 1976, daba el 5% de los recursos producidos en su territorio a las comunas mineras. ¿Aspiran una normativa similar?
Aspiramos a ello. Varias décadas atrás el norte tuvo leyes redistributivas que de alguna forma, compensaban el daño ambiental que generaban las faenas extractivas. Queremos que sean derogadas un montón de leyes aprobadas en los últimos 35 años que echaron por tierra otras leyes que durante décadas costó a los nortinos ganar, así la comuna tendría recursos permanentes del cobre.
Hasta ahora hay U$ 225 millones a repartir sobre la mesa ¿qué les alcanza con eso?
- No hay comparación. El Fondenor original que presentamos hace un par de años atrás dejaba 140 millones de dólares sólo para la región de Antofagasta. Si pensamos en el tope máximo que nos podría llegar, con los 3 millones de dólares que nos tocarían por año, algo así como 1.400 millones de pesos, alcanzan para construir un par de canchas de fútbol. No es desarrollo para una comuna que produce tanta riqueza. En cambio, hablar del 5 por ciento hoy son cifras insospechadas.
CALAMA: CAMPAMENTO MINERO
En las calles de Calama se nota que hay circulante producto de los sueldos de los trabajadores de las mineras ¿Se nota eso en los bolsillos municipales?
- Hay buen circulante en Calama debido a que las 3 mil o 4 mil 500 personas que trabajan en minería tienen una buena remuneración, pero no hay inversión para el desarrollo social. Calama tiene hoy una población de 180 mil personas, de las cuales, 60 mil son población flotante atraídos por la industria minera y que terminan quedándose allá. A todas estas personas tenemos que atender y ahora con el cierre del campamento de Chuquicamata, hay entre 15 y 18 mil personas que hasta el año pasado Codelco pagaba su mantención y de un año para otro el municipio debe hacerse cargo: de la extracción de basura, alumbrado público y agua, entre otras cosas. Esas 15 mil personas hoy se trasladaron a Calama, unas 5 mil viviendas y 8 mil vehículos, población que tenemos que mantener con el presupuesto municipal. Codelco se ahorra esa plata.
¿Se podría decir que Calama es una ciudad acorde con los recursos que produce?
- No creo, si no tenemos universidades ni centros médicos, no llegan profesionales de buen nivel porque la ciudad no tiene las condiciones de infraestructura, posibilidades educacionales y culturales que den más proyección a las familias. Seguimos en el concepto de campamento minero, ciudad dormitorio. No hay voluntad política de los distintos gobiernos de invertir en Calama. Así que nos agotamos porque se avizora un siglo más de industria minera, se va a seguir produciendo cobre, pero no queremos repetir la historia y por eso Calama se levantó porque no queremos estar de rodillas.
¿Cómo imagina Calama como ciudad contando con los recursos dados por la explotación minera?
- debemos recibir los recursos que alguna vez tuvimos porque es un recurso no renovable que alguna ves se va a acabar. Lo que queremos es aprovechar esos recursos hoy para hacer una ciudad desarrollada, que tenga centros de estudios, aprovechar sus cualidades arqueológicas y turísticas. Imagínate si haces una ciudad deportiva especializada en el deporte en altura. Si la selección se prepara en Calama para sus partidos en Bolivia. Imagínate deportistas corriendo a 2.400 mts. de altitud; después a nivel del mar van a volar. Eso y muchas cosas más. La creatividad está, pero nos faltan los recursos para concretarla
¿Siguen con problemas con el agua del río Loa?
- En febrero ganamos a la minera Inés de Collahuasi, la que querían extraer aguas del río Loa, en la evaluación ambiental, la que no les permitió sacar más agua del río. Pero   el marco legal actual permite que esta empresa el día de mañana pueda presentar otro proyecto que tenga posibilidades de ser aprobado. En el desierto más árido del mundo, se ocupa agua del río Loa para la industria minera, cuando perfectamente podrían ocupar agua de mar. El dueño de la minera es el grupo Luksic, quienes también son dueños de las sanitarias de la región. Acá en el norte, el negocio lo tienen unos pocos.
LO QUE COMPRAN ‘MINEROS DE CHILE’
El vocero de gobierno, Andrés Chadwick y el diputado Felipe Ward, lo llamaron a  no politizar el movimiento.
- Le respeto su opinión de ministro, pero Chadwick no conoce la realidad de Calama. Nuestras demandas ciudadanas son históricas. Le recuerdo que llegamos al municipio el 2009 y en agosto de ese año iniciamos nuestras demandas, cuando era otro el gobierno. Nosotros hemos mantenido una consecuencia, que es un reclamo contra el poder político y económico que no permite que ciudades como Calama crezcan y se desarrollen. Pero ahora los ciudadanos nos hemos tomado la opinión y la palabra y lo que hacemos es pensar a Chile desde las regiones.
¿El gobierno puso un piso con el Fondenor y de a poco irá soltando la billetera o pensar en llegar al monto de un 5 por ciento de las ganancias mineras para las regiones productoras es un tema ideológico?
- El poder de la industria minera en el mundo y acá en Chile es gigantesco. Es muy poderosa y no quieren que otros usufructúen de la riqueza que producen. En la medida que conozcamos la colosal riqueza que tenemos en Chile, vamos a aspirar a más. Creo que el ciudadano común que camina hoy por las calles de las ciudades de Chile no se da cuenta de lo que somos dueños.
¿Por qué ocurre eso?
- Después del petróleo en el mundo, la riqueza natural más estratégica es el cobre. Para que los países se desarrollen, luego de la energía, la materia prima más usada es el cobre, pero los chilenos no tenemos idea. Nos han desinformado, nos invitan a que los temas de debate sean otros. Recién creo que los ciudadanos dimensionamos lo que somos dueños.
Es una reflexión ya hecha en la primera mitad del siglo XX…
- Sí, hablo de leyes que tuvimos en el siglo XX que nos dejaban más por la explotación de nuestros recursos. Estas fueron borradas de un plumazo por la dictadura militar y el modelo de explotación fue luego profundizado por los gobiernos de la Concertación. Si aún hay leyes secretas, sobre las cuales los ciudadanos desconocen para donde se van las riquezas. Creo que los gobiernos de turno en los últimos 30 años no han querido mover estos cimientos y quieren que esa pequeña parte que nos entregan debiéramos agradecerlas eternamente. Aspiramos al 5 por ciento de lo que se produce en la región de Antofagasta. Aspiramos a eso, lo que implica cortarles una tajada a las ganancias de las mineras.
¿Por qué la Concertación no hizo esos cambios?
- Porque los intereses políticos y económicos se cruzan. Es tanto el poder de las mineras: financias campañas de parlamentarios y se llevan todas las riquezas. Hay complicidad de los gobiernos de turno, del poder económico.
¿Y la salida la vez por donde?
- Somos los ciudadanos los únicos llamados a cambiar las condiciones que tenemos;   difícilmente va a ser la clase política, porque está muy comprometida con la clase económica.
Mauricio Becerra R.
@kalidoscop
Foto: David von Blohn
El Ciudadano


lunes, 27 de agosto de 2012

OPTIMISMO DE LA VOLUNTAD EN BANYOLES



Andreu Coll
Coordinador y responsable de la Universidad de Verano de IA
En un hermoso bosque de la comarca del Pla de l’Estany acaba de clausurarse un pequeño evento que constituye un nada despreciable acontecimiento: la tercera universidad de verano anticapitalista. En ésta se han manifestado de un modo esperanzador esas cualidades antropológicas –la tenacidad, el humor, la ironía, la fraternidad, el denuedo– que Walter Benjamin se representaba como un pequeño gran tesoro cultural que encierra esa profana batalla por lo áspero y lo material que es la lucha de clases.
En efecto, en Banyoles se ha creado una “situación” en la que esos valores político-culturales han flotado en un espacio propicio para la reflexión, el debate, el encuentro, el reconocimiento y apoyo mutuos… gestando un ambiente francamente reparador en el que reina ese indescriptible erotismo que irradia la efervescencia política. Una “situación” valiosa y útil para transformar la indignación en organización, el rechazo en propuesta política, la negación de lo existente en perspectiva estratégica para consumar lo necesario.
La fuerza de las ideas
El gran eje temático de fondo de la Universidad ha sido la relación crecientemente contradictoria entre democracia y capitalismo bajo el látigo de la deuda, con el que el poder totalitario del capital financiero pretende demolir de un plumazo décadas de conquistas sociales y democráticas en su desesperada huída hacia adelante. El látigo despolitizador y totalitario de la deuda, decíamos, y el ascenso de la barbarie que engendra: unas nuevas derechas radicales que están eclipsando los más elementales valores humanistas y amenazando con reeditar las sangrientas catástrofes que engendraron en el siglo XX.
Hoy, salvar el capitalismo se hace secuestrando las bases más elementales de la democracia burguesa, lo cual está engendrando monstruos como el populismo y el neofascismo. Como nos recordaba en un foro Felice Mometti, el “no hay alternativa” impone un estado de sufrimiento y desesperación, de desesperanza e irracionalismo propicio para la demagogia, el odio a la alteridad y el recurso a “supremos salvadores”. “El racismo es una invitación a matar” decía John Brown en uno de los foros… En este estado de cosas no hay reconciliación posible con un sistema en descomposición. Ofrecer un horizonte alternativo obliga a renovar la reflexión sobre el socialismo que queremos y un análisis de las estrategias que necesitamos para construir un puente entre lo necesario y lo posible. Algo que hemos hecho profusamente en los ciclos formativos “Oriente Medio y revoluciones árabes”, “Amenazas de derechas aquí y en Europa”, “Marx, modo de uso” y “La Unión Europea”. También han sido enriquecedoras las sesiones de formación sobre feminismo anticapitalista, el Estado capitalista, las vanguardias culturales o el futuro del Euro.
Una iniciativa necesaria…
En este sentido al menos, la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista juega un papel importante –irremplazable quizás– que trasciende a sus propias filas para convertirse en un incipiente punto de apoyo para la renovación de la reflexión de una nueva generación militante nacida a la lucha una calurosa tarde de mayo de 2011. En efecto, tras años –¡décadas!– en los que la izquierda ha registrado cierres de revistas, crisis de partidos, desaparición de fiestas, encuentros y actividades culturales, era necesario ir a la ofensiva y crear nuevos ámbitos de formación, debate, encuentro, ocio e intercambio. Ha sido un gran placer acoger a nuevos activistas de todas las edades y condiciones hambrientos de conocimientos y respuestas que den sentido a un renovado compromiso sociopolítico. Es más, con el éxito de esta tercera edición, podemos afirmar con orgullo que la Universidad de Verano se ha consolidado como evento y que está aquí para durar, mejorar, crecer…
Preparar la vuelta… a la calle
Pero no sólo es un evento teórico, ha sido un ámbito fundamental para articular luchas, preparar campañas, coordinar iniciativas, fortalecer tareas… En suma, hemos intentado preparar a nuestras militantes y simpatizantes para los grandes retos de la situación política. Como apuntábamos en uno de nuestros foros, la crisis del capitalismo español está agudizando los síntomas de crisis que se llevan detectando en la cúspide del régimen actual. El colapso económico que estamos a punto de experimentar puede conducir a una ruptura también en el ámbito institucional y político, algo que debe ser un verdadero punto de apoyo para amplificar todas las resistencias en curso.
Prepararse para vencer
El miting de clausura de la Universidad se inició con un emocionado homenaje al recientemente desaparecido Paco Fernández Buey, uno de esos irreductibles imprescindibles e irremplazables del comunismo marxista de nuestro país. A continuación Miguel Urbán insistió en la necesidad de construir otra izquierda para alcanzar otro mundo. Javier Couso nos instó a reforzar la izquierda para afrontar la dura prueba a la que se verá sometida en los próximos meses y años. La activista Marta Sibina denunció vigorosamente la corrupción generalizada de la sanidad catalana y el desvío sistemático de recursos públicos hacia empresas subcontradas. El dirigente anticapitalista Olivier Besancenot relativizó el cambio político ocurrido en las últimas elecciones francesas y advirtió contra las falsas ilusiones despertadas por el gobierno Hollande. A su vez, el revolucionario chileno Marco Antonio Álvarez, dirigente de la organización Libres del Sur, en una intervención eléctrica que nos trasladaba a los tiempos del MIR de Miguel Enríquez, nos recordaba el imperativo de prepararnos para “vencer”, esto es, para plantearnos la cuestión del poder de un modo realista y decidido y hasta las última consecuencias. Finalmente, Esther Vivas introdujo las grandes claves de la situación política del Estado español ante la transformación de la crisis en depresión y las perspectivas convulsas que se abren en los próximos tiempos. Refiriéndose a la reciente acción de los sindicalistas del SAT en diversos supermercados andaluces, Esther afirmó sin ambigüedad la imprescriptibilidad de una de las conquistas del periodo más avanzado de la Revolución Francesa: a saber, la primacía del derecho a la existencia por encima del privilegio de la propiedad, único no abiertamente cuestionado por ese gran acontecimiento-proceso que inauguró el mundo contemporáneo.

jueves, 16 de agosto de 2012

¿QUÉ RECLAMAR AL CAPITALISMO NEOLIBERAL EN CRISIS?



Por Leonardo Boff
Agosto  de 2012


La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el corazón de los países centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo los procesos económico-financieros sino también el propio curso de la historia humana. Es la crisis de la ideología política del estado mínimo y de las privatizaciones de los bienes públicos, pero también del modo de producción capitalista exacerbado en extremo por una concentración de poder como nunca antes se había visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene carácter sistémico y terminal.

El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito de acumulación ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se resolvió no por la vía de la economía sino por la vía de la Segunda Guerra Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan destructivas que podrían exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera. Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este medio.

Esta vez surgen dos límites insuperables, lo que justifica decir que el capitalismo está concluyendo su papel histórico. El primero es el mundo lleno, es decir que el capitalismo ha ocupado todos los espacios para su expansión a nivel planetario. El otro, verdaderamente insuperable son los límites del planeta Tierra. Sus bienes y servicios son limitados y muchos no renovables. En la última generación quemamos más recursos energéticos que en todas las generaciones anteriores, nos asegura el analista italiano Luigi Soja. ¿Qué haremos cuando estos alcancen un punto crítico o simplemente se agoten? La escasez de agua potable puede poner a la humanidad frente a la destrucción de millones de vidas.

Las regulaciones y los controles propuestos hasta ahora han sido simplemente ignorados. La Comisión de la Naciones Unidas para la Crisis Financiera y Monetaria Internacional, cuyo coordinador era el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz (llamada Comisión Stiglitz) realizó un gran esfuerzo desde enero de 2009 para presentar reformas intrasistémicas de cuño keynesiano.

En ella se proponía una reforma de los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial) y de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Se preveía la creación de un Consejo de Coordinación Económica global del mismo nivel que el Consejo de Seguridad, la constitución de un sistema de reservas globales para contrapesar la hegemonía del dólar como moneda de referencia, la institución de una fiscalización internacional, la abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario y, por último, una reforma de las agencias de certificación. Todo fue rechazado. La ONU aceptó solamente la constitución permanente de un Grupo de Expertos de Prevención de las Crisis, al que nadie da importancia, porque lo que realmente cuenta son las bolsas y la especulación financiera.

Esta constatación decepcionante nos convence de que la lógica de este sistema hegemónico puede hacer que el planeta no sea ya amigable para nosotros, y llevarnos a catástrofes socio-ecológicas muy graves, hasta el punto de amenazar nuestra civilización y la especie humana. Lo cierto es que este tipo de capitalismo, que en la Río+20 se revistió de verde con el objetivo de poner precio a todos los bienes y servicios naturales y comunes de la humanidad, no tiene condiciones a medio ni a largo plazo para garantizar su hegemonía. Otra forma de habitar el planeta Tierra y de utilizar sus bienes y servicios deberá surgir.

El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

Es necesario producir, pero respetando el alcance y los límites de cada ecosistema, no meramente para acumular sino para atender, de forma suficiente y decente, las demandas humanas. Es importante también cuidar de todas las formas de vida y buscar el equilibrio social, sin dejar de pensar en las futuras generaciones que tienen derecho a una Tierra preservada y habitable.

No cabe en este espacio lanzar alternativas en curso. Nos atenemos a lo que es posible intrasistémicamente, ya que no hay cómo salir de él a corto plazo.

Asistimos al hecho de que América Latina y Brasil, en la división internacional del trabajo, están condenados a exportar lo que se extrae de sus minas y commodities, bienes naturales como alimentos, granos y carnes. Para hacer frente a este tipo de imposición deberíamos seguir los pasos ya sugeridos por varios analistas, especialmente por un gran amigo de Brasil, François Houtart, en su reciente libro con otros colaboradores: Un paradigma poscapitalista: el Bien Común de la Humanidad (Panamá 2012).

En primer lugar, dentro del sistema luchar por normas ecológicas y regulaciones internacionales que cuiden lo más posible los bienes y servicios naturales importados de nuestros países; que traten de su utilización de forma socialmente responsable y ecológicamente correcta. La soya es para alimentar primero a la gente, y solo después a los animales.

En segundo lugar, cuidar nuestra autonomía, rechazando el neocolonialismo de los países del Centro que nos mantienen, como antaño, en la Periferia, subalternos, agregados y meros suplentes de lo que les falta en bienes naturales. Antes, debemos cuidar de incorporar tecnologías que den valor añadido a nuestros productos, crear innovaciones tecnológicas y orientar la economía, primero, hacia el mercado interno y, luego, al externo.

En tercer lugar, exigir a los países importadores que contaminen lo menos posible sus ambientes y que contribuyan financieramente al cuidado y a la regeneración ecológica de los ecosistemas de donde importan los bienes naturales, especialmente de la región amazónica y del cerrado.
Se trata de reformas y todavía no de revoluciones. Pero ayudan a crear las bases para proponer un paradigma distinto que no sea la prolongación del actual, perverso y decadente.


Publicado en servicioskoinonia.org