viernes, 5 de octubre de 2018





Entrevista a Juan Carlos Mestre, poeta, grabador y músico español.
La verdadera historia del arcoíris del “No”
Por Ivo Maldonado



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A propósito de una conversación llena de lugares y recuerdos logré desenterrar la verdadera historia del arcoíris en la campaña del plebiscito de 1988. A la fecha varios se han atribuido su autoría, pero para su creador lo importante es que se hizo en la ciudad de Concepción y que tenía que ver con un acto de dignidad más que con un tema político. Fue en su departamento de Madrid donde sostuvimos esta conversación que había sido concertada por intermedio de un amigo en común, el escritor español Antonio Crespo Maseau. Fueron varios meses de espera, semanas antes Mestre como le gusta que le llamen, había sido internado en la clínica por problemas de salud. A pesar de todo, él quiso reunirse y contarme como quien cuenta un secreto, casi en silencio, su participación en el histórico afiche.

Juan Carlos Mestre (Villafranca, León, España, 1957). Se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad de Barcelona. Publicó su primer poemario el año 1982 “Siete poemas escritos junto a la lluvia”, al que le siguió “La vida de Safo”, pero se consolidó con la obtención del Premio Adonais en 1985 por el poemario “Antífona del otoño en el Valle del Bierzo”. En 1987 se estableció en Chile por pocos años, donde publicó “Las páginas del fuego”. De regreso en España obtuvo el Premio Jaime Gil de Biedma 1992. Fue becado por la Academia de España en Roma, donde escribió “La Tumba de Keats” que fue galardonado con el Premio Jaén de poesía, 1999. Pero Mestre ha simultaneado su creación poética con las artes plásticas. Como grabador ha obtenido la Mención de Honor, 1999 en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía, y en la VII Bienal Internacional de Grabado de Orense (2002). Ha editado numerosos libros de artistas, como el Cuaderno de Roma (2005), versión gráfica de La tumba de Keats. Su colaboración con otros creadores y músicos como Amancio Prada o Luis Delgado, ha sido recogida en varias grabaciones discográficas. Recibió el Premio Nacional de Poesía por La casa roja, publicado en 2008. El año 2009 publica Extravío en la luz, donde se reúnen sus grabados y los poemas de Antonio Gamoneda (Premio Cervantes de España). Su último libro publicado es La bicicleta del panadero (2012).
 “No sé por qué te digo todo esto, te lo digo muy melancólicamente, me conmueve mucho hablar de Chile, me produce un profundo vértigo, a mis conmovedores amigos que recuerdo. Son tantos los días en el sigilo de la noche, en la discreción que viví. Trabajaba en la Universidad de Concepción, hacía lo que podía. Hoy se puede contar, en aquel entonces, uno se ponía su chaqueta y salía a las sonrisas de las calles ciudadanas, pero había otra vida secreta como la poesía detrás de las palabras, lo que ocurría secretamente en las noches, las reuniones, las imprentas clandestinas, el taller donde uno trabajaba oculto, lo oculto… Me sentí cercano en aquella época que viví en Chile, de algunos amigos, Arinda Ojeda por ejemplo… Se llegó a convertir en un símbolo de la resistencia intelectual contra el fascismo, la visité muchas veces en la cárcel de Coronel, sacamos muchas veces papelitos pegados al paladar envueltos en papel scotch con sus poemas para después publicarlos. Teníamos un programa en Radio Regional de Concepción, donde las presas lo escuchaban sacando un palito con una antena de las celdas por las noches. No me estoy refiriendo a estructuras políticas sino a los sueños, a los grandes desafíos, frente a los que el poder sigue tratando de ponerles la etiqueta de alternativas políticas. Estamos hablando del derecho ideológico a la felicidad y ese es el derecho también lingüístico a la poesía, porque la poesía tal vez sea el lenguaje de la delicadeza humana, y yo frente a los actos de fuerza, frente a una fuerza entendida exclusivamente y hecha para reprimir y no para defender al ciudadano, sólo entiendo la fuerza como algo concebido para poder defender al ciudadano. La poesía es la teoría menos humillante de la historia, así como la política nos ha humillado con pactos siniestros que han significado la pérdida de derechos civiles. No conozco ningún poema que haya humillado a nadie, es posible que sean inocuas nuestras palabras, pero jamás han conducido a alguien al límite del abismo, han descrito el abismo. Esta vinculación entre poesía e ideología es un acto de legítima defensa contra la soberbia obstinación del poder para mentir. La poesía nos recuerda que las palabras han sido hechas para ayudar construir la casa de la verdad y no para destruirla, y creo que en la casa de la verdad de Chile está habitada por las palabras que algún día puso sobre la mesa arrojada por el océano a las playas de la utopía; Pablo Neruda, Víctor Jara, Miguel Enríquez o Jorge Teillier, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Alinda Ojeda o Gilberto Triviños.

El alto concepto de la libertad, no esa libertad secuestrada en su significado por los signos patrióticos y las marchas militares.


Recuerdo que discutíamos cómo podía ser la idea de la campaña del No. Había compañeros que decían que había que sacar las banderas rojas, había ideas de todo tipo. Yo pensaba que había que decir un No que transformara de alguna manera. Que estuviera vinculado a esa delicadeza de lo que se ofrecía frente a los actos de fuerza, porque ya se iba a encargar el régimen de sacar y manipular las imágenes de los coches ardiendo y de las barricadas previas a las algaradas del año 1973. Entonces se discutía mucho, se hacían bocetos y fotografías, había una chica, Ester Fierro, de Concepción, una magnífica fotógrafa que trabajó con nosotros, al final no había manera de llegar, cómo poder explicar la ideay una noche me puse a dibujar un cartel, el cartel decía No, con un Arcoíris. El primer cartel que salió con lo del arcoíris, que yo te voy a regalar, se hizo en Concepción, lo hizo el “Comité de las Elecciones Libres de Concepción”, y lo hice yo.Después se hicieron muchos bocetos a partir de ese afiche, hubo uno que salió en Concepción y que fue una idea que se llevó a Santiago. Porque como tú sabes, el Movimiento de las Elecciones Libres, se creó en Concepción, y lo lideró Edgardo Condeza y el primer plebiscito ciudadano de acción, se hizo en Concepción. Fue cuando a mi me detuvieron…Yo no pasé ninguna incomodidad, los que pasaron incomodidades fueron la gente que pasó torturas, los apremios. Sería un acto oscuro decir que uno ha sufrido. Yo no sufrí represión, pero vamos, ser detenido, que te pongan un cañón, que te metan en un camión, no sabes dónde te llevan. Dos días antes han tirado a unos a un acantilado, pues esas cosas te acojonan un poco. Y luego salir a las calles y ver esos miles de carteles, reproducciones del que yo había hecho, fue para mí profundamente conmovedor… conmovedor sí. Siempre me ha gustado dibujar, son cosas que yo no he contado nunca antes, a quién le iba a contar esto, que no sea una persona como tú, que le interesa la poesía, que estás vinculado a Chile, y sabes lo que es la memoria de los poetas y lo que es la poesía.


Es divertido, algunas veces que he ido a Chile he visto en el mercado de Santiago a vendedores populares ofreciendo réplicas del afiche. Son mis dibujos, hice varios, el Guamán Poma de Ayala lo rediseñé para la Vicaría de la Solidaridad. Una vez estaba en Ámsterdam en el Museo Internacional del Afiche, había una selección y estaba el del “No” y me emocionó profundamente. Yo he ido a muchas casas de Chile donde lo he encontrado pegado en las paredes del living.


La coordinadora por la libertad de los presos políticos, movimiento que nació y se lideró en Concepción, como tantas cosas que secretamente ha tenido una articulación muy radiante. Hablo del teatro universitario (TUC), hablo del Movimiento de las Elecciones Libres, que también se hizo en Concepción, como Martita Werner logró organizar y meter a la Vicaría de la Solidaridad, que era un núcleo fundamental que promovía los primeros desenterramientos; los hizo Martita Werner y María Angélica Fuentes, quien fue también después Gobernadora de Concepción, también en ese grupo estaba Tulio Cortilla (Periodista del Diario El Sur), Tito Mazorca, quien se hizo monje budista y que junto a otros amigos crearon el Movimiento Sebastián Acevedo contra la Tortura. A mí me parecía una cosa conmovedora, yo no estaba en ese movimiento, porque yo no tenía el valor para ponerme delante de los pacos. Esa era la gente que estaba trabajando en el Movimiento de las Elecciones Libres, cuando vino Alwyn, era uno más. Todavía no se pensaba, se vivía bajo la dictadura, esas primeras reuniones fueron el germen del movimiento, sin el Movimiento de las Elecciones Libres no se hubiera logrado, porque había muchas discrepancias respecto a sí participar o no en el plebiscito, pero posiblemente se hubiera prolongado la dictadura a unos años más y había gente que creíamos que aquello no podía durar, sobre todo para aquellos que sufrían, para los que estaban en la cárcel, para los que estaban en el punto de la mira de ser las posibles víctimas morales y físicas del horror, no se podía esperar ni un día más. Después ya se discutiría lo que fuera, pero había que acabar con aquello cuanto antes, y esto tiene que ver también con la poesía como anticipación. Te cuento todo esto, para hablarte de mi visión política, mi participación era poética, siempre he creído que la poesía es una suerte de anticipación del conocimiento de la realidad”.


Ya Holderlin lo había anunciado “los poetas siempre se anticipan a la realidad y dan el fundamento de las cosas”. Ese es el concepto del vate, el que anticipa lo que va a venir y habla por los que no tienen voz.
El sueño pendiente
 “Lamentablemente han ejercido y llevado hasta las últimas consecuencias la política neoliberal sin que esto no le hayan aportado más que beneficios para el sistema financiero, pero cuando hablo de la economía lo digo en términos poéticos, porque la poética está absolutamente implicada en el diálogo con todos los segmentos sociales del pensamiento. Cuando yo pienso en la política chilena estoy poniendo rostro al ciudadano anónimo, al hombre que vive en La Victoria, en Agüita de la Perdiz, en el pescador de Talcahuano que sale cada mañana al mar a buscar un pejerrey, del inocente, del no culpable, del que no tiene otra culpa de haber nacido a la intemperie de las estrellas. No sólo en Chile sino en ninguno de los países del área, países saqueados por una pandilla de bandoleros, que son los mismos que el año 73 produjeron la gran fractura del último desafío de la utopía latinoamericana. No creo que haya sido la muerte del Che, la que pusiera en cuestión el sueño pendiente de ser soñado por las inmensas mayorías, sino que fue el asesinato de Miguel Enríquez, el último acto que ajusticio en aquella época el proyecto más noble de la esperanza social de los pueblos de Latinoamérica. Hay algo perverso y absolutamente irreformable en las estructuras económicas como las hay en los lenguajes relacionados con el poder, como hay una poesía que sólo usufructúa de los lenguajes del poder y reproduce los esquemas contemplativos y decorativos de esas banalidades entonadas que se escriben en versitos cortos en medio de una página una escritura de las metáforas que sólo cambia la realidad del sitio, frente a una escritura de las metamorfosis que nos adelante los significados del porvenir, creo que sí, que en el sueño de aquellos que Gonzalo Rojas hablaba en su poema “Cifrado en Octubre”. Me refiero a todos los Migueles, a todos los Víctor, a todas las Amandas, que silenciosamente resistieron y que hasta hoy siguen vinculados a ese sueño pendiente de ser soñado”.




Año 2012  
Entrevista a Juan Carlos Mestre, poeta, grabador y músico español.

La verdadera historia del arcoíris del “No”
Por Ivo Maldonado
e-mail: ivomaldonado@gmail.com 


lunes, 3 de julio de 2017



La Venezuela bolivariana
Crisis de una experiencia cardinal para la izquierda latinoamericana
27/06/2017 | Giorgio Boccardo y Sebastián Caviedes
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Escribir sobre Venezuela duele. En parte, porque significa dar cuenta del drama de un pueblo que por primera vez comenzaba a participar de la redistribución de sus recursos. Pero también, porque supone abordar el declive de un proceso político que ha sido referencial para la izquierda latinoamericana en las últimas décadas.
Por ello, propiciar un debate crítico y reflexivo sobre la crisis venezolana es fundamental. Lo que no implica, sin embargo, someterse al oportunismo de derecha. Ese que, tras una fachada democrática, reduce toda discusión al dilema sobre si el régimen venezolano es o no una dictadura, cuando sus intenciones apuntan a reinstalar un modelo social y políticamente excluyente como el neoliberal. Pero tampoco es responsable omitirse del debate como lo ha hecho la mayoría del pensamiento crítico, apelando a una suerte de solidaridad incondicional con el proceso, al punto de tornarse indolente con la tragedia del pueblo venezolano.
Entonces, nuestro interés por debatir sobre la grave crisis que atraviesa la sociedad venezolana, sobre los aciertos y errores del chavismo, tiene que ver con advertir lo mucho que está en juego en Venezuela, no sólo para el futuro de ese país y, por cierto, de toda América Latina; sino que para la construcción de proyectos radicalmente democráticos y alternativos al de la sociedad capitalista.

1. La crisis del puntofijismo

Entre 1958 y 1993 el orden político venezolano se sustentó en el Pacto de Punto Fijo 1/. Básicamente, consistía en que los dos principales partidos políticos, Acción Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei), de orientación socialdemócrata y socialcristiana, respectivamente, acordaron que con independencia de quién ganara las elecciones, se formarían gobiernos de unidad nacional en base a un programa mínimo y a la repartición de las instituciones estatales. Este acuerdo dio vida a una sociedad “meritocrática” que era integrada por grupos empresariales, burocracias estatales y los obreros del petróleo, en torno, precisamente, a la distribución de la renta generada por el “Estado dentro del Estado”: Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa). Pero esta “meritocracia puntofijista” excluía a una proporción considerable de trabajadores, a los campesinos y a los grupos marginales.
A fines de los años setenta, comienza una prolongada crisis económica y política. El declive de la renta petrolera mermó las capacidades del Estado para responder a las demandas de las fuerzas integradas al pacto. Por su parte, AD y Copei, se fueron tornando cada vez más en maquinarias electorales clientelares y corruptas, y se distanciaron de las bases que les dieron sustento político 2/. Durante el segundo gobierno del adeco Carlos Andrés Pérez (1989-1993), se inicia la aplicación de radicales políticas de ajuste estructural, desatando, en febrero y marzo de 1989, masivas protestas populares conocidas como el Caracazo, las cuales fueron violentamente reprimidas, terminando con centenares de muertos y miles de desaparecidos.
Las reformas fueron resistidas por la burocracia puntofijista dado que para su implementación se requería desplazarlas, así como reducir las prebendas entregadas a las clientelas, lo que desestabilizaba los delicados equilibrios de la alianza dominante. Pese a que las transformaciones se llevaron a cabo, éstas fueron incapaces de detener la crisis económica y política. De este modo, mientras en 1993 el puntofijismo destituyó a Pérez por acusaciones de corrupción, por primera vez desde 1958 se impuso en la elección presidencial un candidato que no proviene del pacto. El ex copei Rafael Caldera crea un nuevo partido socialcristiano y, en alianza con organizaciones de izquierda, gana las elecciones con un programa anti neoliberal. Pero después de sortear la peor crisis financiera de la historia del país, Caldera negocia con el FMI e impulsa la Agenda Venezuela. Con este plan, además de las ortodoxas medidas monetaristas aplicadas, se reducen drásticamente las prestaciones sociales a los trabajadores y se inician políticas de apertura e internacionalización de la industria petrolera, desatando nuevamente las protestas.
Tras pasar dos años encarcelado luego de encabezar, en 1992, el frustrado golpe de Estado que lo convirtió en referencia política nacional, Hugo Chávez es liberado. Junto al apoyo de militares, intelectuales y militantes de izquierda, inicia una avasalladora actividad política. Así, en el contexto de una sociedad profundamente dividida, en el que el sistema político se encontraba totalmente deslegitimado y se profundizaba el deterioro de las condiciones de vida de la población, Chávez funda, en 1997, el Movimiento Quinta República (MVR). El año siguiente se impone en la elección presidencial, apelando a un proyecto que le dio voz, sentido de dirección y esperanza a ese enorme malestar social.
En resumen, la transformación neoliberal desata el colapso de un sistema político corroído, que se mantenía desde el Acuerdo de Punto Fijo. Tales condiciones de vacío político explican, en parte, el vertiginoso ascenso de Chávez. Tras quince años de gobierno, el chavismo revierte varias de las reformas neoliberales y, mediante una redistribución radical de la renta petrolera, fija nuevas clientelas al Estado, las cuales sostienen un proyecto nacional y popular que, no por ello, deja de ser capitalista 3/.

2. Ascenso y desarrollo del chavismo (1999-2013)

El proyecto inicial de Chávez no se distancia en demasía de las coordenadas del populismo latinoamericano: un discurso anti imperialista, la recuperación de la soberanía nacional, la centralidad de lo estatal, un caudillo militar, modos autoritarios de poder político e importantes programas de redistribución de la riqueza 4/. La prioridad en su primer gobierno fue la convocatoria a una Asamblea Constituyente para la creación de la Quinta República. Con una amplia mayoría chavista, la nueva Constitución reafirma el carácter capitalista de la economía venezolana, con un fuerte papel del Estado, que se reserva la actividad petrolera y otras industrias de interés público o estratégico. Políticamente, se incorporan diversos mecanismos de participación que buscan profundizar la democracia. En términos económicos, sociales y culturales, se expanden significativamente los derechos.
Dada la extrema dependencia de la renta petrolera de toda la economía y del Estado venezolano, el chavismo inicia una reversión de las políticas neoliberales de los años noventa 5/. Para ello, se confronta directamente con Pdvsa, que hace años priorizaba la rentabilidad por sobre el interés nacional. Se reestructura su política tributaria, se aumenta la contribución directa de ésta con el Estado y se detiene el proceso de apertura a capitales multinacionales iniciados en la década previa. Se recupera, además, iniciativa sobre la OPEP, para controlar los volúmenes de producción internacional y así aumentar el precio del petróleo. En particular, la política de control de precios acordada con países como Irak y Libia inicia las confrontaciones entre Chávez y el gobierno de los Estados Unidos.
Dos son las leyes que mayor oposición política generan en el empresariado: la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, y la Ley de Hidrocarburos. La primera, fue un intento tardío de reforma agraria para limitar el poder del latifundio y dar cierta seguridad agroalimentaria a los campesinos. La segunda, permitió recuperar el control político y económico de Pdvsa. Ambas fueron catalogadas por el empresariado y la oposición política como un atentado a la propiedad privada.

En su segundo mandato (2001-2007), Chávez inicia la confrontación con una oposición dispuesta a utilizar todos sus medios para derrocar al gobierno. Estaba integrada por sectores militares, empresarios, los partidos puntofijistas, la “meritocracia” de Pdvsa y casi todos los medios de comunicación, además del apoyo del gobierno estadounidense. En abril de 2002 se lleva a cabo un golpe de Estado. Pero las combativas protestas populares obligan a restituir a Chávez en la Presidencia. A fines de ese mismo año, se produce el paro petrolero empresarial 6/
. Nuevamente, la resistencia popular se mantuvo a favor del chavismo, y se pudo doblegar el sabotaje opositor. Tras soportar ambos embates, y a pesar del daño producido a la economía y de la drástica reducción del ingreso fiscal, Chávez salió fortalecido. Se trató de un cambio en la correlación de fuerzas que permitió desarticular a la oposición militar y las burocracias petroleras, pero a cambio de un nuevo pacto con los grupos populares de los cuales dependía la sobrevivencia política del régimen. Si bien ya habían votado por Chávez, es al calor del conflicto que asumen que este era “su gobierno” 7/.

En los primeros años del chavismo, la crisis fiscal, la prioridad constitucional y la desestabilización causada por la oposición impidieron que mejoraran las condiciones de vida de los sectores populares. Pero dada su centralidad en la continuidad del proceso, y ad portas de un referéndum revocatorio convocado por la oposición, el chavismo volcó todas sus energías en el desarrollo de una nueva política social. Por medio de las llamadas Misiones, se implementó un radical programa de democratización de la renta petrolera, que mejoró significativamente los ingresos, la salud, la educación, las comunicaciones y el acceso a la cultura del pueblo venezolano 8/ . En contraste con las políticas focalizadas, que prevalecieron en buena parte de América Latina, el gasto social se concentró en disminuir las desigualdades, pasando a ser un componente fundamental del gasto público. En síntesis, se construyó tejido productivo y social, así como una nueva institucionalidad.
La legitimidad de la nueva política social se expresó con claridad en el referéndum revocatorio de 2004. Chávez se impuso por el 59% de los votos y, en las elecciones de gobernadores de ese mismo año, sólo pierde en 2 de los 23 estados. Al año siguiente, ante la posibilidad de ser barridos en la Asamblea Nacional, la oposición se retira de las elecciones, quedando el Parlamento constituido exclusivamente por chavistas. Para la presidencial de 2006, Chávez triunfó por casi el 63% ante el adeco Manuel Rosales.
En adelante, Chávez se consolida como figura internacional, no sólo por liderar la nueva estrategia de control de precios de la OPEP, sino por frenar la política estadounidense de subordinación latinoamericana (el ALCA) mediante la alianza con los gobiernos de Brasil y Argentina, con la creación del ALBA y otras iniciativas de integración económica y social, así como con el apoyo creciente a gobiernos como el de Bolivia y Ecuador. Se trató, en definitiva, de una significativa resistencia política y cultural a las pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos sobre América Latina, liderada por George W. Bush.
A comienzos del 2007, Chávez anunció que la “fase de transición” en Venezuela había finalizado y era el momento de avanzar en la construcción del Socialismo del siglo XXI. Para ello se requería de leyes habilitantes que le entregaran poderes extraordinarios, una reforma constitucional para declarar socialista a la República Bolivariana de Venezuela y construir el Partido Socialista Unido Venezolano (PSUV). Entre las propuestas específicas, Chávez reafirmaba la propiedad y el control del Estado sobre los hidrocarburos, la eliminación de restricciones para la reelección presidencial por más de dos periodos y la reorganización político territorial del país.
Es precisamente durante este periodo que se produce una inflexión en el proceso económico y político, cuyas consecuencias serán trascendentales para Venezuela. Pues, primero, en vez de avanzar en una diversificación productiva que hiciera al país menos dependiente de la renta petrolera y de los ciclos económicos internacionales, se apunta a fortalecer el distributivismo, así como la formación de un empresariado chavista de carácter comercial y financiero. De tal suerte, la “maldición de los recursos naturales” termina por sepultar en el largo plazo los esfuerzos de democratización social alcanzados. Segundo, Chávez termina reduciendo su propuesta de socialismo a estatismo y verticalismo. En efecto, en lugar de radicalizar la democracia política, queda preso del autoritarismo militar y, a pesar de la retórica, de las herencias del populismo y de los socialismos reales. Luego, en vez de darles más poder político a las clases populares, termina restándole poder a costa de un mayor clientelismo estatal y control burocrático del proceso.
Entonces, más allá de las dificultades propias de enfrentar a los Estados Unidos, a las fuerzas reaccionarias de oposición y las limitaciones del subdesarrollo latinoamericano, es precisamente en el momento de mayor auge del chavismo que se desaprovecha una oportunidad histórica de haber radicalizado el proceso social y político en curso. En ese sentido, Nicolás Maduro hereda condiciones sociales y políticas que estallan producto de los bajos precios del petróleo, pero que se originan años antes de su ascenso.

3. La Venezuela después de Chávez

Con la muerte de Chávez en 2013, y no existiendo ningún liderazgo similar en el PSUV, pesó en la nominación de Maduro su mayor amplitud política y vínculos internacionales para conducir la amalgama de tendencias y movimientos que convergen en la alianza chavista. Sin embargo, su ascenso al poder se produjo coincidentemente con el declive de una renta petrolera que llegó a representar cerca del 95% de los ingresos venezolanos por exportaciones, el 60% de sus ingresos presupuestarios y el 12% de su PIB. En esa pendiente, para 2015, habían caído en 40% los ingresos procedentes de la exportación de petróleos crudos y, en 2016, la deuda externa crecía en más de un 350% respecto a 1998 9/.

Junto al efecto demoledor de esta contracción económica, que dificulta al gobierno sostener los exitosos programas de redistribución social y, así, el consenso de la alianza dominante, se agudizan los rasgos autoritarios del régimen político, tanto por herencia del proceso bolivariano en su conjunto como por la incapacidad política del nuevo Presidente. Principalmente, destaca la destrucción del tejido social que apuntaló la hegemonía chavista, cuya falla de origen, agravada por la crisis económica y política, se encuentra en el modo en que se entendió la organización de base sobre la cual se asentó este movimiento, la cual fue escasamente entendida como autogestionada y autónoma, siendo más bien producto de políticas públicas llevadas adelante por el Estado venezolano 10/
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Al interior del PSUV y del movimiento chavista, ello se expresa en una cultura política que venía excluyendo, desde la época de Chávez, el debate crítico entre las bases del partido, característico en su fundación 11/. Por lo demás, un rasgo propio de estos últimos años es el incremento de la militarización del Estado y el Gobierno, posiblemente a raíz de que Maduro, al no estar vinculado orgánicamente a las Fuerzas Armadas, incorporó a más de sus miembros a posiciones de poder, como una forma de asegurar su lealtad. Así, hoy una tercera parte de los ministros (12 de 31) y gobernadores (13 de 20) son militares, y muchos otros están en lugares críticos de la economía, donde, a causa de la falta de controles democráticos, se abren condiciones para que prolifere la corrupción, especialmente en ámbitos como la asignación de divisas, los puertos o la distribución de alimentos 12/.

Además de la corrupción, viejo problema venezolano que excede a la experiencia chavista, la crisis evidencia los efectos negativos asociados al rentismo extractivista petrolero que rige a la economía. Ejemplo de ello es el sector energético, en donde la falta de inversión ha provocado cortes y restricciones en el suministro eléctrico y ha sumergido al país en un desabastecimiento de gas natural y sus derivados, aun cuando éste posee una de las mayores reservas probadas de gas convencional a nivel mundial. Peor aún, el gobierno ha declarado su interés por usar las técnicas de perforación horizontal y fracking, comprobadamente dañinas para el medioambiente y la salud, para iniciar la explotación de gas en la cuenca del Lago Maracaibo 13/. Técnicas que, paradojalmente, le han permitido a Estados Unidos lograr una relativa autonomía energética, causando un desequilibrio del mercado mundial de petróleo que ha empeorado los precios globales y ha perjudicado a la propia Venezuela 14/
. La crisis, además, profundiza la penetración del capital transnacional, como lo muestra la creación de la Nueva Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco”, que abrirá casi 112 mil km2 a la gran minería local y extranjera, bajo la supervisión y control de las Fuerzas Armadas 15/.


Atentos a la debilidad de Maduro, la misma oposición que se enfrentó a Chávez se rearticula para intentar reconstruir parte de la legitimidad perdida en 2002. Nucleados en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), en ella conviven grupos que van desde la izquierda moderada a la extrema derecha golpista, cada uno con programa propio. Por su peso en la Asamblea Nacional, las organizaciones que lideran la MUD son Primero Justicia (PJ) y Voluntad Popular (VP) 16/
, junto al viejo partido AD. Entre los miembros de PJ se encuentran el ex candidato presidencial Henrique Capriles y Julio Borges, actual presidente del Parlamento, arquetipos de la generación política que, con el ascenso del chavismo, vio frustrado su lógico paso a la política puntofijista tras ser educados en el extranjero y provenir del Copei. VP, por su parte, comandada por Leopoldo López, apela a la movilización callejera, con altos grados de violencia, al negarse a aceptar la legitimidad del gobierno y promover la intervención exterior contra Venezuela 17/.

Si bien existió, la orientación dialogante de la oposición duró hasta la entrega de los resultados de la elección presidencial de 2013. En efecto, desde la insostenible acusación de fraude electoral que realizara Capriles 18/,llamando a que provocaron 11 muertos, la radicalización de la oposición ha dado lugar a hechos brutales como los acontecidos en las manifestaciones estudiantiles de febrero de 2014, cuando López y su partido, junto a la parlamentaria María Corina Machado y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, alimentaron una protesta que dejó 47 muertos, y en la que se vio la colocación de alambres en las calles para decapitar a motociclistas progubernamentales. El llamado a hacer caer al gobierno llevó a López y Ledezma a cumplir en la cárcel una condena que, sin embargo, por obra de la ofensiva internacional liderada por el ex presidente español José María Aznar y otros ex mandatarios iberoamericanos, junto con el apoyo del secretario general de la OEA, Luis Almagro, los ha convertido, pese a sus antecedentes golpistas, en “mártires” por la defensa de la democracia y los derechos humanos /.
El gran problema de la oposición es la falta de un proyecto conjunto y alternativo al chavismo. Manifiesto quedó mientras operó la “súper mayoría” parlamentaria que obtuvo en diciembre de 2015 20/. Su oposición únicamente se ha centrado en el desmantelamiento de todo lo que se hizo antes y en la estrategia más adecuada para desbancar a Maduro, dejando de lado la búsqueda de medidas concretas para afrontar el crimen y la inseguridad, o para aliviar la crisis económica. Las pocas propuestas programáticas a su haber apelan al crecimiento de la renta petrolera, la liberalización y la ayuda que pueda brindar el FMI, lo que es poco atractivo para la sociedad venezolana, pues muchas fracciones populares creen que perderán más de lo que ya han perdido si es que la oposición llega al poder 21/. Apuntan, en definitiva, a una rearticulación del pacto elitario que gobernó durante toda la historia venezolana, levantándose contra el régimen que los excluyó del distributivismo estatal o limitó su participación en éste, y al que buscan desestabilizar por la fuerza.
Pese a ello, en el último tiempo, la crisis humanitaria en que ha devenido el deterioro del país le ha permitido a la oposición instrumentalizar a su favor la movilización popular del oeste de Caracas, bastión del chavismo, abriéndose un hiato en el indiscutible arraigo popular bolivariano. Así, mientras la oposición llama a crear un canal humanitario para solucionar la falta de insumos y medicinas, pero se moviliza sobre todo por demandas políticas como la liberación de los presos políticos o el referéndum revocatorio contra Maduro, el pueblo, en su mayoría chavista, lo hace por el hambre, la escasez de medicinas y productos básicos, y la violencia e inseguridad generalizadas 22/.
El sistema de control del tipo de cambio y de los precios, impuesto en 2002-2003 para afrontar el sabotaje económico opositor, se ha tornado disfuncional al permitir la especulación entre los sectores que controlan divisas. La crónica falta de dólares ha socavado toda capacidad económica, especialmente la importadora. En consecuencia, los mayores afectados han sido los grupos populares que dependen de los productos que el gobierno importa y que vende a precios controlados. Esto ha permitido el crecimiento del mercado negro, contribuyendo a ello la falta de una estrategia de suministro y distribución, que es otra tara del modelo de desarrollo bolivariano 23/ . Junto a estos graves problemas de desabastecimiento, los últimos datos económicos difundidos por el INE venezolano y Cepal, para diciembre de 2015, indican una inflación general de 180,9% y de una inflación de alimentos de 218,7% 24/ . En tal circunstancia, hoy crece la desnutrición, por primera vez, a causa del hambre y no de las enfermedades, al experimentar la población una pérdida de 8 kilos en promedio, en tanto aumentan quienes señalan comer dos o menos veces al día 25/.
Tras sellar definitivamente su compromiso con los sectores populares a comienzos de los dos mil, las políticas sociales chavistas empujan una disminución, prácticamente ininterrumpida, de la pobreza y la indigencia. Esta llega a su punto más bajo en 2012, cuando la pobreza alcanza un 25,4% y la indigencia un 7,1% 26. No obstante, entre 2014 y 2016 se dispara el porcentaje de hogares pobres de un 48,4% a un 81,8%, encontrándose un 51,5% del total en situación de pobreza extrema 27/. Esto evidencia la importancia que tuvo el redistributivismo de la renta petrolera, al mismo tiempo que su talón de Aquiles.

La crisis política se ha acentuado desde abril de 2017, en tanto los rasgos autoritarios del régimen se exacerban con Maduro, al punto de fracturar la propia Constitución de 1999. Ello, con la anuencia del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) 28/
. A esto se suma el aumento en la radicalidad de los enfrentamientos entre las fuerzas de choque de la oposición y del gobierno. Ahora bien, lo más relevante desde un punto de vista político es cómo esto profundiza la división al interior del chavismo. Y es que, si al comenzar el mandato de Maduro la tensión se hallaba entre una facción civil a cargo de importantes ministerios como el de Agricultura y Tierras y el de Energía y Petróleo, y otra militar, compuesta de elementos activos y retirados, varios de ellos compañeros de Chávez desde la asonada de 1992, y que se encargaban de sectores nacionales estratégicos y controlaban la Asamblea Nacional y el PSUV en la figura de Diosdado Cabello 29/ ; hoy esa división, desnaturalizando la polaridad inicial, se ensancha hacia nuevas franjas civiles y militares.

En el caso de estos últimos, gana relevancia el grupo 4F, liderado por ex compañeros de armas de Chávez, que reclaman a Maduro su distancia de cualquier proyecto revolucionario, socialista o bolivariano, al tiempo que relevan la precariedad que afecta a los cuarteles y a las familias de los militares 30/ . Por su parte, la disidencia de izquierda del chavismo -cuyo núcleo es Marea Socialista, colectivo de políticos e intelectuales chavistas críticos que antecede a la crisis actual- suma a nuevos apoyos, incluyendo a ex ministros de Chávez y Maduro, dirigentes políticos y sociales y académicos, formulando una crítica a la “ruptura del hilo constitucional” y al estado de polarización y violencia que afecta al país 31/.
Ambos grupos apuestan a la apertura de un diálogo político y social que dé lugar a un consenso nacional. Pero, para la oposición de izquierda, la alerta debe estar puesta en que el giro antidemocrático que ha dado Maduro, sumado al de la oposición, y que ha horadado la frágil institucionalidad venezolana, pueda abrir la puerta a la intervención extranjera. Esta alternativa de izquierda, de todos modos, está poco desarrollada y, en realidad, no cuenta con capacidad suficiente para liderar el proceso de transición. Más bien, la orientación que adopte este proceso sigue estando en manos de los militares, cuyo apoyo a Maduro explica en buena medida su mantención en el poder.
De tal suerte, lo que está en juego tras la muerte de Chávez, más que la democratización de Venezuela -que podría ser imputable a la mayoría de los países latinoamericanos-, es la posibilidad de que en América Latina se desenvuelva un capitalismo nacional y popular dentro de los marcos de una economía internacional de sello neoliberal. Hoy, sin embargo, la inmediata posición que debiesen defender las fuerzas de izquierda en la región es cautelar la autonomía popular en la resolución de esta crisis, evitando que de ella derive un nuevo pacto elitario, que incluso sea decidido desde fuera de las fronteras venezolanas.

4. Crítica e internacionalismo ante la crisis política venezolana

El proceso venezolano sigue sumamente abierto. En buena medida, porque no se ha producido un quiebre importante en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, las dramáticas condiciones de vida que enfrenta su pueblo pueden acelerar el curso de los acontecimientos. Dependiendo de qué fracciones del chavismo y/o de la oposición se terminen imponiendo (o pactando), el curso histórico de Venezuela puede tomar rumbos insospechados. Ahora bien, más allá de intentar predecir lo que deparará el futuro a Venezuela, nos interesa reafirmar algunas reflexiones sobre la crisis del chavismo y lo que, nos guste o no, heredan de él los esfuerzos de transformación anti neoliberal que hoy bregan por emerger en diversas latitudes del orbe.
Primero, por más atractivos que resulten los beneficios que entrega la explotación de recursos naturales para expandir la democracia social, incluso cuando son monopolizados por el Estado, esto tiene límites para el devenir de proyectos políticos de transformación: generan una extrema dependencia a los ciclos económicos internacionales, producen crisis socio ambientales en los territorios en que se explotan y, por lo general, deprimen otros sectores productivos (la llamada “enfermedad holandesa”). Ciertamente, tales críticas deben compatibilizarse con los reclamos de redistribución que legítimamente demandan sectores populares que, precisamente, son los que les dan sustento a estas experiencias.
Segundo, una vez más queda demostrado lo insuficiente que es “la toma del Estado” para avanzar en la transformación de la sociedad capitalista, aunque sea con las herramientas de la democracia liberal. La tragedia que atraviesa Venezuela nos remite nuevamente a los límites históricos de las izquierdas en el poder durante el siglo XX, las cuales, una y otra vez, han reducido el problema del socialismo al estatismo, cuando precisamente se trata de lo contrario: de socializar permanentemente el poder y de democratizar crecientemente la vida social.
Tercero, señalar que la crisis de Venezuela tendrá un enorme impacto para la izquierda latinoamericana. Su derrota significará la deslegitimación de buenas ideas que el chavismo intentó desarrollar, así como un mayor predominio de la influencia estadounidense en la región, esta vez, por la vía de Colombia, en donde mantiene instaladas bases militares. Se potencia, además, con un Brasil atravesando también una aguda crisis política.
No sabemos cómo va finalizar la crisis venezolana. Pero sea cual sea su resultado, tendremos que cargar con la pesada mochila de su legado. Tendremos que explicarla, aprender de ella, de sus aciertos y de sus errores, sin embargo, no puede ser alternativa para la izquierda ignorarla. Aunque eso nos traiga importantes costos políticos (o electorales). Como mínimo, debemos salir de ese silencio interesado, defender que nuestra crítica a Venezuela es por radicalizar sus aciertos, y no revertirlos, aprender de sus errores, pero también, embestir contra los términos que busca imponernos la reacción y el progresismo neoliberal cuyos derroteros han sido los principales responsables de las paupérrimas condiciones de vida que experimentan día a día los pueblos latinoamericanos.
En lo inmediato, la solidaridad de la izquierda latinoamericana con el pueblo venezolano debe sustentarse en su compromiso crítico con una solución anti neoliberal y democrática a la crisis, empujando para que las fuerzas que representan aquello se impongan. Con la misma fuerza, debe confrontar el carácter golpista, elitario y neoliberal que representan las actuales conducciones de la oposición. En definitiva, la conformación de una izquierda radical también pasa por recuperar el internacionalismo crítico y solidario que caracterizó a la tradición revolucionaria de nuestra América Latina.
1/ Becerra, M. (2001). El colapso del sistema de partidos en Venezuela: explicación de una muerte anunciada. En Maingón, T., Carrasquero, J., y Welsch, F. (Eds.). Venezuela en transición: elecciones y democracia, 1998-2000. Caracas: RedPol, pp. 36-51.
2/ Lander, E. (2007). Venezuela: logros y tensiones en los primeros ocho años del proceso de cambio. Gobiernos de izquierda en América Latina. Un balance político.Bogotá: Aurora, pp. 39-76.
3/ Ruíz, C., y Boccardo, G. (2015). ¿América Latina ante una nueva encrucijada? Anuario del conflicto social.
4/ Chávez, H. (1996). Agenda Alternativa Bolivariana: Una propuesta patriótica para salir del laberinto. Caracas. Recuperado de: http://minci.gob.ve/2014/03/libro-rojo/
5/ Boué, J. C. (2002). Internacionalización de PDVSA: ¿Triunfo estratégico o desastre fiscal? Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales8(2), pp. 237-282.
6/ Maya, M. L. (2003). Venezuela en la encrucijada. Revista OSAL, (9), pp. 55-60.
7/ > Lander, E. (2007). Op. Cit.
8/ Maya, M. L. (2008). Venezuela: Hugo Chávez y el bolivarianismo. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales14(3), pp. 55-82.
9/ Cepal. (2016). Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe. Santiago: ONU. Mientras en 2013 el precio promedio del crudo era de US$100, en febrero de 2016 cae a su punto más bajo al costar US$24,25.
10/ Lander, E. (2016, 12 de julio). La implosión de la Venezuela rentista. Aporrea.org.
11/ Buxton, J. (2016, julio-agosto). Venezuela después de Chávez. Entrevista. New Left Review, (99), pp. 7-29.
12/ Lander, E. (2016). Op. Cit.
13/ , J. (2014, 19 de junio). El peligroso fracking en Venezuela. Aporrea.org.
14/ Telesur. (2015, 22 de octubre). El fracking desequilibró el mercado petrolero mundial. Telesurtv.net
15/ AVN. (2016, 27 de febrero). Plan del Arco del Orinoco contempla industrializar potencial minero nacional.
16/ Son las que vehiculizan más recursos económicos, especialmente del financiamiento que Estados Unidos le viene otorgando a la oposición desde 2002, a través de agencias como Usaid y la NED. Núñez, E. (2014, 5 de abril). Usaid: ¿agencia de desarrollo o de operaciones encubiertas? BBC Mundo.
17/ Lewit, A. y Brito, G. (2016). Radiografía de la MUD: análisis sobre la oposición venezolana. Celag.org
18/ Se apuntó a la avería de 535 máquinas del sistema electrónico de votación nacional. No obstante, aun cuando sea cierta esta situación, se trata de una cantidad de votos marginal respecto al total de sufragios. Ver Rosnick, D. y Weisbrot, M. (2013, mayo). A statistical note on the April 14 Venezuelan Presidential Election and audit of results. Center for Economic and Policy Research (CEPR).
19/ Ver la “Declaración de Panamá” de 2015. Público. (2015, 9 de abril). Felipe González se alía con Aznar para atacar al gobierno de Venezuela. Público.es.
20/ Su desproporción visibilizó el fracaso del PSUV al abordar los problemas del marco electoral. El frente opositor obtuvo el 56% de los votos, mientras que el PSUV y su Gran Polo Patriótico el 41%. Sin embargo, habiendo 164 escaños en juego, 113 fueron adjudicados de acuerdo con un sistema mayoritario y los restantes 51 en razón de un sistema de lista. La súper mayoría de la MUD dependía del apoyo de tres miembros que procedían de comunidades indígenas. Pero esta se acabó cuando se descubrió que ellos estaban implicados en un fraude electoral, junto a un miembro del PSUV, siendo los cuatro inhabilitados. Ver Buxton, Op. Cit.
21/ Pardo, D. (2017, 5 de mayo). ‘Si esta es una dictadura, es la más feliz del mundo’: ¿qué piensan y cómo ven los chavistas convencidos la crisis de Venezuela? BBC Mundo.
22/ Pardo, D., Op. Cit. La confusión y la propaganda están a la orden del día en este punto. Recordada es la visible naturaleza de clase con que se inician las protestas contra Maduro, a poco de la muerte de Chávez, concentradas en las zonas más acomodadas de Caracas, donde personas exhibían sus camionetas último modelo y sus ropas de US$300. Weisbrot, M. (2014, 20 de marzo). The truth about Venezuela: a revolt of the well-off, not a ‘terror campaign’. The Guardian.
23/ Buxton, J. Op. Cit.
24/ Estos datos, ciertamente, son subestimaciones que hoy, además, se han acrecentado. Ver Cepal. (2016). Panorama social de América Latina y el Caribe, 2015. Santiago: ONU.
25/ Esto, según el acceso a una “canasta normativa de alimentos”. Ver UCV-UCB-USB. (2017, febrero). Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), 2016. Caracas: Fundación Bengoa.
26/ Cepal. (2016). Op. Cit.
27/ UCV-UCB-USB. Op. Cit.
28/ Este giro se expresa, sucesivamente, en: desconocer a la Asamblea Nacional de mayoría opositora (sobrepasada reiteradamente por las decisiones del TSJ); bloquear y postergar el referéndum revocatorio para el que la oposición había cumplido con todos los requisitos constitucionales; postergar la realización de las elecciones a gobernador de 2016; y convocar a una Asamblea Constituyente, saltándose el requisito previo del plebiscito, pasando a llevar una disposición que el propio Chávez respeto en su momento.
29/ BBC Mundo. (2012, 11 de diciembre). Un mapa del chavismo: socialistas y militares. BBC Mundo.
30/ Santacecilia, M. (2016, 30 de mayo). ¿Quiénes son las ovejas negras del chavismo? Deutsche Welle.
31/ Aporrea. (2017, 25 de mayo). Sectores fuera de la polarización hacen llamado a detener escalada de violencia. Aporrea.org.

lunes, 9 de enero de 2017

La Revolución Chilena, 1970-73

"...LA VIA PACÍFICA AL SOCIALISMO..."




La “Batalla de Chile”, como la llamó el cineasta Patricio Guzmán, fue parte de la oleada revolucionaria que se extendió a nivel mundial entre 1968 y fines de la década del ’70, y fue quizás el proceso revolucionario más agudo de Latinoamérica. 

El 4 de septiembre de 1970, la Unidad Popular gana las elecciones. La UP estaba conformada esencialmente por los Partidos Socialista y Comunista, junto a otros socios menores. Podríamos definir al gobierno de Allende como un Frente Popular, de conciliación de clases entre el proletariado y la burguesía. Pero, parafraseando a Trotsky, esta era una alianza “con la sombra de la burguesía”1. Esto fue así, porque, a pesar de que el programa de la UP planteaba una alianza con una inexistente “burguesía progresista” para “sacar a Chile del atraso”, lo cierto es que la burguesía en su conjunto estuvo desde el primer día del gobierno de Allende en la oposición, junto a la derecha; y les tocaba a los dos grandes partidos obreros reformistas de Chile la tarea de ser “abogados de la burguesía”, defendiendo las relaciones de propiedad de una clase que les era totalmente hostil. 

Desde el vamos, la derecha empieza a apelar a la salida golpista con el apoyo del imperialismo norteamericano. 



"VÍA PACÍFICA AL SOCIALISMO”



Entre las primeras medidas que toma el gobierno de Allende están la nacionalización de las minas, de sectores estratégicos de la industria y la expropiación de los principales latifundios. Estas medidas apuntaban a revertir en parte la vulnerabilidad de Chile frente al mercado mundial, ya que hasta ese entonces la principal fuente de la riqueza y al mismo tiempo del atraso país, las exportaciones primarias, estaban en manos de una burguesía decadente y antinacional. Era una política desarrollista, en parte continuadora de la del gobierno democristiano precedente, aunque un tanto más radicalizada debido a la fuerte presión de las masas. La imagen que la UP difundía de la “transición pacífica al socialismo” se basaba en estas medidas progresivas. Pero la UP las enmarcaba dentro de una etapa de revolución “democrática” en un régimen político democrático-burgués. Para esto, necesitaba frenar la movilización que estas medidas habían generado entre la clase obrera, para no ahuyentar al sector de la burguesía supuestamente “aliada” de la revolución. 



ALLENDE Y LA CLASE OBRERA



A más de 30 años del golpe de Pinochet, el PC y el PS sacan las conclusiones de que lo que falló en la UP es que fueron demasiado “izquierdistas”, que no le cedieron lo suficiente a la derecha, que deberían haber introducido en el gobierno más militares y que deberían haberlo hecho antes, y que no se ganaron a los “sectores medios”2. Pero lo cierto es que la UP socavó a su propia base social, los trabajadores y los pobres de la ciudad y el campo. O. Millas, Ministro de Economía y dirigente del PC, encabezará el desguace de la mayor parte del “área social”, enfrentándose a los trabajadores para devolver las empresas estatizadas a sus antiguos dueños (el “Plan Millas”). Cuando los obreros se movilizaban contra los patrones, se organizaban y buscaban el apoyo del que consideraban “su” gobierno, se encontraban con que éste los ilegalizaba y los tachaba de “ultras” que espantaban a los burgueses medios y pequeños, “aliados de los trabajadores” (según la UP), que en realidad eran francos golpistas. 



EL PARO PATRONAL DE 1972



Para acelerar los tiempos de la contrarrevolución, en octubre de 1972, las corporaciones patronales, solventados por la CIA y la ITT, con el falso pretexto de que el gobierno quería nacionalizar el transporte lanzan una huelga empresaria de esa rama, a la que se pliegan pequeños y medianos comerciantes, los colegios profesionales, estudiantes y sectores medios enardecidos con el gobierno. Para enfrentar a la derecha y defender a “su” gobierno, los trabajadores empiezan a organizarse en los “cordones industriales”, órganos de democracia obrera desde la base que coordinaban territorialmente a varias empresas de una misma zona, junto con pobladores, desocupados, trabajadores agrícolas. Por medio de los cordones, los obreros logran quebrar el paro patronal, organizando por su propia cuenta el transporte para que se pudiera concurrir a trabajar. También organizaron juntas de aprovisionamiento (las JAP), por medio de las cuales combatían el desabastecimiento que provocaban los comerciantes “huelguistas” y requisaban la mercadería para el pueblo. La clase obrera vive el fracaso del paro patronal como un enorme triunfo y esto la alienta a seguir extendiendo los cordones industriales. Pero frente a este resultado, la clase obrera y el gobierno van en dos dinámicas opuestas. Los trabajadores, aún confiando en el gobierno, quieren avanzar. Por el contrario, Allende y la UP empiezan un camino de retroceso y concesiones a la derecha. 
Para garantizar la transición hacia las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, Allende convoca a los militares a integrar su gobierno, en un gesto destinado a dar una imagen de una especie de “cogobierno” con uno de los pilares del poder de la derecha. Aprovechando estas concesiones, el diputado Carmona, de la DC, logra que se apruebe una ley de “control de armas”, por medio de la cual se autoriza a los militares a realizar detenciones y allanamientos a sindicatos, organizaciones populares y hasta locales de la UP para despojarlos de armas, todo esto avalado por la propia UP. Los obreros, oponiéndose a esta medida, llegaron a enfrentarse al ejército, incluso haciéndolo retroceder. Mientras tanto, el grupo fascista Patria y Libertad hacía manifestaciones callejeras, con notoria ostentación militar, sin que el gobierno actuara. 



EL SURGIMIENTO DEL "PODER POPULAR”: LOS CORDONES INDUSTRIALES



Tras las elecciones de marzo de 1973, la UP obtiene un alto apoyo, ganando las elecciones con un 44%. Cumplida la “transición”, los militares se retiran del gobierno. El punto de inflexión en la relación entre el gobierno y la clase obrera ocurre en julio de ese año. El 24 de julio se realizó la reunión constitutiva de la Coordinadora de Cordones Industriales de la provincia de Santiago. Los cordones fueron duramente atacados desde el gobierno de la UP y el PC (que se negó a integrarlos y procuró sabotearlos de diversas maneras). La reunión, donde predominaba el ala izquierda del PS, al tiempo que procuraba no romper con el Gobierno de Allende ni con la burocratizada central sindical CUT, se esforzaba por compatibilizar la defensa que hacían Allende, el PC y la CUT de la legalidad democrática con la dinámica de doble poder que de hecho representaban los Cordones. 
Los cordones tendieron a centralizarse nacionalmente, en un proceso que superaba a la CUT y esbozaba una alternativa al gobierno de la UP. Sin embargo, y a pesar de la hostilidad de la UP hacia los cordones, los trabajadores no tenían en mente a estos como una organización antagónica con el gobierno. Los cordones en principio se organizan para combatir a la derecha y como un órgano de “presión” y “colaboración” con el gobierno. Pero la burocracia reformista de la UP le temía a los cordones como a la peste, porque, de desarrollarse, podrían haber superado su confianza en Allende, y ellos mismos podrían haberse constituido como un gobierno de trabajadores del tipo de los soviets rusos de Octubre de 1917. Será la propia experiencia de los trabajadores con sus direcciones, lo que irá llevando cada vez más a los cordones a conformarse como órganos de poder obrero desde la base, generando choques y cada vez más hostilidades con el gobierno. Sin embargo, entre los cordones no existía ningún partido revolucionario que se propusiera dirigirlos a establecer su propio gobierno, enfrentando abiertamente a la UP. Cuando se produce el primer intento de golpe, el 29 de junio de 1973 (el “Tancazo”), los cordones responden a esa asonada organizando brigadas de defensa. Los obreros de varios cordones ocupan todas las fábricas de sus zonas, los centros de abastecimiento estaban bajo control obrero directo. Los trabajadores estaban preparados para la última fase de la lucha... sus dirigentes no. En esos momentos, podríamos definir al gobierno de la UP como “kerenskista”: esto es, un gobierno que tendía cada vez más a mantenerse como “suspendido en el aire”, situado entre el fuego cruzado de la contrarrevolución burguesa y el poder obrero y popular organizado en los cordones, y que sólo podía sobrevivir temporariamente hasta que se rompiera el equilibrio entre revolución y contrarrevolución en favor de una u otra. 
En esos meses era cuando estaba planteado parar el golpe militar que se avecinaba, dirigiendo a los cordones a la toma del poder, desplazando al gobierno de Allende por la vía revolucionaria. Sin embargo, en todo el período previo no surgió una dirección alternativa a la UP que se propusiera esto, y era muy difícil improvisarla en esos momentos (incluso el MIR, que no formaba parte de la UP, le daba apoyo desde afuera y por su estrategia guerrillerista tampoco alentó el desarrollo, extensión y coordinación de los Cordones Industriales). Por si fuera poco, el gobierno de Fidel Castro (que había visitado Chile el año anterior) cubrirá de “prestigio” la línea suicida de la UP, relegitimando a Allende frente a las críticas de la base de los Cordones.



LOS MESES DECISIVOS



A comienzos de agosto, Allende vuelve a llamar a los militares a integrar su gabinete. Mientras tanto, sectores del ejército empezaban a ocupar fábricas y luego ciudades del interior, persiguiendo y torturando activistas. Las FF.AA. muestran signos de división: los marinos de Valparaíso y Talcahuano son masacrados por los altos mandos por oponerse al golpe3. Por consejo del PC, Allende nombra como Ministro de Defensa a un “general democrático”, un cuasi desconocido llamado Augusto Pinochet...

La consigna del PC y de Allende es “evitar la guerra civil”, lo que los lleva a suplicarles sin éxito a los militares y la derecha a que obedezcan al gobierno y a los trabajadores a que “mantengan la calma” y no hagan nada. El oscuro ministro Pinochet muestra sus verdaderos colores y encabeza el golpe del 11 de septiembre.

La lección de Chile es que la “vía pacífica al socialismo” no hizo más que mojar la pólvora de la revolución, y que los trabajadores chilenos podrían haber conquistado su propio gobierno, un “gobierno de los cordones” que se mostraba en potencia en el Chile obrero y popular. Es una tarea pendiente, pero para eso hará falta superar políticamente a los herederos de Allende y la UP.