sábado, 26 de julio de 2014

Internacionalistas Chilenos: El largo y arduo aprendizaje para retornar a Chile a combatir la dictadura

fsln
Escrito por Eduardo Cruz y Agustin Costa
Resumen Informativo de la Región de Concepción



Los internacionalistas Chilenos hicieron un largo penoso camino para retornar a Chile, y no estuvo libre de dificultades de toda clase. Querían ser parte de la lucha en la vanguardia contra la dictadura de Augusto Pinochet. Para todos ellos va este homenaje, eran los tiempos de los uniformes verde olivo y las banderas rojas y negras que flameaban orgullosas en los campos de batallas.


De acuerdo a documentos desclasificados e innumerables testimonios[1], se sabe hoy que, desde 1977, militantes del MIR se incorporaron a frentes guerrilleros y urbanos del FSLN. Los miristas, además, proporcionaron “apoyo externo y logístico” desde 1974. Había también lazos personales de dirigentes de esa organización con comandantes como Jaime Wheelock que estudió en Chile, y Tomás Borge, que contactó con los miristas a inicios de los setenta.

A partir de 1979, integrantes de los partidos Comunista, Mapu y Socialista también pasaron a formar parte de contingentes Sandinistas, sobre todo en el Frente Sur “Benjamín Zeledón”.

Muchos de los exilados chilenos solicitaron a sus partidos políticos instrucción militar para regresar a Chile a luchar contra la dictadura de Pinochet. Entre los estudiantes de medicina chilenos en Cuba cundía la incertidumbre y la ansiedad; algunos no concebían la normalidad de seguir sus estudios cuando en su propio país arreciaba la violencia. Antes y después del golpe, militantes del MIR y del Partido Socialista de Chile ya estaban recibiendo instrucción militar en Cuba, pero el Partido Comunista de Chile, fiel a su línea histórica de jugar dentro de las reglas del sistema electoral, demoró un par de años más en dar ese salto. Dilató cualquier decisión hasta el 15  de abril de 1975, y la tomó por las fuerzas de las circunstancias. Ese día, y a base de un ofrecimiento del propio Fidel Castro a la dirigencia comunista chilena, se les propuso a los becados dejar sus estudios de medicina para iniciar una carrera militar, formándose como oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. (FAR) Esta acción fue algo inédito para cualquier institución militar formal: incorporar a un contingente de extranjeros a sus filas, con plenos derechos y deberes y con los riesgos que ello podría implicar.

A muchos de los estudiantes se les planteó que ellos serían el germen de la semilla del nuevo ejército profesional en el Chile post-dictatorial. A algunos se les dijo que podrían retomar sus estudios de medicina algunos años después. No pasó ninguna de las dos cosas.

Mientras contingentes de socialistas y miristas chilenos recibían instrucción en Punto Cero  bajo la atenta Mirada de Benigno ( teniente Alarcón)  sobreviviente de la guerrilla del Che en Bolivia, que se aseguraba que trasmitiría todo lo que él aprendió del comandante heroico Che Guevara; con el objetivo de ingresar a Chile a luchar contra la dictadura.

Los militantes comunistas pasaron cuatro años formándose como oficiales y luego asignados a unidades militares. Sin claridad respecto de hacia dónde desembocaría su carrera militar, y soportando las limitaciones y sacrificios personales propios de la vida militar, en esos años hubo no pocas deserciones. Es importante destacar de que Cuba no fue el único país que ofreció  instrucción militar a los Chilenos fueron varios países de la orbita socialista de aquel periodo, también países Árabes ofrecieron ayuda militar a los exilados Chilenos.

En definitiva, a comienzos de junio de 1979 fueron concentrados sorpresivamente para recibir la inesperada visita de Fidel Castro, su Comandante en Jefe. Les explicó que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua había solicitado apoyo a Cuba: necesitaban oficiales especialistas, un contingente militar organizado que contribuyera a la ofensiva final de sus fuerzas guerrilleras, los Cubanos no podían asistirlos, por asuntos diplomáticos, pero si lo podían realizar los Chilenos.

Los chilenos no dudaron un instante: adquirirían experiencia combativa en medio de un proceso revolucionario ascendente, para luego aplicar sus conocimientos y experiencia en Chile. La dirigencia comunista chilena autorizó la misión internacionalista de sus militantes, pero antes, estos oficiales entrenados para una guerra regular, debieron recibir una intensiva preparación militar para la guerra de guerrillas que enfrentarían en Nicaragua. Los militantes del MIR tenían experiencia militar en las guerrilla de Tucumán  Argentina, en las filas del Ejercito  Revolucionario del Pueblo (ERP)

A partir del 17 de junio de 1979 comenzarían a ingresar en grupos separados a territorio nicaragüense, junto a combatientes internacionalistas de otros países de la región. Los chilenos partieron desde la Habana a Panamá, y de ahí continuaron en deterioradas naves aéreas hasta Costa Rica. Allí la tropa cambiaron sus ropas de civil por nuevos uniformes militares, y se integrarían al frente Sur y frente Norte donde estaban  las brigadas Simón Bolívar… Para fines de ese mes, ya habían arribados 53 oficiales chilenos, entre ellos artilleros, infantes, tanquistas, zapadores y 10 médicos militares, estas últimas mujeres.

También se encontraron con militantes del MIR que se habían integrados a la filas del FSLN por cuenta propia, además de decenas de ciudadanos panameños, guatemaltecos, salvadoreños, costarricenses, colombianos, hondureños, brasileños, argentinos, uruguayos, alemanes y españoles, entre otros. Llegarían más socialistas, mapusistas, y miristas en el transcurso de la guerra, así como después del triunfo de la revolución.

Con la llegada de los oficiales chilenos, se agrupó la artillería en una brigada de unos 400 hombres, que dependía directamente del Estado Mayor del Frente Sandinista. Tres oficiales chilenos se incorporaron al Estado mayor como miembros permanentes, con todos sus derechos. Se conformaron 10 baterías de artillería, con alrededor de 40 piezas, y en cada unidad se designó dos o tres oficiales chilenos; el resto eran combatientes nicaragüenses o de otras nacionalidades. También se designaron oficiales chilenos como asesores a las columnas guerrilleras; en la práctica, en algunos casos ellos se convirtieron en los jefes directos, debido a su formación. Los chilenos también estuvieron a cargo del aseguramiento médico, para garantizar la atención de heridos en el mismo frente. También ocurrió con el constante ir y venir de nuevos combatientes internacionalistas, muchos de ellos con escasa preparación militar, se decidió crear una escuela de instrucción militar, a cargo de un oficial chileno, para enrolarlos antes de que fueran al frente de combate.

La guerra cambió a partir de entonces dramáticamente a favor de los Sandinistas. La Guardia nacional de Anastasio Somoza acusó recibo de la nueva, más potente y organizada fuerzas guerrilleras en la frontera con Costa Rica. Desplegó sus fuerzas de elite al Frente Sur e intensificó los ataques aéreos en esa zona, debilitando otros frentes de combate en el resto del país. Esto tuvo por resultado táctico que permitió el avance del Frente Sandinista en otros lugares del país, como por ejemplo de la brigada Simón Bolívar del frente Norte que más adelante un combatiente relata. De una guerra de guerrillas, en el Frente Sur, se pasó a una guerra de posiciones, a una guerra regular y móvil con mayor capacidad ofensiva por parte FSLN.

Al momento del triunfo del FSLN el 19 de julio de 1979, según los nicaragüenses, la contribución de los oficiales chilenos a la revolución Sandinista no había sido sólo el “aporte de una grano de arena”, sino que había sido “decisiva” para la victoria. La mayoría de ellos fue ascendida de grado en la FAR tras esa experiencia, llegando algunos al grado de capitán y un fogueó en combate que era lo más importante.

Después de finalizar la guerra, los combatientes chilenos rápidamente asumieron la labor de asesorar al naciente Ejército Popular Sandinista (EPS) en todos sus niveles, generando nuevas estructuras, brindando instrucción y diseñando planes de defensa contra la amenaza de EEUU y la contra que atacaba desde Honduras a la revolución. Algunos combatientes chilenos continuarían en otras misiones internacionalistas en el Salvador, incorporándose a la filas guerrilleras del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) donde también algunos perdieron la vida: Otros oficiales caerían tras ingresar a Chile e incorporarse a la lucha antidictatorial contra la Augusto Pinochet en Chile.

La batalla de la toma de la ciudad de Esteli es relatada por un combatiente Chileno, llamado Agustín Costa[2], de la brigada Simón Bolívar combatieron en el frente Norte, no confundir con la otra  brigada Simón Bolívar que fue expulsada de Nicaragua.

Esteli, queda al norte de Nicaragua, le llaman Estelí tres veces heroico. El motivo de que esa ciudad es un centro Sandinista desde antes de la insurrección. En las primeras etapas de la insurrección Estelí se insurrecciono ante la guardia nacional del Tacho Somoza, fueron las primeras escaramuzas de lo que seria la Guerra de liberación, durante la propia insurrección.

Estelí vuelve a insurreccionarse, esto a principios de al año 79, las fotos de esos tiempos fueron publicadas por todo el mundo, los bombardeos a la población civil, las escaramuzas con la Guardia Nacional etc. Como siempre, después de días de escaramuzas, donde la población civil era la mas afectada, se decide evacuar las fuerzas del frente, ó sea abandonar la ciudad.

Cuando la Insurrección estaba en su apogeo, las ciudades Norteñas y del sur. Y pacifico eran liberada una a una. Después del repliegue táctico de Managua, cuando Somoza ya estaba coleteando, aun persistía en mantenerse en el poder, él decía que teniendo Estelí en su poder aun mantenía Nicaragua, era estúpido, pero de otro modo se decía que Estelí era una cosa de prestigio, cayendo Estelí, caía Somoza.

El frente Norte, con la columna Pedro Altamirano, que estaba constituido por campesinos en su mayoría, más la columna Simón Bolívar, constituida por internacionalistas, la mayoría Chilenos, decidieron el asalto a Estelí, fue un trabajo de meses de preparación y de trabajo de inteligencia: Uno de los jefes del Frente Norte era un hombre muy querido en Nicaragua, murió hace tres años atrás ( contare mas adelante que ocurrió con él) se la apodaba el Zorro, este hombre dirigió las tres insurrecciones contra Estelí. Lo otro es que la historia del Zorro es muy linda es propia de una persona que nunca cambio su forma de pensar y de ser, su termino fue el mas doloroso.

El frente antes de la insurrección tenia tres fracciones, los terceristas, los GPP guerra popular y prolongada, y la ultima los oficialistas. Al reunirse todos se logro complementar la acciones en conjunto y fue lo que logro la victoria. Pero hay cosas en esa revolución que son especiales, como por ejemplo el error que cometió Somoza al asesinar a Pedro Joaquín Chamorro. Que era un conocido y respetado periodista que se oponía al dictador Somoza… A la muerte de el, se terminaron de unir a la lucha los sectores que estaban marginados pues eso fue lo que prendió la mecha final.

Lo otro es que el Chigüil hijo de Somoza y general en jefe de la Guardia Nacional cometían asesinatos en masa en especial con la juventud lo que significó que los jóvenes chavales terminaron acoplándose al carro.

Es importante destacar, desde luego que había gente muy valiosa en el Estado Mayor, uno de ellos Modesto Henry Ruiz, llego conformar el grupo e los 9, que significa la comandancia del frenteSandinista y miembros del gobierno.

La estrategia de tomarse la ciudad, se uso la táctica de infiltración desde el día antes de la Insurrección lo mas que se podía de combatientes y abastecimiento militar a la ciudad, los grupos de apoyo dentro de la ciudad empezarían a distraer las fuerzas de la Guardia Nacional, la idea era volverlos loco, no dejarlos tranquilos, desorganizarlos y dividirlos. No creerán pero los cristianos de base jugaron un papel increíble en todo este proceso.

A las 5 de la mañana del 16 de julio de 1979, se inicia el primer ataque a la ciudad, se empieza con el ataque al puesto de control de la salida sur de la ciudad, luego los grupos del interior de la ciudad, prenden fuego a llantas y hacen detonar morteros (fuegos artificiales, pero suenan duro, como bombas) la guardia empieza  salir de sus cuartel en diferentes direcciones.

La Columna Pedro Altamirano, empieza a avanzar al centro de la ciudad, la columna Simón Bolívar avanza por el costado sur, la lucha fue dura encarnizada, la guardia no quería ceder paso, nos llego el momento en que la munición empezaba a escasear, temíamos lo peor. Pero luego vimos que la guardia empezó a retroceder, eso nos dio valor y seguimos haciéndole huevo, los correos de las columnas empiezan a llegar con noticias, las más tristes es saber de compañeros caídos, las buenas, que  un destacamento de la guardia sé barrica en la casa de un Coronel de la Guardia Nacional, en el centro de la ciudad. En cosas de horas el panorama cambio total mente, ya controlábamos casi toda la ciudad, nos faltaba el grupo que estaba en la casa. El resto de la tropa enemiga que se volvió a sus cuarteles y ahí se apertrecho, en la salida Norte de la ciudad. Después de volarle con todo a la casa de este coronel, se rindió una gran parte de ese grupo, el resto quedo tirado muertos. Se decide hacer el asalto ultimo y definitivo al cuartel de la guardia nacional, uno de los problemas era de que no sabíamos con que armas contaba la guardia dentro del cuartel, y a nosotros se nos acaba ya las municiones. Un compa, de esos que dan ganas de gritar su nombre al aire, trae una pala mecánica, no se dé donde mierda la saco, pero aparéese con ese chunche, y se lanza contra el cuartel. Este salvaje abre un boquerón enorme y basto con eso, nos lanzamos al ataque, felizmente la guardia empezó a rendirse, y luego después de horas y horas de combate, la ciudad era nuestra. Estelí era libre finalmente dentro de la alegría, también esta el dolor de saber de tus camaradas caídos, de los que no podrían celebrar la victoria, de los que dieron lo máximo por la causa, sus vidas, para que otros pudieran vivir mas dignamente.

La caída de Estelí, fue sabida inmediatamente en Managua por Somoza, esa noche prepara su salida del país, al día siguiente, el 17 de julio de 1979  Anastasio Somoza abandona Nicaragua. El 19 de julio las fuerzas sucias, cansadas, hambrientas pero jubilantes del Frente Sandinista de liberación Nacional entran a Managua, poniendo termino a la ultima insurrección llevada a cabo en nuestro continente, y quizás  a la ultima revolución que se hizo en el mundo.

Hay un testimonio de una canción de Carlos Mejia Godoy, es una canción testimonial la cantábamos para darnos ánimos, ahora cuando voy, la cantamos y nos da rabia y te prometo muchas veces lloramos de frustración. La canción dice así.

En la bajura del rió vi a tres muchachos vestidos de verde olivo.

Tenían la mirada serena y altiva.
No se me raje mi compa, no se me ponga chusmon
que la patria necesita su coraje y su valor.
Té acordas de aquel muchacho, del que vendía tortillas
se salió del seminario pa meterse a la guerrilla
murió como todo hombre allá por el cementerio.
No se me Ra……
Como dijo don Reperyo, sin ponerme refrechero.
Si ves que avanzo, seguidme, si ves que me detengo empujadme
si ves que reculeo, ahí mismo liquidadme.
No se me raje…
Me encontré el otro día, con el que torturo a Ricardo.
Me dijo, me dio miedo sus ojos verdes claro, nada pudieron sacarle, mas
palabras que las mismas
soy y seré militante de la causa Sandinista.

Es larga la canción, de la música testimonial de la revolución. Todavía algunos compañeros que participaron en las brigadas internacionalistas en Nicaragua, sienten cierta pesadumbre porque el proceso nicaragüense no transcurrió en la forma que imaginaron.

[1] A través de entrevistas a militantes de diferentes organizaciones políticas, acompañado por bibliografía, diarios de la época y archivos de inteligencia de la epoca, se intenta rastrear en el ideario de los chilenos que brindaron su apoyo y solidaridad internacionalista o latinoamericana al proceso revolucionario dirigido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua desde fines de la década del setenta.

[2] La fuente oral incorpora el aspecto subjetivo a partir de testimonios de militantes que estuvieron en Nicaragua para aportar sus esfuerzos al proceso político Sandinista. “La metodología oral aporta elementos en forma significativa a la historia, ya que demuestra que la vida de las personas no se puede considerar como un fenómeno individual, sino que es sobre todo un producto social. Las personas forjan su identidad en tanto comparten tareas con otros individuos dando a su existencia un carácter social. Su vida adquiere sentido en comunidad, en tanto pertenecen, en diferentes planos a la vez, a las fábricas, al lugar de estudio, a sus barrios” (POZZI, P. y SCHNEIDER A.; 2000).

Hamás: Islam y resistencia frente a Israel


Julio 2014 • en Contrainjerencia

hamas

LEANDRO ALBANI

Con el correr del tiempo, Hamás se convirtió en el principal foco de resistencia contra la ocupación en Palestina. Más allá de su accionar militar, la historia del movimiento islámico está atravesada por la política y la polémica.

El pueblo palestino se encontraba masivamente en las calles. El año 1987 proseguía con la misma tónica, en la cual Israel avanzaba a sangre y fuego sobre los territorios de Palestina y los intentos de acuerdos de paz caían, una y otra vez, por la borda. Pero ante una historia que parecía no tener salida, la denominada Intifada palestina mostró al mundo la opresión de un pueblo que había sido despojado de todos sus derechos, hasta el punto de no tener ni siquiera un mínimo Estado. Y en ese 1987 nacería una organización que marcaría a la resistencia palestina. El Movimiento de Resistencia Islámica Hamás acumulaba poder desde mezquitas y las palabras desprendidas del Corán.

Cuando las Fuerzas Armadas israelíes ahora atacan la Franja de Gaza, Hamás se ha transformado, nuevamente, en el grupo que encabeza la resistencia. Hasta el momento, el Ejército hebreo ha asesinado a más de 600 palestinos y palestinos, entre los que se encuentran 120 niños. En Gaza los destrozos y calamidades se acumulan: la mitad de la población (unas 900 mil personas) se encuentra sin agua potable, 14 instalaciones médicas fueron dañadas, 500 viviendas destruidas y la ONU asegura que 100 mil palestinos se sumaron a las filas de desplazados.

Nace el Despertar

La aparición de Hamás (Despertar) estuvo rodeada de sombras y conjeturas. Es una organización vinculada a los Hermanos Musulmanes (HM), agrupación religiosa creada en 1929 y que se basa su política en la asistencia social. Los HM fueron prohibidos en varios países, como Egipto e Irán, ya que se los apuntó como una fachada de Estados Unidos y la CIA para detener a los movimientos nacionalistas árabes, siendo el principal el encabezado por Gamal Abdel Nasser en Egipto en la década del sesenta, o la creciente influencia de la Revolución Islámica iraní a partir de 1979.

Con la denominada “Primavera Árabe”, los HM volvieron a la luz pública, y en Túnez y Egipto llegaron al poder. En el caso egipcio, Mohamed Mursi fue electo presidente pero pudo gobernar apenas un año, ya que un golpe de Estado encabezado por militares lo derrocó. En ese año de gobierno, las medidas tomadas por Mursi generaron polémicas y masivas protestas en su contra por parte de diferentes sectores. Tanto un acuerdo millonario con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la reforma de la Constitución egipcia que, según sus opositores, tendía a islamizar las leyes se convirtieron en algunos detonantes para su caída.

La trayectoria política de los HM ha sido cuestionada en varias oportunidades, desde su intento de aplicar un islam político que sea funcional a los intereses de Estados Unidos y sus aliados, así como su posición ante los actuales conflictos en Medio Oriente. Un ejemplo de esto es lo que ocurre en Siria. Desde que hace más de tres años ese país es blanco de una sostenida guerra de agresión, encabezada por grupos vinculados a Al Qaeda y por mercenarios de diferentes nacionalidades financiados desde el exterior, Hamás ha mantenido un profundo silencio, algo extraño ya que Siria es una de las naciones árabes que defiende la causa palestina y ha condenado históricamente el accionar represivo de Israel.

Algunos autores indican que Hamás fue impulsado por el propio Israel y Estados Unidos, con el objetivo de detener al nacionalismo palestino, encabezado por Yaser Arafat y su histórico partido, Al Fatah. Pero a su vez, el nacimiento de Hamás se puede buscar en el cambio político que aplicó Arafat y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) ante la ocupación israelí. La resistencia armada que había llevado a la OLP a ser reconocida tanto por palestinos como a nivel internacional, había dado paso a las cada vez mayores gestiones diplomática con Tel Aviv para, según la dirección palestina, encontrar un acuerdo de paz y volver a las fronteras del año 1967, dictaminadas por la ONU y que Israel nunca respetó. La influencia de la Revolución Islámica iraní y los crecientes casos de corrupción entre los dirigentes de Al Fatah -cada vez más desacreditados frente a los palestinos-, también se convirtieron en razones para el nacimiento de del movimiento islámico.

Hamás basó su trabajo político en la creación de escuelas y hospitales, en la atención sanitaria en los campos de refugiados, y en la difusión del estudio del islam. A esto se debe sumar que la agrupación tuvo la capacidad para mantener el poder en la Franja de Gaza, a pesar del férreo bloqueo económico impuesto por Israel a esa región de 360 kilómetros cuadrados y en la que viven más de un millón y medio de palestinos. De esta forma, se posicionó como un grupo armado que desde el propio suelo palestino rechazaba la ocupación de Israel y que no se quedaba en las palabras. Por la poca información que circula sobre el tema, el Hamás tendría en su programa económico una definición por el capitalismo con una fuerte intervención estatal, que no difiere de lo aplicado en Irán o en países árabes como Siria o Líbano.

Aunque sea probable que un principio haya sido impulsado por quienes hoy lo enfrentan, Hamás demostró una gran capacidad de combate contra el Ejército israelí. Por estos días, cuando la Operación Margen Protector arrasa Gaza, Hamás asombró por el crecimiento de su capacidad militar. Desde que comenzaron los operativos terrestres israelíes, los milicianos islámicos han abatido entre 20 y 40 soldados hebreos, según las fuentes que se citen. Además, lograron cruzar la línea de combate y se infiltraron en las filas militares israelíes. Como si fuera poco, el 14 de julio pasado se conoció la noticia de que Hamás cuenta con drones (aviones no tripulados) que sobrevolaron el sur de Israel, según lo anunciaron las Brigadas Azedin Al Qassam, el brazo armado del movimiento islamista.

Elecciones y posturas

Desde su creación en 1987, Hamás había rechazado participar en las elecciones que definen quien dirige a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), entidad que controla los temas palestinos, ya que no existe un Estado palestino como tal.

En el 2006, el movimiento decidió presentarse en los comicios legislativos, y para sorpresa de muchos, triunfó. De esta manera, la presidencia de la ANP quedaba en manos de Mahmud Abbas, máximo dirigente de Al Fatah, y como primer ministro fue designado Ismail Haniyeh por parte de Hamás. Conocidos los resultados electorales, Estados Unidos, la Unión Europea (UE) e Israel desconocieron los comicios. Desde hacía tiempo, y pese a su profundo trabajo político y social, Hamás era catalogado por el amplio y difuso término de “terrorista”. En su libro El conflicto palestino-israelí. 100 preguntas y respuestas, el periodista Pedro Brieger recordó que las elecciones palestinas de 2006 “fueron calificadas como las más democráticas en el mundo árabe, una región muy acostumbrada a procesos electorales digitados por el poder de turno”.

Con la anuencia de Al Fatah, y luego de una campaña internacional en su contra y enfrentamientos armados entre ambas agrupaciones palestinas, Hamás se trasladó a la Franja de Gaza, donde estableció su gobierno, todavía a cargo de Haniyeh. Con el tiempo, el movimiento islámico supo tejer alianzas importantes, basadas en su política de rechazo a la ocupación. En estas horas de invasión, Hezbollá en Líbano y el gobierno iraní respaldan a Hamás, tanto en lo discursivo como en la entrega de armas. Este hecho también muestra lo cambiante del tablero político en Medio Oriente, teniendo en cuenta que a Hezbollá y Teherán respaldan al gobierno del presidente sirio Bashar Al Assad, al cual los Hermanos Musulmanes rechazan y colaboran para su caída.

Una de las más fuertes polémicas generadas por Hamás es su radicalidad ideológica. En un principio, el llamado a la destrucción del Estado Israel llevó a que la agrupación fuera catalogada como terrorista y repudiada por grandes sectores. Declaraciones como “el asesinato de civiles debe ser respondido con la muerte de civiles”, manifestada por Mamad Az Zahhar, líder del movimiento, fueron virando hacia posiciones más pragmáticas y de cierto reconocimiento a una negociación para acordar la retirada de las tropas israelís y retomar las fronteras delimitadas en 1967.

En 2001, Ahmed Yassin, dirigente máximo de Hamás asesinado por Israel en 2004, declaró que “no luchamos contra pueblos de otras religiones o los judíos por el hecho de ser judíos. Luchamos contra los que ocupamos nuestras tierras, tomaron nuestras propiedades, convirtieron en refugiados a nuestras familias y masacraron a nuestros niños y mujeres”. En la actualidad, Hamás buscan el establecimiento de un Estado palestino libre e independiente, y una muestra de su evolución política es la alianza lograda con Al Fatah que permitió un gobierno de unidad meses atrás.

Este acuerdo, que se obtuvo luego de zanjar profundas diferencias, es una de las razones reales de la actual invasión militar israelí contra Gaza.

Comunidad palestina de Chile responde a los polémicos mapas de Israel


23 jul 2014 


La Federación Palestina de Chile publica recrea con una serie de imágenes cómo sería en la actualidad este país sudamericano si Israel hubiese "ocupado" su territorio.
¿Cómo te sentirías tú? #FreePalestine #Gaza pic.twitter.com/63tfOA07Js
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En la imagen, divulgada en las redes sociales, la Federación Palestina de Chile ilustra el contorno geográfico del país sudamericano antes de 1947, año en el que Naciones Unidas aprobó la división de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe.

En las ilustraciones se puede observar cómo Chile, con el paso de los años, va perdiendo territorio hasta casi desaparecer por completo. Con estas imágenes la organización pretende reflejar algo que ha ocurrido con Palestina.


De esta forma la Federación Palestina del país andino respondía a los polémicos mapas publicados recientemente por Israel para "ilustrar" la amenaza que representaría la Franja de Gaza se encontrara en los alrededores de las grandes ciudades de los países mencionados por las Fuerzas de Defensa hebreas, entre ellos Argentina, Uruguay, México, Costa Rica, Nicaragua o España.




LA HUMANIDAD ES VÍCTIMA DEL ODIO RACIAL DE LA BARBARIE SIONISTA: DESPUÉS DE GAZA, LE TOCARÁ A LÍBANO, EGIPTO O JORDANIA... Y, MÁS TEMPRANO QUE TARDE, LOS EEUU Y EUROPA SE ARROJARÁN SOBRE AMÉRICA LATINA CON LA MISMA SAÑA FASCISTA CONQUE ATACAN A LOS PUEBLOS DE AFGANISTÁN, IRAK, LIBIA, SIRIA, MALÍ Y UN LARGUÍSIMO ETCÉTERA. EL FUSIL QUE EMPUÑAN LOS PALESTINOS... ¡ES EN DEFENSA DE LA RAZA HUMANA, DEL DERECHO INALIENABLE A LA VIDA!  Jorge Zabalza


sábado, 19 de julio de 2014

(Remembranzas de hace 35 años) Orient Bolívar Juárez: Nicaragua - El Frente Sur y la ofensiva final del 79


por Barometro Internacional

Julio 2014

Sin duda uno de los hitos más grandes de la Guerra de Liberación Nacional de Nicaragua fue la Ofensiva Final que lanzó el Frente Sur “Benjamín Zeledón” dirigido por el comandante Edén Pastora, el 28 de mayo de 1979 y que hizo  posible la huelga general definitiva y el estallido de la insurrección nacional que culminó con la caída del régimen somocista y el triunfo popular del l9 de julio de 1979. 

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Pese a las heroicas y audaces acciones militares llevadas a cabo desde 1977 por el FSLN histórico y las fuerzas populares nicaragüenses en el marco de la estrategia insurreccional, la Guardia Nacional somocista se  mantenía firme en lo militar y su capacidad de maniobra hasta ese momento le habían dado resultado en cuanto a que había podido sofocar desde el 78 a cada una de las insurrecciones, mediante la concentración de fuerzas, primero en una ciudad y después en otra y así sucesivamente como aconteció en Estelí, Matagalpa, Chinandega, León, etc.

A parte de ello, el ejército de Somoza y su fuerza élite, la EEBI, pese a los  duros reveses sufridos por sus tropas en los distintos campos de batalla, habían logrado asestar también sensibles golpes a las fuerzas anti-somocistas, que los hacían sentirse “invictos” y “victoriosos”, como el golpe perpetrado el 16 de abril del 79 en el Reparto Veracruz de León, donde caen los principales dirigentes del Frente Occidental; el golpe en Jiloá, Managua, el 12 de mayo, donde cae Cristián Pérez; el aniquilamiento casi total de la Columna “Jacinto Hernández” en Nueva Guinea, hacia el 17 de mayo del 79 y por último, se apuntó la muerte del jefe del Frente Norte, comandante Germán Pomares en Jinotega, el 24 de mayo del 79.

Obviamente todas estas circunstancias hacían muy difícil que el Frente Norte o los frentes Occidental, Oriental o Central, pudiesen lanzar una ofensiva de gran envergadura como se necesitaba, es decir, que tuviesen la capacidad militar y el potencial de fuego suficiente como para atraer a la Guardia, mantenerla empantanada por el tiempo necesario en una guerra de posiciones que permitiera al resto del país y demás fuerzas rebeldes, reagruparse, oxigenarse, maniobrar y lanzarse de nuevo a la ofensiva para asestar el golpe final a la dictadura y tomar el poder. Ese rol decisivo y determinante para la victoria, le tocó jugarlo al Frente Sur “Benjamín Zeledón” por ser el frente de guerra mejor armado, entrenado y organizado militarmente, con características de ejército que incluso dio apoyo con armas y hombres a otros frentes, en ocasiones por medio de su pequeña y audaz Fuerza Aérea  y transmitió a toda la población, la propaganda, agitación y dirección de la lucha popular, mediante Radio Sandino, de modo que la batalla decisiva contra la dictadura somocista en el 79, fue puesta en sus manos y en el coraje y el heroísmo de sus combatientes y jefes guerrilleros. 

Se sabe que originalmente la misión de lanzar la ofensiva final se le había asignado al Frente Norte con Pomares a la cabeza, pero el plan se truncó con su caída en Jinotega, de modo que el único frente de guerra que podía cumplir esa misión a lo inmediato era el Frente Sur y así ocurrió cuatro días después de la muerte de Pomares. La Ofensiva del Frente Sur se lanzó, en una primer etapa, por dos direcciones: una penetrando una fuerza a profundidad hasta la ciudad de Rivas que dirigió el comandante “Exequiel” (Álvaro Diroy Méndez) y la otra, fue el avance de todas sus fuerzas y medios por El Naranjo y la famosa “Colina 155”, para luego seguir, como se había previsto,  por la dirección del Ostional-San Juan del Sur-Rivas.

Al despuntar el día lunes 28 de mayo, las posiciones del Naranjo y la “Colina 155”fueron ocupadas por las columnas “Ricardo Talavera Salinas”,“ Oscar Pérez Cassar” y “Eduardo Contreras Escobar”, dirigidas por “Andrés” (Álvaro Ferrey) “Federico” (Mario Avilés) y “Emilio” (Javier Pichardo), respectivamente. En la retaguardia tomó posición la Columna “Iván Montenegro” dirigida por “El Majón” (Benedicto Meneses). 

Fueron 13 días de intensos combates, día y noche, varios de ellos bajo fuertes aguaceros, tormentas y bombardeos. En la “Colina 155” se liberaron una de las batallas más cruentas y heroicas de esa etapa de la ofensiva final; ahí se luchó en una guerra de posiciones por aire, mar y tierra y se enfrentó a lo mejor de la guardia somocista, apoyada por mercenarios extranjeros que intentaron tomarse la colina en varias ocasiones, infructuosamente. La “Colina 155” fue el Dien Bien Phu de la Ofensiva Final en la Guerra de Liberación Nacional de Nicaragua y su asedio y asaltos fallidos de parte de la guardia somocista, así como su defensa heroica a sangre y fuego por parte de los combatientes del Frente Sur, ocuparon las primeras planas de los diarios de varios lugares del mundo y levantaron hasta lo más alto, la moral combativa y la admiración de todo el pueblo nicaragüense.

En la “Colina 155”se llenaron de gloria muchos combatientes nicaragüense e internacionalistas, así como los jefes de las tropas, pelotones y escuadras que ahí lucharon al grito de ¡Patria Libre o Morir!, entre ellos: “el comandante Emilio”, “Jerónimo” (Carlos Duarte), “Baltazar” (Orient Juárez), “Fernando” (Alejandro Guevara), “Laureano” (Laureano Mairena) y “Roger” (Ricardo Vargas), así como, “Pardillo”, “El Tigre”, “Paco”, “el Che Carioni”, Pedro El Español”, “El Suizo”, “Fitz, el alemán”, “Eugenio”, “Bonanza”, “Sherman”, “Capaperro”, “Nacho”, el artillero mayor “don Edgar” (Edgar de Souza) y las compañeras “Marillona”, Lilí” “Elizabeth”, “Karla” y “Juanita, la tica”, entre otros.

Asimismo se destacaron en El Naranjo y Los Mojones, los comandantes: “Andrés” (Álvaro Ferrey), “Federico” (Mario Avilés), “El Majón” (Benedicto Meneses) y “Wachán” (Sebastián González), junto a los jefes de tropa:“Andrés” (Francisco Grillo), “el Chaparro Emiliano”, “Lenin”, “Zenón”, “Benito”, “Inti”, “Camilo”, “Cali”, “Johnny” y “Macho”, entre otros compañeros.

Igualmente cabe reconocer ahí, la participación del internacionalista panameño Hugo Spadafora (“Ramón”), jefe de la Brigada “Victoriano Lorenzo”, así como la de otros muchos internacionalistas y de aquellos combatientes que estuvieron a cargo de la Retaguardia y que jugaron un rol vital para el sostenimiento de la ofensiva ya sea en la logística, abastos, armamento, transporte, puesto médico, prensa y propaganda, etc., como “Amílcar”, “Adán Luis”, “Mauricio I, “Sotolongo”, “Emiliano” y los doctores Jaime González, Fernando Martínez,  Pepe Gallego y Alberto Sandoval, entre otros.

La segunda y última etapa de la ofensiva final, se lanzó en la mañana del día viernes 15 de junio por Peñas Blancas y Sapoá, tan solo 6 días después de la retirada por El Naranjo y Los Mojones. Peñas Blancas, habilitado como aduana el 20 de marzo de 1950, se había convertido para entonces en un activo pueblo fronterizo de mucha actividad comercial, migratoria y de tránsito internacional, con diversas instalaciones, tiendas libres, bodegas de agencias aduaneras, oficina de migración, comando militar y numerosas casas de habitación, etc. Dada su ubicación en el borde fronterizo con Costa Rica, ya había sido objeto de varios ataques y frecuentes hostigamientos, pero esta vez fue la definitiva ya que en menos de dos horas la Guardia fue derrotada, su comandante “El Diablo Morales”, capturado y jamás la guardia volvió a poner sus botas opresoras en ese lugar.

En esta segunda fase de la ofensiva final, el Frente Sur dio un salto cualitativo en cuanto a su capacidad de maniobra, armamento y tropas ya que, previo a los ataques, se le incorporaron varias baterías de artillería pesada, con cañones de 75 mm y morteros de 82 y 120mm que al amanecer de ese día memorable 15 de junio, hicieron su bautizo de fuego sobre Peñas Blancas y Sapoá. Después llegaría a tener ametralladoras antiaéreas “cuatro bocas”. Asimismo se sumaron a sus fuerzas un contingente de internacionalistas chilenos (especialistas en artillería) que se habían preparado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR), entre los que figuraban “Antonio”, “Leonardo”, “José” y “Manuel”, entre otros. También llegaron con ellos algunos asesores cubanos.

En total fueron seis columnas las que avanzaron en este nuevo teatro de operaciones y sobre las cuales recayó la responsabilidad de la nueva etapa ofensiva: la primera fue la Columna de “Laureano” que salió primero y entró a la profundidad hasta el río “La Pita 1”, cerca del Ostayo, donde llevó a cabo una emboscada fulminante que cortó de tajo los refuerzos enemigos; le siguió de cerca la  columna de “Roger” que cumplió la misión de atacar y tomarse Sapoá; después partió la columna de “Benito” que llevaba  la misión de atacar y tomar Peñas Blancas, pero que por circunstancias del fuego artillero tuvo que bordear el objetivo y avanzar hasta Sapoá; de ahí siguió la Columna de “Baltazar” que por lo antes dicho, le tocó tomarse Peñas Blancas y consolidar dicha plaza, y en la retaguardia, a la altura de Las Vueltas, seguían las columnas de “Jerónimo” y “Fernando”, las que en un primer momento aseguraron el área de importantes unidades ubicadas en retaguardia: el Puesto de Mando, el “Batallón Artillero”, el puesto médico, el tren de guerra y los abastos, etc. En el transcurso de la contienda, las distintas columnas se desplazaron en distintas direcciones, según las exigencias de la guerra, más el limite donde se fijó la “tierra de nadie” fue el río Ostayo, hacia el norte y por el oeste, las altas colinas de Sotacaballo, buscando el cerro La Zopilotera, el río Jabillo y la quebrada El Plátano.

La guerra en el Frente Sur tuvo algunas particularidades que solo ahí se presentaron: una de ellas fue que entre el Frente Sur y la Guardia somocista no se interponía población civil alguna, sino que eran dos ejércitos cara a cara, enfrentados en duelo a muerte de vencer o morir; en el Sur (excepto Rivas), no habían de por medio ciudades, ni ninguna clase de edificaciones urbanas como en las ciudades, ya que solo habían lomas y lomas, potreros, en parte montaña, ríos por aquí y por allá, cielo abierto, a veces preñado de tormentas y hacia el este, la vastedad del gran lago Cocibolca; en cuanto a Peñas Blancas y Sapoá, estas poblaciones fueron evacuadas totalmente; tampoco y por la misma razón, habían milicianos ni barricadas, solo trincheras, nidos de ametralladoras, “bunker” en la tierra, minas, muertos, sangre derramada, oquedades cratéricas por las grandes explosiones y senderos de tropa; si alguien se movía por ahí agazapado, era un “compa” con su fusil Fal bala en boca o un “chigüín” con su Galil puesto en ráfaga.

Otra diferencia importante es que sólo en el Frente Sur la guardia utilizó por primera vez artillería reactiva o sea unidades móviles de lanza cohetes múltiples, montados en plataformas especiales, mejor conocidas como “Yarará III” con capacidad de lanzar 42 cohetes, lo que da una idea de las dimensiones que adquirió la guerra en el Frente Sur. Estas unidades de gran poder destructivo fueron armadas por técnicos israelíes tras su llegada al país, en las cercanías del “Bunker” de la Loma de Tiscapa y de ahí fueron trasladadas al Ostional para dispararlas contra la “Colina 155” y El Naranjo, bajo las órdenes del coronel Enrique Jacobi. De haberse usado este tipo de armamento en las ciudades, hubiese sido un verdadero apocalipsis para la población civil. De igual forma solo en el Frente Sur, la guardia uso baterías de cañones de gran calibre y alcance, como los cañones Howitzer de 105 y 120 mm., así como cañones sin retroceso de 57mm.

Otra  singularidad que tuvo el Frente Sur, fue la participación en sus filas de numerosos internacionalistas de diversas partes del mundo, lo que lo convirtió a dicho frente en la mayor expresión del internacionalismo y la solidaridad internacional con la lucha del pueblo nicaragüense. Y es que en las filas del Frente Sur había  combatientes de Costa Rica, Panamá, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, EUA., Cuba, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Chile, España, Portugal, Francia, Alemania y Suiza y no  pocos cayeron en nuestro suelo o resultaron heridos. En este ámbito se destacaron las brigadas “Victoriano Lorenzo” de Panamá; la Brigada “Carlos Luis Fallas” de Costa Rica; y el “Batallón Chile” o “Brigada Chilena”, así como otras brigadas más pequeñas de Argentina, Uruguay y otros países.
Otro rasgo distintivo del Frente Sur fue su capacidad de articular una vasta retaguardia estratégica, que entre otras cosas le permitió, además de adiestrar y desarrollar sus fuerzas militares, establecer dos cosas que fueron de mucha importancia en la lucha contra el somocismo: la Radio Sandino, que operó para todo el país desde el sur y su pequeña Fuerza Aérea. La Radio Sandino tuvo cobertura nacional y su rol propagandístico, informativo y orientador fue de primer orden en la lucha contra el somocismo y en cuanto a su Fuerza Aérea, esta brindó invaluable apoyo logístico a los demás frentes, con abastecimiento de armas y municiones, destacándose en esas intrépidas misiones, pilotos como “el Topo”, Samuel Granera, Modesto E. Rojas Berríos y Armengol Lara, quien se incorporó al final. A parte de ello tuvo también hubo una pequeña fábrica de minas vietnamitas y explosivos.

El rol del Frente Sur en la Ofensiva Final del 1979, sin detrimento del papel que jugaron los demás frentes de guerra, así como los combatientes populares y la población insurrecta que se alzó contra Somoza, fue determinante para alcanzar la victoria del 19 de julio de 1979, como también lo sería para defender la naciente revolución ya que de su seno surgieron las primeras estructuras organizativas del nuevo ejército de Nicaragua. En definitiva, la victoriosa ofensiva que encabezó el Frente Sur se tradujo, junto al accionar de los otros frentes,  en el triunfo del 19 de julio y su nombre quedará inscrito en la historia como el Frente de la Victoria, ya que sin su participación la historia hubiese sido otra.    

Managua, 15 de junio de 2014.

Combatientes de primera línea que se tomaron el comando de la Guardia Nacional de Sapoá.

Combatientes de primera línea que se tomaron el comando de la Guardia Nacional de Sapoá.
Pequeña unidad de morteros.


Pequeña unidad de morteros.
  Carlos Duarte "Jerónimo" pone bandera en la toma Peñas Blancas.

Carlos Duarte “Jerónimo” pone bandera en la toma Peñas Blancas.
Cañones sin retroceso de75 mm.

Cañones sin retroceso de75 mm.
 Morteros de 120 mm.

Morteros de 120 mm.
Entre el armamento de infantería se encontraban  lanza cohetes RPG-2.

Entre el armamento de infantería se encontraban lanza cohetes RPG-2.
El Frente Sur inició la ofensiva con uno 900 hombres y terminó siendo un ejército de 2,500 combatientes.

El Frente Sur inició la ofensiva con uno 900 hombres y terminó siendo un ejército de 2,500 combatientes.




Chile: También somos hijos de la Revolución Sandinista de 1979

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Escrito por  José Miguel Carrera

Para nosotros quedaba claro ahora cuál sería la misión de los oficiales chilenos: Combatir junto al pueblo de Nicaragua.


Hace 35 años varios jóvenes chilenos formábamos parte de las columnas guerrilleras del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que emprendía a finales de los años setenta la ofensiva final contra la dictadura somocista, tan o más criminal que la que oprimía a los chilenos en esos años. Varios sucesos acontecieron antes de eso.

A las diferentes unidades militares donde prestábamos servicios llegó una orden, los jefes nos debían presentar en la Academia Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Entre los citados empezaron las interrogantes. ¿Será para ir a Angola o a Chile? Nadie lo sabía, nuestros encargados militares ni tampoco los dirigentes partidarios civiles. Nos informaron que recibiríamos una preparación militar especial y de inmediato nos trasladaron a una escuela guerrillera: “Punto Cero”. Hasta ese momento nuestra formación había sido únicamente adiestrarnos para la guerra del tipo regular.

La orden recibida era ejercitarnos fundamentalmente en el tiro de cañones sin retroceso y morteros, además de la preparación combativa individual. Los instructores tenían como principal objetivo que apuntáramos bien en las más variadas posiciones de tiro que se pueden dar en un combate real. Ellos contaban en esa escuela, imposible olvidar, con un aro de metal similar al de los arados que arrastran los tractores en los campos, como un blanco de tiro especial. Este debía sonar siempre cuando disparábamos. Si no sonaba significaba que estábamos apuntando mal y los instructores nos corregían de inmediato. Ellos decían en el mejor tono guaposo de los cubanos: “Chileno, si no le das al blanco de inmediato, el blanco ese te dará a ti, así que déjate de cuentos, límpiate bien los ojos y apunta de nuevo correctamente, quiero oír la musiquita del arado ese, ¿oíste chileno?”.

Encontrándonos en el área de ejercicios de tiro un día, fuimos llamados urgentemente al lugar de formación frente a nuestro albergue. Teníamos una importante visita. Era nada menos que el comandante Fidel Castro, el líder de la revolución cubana en persona y una comitiva de jefes que lo acompañaba. Claudio, como jefe de pelotón, dio el parte reglamentario. El legendario comandante nos dijo que pasáramos a una sala donde hablaría con nosotros. Al entrar a la sala, vimos a un general cubano que pintaba en la pizarra con tiza un plano que representaba el mapa de un territorio. Fidel indicó unas correcciones y tomó la palabra diciéndonos algo así como lo siguiente:

“El pueblo nicaragüense está dando una dura y sacrificada contienda en contra de la tiranía somocista, y el FSLN está a la vanguardia de esa lucha. El triunfo popular es inminente. El FSLN tiene armamento de artillería, pero no cuenta con especialistas. Han solicitado apoyo a Cuba, y de acuerdo a nuestros principios, se la daremos”.

Nos indicó que lo pintado en la pizarra era un esquema que representaba el lugar donde se desarrollaban los combates de uno de los frentes de guerra, el Frente Sur “Benjamín Zeledón” que se enfrentaba con las fuerzas de élite de la Guardia Nacional del dictador Somoza. El dibujo mostraba el borde delantero de los guerrilleros, un puente que cruzaba un río llamado Ostayo, la carretera Panamericana que lo cruzaba, la frontera con Costa Rica, el gran Lago de Nicaragua y otros datos importantes. Para nosotros quedaba claro ahora cuál sería la misión de los oficiales chilenos: Combatir junto al pueblo de Nicaragua. Y semejante Jefe dándonos la misión. Todo un honor.

El comandante Fidel nos dijo que sabía que nosotros estaríamos dispuestos para combatir en Nicaragua, pero faltaba la autorización del Partido Comunista chileno, en el que en ese tiempo militabamos. ¿Y qué pasa si los dirigentes chilenos decían que no? ¿Cuánto tiempo se demoraría la respuesta? En esa época no había fax, email ni celulares. Estaba claro para nosotros que solicitaríamos ir de igual modo, dijeran lo que dijeran.

Luego de la visita de Fidel, un suceso extraordinario para todos los presentes, se intensificó la preparación combativa. No había tiempo que perder. Nos sentíamos orgullosos de estar en ese lugar. Y aquí sucede lo extraordinario. Me había criado en una población de la zona sur de Santiago, en la comuna de La Granja, específicamente en la población João Goulart, nombre de un presidente democrático brasileño que fue derrocado por un golpe militar. En otras palabras, yo, orgulloso hijo de pobladores, tuve el honor de ver dos veces en un mismo día al comandante Fidel Castro, porque se apareció de nuevo esa noche.

Con la comitiva nuevamente frente a nosotros y ante un grupo expectante y sin habla, planteó que la dirección partidaria estaba de acuerdo, y él no podía esperar hasta el día siguiente para informarnos. La emoción en esa pequeña sala fue increíble, todos al unísono empezamos a cantar la Internacional, el himno de los trabajadores del mundo y se acabó la reunión.

En conjunto con los cubanos, nuestros responsables seleccionaron los grupos para incorporarnos al combate. Fuimos organizados para el viaje, pero no sabíamos que junto a nosotros, también viajarían combatientes socialistas chilenos y de varios países, nicaragüenses, guatemaltecos, salvadoreños y uruguayos. Eso lo descubrimos en el aeropuerto cuando abordamos el avión que nos trasladaría a Centroamérica.

En ese viaje también partieron nuestras compañeras de la Tarea Militar, las diez jóvenes médicos militares chilenas. Los seudónimos de guerra de estas valientes internacionalistas eran: Julia, Elena, Ada, Gisela, Mayra, Elda, Oisis, Betty, Doris y Aleida, y están inscritos en la historia combativa del FSLN. Todas ellas eran especialistas en aseguramientos médicos militares. Dos de ellas, Mayra y Ada, eran madres cuando emprendieron el viaje a Nicaragua. La primera, dentista de profesión, tenía una niña de dos años y la segunda, cirujana, una hija de apenas un año. No dudaron en cumplir esa misión que les encomendaba en ese momento la revolución cubana.

Después de la guerra nos enteramos que muchos chilenos civiles, exiliados en Cuba, hombres y mujeres de diferentes partidos de la izquierda e independientes, recibieron una intensa preparación militar en esa época. Estaban listos y decididos para unirse a la guerrilla sandinista. Sin embargo, la guerra finalizó antes de que terminaran su preparación.

Antes de partir nos llamaron a formar para repartirnos nombres, según se nos dijo. Varios no quedaron conformes con sus nuevos nombres, algunos no eran muy bonitos, pero no nos quedaba más remedio que aceptar, porque a medida que a uno lo bautizaban, sacaban una foto y hacían el pasaporte. También nos hicieron firmar una carta muy formal y solemne, que a más de uno lo hizo meditar. En ella dejábamos indicado a quién queríamos que se le comunicara nuestra muerte y le entregaran una pensión póstuma.

Luego que salió el primer grupo, le tocó al mío. Me refiero a los oficiales comunistas de nuestro campamento, ya que después nos enteramos que el primer grupo de chilenos fueron cuatro oficiales artilleros socialistas del 24 Congreso (como ellos se denominaban) que ya habían viajado y participado en los combates en la toma de Peñas Blancas, pueblo fronterizo de Nicaragua.

Acomodamos en una pequeña maleta las pertenencias que nos asignaron para esta misión. Estas incluían dos uniformes verde olivo, binoculares, botas, una muda de ropa interior, la necesaria regla “táctica” para el trabajo con los mapas, una brújula y una muda de ropa civil. Y así, vestidos de paisanos y con el resto de las cosas en el maletín, partimos desde la escuela al aeropuerto de La Habana. De ahí emprendimos el vuelo a un lugar que resultó ser finalmente el aeropuerto de Panamá. Por la fluidez del paso por la aduana panameña nos quedó claro que el gobierno del General Omar Torrijos apoyaba la causa sandinista, sin lugar a dudas. Entregábamos el pasaporte a los funcionarios de inmigración y salimos del aeropuerto a una casa de seguridad en plena Ciudad de Panamá.

Horas después nos llevaron de nuevo al aeropuerto y entramos directamente a la pista aérea. El bus se detuvo cerca de un pequeño avión al que nos indicaron que subiéramos por la parte posterior y emprendimos viaje. Éramos alrededor de veinte personas entre mujeres y hombres, todos jóvenes, guatemaltecos, nicaragüenses y chilenos. No recuerdo cuanto tiempo duró el viaje, aterrizamos en un lugar desconocido. Cuando bajamos del avión, inmediatamente reemprendió el vuelo.

Nos arrimamos a unos árboles cerca de un camino de tierra, esperando que aparecieran a recogernos. Cundía en nosotros una muy justificada inquietud, para decirlo elegantemente. Por fin empezamos a sentir ruidos de vehículos, y por las señales de luces que hacían asumimos que nos buscaban a nosotros. Salimos poco a poco de nuestro improvisado escondite con mucha desconfianza. Nos dieron la bienvenida invitándonos a subir en las cabinas de unas modernas camionetas y partimos rumbo al frente de guerra. Eso era lo que nosotros ansiábamos y esperábamos.

Tomamos rumbo en dirección a la aduana fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica por la carretera Panamericana. Ahí supimos que habíamos aterrizado en territorio de Costa Rica, a unos veinte o treinta kilómetros del frente de guerra. Los sandinistas controlaban la aduana de los dos países y una franja de territorio nicaragüense desde la frontera hasta una línea o borde delantero más al norte limitado por un río llamado Ostayo, el mismo que había pintado Fidel en la pizarra del centro de entrenamiento de Punto Cero. A la derecha estaba el gran Lago de Nicaragua y por la izquierda, a mucha distancia, estaba el Océano Pacífico.

Antes de viajar conocíamos muy poco de ese hermano país y la lucha revolucionaria del pueblo de Nicaragua es sorprendente. Las generaciones de patriotas nicaragüenses no dejaron nunca de combatir por la justicia, Sandino era su héroe nacional y Carlos Fonseca, junto a Santos López, Tomás Borge, Silvio Mayorga y otros revolucionarios fundaron el FSLN. Tres años antes del triunfo sandinista Carlos Fonseca, líder máximo, había caído en combate.
Pero más sorprendente aún, sobre todo para un chileno, es enterarse que Gabriela Mistral, nuestra poetisa Premio Nobel de Literatura (1945) defendía en sus escritos al héroe de las montañas nicaragüenses, Augusto C. Sandino, divulgaba su lucha y reclamaba el deber de los latinoamericanos de apoyarlo.

Nuestro Fidel Castro, pudiéramos decirlo así, fue quien vino a ayudarnos a responder el llamado de Gabriela Mistral a los jóvenes latinoamericanos de apoyar a la causa de Sandino en Nicaragua, aceptando el pedido de apoyo del FSLN a Cuba en los meses previos al 19 de julio de 1979. Quizás Fidel nunca imaginó que nos estaba permitiendo, como pueblo chileno, además de cumplir el pedido de Gabriela Mistral, el devolver la mano solidaria que el mundo entero extendía a Chile, impactado por el golpe criminal de la derecha que derrocó al gobierno de Salvador Allende.

Para lanzar la Ofensiva Final que terminó con el gobierno de Somoza, los dirigentes sandinistas habían hecho una clara lectura del contexto internacional. La dictadura estaba aislada internacionalmente, el FSLN contaba con la solidaridad y apoyo de la comunidad internacional, destacándose el apoyo de países como Cuba, Costa Rica, Panamá, Venezuela y México, y de los movimientos revolucionarios latinoamericanos.

Para la Ofensiva Final, la tarea estratégica era cumplir las misiones de los frentes de guerra, impulsar la huelga general y desarrollar a plenitud la insurrección general en todos los departamentos del país.

Durante los meses de marzo, abril y mayo de 1979, se da inicio a la Ofensiva Final. En el Frente Norte, se produce la toma del Jícaro y Jinotega por fuerzas al mando del Comandante Germán Pomares. Se suceden ataques a guarniciones somocistas de El Sauce, Río Grande y otros pueblos. Se lleva a cabo la toma de Estelí por guerrilleros comandados por Francisco Rivera, un legendario jefe sandinista.

En el Frente Sur -donde entraríamos en combate los chilenos- una de sus columnas, la “Jacinto Hernández”, fue aniquilada totalmente en la zona de Nueva Guinea por las tropas de élite de la Guardia Nacional, que concentró sus fuerzas para lograr ese objetivo. El plan ofensivo en el sur, tenía como objetivo principal atraer y empantanar las fuerzas élites de la Guardia Nacional mediante la toma del Istmo de Rivas, contribuyendo a crear las condiciones para la insurrección en todo el país.

En función de este plan, a partir de mayo de 1979, se realizaron acciones de hostigamiento en las vías de comunicación que conducían a Rivas y ataques a esa ciudad. Columnas guerrilleras combatieron con patrullas de la Guardia Nacional y llegan hasta la colina 155, donde se enfrentaron con los refuerzos que movilizaron los somocistas.

En esos momentos, como producto de esta ofensiva, los cuarteles de la Guardia de las ciudades de Managua, Masaya, Estelí, León, Matagalpa, Chinandega y otras, fueron atacados por fuerzas sandinistas. Nicaragua estaba prácticamente insurreccionada. El Frente Sur se reorganizó y recuperó fuerzas, se formaron nuevas columnas y un Estado Mayor. Llegaron desde Cuba las primeras baterías de artillería, cañones de 75 mm chinos sin retroceso y morteros checos de 82 mm.

Refiriéndose a los combatientes chilenos, el comandante Javier Pichardo, uno de los principales jefes del Frente Sur Sandinista, en una charla  en la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN) en julio de 2009, a propósito de la conmemoración del 30 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, dijo que la incorporación de los militares chilenos contribuyó a conseguir mejoras notables en el entrenamiento básico de infantería de los voluntarios nicaragüenses e internacionalistas, en el empleo de la artillería, en la organización de los puestos de mando y en la asistencia médica.

El dictador Anastasio Somoza, en su libro “Nicaragua Traicionada”, escrito después del triunfo revolucionario, relata: “Cada una de las ciudades atacadas se encontraba bajo una presión tremenda. Sin embargo, la peor amenaza la constituía aquel ejército que había cruzado la frontera desde Costa Rica”. La Guardia Nacional pasó a la defensa a partir del 16 de junio, conteniendo el avance de las fuerzas guerrilleras del Frente Sur en la colina 50. Esta decisiva batalla transformó el carácter de la guerra en una guerra de posiciones y se mantuvo así hasta  el 19 de julio, día del triunfo.

El Frente Sur se estabilizó a partir del 17 de junio. La correlación de fuerzas fue cambiando a favor de las fuerzas guerrilleras del Frente Sur, hasta llegar a tener más de dos mil combatientes, 60 piezas de artillería de C-75 y M-82 mm, tres M-120 mm, decenas de lanzacohetes y ametralladoras ligeras y pesadas, y una pieza de artillería anti-aérea de 14.5 mm.

Emociona recordar a los compañeros y compañeras militares que estuvieron en Nicaragua hace 35 años y que fueron testigos, como yo, del triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979, sobre todo a los que hoy no están vivos y que murieron en esa misión. Y tantos otros hermanos que entregaron su vida después del triunfo revolucionario, en la lucha posterior para combatir a la contra revolución, junto a los guerrilleros de El Salvador y los internacionalistas que cayeron en Chile, combatiendo a la dictadura.

Gloria eterna a los combatientes internacionalistas chilenos:

Juan Cabezas Torrealba, Mario Guerra Ruiz, Days Huerta Lillo, Edgardo Lagos Aguirre, Miguel Rojas Contreras, Roberto Lira Morel, David Camú, Juan Cortés Zuleta, Alberto Geraldo Bonilla, Charlo Reyes, Juan Palavecino, Jorge Olivares Vega, Luis Emilio Mendoza, Volodia Alarcón, Antonio Ibáñez Godoy, Víctor Otero, Cristian Bascuñán, Roberto Diez, Aníbal Maur, Ramón Navarro Villar, Víctor Romeo de la Fuente, Iván Figueroa, Aníbal Espinoza, Pedro Hernández, Jorge Casares, Orlando Contreras, Víctor Minué, Antonio Cortés, José Silva, Moisés Marilao Pichun, Juan Henríquez Araya, Joaquín Valenzuela Levi, Antonio Madrigal, Julián Peña Maltes, Roberto Nordenflycht, Raúl Pellegrin Friedman y Ana Flores Hernández.