domingo, 20 de febrero de 2011

Lo que no se conoce sobre Egipto


VICENÇ NAVARRO

La caída del dictador Mubarak como resultado de la movilización popular es un motivo de alegría para toda persona con sensibilidad democrática. Pero esta misma sensibilidad democrática debiera concienciarnos de que la versión de lo ocurrido que ha aparecido en los medios de información de mayor difusión internacional (desde Al Yazira a The New York Times y CNN) es incompleta o sesgada, pues responde a los intereses que los financian. Así, la imagen general promovida por aquellos medios es que tal evento se debe a la movilización de los jóvenes, predominantemente estudiantes y profesionales de las clases medias, que han utilizado muy exitosamente las nuevas técnicas de comunicación (Facebook y Twitter, entre otros) para organizarse y liderar tal proceso, iniciado, por cierto, por la indignación popular en contra de la muerte en prisión, consecuencia de las torturas sufridas, de uno de estos jóvenes.Esta explicación es enormemente incompleta. En realidad, la supuesta revolución no se inició hace tres semanas y no fue iniciada por estudiantes y jóvenes profesionales. El pasado reciente de Egipto se caracteriza por luchas obreras brutalmente reprimidas que se han incrementado estos últimos años. Según el Egypt’s Center of Economic and Labor Studies, sólo en 2009 existieron 478 huelgas claramente políticas, no autorizadas, que causaron el despido de 126.000 trabajadores, 58 de los cuales se suicidaron. Como también ocurrió en España durante la dictadura, la resistencia obrera democrática se infiltró en los sindicatos oficiales (cuyos dirigentes eran nombrados por el partido gobernante, que sorprendentemente había sido aceptado en el seno de la Internacional Socialista), jugando un papel clave en aquellas movilizaciones. Miles y miles de trabajadores dejaron de trabajar, incluidos los de la poderosa industria del armamento, propiedad del Ejército. Se añadieron también los trabajadores del Canal de Suez (6.000 trabajadores) y, por fin, los empleados de la Administración pública, incluyendo médicos y enfermeras (que desfilaron con sus uniformes blancos) y los abogados del Estado (que desfilaron con sus togas negras). Uno de los sectores que tuvo mayor impacto en la movilización fue el de los trabajadores de comunicaciones y correos, y del transporte público.Los centros industriales de Asyut y Sohag, centros de la industria farmacéutica, energía y gas, también dejaron de trabajar. Las empresas en Sharm El-Sheikh, El-Mahalla Al Kubra, Dumyat y Damanhour, centros de la industria textil, muebles y madera y alimentación también pararon su producción. El punto álgido de la movilización obrera fue cuando la dirección clandestina del movimiento obrero convocó una huelga general.Los medios de información internacionales se centraron en lo que ocurría en la plaza Tahrir de El Cairo, ignorando que tal concentración era la cúspide de un témpano esparcido por todo el país y centrado en los lugares de trabajo –claves para la continuación de la actividad económica– y en las calles de las mayores ciudades de Egipto.El Ejército, que era, y es, el Ejército de Mubarak, no las tenía todas consigo. En realidad, además de la paralización de la economía, tenían temor a una rebelión interna, pues la mayoría de soldados procedían de familias muy pobres de barrios obreros cuyos vecinos estaban en la calle. Mandos intermedios del Ejército simpatizaban también con la movilización popular, y la cúpula del Ejército (próxima a Mubarak) sintió la necesidad de separarse de él para salvarse a ellos mismos. Es más, la Administración Obama, que al principio había estado en contra de la dimisión de Mubarak, cambió y presionó para que este se fuera. El Gobierno federal hasubvencionado con una cantidad de 1.300 millones de dólares al año al Ejército de aquel país y este no podía desoír lo que el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, estaba exigiendo. De ahí que el director de la CIA anunciase que Mubarak dimitiría y, aunque se retrasóunas horas, Mubarak dimitió.Ni que decir tiene que los jóvenes profesionales que hicieron uso de las nuevas técnicas de comunicación (sólo un 22% de la población tiene acceso a internet) jugaron un papel importante, pero es un error presentar aquellas movilizaciones como consecuencia de un determinismo tecnológico que considera la utilización de tecnología como el factor determinante. En realidad, la desaparición de dictaduras en un periodo de tiempo relativamente corto, como resultado de las movilizaciones populares, ha ocurrido constantemente. Irán (con la caída del sha), el Muro de Berlín, la caída de las dictaduras del Este de Europa, entre otros casos, han caído, una detrás de otra, por movilizaciones populares sin que existiera internet. Y lo mismo ocurrió en Túnez, donde, por cierto, la resistencia de la clase trabajadora también jugó un papel fundamental en la caída del dictador, cuyo partido fuetambién sorprendentemente admitido en la Internacional Socialista.El futuro, sin embargo, comienza ahora. Es improbable que el Ejército permita una transición democrática. Permitirá establecer un sistema multipartidista, muy limitado y supervisado por el Ejército, para el cual el enemigo número uno no es el fundamentalismo islámico (aunque así lo presenta, a fin de conseguir el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de la Unión Europea), sino la clase trabajadora y las izquierdas, que son las únicas que eliminarían sus privilegios. No olvidemos que las clases dominantes de Irán, Irak y Afganistán apoyaron el radicalismo musulmán (con el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de Arabia Saudí) como una manera de parar a las izquierdas. Una de las primeras medidas que ha tomado la Junta Militar ha sido prohibir las huelgas y lasreuniones de los sindicalistas. Sin embargo, esta movilización obrera apenas apareció en los mayores medios de información.Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policyen The Johns Hopkins UniversityIlustración de Mikel Jaso

...pasan los días...los años...y no aprendemos la lección...



jueves, 17 de febrero de 2011

sábado, 12 de febrero de 2011

Venceremos: Declaración final de la Asamblea de Movimientos en Dakar


FSM Dakar (Senegal) – 10 de febrero de 2011.
Declaración de la Asamblea de los Movimientos Sociales

Nosotras y nosotros, reunidos en la Asamblea de Movimientos Sociales, realizada en Dakar durante el Foro Social Mundial 2011,afirmamos el aporte fundamental de África y de sus pueblos en la construcción de la civilización humana. Juntos, los pueblos de todos los continentes, libramos luchas donde nos oponemos con gran energía a la dominación del
capital, que se oculta detrás de la promesa de progreso económico del capitalismo y de la aparente estabilidad política. Ladescolonización de los pueblos oprimidos es un gran reto para los movimientos sociales del mundo entero.

Afirmamos nuestro apoyo y solidaridad activa a los pueblos de Túnez y Egipto y del mundo árabe que se levantan hoy para reivindicar una real democracia y construir poder popular. Con sus luchas, muestran el camino a otro mundo, libre de la opresión y de la explotación.

Reafirmamos con fuerza nuestro apoyo a los pueblos de Costa de Marfil, de África y de todo el mundo en su lucha por una democracia soberana y participativa. Defendemos el derecho a la autodeterminación y el derecho colectivo de todos los pueblos del mundo.

En el proceso del FSM, la Asamblea de Movimientos Sociales es el espacio donde nos reunimos desde nuestra diversidad para juntos construir agendas y luchas comunes contra el capitalismo, el patriarcado, el racismo y todo tipo de discriminación.

En Dakar celebramos los 10 años del primer FSM, realizado en 2001 en Porto Alegre, Brasil. En este periodo hemos construido una historia y un trabajo común que permitió algunos avances, particularmente en América
Latina donde logramos frenar alianzas neoliberales y concretar alternativas para un desarrollo socialmente justo y respetuoso de la Madre Tierra.

En estos 10 años vimos también la eclosión de una crisis sistémica, expresada en la crisis alimentaria, ambiental, financiera yeconómica, que resultó en el aumento de las migraciones y desplazamientos forzados, de la explotación, del endeudamiento, y de las desigualdades sociales.

Denunciamos el rol de los agentes del sistema (bancos, transnacionales, conglomerados mediáticos, instituciones internacionales etc.), que, en búsqueda del máximo lucro, mantienen con diversos rostros su política intervencionista a través deguerras, ocupaciones militares, supuestas misiones de ayuda humanitaria, creación de bases militares, saqueos de los recursos naturales, la explotación de los pueblos, y manipulación ideológica. Denunciamos también la cooptación que estos agentes ejercen a través de financiamentos de sectores sociales de su interés y sus prácticas asistencialistas que generan dependencia.

El capitalismo destruye la vida cotidiana de la gente. Pero a cada día nacen múltiples luchas por la justicia social, para eliminar los efectos que dejó el colonialismo y para que todos y todas tengamos una digna calidad de vida. Afirmamos que los pueblos no debemos seguir pagando por esta crisis sistémica y que no hay salida a la crisis dentro del sistema
capitalista!

Reafirmando la necesidad de construir una estrategia común de lucha contra el capitalismo, nosotros, movimientos sociales:

Luchamos contra las trasnacionales porque sostienen el sistema capitalista, privatizan la vida, los servicios públicos, y los bienes comunes, como el agua, el aire, la tierra, las semillas, y los recursos minerales. Las transnacionales promueven las guerras a través de la contratación de empresas militares privadas y mercenarios, y de la producción de armamentos, reproducen prácticas extractivistas insostenibles para la vida, acaparan nuestras tierras y desarrollan alimentos transgénicos que nos quitan a los pueblos el derecho a la alimentación y eliminan la biodiversidad.

Exigimos la soberanía de los pueblos en la definición de nuestro modo de vida. Exigimos políticas que protejan las producciones locales que dignifiquen las prácticas en el campo y conserven los valores ancestrales de la vida. Denunciamos los tratados neoliberales de libre comercio y exigimos la libre circulación de seres humanos.

Seguimos movilizándonos por la cancelación incondicional de la deuda pública de todos los países del Sur. Denunciamos igualmente, en los países del Norte, la utilización de la deuda pública para imponer a los pueblos políticas injustas y antisociales.

Movilicémonos masivamente durante las reuniones del G8 y G20 para decir no a las políticas que nos tratan como mercancías!

Luchamos por la justicia climática y la soberanía alimentaria. El calentamiento global es resultado del sistema capitalista de producción, distribución y consumo. Las transnacionales, las instituciones financieras internacionales y gobiernos a su servicio no quieren reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Denunciamos el “capitalismo verde” y rechazamos las falsas soluciones a la crisis climática como los agrocombustibles, los transgénicos y los mecanismos de mercado de carbono, como REDD, que ilusionan a poblaciones empobrecidas con el progreso, mientras privatizan y mercantilizan los bosques y territorios donde han vivido miles de años.

Defendemos la soberanía alimentaria y el acuerdo alcanzado en la Cumbre de los Pueblos Contra el Cambio Climático y por losDerechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba, donde verdaderas alternativas a la crisis climática han sido construidas con movimientos y organizaciones sociales y populares de todo el mundo.

Movilicémonos todas y todos, especialmente el continente africano, durante la COP-17 en Durban, Sudáfrica, y la Río +20, en 2012, para reafirmar los derechos de los pueblos y de la Madre Tierra y frenar el ilegítimo acuerdo de Cancún.

Defendemos la agricultura campesina que es una solución real a la crisis alimentaria y climática y significa también acceso a la tierra para la gente que la vive y la trabaja. Por eso llamamos a una gran movilización para frenar el acaparamiento de tierras y apoyar las luchas campesinas locales.

Luchamos contra la violencia hacia la mujer que es ejercida con regularidad en los territorios ocupados militarmente, pero también contra la violencia que sufren las mujeres cuando son criminalizadas por participar activamente en las luchas sociales. Luchamos contra la violencia doméstica y sexual que es ejercida sobre ellas cuando son consideradas como objetos o mercancías, cuando la soberanía sobre sus cuerpos y su espiritualidad no es reconocida. Luchamos contra el tráfico de mujeres, niñas y niños.

Defendemos la diversidad sexual, el derecho a autodeterminación de género, y luchamos contra la homofobia y la violencia sexista.

Movilicémonos todos y todas, unidos, en todas las partes del mundo contra la violencia hacia la mujer.

Luchamos por la paz y contra la guerra, el colonialismo, las ocupaciones y la militarización de nuestros territorios. Las potencias imperialistas utilizan las bases militares para fomentar conflictos, controlar y saquear los recursos naturales, y promover iniciativas antidemocráticas como hicieron con el golpe de Estado en Honduras y con la ocupación
militar en Haiti. Promueven guerras y conflictos como hacen en Afganistán, Iraq, la República Democrática del Congo y en varios otros paises.

Intensifiquemos la lucha contra la represión de los pueblos y la criminalización de la protesta y fortalezcamos herramientas de
solidaridad entre los pueblos como el movimiento global de boicot, desinversiones y sanciones hacia Israel. Nuestra lucha se dirige también contra la OTAN y por la eliminación de todas las armas nucleares.

Cada una de estas luchas implica una batalla de ideas, en la que no podremos avanzar sin democratizar la comunicación. Afirmamos que es posible construir una integración de otro tipo, a partir del pueblo y para los pueblos y con la participación fundamental de los jóvenes, las mujeres, campesinos y pueblos originarios.

La asamblea de movimientos sociales convoca a fuerzas y actores populares de todos los países a desarrollar dos acciones de movilización, coordinadas a nivel mundial, para contribuir a la emancipación y autodeterminación de nuestros pueblos y para reforzar la lucha contra el capitalismo.

Inspirados en las luchas del pueblo de Túnez y Egipto, llamamos a que el 20 de marzo sea un día mundial de solidaridad con el levantamiento del pueblo árabe y africano que en sus conquistas contribuyen a las luchas de todos los pueblos: la resistencia del pueblo palestino y saharaoui, las movilizaciones europeas, asiáticas y africanas contra la deuda y el
ajuste estructural y todos los procesos de cambio que se construyen en América Latina.

Convocamos igualmente a un día de acción global contra el capitalismo el 12 de octubre donde, de todas las maneras posibles, rechazaremos ese sistema que destruye todo a su paso.

Movimientos sociales de todo el mundo, avancemos hacia la unidad a nivel mundial para derrotar al sistema capitalista!!

Nosotras y nosotros venceremos!!!

viernes, 4 de febrero de 2011

Refundar el capitalismo, aquella broma macabra

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA Sociólogo 23/01/2011 08:50 Actualizado: 23/01/2011 09:56

Cuando estalló la actual crisis económica y se hicieron evidentes sus causas y la rapacidad de quienes se habían beneficiado de ella, cualquier analista con dos dedos de frente, incluso los que habían participado en la orgía especulativa en la que se gestó, comprendió que no era en los errores o los delitos de agentes económicos donde radicaba la responsabilidad principal sobre lo que estaba pasando, sino en el propio sistema.
La mayoría de los dirigentes políticos aunque no todos tenían esos dos dedos de frente, y lo comprendieron también. Los menos atrevidos lo dijeron en voz baja; pero algunos de los más poderosos como Obama y Sarkozy no tuvieron inconveniente en decirlo en voz alta, y al calor de la indignación que les producía el espectáculo se olvidaron de reprimir la lengua. "Hay que refundar el sistema", fue la consigna que transmitieron. Eso quería decir y lo dijeron también: hay que terminar con la desregulación de los mercados; hay que controlar la proliferación de un capitalismo financiero basado en la especulación con activos ficticios que multiplican exponencialmente la economía real, se adueñan de ella, la pervierten y la arruinan; hay que imponer tasas a las transacciones financieras y a los beneficios especulativos; hay que acabar con los paraísos fiscales; hay que poner coto a la codicia de los administradores y evitar que persigan su propio beneficio como único criterio de gestión; hay que recuperar la intervención pública en la economía, tanto para los estados como para los organismos internacionales; hay que imponer códigos de conducta ética a los agentes económicos Etcétera, etcétera.

Los límites del sistema

Lo que ha pasado luego parece la clase práctica de un curso básico de marxismo. La clase en la que se aprende, con ejemplos prácticos, cuáles son los límites del sistema y quién manda realmente aquí.
¿Eran cínicos Obama y Sarkozy cuando proclamaron su convicción en que había que refundar el sistema y su decisión de hacerlo? No creo. Como Zapatero y otros políticos europeos que creyeron que esa refundación era posible y se sumaron a ello, todos ignoraron, por un momento, los límites del sistema y la correlación de fuerzas que determina quién manda realmente en él.
Los políticos europeos ignoraron la correlación de fuerzas
Aparentemente son las multinacionales quienes protagonizan el capitalismo moderno. Según un documento reciente de la OMC, las 500 mayores controlan más del 70% del comercio mundial. Pero quien manda en ellas, en la mayoría de los casos, son los capitales financieros: hedge funds, sociedades de capital riesgo, fondos de pensiones, fondos soberanos y otros capitales especulativos, muchos estrechamente vinculados a los bancos y a las grandes fortunas.
De las decisiones que tomen estos capitales dependen la estabilidad de las divisas, las deudas de los estados y las fluctuaciones de los precios internacionales de todos los productos estratégicos y de consumo básico. De esas decisiones depende que las divisas se deprecien o se aprecien con independencia de su economía real, que los estados quiebren o tengan que dejar de prestar servicios públicos y someter a su población a drásticos programas de austeridad, que se hunda el valor de las exportaciones de unos países o que se multiplique el precio de productos básicos de los que depende la alimentación de cientos de millones de personas. Son esos capitales quienes mandan. Las organizaciones económicas internacionales están a su servicio y marcan al mundo las políticas que a ellos convienen. Y los estados, dentro del sistema, no pueden nada frente a su poder: tanto a su poder económico, que podría hundir la economía de cualquier país, como a su capacidad para comprar voluntades políticas, medios de comunicación, instituciones y grupos de presión que manipulen según sus intereses a parlamentos y opiniones públicas. Esto, en cuanto a la correlación de fuerzas, es decir, a la cuestión de quién manda aquí.

La búsqueda del beneficio

Pero si ponemos entre paréntesis ese aspecto decisivo, y nos preguntamos si sería posible refundar el sistema de modo que se evitasen las crisis y se moralizase la economía, nos topamos enseguida con límites infranqueables, porque son los límites del propio sistema. Como saben hasta los niños, la clave del sistema capitalista es el beneficio privado; todo el sistema se asienta en la valorización de los capitales. Cada uno tratará de obtener de la aplicación de su capital el máximo beneficio posible e irá a buscar ese beneficio allá donde se pueda encontrar, con independencia de las consecuencias sociales que de ello deriven. No puede actuar de otra manera, porque compite con los demás capitales que actúan con el mismo criterio, y sus accionistas le reclamarán que los beneficios estén a la altura de los que consiguen los demás.

El sistema no se puede moralizar ni refundar; o se cambia o se sufre

Hace ya mucho tiempo que el capital financiero dejó de ser un mecanismo auxiliar en la arquitectura del sistema capitalista, necesario para facilitar la circulación y la asignación de los capitales en la producción de bienes y servicios. Desde hace más de un siglo es la pieza clave del sistema. Desde los años noventa, en EEUU, los beneficios del sector financiero superan a los de toda la industria. Desde hace décadas las finanzas son el principal protagonista, el que ha configurado todo el sistema según su conveniencia y el que domina por completo el conjunto. Hoy el sistema capitalista es el sistema de las finanzas internacionales y sus estructuras lo vertebran. No hay más sistema capitalista que este.
Volvamos a Obama y Sarkozy. Lo que pasó después es bien conocido, aunque quizás no haya sido bien expresado. Los mercados se impusieron a los gobiernos, se dice. Pero los mercados es un eufemismo tras el que se amparan aunque no se oculten las finanzas internacionales. No son los mercados básicos de cualquier economía mercantil, en los que concurre la oferta y la demanda de bienes y servicios, ni siquiera el mercado de capitales que asiste a la economía real en su funcionamiento. Son exclusivamente los mercados financieros en los que se trafica con divisas, con deuda pública y, sobre todo, con derivados que multiplican ad infinitum obligaciones y beneficios futuros convertidos en títulos que se crean exclusivamente para especular con ellos.
Los grandes capitales que operan en estos mercados no compran ni venden activos reales, sino la oportunidad de beneficios que se lograrán manipulando su oferta o su demanda, mediante operaciones que subirán o bajarán artificialmente el precio según convenga. Cómo se hace esto no es tema para este artículo. La cuestión es que se hace. Y vaya si se hace. El año pasado las transacciones financieras fuera de los mercados (OTC) se elevaron a 615 billones de dólares, más del triple de la riqueza del mundo entero y unas diez veces el PIB mundial. Y los activos de las 50 mayores corporaciones financieras transnacionales sumaban 54 billones de dólares, triplicando el PIB de toda la UE.

Fin de fiesta

Fueron los grandes capitales financieros internacionales directamente o a través de organismos que representan sus intereses y aplican sus criterios, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Europeo los que recordaron a los gobernantes los límites de su poder.

Hoy el sistema capitalista es el de las finanzas internacionales

En el segundo trimestre del año pasado intervinieron en la verbena de los políticos y se acabó la fiesta. Primero habían forzado a los gobiernos a gastar sin tasa nuestro dinero en su beneficio, porque no podíamos permitir la quiebra del sistema financiero a la que ellos nos habían conducido, permitiéndoles a la vez largar todo lo que quisieran sobre lo que harían después. Y luego, cuando se recuperaron los grandes beneficios y el negocio as usual, mandaron callar y ordenaron a los gobiernos que pusieran a la población firmes, le vaciaran sus bolsillos y le ajustaran el cinturón. Siempre, claro está, a través de la voz ventrílocua de los mercados.
Cómo va a quedar esto, lo veremos. Probablemente, con retoques cosméticos o sin ellos, entraremos en una nueva fase, sin nada que se parezca a una refundación del sistema o a una moralización de la economía. El sistema no se puede moralizar ni refundar; o se cambia o se sufre.

jueves, 3 de febrero de 2011

¡Viva la gran rebelión de las masas árabes!

¡Viva la gran rebelión de las masas árabes!

¡Viva el pueblo de Egipto en lucha!

El mundo árabe está conmovido por una inmensa y espectacular rebelión popular. Iniciada hace apenas semanas en Túnez, se ha ido extendiendo, aunque en forma muy desigual, a todos los países de la región, en primer lugar a Egipto.

La velocidad pasmosa con que se han propagado las llamas de esta rebelión, demuestra varias cosas. Primero, que los pueblos árabes, aunque fragmentados en múltiples estados, conservan un grado de unidad e identidad notables, con grandes y veloces “vasos comunicantes”. Pero también, y no menos importante, demuestra que esos pueblos están frente a terribles problemas y enemigos comunes.

Bajo dictaduras monstruosas (como la que cayó en Túnez y la que hoy está vacilando en Egipto), los pueblos árabes se están hundiendo cada vez más en la miseria y la degradación social, una situación hoy agravada brutalmente por la crisis capitalista mundial. ¡En Egipto, desde el 2007, los pecios de los alimentos han subido un 800%!

La chispa que desde Túnez desencadenó este incendio internacional, retrata con exactitud la situación política y social: la inmolación de Mohamed Bouazizi, un graduado universitario desempleado que era vendedor ambulante, y al que la policía de la dictadura había privado del carro de verduras con que se ganaba la vida.

Un columnista de la prensa “seria” del imperialismo yanqui comprueba preocupado que en Egipto “desde hace décadas la furia del pueblo ha estado ardiendo sin llamas bajo la superficie”.[New York Times, 28/01/11] ¡Hoy, como un volcán, la “furia del pueblo” está haciendo erupción en un país tras otro!

Pero los pueblos árabes no sólo comparten situaciones políticas y sociales cada vez más intolerables, sino que también tienen los mismos enemigos, que se benefician de su miseria y opresión. Son las miserables burguesías, su personal político y militar, y por encima de ellos, sus amos: en primer lugar, el imperialismo yanqui (con su enclave colonial del Estado de Israel) y también las antiguas potencias colonizadoras europeas, como Francia que sigue operando en el Magreb.

Egipto, epicentro de la rebelión

Lo trascendental es que, en estos momentos, el epicentro del terremoto está en Egipto, el país más importante del mundo árabe y que también marcó su rumbo político durante el siglo pasado. Con Nasser fue la capital del nacionalismo laico, cuando se presentaba como “antiimperialista” y combatía a Israel. Luego, con Sadat y Mubarak, marcó el record de la capitulación y el entreguismo al imperialismo yanqui e Israel.

Ahora, la caída de la infame dictadura de más de tres décadas de Mubarak –el principal sátrapa de EEUU e Israel junto con el monarca de Arabia saudita– sería un golpe terrible, cambiaría toda la situación del mundo árabe.

Además, en Egipto existe una clase obrera más fuerte e importante que otros países de la región. A pesar de la dictadura (y los burócratas sindicales a su servicio), sectores obreros han venido haciendo huelgas e incluso manifestaciones políticas, por ejemplo en junio pasado en apoyo a Gaza y en protesta contra los ataques de Israel y la complicidad de Mubarak.

Asimismo, en Egipto existe un inmenso sector juvenil: el 40% de la población tiene entre 10 y 29 años.[Al-Masry Al-Youm, 16/02/10] Una parte importante de esa juventud tiene diversos grados de educación, incluso universitaria.

Pero la perspectiva de la gran mayoría de esta franja de más de 30 millones de jóvenes (incluso de los que han recibido buena educación) es la de no conseguir trabajo o vegetar en empleos precarios y miserables. La educación, inclusive la de más alto nivel, ya no garantiza empleos privados ni estatales. A eso se agrega el régimen dictatorial odioso y asfixiante, que maneja todo con las reglas de un clientelismo corrupto y mafioso, y que reprime cualquier expresión libre de la juventud, incluso las que no lo cuestionan directa y políticamente.

No es sorprendente que este multitudinario sector juvenil –al igual que en Túnez– fuese el detonante y también la vanguardia de la rebelión.

La prensa ha distorsionado esto, poniendo por la nubes a Facebook o Twitter, cuando en verdad no se trata sólo de los medios de comunicarse, sino de quiénes y para qué los usan. Es decir, qué contenido social y político transmiten.

A estos amplios sectores juveniles se agregaron cientos de miles de egipcios provenientes de distintos sectores sociales, desde trabajadores y desocupados hasta capas medias, profesionales y burgueses excluidos de la clientela del régimen.

El peso notable de los sectores laicos

En Túnez y luego en Egipto, la rebelión ha abierto también un perspectiva ideológica nueva, que puede ser de inmensa importancia política para la región y también para el socialismo revolucionario.

En el mundo árabe después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se produjeron simultáneamente la “descolonización” y la instalación del enclave imperialista de Israel, se sucedieron dos “oleadas” ideológicas y políticas. La primera fue la del nacionalismo burgués “antiimperialista” y laico, cuyo paradigma fue Nasser en Egipto.

Tras la degeneración política, ideológica y moral de todos los nacionalismos laicos (desde Argelia a Iraq y desde Egipto a Palestina), tomaron el relevo las distintas corrientes “islamistas”. Aunque en Egipto no llegaron a tomar el poder, constituyeron corrientes muy importantes y El Cairo fue también uno de sus centros ideológicos.

Hoy, la rebelión iniciada en Túnez y potenciada en Egipto muestra un fenómeno nuevo, que quizás, si el proceso avanza y logra triunfos, puede marcar una tercera fase, distinta a la del ya degenerado nacionalismo laico y a la posterior del “islamismo” retrógrado.

Un fenómeno nuevo, expresión regional de que el “signo de los tiempos” a nivel internacional tampoco es el mismo que dos o tres décadas atrás, cuando en plena expansión del neoliberalismo y de la llamada “muerte del islamismo”, el terreno estaba fértil para estas corrientes mayormente retrógradas.

Sin embargo hoy, ni en Túnez ni en Egipto, los “islamistas” estuvieron a la vanguardia ni tuvieron la iniciativa. En Egipto, la principal organización islamista –la Hermandad Musulmana, que en verdad viene haciendo de “oposición de Su Majestad” a Mubarak– esperó hasta el viernes 28 para llamar a manifestar, cuando ya medio mundo estaba en las calles.

Al parecer, gran parte de la juventud que salió a la lucha es laica e “ilustrada”, lo que se refleja en las declaraciones, reportajes y mensajes en las “redes sociales”.

Si este inmenso proceso avanza y logra triunfos, podría darse un cambio importante del panorama ideológico en el mundo árabe, con espacios cualitativamente mayores para las diversas corrientes laicas.

Esto sería una oportunidad inédita para el socialismo revolucionario. El mundo árabe no sólo estuvo “bloqueado” por esas barreras del nacionalismo laico y el islamismo retrógrado, sino también por el desastre de que el “marxismo” estuvo representado por las corrientes stalinistas. Ahora puede abrirse otra perspectiva de relanzamiento de la pelea por auténticas corrientes socialistas y revolucionarias.

Dos políticas del imperialismo y las burguesías árabes para derrotar la rebelión en curso

Lo repentino e inesperado del proceso ha provocado confusión y divisiones en los imperialismo y sus sirvientes de la región.

En relación a Egipto –que es la clave de la situación– Washington y sus lacayos nativos aún vacilan entre dos políticas contrarrevolucionarias: seguir sosteniendo al insostenible régimen de Mubarak o apostar a la trampa de una transición “democrática”. Al momento de escribir esta declaración, es lo que se está discutiendo rabiosamente en la Casa Blanca y el Pentágono, y también, por supuesto, entre sus lacayos de El Cairo, especialmente, los militares.

Sostener a toda costa a Mubarak, exigiría una represión aún más sangrienta, posiblemente con miles de víctimas. Aunque esto al imperialismo le tiene sin cuidado, la represión a toda costa no le da plenas garantías de éxito, ni siquiera a corto plazo. Las consecuencias serían que si la dictadura cae finalmente, el odio de las masas apuntaría directo al imperialismo yanqui. Y hasta ahora, aunque ha habido expresiones antiimperialistas, los manifestantes no han apuntado mayoritaria ni principalmente a EEUU. Incluso hay toda una franja que parece tener esperanzas en la charlatanería “democrática” de Obama & Cía.

La otra salida ya delineada es la trampa de la “transición” a la “democracia”. El imperialismo y la burguesía egipcia ya tiene un buen candidato para encabezar esta estafa: el “premio Nóbel de la paz”, Mohamed el-Baradei, ex funcionario de la ONU –director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA)–.

La subida de el-Baradei con un “gobierno de transición” podría calmar las aguas en lo inmediato, pero iniciaría un proceso temible: se abrirían las puertas a los reclamos de los trabajadores, la juventud y las masas populares, que actuarían con el sentimiento triunfante de haber derribado a una de las peores dictaduras del mundo. O sea, puede abrir un curso de crecientes luchas y radicalización política, porque ni el capitalismo egipcio ni su amo yanqui están en condiciones de satisfacer sus exigencias.

Asimismo, sería un ejemplo potencialmente devastador para el resto de los títeres de EEUU-Israel y Francia, desde Arabia Saudita y Yemen hasta Argelia y Marruecos.

La lucha por una salida obrera, juvenil y popular independiente

En esta situación, que además puede abrir una oportunidad histórica para el socialismo revolucionario en el mundo árabe, lo central es impulsar y desarrollar todos los elementos e iniciativas independientes de todas las corrientes burguesas, sean laicas o “islamistas”: ¡Nada de “islamistas” ni de políticos burgueses “laicos”, como el-Baradei!

La autoorganización independiente de la juventud y los trabajadores para tirar abajo a la tambaleante dictadura y luego para enfrentar cualquier trampa “democrática” aparece como la necesidad central. ¡Ése es el primer eslabón de cadena de la que hay que tirar!

En esa perspectiva, una demanda inmediata y fundamental es la de absoluta libertad de organización y propaganda política, en primer lugar para las corrientes de la izquierda y del socialismo o revolucionario.

Para que pueda abrirse un nuevo ciclo político en el mundo árabe, es imprescindible acabar con lo que ha sido el rasgo común de todos sus regímenes (incluso de los que se decían “socialistas”, como Nasser o el FLN de Argelia): la ausencia total de libertades políticas y de pensamiento, especialmente para la izquierda.

Es en ese marco de ausencia de libertades políticas que todos esos gobernantes –hasta los que posaban de “antiimperialistas”– podían responder con la represión más brutal a cualquier reclamo obrero y popular.

Este es el primer paso para que la rebelión de Túnez, Egipto y demás países árabes pueda abrir allí una nueva era en la perspectiva de una salida obrera y socialista.

Solidaridad mundial con la rebelión árabe

Por último, en todos los países del mundo y en especial en EEUU y Europa, los trabajadores y la juventud tenemos una tarea fundamental: la solidaridad con las masas árabes en lucha, concretando esto en comenzar a impulsar movilizaciones de protesta a los consulados o embajadas de Egipto y demás países árabes.

¡Exijamos a todos los gobiernos que cesen su apoyo a las dictaduras genocidas de Egipto y de todo Medio Oriente!

¡Basta de represión, fuera ya Mubarak, por una salida autoorganizada, democrática, obrera y socialista!

martes, 1 de febrero de 2011

APOYEMOS LA LUCHA DEL PUEBLO TUNECINO



¡Por el triunfo de las Revoluciones tunecina y egipcia! ¡Que nadie se apropie de esta victoria!

¡Concentración en apoyo a la lucha tunecina y egipcia en Sol el miércoles 2 de febrero a las 19h!

“Derroquemos a los dictadores y sus dictaduras”

La Revolución continúa en Túnez, y se extiende a Egipto, los ciudadanos y ciudadanas siguen en las calles reivindicando un verdadero gobierno del pueblo y para el pueblo donde no tengan cabida los esbirros del régimen.
El pasado día 13 de enero, después de un mes de revueltas cada vez más fuertes en todo el país, el dictador Ben Alí tuvo que rendirse ante las evidencias: el pueblo tunecino no iba a echarse atrás a pesar de la represión, los disparos, las detenciones, la tortura. Veintitrés años son suficientes, ya era demasiada la indignación. Por eso, cuando esa misma noche el dictador declaró en televisión que se había equivocado, que se disculpaba y que prometía no presentarse a las elecciones de 2014, el pueblo salió a la calle con más rabia y más valor que nunca. Durante años el pueblo tunecino lo ha ido perdiendo todo: desde el empleo y la libertad de expresión, hasta la dignidad. Y sólo cuando comprendieron que ya no tenían nada que perder, perdieron de repente lo último que les quedaba: el miedo. A partir de ese momento el pueblo tunecino sólo tuvo cosas que ganar. Por eso, esa noche, miles de personas rompieron el toque de queda, exigiendo la marcha del dictador bajo una lluvia de balas. A la mañana siguiente, la llamada de la UGTT a la huelga general fue un rotundo éxito, y la manifestación pacífica convocada por la mañana reunió en el centro de la capital a decenas de miles de personas. Pocas horas después, el dictador, ante el definitivo fracaso de su estrategia, ordenó a la policía disparar sobre la multitud. Los y las manifestantes se vieron obligados/as a refugiarse en las casas vecinas, mientras que las fuerzas represoras detenían, torturaban, violaban y asesinaban indiscriminadamente a los que no conseguían escapar. A pesar de todo, el pueblo no cedió en su determinación de derrocar al régimen, y esa misma tarde se confirmó la esperada huida de Ben Ali del país. Su lugar se vio inmediatamente ocupado por su primer ministro, prueba de que su partida era solo provisional y de que las cosas en absoluto habían cambiado. Esa misma noche las calles se llenaron una vez más de manifestantes pidiendo su destitución y la aplicación del artículo correcto de la Constitución que, en caso de «situación vacante de la Presidencia de la República por muerte, dimisión o impedimento absoluto», obliga al Consejo a nombrar al presidente del Parlamento como presidente interino del país. Y lo consiguieron. Dos “presidentes” en 24 horas, dos victorias en un día. Pero cuando vieron que el gobierno provisional formado por el parlamento era sólo una fachada de transición democrática, donde los ministerios de más relevancia eran ocupados por miembros del antiguo régimen, esbirros de la dictadura que les había reprimido y silenciado durante tantos años, decidieron, una vez más, no darse por vencidos/as. Por eso ya hace más de una semana que el pueblo de Túnez sigue concentrándose en las calles y en las plazas, cada vez más numerosos, cada vez más radicales. Ya no sólo piden pan: piden dignidad. Ya no sólo piden libertad de expresión: piden poder para el pueblo. Los barrios se organizan en comités populares, los obreros y obreras ponen a sus patrones en las calles y toman el control de las fábricas y empresas, los sindicatos convocan huelgas indefinidas, los y las estudiantes se lanzan a las calles. Desde las zonas rurales, las más empobrecidas, miles de hombres y mujeres están llegando a la capital para seguir manifestándose contra un gobierno ilegítimo, el residuo podrido de la dictadura.

El pueblo tunecino no habla de cambio, es una palabra que no les suena demasiado bien: así llamaba el dictador derrocado al Golpe de Estado con el que tomó el poder en 1987. El pueblo tunecino habla de democracia, en el sentido más puro y original de la palabra. Habla de Revolución, con todo lo que eso conlleva.

Y mientras los medios de comunicación tratan de convencernos de que en Túnez la democracia ha triunfado, de que reina la libertad de expresión y de que ya está todo hecho en un país que durante dos décadas hemos ignorado, los tunecinos y las tunecinas no callan. Mientras Obama y Merkel felicitan al pueblo tunecino por su valor, ese mismo pueblo se niega a llorar a sus mártires mientras no se realice lo que tantos piden desde hace tanto tiempo. La burguesía afrancesada se da por satisfecha con la nueva y relativa libertad de expresión y con los cambios prometidos por el gobierno provisional; l@s obrer@s, l@s campesin@s, l@s estudiantes parad@s y precari@s, l@s trabajador@s de las zonas rurales, l@s sindicalistas, l@s militantes de izquierdas y de los partidos ilegalizados por el régimen, mayores víctimas de la dictadura, verdaderos artífices de esta Revolución, duermen desde hace noches en las plazas y permanecen todo el día en las calles para seguir gritando reivindicaciones que aún no han sido respondidas. Lo dicen ellos/as mismos, que han demostrado en estos días ser los/as más radicales y conscientes a pesar de su aparente falta de educación política: la Revolución no se hace en un día, es un proceso largo y no podemos perder ni un solo minuto, porque nos arrebatarán esta victoria que tanta sangre nos ha costado y en la que aún queda tanto que ganar. Túnez no se rinde. Porque la lucha se ha librado en las calles, y en las calles se celebrará la victoria, antes que en Internet. Y ahora más que nunca es el momento de seguir luchando, porque aunque hemos ganado la batalla, aún están a tiempo de ganarnos la guerra.

Unos días después de la revolución tunecina se ha desencadenado otra revuelta popular en Egipto, que está desafiando la tiranía del dictador Mubarak, cuya reacción ha sido la de sacar los tanques a la calle. El pueblo egipcio está emulando al tunecino y ha perdido el miedo: quieren el fin de la dictadura y la salida del tirano del país. La solidaridad con el pueblo egipcio es también muy necesaria en estos momentos. En otros países ( Yemen, Argelia,…) también están produciéndose movilizaciones fuertes, que pueden transformarse en revueltas en los próximos días.

Por lo tanto, ante las noticias falsas o incompletas que nos dan los medios de comunicación, frente a los que creen que esto ya ha terminado y que no queda nada por hacer, frente a los que piensan que los pueblos que piden, y siguen pidiendo, “dignidad, trabajo y libertad” se van a dar por satisfechos con máscaras de democracia avaladas por los Estados Unidos y una libertad de charanga y pandereta:

Demostremos nuestro apoyo al pueblo tunecino y egipcio y al resto de países árabes que se están levantando y a sus Revoluciones, ¡acudamos todas a la concentración en Sol el día 2 de febrero a las 19h! Las dictaduras siguen impunes, ¡la lucha continúa!
Convocan: Ecologistas en Acción, Izquierda Anticapitalista, Cristian@s de Base, En Lucha, ATTAC, Sodepau-Catalunya, Casapueblos, Solidaridad Obrera, Corriente Roja,Co.Bas , Izquierda Castellana, Plataforma de Apoyo Político al Pueblo Saharaui, CGT, Comité de Solidaridad con el África Negra UMOYA, Fundación Hijos del Máiz, Vía Democrática, Asoc. Marroquí de Derechos Humanos-Madrid, Asambl