sábado, 23 de marzo de 2013

Vaticano, revolución y contrarrevolución en América Latina



por Luis Bilbao

Tiene mucho de simbólico y poco de casualidad la coincidencia entre la muerte de Hugo Chávez y la renuncia de Joseph Ratzinger al trono vaticano, para ser reemplazado por un jesuita argentino, de reconocida militancia en la organización peronista de ultraderecha Guardia de Hierro, quien adoptó el nombre de Francisco.



Es extraño y por demás elocuente que un jesuita adopte su nombre papal en homenaje a Francisco de Asís, fundador de otra congregación. No hace falta ser experto religioso para medir la magnitud de esa decisión. La Orden Franciscana hace voto de pobreza, virtud hace tiempo olvidada por las cúpulas jesuitas. Francisco explicó la decisión en su alegada adhesión a “una iglesia pobre, para los pobres”.

Pobreza y obligada austeridad son realidades olvidadas que, como rayo, caen otra vez sobre los pueblos de Europa. En América Latina predominan como siempre, pero tras una fugaz esperanza de superación, amenazan agravamiento para millones. Un papa elitista y amante de la pompa, encerrado en delirios místicos con ropajes teóricos, como Ratzinger, no podía seguir en el trono. Las calamidades propias de la internacional vaticana y sus secciones nacionales (despilfarro, desfalcos, déficits siderales, todo en el marco de una cascada imparable de revelaciones acerca de pedofilia y otras perversiones, mientras el celibato no resiste más como exigencia canónica), cuentan sin duda en la necesidad de cambiar rostros, hábitos y conductas públicas de la alta jerarquía. No obstante, priva en esa exigencia la fuerza que por debajo corroe y voltea día a día las columnas del sistema global, entre las cuales sobresale la iglesia católica romana: la crisis del sistema capitalista y su contracara: el avance de la revolución.

Razones más que suficientes para reemplazar al papa. Como al parecer Dios no tomó cuenta de la urgencia, los cardenales y alguien más fueron en su ayuda. No es la primera vez, pero los tiempos han cambiado. En octubre de 1978, un mes después de haber sido designado papa, Juan Pablo I apareció muerto en su cuarto. Fundadas investigaciones -jamás desmentidas con pruebas- denunciaron el hecho como asesinato. Beneficiario individual de aquella operación, Karol Wojtyla (Juan Pablo II), polaco y asociado con el Opus Dei. El cerebro: Ratzinger; teólogo alemán empeñado en retrogradar el andamiaje teórico del catolicismo romano a la etapa previa a la Revolución Francesa (1). Hubo además una mano ejecutora.

Ahora, después de 25 años y dos curvas vertiginosas en la historia universal, el recambio oportuno se produjo por renuncia de Benedicto XVI, hecho sin precedentes en más de mil años, es decir, desde la temprana Edad Media.

En el conjunto de factores conjugados para el recambio de Juan Pablo I y la renuncia de Benedicto XVI la fuerza determinante fue el Departamento de Estado estadounidense. No es ésta una afirmación ligera, llevada por una coyuntura política local o un impulso circunstancial. En agosto de 1989 publiqué un pequeño libro titulado “CIA-Vaticano: Asociación Ilícita” (2), en el que ofrezco información probatoria de esa sociedad contra natura.

Jamás he pretendido ser un experto en cuestiones eclesiales, mucho menos religiosas. Desde mi interés por la economía y la política internacionales observo los movimientos del Estado Vaticano, del papa y las altas jerarquías eclesiales, con la misma actitud –y con inalterable consideración y respeto por los católicos sinceros- que aplico al seguimiento de los pasos de cualquier otro Estado o gobierno del mundo.

Si 35 años atrás me aboqué a ese tema fue porque en aquel momento, en medio de la contraofensiva global estratégica lanzada por el imperialismo para afrontar la crisis estructural del capitalismo, el Vaticano constituía una herramienta decisiva en dos puntos fundamentales del planeta: Europa del Este y América Latina. Más específicamente, Polonia en Europa, Nicaragua y Brasil en América. Es sabido el desenvolvimiento de los hechos desde entonces: derrumbe de la Unión Soviética, ahogo a sangre y fuego de la Revolución Sandinista, posterior recuperación de aquella gesta centroamericana al calor del nuevo auge de los pueblos en América Latina, encabezado por la Revolución Bolivariana de Venezuela. Detrás de ese telón, victoria cultural del ultraliberalismo, auge económico ficticio, seguidas de desagregación moral sin límites y reaparición volcánica de la crisis estructural del capitalismo.

Si ahora retorno al tema es porque, tras la arrolladora victoria de aquella ofensiva global estratégica y el breve período de aparente estabilidad y re-afianzamiento del capitalismo mundial, la crisis del sistema reapareció, con fuerza jamás vista, en los propios centros metropolitanos. Esa reaparición inesperada tanto en los centros dirigentes del poder mundial como en el conjunto de las izquierdas, con las excepciones que ya se verán, dio lugar al desplazamiento del epicentro de la revolución mundial hacia América Latina, lo cual conjuntamente con otros factores de la economía y la política internacionales debilitó como nunca antes al imperialismo estadounidense como centro inapelable del poder mundial. Y en ese cuadro, acompañado por una coyuntura de espasmódica crisis y debilitamiento de la iglesia vaticana, se produjo la renuncia de Joseph Ratzinger y la entronización de un obispo argentino y jesuita.

Individuo e institución

Es preciso despejar un punto que hoy desvía la mirada: antecedentes y rasgos individuales de Jorge Bergoglio, papa desde el 13 de marzo.

Después de la fumata blanca, desde Argentina aparecieron denuncias sobre la participación activa de Bergoglio en la represión de la dictadura entre 1976 y 1982. Se lo acusó de ser responsable del secuestro de dos sacerdotes de su orden e incluso de haber estado en los lugares secretos de detención. También sin demora estas denuncias fueron negadas por personas reconocidas por su compromiso en la defensa de los derechos civiles durante la dictadura, como Adolfo Pérez Esquivel, quien en aquel período recibió el premio Nobel de la Paz. Por cierto ese premio no garantiza nada (notorios criminales lo ostentan), pero sí la conducta de Pérez y otros que como él han negado los cargos contra Bergoglio. Contrario sensu, no todas las voces acusadoras tienen la respetabilidad suficiente para hacer valer su palabra. De modo que, hasta que nuevos datos llevaren a un cambio de juicio, esos avales eximen al papa de crímenes aberrantes que, en la medida en que en Argentina el catolicismo es religión de Estado, constituirían crímenes de lesa humanidad.

Defensores y detractores de Bergoglio tienen en común algo más poderoso que sus ruidosas diferencias: unos cargan contra el individuo y escamotean el papel de la institución; otros lo protegen… para rescatar la institución.

Así las cosas y contra los fuegos de artificio, el tema no es Bergoglio sino el aparato eclesial. Es un hecho reconocido que la jerarquía católica, acompañada por el entonces nuncio (embajador) del Vaticano en Buenos Aires, Pio Laghi, respaldó a la dictadura y colaboró con ella, al punto de ceder una propiedad en el Delta del Paraná para que funcionara allí un campo secreto de detención. Bergoglio era por entonces la máxima autoridad jesuita en Argentina, donde miembros de esa congregación habían sido punta de lanza de la Teología de la Liberación, corriente católica cuyo desmantelamiento, también a sangre y fuego, fue uno de los objetivos por los cuales Juan Pablo II fue entronizado a costa de la vida de su antecesor.

Conviene refrescar el cuadro de época: el citado CIA-Vaticano registraba en 1989: “El 23 de agosto de 1982 Wojtyla otorgó a la Obra (Opus Dei) el rango de prelatura personal (diócesis sin territorio). De este modo Opus Dei se liberó de todo lazo de sujeción o control por parte de los obispados o, lo que es lo mismo, obtuvo carta franca para llevar a cabo sus empresas con plena independencia de las jerarquías nacionales y con la obligación de responder sólo ante el sumo pontífice (…) Al mismo tiempo que elevaba el status –y cedía más poder- a Opus Dei, el papa suspendía a la Orden de los Jesuitas, comprometida con la Teología de la Liberación y reemplazaba a su superior general, Pedro Arrupe, por otro escogido por él mismo. De este modo Opus Dei logró su doble objetivo de sentar en el trono papal a un hombre con idénticas posiciones ideológicas a las suyas y situarse como institución en un puesto apropiado para lanzar en todos los planos la ofensiva final contra la Teología de la Liberación”. Entre otros muchos terrenos, Opus Dei y jesuitas se disputaron con uñas y dientes la primacía en los medios de comunicación. El texto dedicaba un capítulo a explicar la condición de Opus Dei como aparato representativo del gran capital, industrial y financiero, controlado por la CIA, introducido como cuña irrefrenable en la estructura vaticana. Es en ese contexto que Bergoglio actuó en Buenos Aires, bajo la dictadura –cribada de miembros de Opus Dei, para comenzar el célebre ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz- y según su propia convicción frontalmente opuesta a los “sacerdotes del Tercer Mundo”.

La mano amiga

No es casualidad que Opus Dei pierda ahora la primacía y lo haga en favor del sector al que se impuso en los años posteriores a 1978, la orden de los jesuitas, ya depurada de su ala radical de izquierda. Con origen en España y manejando los hilos financieros desde Italia, Opus Dei sufre la suerte de la economía y la política en esos dos países, que no es sino la expresión del vuelco operado en todo el mundo tras el colapso de 2008, que en Estados Unidos llevó a la derrota republicana y la asunción de Barack Obama quien, dicho sea de paso, se apresuró a enviar un caluroso y fraternal saludo a Bergoglio, a quien llamó “el primer papa americano”. El reemplazo de la “prelatura personal” de Escrivá Balaguer por la orden creada por Ignacio de Loyola equivale al reemplazo en la conducción vaticana de banqueros por curas que trabajan en villas; dibuja la curva de caída del capitalismo central y del predominio de una política anticrisis. Así, la agónica situación del capitalismo central explica la necesidad de apelar a un miembro de la Compañía de Jesús, concebida por su fundador como ejército combatiente, para conducir el “poder espiritual” en la cúpula del capitalismo mundial.

Eso no significa un repliegue político del imperialismo, aunque al menos en términos teóricos el debilitamiento relativo de Estados Unidos se hará sentir también en ese terreno, dándole a Francisco un margen de maniobra mayor para enfrentar a Washington en más de un terreno, siempre girando en torno a temas fundamentales para el ultraconservadurismo jesuítico de Bergoglio, empeñado en acabar con el legado liberal de la Revolución Francesa. Por lo que se puede prever a partir de textos suyos y gestos posteriores a su elección, tras ese objetivo Francisco no vacilará en buscar apoyo en la potente dinámica de convergencia latinoamericano-caribeña, para negociar desde allí en mejores términos con la Casa Blanca. La reivindicación del concepto de Patria Grande por parte de Bergoglio (3) ha llevado al estado de éxtasis a algunos exponentes del llamado “marxismo nacional”, ha dado vuelta en cuestión de horas la oposición frontal de funcionarios argentinos que lo atacaron desmesuradamente cuando se conoció su designación y producirá riesgosos zigzagueos y violentos giros en más de una fuerza política en América Latina. Con certeza, se verá en acto al jesuitismo, forma pragmática, aviesa, pero implacable en sus objetivos, en torno a la necesidad estratégica de acabar con la revolución al Sur del Río Bravo, pero adosándose a la fuerza hoy predominante en los pueblos de la región. Puede esperarse un papa disfrazado de Chávez, tal como en la Venezuela de hoy lo hace Henrique Capriles Radonsky, quien contra toda lógica pretende copiar el discurso del líder bolivariano (de paso: Capriles integró las filas del Tradición familia y Propiedad, otra de las organizaciones que obran como tentáculos de la CIA al interior del Vaticano (las restantes son la ya citada Opus Dei, Comunión y Liberación y la Orden Militar Soberana de Malta. Por caso, esta última ya puso a uno de los suyos como secretario privado de Francisco).

Aún en los previsibles momento de tensión y aparente choque que vendrán a no muy largo plazo, el camuflaje demagógico de Bergoglio es un riesgo para las fuerzas revolucionarias pero no distanciará al Vaticano de Estados Unidos en la cuestión que interesa: la contrarrevolución en América Latina.

El Departamento de Estado, es decir, de la estrategia estadounidense, pesará sobremanera en el curso del próximo papado. No es éste el lugar para detallar los pasos que terminaron en la elección de Bergoglio con más de 90 votos sobre 115 cardenales. Baste decir que el articulador principal del bloque en favor del cardenal argentino fue su homólogo de Nueva York, Timothy Dolan. Tanto la prensa italiana como la estadounidense coinciden en señalar que, a partir de los 11 votos estadounidenses en el cónclave, Dolan tuvo un papel decisivo en la tarea de convicción sobre prelados de América Latina, África, Asia y Europa, para que finalmente una sólida mayoría votara a favor de Bergoglio. Con escasa sutileza, The New York Times subraya que lo único que le faltó a Dolan fue ungirse él mismo en el trono de Pedro, para inmediatamente señalar que su papel en la próxima administración vaticana será de sobresaliente gravitación.

Ahora bien: ¿cuáles son los puntos de acuerdos y cuáles los desacuerdos entre el Vaticano y Washington?

Aquí sí importa, y mucho, la biografía de Bergoglio. Desde el peronismo sui generis de Guardia de Hierro, en los años de alzamiento revolucionario en Argentina, cuando una poderosa corriente de sacerdotes identificados con las causas populares y la lucha contra el imperialismo y el capitalismo, resueltos al combate por el socialismo, crecía al interior de la iglesia y de su congregación en toda América Latina, el entonces principal jesuita en su país optó por la decisión central del vaticano –conducido entonces por Opus Dei a través de Wojtyla- y con una u otra conducta individual respecto de secuestros y asesinatos puntuales, no sólo avaló aquella ofensiva contrarrevolucionaria sino que su accionar redundó en una escalada sistemática en la jerarquía eclesial que lo llevó hasta la cima.

No sólo los jesuitas, sino el conjunto de la iglesia romana –con excepción de Opus Dei y sus áreas de influencia- condenan sin atenuantes el curso adoptado en el último siglo por las sociedades liberales. No sólo el conjunto de la iglesia romana, sino la Compañía de Jesús, hoy monolítica, defienden el capitalismo, al cual están integrados económica, política y culturalmente. La alianza cada vez más íntima en las últimas décadas entre el socialcristianismo y su eterna enemiga, la socialdemocracia, Lucifer liberal, confirman en la política y el sindicalismo mundiales cuál es el verdadero enemigo de quienquiera ocupe el trono de Pedro. La contradicción entre liberalismo y oscurantismo medioeval se resuelve siempre y fatalmente por un frente único entre la Casa Blanca y la Basílica de San Pedro; entre CIA y Vaticano, para enfrentar las fuerzas revolucionarias en cualquier punto del planeta.

¿Por qué argentino?

Todo indicaba en los días previos al cónclave de cardenales que el nuevo papa provendría del continente americano. Pero los candidatos principales eran el canadiense Marc Ouellet y el brasileño Odilo Scherer. Al menos en público, nadie daba un centavo por la elección de un argentino.

Hay una causa interna que hacía necesaria la elección de un americano, más específicamente latinoamericano. Desde que el Vaticano, en funesta alianza con la CIA, se embarcó en la operación contrarrevolucionaria que doblegó a Nicaragua y exterminó en la región a los sacerdotes del Tercer Mundo, la iglesia romana perdió más de un cuarto de sus feligreses. Y se trata del bastión mundial del catolicismo. De modo que, así como en los años 1970 la cúpula vaticana debía empeñarse en la masacre contrarrevolucionaria por razones de sobrevivencia, ahora debe hacerlo en sentido inverso, aprovechando la emergencia de numerosas corrientes y líderes políticos que afirman la posibilidad de realizar una “revolución” que no conmueva las bases del sistema capitalista. La condición de jesuita de Francisco y sus alegadas dotes intelectuales lo habilitan para ese delicado juego estratégico. Su adopción franciscana le abre camino a la base social en disputa.

Ésa es, no obstante, una causa subordinada. La tónica de este movimiento estratégico en escala mayor la pone Estados Unidos, aliado en este punto con la Unión Europea y todos los regímenes empeñados en evitar que la crisis en curso desemboque en la revolución socialista.

Existen conflictos sociales, políticos y militares de magnitud en cada punto del planeta, constantemente agravados por la marcha ininterrumpida hacia el derrumbe en los países centrales. Pero la vanguardia de la respuesta socialista se desplazó a América Latina. Esta visión geopolítica, resistida a derecha e izquierda hasta no hace mucho, es ahora prácticamente común a todas las corrientes del pensamiento.

Washington necesita frenar primero y destruir después la vanguardia de esa vanguardia: la Revolución Bolivariana de Venezuela. No es una simplificación entonces afirmar que Francisco está en Roma para contribuir desde la trinchera eclesial en la batalla estratégica contra Venezuela. Los estrategas del Departamento de Estado parecieron en los últimos meses convencidos de que la muerte de Hugo Chávez permitía irrumpir en el entramado de las fuerzas revolucionarias para lograr su objetivo. Por eso, tampoco es desatinado pensar que la coincidencia entre la muerte de Chávez y la renuncia de Ratzinger no es casual. Quienes aludan a la condición milenaria de la iglesia, deberán considerar que su crisis interna es potencialmente letal. Y evaluar hasta qué punto, en el mar de dificultades que atraviesa, el Vaticano es realmente impermeable a las decisiones de la Casa Blanca. Ante el gesto escandalizado de presumibles vaticanólogos, sólo puedo decir que, sin el recurso de explicar el fenómeno atribuyéndolo a un designio divino, apelo al análisis de los hechos y su encadenamiento. El tiempo dirá si la hipótesis tiene o no asidero.

Es posible que a la luz de la formidable, inédita manifestación de masas que provocó en Venezuela la muerte de Chávez, aquellos estrategas de la contrarrevolución hayan corregido su apreciación y desechen ya su idea de una inminente caída de la Revolución. Pero insistirán en dos puntos: dividir las fuerzas revolucionarias en Venezuela; forzar el aislamiento de este país en la región. Si eventualmente la táctica en el plano interno tuviese algún grado de éxito, podría abrir la brecha por la cual el imperialismo entrase con su devastadora fuerza contrarrevolucionaria. Dado que ya está probado que los intentos divisionistas han fracasado una y otra vez, es presumible que Francisco será tomado por Washington como una herramienta salvadora. Al interior de Venezuela esto es difícil, porque el socialcristianismo (aquí también aunado con la socialdemocracia) está en el nadir del desprestigio. Y lo mismo vale para la jerarquía eclesial local, reconocida por las masas como golpistas y por eso repudiadas.

Otra consideración merece la táctica del debilitamiento en los apoyos de Venezuela en la región. Y allí es donde aparece Argentina. Sea por el abrazo asfixiante que, mientras se redactan estas líneas, Francisco ha comenzado a practicar sobre el gobierno argentino, sea por el hecho de que el actual elenco oficial afronta enormes dificultades y en el cuadro actual está descartada la posibilidad de reelección de la presidente Cristina Fernández, es pensable que a corto o mediano plazo Argentina pueda ser desplazada hacia un bloque enfrentado con la revolución en marcha en Bolivia, Ecuador, Venezuela y otros países del Caribe, a los que se suman naturalmente Nicaragua y Cuba. Baste recordar que días atrás el candidato socialdemócrata Hermes Binner, preguntado acerca de si en Venezuela hubiera votado en octubre último por Chávez o Capriles, respondió sin vacilar que su opción era Capriles. Es presumible en Argentina una amplia coalición electoral para 2015 que tenga como eje de reagrupamiento la estrategia latinoamericana de Estados Unidos, ahora asumida explícitamente por el papa Bergoglio en su ataque a las revoluciones en curso, al regalarle a Fernández un libro con documentos del Celam donde se condena el “avance de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de neto corte neopopulista”. Firma el Consejo Episcopal Latinoamericano; redacta la CIA.

En un libro publicado en 2007 sostuve que Argentina es una clave regional, aunque en el actual período histórico lo es por su debilidad, no por su fuerza (4). Su peso específico en América Latina, su nivel de desarrollo, los altos parámetros de experiencia y combatividad de obreros y estudiantes en términos históricos, no obstante sumidos en una coyuntura de confusión, desorganización y total parálisis, ubican al país como fiel de un delicado equilibrio continental, pasible de presiones y políticas extremas desde los dos extremos de la batalla estratégica.

Desde el año 2000, cuando comenzó el proceso de convergencia desigual pero generalizado en América Latina, Argentina ha navegado a dos aguas. La resultante de esa marcha ambigua estuvo determinada por el fenómeno general: concordancia latinoamericana en detrimento de los intereses imperialistas. Para ninguno de los países que han sostenido una conducta regional igualmente ambigua e igualmente en colisión con la hegemonía estadounidense, es posible mantener esa posición de manera indefinida. Pero en Argentina los plazos son más cortos. Es un rasgo de aguda inteligencia táctica y osadía estratégica el que han demostrado los gestores de la operación que dio como resultado la elección de Bergoglio.

Ahora cabe a las fuerzas revolucionarias genuinas en América Latina demostrar si están o no a la altura de tamaño desafío. Esto vale también para millares de católicos, sacerdotes y seglares, que ante una reedición del giro contrarrevolucionario de los años 1970/80, aunque a la inversa en su forma, están ante la opción de seguir sometidos a las órdenes de Roma o acometer un cisma revolucionario, antimperialista y anticapitalista.

La unidad de revolucionarios cristianos, marxistas, o militantes de cualquier otra religión, sólo tiene futuro sobre esas bases. Ése es el ejemplo de la Revolución Bolivariana de Venezuela, a emular en todo el continente, desde Alaska a la Patagonia.

1.- Véase si no la encíclica Spe Salvi, redactada por Benedicto XVI:

«hay un texto de san Gregorio Nacianceno que puede ser muy iluminador. Dice que en el mismo momento en que los Magos, guiados por la estrella, adoraron al nuevo rey, Cristo, llegó el fin para la astrología, porque desde entonces las estrellas giran según la órbita establecida por Cristo. En efecto, en esta escena se invierte la concepción del mundo de entonces que, de modo diverso, también hoy está nuevamente en auge. No son los elementos del cosmos, la leyes de la materia, lo que en definitiva gobierna el mundo y el hombre, sino que es un Dios personal quien gobierna las estrellas, es decir, el universo; la última instancia no son las leyes de la materia y de la evolución, sino la razón, la voluntad, el amor: una Persona».

2.- Luis Bilbao; CIA-Vaticano: Asociación Ilícita. Editorial Búsqueda, Buenos Aires, agosto de 1989.

3.- Véase si no: “América Latina puede y tiene que confrontarse, desde sus propios intereses e ideales, con las exigencias y retos de la globalización y los nuevos escenarios de la dramática convivencia mundial. A la vez, América Latina necesita explorar, con buena dosis de realismo pragmático – impuesto también por su propia vulnerabilidad y escasos márgenes de maniobra – nuevos paradigmas de desarrollo que sean capaces de suscitar una gama programática de acciones, un crecimiento económico autosostenido, significativo y persistente; un combate contra la pobreza y por mayor equidad en una región que cuenta con el lamentable primado de las mayores desigualdades sociales en todo el planeta”. Jorge Bergoglio, prólogo a “Una apuesta por América Latina” de Guzmán Carriquiry, Buenos Aires, Sudamericana, 2005.

4.- Luis Bilbao; Argentina como clave regional. Búsqueda Editorial; Buenos Aires, mayo de 2007.

Marzo de 2013

viernes, 22 de marzo de 2013

Piden la detención de franquistas desde Argentina. Entre ellos, el suegro de Gallardón, ministro de Justicia del gobierno de Rajoy


LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD NO PRESCRIBEN Y SU IMPLEMENTACIÓN ES UNIVERSAL


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por Kaos. Antifascismo
Marzo de 2013 


“Mucha gente pregunta por qué acá y no en otro país –señala Messuti–. Argentina abrió el camino jurídico poniéndose en consonancia con todas las normas internacionales para juzgar estos crímenes”
Autor: Adrián Pérez - Fuente: Página 12

La querella argentina contra los crímenes del franquismo tomó un nuevo giro. Los abogados representantes de familiares y víctimas entregaron un escrito en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº1, a cargo de María Servini de Cubría, donde piden que la magistrada libre órdenes de detención internacional, con el fin de ser extraditados e indagados, para nueve españoles vinculados con el régimen de Franco. Se trata de funcionarios, ex jueces y policías acusados de diferentes crímenes. El suegro del ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón, del gobernante Partido Popular, es uno de los acusados.

Junto a la abogada Ana Messuti, el abogado Carlos Slepoy, que llegó días atrás desde España para reunirse con Servini de Cubría, señala que todo comenzó con dos presentaciones particulares en Buenos Aires. La querella reúne hoy más de 150 denuncias. “González Pacheco era una especie de Astiz, un torturador notorio del franquismo condecorado en democracia”, señala Slepoy. “Si se libran las órdenes de detención va a haber un clamor en toda España para que se los detenga y extradite a la Argentina”, augura el abogado.

Página/12 tuvo acceso, en exclusiva, a datos personales, las funciones que desempeñaron y los crímenes imputados a esos funcionarios. Rodolfo Martín Villa (79 años) fue ministro de Relaciones Sindicales, senador por designación real y diputado por Madrid. También presidió la Comisión de Justicia e Interior del Congreso. Lo apodaron “la porra de la Transición” por su saña en la represión de manifestaciones obreras y estudiantiles mientras era ministro de Gobernación. Roberto Conesa, conocido por sus brutales prácticas de tortura, estuvo bajo su mando. La Asociación de Víctimas 3 de Marzo del País Vasco lo hace responsable de cinco muertes y más de cien heridos durante un ataque perpetrado en Vitoria en 1976.

El suegro de Ruiz-Gallardón, José Utrera Molina (87), es miembro de la Fundación Nacional Francisco Franco. Militó en el Frente de Juventudes, brazo del partido fascista. Gobernó Ciudad Real, Burgos y Sevilla y fue vicepresidente del Consejo Nacional del Movimiento hasta poco antes de la muerte de Franco. Se le imputa haber integrado el gobierno que sentenció a muerte a Salvador Puig Antich, asesinado a garrote vil. Es considerado colaborador necesario de ese crimen.

Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas desde 2007, Fernando Suárez González (80) fue jefe en Oviedo del Sindicato Español Universitario, gremio fascista de afiliación obligatoria para los estudiantes. Se desempeñó como ministro de Trabajo hasta la muerte de Franco. Firmó la condena a muerte de cinco antifranquistas fusilados el 27 de septiembre de 1975. Rafael Gómez Chaparro Aguado (86) cerró el caso Montejurra, por el asesinato de dos militantes carlistas a manos de bandas parapoliciales. Fue juez de instrucción del Tribunal de Orden Público entre 1972 y 1977. Por lo menos tres testigos señalan que el juez desestimó sus denuncias por malos tratos y torturas.

Jesús Cejas Mohedano (67) ingresó en 1969 al cuerpo jurídico del ejército. En 2002, el Consejo General del Poder Judicial admitió su ingreso a la carrera de magistrado. Fue vocal del Consejo de Guerra que condenó a muerte a tres personas: José Humberto Baena Alonso fue fusilado el 27 de septiembre de 1975. Hasta su disolución en 1976, Juan Antonio González Pacheco (67) formó parte de la Brigada Político Social (BPS) que actuó como policía política de la dictadura. Acacio Puig Mediavilla, Antonio Chapero Varela y Silvia Carretero Moreno, entre otros, denunciaron a “Billy el niño” por torturas.

José Ignacio Giralte González (71) fue miembro destacado de la BPS hasta su disolución y comisario del Cuerpo Nacional de Policía. Al igual que Cejas Mohedano, fue acusado por numerosos testigos de torturas. Celso Galván Abascal (77) fue escolta de Franco y, más tarde, de la Casa Real. Lo denuncian por haber diseñado estrategias de sufrimiento. Jesús Muñecas Aguilar (74) ingresó a la Guardia Civil en 1961. Es dueño del Centro Hípico Valdemoro, donde en 1994 homenajeó, junto con los guardias que lo acompañaron, a Antonio Tejero. También es sindicado como torturador.

Amnistía Internacional, Izquierda Unida, Bloque Nacionalista Galego, Esquerra Unida i Republicana, los sindicatos CGT, CC.OO. y UGT –entre otras fuerzas– apoyan a la querella argentina para que se investiguen esos crímenes. Desde un despacho atiborrado de documentos y nuevas denuncias, Slepoy considera que, en caso de concretarse, las detenciones pueden abrir paso al fin de la impunidad del franquismo. Para el abogado, sería ideal que los consulados argentinos en el exterior recibieran denuncias para remitirlas luego a España.

El balance de la reunión con Servini de Cubría, según Slepoy, fue satisfactorio. “Creo que la jueza es consciente de la trascendencia histórica de este procedimiento”, afirma. “Los argentinos tenemos al Che Guevara, a Messi, un papa: ahora esperamos tener un juez universal”, bromea. Se espera que en abril, cuando la causa 4591/10 cumpla tres años de iniciada, comiencen las videoconferencias entre Servini de Cubría y los denunciantes que se encuentran en España para agilizar los tiempos de la investigación.

“Mucha gente pregunta por qué acá y no en otro país –señala Messuti–. Argentina abrió el camino jurídico poniéndose en consonancia con todas las normas internacionales para juzgar estos crímenes”, responde. El viernes, Slepoy y el grupo de abogados que lo acompañan realizarán una conferencia de prensa a las 12, en la Asociación de Abogados de Buenos Aires, para comentar los avances de la querella.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Irak no ha alcanzado la paz, 10 años después de la guerra


Faltos de cultura política, embrutecidos por tres décadas de tiranía y guerras, los iraquíes no tienen rivales políticos sino enemigos

 Bagdad (Enviada especial) 18 MAR 2013

VÍDEO: REUTERS-LIVE

El parque de atracciones Al Zawra se llena los viernes por la noche de familias en busca de diversión para los pequeños y distracción para los mayores. Las luces de la noria cambian de color. Los tiovivos dan vueltas. Los gritos y risas de los niños han sustituido al tableteo de ametralladora que se había convertido en la banda sonora de Bagdad. De nuevo, es posible salir a la calle sin (mucho) miedo. Y los iraquíes no pierden un minuto para disfrutar esa sensación de recuperada normalidad que transmite la feria en el barrio de Mansur.

“Es cierto que la seguridad personal ha mejorado bastante, se han reducido los secuestros y ya casi no se oyen explosiones y tiroteos”, admite Karim A., mientras su hijo Hamudi insiste en montarse otra vez en el balancín y su mujer, Ruquiya, cuida de que la pequeña Amal no se aleje demasiado.

Hace dos o tres años la escena hubiera sido inimaginable en esta ciudad a la que la invasión estadounidense de 2003 transformó hasta dejarla irreconocible a base de alambradas, muros de hormigón, calles cortadas y comunidades segregadas según el origen étnico o la confesión religiosa. La pareja celebró entonces la caída de Saddam Husein y a pesar de la violencia que les confinó a sus casas durante buena parte de la década, nunca perdieron la esperanza como lo prueba que se casaran en 2009 y se animaran a tener los dos críos. Sin embargo, ahora hablan de irse de Irak.

“Con los niños las cosas se ven de otra manera. Nos preguntamos si este país tiene futuro. La situación política es preocupante”, confía Karim mientras su mujer asiente con la cabeza. Ambos temen el regreso del sectarismo que entre 2006 y 2008 puso al país al borde de la guerra civil. Son profesionales con un alto nivel de inglés, quieren una buena educación para sus hijos y sospechan que las cosas no van a mejorar en el futuro inmediato. Como muchos iraquíes, están empezando a perder la paciencia.
La seguridad personal ha mejorado bastante, se han reducido los secuestros y ya casi no se oyen explosiones
Karim A., ciudadano de Bagdad
Diez años y 122.000 muertos después, el nuevo Irak tiene poco que ver con aquel “modelo de democracia para la región” que les prometiera George W. Bush. Esa cifra es la que facilita el contador del Iraqi Body Count, una organización sin ánimo de lucro que contabiliza las víctimas mortales civiles desde la invasión y que se actualiza a diario con fuentes contrastadas. Pero una tan famosa como polémica proyección de The Lancet elevaba su número a 650.000 hasta 2006, lo que haría que ahora rondaran un millón. La distancia entre las expectativas que se crearon con el derribo de Saddam y la realidad es igualmente enorme.

“Tenemos una paz, una seguridad y un sistema político muy frágiles. A pesar de la nueva Constitución y las dos elecciones, no se han puesto las bases para un sistema democrático sólido”, explica Hanaa Edwar, secretaria general de Al Amal, una ONG que promueve la sociedad civil, activa desde 1992 pero que sólo en 2003 pudo instalarse en Bagdad. “Queda mucho por construir: el respeto de los derechos humanos, la igualdad de género, la justicia social… Está siendo un parto muy complicado”, resume de forma gráfica.

La Constitución de 2005 establece las bases necesarias para ello pero, como recuerda un europeo que ha pasado la mayor parte de la década asesorando al Gobierno iraquí, no se ha desarrollado. “Nadie se atreve a tocar nada por temor a que el precario equilibrio [étnico y sectario] alcanzado salte por los aires”, apunta desde el anonimato porque no está autorizado a hablar con la prensa.

“Se hizo deprisa y corriendo. Con actores que ya no están en el poder (a excepción del presidente Yalal Talabani, en la actualidad de baja) y los nuevos no entienden aquel texto constitucional, o se opusieron directamente a él, como es el caso de Múqtada al Sadr o Nuri al Maliki [dos actores clave en la actualidad]”, explica el interlocutor. Desde posturas políticas distintas, ambos dirigentes chiíes se opusieron al federalismo y el estado centralizado que ha mantenido y reforzado el segundo como primer ministro es la clave

El problema arranca del Consejo de Gobierno nombrado por los ocupantes en el verano de 2003. Se distribuyeron los 25 sitios de acuerdo con cuotas sectarias que dieron carta de naturaleza a unas diferencias que hasta entonces se mantenían en segundo plano. Los iraquíes empezaron a verse (y a actuar) de acuerdo con ese estereotipo. Y los nuevos dirigentes políticos lo han explotado desde entonces. El voto sectario es una consecuencia de la inexistencia de verdaderos partidos, con programas concretos que superen esas categorías tan reales como alentadas.

Faltos de cultura política y embrutecidos por tres décadas de tiranía y guerras, los iraquíes no tienen rivales políticos sino enemigos

El empate virtual en las últimas elecciones entre la Alianza Nacional del primer ministro, Nuri al Maliki, y el bloque Iraquiya de Ayad Alaui, forzó un Gabinete de unidad nacional en el que están representados la mayoría árabe chií y las minorías árabe suní y kurda, pero que ha trasformado el encaje de bolillos sectario en parálisis política absoluta. “Es un Gobierno imposible que tiene dentro al partido del Gobierno y a la oposición”, describe con aptitud un embajador europeo en Bagdad. Así no puede tomar decisiones. Falta por ver si las elecciones del próximo año son capaces de producir un Ejecutivo con un mandato claro. Muchos observadores, lo dudan.7
Faltos de cultura política, embrutecidos por tres décadas de tiranía y guerras, los iraquíes no tienen rivales políticos sino enemigos. Se pierde o se gana. No hay posibilidad de compromiso, una palabra que de por sí en árabe suena a derrota. De ahí, la saña del enfrentamiento. Además, se están quedando sin mediadores.
“Antes hacía ese papel Estados Unidos, pero desde la salida de sus tropas ese país ha perdido peso”, confía un observador occidental. Otra figura respetada para esa función era el presidente Talabani, a quien la enfermedad ha sumido en el silencio. Sólo el guía espiritual de los chiíes, el ayatolá Ali Sistaní, parece servir de freno a los excesos autoritarios de Al Maliki, tal vez consciente de que el agravamiento del sectarismo sólo puede terminar dando la razón a quienes profetizaban la fractura de Irak en tres entidades nacionales.
Más grave aún para el día a día inmediato de los iraquíes, en vez de “un país económicamente próspero que iba a arrastrar a los vecinos” como auguraba EEUU, Irak se ha convertido en el octavo más corrupto del mundo, según el índice que elabora anualmente Transparency International. Así que los enormes ingresos del petróleo, que el año pasado alcanzaron los 73.000 millones de euros, no se han traducido en una mejora generalizada y equitativa del nivel de vida de los iraquíes.
Los concesionarios de coches de lujo o la recién inaugurada tienda de Rolex en la mejor esquina de Mansur, son sólo un espejismo para la mayoría de la población. Aunque los salarios de los empleados públicos van de los 400 euros de un maestro a los 800 euros de un policía, frente a apenas un euro que oficialmente cobraban en los últimos años del régimen de Saddam, la mayoría aún sobrevive haciendo chapuzas o trabajos informales, sin seguro médico ni posibilidad de cobrar una jubilación.
“Carecemos de Estado, las instituciones no funcionan y no se respeta la ley”
Hanaa Edwar, secretaria general de la ONG iraquí Al Amaal
“Carecemos de Estado, las instituciones no funcionan, no se respeta la ley”, insiste Edwar. “Resulta amargo hablar de ello, pero sigue habiendo presos sin acusaciones claras, gente a la que se destituye sin compensación, jóvenes sin trabajo, corrupción y un absoluto colapso de los servicios públicos”, añade.
Ni siquiera en los barrios típicamente chiíes, como Al Kadhimiya o Ciudad Sadr, supuestamente los más beneficiados por un Gobierno afín, se han asfaltado las calles o hay un sistema de recogida de basuras que evite la sensación de pasear por un vertedero al aire libre. Durante la semana pasada en Bagdad, a principios de marzo, esta corresponsal vio en varias zonas de la ciudad algunos barrenderos, jardineros y obreros que pintaban los bordillos de las aceras. Los decepcionados vecinos atribuían su presencia a las elecciones locales que van a celebrarse en abril.

A pesar de los 60.000 millones de dólares que EEUU invirtió en la reconstrucción, la única influencia visible que ha dejado el país es ellook macarra-militar, que los soldados iraquíes reproducen sin complejo. Soldados con gafas Rayban que mascan chicle, enormes muros de hormigón y miles de puestos de control para intentar frenar los atentados que todavía sobresaltan de vez en cuando a la población. Unas medidas de seguridad que hacen que desplazarse por la capital se convierta en un ejercicio de paciencia agotador y enervante. Sus habitantes pierden varias horas diarias en desplazamientos.

El tráfico y la penuria de los servicios públicos son sin duda lo que más irritación causa entre los iraquíes. El sistema educativo está destrozado. El transporte público es una quimera. Gran parte de la población sigue sin agua potable. Y aunque el abastecimiento de electricidad se ha duplicado entre 2004 y 2012, no ha conseguido acabar con el desquiciante runrún de los generadores y el olor a gasoil que inunda la ciudad.
“Tenemos tres conexiones: a la red nacional, al generador del barrio y al nuestro familiar para cuando falla lo demás”, explica Saleh H., padre de dos chavales de 16 y 12 años, residentes en la calle Palestina. “Sale carísimo”, se queja. Saleh tiene dificultades para llegar a fin de mes con las chapuzas que va empalmando desde que en 2003 cerró la fábrica de munición en la que trabajaba. Tampoco sabe cómo explicar la situación a sus hijos fascinados con las últimas consolas y móviles, que no les puede comprar.

El sistema educativo está destrozado y gran parte de la población sigue sin agua potable

“Se está agrandando la brecha entre ricos y pobres”, constata Edwar que también recuerda que tres décadas de guerras han dejado 1,5 millones de viudas sin fuente de ingresos. Además, todavía hay 1,3 millones de desplazados que no han podido volver a sus casas, bien porque están destruidas o porque han sido ocupadas por familias de otra secta tras la limpieza que ha uniformado zonas que hasta hace unos años eran mixtas. Así que en algunos barrios, como en Ciudad Sadr, dos y tres familias se hacinan en espacios que no llegan a los cien metros cuadrados. En otros casos, han encontrado refugio en edificios a medio construir como el de la plaza del Teatro, sin servicios sanitarios.

“Se necesitan dos millones de viviendas en todo el país, al menos una cuarta parte de ellas en Bagdad”, señala Ghada al Siliq, una arquitecta que trabaja como consultora para el Ayuntamiento de la capital. “Las disputas políticas han frenado los proyectos, pero poco a poco los nuevos responsables están aprendiendo y empiezan a darse cuenta de que tienen que ir adelante con la parte técnica”, añade intentando mantener la esperanza.
Para ello nada mejor que acudir la facultad de idiomas de la Universidad de Bagdad en Bab al Moadam. Allí, tras superar un control policial y un estricto registro de acceso, se respira un optimismo sin parangón en el resto de la ciudad. Shatha Kareem, la jefa del departamento de español, muestra con orgullo las aulas recién pintadas, la biblioteca y la televisión donde los 529 matriculados en esta lengua pueden ver el Canal 24 horas. Con más entusiasmo que medios, 18 profesores intentan que los estudiantes se enamoren de un idioma que en muchos casos no fue su primera elección.

“¿Cómo podemos conseguir una beca para viajar a España?”, es la pregunta que formulan los alumnos antes de acabar el primer curso. Sin duda el principal atractivo de aprender una lengua extranjera es la posibilidad de salir de un país en el que apenas un 40% de los adultos tiene trabajo (el 65% de ellos en el sector público).
“Están en una edad en la que creen que todo lo de fuera es perfecto, que si salen de aquí van a realizar todos sus sueños”, reconoce la decana de la facultad y jefa del departamento de inglés, Sausen Faisal el Samir. Ella siempre intenta que no se vayan antes de acabar los estudios. “¿A qué van a dedicarse si no? ¿A servir hamburguesas en un McDonald’s? Eso también pueden hacerlo aquí”, apunta.

Pero es difícil. Muchos tienen familia o amigos fuera que les cuentan lo que se están perdiendo. Dos millones de iraquíes viven en el extranjero e incluso quienes han vuelto en los últimos años han dejado una puerta abierta en el país de acogida. Aunque a largo plazo todos aseguran que Irak va a salir adelante, el interregno puede ser muy largo. “Así que entre la élite cultural e intelectual, la cuestión ya no es si me iré sino cuándo se presentara la oportunidad”, advierte Al Siliq, la arquitecta.

“Los iraquíes estamos cansados de la guerra. Queremos vivir una vida normal como el resto del mundo”, concluye El Samir, la decana. Es lo mismo que desean Karim y Ruquiya para sus hijos. 

sábado, 16 de marzo de 2013

La tierra se hunde bajo los pies de la Comisión Investigadora de los Atentados del 11/9

por Kevin Ryan
La principal fuente de su informe ha pasado a ser considerada oficialmente como carente de valor. Agente de la CIA ha reconocido que todo fue inventado

Las audiencias de confirmación de John Brennan, seleccionado por Obama para dirigir la CIA, son el tema del momento. Sin embargo, paralelamente, otro tema vinculado a esa nominación ha sido ampliamente ignorado por los medios de difusión en EEUU. Se trata de la historia de Abu Zubeida, cuyos supuestos testimonios –obtenidos bajo la tortura cuando Brennan dirigía el Centro de Amenazas Terroristas de la CIA– sirvieron de base a la versión oficial de los hechos del 11 de septiembre. Hace poco tuve la oportunidad de reunirme con Lee Hamilton, el ex vicepresidente de la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas contra EEUU. Lo interrogué sobre la nueva posición del gobierno con respecto a Abu Zubeida y sobre los graves problemas que ese brusco cambio implica para el 'Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre'.

En efecto, como subrayaba en mi anterior artículo sobre ese tema, [1] Zubeida se halla en el centro de un proceso de cuestionamiento de la versión oficial sobre los ataques del 11 de septiembre. Bajo el mando de Brennan, importantes pruebas contra al-Qaeda se obtuvieron gracias a las numerosas torturas que la CIA aplicó a Zubeida, con un mínimo de 83 simulaciones de ahogamiento, periodos en los que se le mantenía colgado del techo completamente desnudo, proyecciones violentas contra una pared de concreto y otros métodos experimentales igualmente atroces. Sin embargo, [desde septiembre de 2009], el gobierno de EEUU afirma que Zubeida nunca fue miembro de al-Qaeda ni estuvo vinculado a esa organización. Así que no podía conocer la información que la Comisión sobre el 11 de Septiembre le atribuye.

Lee Hamilton (derecha)

Desde el inicio de nuestra conversación, Lee Hamilton me dijo que le costaba trabajo acordarse de Zubeida. Esa pérdida de memoria resulta extraña porque, en 2008, Hamilton escribió un artículo en el 'New York Times', con [el presidente de la Comisión] Thomas Kean, para describir como la CIA estaba poniendo trabas a la investigación sobre el 11 de septiembre. Y aquel artículo contenía precisamente numerosas referencias a Zubeida [2]. Afirmaba que «desde junio de 2003, [la Comisión había] pedido todos los informes de inteligencia sobre estos vastos temas que se habían obtenido durante los interrogatorios [realizados a] 118 individuos designados por sus nombres. Estos últimos incluían a la vez a Abu Zubeida y a Abd al-Rahim al-Nashiri, dos importantes agentes de al-Qaeda». Kean y Hamilton escribieron que «en octubre de 2003, [enviaron] una nueva oleada de preguntas al director jurídico de la CIA. Una serie de ellas incluía decenas de preguntas especificas sobre esos informes, entre ellos los que tenían que ver con Abu Zubeida».

Los pedidos de la Comisión sobre el 11 de Septiembre tendrían que haber provocado la publicación de archivos rebosantes de revelaciones. En efecto, estando John Brennan a cargo de la dirección del Centro de Amenazas Terroristas de la CIA, esa agencia filmó las sesiones de tortura de las que fueron objeto Zubeida así como otras personas. Con toda intención, la CIA maniobró posteriormente para ocultar aquella información a la Comisión sobre el 11 de Septiembre. Es casi seguro que John Brennan y George Tenet, el entonces director de la CIA, estaban implicados –los dos– en las decisiones que tuvieron que ver con esa obstrucción. Los dos habían trabajado en estrecha colaboración durante años. Como jefe de la estación CIA en Arabia Saudita, Brennan estaba frecuentemente en comunicación directa con Tenet, saltándose la habitual cadena de mando. En aquella época, y en lo que parecía ser un favor que se hacía a los sauditas, [la jerarquía de la agencia] evitó que los analistas de la CIA se interesaran por las relaciones entre Arabia Saudita y los extremistas árabes [3]. Visiblemente, Brennan y Tenet tenían tendencia a proteger a ciertos individuos sospechosos de terrorismo, mientras ocultaban el tratamiento que la CIA reservaba a otros sospechosos.

Se ha revelado que en 2005, cuando Brennan dirigía el Centro Nacional de Contraterrorismo, la CIA destruyó las grabaciones en video de las torturas, en la mayoría de las cuales aparecía Zubeida [4]. Al explicar la obstrucción de la CIA, Hamilton escribió: «La agencia nunca reveló que se hubiese grabado ningún interrogatorio ni haber estado en posesión de ninguna otra información pertinente, bajo ninguna forma. Insatisfechos ante aquella respuesta, llegamos a la conclusión de que teníamos que interrogar nosotros mismos a los detenidos, como Abu Zubeida y otros prisioneros más.» [5]

O sea que, en 2008, Lee Hamilton recordaba muy claramente que, por dos veces al menos, le había solicitado a la CIA información específica sobre Zubeida y [que lo había hecho] de manera potencialmente litigiosa. Al no recibir aquella información, Hamilton solicitó a la CIA una autorización para interrogarlo directamente. La agencia no se limitó a rechazar ese pedido sino que además negó también a la Comisión el acceso a los interrogadores que habían obtenido, mediante la tortura, el supuesto testimonio de Zubeida. Sin embargo, a pesar de tan memorables negativas, Hamilton parece haber olvidado todo lo concerniente a este hombre, con excepción de su impresión de que no había tenido un gran papel en el Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre. En efecto, Hamilton me declaró que sus «recuerdos son un poco borrosos sobre ese sujeto, pero la información que obtuvimos gracias a él no era determinante en nuestro informe» [6].

Entre las posibles razones de la súbita y poco convincente amnesia de Lee Hamilton pudiéramos citar el hecho que el gobierno de EEUU desistió hace poco de sus acusaciones en contra de este «detenido», a quien este país ha mantenido en la cárcel durante 11 años sin presentar cargos en su contra. El resultado de la nueva posición es la aparición de una serie de distorsiones en el Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre, lo cual implica una evidente necesidad de revisar dicho documento.

Por ejemplo, en respuesta al pedido de habeas corpus presentado por los abogados de Zubeida, el gobierno declaró que no podía sostener que Zubeida «haya desempeñado un papel directo o que haya tenido conocimiento previo de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001» [7]. En esa misma respuesta, el gobierno afirmó que tampoco podía acusar a Zubeida de haber sido «miembro de al-Qaeda [o de haber sido] formalmente identificado como [alguien] que era parte de esa organización». Pero la nota 35 del Capítulo 5 del Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre afirma exactamente lo contrario. Según esa nota, «Abu Zubeida, quien trabajaba estrechamente con la dirección de al-Qaeda, declaró que inicialmente KCM [Khaled Cheikh Mohammed] presentó a Ben Laden una versión en menor escala del plan del 11 de septiembre y que este último exhortó a KCM a ampliar la operación con el siguiente comentario: “¿Por qué utilizar un hacha cuando usted puede utilizar un buldócer?”» [8] Según esa frase, Abu Zubeida tenía un conocimiento más bien amplio e íntimo de al-Qaeda…

Durante nuestra conversación le recordé a Lee Hamilton que Abu Zubeida aparecía mencionado más de 50 veces en el Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre. Le recordé también que los supuestos testimonios de Zubeida, obtenidos bajo la tortura, sirvieron de base a la versión oficial del 11 de septiembre. Lo mismo sucedió con las declaraciones que los torturadores les arrancaron a KCM y a Ramzi ben al-Chaiba, ambos [inicialmente] identificados por Zubeida como personas implicadas en los ataques. En la construcción del trasfondo de la leyenda oficial de al-Qaeda, el informe de Hamilton calificó a Zubeida como «vinculado a al-Qaeda», «aliado desde hacía mucho tiempo de Ben Laden» y «lugarteniente de Ben Laden» [9]. A pesar de esas importantes referencias, Hamilton me aseguró que simplemente no lograba acordarse de Zubeida, diciéndome que sus «recuerdos sobre ese hombre [eran] verdaderamente borrosos».

Para refrescarle aún más la memoria, le recordé a Hamilton que su informe citaba 9 fechas diferentes de interrogatorios realizados a Abu Zubeida. En respuesta, Hamilton declaró que todavía tenía que «hacer un gran esfuerzo de imaginación para acordarse» de aquel hombre. Si Hamilton hubiese leído mi artículo sobre Zubeida, enviado más de una semana antes de nuestro mutuo acuerdo para reunirnos y 11 días antes de nuestra conversación, habría recuperado fácilmente la memoria. Su incapacidad para hacer un esfuerzo de imaginación sobre este personaje me recordaba la excusa sobre la «falta de imaginación» que la Comisión utilizó cuando propuso una explicación global del 11 de septiembre.

En este momento, el gobierno de EEUU ya no sostiene que Zubeida tuviese algo que ver con al-Qaeda y afirma que este hombre nada sabía sobre el 11 de septiembre. Así que le pregunté a Hamilton si podía explicar cómo es posible que Zubeida supiese sobre al-Qaeda todo lo que se afirma en su informe. Con un simple «no», Hamilton me sugirió que esas contradicciones no le molestan.



















John Kiriakou


Nuestra conversación nos llevó después a la reciente condena de [cárcel contra] John Kiriakou, quien fue director de las operaciones de contraterrorismo de la CIA en Pakistán después del 11 de septiembre. Fue al parecer Kiriakou quien capturó a Zubeida y le aplicó los primeros interrogatorios. Es interesante señalar que la historia de Kiriakou ha ido evolucionando, como la historia oficial sobre Abu Zubeida. Según fuentes bien informadas, «ahora, [cuando se habla de Zubeida,] Kiriakou reconoce con cierto desenfado que en realidad lo inventó todo» [10].

A partir de ahí [Kiriakou] ha sido aclamado como un “tocador de alarma” [11]. Hace poco declaró que John Brennan era una opción desastrosa para [ocupar el puesto de] director de la CIA ya que había adoptado la tortura [como fuente de información de inteligencia]. Kiriakou declaró que conocía a Brennan desde los años 1990 y que había trabajado para él dos veces. Como hizo notar Kiriakou, estando él en la CIA, Brennan «debió estar estrechamente implicado no necesariamente en la aplicación de métodos de tortura sino en las políticas, en las políticas de tortura» [12]. Todo parece indicar, por consiguiente, que Brennan sería una opción particularmente mala [para dirigir la CIA]. Pero hoy resulta evidente que los individuos que estuvieron implicados en la tortura no tendrán que responder por sus actos, como tampoco tendrán que hacerlo los que utilizaron testimonios arrancados mediante la tortura en la redacción de informes falsos.

Por esos mismos días tuve también la oportunidad de reunirme con Brent Mickum, el abogado de Abu Zubeida. Al contrario de Lee Hamilton, el abogado Mickum fue muy directo y convincente. La información que posee sugiere que Zubeida fue víctima de acusaciones falsas desde el principio. Mickum piensa que puede haber razones alternativas que explicarían por qué se escogió a su cliente para ser la primera víctima experimental de la tortura –a pesar de que no apoyaba el asesinato de inocentes ni los atentados suicidas y de que había rechazado repetidamente convertirse en miembro de al-Qaeda. Mickum espera que este año se produzca una presentación de cargos en contra de su cliente pero no se imagina de qué puede acusársele. Ya no hay pruebas que respalden las alegaciones según las cuales Zubeida, de alguna manera, conspiró con al-Qaeda. Por otro lado, las autoridades no pueden incluirlo en la categoría de «enemigo combatiente», conforme a la Military Commissions Act de 2006, sabiendo que [Zubeida] fue capturado y torturado varios años antes de la promulgación de esa ley.

Con esos elementos en mente, le pregunté a Lee Hamilton si debiera permitirse que Abu Zubeida cuente su propia versión de lo sucedido, ya que se ha demostrado que la detención arbitraria y las torturas de las que fue objeto se basan en mentiras. Hamilton me respondió que no adoptaría posición alguna sobre ese tema, de ninguna manera. Esa negativa es una razón más para sospechar que este hombre [Hamilton] no dirá nunca la verdad sobre el uso, por parte de la Comisión sobre el 11 de Septiembre, de testimonios que no eran dignos de confianza por haber sido obtenidos a través de la tortura.

Aunque en numerosas ocasiones Lee Hamilton ha declarado públicamente que considera que la tortura es inmoral y que EEUU debía oponerse a ella con firmeza, sus actos y su trabajo indican lo contrario. En efecto, la contradicción flagrante ante la que [Hamilton] se encuentra hoy es que en realidad el Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre constituye el argumento supremo para justificar el uso de la tortura. Porque, después de todo, sin los supuestos testimonios que obtuvieron los torturadores de Abu Zubeida y de los individuos supuestamente identificados por él (sobre todo KCM y Ramzi ben al-Chaiba), el informe de Hamilton contendría pocos elementos probatorios. Por lo tanto, ahora que el gobierno de EEUU encuentra tantas dificultades para inculpar a Zubeida, después de haber desmentido sus [supuestos] vínculos con al-Qaeda, ese informe debería ser cuestionado, independientemente de las acusaciones que se pronuncien finalmente.


Notas
[1] Kevin R. Ryan, «Abu Zubeida, el hombre que “delató al al-Qaeda”», 19 de enero de 2013, Red Voltaire. Artículo original: «Abu Zubaydah Poses a Real Threat to Al Qaeda», Dig Within, 15 de octubre de 2012.

[2] Thomas H. Kean y Lee H. Hamilton, «Stonewalled by the C.I.A.», 'The New York Times', 2 de enero de 2008.

[3] James Risen, State of War: The Secret History of the CIA and the Bush Administration, Free Press, 2006. Publicado en francés bajo el título État de guerre: Histoire secrète de la CIA et de l’administration Bush, Albin Michel, 2006.

[4] Mark Mazetti, «U.S. Says C.I.A. Destroyed 92 Tapes of Interrogations», 'The New York Times', 2 de marzo de 2009.

[5] Thomas H. Kean y Lee H. Hamilton, Stonewalled by the C.I.A, op cit.

[6] Notas de mi encuentro con Lee Hamilton, 7 de febrero de 2013.

[7] Zayn al Abidin Muhammad Husayn v. Robert Gates, Respondents Memorandum of Points and Authorities in Opposition to Petitioner’s Motion for Discover and Petitioner’s Motion for Sanctions. Civil Action No. 08-cv-1360 (RWR), septiembre de 2009.

[8] Ver la nota 35 del Capítulo 5 del Informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre, cuya fuente es «Intelligence report, interrogation of Abu Zubaydah, May 16, 2003».

[9] Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra EEUU, Informe Final de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra EEUU, versión francesa disponible desde el 2 de febrero de 2005. La versión original, disponible aquí
, está fechada el 22 de julio de 2004.

[10] Jeff Stein, «CIA Man Retracts Claim on Waterboarding», Foreign Policy, 6 de enero de 2010.

[11] El término consagrado en inglés es whistleblower. Nota del Traductor.

[12] Democracy Now, «Whistleblower John Kiriakou: For Embracing Torture, John Brennan a ‘Terrible Choice to Lead the CIA’» 30 de enero de 2013.
Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la traducción al francés de Maxime Chaix

viernes, 15 de marzo de 2013

Papa Francisco I apoyó la Operación Cóndor y avaló la economía de los Chicago Boys



por Kurt Nimmo 15-03-2013



Jorge Mario Begoglio, el cardenal de Buenos Aires que fue elegido como Papa en el cónclave del miércoles pasado, estuvo íntimamente involucrado en la “guerra sucia” de la Operación Cóndor en Sudamérica.

Como un producto de la policía secreta chilena de la DINA y otros cinco estados latinoamericanos – Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay – la Operación Cóndor fue una operación de inteligencia diseñada para monitorear, asesinar y hacer desaparecer a disidentes izquierdistas que amenazaban los planes económicos para el continente.

El brutal dictador del país vecino, Augusto Pinochet, llegó a exportar su operación de matanzas a Estados Unidos. El 21 de septiembre de 1976, un ex canciller del gobierno de Allende – derrocado en un golpe patrocinado por la CIA – fue asesinado en las calles de Washington, D.C. junto a su acompañante estadounidense, Ronni Moffitt.

Business Insider menciona un artículo de Hugo O’Shaughnessy publicado en el sitio web del Guardian de Londres el 4 de enero de 2011. Éste habla sobre el rol que jugó la Iglesia Católica en la Operación Cóndor y, finalmente, en la desaparición y asesinato de más de 30 mil sudamericanos. El articulista cita al autor argentino Horacio Verbitsky, quien documentó la ejecución de miles de disidentes políticos. El método preferido fue empujar a los detenidos a las aguas del Río de la Plata o el Océano Atlántico desde aviones militares argentinos.

[Verbitsky] relata cómo la Marina argentina, con la complicidad del cardinal Jorge Bergoglio, ahora arzobispo jesuita de Buenos Aires, escondió de una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a prisioneros políticos de la dictadura. Bergoglio los ocultó nada menos que en su casa de retiro, en una isla llamada El Silencio en el Río de la Plata. Lo más vergonzoso para la Iglesia es que en tales circunstancias, se permitió que Bergoglio pudiera avanzar en la votación del sucesor de Juan Pablo II.

El biógrafo Sergio Rubin explicó el comportamiento de Bergoglio como un pragmatismo. “Rubin dijo que no haber desafiado a los dictadores fue simplemente pragmático en ese entonces, cuando muchas personas estaban siendo asesinadas, y explicó la más reciente reluctancia de Bergoglio a compartir su versión de la historia como un reflejo de su humildad”, reportó Associated Press el miércoles después de que el “austero jesuita intelectual” de 76 años fuera elegido pontífice.

Una abogada de derechos humanos, Myriam Bregman, intentó procesar a Bergoglio por su papel en la traición de dos sacerdotes jesuitas que fueron secuestrados y entregados a un escuadrón de asesinatos argentino. Se les ordenó a los sacerdotes “abandonar su trabajo pastoral” luego de divisiones dentro de la Compañía de Jesús, una orden católica controlada por la élite argentina. Los jesuitas cometieron el fatal error de criticar a la Iglesia Católica por su estrecha relación con la Junta Militar (véase el artículo de Michel Chossudovsky sobre el Papa Francisco y su conexión con la Operación Cóndor).

Bergoglio se rehusó dos veces a aparecer en una corte pública bajo la ley argentina, y cuando eventualmente testificó sobre este caso en 2010, sus respuestas fueron evasivas.

Bergoglio lideró la Iglesia durante el reinado económico de los Chicago Boys

El nuevo papa encabezó la Iglesia durante el exitoso plan de la élite financiera para desmantelar la economía de Argentina.

La dictadura militar del país trasandino fue apoyada por banqueros de Wall Street y David Rockefeller. “Una de las citas clave de la junta militar (bajo instrucciones de Wall Street) fue el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, miembro de establishment comercial de la Argentina y gran amigo de David Rockefeller”, escribe Michel Chossudovsky. “El conjunto de medidas macro-económicas neoliberales medidas adoptadas por Martínez de Hoz eran una ‘copia’ de las impuestas en octubre de 1973 en Chile por la dictadura de Pinochet bajo el asesoramiento de los "Chicago Boys", tras el golpe de Estado del 11 de septiembre 1973 y la muerte del presidente Salvador Allende.”

Bajo el ministro José Alfredo Martinez de Hoz, la política monetaria fue determinada ampliamente por Wall Street y el FMI. El mercado de divisas fue manipulado. El Peso fue devaluado deliberadamente, conduciendo a una deuda externa insuperable. Toda la economía nacional se precipitó a una bancarrota. 

La bola de demolición logró su cometido con un resultado previsible para Sudamérica – miseria, pobreza, desnutrición y muerte.

“Pinochet no destruyó la economía de Chile de una sola vez”, escribe Greg Palast sobre el desastre ocurrido en Chile. “Tomó nueve años de duro trabajo por parte de las mentes más brillantes de la academia, una manada de aprendices de Milton Friedman, los Chicago Boys. Bajo sus teorías, el General abolió el sueldo mínimo, ilegalizó derechos sindicales de negociación, privatizó el sistema de pensiones, abolió todos los impuestos a la riqueza y ganancias empresariales, redujo el empleo público, privatizó 212 industrias estatales y 66 bancos y generó un superávit fiscal”.

jueves, 14 de marzo de 2013

Bergoglio, un Papa a la sombra de la dictadura argentina



Investigaciones periodísticas relacionan a Francisco I con desapariciones y torturas durante el gobierno de la Junta Militar de Videla en Argentina 

ANA DELICADO Buenos Aires 14/03/2013
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Cuando de la chimenea de la Capilla Sixtina se divisó el humo blanco que indicaba la elección deun nuevo Papa, cientos de fieles que asistían a misa en la catedral de Buenos Aires se deshicieron en aplausos y ovaciones en honor al nuevo Papa Francisco I, que ellos conocían hasta ese momento como el cardenal primado de Argentina y arzobispo bonaerenseJorge Mario Bergoglio.El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, al salir al balcón de la Plaza de San Pedro como el Papa Francisco I.REUTERS.

El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, al salir al balcón de la Plaza de San Pedro como el Papa Francisco I.REUTERS.


Para muchos otros, el máximo pontífice de la Iglesia Católica es no sólo un crítico acérrimo al aborto y al matrimonio homosexual, sino el jesuita quecolaboró con la dictaduraargentina (1976-1983) mientras se desempeñó como superior provincial de esa orden religiosa entre 1973 y 1979.
Después de que Bergoglio les retirara la protección, los sacerdotes fueron secuestrados y detenidos
En 2010 Jorge Bergoglio tuvo que testificar en el juicio sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada), como se conoce al mayor centro clandestino de detenciones y torturas que existió con el régimen militar. El cardenal declaró durante más de cinco horas ante el tribunal que investigaba la detención en 1976 de dos curas jesuitas, Francisco Jalics y Orlandio Yorio, que trabajaban en una villa miseria (chabola) pese a la oposición de Bergoglio, líder por entonces de la Compañía de Jesús.
Después de que su superior les retirara la protección institucional, los sacerdotes fueronsecuestrados y detenidos en la ESMA. A los cinco meses fueron encontrados en las afueras de Buenos Aires, drogados y semidesnudos.
Según señala el reconocido periodista argentino Horacio Verbitsky, cuatro catequistas y dos de sus esposos fueron también secuestrados en el mismo operativo en el que detuvieron a los curas. Ninguno de los seis volvió a aparecer.
Poco se sabe de aquella intervención de Bergoglio ante la Justicia por los delitos de la ESMA, que fue privada. Según la querella del caso, el actual Papa "mintió" y se mostró "reticente" al momento de referirse a los dos sacerdotes jesuitas. Bergoglio, en cambio, aseguró ante la Justicia que había pedido por la suerte de sus subordinados en dos reuniones que tuvo con el primer general que encabezó la dictadura, Jorge Videla, y en otro par de ocasiones, con el jefe de la Marina Emilio Massera, que dirigió la ESMA e integró la Junta Militar responsable del golpe de Estado.
No fue ésta la única ocasión que el actual Sumo Pontífice tuvo que brindar su testimonio sobre la dictadura. El hasta ahora arzobispo fue llamado como testigo a petición de la Fiscalía y de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo para que declarase sobre la apropiación por parte de los militares de los bebés que nacían en cautiverio durante la dictadura. Bergoglio pidió dar su declaración por escrito.
Bergoglio tuvo que testificar en el juicio sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA
En concreto, se le solicitó información sobre el caso de Ana de la Cuadra, nieta robada de una de las fundadoras y primera presidenta de Abuelas, Alicia de la Cuadra, fallecida en 2008. Su hija Estela de la Cuadra, que ahora busca información sobre su sobrina y sobre su hermana Elena, desaparecida cuando estaba embarazada de cinco meses, presentó ante la Justicia la correspondencia entre Bergoglio y su padre, que le había solicitado ayuda para encontrarlas. "¿Cómo es que Bergoglio dice que hace sólo diez años sabe del robo de bebés?", preguntó Estela ante los tribunales. "Es la tercera vez que lo pido ante un tribunal: ¿lo vamos a citar para que declare o no lo vamos a citar para que declare?", pedía allá por 2011.
Estela de Carlotto, actual presidenta de Abuelas, también ha cuestionado a Bergoglio por afirmar durante el juicio en la causa ESMA que se había enterado del robo de menores durante la dictadura unos diez años antes. "Por no hablar y mantener el silencio en este país tuvimos 30.000 desaparecidos y 560 nietos apropiados por represores" dijo en 2007. "Nosotros aún estamos esperando de la Iglesia haga una autocrítica sobre su actuación durante la última dictadura".
Bergoglio no se defendió públicamente de estas acusaciones, hasta que en 2010 se publicó el libro "El jesuita, conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio", en el que afrontó el tema de la dictadura. "Si no hablé en su momento fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar", explicó en ese libro. 
"Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba para abogar por personas secuestradas".

Reacciones

Aunque la presidenta argentina Cristina Fernández ha felicitado al nuevo Papa y asistirá a su asunción como Sumo Pontífice, desde las filas del oficialismo Bergoglio nunca ha sido muy querido, a raíz de las desavenencias y la distancia protocolar que mantuvieron con Bergoglio la actual mandataria como su marido y antecesor Néstor Kirchner.
Algunas reacciones no se han hecho esperar. El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck mostró su asombro por la elección de los cardenales de El Vaticano: "No sé qué aporte ha hecho la Iglesia argentina para que lo hayan nombrado como Papa".Menos sutil fue Agustina Kampfer , la pareja del actual vicepresidente, Amado Boudou, que tiró también desde Twitter su primer dardo: "No entiendo; ahora somos todos reee católicos y la Iglesia es la casa de Dios de verdad?" escribió.  "Bergoglio sigue siendo investigado por la participación de la Iglesia en delitos de lesa