domingo, 14 de julio de 2013

Egipto: Del desquicio proimperialista de Mubarak al proimperialismo fallido de Mursi y al proimperialismo armado de Tantawi


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por Fernando Esteche
 Julio de 2013 


La sangre del pueblo egipcio sigue regando las calles diariamente. El nuevo Egipto que se anuncia no es nada venturoso si los arquitectos del mismo son Tantawi y su ejército propentagonal.

En varios artículos de estas páginas se advertía la situación de rebelión permanente en Egipto y se señalaba con una claridad contundente el estado de latencia de las crisis políticas del Magreb. Las mismas se habían evidenciado incontrastablemente en lo que las narrativas hegemónicas llamaron “primavera árabe” y que con toda precisión podríamos llamar “primavera salafista” o la puesta en práctica de la construcción del proyecto obamista imperial de Gran Medio Oriente. Esta situación abierta, de crisis no resuelta, a la luz de la oscuridad y obturación que la circulación de noticias mundial ofrece, resultaban para algunos simples agorerías de entusiastas analistas amigos de las rebeliones populares. Pero los acontecimientos de los últimos meses vienen a afirmarlas como justas miradas de la coyuntura.

La ofensiva proimperialista en el Magreb no sólo responde a la consolidación del proyecto Gran Medio Oriente sino que además aporta a la norteamericanización de África, en un momento donde el continente negro se ha convertido en escenario destacado de su proyecto de consolidación hegemónica global y de competencia interpotencias.

No hay una sola mueca de política exterior, ni de política interna de la era Mubarak, que permita pensar en una disfuncionalidad de la gestión del ex presidente egipcio respecto de los proyectos de largo alcance de Estados Unidos e incluso de Israel. Lo mismo sucede con tantos otros dictadores y agentes pronorteamericanos a quienes en determinadas circunstancias, sin razones aparentes, el Imperio les suelta la mano y los deja librados a las crisis que sus propias gestiones de gerenciamiento proimperial ocasionan, y que en general terminan devorándolos. Esto pasó con Hosni Mubarak, que luego de décadas de ejecutar y acompañar las líneas largas de política exterior israelí y norteamericana (al punto de involucrarse en la Guerra de invasión del Golfo contra la nación árabe de Irak) va a encontrarse cercado y sin posibilidad de continuidad.

El Imperio desecha lo que no le es útil. La cuestión está en advertir dónde reside la “inutilidad” de sus más fervientes y despreciables sirvientes. Ahí precisamente es dónde para quienes desdeñan de la posibilidad popular de determinar las situaciones políticas se expone su falacia. Porque justamente una de las principales razones de su limitación para seguir gerenciando las políticas imperiales es justamente que el Pueblo ya no quiere ni permite la posibilidad de reproducción de estos regímenes que se van volviendo -en la medida de su anquilosamiento- más autoritarios, excluyentes y proscriptivos.

Los analistas amigos de las teorías conspirativas, fortalecidos en su manera de mirar la elocuencia de la sobredeterminación imperial de la resolución de distintas crisis que se fueron sucediendo, pierden el norte y terminan creyendo que todo es obra de distintas maniobras del Imperio. Como cuando los romanos se explicaban la historia, guerras y conquistas como antojos y decisiones de los Dioses del Olimpo, quienes determinaban los destinos de los humanos, como si se tratase de sus juguetes.

Pero lo cierto es que en esta construcción del Gran Medio Oriente la ineficacia de los gobiernos de corte autoritario y dictatorial se manifestó además en su incapacidad de resolución mínima de políticas de inclusión y contención social. Es el colmo del cinismo leer las impugnaciones del Emir de Qatar contra Assad en Siria respecto a su ilegitimidad democrática, cuando el que realiza la impugnación es nada menos que un Emir ¡dinástico!

No es el objetivo de este trabajo describir y reflexionar más profundamente sobre la significación de los cambios de gobiernos en el Magreb, pero sí vamos a afirmar aquí que existen dos situaciones concurriendo, las que se manifiestan en la historia de manera dialéctica, justamente, aquello de “que los de abajo no quieren seguir viviendo como antes (…) (y) los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como antes”. Es lo que Lenin llama Situación Revolucionaria; situaciones que están evidenciadas en la región del Magreb desde la denominada primavera, que obliga al Imperio a cambiar los elencos de dominación, e incluso, las formas de dominación.

El benalismo sin Ben Alí de Gannouchi en Túnez y los distintos experimentos que la NED[1] propone ante las distintas crisis que se van produciendo en los países de la región, son expresiones que van dando cuenta del intento fallido de reconversión de la dominación proimperial. Con estas experiencias, cuya manifestación más evidente del fracaso es justamente el gobierno de Mursi y la Hermandad Musulmana, las reivindicaciones populares largamente invisibilizadas y postergadas emergen cobrando centralidad en la escena política. Es mediante la visibilidad de estas reivindicaciones postergadas, a través de la legitimación de estos reclamos como operarán la deslegitimación de los regímenes anteriores para intentar sobredeterminar la sucesión de estas experiencias.

La Hermandad Musulmana tiene directa incidencia en la invasión y pretensión de destitución presidencial en Siria (se dice que los únicos sirios nativos del aglomerado que los grandes medios comunicacionales llaman “rebeldes sirios” son Hermanos Musulmanes, porque el resto son saudíes, libios, qataríes, españoles, turcos, etc.). Posee además firmes vínculos con el gobierno de Erdogan en Turquía, construyó una alianza financiera y política con el Emir de Qatar, recuperó gran incidencia sobre las decisiones de Hamas en Palestina, posee destacamentos en Líbano, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, y tiene estrecha relación con la Casa Saud (especialmente el clan sudairi). No es, como puede verse, un partido político liberal, sino una poderosa organización de inspiración salafista, con ramificacionesinternacionales, una expresión islámica conservadora que recurrentemente ha servido a los intereses norteamericanos. No es un partido liberal del corte que auspicia la NED, sino que es una típica estructura de las llamadas yihaídistas, con una fuerte expresión militar. De hecho son, como organización, los autores confesos del asesinato del presidente de Egipto Anwar el Sadat en 1981. Por eso, desde el Washington Institute for Near East Policy se sostiene que luego de la caída de Mubarak, Obama debió haber apoyado al ejército. Si Obama quería proteger con efectividad los intereses estadounidenses en Egipto, debió haber apoyado no a los manifestantes de la Plaza Tahrir, sino la transición del poder desde Mubarak a Tantawi, líder del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, sostiene Robert Satloff en su artículo publicado en The Washington Post.

La corta gestión de la Hermandad Musulmana en el gobierno egipcio -de la cual Mursi no sólo es un referente público sino que es uno de los principales líderes de la Organización-, en el plano internacional no modificó las tendencias largas de la política exterior de Mubarak y en algún punto, en tal caso, profundizó y posibilitó algunas operaciones de EE.UU., como el enfriamiento de la relación de Hamas con Hizbullah e Irán y el sembradío de salafismo en distintos países de la región como una variable de poder posible para el proyecto imperialista, como el ya mencionado operativo destituyente en Siria. La precaria legitimidad del gobierno de Mursi ya ha sido abordada por muchísimos analistas desde el episodio de las tres constituciones y el referéndum de convalidación (en el que votaron apenas el 25 % de los electores), hasta la evidencia de la lucha popular en las calles. Pero podemos insistir en que esa protesta se manifestará, no sólo en términos de las reivindicaciones particulares económicas y de las condiciones de vida no resueltas para una inmensa parte del pueblo egipcio, sino que cuestionarán la posibilidad del Egipto Integrista propuesto por la ortodoxia de la Hermandad, que pretendieron imponer mediante la coacción, negando la riqueza cultural egipcia, negando su historia, su luminoso tránsito por el panarabismo laico, negando el presente.

Prestos siempre a la posibilidad de los “Plan B” asoman expresiones sectarias para proponer el desguace del gigante milenario del Magreb, una secesión territorial tan cómoda y pertinente a veces para los yanquis. Expresiones estas sostenidas por distintos intereses comerciales y sectoriales del imperio, aunque no de carácter hegemónico, en el interior del Imperio.

Lo cierto es que cuando uno espera la opinión del Departamento de Estado sobre la legitimidad del golpe de estado o no, solo encuentra evasivas. Evasivas lógicas fundadas en la cautela que el amo imperial se impone ante una disputa de sus gerentes, de sus sátrapas, por el control político. Y en la importancia que dan a sus intereses en Egipto, y por lo tanto, en la región.

Una sola cosa es segura, y es que la guerra civil que la Hermandad Musulmana está en condiciones de disparar frente a la destitución de Mursi, y que pudiera tener impactos extrafronterizos, no le sirve de ningún modo al proyecto imperial y mucho peor, no sólo no le sirve sino que asusta al Estado ocupacionista de Israel, vecino de Egipto. Por esto podría decirse que Obama nunca exigió la renuncia de Mursi y se mantiene en una posición reservada. En el mismo sentido, estos días, el Secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel, en comunicación con la máxima autoridad del Ejército de Egipto, Abdelfatá Al Sisi, según el comunicado del Pentágono, “hincapié en la necesidad de una transición civil pacífica en Egipto. También recalcó la importancia de la seguridad para el pueblo egipcio, los vecinos de Egipto y la región”. No se trata de discutir si la gestión de Mursi tiene mayor o menor legalidad y/o legitimidad. Tampoco se trata de discutir si es más funcional el salafismo de la Hermandad o el militarismo de Mohamed Hussein Tantawi (ministro de Defensa de Mubarak) respecto de todo el proyecto de construcción del Gran Medio Oriente proimperialista.

Lo que resulta evidente, y que ni el mayor amigo de Mursi (el Emir de Qatar) puede negar, es la incapacidad de Mursi de consolidar una situación de gobernabilidad al interior de Egipto. Y no resolver eso es no resolver el problema del poder en el país.

El ejército, como lo hizo en la destitución de Mubarak, se pretende y se impone como interlocutor de la Plaza Tahrir mientras ejecuta el golpe de estado. Es sin dudas el ejército más poderoso de la región. También es un ejército forjado en el ejercicio del poder del estado, con cierta retórica peligrosamente arabista y nacionalista. Es por lejos la institución más poderosa y presente en la vida cotidiana del país. Pero es un ejército asociado estratégicamente al Pentágono con su oficialidad absolutamente penetrada por la idea de equilibrio regional a partir de una paz consensuada y sostenida con EE.UU. e Israel. Justamente, EE.UU. es el principal aportante de ayuda militar, con un aporte anual que alcanza los 1.300 millones de dólares.

Hace un año el jefe militar Tantawi aparecía en imágenes originadas por la cadena Al Jazzera, flanqueado por Mursi y persiguiendo silente a los jóvenes izquierdistas y a los islamistas no salafistas. Anunciaba un nuevo Egipto y nuevas elecciones. Hace pocos días el mismo Tantawi asomaba flanqueado por los jóvenes del movimiento Tamarod (curiosa y profusamente promovido por las grandes cadenas transnacionales como la expresión más genuina de la Plaza) y el Frente de Salvación Nacional; la cadena Al Jazzera era censurada, anunciaba también una transición rápida monitoreada por el ejército de Tantawi.

La sangre del pueblo egipcio sigue regando las calles diariamente. El nuevo Egipto que se anuncia no es nada venturoso si los arquitectos del mismo son Tantawi y su ejército propentagonal. Algunos dejan traslucir la estrategia imperial cuando desde los más importantes think tanks occidentales aseguran que ese ejército es la única reserva de fuerza “capaz de estabilizar el país”, como sostiene un reciente artículo de Reza Aslan, del Council of Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores). Nadie tiene derecho a hacerse ilusiones respecto de una transición pacífica y despojada de crueldad, del Egipto proimperialista de Mursi al Egipto que venga. Menos si el encargado de buscar esa “estabilidad” del país tiene como mejor aliado al Pentágono.

La NED sigue conspirando entre los movimientos populares, como la USAID, tratando de desvirtuarlos, prostituirlos, o eventualmente desnaturalizarlos. Las condiciones estructurales que volcaron al pueblo a una situación de rebelión no se modificarán en tanto no sean genuinas expresiones de lo popular las que comanden los destinos del país. Una política de convivencia condescendiente con Israel y EE.UU. sólo reproducirá sometimiento, injusticia y saqueo.

De poder sortearse la posibilidad de la guerra civil reponiendo a Mursi o condicionando a nivel de nulidad la resistencia de la Hermandad Musulmana, el resultado de la transición será indudablemente proimperialista, lo cual no impugna ni desvaloriza las acciones del pueblo en las calles pariendo nuevas formas políticas, ganando experiencia, forjando nueva organización.

Hay una crisis política abierta que no se cerrará con una nueva elección. Pero tampoco con una mayor represión. En todo caso tratarán de postergar la crisis. Aunque no se trata de una crisis de hegemonía, existe una clara crisis de dominación que tiene su correlato en la imposibilidad de garantizar una gobernabilidad prolongada. Pese a los cambios de forma que puedan representar Mubarak, Mursi o Tantawi, sustancialmente están atravesados por lo mismo: la alineación a la política estratégica de EEUU e Israel. En la fuerza e inteligencia de lo popular está entonces la clave para seguir pensando otro mundo posible.

[1] Fundación para la Nueva Democracia es en realidad un Think Tank imperialista que promueve y apoya alternativas políticas funcionales a EE.UU. acordes a las necesidades y requerimientos de dominación de los países tercermundistas.

26 de Julio: Una fecha que consolida el presente y trasciende al futuro

 julio 2013 Cubadebate

opinión, Especiales, Juan Nuiry Sánchez  
Reflexiones a los 60 años del 26 de Julio de 1953…
moncada

Existen acontecimientos que son punto de referencia en el decursar de los pueblos. Ni se atrasan, ni se adelantan. Tienen lugar en un momento preciso. En la gesta del 26 de julio de 1953 coinciden estas consideraciones.

En Cuba había tenido lugar el golpe militar del 10 de marzo de 1952. Se había derribado un presidente, suplantado el ordenamiento constitucional y jurídico del país, a solo 82 días de unas elecciones generales señaladas para el primero de junio de 1952. El golpe militar agudizó todas las contradicciones existentes en el país. Prevalecía un vacío de dirección nacional frente a la dictadura. Partidos políticos, en inútiles divergencias, sin visión histórica de aquel momento crucial. Su programa volver al 9 de marzo.

El año 1953 estaba marcado por fechas significativas en el mes de enero, era el centenario del natalicio de nuestro José Martí cuya presencia va a estar latente como ideólogo, y motor impulsor de todo aquel proceso.  La colina universitaria bajo su conocida tradición de lucha había tenido su primer mártir, el estudiante Rubén Batista Rubio  herido de muerte el 15 de enero de 1953 en la manifestación que tuvo lugar ante la profanación del busto del inolvidable líder estudiantil Julio Antonio Mella.

Un día antes del natalicio de José Martí el 28 de enero   en horas de la noche desde su pedestal el Alma Mater vería a cientos de cubanos bajar la escalinata en manifestación organizada por la FEU, empuñando una antorcha encendida y dirigirse hacia la Fragua Martiana donde tan solo con 17 años el apóstol cumplió condena en el año 1870. Era la marcha de las antorchas, el homenaje sincero del estudiantado y del pueblo al centenario de nuestro José Martí frente a los sombríos y hipócritas actos de la dictadura. Las llamas de aquellas antorchas eran la luz entre las tinieblas imperantes.

Dentro de aquella imponente multitud había un grupo que se distinguía y llamaba la atención por su organización y disciplina. Tiempos después Fidel Castro expresaba “Esos hombres desfilaron por las calles de La Habana con la manifestación estudiantil en ocasión de conmemorarse el Centenario de Martí y llenaron 6 cuadras“ 1. Parte de esos participantes seis meses después atravesaron la Isla de oriente a occidente unos se quedaron en Bayamo, otros llegaron a la granja Siboney a solo 17 km de Santiago de Cuba y con magistral exactitud y compartimentación clandestina atacaron los cuarteles de ambas ciudades sincronizadamente sin que nadie supiera de su preparación y su traslado . Era la madrugada del 26 de julio de 1953, había trascurrido 16 meses del golpe militar.

En el cuartel Moncada en Santiago de Cuba se conocería de la acción cuando se escucharon los primeros disparos luego de la fatiga del tradicional carnaval de Santa Ana así como también el dictador Fulgencio Batista, mientras dormía dentro de su yate Marta, en la playa Varadero sin que los servicios de inteligencia, seguridad y represión detectaran los pormenores de aquel audaz asalto.

En la capital de la antigua provincia de oriente se encontraba el cuartel Moncada, fortaleza militar, sede del regimiento 1 “Antonio Maceo “que alza su estructura militar prácticamente en el centro de la ciudad. Aunque equipado con todos los medios y efectivos de guerra nunca se previó un ataque, pues su función fundamental era garantizar el poder político cualquiera que fuera su procedencia. La represión y el orden era su objetivo. Había que tener en cuenta que la provincia de oriente posee como característica especial su tradición e lucha, desde la guerra de Independencia, y rebelde siempre. Situación que era  conocido por los combatientes.

En el combate fundamental existieron más bajas de soldados que de asaltantes. Fue después de terminada la misma, en que su odio feroz la dictadura desató  durante 4 días después el asesinato a prisioneros y heridos así como sus torturas. A pesar del recio control de la dictadura, no se logró ocultar estos crímenes y atrocidades.

La noticia de aquellos hechos llegó pronto desde la región oriental a toda la nación. Se conoció que el dirigente de aquellas acciones era Fidel Castro un conocido líder estudiantil recién graduado de derecho de la Universidad de la Habana que con gallarda dignidad asumía la responsabilidad de los hechos , denunciaba los crímenes perpetrados y señalaba a José Martí como autor intelectual de aquellas acciones. Todo un acontecimiento.

Pero si de acuerdo a estas realidades en el orden militar no lograron su objetivo, meses más tarde se convirtió en victoria, cuando el propio Fidel Castro en su autodefensa desde un pequeño local de un hospital de Santiago de Cuba, en su penúltima vista de juicio sobre aquellos acontecimientos el 16 de octubre de 1953, como acusado en su alegato se convierte en acusador, denuncia los crímenes y precisa los contornos ideológicos de la acción.

Aquellas palabras conocidas como La Historia me Absolverá, al principio una publicación clandestina se convierte en el documento raigal del programa de la revolución y un texto indispensable en el pensamiento político, nacional y latinoamericano. El asalto al cuartel Moncada, no termino cuando se escucharon los últimos disparos , todo lo contrario , comenzó: los asaltos a los cuarteles Moncada yCarlos Manuel de Céspedes fijó la necesidad irreversible de la lucha armada; enarbolo un programa ;cerró  una etapa y abrió otra.

El pueblo de Cuba sintió de nuevo la presencia de José Martí, galopando en su caballo blanco, pistola en ristre disparando contra los males heredados del colonialismo, la politiquería, la injerencia política, izando la bandera de nuestra verdadera independencia y identidad.

Las acciones del 26 de julio de 1953continuaron con fuertes ráfagas e indoblegable espíritu en: el desembarco del Granma, montañas y ciudades en la fuerza de su unidad, rompiendo esquemas. Continuo combatiendo no sólo  contra un cuartel, sino contra muchos cuarteles, frente a un poderoso ejército de tierra , mar y aire en hazañas  que asombro al mundo. Y un día 1 de enero, comenzando el año 1959 en un amanecer de victoria , entraron los rebeldes con sus simbólicas barbas , Fidel al frente, precisamente donde comenzó aquella batalla hacia cinco años y cinco meses ,en Santiago de Cuba !cuanto simbolismo! ..

Resultaría interesante como colofón de todo lo expresado repasar y analizar lo manifestado por el dirigente de aquella gesta Fidel Castro, en el noveno aniversario de aquellas acciones cuando expreso: “El 26 de julio comenzó la última y definitiva etapa de la contienda por la independencia nacional que había librado nuestro pueblo desde 1868”. Así como lo manifestado al año siguiente en el próximo aniversario” Esta fecha tiene el valor no como hecho que se proyecta en el pasado, sino como un hecho que se proyecta hacia el porvenir “.

Por la profundidad de estas reflexiones que precisan dos de los rasgos fundamentales de aquel histórico acontecimiento, su punto de partida presencia y continuidad se desprende la vigencia de estos acontecimientos como un canto de esperanza tanto nacional como internacional.


1. Lo que está entre comillas pertenece a La Historia me Absolverá. Sobre este particular el líder de la revolución cubana habla en su último libro Guerrillero del Tiempo con la periodista Katiuska Blanco  p120 primera parte del Tomo 2.

jueves, 11 de julio de 2013

¡Chile de pie!

Trabajadores del sector público y privado apoyados por los estudiantes mostrarán hoy su fortaleza en un Paro Nacional

Publicado el 11 Julio 2013 Escrito por Colaboradores- Clarín
Sindicatos de camioneros, bencineros, trabajadores del retail, actores, subcontratistas y diversas empresas privadas confirmaron su adhesión, junto a la Presidenta de la CUT, al paro nacional de este jueves 11 de julio, al que se suma también todo el sector público y las federaciones de estudiantes. En Santiago habrá dos grandes marchas, las cuales partirán desde Estación Central, a la altura de la USACH y la otra desde Plaza Italia. Ambas partirán a las 11 de la mañana y confluirán en Plaza Los Héroes, donde se espera se desarrolle un acto central a eso de las 13:00 horas.

La Coordinadora de Sindicatos Interempresa, que agrupa a sindicatos de Confederación de Trabajadores del Comercio, Sindicato de Contratistas de Codelco Ventanas, call center, Lider- Wallmart, Sidarte, camioneros, bencineros, Cencosud, Fetram, Ranquil, Banco Estado, entre otros, llegó hasta la CUT con un banderazo con más de 100 trabajadores para confirmar su adhesión al paro nacional de este jueves 11 de julio.

La Presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa, afirmó que “la CUT con mucho orgullo y con mucho ánimo de lo que será el paro nacional de mañana, ha recibido hoy el pronunciamiento público por parte de diversas organizaciones del sector privado”

“Este apoyo se hace público hoy pero se ha venido trabajando desde que la CUT definió convocar al paro del 11 de julio y nos sentimos muy satisfechos de poder concretar hoy este anuncio” afirmó Figueroa.

“Aquí hay un amplio y diverso arco de actores del mundo privador que hoy hace este pronunciamiento claro y contundente de respaldo a la movilización del día 11 de julio” explicó la presidenta de la CUT.

Juan Moreno, Presidente Sindicato Interempresas Líder- Walmart, agregó que “en reiteradas ocasiones hemos señalado que el Código del Trabajo no nos ayuda sino que ayuda al empleador. Necesitamos una reforma profunda al Código del Trabajo, necesitamos como sindicatos interempresas que se pueda negociar como corresponde, que no hayan diferencias entre trabajadores”.

“Necesitamos que los trabajadores del comercio tengan mejores condiciones salariales, que se termine con el robo de las AFP, necesitamos un Chile diferente y por eso estamos acá” concretó Moreno.

Agregó el Presidente de Lider que “queremos apoyar en lo que se pueda por un Chile más justo, es hora que se valore a todos los trabajadores del país y que se termine con las falsas promesas como lo hizo el Gobierno de Piñera”.

En tanto, José Sandoval, Presidente del Sindicato de Choferes de Camiones, expresó que “los choferes vivimos problemas muy fuertes al interior de las empresas y por la cantidad de horas que trabajan detrás del volante, hoy muchos empresarios hacen que los choferes trabajen mucho más de lo normal y lo que provoca a la ciudadanía una inseguridad vial”.

“Chile se ha dado cuenta de lo que ha ocurrido, que es que los empresarios han estafado a los trabajadores, lo podemos ver en lo que ha pasado con las farmacias, y además, los trabajadores tenemos el cerco tremendo pues no podemos negociar colectivamente y apenas el 10 por ciento puede organizarse y las negociaciones que existen son deficitarias” concretó.

Agregó Sandoval que “los choferes de transporte de carga adhieren a esta movilización pues esperamos tener negociación colectiva real para los sindicatos interempresas y con sindicatos fuertes”.

Asimismo, Alejandro Castillo, Presidente Sindicato de Actores de Chile, afirmó que “nosotros iniciamos una campaña al interior del Sidarte, señalando soy actor, soy trabajadores, porque hay muchas cosas que nos unen a todos los trabajadores del país. Estamos en una situación de desmedro en cuanto a las contrataciones, nosotros estamos por cautelar nuestra fuente de trabajo pero también porque se produzcan dentro de un sistema de equilibrio y equidad para nosotros los trabajadores”.

Obreros y Estudiantes

La definición tomada en el Confech de hace dos semanas, fue consolidada con la conferencia de prensa en la que la Presidenta de la CUT y los voceros del Confech, Andrés Fieldbaum, Diego Vela y Mario Dominguez, confirmaron su convocatoria al paro nacional del 11 de Julio.

La titular de la CUT y los presidentes de las federaciones de la Universidad de Chile, Andrés Fieldbaum; de la Universidad Católica, Diego Vela, y de la Universidad de Valparaíso, Mario Dominguez, confirmaron la adhesión de los estudiantes universitarios al paro de este jueves y además reafirmaron la unidad de trabajadores y estudiantes.

Figueroa afirmó que “la batalla contra la desigualdad se libra en educación y en el mundo del trabajo también, en este último, la posibilidad  y las leyes hechas a la medida de los empleadores, hoy tienen más subyugados a los trabajadores, junto con las leyes y condiciones de precariedad con las que se ha ido constituyendo el empleo en este último periodo y la desprotección a la que se enfrentan un número importante de trabajadores”.

“Tenemos la satisfacción de hacer público, junto a los estudiantes de la CONFECH, que nos convoca no solo la necesidad de una reforma tributaria que se haga cargo de áreas tan sensibles como educación, salud, vivienda, sino también la urgencia porque los grandes cambios en educación no solo permitan una buena formación después de 17 años, sino también que esta formación vaya acompañada de un trabajo decente, con estabilidad y sueldos dignos y no como ocurre hoy, donde gran parte de los estudiantes se endeudan y cuando ingresan al mundo del trabajo no reciben más de 300 mil pesos en promedio”

Dos marchas en Santiago


En Santiago, el llamado es a congregarse en dos marchas paralelas, las cuales partirán desde Estación Central, a la altura de la USACH y la otra desde Plaza Italia. Ambas partirán a las 11 de la mañana y confluirán en Plaza Los Héroes, donde se espera se desarrolle un acto central a eso de las 13:00 horas en donde, según lo expresado por la presidenta de la CUT, se darán a conocer las actividades que se estén desarrollando a lo largo del país y se evaluará la jornada, junto con emplazar nuevamente al gobierno para que escuche a los trabajadores.

Figueroa declinó a comprometer cifras de participación: “tal como lo hicimos en el marco del 1 de mayo, no quisimos jugar a esto de ponernos números, nosotros las expectativas las hacemos en función de la calidad, es decir, va a ser la calidad lo que va a ponerse sobre la mesa donde demos cuenta de un gran esfuerzo de unidad de diversos sectores”.

“Será una jornada, además, que marcada por el sello de los trabajadores, que es un actor que hasta ahora solo ha solidarizado con las demandas de los otros actores y que hoy día asume un rol protagónico con este llamado a paro”, agregó.

Respecto a la participación de actores políticos en las manifestaciones, la líder sindical indicó que no existen parlamentarios o candidatos de la oposición que hayan manifestado su interés de participar de manera oficial, aunque se espera que muchos de ellos marchen en cada uno de sus distritos: “también tenemos el compromiso de alcaldes que ese día, ya lo han asumido, no van a hacer consejos municipales para poder participar y adherir al paro”.

La dirigenta insistió en los tres ejes que enmarcan esta movilización –fin a las AFP’s, nueva Institucionalidad Laboral a partir de un Nuevo Código del Trabajo y Reforma Tributaria que redistribuya los ingresos y contribuya a terminar con la desigualdad-, agregando además las temáticas que son sentidas por toda la ciudadanía y que han sido las grandes demandas de los movimientos sociales durante los últimos años: Educación Pública gratuita y de calidad, Salud Decente, nacionalización del cobre, entre otras. “Por supuesto, el debate del salario mínimo es totalmente atingente, puesto que se encuentra en pleno proceso de discusión, aunque el gobierno pretenda no escuchar a nadie, y es por eso que también insistiremos en nuestra demanda de un Piso Salarial de $250.000”, señaló”.

Finalmente, Figueroa en conjunto con los demás dirigentes, coincidieron en recalcar que esta no será una movilización en contra de la ciudadanía ni de los usuarios de los servicios públicos, sino que también es por ellos, por lo cual pidieron comprensión por parte de la ciudadanía pues la jornada de este 11 de julio no será un día normal como cualquier otro.

   

 

 

 

Organizaciones prevén alta convocatoria al paro nacional: 

Publicado el 10 Julio 2013 Escrito por Reporte.clClarín
Todo indica que el Paro Nacional convocado por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) para el jueves 11 de julio tendrá un fuerte impacto en todo el país. Una treintena de organizaciones sindicales y una decena de ciudades ya tiene hecha la convocatoria para ese día paralizar actividades laborales, efectuar jornadas de movilización y hacer paros parciales que incluirían hasta a la Policía de Investigaciones (PDI) de acuerdo al llamado de dirigentes sindicales.

No es menor la características de las agrupaciones del mundo del trabajo que participarán del Paro Nacional: la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), Confederación Nacional de Funcionarios de la Salud Municipalizada (CONFUSAM), el Colegio de Profesores, la Coordinación Sindical por un Nuevo Sistema Previsional (CONSUFAM), Confederación de Trabajadores Metalúrgicos (CONSTRAMET), Colegio de Periodistas, Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), Federación Nacional de Trabajadores de la Salud (FENATRAS), Federación de Trabajadores del Cobre (FTC), Confederación Nacional de Funcionarios Municipales, la Federación de Trabajadores de Correos, Federación Nacional de Profesionales Universitarios (FENPRUSS), Colegio de Enfermeras, Colegio de Matronas, Federación Minera, Sindicato de la Empresa Nacional del Petróleo, Confederación de Federaciones de Estudiantes de Chile (CONFECH), Confederación de Asistentes de la Educación, junto a otras organizaciones de diversos sectores del mundo del trabajo.

Muchas de esas agrupaciones sindicales repartieron instructivos para el 11 de julio que incluyen la repartición de propaganda, las formas de concretar la paralización o hacer “trabajo lento”, asambleas, marchas, etc.

De acuerdo a informes de la CUT, ya está en marcha toda la organización del Paro Nacional en Santiago, Valparaíso, Temuco, Puerto Montt, Valdivia, Antofagasta, Copiapó, Concepción, Rancagua, Calama, entre otras ciudades.

En la capital se anunció la realización de dos marchas; una desde Plaza Italia y otra desde Estación Central para confluir en la Plaza de Los Héroes.

Se anuncia también la incorporación a la paralización y las manifestaciones de parte de trabajadores portuarios, del mundo de la cultura, de medioambientalistas, minorías sexuales y organizaciones ciudadanas.

Bárbara Figueroa, presidenta de la multisindical, expresó que “tanto en el mundo público como privado, y en aquellas áreas estratégicas para el desarrollo del país, el llamado a Paro Nacional ha sido asumido a plenitud por parte de las organizaciones de trabajadores. Junto con las acciones de movilización, es importante destacar que para ese día se planificó una suerte de acción nacional que partiría el miércoles 10 con un caceroleo donde vamos a poner un estado de movilización en los territorios”.

En un acuerdo del Consejo Nacional Ampliado de la CUT se señaló que “convocamos a las y los trabajadores de Chile a un gran Paro Nacional para exigir los cambios que mejoren  las condiciones laborales, cambios el sistema de pensiones y exigir una profunda reforma tributaria para mejorar la salud y un nuevo sistema de Educación sin lucro y de calidad”, dice la convocatoria oficial de la CUT al paro, y que plantea el lema para la movilización: “Ahora los trabajadores”.

Se sabe que La Moneda ya está monitoreando todo lo relacionado con el Paro Nacional y que tiene preparada una agenda comunicacional para deslegitimar la acción y que pondrá en alerta a las fuerzas de Carabineros para aplicar acciones represivas. También asumirán el argumento de que la actividad será “ilegal” y plantearán que el gobierno de derecha generó empleos, amplió el acceso a las salas cunas y está proponiendo un “histórico aumento” del salario mínimo.

Las encargadas de llevar la vocería de gobierno el día del Paro serán la vocera, Cecilia Pérez, y la Ministra del Trabajo, Evelyn Matthei.

Lo que ocurre es que dado el número de adherentes, sectores laborales comprometidos y la extensión territorial del Paro Nacional del 11 de julio, hay una enorme expectativa desde el gobierno, sectores políticos, empresariales y también del movimiento social y ciudadano.

De hecho, las demandas y razones del llamado a paralización tienen que ver con temas sensibles para la mayoría de la población. Que el salario mínimo sea de 250 mil pesos, que se respete realmente el derecho a negociación colectiva y el derecho a huelga, que haya sindicalización automática, que se genere un nuevo Código del Trabajo, que se concrete una reforma tributaria que permita financiar proyectos sociales, que se termine el sistema privado de pensiones que otorga billonarias ganancias a las AFP, que se deje parte de los impuestos en las regiones donde se generan riquezas, que haya salud y educación pública de calidad, sobre todo para hijos y familias de los trabajadores, que existan pensiones dignas, que se termine el despido de funcionarios del sector público, que termine el MultiRut.

Además, se planteó que se conmemorará el Día de la Dignidad Nacional, recordando que hace 42 años, el 11 de julio de 1971, el Presidente Salvador Allende, con la aprobación unánime del Congreso Nacional, nacionalizó el cobre chileno.

Jaime Gajardo, presidente del Colegio de Profesores, indicó que el Paro del 11 de julio será “un éxito, porque se construye una convergencia social y política que impulsará los cambios que se necesitan en materias fundamentales como educación, las AFP o las ISAPRES”.

Así las cosas, el Paro Nacional apunta a ser un hito en la movilización de los trabajadores y ciudadanos y probablemente una de las jornadas de protesta más amplia y fuerte en contra de las políticas laborales del gobierno de derecha de Sebastián Piñera y de la institucionalidad laboral y social impuesta por la dictadura u cuyas normas aun rigen en el país.

¡Todos fichados!


por IGNACIO RAMONET

Publicado Julio de 2013 • en Contrainjerencia

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IGNACIO RAMONET – Nos lo temíamos (1). 

Y tanto la literatura  como el cine de anticipación (Minority Report, de Steven Spielberg) nos habían avisado: con los progresos de las tecnologías de comunicación todos acabaríamos siendo vigilados. Claro, intuíamos que esa violación de nuestra privacidad la ejercería un Estado neototalitario. Ahí nos equivocamos. Porque las inauditas revelaciones efectuadas por el valeroso Edward Snowden sobre la vigilancia orwelliana de nuestras comunicaciones acusan directamente a Estados Unidos, país antaño considerado como “la patria de la libertad”. Al parecer, desde la promulgación en 2001 de la ley “Patriot Act” (2), eso se acabó. El propio presidente Barack Obama lo acaba de admitir: “No se puede tener un 100% de seguridad y un 100% de privacidad”. Bienvenidos pues a la era del ‘Gran Hermano’…

¿Qué revelaciones ha hecho Snowden? Este antiguo asistente técnico de la CIA, de 29 años, y que últimamente trabajaba para una empresa privada –la Booz Allen Hamilton (3)– subcontratada por la Agencia estadounidense de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), reveló mediante filtraciones a los diarios The Guardian y The Washington Post, la existencia de programas secretos que permiten la vigilancia de las comunicaciones de millones de ciudadanos por parte del Gobierno de Estados Unidos.

Un primer programa entró en vigor en 2006. Consiste en espiar todas las llamadas telefónicas que se efectuan, a través de la compañía Verizon, dentro de Estados Unidos, y las que se hacen desde allí hacia el extranjero. Otro programa, llamado PRISM, fue puesto en marcha en 2008. Supone la recolección de todos los datos enviados por Internet –correos electrónicos, fotos, vídeos, chats, redes sociales, tarjetas de crédito…– únicamente (en principio) por extranjeros que residen fuera del territorio norteamericano. Ambos programas han sido aprobados en secreto por el Congreso de Estados Unidos, al que se habría mantenido, según Barack Obama, “constantemente informado” sobre su desarrollo.

Sobre la dimensión de la increíble violación de nuestros derechos civiles y de nuestras comunicaciones, la prensa ha aportado detalles espeluznantes. El 5 de junio, por ejemplo, The Guardian publicó la orden emitida por el Tribunal de Supervisión de Inteligencia Extranjera, que exigía a la compañía telefónica Verizon la entrega a la NSA del registro de decenas de millones de llamadas de sus clientes. El mandato no autoriza, al parecer, a conocer el contenido de las comunicaciones ni los titulares de los números de teléfono, pero sí permite el control de la duración y el destino de esas llamadas. El día siguiente The Guardian y The Washington Post revelaron la realidad del programa secreto de vigilancia PRISM, que autoriza a la NSA y al FBI a acceder a los servidores de las nueve principales empresas de Internet (con la notable excepción de Twitter): Microsoft, Yahoo, Google, Facebook (4), PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple.

Mediante esta violación de las comunicaciones, el Gobierno estadounidense puede acceder a archivos, audios, vídeos, correos electrónicos o fotografías de sus usuarios. PRISM se ha convertido de ese modo en la herramienta más útil de la NSA a la hora de elaborar los informes que diariamente entrega al presidente Obama. El 7 de junio, los mismos diarios publicaron una directiva de la Casa Blanca en la que el presidente ordenaba a sus agencias de inteligencia (NSA, CIA, FBI) establecer una lista de posibles países susceptibles de ser ‘ciberatacados’ por Washington. Y el 8 de junio, The Guardian filtró la existencia de otro programa que permite a la NSA clasificar los datos que recopila en función del origen de la información. Esta práctica, orientada al ciberespionaje en el exterior, permitió recopilar –sólo en marzo pasado– unos 3.000 millones de datos de ordenadores en Estados Unidos…

Durante estas últimas semanas, ambos periódicos han ido revelando, gracias a filtraciones de Edward Snowden, nuevos programas de ciberespionaje y vigilancia de las comunicaciones en países del resto del mundo. “La NSA –explicó Edward Snowden– ha construido una infraestructura que le permite interceptar prácticamente cualquier tipo de comunicación. Con estas técnicas, la mayoría de las comunicaciones humanas se almacenan para servir en algún momento a un objetivo determinado”.

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA), cuyo cuartel general se halla en Fort Meade (Maryland), es la más importante y la más desconocida agencia de inteligencia norteamericana. Es tan secreta que la mayoría de los estadounidenses ignora su existencia. Controla la mayor parte del presupuesto destinado a los servicios de inteligencia, y produce más de cincuenta toneladas de material clasificado al día… Ella –y no la CIA– es quien posee y opera el grueso de los sistemas estadounidenses de recogida secreta de material de inteligencia: desde una red mundial de satélites hasta las decenas de puestos de escucha, miles de ordenadores y los masivos bosques de antenas situados en las colinas de Virginia Occidental. Una de sus especialidades es espiar a los espías, o sea a los servicios de inteligencia de todas las potencias, amigas o enemigas. Durante la guerra de las Malvinas (1982), por ejemplo, la NSA descifró el código secreto de los servicios de inteligencia argentinos, haciendo así posible la transmisión de información crucial a los británicos sobre las fuerzas argentinas…

Todo el sistema de interceptación de la NSA puede captar discretamente cualquier e-mail, cualquier consulta de Internet o conversación telefónica internacional. El conjunto total de comunicaciones interceptadas y descifradas por la NSA constituye la principal fuente de información clandestina del Gobierno estadounidense.

La NSA colabora estrechamente con el misterioso sistema Echelon. Creado en secreto, después de la Segunda Guerra Mundial, por cinco potencias (los “cinco ojos”) anglosajonas: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Echelon es un sistema orwelliano de vigilancia global que se extiende por todo el mundo y está orientado hacia los satélites que se utilizan para transmitir la mayor parte de las llamadas telefónicas, comunicaciones por Internet, correos electrónicos y redes sociales. Echelon puede captar hasta dos millones de conversaciones al minuto. Su misión clandestina es el espionaje de Gobiernos, partidos políticos, organizaciones y empresas. Seis bases a través del mundo recopilan las informaciones e interceptan de forma indiscriminada enormes cantidades de comunicaciones que los superordenadores de la NSA posteriormente criban mediante la introducción de palabras clave en varios idiomas.

En el marco de Echelon, los servicios de inteligencia estadounidense y británico han establecido una larga colaboración secreta. Y ahora hemos sabido, gracias a nuevas revelaciones de Edward Snowden, que el espionaje británico también pincha clandestinamente cables de fibra óptica, lo que le permitió espiar las comunicaciones de las delegaciones que acudieron a la Cumbre del G-20 de Londres en abril de 2009. Sin distinguir entre amigos y enemigos (5).

Mediante el programa Tempora, los servicios británicos no dudan en almacenar colosales cantidades de información obtenida ilegalmente. Por ejemplo, en 2012, manejaron unos 600 millones de “conexiones telefónicas” al día y pincharon, en perfecta ilegalidad, más de 200 cables… Cada cable transporta 10 gigabytes (6) por segundo. En teoría, podrían procesar 21 petabytes (7) al día; lo que equivale a enviar toda la información que contiene la Biblioteca Británica 192 veces al día…

Los servicios de inteligencia constatan que ya hay más de 2.000 millones de usuarios de Internet en el mundo y que casi más de mil millones utilizan Facebook de forma habitual. Por eso se han fijado como objetivo, transgrediendo leyes y principios éticos, controlar todo lo que circula por Internet. Y lo están consiguiendo: “Estamos empezando a dominar Internet”, confesó un espía inglés, “y nuestra capacidad actual es bastante impresionante”. Para mejorar aún más ese conocimiento de Internet, la Government Communications Headquarters (GCHQ, Agencia de inteligencia británica) lanzó recientemente dos nuevos programas: Mastering The Internet (MTI) sobre cómo dominar Internet, e Interception Modernisation Programme para una explotación orwelliana de las telecomunicaciones globales. Según Edward Snowden, Londres y Washington acumulan ya, diariamente, una cantidad astronómica de datos interceptados clandestinamente a través de las redes mundiales de fibra óptica. Ambos países destinan en total a unos 550 especialistas a analizar esa titánica información.

Con la ayuda de la NSA, la GCHQ se aprovecha de que gran parte de los cables de fibra óptica que conducen las telecomunicaciones planetarias pasan por el Reino Unido, y los ha interceptado con sofisticados programas informáticos. En síntesis, miles de millones de llamadas telefónicas, mensajes electrónicos y datos sobre visitas a Internet son acumulados sin que los ciudadanos lo sepan, bajo pretexto de reforzar la seguridad y combatir el terrorismo y el crimen organizado.

Washington y Londres han puesto en marcha un orwelliano plan ‘Gran Hermano’ con capacidad de saber todo lo que hacemos y decimos en nuestras comunicaciones. Y cuando el presidente Obama apela a la ‘legitimidad’ de tales prácticas de violación de la privacidad, está defendiendo lo injustificable. Además, hay que recordar que por haber realizado labores de información sobre peligrosos grupos terroristas con base en Florida –o sea, una misión que el presidente Obama considera hoy como ‘perfectamente legítima’– cinco cubanos fueron detenidos en 1998 y condenados por la Justicia estadounidense a largas e inmerecidas penas de prisión (8). Un escándalo judicial que es hora de reparar liberando a esos cinco héroes (9).

El presidente Barack Obama está abusando de su poder y restando libertad a todos los ciudadanos del mundo. “Yo no quiero vivir en una sociedad que permite este tipo de actuaciones”, protestó Edward Snowden cuando decidió hacer sus impactantes revelaciones. Las divulgó, y no es casualidad, justo cuando empezaba el juicio contra el soldado Bradley Manning, acusado de filtrar secretos a WikiLeaks, la organización internacional que publica informaciones secretas de fuentes anónimas. Y cuando el cibermilitante Julian Assange lleva un año refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres… Snowden, Manning, Assange, son paladines de la libertad de expresión, luchadores en beneficio de la salud de la democracia y de los intereses de todos los ciudadanos del planeta. Hoy acosados y perseguidos por el ‘Gran Hermano’ estadounidense (10).

¿Por qué estos tres héroes de nuestro tiempo aceptaron semejante riesgo que les puede hasta costar la vida? Edward Snowden, obligado a pedir asilo político en Ecuador, contesta: “Cuando te das cuenta de que el mundo que ayudaste a crear va a ser peor para la próxima generación y para las siguientes, y que se extienden las capacidades de esa arquitectura de opresión, comprendes que es necesario aceptar cualquier riesgo. Sin que te importen las consecuencias”.

Notas:

(1) Véase Ignacio Ramonet, “Vigilancia total” y “Control social total”, en Le Monde diplomatique en español, respectivamente agosto de 2003 y mayo de 2009.
(2) Propuesta por el presidente George W. Bush y adoptada en el contexto emocional que sucedió a los atentados del 11 de septiembre de 2001, la ley “Patriot Act” autoriza controles que interfieren en la vida privada, suprimen el secreto de la correspondencia y la libertad de información. Ya no se exige una autorización para las escuchas telefónicas. Y los investigadores pueden acceder a las informaciones personales de los ciudadanos sin orden de registro.
(3) En 2012, esta empresa le facturó a la Administración estadounidense 1.300 millones de dólares por “asistencia en misiones de inteligencia”.
(4) Hemos sabido recientemente que Max Kelly, el responsable principal de seguridad de Facebook, encargado de proteger la información personal de los usuarios de esta red social contra ataques externos, dejó esta empresa en 2010 y fue reclutado… por la NSA.
(5) Espiar a diplomáticos extranjeros es legal en el Reino Unido: lo ampara una ley aprobada por los conservadores británicos en 1994 que pone el interés económico nacional por encima de la cortesía diplomática.
(6) El byte es la unidad de información en informática. Un gigabyte es una unidad de almacenamiento de información cuyo símbolo es GB, y equivale a 10 9 bytes, o sea mil millones de bytes, equivalente, en texto escrito, a una furgoneta llena de páginas con texto. (7) Un petabyte (PT) equivale a 1015 bytes.
(8) La misión de los cinco –Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González– consistía en infiltrar y observar las actuaciones de grupos de exiliados cubanos para prevenir actos de terrorismo contra Cuba. A propósito del juicio que condenó a varios de ellos a penas de cadena perpetua, Amnistía Internacional declaró en un comunicado que “durante el juicio no se presentó ninguna prueba que demostrase que los acusados realmente hubieran manejado o transmitido información clasificada”.
(9) Véase Fernando Morais, Los últimos soldados de la guerra fría, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2013.
(10) Edward Snowden corre el riesgo de ser condenado a 30 años de prisión después de haber sido acusado oficialmente por la Administración de Estados Unidos de “espionaje”, “robo” y “utilización ilegal de bienes gubernamentales”.
Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=3c96f3fa-45de-4cb1-a3d5-3a3d2e54720c

lunes, 1 de julio de 2013

"¿Dónde está el poder? Las anomalías del proyecto neoliberal y las opciones para un poder político-social emergente"


Entrevista a Rafael Agacino* 

Por Grupo de Estudios Marxistas 
Revista Materialismo Histórico, Nro 3, año 2013 (en prensa), Edición del Grupo de Estudios Marxistas [GEM], Chile**



¿De qué manera podríamos vincular la situación política con la situación económica y, en el caso concreto chileno, cómo podríamos aplicar esta relación que existe entre estos ámbitos de la estructura social?


En toda sociedad de clases existe una disputa de base referida a las condiciones de reproducción de las relaciones sociales que la fundan. La clase dominante se sirve de la dominada como medio para la reproducción del conjunto de relaciones sociales que la mantienen a ella como dominante y a la clase dominada como dominada. Desde un punto de vista económico, una de esas condiciones es la producción de un excedente, cuestión nada trivial para la clase dominante pues implica resolver el problema de los mecanismos de apropiación y control del trabajo para garantizar la generación de un producto necesario -necesario para la auto reproducción del fuerza de trabajo- y de un excedente destinado a la reproducción de si misma y de su lugar dominante. El conjunto de reglas y prácticas que la clase dominante impone para la generación del producto social necesario y excedente, son ya, evidentemente, un hecho de poder, un hecho político estructuralmente imbricado a la dimensión económica. Y no sólo el reparto del producto social sino principalmente el orden social pues el capital requiere reproducir el entramado de relaciones sociales que le permiten su soberanía sobre el trabajo ajeno. No se trata solo del reparto del producto sino también del reparto bajo dominio del capital, del tiempo de vida en tiempo de trabajo y de no trabajo. Este punto es crucial para comprender el vínculo entre economía y política. El marxismo y la teoría crítica se esfuerzan por mostrar esa relación indisoluble entre lo político y lo económico, de mostrar que la reproducción de las condiciones materiales de existencia del poder exige la reproducción de las relaciones sociales de dominación. Por ello, el capital no busca solo producir plusvalía sino además una fuerza de trabajo susceptible de ser dominada; una clase dominada que en el ciclo social-productivo se reproduzca así misma como clase dominada.

Esto no es pura retórica; su carácter real la mayoría de las veces irrumpe con descarnada violencia. En Chile, nos aprontamos a cumplir cuarenta años del golpe de Estado y de la contrarrevolución neoliberal. El golpe de Estado fue una reacción violenta de la burguesía y el imperialismo para evitar que el movimiento obrero y popular sobrepasara las instituciones y relaciones de poder que lo mantenían hasta entonces como clase dominada; la contrarrevolución neoliberal, por su parte, fue el proceso de transformaciones impulsadas para conjurar estructuralmente esa fuerza emancipadora y reponer el orden reproductivo del capital bajo una nueva forma. Las fuerzas republicanas, burguesas o reformistas, de seguro conmemorarán los 40 años evocando la ruptura democrática, y si acaso, lo “pendiente” para su “recuperación plena”. Pero será un recuerdo a medias. El putsh golpista y la violencia burguesa no agotan el carácter de la contrarrevolución pues ésta no se restringió a la sola ruptura política institucional. La perspectiva histórica nos permite constatar que el golpe significó mucho más que el derrocamiento del Gobierno de Allende y la supuesta restauración de la constitucionalidad vigente hasta 1973; la contrarrevolución se hizo contra esa inmensa fuerza emancipadora que el movimiento obrero y popular había acumulado hasta entonces, y por ello, adquirió un carácter refundacional del orden burgués. La solución y el “experimento chileno” pusieron de manifiesto una estrategia inédita frente la crisis del capital y una señal muy potente para América Latina y el mundo. En Chile el capital ensayó construir una forma tal de funcionamiento de la sociedad que, a pesar de su violencia fundante, que castigó cuerpos y consciencias, se naturalizara con el tiempo, es decir, que sus prácticas y valores individualistas y hedonistas, se fijaran como un sentido común propio de un nuevo orden reproductivo del capital. Chile muestra con crudeza el estrecho vínculo entre política y economía, y para peor, el éxito del proyecto refundacional de las clases dominantes. Son cuarenta años que muestran cómo la política y la economía se combinaron de manera traumática en su etapa fundacional, y luego, al paso de las transformaciones estructurales, cómo moldearon una forma de vida que ha naturalizado la dominación del capital. Por suerte han surgido fisuras que señalan los límites intrínsecos de la utopía neoliberal y que permiten abrir posibilidades a un proyecto emancipador que concilie una política y una economía liberadoras.

En su opinión, ¿podríamos hablar de que existe una crisis del modelo en este momento?

Es una pregunta compleja. Si con ello quiere decir que frente a las anomalías mostradas por el modelo y el mayor activismo social, se divisan fuerzas portadoras de proyectos contrapuestos a éste (modelo), sean de reformas o de ruptura, claramente diría que no; que no estamos en una situación de crisis. No distingo hasta hoy un sujeto político o un sujeto social politizado capaz de levantar un proyecto anticapitalista, ni siquiera genuinamente anti neoliberal. Todavía, desde esa perspectiva, es demasiado temprano para hablar de crisis.

Sin embargo la sensación de desorden social y político que observamos, sí puede interpretarse como síntoma de un modelo económico y social que a la vuelta de 40 años ha madurado. Podemos afirmar que todas las reformas estructurales –al mercado de trabajo, las pensiones, la salud, la educación, el sistema de TV, la gestión monetaria, la canasta productiva exportable, etc.– han dado ya sus frutos y ahora comienzan a desplegar sus contradicciones. Tanto es así que en las luchas recientes, sobre todo en el caso de los secundarios, más que resistencia a las transformaciones neoliberales lo que se visibiliza son fuerzas emergentes y multiformes, hijas de las reformas neoliberales ya maduras; lo mismo en las luchas de algunos segmentos del trabajo precarizado y fragmentado y en las explosiones comunales. Desde un punto de vista estructural, de la “fase”, más que una situación de crisis lo que advertimos es un proceso de maduración de un modelo al que le cuesta cada vez más sostener y reproducir las formas de producción, de funcionamiento del mercado del trabajo, de la subjetividad, etc., y que por ello, deja entrever sus contradicciones intrínsecas, es decir, tal y como emanan de sí mismo. Parafraseando al profesor Caputo, al neoliberalismo no lo criticamos porque no funciona sino precisamente porque funciona, y porque en este momento, al hacerlo, despliega toda su esencia: la desigualdad y la opresión encubiertas bajo la forma de “libertad de elegir”.

Por otra parte, a nivel de lo político, del “período político”, enfrentamos claramente un cambio iniciado en el gobierno de Bachelet y que se acelera a partir del de Piñera. Normalmente esta idea de período se refiere a la composición del bloque en el poder y la modalidad en que se expresa la correlación de fuerzas, y creo que en este instante, el cambio de período devela a este último respecto, una tendencia bastante nueva: la entrada en escena de una suerte de “poder dual burgués”. Esto es difícil de captar si no tenemos los lentes adecuados. La izquierda del siglo XX ha concebido la política como un campo de acción fundamentalmente restringido al Estado o definido por este. No hay política fuera del Estado o sin referencia a este por cuanto la política sólo se realiza en términos de las instituciones del Estado que definen el espacio de lo político. La izquierda tradicional -y hasta cierto punto también la izquierda revolucionaria- quedó atrapada por una concepción liberal burguesa y republicana de la política, una concepción que se aviene bien con una visión canónica del Estado definido como una estructura jurídico-política desde la cual se ejerce el dominio de clase. Todos aprendimos que la infraestructura daba origen a una superestructura -las relaciones jurídicas y políticas existentes- y que la expresión de esa amalgama de relaciones de propiedad era por antonomasia el Estado. Pero ¿qué pasa si lo jurídico se escinde de lo político y el poder político real se desplaza más allá del Estado? Así como en el campo de las relaciones capital-trabajo, las prácticas de subcontratación han separado las relaciones económicas de explotación de las relaciones jurídico-laborales, por cuanto quién explota no es quién contrata y quién contrata no es quién explota, del mismo modo el Estado cada vez más parece un cascarón jurídico que, si bien mantiene la potestad de la ley, se muestra estéril respecto de la disposición real de los recursos institucionales y materiales vitales para el destino del país. En efecto, la posesión, el dominio pleno – y no la propiedad jurídica formal- sobre los recursos naturales, sobre la fuerza de trabajo, sobre el contenido de la política económica, de las inversiones, el crédito, los precios fundamentales, etc., cada vez le es más ajena al Estado y se traslada a la esfera privada o pública no estatal bajo control del capital. El poder efectivo reside cada vez menos en el parlamento o el ejecutivo que en los edificios corporativos de los grupos económicos y sus think tanks. Para usar una figura propuesta por Allamand, se trata de poderes fácticos, no “formalmente” políticos, pero que por efecto de una fuerte centralización de capital facilitado por un ciclo largo de acumulación, no pueden sino expresarse como poder político. Unas cuantas familias y corporaciones han cruzado el umbral crítico de acumulación y controlan masas gigantescas de recursos que las colocan en una condición inédita como poder previo, ex ante, a las decisiones formalizadas en el parlamento y el gobierno; un poder real, determinante, que se ubica y opera por fuera del Estado. ¿Y qué es eso sino poder económico que se expresa directamente como poder político, sin mediaciones jurídico-institucionales de ningún tipo? Si, las instituciones de la República funcionan, pero dada la escala de la acumulación, se han vuelto pigmeas y funcionan como simples protocolizadoras de las decisiones del capital. Este es el síntoma más claro de la existencia del “poder dual burgués”.

En mi opinión esta tendencia es una manifestación de las contradicciones propias de la maduración de contrarrevolución neoliberal chilena y resulta crucial tenerla en cuenta para el decurso del nuevo periodo. Sabemos que todo poder dual es inestable y no puede sostenerse indefinidamente; los sectores dominantes más inteligentes están conscientes de ello y debaten como resolver con prontitud este problema.

¿Qué salidas posible se avizoran desde el punto de vista de la burguesía ante esta encrucijada en que ven un estado con un menor poder, más que nada transformado en un cascarón como se ha señalado? ¿Qué alternativas posibles se avizoran?

Si consideramos que este singular “poder dual burgués” es dual respecto del Estado, entonces es necesario interrogarse por el carácter de este Estado y dar paso a preguntas más específicas que afinen el análisis. Por ejemplo: ¿Cuál es el rol que el capital asigna y asignará al Estado y al sistema político en condiciones de una contrarrevolución madura? ¿Seguirán las clases dominantes apostando a la privatización de la vida social o intentarán una nueva alianza para reponer el sistema político y el Estado como lugar de resolución de las contradicciones inter burguesas (parlamento clásico) y de procesamiento y negociación de las demandas de las fuerzas que reclaman el viejo “estado protector”? Naturalmente el Estado podría seguir funcionando como simple cascarón jurídico, convirtiendo en ley y política gubernamental decisiones convenientes al capital tomadas desde fuera del sistema político, y lo puede hacer porque aún mantiene el monopolio de la fuerza legítima. Pero ello implica exacerbar su carácter coercitivo y represor, y con mayor razón si el malestar social se masifica y manifiesta por fuera del sistema político. ¿Qué duda cabe que esto ocurre desde hace un tiempo? Paulman con su torre y estacionamientos, Matte con Hidroaysén, etc., y en contraportada, la militarización de las zonas mapuche y los procedimientos cada vez más violentos contra las organizaciones sociales y los actos públicos, lo confirman a cada rato. En un caso, el poder económico manifestado sin intermediación como poder político instruyendo al poder estatal administrativo, y en otro, el carácter cada vez más policial que asume un Estado recargado de acciones y recursos coercitivos.

Esta tendencia está correlacionada con la falta de sintonía entre la “derecha económica” y la “derecha política”. Para la primera, la mejor opción para la administración del modelo fue la Concertación, tanto porque ésta conjuró el impulso rupturista aún presente en el movimiento anti dictatorial a fines de los años ochenta, como porque, siendo co-autora de la transición pactada, otorgó la legitimidad necesaria al régimen político y al modelo económico-social de la Dictadura. La derecha política, en cambio, enredada en qué hacer con la herencia política pinochetista, tempranamente se trenzó en luchas intestinas cuyo resultado fue la ruptura entre el gremialismo y la derecha tradicional hasta su separación en dos partidos: RN y la UDI. Esta derecha política no logró nunca, incluso hoy con el gobierno de Piñera, una estatura política que le permitiera presentarse como “intelectual orgánico estadista” y proyectar así el modelo neoliberal más allá de la transición; en tiempos de la Concertación actuó como gendarme y hoy resiste, a la defensiva, sin iniciativa, sin saber que hacer frente a las arrugas de un modelo maduro. Y esto justo cuando aparece el malestar social “desde abajo” y parece llegar otra vez la “hora de la política”. En el nuevo período, la derecha económica, que gobierna desde fuera y directamente, circunstancialmente carece de los medios y de una institucionalidad, salvo el mercado, que le permita conectarse a esos malestares, anticiparlos, procesarlos y disiparlos. La propia sorpresa empresarial respecto del ciclo de movilizaciones sociales desatado el 2010,  refleja muy bien la esterilidad del Estado y del sistema político, incluyendo los partidos de derecha y de la Concertación, para administrar conflictos. No es extraño entonces se apele con más frecuencia e intensidad a las funciones policiacas del Estado.

La emergencia de la “cuestión social” cambió el panorama y mostró la incompletitud de la utopía neoliberal del “orden de mercado”. La institución mercado se revela insuficiente para procesar todos los conflictos y transformarlos en meras contiendas entre partes privadas; el dispositivo de regateo entre privados (mercado), incluyendo el dispositivo judicial para resolver en los tribunales las contiendas relativas a obligaciones consignadas en los contratos, no alcanza tampoco para contener y mantener los conflictos en la esfera civil, sobre todo cuando una de las contrapartes salta de lo individual a lo colectivo. La primera clarinada de la hora de la política fue la irrupción de “los de abajo” y “los del medio” frente a la repetida prepotencia y a las sucesivas estafas de “los de arriba”; y en este instante, cuando el “orden de mercado” se desborda, los dispositivos alternativos de gestión de conflictos parecen desacreditados o no bien aceitados, salvo la violencia del Estado. Esta “anomalía”, la emergencia de la cuestión social, que triza la utopía neoliberal, ya se manifestaba en el último gobierno de la Concertación pero se exacerbó en el de Piñera y seguirá exacerbándose. Por ello, para el capital y los sectores más talentosos de la derecha política, el problema real y sus salidas son más complejos que una mera recomposición de la unidad de la Alianza (Renovación Nacional y la UDI) o de la propia Concertación. Más bien los esfuerzos parecen orientarse a constituir una fuerza política transversal, capaz de sostener los consensos básicos respecto de los fundamentos del modelo en circunstancias en que el dispositivo de mercado es insuficiente y el Estado y el sistema político se vuelven deficitarios como articuladores del orden. Les urge definir un nuevo horizonte para el modelo económico-social, y a partir de este, un horizonte para el régimen político. Esta es la tarea de fondo para las clases dominantes y hay que estar atentos a la táctica que adopten para enfrentarla.

Dentro de algunos sectores de la izquierda, o inclusive de la concertación, se ha planteado como una salida a este momento la convocatoria a una asamblea constituyente, ¿Qué opinión le merece a usted esta alternativa?

Una asamblea constituyente supone poder constituyente, sujetos constituyentes, fuerzas constituyentes. Y sabemos que si hoy o en el futuro inmediato se abriera la posibilidad de una asamblea, lo cual me parece ya improbable, el estado de debilidad del movimiento trabajadores y popular sería el marco propicio para legitimar un ordenamiento cuyas bases políticas, siendo optimistas, a lo más abrirían la puerta a un modelo cercano al que proclama el neo-estructuralismo de CEPAL: un capitalismo “mas inclusivo”, que promete reducir las brechas de desigualdad con políticas redistributivas y una intervención estatal moderada pero que mantiene las reglas fundamentales del mercado y del capital. Dificulto que en las condiciones actuales una asamblea constituyente, más allá de las encendidas y épicas alocuciones a los “ciudadanos” constituyentes, permita avanzar en reformas que trasladen siquiera en parte la soberanía a los productores y sectores populares. Pero aún así, si se definiera para el período este objetivo, una mínima seriedad política implicaría plantearse la tarea de construir una correlación de fuerzas adecuada para impulsar los objetivos más permanentes y emancipatorios. Desde ese punto de vista nuestra urgencia no es la asamblea constituyente sino construir una fuerza constituyente, de trabajadores y popular, capaz de unificar organizativa y programáticamente las voluntades en torno a un proyecto con horizonte emancipador. Y esto plantea inmediatamente la necesidad de impulsar un proceso de convergencia y el diseño de una táctica para el período cuyo centro sea la construcción de fuerza social y programática en esa perspectiva que, como lo he sugerido en otras ocasiones, contrasta con la idea de construirla en función de “incluirse” en la institucionalidad estatal, por ejemplo, como fuerza electoral. En particular la pretensión de ocupar espacios estatales en razón de que el Estado es un espacio en disputa, parecería razonable solo si el poder político residiera en el estado como lo declara el derecho constitucional burgués o como ocurrió en los períodos de estabilidad durante el siglo pasado. Pero si hoy, como afirma Mészáros, la verdadera y principal fuerza extra parlamentaria es la propia burguesía en virtud de que requiere cada vez menos de la intermediación parlamentaria para gobernar, entonces una táctica de “inclusión” en el Estado, en particular del parlamento y el gobierno, choca contra su nuevo carácter y promete más costos que beneficios. La escisión entre lo político y lo jurídico tiende a transformar al Estado en un cascarón jurídico, amén de todas las demás restricciones que éste impone a las fuerzas incluidas bajo clausulas de subordinación.

La fuerza constituyente tiene que disputar el poder político y no un lugar administrativo. Si el poder real se ejerce desde el seno de propia sociedad civil-empresarial y no desde las instituciones administrativo-estatales, la fuerza constituyente inevitablemente deberá enfrentarse a la patronal directamente en su propio terreno civil no estatal que, por lo demás, el mismo capital ha politizado. En muchos momentos a través de la historia el movimiento de trabajadores y popular, cuando ha enarbolado plataformas de lucha por los derechos generales superando la demanda salarial parcial o cuando ha asumido la lucha por modelos desarrollo ajustados a las necesidades populares, ha logrado desplazar la política de lo estatal-institucional a la esfera social, politizándola desde el campo popular. Por decirlo de algún modo, son momentos en que se enfrentan la sociedad civil-empresarial con la sociedad civil-trabajadora y popular. Por cierto esto no significa subestimar al Estado, sobre todo por cuanto éste retiene el monopolio de la fuerza legítima, pero en las condiciones del capitalismo actual la lucha no se concretará a través del Estado o desde el Estado. No; el Estado aparecerá como actor durante el proceso como aparato represivo, y después, cuando resuelto el conflicto aunque sea transitoriamente, como simple “escriba” de lo que el capital ha debido conceder o logrado imponer. ¿Qué mejor ejemplo la reciente lucha de los portuarios cuyo verdadero triunfo, como lo han intuido sus dirigentes más talentosos, fue obligar al conjunto del capital – no solo a las empresas de estiba- a negociar por fuera de la institucionalidad estatal, recolocando a esta última como mera instancia que, representada por Matthei y Chadwick, protocolizó lo que el capital fue obligado a ceder? No tenía sentido presionar al Estado para desde allí presionar al capital simplemente porque el Estado no era el empleador. Pero el enfrentamiento directo con el capital, en la medida en que se masificó y permitió constituir una fuerza crítica, politizo lo social y obligó al gobierno a concurrir a ese espacio y con ello sancionar con su presencia el carácter político que asumió en ese momento la “sociedad civil”. Ya los estudiantes en el 2010 habían mostrado el camino y unos años antes los mismos portuarios de la VIII región. El Estado, cuando las fuerzas sociales emergen como sujetos políticos y sobre todo cuando logran constituirse en fuerzas políticas críticas, es obligado a aparecer no sólo como represor sino también como actor de facto del desplazamiento de lo político a lo social.

En este mismo punto, sectores representativos de la izquierda también han planteado como propuestas para paliar un poco la desigualdad social y la desigualdad económica, la estatización de determinados sectores productivos, recursos naturales, pensiones, salud. ¿Qué opina de esto? ¿Sería conveniente, considerando el actual estado de las cosas, plantear este tipo de medidas?

Más allá de lo inmediato, en el plano de un proyecto emancipador, vale la pena tener en cuenta que no estamos construyendo una alternativa en los años ochenta del siglo pasado sino ahora, casi un cuarto de siglo después de la caída del muro y el socialismo. Debemos hacernos cargo en nuestras definiciones políticas de la evolución y el rumbo que tomaron los proyectos revolucionarios edificados en nombre del socialismo. No es posible seguir afirmando que la solución a los vicios del mercado es el Estado; eso lo sabemos porque los socialismos reales fueron sociedades estatalistas: “socializaron” los medios de producción traspasándolos al Estado pero terminaron construyendo un poder estatal que sustituyó al poder popular y una tecno-burocracia que negó a los productores; ni que decir de la extinción del Estado y de las clases como preveía el programa socialista. No por qué el neoliberalismo inclinó la balanza al mercado debemos hacer nuestra la encrucijada “Mercado o Estado” que declama el discurso tradicional; es la izquierda reformista la que por su concepción liberal de la política está entrapada en la dicotomía mercado-estado. Demandar o argumentar que el estado debe hacerse cargo de la educación, del transporte, de la gestión de la producción o del orden interior, en nuestro caso, es no dar cuenta de la historia de construcción socialista. Nuestra elección no es entre mercado o estado; sino por el poder popular como históricamente lo han proclamado las corrientes libertarias, socialistas, comunitaristas y marxistas. Desde este punto de vista, es muy esclarecedora la política la ACES que demanda educación gratuita, de calidad y pública pero que a la vez exige “control comunitario”. Como es obvio, alguna entidad tiene que asumir la titularidad de la propiedad de la infraestructura educativa, en este caso, el Estado, pero el control comunitario da paso a instancias organizativas en que profesores y trabajadores no docentes, padres y apoderados, estudiantes y la comunidad local, puedan ejercer y controlar la gestión y definir los contenidos educativos locales en coherencia con los intereses más generales del país. El Estado podrá tener el título jurídico de propiedad, pero la gestión y el derecho de uso - la posesión- residirá y deberá ser ejercida por órganos populares directos e indirectos de poder.

Es crucial entender que la propiedad estatal por sí misma no garantiza la participación ni socializa el poder; y puede operar, tal y como ha ocurrido usualmente, como simple dispositivo monopólico bajo control de los sectores dominantes. Por decir algo, el cobre podrá ser del Estado y sin embargo eso no significa un reparto equitativo de sus frutos ni menos que las alternativas de su uso y el destino de los ingresos –tratándose de un recurso tan central para el país- sean objeto de debate público. Lo mismo con el resto de los recursos de propiedad estatal, con las políticas económicas, con las instituciones gubernamentales, etc., que trazan la ruta de la economía y la vida nacional pero que a los trabajadores y sectores populares le resultan totalmente ajenas. No olvidemos que en el anterior modelo desarrollista el mismo cobre, el transporte, los puertos, gran parte de la educación y la salud, etc., pertenecían “a todos los chilenos” o eran controlados por el estado, pero de igual modo la acumulación se fundaba en la explotación, se generaba desigualdad, pobreza, subdesarrollo, dependencia y represión. No en vano el movimiento obrero y popular luchó por superarlo. El capitalismo puede operar bajo diferentes patrones de acumulación: unas veces con mas estado otras con mas mercado. El carácter e intensidad de la lucha entre las clases dominantes y los trabajadores y sectores populares, determina significativamente la modalidad que asuma la acumulación capitalista. Nosotros apuntamos a la emancipación y ello significa controlar nuestras vidas y necesidades. El estado podrá representarnos “a todos” pero si no tenemos el control del Estado, aún en el supuesto caso que derrotáramos a la patronal, la burocracia y los expertos constituidos como clase se harán cargo. Por cierto estamos lejos de esa posibilidad pero si se construye y educa desde ya al movimiento de trabajadores y popular con la idea que necesitamos una suerte de neo estatalismo y no una construcción de fuerza y poder propios, de seguro allanaremos el camino para que tales expertos y burócratas, en nombre del pueblo pero pagados por el capital, administren el poder y la vida colectivas. No podemos, como el sindicalismo clásico, reducir las luchas sociales a una demanda estrictamente redistributiva y solo por más salarios, puesto que si logramos ganar esas demandas, el capital nos seguirá vendiendo más alimentación basura, más educación basura, más salud basura, más entretención basura, etc., minando las bases ambientales y sociales de la vida colectiva. No tiene sentido salarios más altos para seguir comprando basura y horadando la sustentabilidad social y natural; lo que se requiere es poder para decidir colectivamente qué se produce, para quién se produce y cómo se produce. Contra el estatalismo, poder popular; contra el mercado y sus instituciones, formas de organización locales, sectoriales, mixtas y participativas para definir el modo de vida.

Para finalizar la entrevista, hemos estado hablando de la construcción de un sujeto, de la construcción de una fuerza popular, obrera, social importante. Dentro de ese punto usted mencionó que era importante la generación de un programa político ¿qué puntos o qué temas debería abordar un programa de esta fuerza política o fuerzas sociales o de trabajadores?

No podría responder en detalle; tal vez un listado de medidas… pero me parece que ello nos desvía de los temas que he tratando de precisar aquí: las orientaciones de las demandas más que las demandas mismas que, por lo demás, ya las propias organizaciones sociales las han ido definiendo y enunciando en sus plataformas sectoriales….

A lo mejor, podríamos ir a algo más genérico: ¿Qué es necesario para diseñar ese programa o qué preguntas deben plantearse, qué desafíos, qué asunto es fundamental para que esa fuerza tenga la capacidad para oponerse al capital?

Partamos diciendo que la izquierda estaba acostumbrada a definir el carácter de los movimientos y sus luchas en función del contenido de su programa y/o de su composición de clases. Si el programa contemplaba cambios como una reforma agraria, nacionalización de recursos naturales, propiedad estatal de los medios de producción, etc., era un programa socialista. Si no consideraba tales medidas o parte de ellas, entonces era un programa burgués, nacional-populista o solo antiimperialista. De igual forma, la composición de clase del movimiento - campesinos, obreros industriales, mineros, sectores medios o pequeña burguesía propietaria, etc.- definía su carácter. No obstante, en las circunstancias actúales, pasada ya mucha agua bajo el puente, ni lo programático ni la composición de clase son suficientes para caracterizar el movimiento, pues la forma en que las fuerzas deciden los contenidos programáticos y ejercen el poder, son elementos críticos. Como ya he apuntado en otra parte, entre dos fuerzas de igual composición y programa, desde el punto de vista de un proyecto emancipador, lo que permite discriminar entre ambas es si sus formas organizativas y sus prácticas realizan y potencian las capacidades y el poder populares. No cualquier tipo de organización y de prácticas son coherentes con un proyecto emancipador por más proletaria que sea la composición de la fuerza que lo levanta o por más revolucionario que rime el discurso que lo argumenta. Cuando afirmamos que las luchas y las demandas deben orientarse hacia el núcleo de decisiones sobre qué se produce, para quién se produce y cómo se produce, estamos diciendo que queremos soberanía para definir modos de coordinación que permitan decidir el tipo de objetos materiales e inmateriales a producir (“qué”); modos de distribución y reparto (“para quién”) sobre la base de criterios de equidad y modos de trabajo y producción (“cómo”) sustentables ecológica y socialmente. Todo lo anterior supone un entramado de relaciones de convivencia que permita deliberar, consensuar y unificar voluntades para asumir el control de la vida social a partir de la decisión sobre las necesidades colectivas, superando así la imposición de necesidades sea por el mercado o por el plan. Ya decíamos que el “socialismo histórico“ buscó resolver el problema burocráticamente en que jefes y expertos definían las necesidades y los tipos y cantidades de bienes y servicios a producir, los que luego, sobre la base de ciertos criterios técnicos y de reparto, definían hacia abajo la asignación de los recursos materiales, el trabajo y la producción. El capitalismo, por su parte, bajo la ideología de la “libertad de elegir”, encubre el hecho que las necesidades, la asignación de recursos, el trabajo y el reparto de la producción, se subordinan al imperativo del capital. Si el estatalismo condujo a una dictadura de las necesidades, también el capitalismo actual nos lleva al mismo punto: su pulsión por las ganancias lo impulsa a acrecentar y crear necesidades para mantenernos  en una situación de escasez permanente y así vendernos objetos materiales o inmateriales ad-hoc que se supone nos satisfacen. El capital produce lo que renta y lo que renta se nos muestra como "lo que necesitamos". Mientras subsista la creencia de que las necesidades genuinas son las del mundo actual, las impuestas por el capital, las luchas sociales seguirán limitadas a demandas por un mejor reparto y/o aumento de la cantidad de las mismas mercancías que ahora se producen, postergando con ello la verdadera emancipación y agudizándose la destrucción de las bases naturales de la propia existencia humana. Hay que recuperar la soberanía sobre las necesidades y ello implica imaginar formas organizativas que hagan posible tal ejercicio soberano. Esta es la primera y fundamental orientación programática.

Una segunda orientación, contracara de la anterior, es la recuperación del control sobre el uso del tiempo vital, es decir, sobre el uso del tiempo de vida para decidir cuánto tiempo de trabajo y cuánto tiempo de no trabajo. Y esto que puede parecer extraño en circunstancias que una demanda histórica del sindicalismo clásico ha sido el empleo, no tiene nada de esotérico y menos para la patronal. ¿Qué duda cabe que no lo es cuando la Asociación de AFP propone aumentar la edad de retiro para evitar la bancarrota del sistema privado de pensiones, o en la misma Europa extienden los años de trabajo como una de las tantas medidas para resolver la crisis? Este segundo punto, la soberanía sobre el tiempo de vida, sobre el tiempo de trabajo y de no trabajo, está directamente imbricado con la recuperación de la soberanía sobre las necesidades pues el trabajo y las capacidades colectivas, su uso y aprovechamiento, deberían decidirse social y democráticamente. Por algo somos los trabajadores los que producimos la riqueza y resulta irracional que nuestro tiempo de vida lo distribuya el capital de acuerdo a sus propias necesidades.

Y para terminar, creo que las potencialidades abiertas en esta fase de maduración del patrón de acumulación y en medio del nuevo período político, permiten avanzar en la construcción de nuevas fuerzas sociales y programáticas que se desmarquen de la visión estatalista de la izquierda tradicional y del sindicalismo clásico. La izquierda "tradicional reformista", controlada por una dirección obsecuente, ya siquiera se sonroja al aliarse con los sectores dominantes mientras la izquierda “tradicional-revolucionaria” sin comprender profundamente el capitalismo actual sigue rebotando desorientada. Y el sindicalismo gremialista y estatalista, por su parte, es y será superado con mayor frecuencia por segmentos emergentes de trabajadores auto representados que apelarán a fuerzas propias y luchas de facto por sobre la componenda, la burocracia y el legalismo. No afirmo que estemos asistiendo al entierro de las izquierdas tradicionales y del sindicalismo clásico, pero se ha abierto un campo de acumulación social y política antes copado por esas fuerzas y que hace décadas no veíamos; este campo puede ser un escenario favorable para la construcción de nuevos sujetos colectivos con decidido carácter rupturista. El problema del período actual es definir, inventando o memorando experiencias, instancias convocantes y formas organizativas que permitan mancomunar razones, voluntades y subjetividades de los aún delgados pero visibles segmentos de trabajadores, sectores populares y demás fuerzas sociales que aspiran cambiar el modo de vida actual. Para esto se requiere abrir espacios de organización genuinamente participativos que politicen lo social más que socializar lo político; hay que desplazar lo político desde las instituciones formales de dominación a los espacios vitales, no tiene sentido intentar “socializar” instituciones ya desprestigiadas hasta decir basta y que fueron concebidas y funcionan como mecanismos del poder de la patronal. Nuestro problema real y el que abre futuro, es el que plantea construir formas colectivas que asuman la política, ejerzan soberanía, expresen poder desde los espacios vitales y se vuelvan eficaces a nivel de la macro política. Que la auto representación y el ejercicio del control colectivo de las decisiones, muy propias de la micro política, sin perderse, maduren en una fuerza política tal que permita intervenir mancomunadamente en la macro política, es decir, enfrentar al poder dual burgués en su propio terreno y al propio estado para disputar los destinos posibles para el país y su gente.

La convergencia de fuerzas diversas bajo formas organizativas nuevas es el desafió principal del período y es en sí mismo un tema táctico y programático. Y permítame insistir en que hoy día las formas organizativas también son contenido y exigen una respuesta inteligente para aprovechar las posibilidades históricas y concitar la voluntad de las fuerzas emergentes.

Santiago, Mayo 10 de 2013.