jueves, 24 de enero de 2013

PATRIA BOLIVARIANA (1958) El 23 de enero: triunfo, caída y continuidad revolucionaria




Por Freddy J. Melo

I                                                                                                                                                       

El 23 de enero es un punto descollante en la continuidad de nuestro proceso histórico. Acción multitudinaria, unidad cívico-militar, extinción de una dictadura cerril y proimperialista (aunque nimbada con ciertos contradictorios arrestos de nacionalismo), marcan el carácter de un hecho que no por traicionado deja de merecer el reconocimiento de la mayoría de los venezolanos. Fue culminación  de un conflicto prolongado, liderado por revolucionarios y demócratas y cuyo desenlace sobrevino al ritmo de los clarines unitarios. Su celebración corresponde legítimamente al pueblo, a los luchadores que se mantienen consecuentes y a los nuevos revolucionarios, gracias a su sentido de la historia; jamás a quienes arriaron las banderas, enfangaron las esperanzas que hicieron aparecer esa acción como el alba de una nueva Venezuela y desembocaron en el cuadragenio vergonzoso, en el que todo principio fue perseguido, muerto y desaparecido –igual que buena parte de quienes enfrentaron la traición– y donde, válganos la remembranza de Cervantes, toda inmoralidad tuvo su asiento.

Quienes en aquella época nos arrimamos imberbes al fragor de la política recordamos vívidamente los hechos y sus antecedentes inmediatos.  Acciondemocratistas (para la fecha un título digno, amparado en el supuesto, que a tantos nos cautivó, de una “revolución popular, antifeudal y antimperialista”), comunistas, independientes progresistas y, en menor escala, urredistas y copeyanos, organizaron la lucha de casi diez años. Muchas y muchos quedaron en el camino, víctimas de la siniestra policía represiva que tenía cordones umbilicales con el Norte. Por eso, cuando quienes capitalizaron la victoria se voltearon y convirtieron en servidores de la oligarquía y el imperio, cuando del seno de los torturados de la dictadura surgieron los torturadores de la democracia (los cuales inaugurarían aquí la figura del desaparecido, aquí y no en ninguna de las satrapías que entonces asolaban el continente), los luchadores dignos se aprestaron a organizar los nuevos combates.


La contienda, frontal y terrible, intensificó su carácter de lid patriótica contra la antipatria. Pero errores de mucha monta, el principal una acción armada postiza, sin lazos orgánicos con el pueblo, que no la comprendía cabalmente, ocasionaron la derrota de los patriotas y con ella la desunión y la deserción de algunos, que tenían las convicciones en la piel. La dominación imperialista-oligárquica se fue afianzando, el país se sumió en somnolencia y toda esperanza parecía perdida. Mas la procesión andaba por dentro, en las barriadas populares y en las insospechables guarniciones castrenses, y de ese modo, en dos febreros que lucieron sorprendentes o inesperados, el pueblo estalló en los relámpagos trágicos del caracazo y se desencadenó la rebelión militar. Se produjo con ello el reencuentro entre el pueblo civil y su porción armada, de nuevo imbuida en el espíritu del Libertador, y el encuentro entre el pueblo como un todo y su líder, tremolante de las banderas del caraqueño inmortal. La Revolución Bolivariana había comenzado.

Vemos así el hilo que une al ahora cincuentón 23 de enero con la sacudida político-social que está transformando a Venezuela. El mismo hilo que arranca de la resistencia indígena encarnada en la figura de Guaicaipuro y enlaza el curso de nuestra historia: oprimidos versus opresores, pueblo versus oligarcas, nación versus imperio. Siempre un enemigo externo fundamental: el coloniaje hispano tricentenario, la influencia y los zarpazos imperiales anglo-franco-germano-holandeses y el imperialismo estadounidense multiavasallador, que nos arrebató el siglo XX; éste con mucho el más perverso, pero también será el último.


II                                                                                      

La conmemoración quincuagenaria del 23 de enero de 1958 dejó ver, desde la acera de la derecha, como es lógico, pero también desde ciertos sectores ligados al proceso bolivariano –lo cual sólo es comprensible como expresión lamentable de ausencia de conocimiento–, una serie de inexactitudes o falsedades que oscurecen la realidad de aquel estelar suceso y sirven a los intereses reaccionarios. La falsedad mayor, cantada en hosannas de prensa, radio y televisión, fue la de que estábamos  celebrando “cincuenta años de democracia”.

El 23 de enero fue toda una epopeya de pueblo global, armado y civil, culminatoria de una lucha heroica sostenida a lo largo de casi una década. Por ello es preciso reconocer y valorar tanto la fecha en sí como la prolongada acción de resistencia que la produjo. Mas al lado del resultado concreto e inmediato, y luminoso –el derribo de una dictadura criminal y servil a los intereses imperialistas del Norte–, debemos examinar con exactitud su fase oscura, que en este caso es trágicamente visible. La luz duró solamente doce meses, durante los cuales Venezuela fue probablemente el país más libre del mundo. Las multitudes eran dueñas de la calle, rechazaban todo intento de recurrencia dictatorial y expresaban una alegría que tenía la medida de sus esperanzas. Pero un año más tarde comenzó a diluirse el velo de las ilusiones y revelarse el rostro a lo Dorian Grey de una de las mayores frustraciones populares de nuestra historia, la tercera, a mi juicio, luego de las de la Independencia y la Federación.

La dictadura perezjimenista fue impuesta por el imperialismo norteamericano porque en esos momentos de desencadenamiento de la “guerra fría” prefería tener el “patio trasero” bien seguro y buscó sembrar de sargentones sanguinarios el Continente. Las débiles democracias, por muy serviles que fueran, no le daban las garantías a que aspiraba, y la del trienio 45-48, regida por AD, aunque inconfundiblemente anticomunista, había puesto las multitudes en escena con el voto a los analfabetos y a los mayores de dieciocho años. Por eso se fraguó el golpe castrense, mediante el cual, en su momento de mayor auge, el de Pérez Jiménez recibiría de Washington la presea de gobierno latinoamericano ejemplar. El capitalismo dependiente conquistaba así el espacio que el país rural iba perdiendo y la burguesía subordinada se paseaba a sus anchas por Miraflores.

Pero Acción Democrática no se resignó y comenzó a desarrollar frente a la dictadura creciente la resistencia clandestina, a la cual se sumaría poco tiempo después el Partido Comunista. Ambas organizaciones lideraron una brega memorable, pero mientras los comunistas instaban a la lucha de masas, los acciondemocratistas, que rechazaban toda relación con ellos, se lanzaban a la conspiración cuartelaria, y en ese camino fueron perdiendo sus jefes y sus cuadros. La tortura y el asesinato político revivieron la época de  Juan  Vicente  Gómez.  Las  cárceles  y  los  campos  de  concentración –sufridos por los más infortunados– se llenaron de combatientes adeístas, comunistas e independientes cercanos a unos u otros, más tarde también de urredistas y al final de copeyanos.

No obstante, AD, que al lado de su anticomunismo llamaba en sus tesis políticas a una “revolución popular, antifeudal y antimperialista”, fue conquistando sectores juveniles que llegaron sin caudas de rencores ni prejuicios y progresivamente desarrollaron, junto a líderes mayores que siempre las tuvieron, posiciones cuestionadoras hacia la dirección derechista. Nace así, desde la clandestinidad, la cárcel y el exilio, la izquierda de AD, gracias a la cual este partido pudo continuar la resistencia, pero dando origen a una dualidad de dirección y de visión, a dos líneas que a partir de 1955, aproximadamente, representaban en la práctica dos partidos, siendo el nuevo el que ahora estaba en las trincheras.

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III
                                                                                                                                       
De lo dicho insisto en destacar, primero, que al conmemorarse la fecha del 23 de enero de 1958 no es dable referirse a “tantos años de democracia” como si fuera hasta el presente, por cuanto ello significa falsificar la verdad de cuatro decenios de traición y frustración; segundo, que el suceso fue resultado de una prolongada acción de resistencia contra una dictadura impuesta por el imperialismo del Norte; tercero, que hacia mediados de aquella década había en la práctica dos partidos AD: el tradicional devenido en derechista y uno de izquierda nacido al calor de los combates, sobre el cual fue recayendo, en lo fundamental junto a los comunistas, la responsabilidad de la lucha.

El gobierno perezjimenista, amparándose en las Fuerzas Armadas y mediante la coartada de un llamado “nuevo ideal nacional”, por un lado realizaba una febril actividad de construcción de obras públicas, que generaba empleo y bienes infraestructurales, producía el enriquecimiento acelerado de una ávida burguesía en desarrollo, recibía el apoyo de los amos del valle y las cúpulas eclesiales, generaba la complacencia de las cada vez más expansivas transnacionales y con ello las bendiciones de Washington, y colmaba los corruptos bolsillos del dictador y sus validos; por otro, borraba todo vestigio de estado de derecho y plenaba de obreros, campesinos, estudiantes, profesionales, comerciantes pequeños y medios y militares desafectos, hombres y mujeres, adeístas y comunistas la mayoría (y así hasta el final, negarlo es pecado de lesa verdad), las cámaras de tortura y los recintos carcelarios, incluyendo los campos de concentración de Guasina y Sacupana. El país era fiesta y dolor.

Sectores campesinos, aunque sin cambiar todavía la correlación poblacional, empezaron a rodear con los “ranchos” nacientes las grandes ciudades, en busca de la fiesta, pero ello, en las condiciones de la inmigración europea masiva que privilegiaba el dictador, sólo consiguió potenciar el desempleo de mano criolla o el trabajo precario; los programas de construcción fueron sobrepasando la capacidad financiera del Estado, el cual se vio obligado a recurrir al pago en bonos, que la burguesía colocaba en Nueva York y en Europa; los tenedores de esos bonos comenzaron a presionar a sus clientes; el gobierno tuvo algunos atrevimientos nacionalistas, sin fuelle, pero su actividad se fue inevitablemente reduciendo; la acción política clandestina va recibiendo aportes de nuevas procedencias y ganando estratos de población antes adversarios o indiferentes; el agotamiento de la dictadura se va haciendo visible, ya no sirve ni a los obreros, ni a los campesinos, ni a las capas medias, ni a las cúpulas eclesiales, ni a las élites militares menos comprometidas, ni a la burguesía, ni al imperio, que empezaba a temer la acción de los pueblos contra las dictaduras y dar pasos hacia la preferencia de dirigidas y programadas “democracias”. Para 1957 se han anudado todas las contradicciones, la crisis política es global.

La dirección del Partido Comunista traza la línea de la unidad nacional contra el focalizado enemigo Pérez Jiménez-Vallenilla-Pedro Estrada e instrumenta la Junta Patriótica, que recoge la necesidad unitaria y se convierte en dirigente del proceso final. Triunfo de pueblo civil y pueblo armado. Fue un brillante acierto táctico, pero carente de proyección estratégica. ¿Después de Pérez Jiménez, qué? La pregunta ni se formuló ni se respondió, tácitamente se dio como buena una simple democracia formal. La visión “etapista” cerró el camino. El pueblo y los revolucionarios en la calle, celebrando, y el poder o una parte de él sin mano firme que lo asiera, pero los burgueses metiéndose en Miraflores para recuperarlo y asegurarlo.

Como expresó el Dr. Edgar Sanabria, el pueblo sembró y la burguesía cosechó. La “unidad del Country Club y La Charneca” –así se decía, con incauto olvido de la lucha de clases– sirvió a la postre para que el primero se tragara a la segunda, comenzando con la eliminación de la Junta Patriótica mediante el truco de ampliarla. Y luego, en lugar de prohijar una reforma agraria que ganara al campesinado, todavía con gran peso poblacional, se dio el espaldarazo a unas elecciones inmediatas, lo cual significaba abrir las puertas a Rómulo Betancourt, ya en cuerpo y alma entregado al imperio. Vino a “aislar y segregar” a los revolucionarios y supo hacer a fuego y sangre esa tarea (“disparar primero y averiguar después” – “las calles son de la policía”). Lo cual costó al país, tras un año de democracia real, cuarenta de tragedia e ignominia.

 No obstante, el hilo histórico roto por la traición se anudaría de nuevo, luego de otros muchos combates y derrotas, en el amanecer de la Revolución Bolivariana.

miércoles, 23 de enero de 2013

Hay que unir todas las Mareas en un tsunami contra los recortes



por Mar


Declaración de Izquierda Anticapitalista. Enero 2013

La situación económica y política en el Estado español continúa deteriorándose a pasos agigantados. En este contexto, siguiendo las indicaciones de la Troika formada por Bruselas, el BCE y el FMI, el PP ha lanzado un ataque brutal contra los servicios públicos de sanidad y de enseñanza. Tanto uno como otro, de tener éxito, pueden significar un retroceso a la época franquista y una pérdida gigantesca de derechos, así como una casi completa indefensión sanitaria y educativa para la mayor parte de la población del Estado.

Los ataques repetidos del PP a los derechos sociales y políticos de la gente trabajadora están provocando una erosión de la base social de este partido, que día a día pierde apoyos, hallándose ya lejos de los que tenía cuando triunfó en las elecciones generales del 2011. El nuevo y sonado escándalo de corrupción en torno al antiguo tesorero Luís Bárcenas, que repartía sobres de dinero negro entre los cargos directivos del PP y con una cuenta en Suiza de 22 millones de euros, puede ser un golpe muy duro para la organización. El PSOE, incapaz de encontrar una estrategia alternativa a la que ha venido desarrollando durante todos estos años, permanece estancado a escala estatal y sufriendo nuevas derrotas históricas en los comicios autonómicos. Izquierda Unida, aunque crece electoralmente, continúa presa de su cultura institucionalista, como demuestra su participación con el PSOE en el gobierno de Andalucía. La emergencia de la Alternativa Galega de Esquerdas y, sobre todo, de la CUP en las elecciones catalanas, significan avances, aunque la ausencia de una alternativa política anticapitalista con audiencia de masas sigue pesando como una losa en el escenario político del Estado español.

Tras la Huelga General del 14N, se ha producido una nueva parálisis en la iniciativa de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT. Ahora el epicentro de las luchas ha pasado a la Comunidad de Madrid, donde la Marea Blanca continúa batallando contra la privatización de la sanidad, tras la aprobación el 27 de diciembre pasado, por parte del PP, de los instrumentos legales que la permiten. El desenlace de esta lucha será de capital importancia para el futuro de la sanidad pública aunque igualmente para el desarrollo de la lucha general contra la crisis. Pero también están en marcha convocatorias como la de estudiantes para el 5, 6 y 7 de febrero, la jornada “contra el genocidio financiero” de la PAH el 16 de febrero o el “tsunami” de la Marea Ciudadana contra los recortes del 23F.

Para hacer frente a la crisis e imponer una salida favorable a la clase trabajadora y a la ciudadanía resulta imprescindible coordinar todos los movimientos en lucha y dotarlos de una agenda conjunta de movilización a medio y a largo plazo con el fin de conseguir objetivos claros y precisos de salida a ésta. En este sentido, la iniciativa de “Marea Ciudadana”, surgida recientemente, puede ser un germen de espacio de coordinación y de creación de agenda común para los movimientos. Hay que unir todas las Mareas en un tsunami contra los recortes que los sepulte definitivamente bajo sus olas.

Mientras avanzamos hacia el precipicio, el PP ataca con saña la sanidad y la educación públicas

La situación del desempleo avanza hacia el precipicio. Se prevé que la próxima Encuesta de Población Activa de finales de enero dé ya una cifra del 26% de población en situación de paro y la misma CEOE vaticina un 26,6% para el 2013; sigue produciéndose una destrucción masiva de tejido industrial, los salarios se reducen aun más, la precariedad aumenta, los precios- incluyendo los de productos y servicios básicos -suben, los cierres de empresas y EREs son el pan de cada día; el año 2012 ha significado un nuevo récord-según los datos oficiales publicados en diciembre pasado por el Consejo General del Poder Judicial -en el número de desahucios ejecutados. Los efectos de la aplicación de la Reforma Laboral del PP han sido brutales y han acelerado los procesos descritos de manera notoria.

En este contexto de verdadero apocalipsis económico, el PP- guiado por la Comisión Europea, el BCE y el FMI y siguiendo también a pies juntillas los dictados de la FAES de Aznar -ha lanzado nuevos y terribles ataques contra la sanidad y la educación públicas. El 27 de diciembre pasado, el PP de Madrid aprobó- pese a las masivas protestas de personal sanitario y usuarias y dentro de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos del 2013 -las herramientas legales para ceder la gestión sanitaria a las empresas privadas. En el caso de que el PP consiguiera llevar adelante lo formal y legalmente aprobado, ello supondría que aproximadamente un tercio de la población madrileña fuera atendida por hospitales privados y que la sanidad pública quedara estructurada para propiciar las ganancias de las empresas del ramo, como Capio, Sanitas, etc., generando la indefensión sanitaria de una parte importante de la ciudadanía madrileña. Resulta obvio que Madrid es un laboratorio y experiencia piloto que señalará el camino a seguir en la mayor parte de administraciones autonómicas.

La LOMCE del ministro Wert supone un retroceso de la enseñanza pública no universitaria a la época franquista: segregación del alumnado desde tempranas edades, control rígido de los contenidos académicos mediante imposición de pruebas externas de evaluación, concepción arcaica de los currículos y metodologías de enseñanza, pérdida de competencias de los consejos escolares a manos de directores controlados por la administración, constitución de centros en los que se producirán segregaciones masivas por tipología del alumnado, admisión del profesorado conforme a los criterios de dirección y de la administración, reducción de derechos laborales y de seguridad en el puesto de trabajo de los docentes... Todo lo anterior se añadirá a los efectos ya producidos por las disminuciones de plantillas de profesorado, aumentos de ratios escolares, freno en el mantenimiento de las infraestructuras y dotación de nuevas, que se han ido imponiendo a través de sucesivas modificaciones legislativas tanto centrales como autonómicas. De esta forma la enseñanza pública puede quedar reducida a una mínima expresión y adaptada a las necesidades de un mercado que requiere de mano de obra barata y poco cualificada.

El ataque al sistema educativo está afectando también, de manera muy grave, a las enseñanzas universitarias. La aplicación del Plan Bolonia ha supuesto ya un encarecimiento enorme de las matrículas, la desaparición de becas y ayudas para el alumnado y el pago obligatorio de las enseñanzas posteriores a las de Grado. Las plantillas de profesorado y la dotación para infraestructuras se han visto muy mermadas y las enseñanzas, en su conjunto, se orientan a satisfacer exclusivamente las necesidades de los mercados.

Pero aunque la sanidad y la educación son en estos momentos los frentes principales en los que se desarrollan los ataques del PP, estos abarcan también el conjunto de los servicios públicos o de gran importancia social: transportes, suministros de agua y energía eléctrica, recogida de basuras, asistencia social y a la dependencia, costo de los procesos legales y un largo etcétera. Los medios de comunicación públicos también están en almoneda, con la subsiguiente pérdida de puestos de trabajo y de despidos masivos.

El régimen surgido de la Transición se está viniendo abajo no sólo en lo relativo al modelo económico que ha imperado durante su vigencia, sino también en el terreno político: las instituciones, comenzando por la misma monarquía, muestran día a día la corrupción de muchos de sus integrantes y su supeditación más rastrera a los poderes económicos y financieros; la Constitución niega los derechos de las naciones integrantes del Estado y cuando es modificada los cambios tienen como objetivo satisfacer el pago de la deuda a los bancos.

En este contexto, la policía actúa brutalmente contra los distintos movimientos sociales de protesta, avanzándose día a día en la instauración de un estado represivo, una de cuyas últimas demostraciones ha sido la irrupción policial en una reunión de la PAH de Elda, en el País Valencià. Se combina la represión policial con la indefensión jurídica mediante la imposición de tasas inasumibles para la ciudadanía en los procesos judiciales.

El movimiento soberanista surgido en Catalunya tras el pasado 11 de setiembre constituye un fenómeno de capital importancia para impulsar la desintegración del actual régimen. Los intentos de CiU por capitalizar este movimiento y darle un sesgo nacionalista de derechas para así facilitar su política de recortes sufrieron un traspiés de gran magnitud en las elecciones catalanas pasadas. Aunque el futuro del soberanismo catalán está aún por definir, todo apunta a que, en esta ocasión, Catalunya se encamina de manera decidida hacia la autodeterminación y a que este proceso tendrá repercusiones importantes en el conjunto del Estado y en particular en Euskadi.

Los partidos institucionales, impotentes ante la crisis

Las políticas antisociales y de recorte de libertades del PP están pasando factura a éste partido. Junto a este factor fundamental de descrédito social, aparece ahora también el de la corrupción que, si bien no ha dejado de acechar al PP desde el caso Gürtel, se recrudece al ser desvelados los sobresueldos en dinero negro repartidos por el antiguo tesorero del partido, Luís Bárcenas. El gravísimo caso de Bárcenas se añade no sólo a la historia anterior de corrupción del PP, sino a otros casos muy recientes como el del fichaje del exconsejero de sanidad de Madrid, Juan José Güemes, por la empresa Unilabs, a una de cuyas filiales se adjudicaron laboratorios durante su mandato; la compra de un lujoso ático por 770.000 euros del actual presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González; o la campaña de desagravio y liberación de Ángel Carromero, tras su encarcelamiento en Cuba por el homicidio involuntario de los anticastristas Oswaldo Payá y Harold Cepero. La coincidencia en el tiempo del descrédito social causado por sus políticas con los escándalos de corrupción podría llegar a afectar de manera importante a la estabilidad interna del PP. En estos momentos, las encuestas ya señalan una caída de 16,5 puntos del PP desde su momento álgido cuando venció en las elecciones de noviembre del 2011.

A pesar de la erosión evidente de la base social del PP, el PSOE no consigue recuperarse. Las mismas encuestas que antes indicábamos muestran como los socialistas se mantienen en el mismo nivel de escaso apoyo social que significó su descalabro histórico en las últimas elecciones generales. El hecho tiene una explicación sencilla: además de que el recuerdo de la última época del gobierno Zapatero permanece relativamente fresco en la memoria colectiva, la sustitución de éste por Rubalcaba no ha significado ningún cambio sustancial en los enunciados políticos generales del PSOE. El Partido Socialista sigue sin tener alternativa alguna a las políticas neoliberales y de recortes que se están desarrollando y que este mismo partido inició en el 2010 y su único horizonte parece ser el del presidente francés François Hollande, cuyas timoratas propuestas alternativas iniciales se van difuminando según transcurre su mandato.

Izquierda Unida ha experimentado un ascenso de sus expectativas electorales cercano a los 8 puntos y una parte de su militancia se ha comprometido en los diferentes movimientos sociales de lucha contra la crisis. Sin embargo, este partido sigue lastrado por una cultura pactista y de integración institucional, que lo ha llevado a formar parte junto con el PSOE del gobierno andaluz o a firmar un pacto de legislatura en Asturies con los socialistas. A pesar de las tensiones que estos acuerdos ha generado dentro de IU, lo cierto es que finalmente no se ha producido ninguna rectificación al respecto. La reelección de Cayo Lara en la X Asamblea Federal se ha producido mediante la integración en la nueva dirección de las diferentes corrientes de la organización, incluyendo a destacados dirigentes de su “ala izquierda”. Este hecho parece descartar cualquier posible rompimiento de la organización por la izquierda o incluso la consolidación de alguna corriente importante de izquierdas en su seno. Así pues, aunque IU ha mejorado su situación dentro del espectro político institucional y una parte importante de su militancia participa en las diversas luchas sociales, su dirección sigue presa de una orientación cortoplacista que la encamina a ser el socio menor en gobiernos autonómicos diversos y, si salen las cuentas, incluso a escala estatal. También la organización populista de derechas UPyD se ha visto beneficiada por la pérdida de apoyos del PP y por el agravamiento de la crisis. El crecimiento de los apoyos sociales de este partido es un fenómeno complejo, porque si bien supone un rechazo de las políticas que se están desarrollando, capitaliza el descontento orientándolo hacia posiciones que no suponen una alternativa a la crisis y furibundamente españolistas.

Catalunya, Euskadi y Galiza tras sus elecciones autonómicas

Comentario aparte merece la situación existente en Catalunya, Euskadi y Galiza tras las elecciones autonómicas que han ido teniendo lugar en estas naciones. Las elecciones catalanas han significado, a pesar de su victoria, un descalabro para CiU. Este partido intentó capitalizar la marea soberanista para así poder seguir desarrollando su política de recortes, cuya dureza es igual o mayor que la correspondiente del PP. Sin embargo, fracasó de manera estrepitosa en su objetivo: en síntesis, los convergentes han retrocedido en casi ocho puntos; el PSC fue también castigado perdiendo casi cuatro; ascendió mucho- 6,7% -ERC, un poco ICV- 2,7% -y apareció en escena la alternativa de izquierdas CUP con un 3,47%; y finalmente la derecha dura y españolista, representada por PP y Ciutadans, subió también alrededor de 5 puntos aunque la mayoría de éstos- 4,17% -fueran para Ciutadans. Todo lo anterior significa un corrimiento hacia la izquierda del espectro institucional catalán, si bien acompañado de una polarización de menor envergadura en sentido contrario (votos PP y Ciutadans).

En Galiza el PP sufrió sólo un pequeño retroceso, que no llegó al 1%, en las últimas elecciones, mientras que el PSG se hundía perdiendo más de diez puntos y el BNG retrocedía también seis. Sin embargo, ha aparecido en escena la Alternativa Galega de Esquerdas (coalición de ANOVA con EU) que ha conseguido un 13,90% de los votos. En conjunto el voto de derechas ha permanecido inalterado y el de izquierdas y nacionalista se ha diversificado pero una parte notoria de él decantándose hacia la opción más radical de AGE.

En el País Vasco, el PSE sufrió otro descalabro, perdiendo más de once puntos y medio, el PNV triunfaba pero retrocediendo casi cuatro puntos en relación a los anteriores comicios autonómicos, el PP poco más de dos, mientras que una Izquierda Unida dividida en dos aumentaba en conjunto ligeramente su porcentaje anterior del 3,5% pero se quedaba sin representación. La segunda fuerza fue EH Bildu, con un 25% de los votos, aunque quedara por debajo de sus propias previsiones.

Los movimientos sociales en lucha contra la crisis

Desde que la crisis se inició se han producido ya dos Huelgas Generales de un día, apareció el 15M y después el 25S, se han desarrollado protestas sectoriales importantes en educación y en sanidad a través de las mareas verde y blanca y en la minería asturiana y han tenido lugar múltiples conflictos de carácter más local.

Tras la última Huelga General del 14N, muy exitosa en cuanto a participación en las manifestaciones y a seguimiento ciudadano, los grandes sindicatos, CCOO y UGT, han vuelto a quedar paralizados y sin plantear un plan coherente de movilizaciones y de objetivos contra la crisis. El X congreso de CCOO parece que se va a saldar sin suponer cambios sustanciales en la estrategia de esta organización, que sigue a remolque de los acontecimientos, sin plantearse un horizonte de ruptura con la política de concertación desarrollada durante decenios y dando por buenos parte de los razonamientos de la patronal y del gobierno en cuanto a la necesidad de efectuar recortes y de saldar la deuda existente. Tales concepciones hacen que cualquier pretensión de atenuar la crisis o de salir de ésta se convierta para éste sindicato en la cuadratura del círculo, porque realmente no existe alternativa posible sin una ruptura radical con las políticas de ajustes y encaminadas al pago de la deuda.

La falta de perspectiva de las direcciones de los sindicatos mayoritarios, así como las limitaciones, tanto estratégicas como de incidencia, de otras fuerzas sindicales, hace que cuando las primeras quedan paralizadas deje de producirse cualquier respuesta de conjunto a la crisis. Pero como la gravedad de los ataques es mucha y la presión para hacerles frente existe, se producen movimientos de respuesta sectoriales de bastante relevancia, aunque insuficientes.

Ahora mismo el epicentro de las luchas se sitúa en la lucha contra la privatización de la sanidad en la Comunidad de Madrid y su desenlace puede ser determinante tanto para el futuro de la sanidad pública como para la lucha general contra la crisis. Como manifestó en una declaración la Coordinadora de Hospitales y Centros Sanitarios de Madrid: “Los cambios votados todavía los tienen que aplicar. Y en eso consiste la segunda parte de esta batalla: en si lograremos o no evitar que se apliquen, e incluso en el grado de su aplicación.” Las espadas, efectivamente, siguen en pie, como se ha demostrado en las dos convocatorias del 7 y del 13 de enero, de la marea blanca madrileña.

Pero también en respuesta al intento de aprobación de la LOMCE de Wert podemos encontrarnos pronto con nuevas acciones sectoriales de importancia. De momento algunas de las convocatorias, como las manifestaciones del 9 de febrero en el País Valencià, tienen un ámbito territorial limitado, pero pueden extenderse. El sindicato de Estudiantes, sin embargo, ha lanzado una convocatoria estatal para los días 5, 6 y 7 de febrero. Para el día 16 de febrero la PAH convoca también una jornada de lucha estatal con manifestaciones “Contra el genocidio financiero”.

La Marea Ciudadana

Uno de los problemas fundamentales al que nos enfrentamos en estos momentos sigue siendo el de la dispersión y sectorialización de las luchas y de los movimientos de protesta. En este sentido la iniciativa de Marea Ciudadana contra los recortes, que realiza una primera convocatoria el próximo 23 de febrero, podría ser un buen punto de partida para hacer frente a tal dificultad. En la Marea Ciudadana participan personas de los diferentes movimientos sociales en lucha: Marea Blanca (sanidad), Marea Verde (educación), la Marea Roja (paro), PAH (hipotecas), Movimiento 15M, Coordinadora 25S. También están presentes organizaciones o agrupamientos políticos como Equo, Frente Cívico e Izquierda Anticapitalista. El reto que tiene ante sí la Marea Ciudadana, además de conseguir que su primera convocatoria del 23F sea un éxito, es poder convertirse en un ámbito de coordinación efectiva de los diferentes movimientos en lucha, para lo cual es preciso una integración organizativa de éstos y no sólo la presencia a título individual de personas luchadoras. También haría falta que las fuerzas sindicales dieran su apoyo a la iniciativa. Si lo anterior se hiciera efectivo, podría surgir una coordinadora estatal capaz de planificar un desarrollo unificado de las luchas y de darle coherencia.

Izquierda Anticapitalista es de la opinión, ya manifestada en múltiples ocasiones, de que para dar a la crisis una salida favorable a la clase trabajadora y a la ciudadanía en general, es preciso trazar un plan de acción coordinado, tanto a escala estatal como europea, para realizar una lucha a medio y a largo plazo e imponer objetivos necesarios y claves como el impago de la deuda ilegítima, la expropiación de la banca y la creación de una banca pública bajo control social, la protección y mejora de los servicios públicos, el fin de los recortes y la derogación de toda la legislación antisocial aprobada en los últimos tiempos. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que esto se produzca.

martes, 22 de enero de 2013

Trastornos globales en el mediano plazo


Enero de 2013 Immanuel Wallerstein/ Clarín

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Hacer predicciones en el corto plazo (para uno o dos años) es un juego tonto. Hay demasiados vuelcos y giros en el mundo real político/económico/cultural. Pero podemos intentar hacer afirmaciones plausibles para el mediano plazo (una década o más) basados en un marco teórico trabajable, combinado con un sólido análisis pragmático de tendencias y limitaciones.

¿Qué es lo que sabemos del sistema-mundo en el que estamos viviendo? Primero que nada, que se trata de una economía-mundo capitalista, cuyo principio básico es la incesante acumulación de capital. Segundo, que es un sistema histórico que, como todos los sistemas (desde el universo como un todo hasta los más mínimos sistemas nanoscópicos), tiene vida. Surge a la existencia, vive su vida normal, de acuerdo con reglas y estructuras que crea, y luego, en cierto punto, el sistema se aparta demasiado del equilibrio y entra en una crisis estructural. Tercero, que nuestro actual sistema-mundo ha sido un sistema polarizante, en el que existe una brecha que crece constante entre los Estados y al interior de los mismos.

Ahora estamos en una crisis estructural así, y hemos estado en ella por unos 40 años. Continuaremos en esta crisis por otros 20 a 40 años. Este es el promedio de tiempo que dura una crisis estructural en un sistema histórico social. Lo que ocurre en una crisis estructural es que el sistema se bifurca, lo que esencialmente significa que emergen dos modos alternos para finalizar la crisis estructural cuando colectivamente se elige una de las alternativas.

La principal característica de una crisis estructural es una serie de fluctuaciones caóticas fuertísimas de todo –los mercados, las alianzas geopolíticas, la estabilidad de las fronteras estatales, el empleo, las deudas, los impuestos. La incertidumbre, en el corto plazo, se vuelve crónica. Y la incertidumbre tiende a congelar la toma de decisiones económicas lo que, por supuesto, empeora la situación.

He aquí algunas de las cosas que podemos esperar en el mediano plazo. Casi todos los Estados enfrentan, y seguirán enfrentando, un apretón entre la reducción del ingreso y el incremento de los gastos. Lo que casi todos los Estados están haciendo es reducir los gastos en dos maneras. Una ha sido recortar (o incluso eliminar) muchísimas de las redes de seguridad que se han construido en el pasado para ayudar a la gente ordinaria a lidiar con las múltiples contingencias que enfrenta. Pero hay un segundo modo también. Casi todos los Estados están recortando las transferencias de dinero a las entidades estatales subordinadas –las estructuras federativas, si el Estado es una federación, y los gobiernos locales. Lo que esto hace es simplemente transferir la necesidad de incrementar impuestos a estas unidades subordinadas. Si hallan esto imposible pueden ir a la bancarrota, lo que elimina otras partes de las redes de seguridad (notablemente las pensiones).

Esto tiene un impacto inmediato en los Estados. Por un lado, los debilita, conforme más y más unidades buscan escindirse si lo consideran ventajoso económicamente. Pero por otro lado, los Estados son más importantes que nunca, conforme las poblaciones buscan refugio en las políticas proteccionistas (mantener nuestros empleos, no los suyos). Las fronteras estatales siempre han cambiado. Pero hay la perspectiva de que cambien con mucha mayor frecuencia ahora. Al mismo tiempo, las nuevas estructuras que vinculan los Estados existentes (o sus subunidades) –tales como la Unión Europea (UE) y la nueva estructura sudamericana (Unasur)– continuarán floreciendo y jugando un papel geopolítico creciente.

Los malabares entre los múltiples sitios del poder geopolítico se tornan mucho más inestables que nunca en una situación en que ninguno de estos sitios estará en posición de dictar reglas interestatales. Estados Unidos fue alguna vez un poder hegemónico con pies de barro, pero que sigue siendo lo suficiente poderoso como para provocar daños por torpeza. China parece tener la posición económica emergente más fuerte, pero es menos fuerte que lo que ella misma o los otros piensan. El grado al que se acerquen Europa occidental y Rusia sigue siendo una pregunta abierta, y sigue estando en la agenda en ambos lados. El modo en que India juegue sus cartas sigue siendo algo que en gran media no ha decidido India. Lo que esto signifique para las guerras civiles como la de Siria, hasta ahora tiene que ver con cómo quienes intervengan desde fuera se cancelen mutuamente y los conflictos internos se organicen más que nunca en torno a grupos de identidad fratricidas.

Reiteraré mi postura largamente argüida. Al final de la década veremos algunas realineaciones importantes. Una es la creación de una estructura confederada que vincule a Japón a una China (reunificada) y a una Corea (re-unida). La segunda es una alianza geopolítica entre esta estructura confederada y Estados Unidos. Una tercera es una alianza de facto entre la Unión Europea y Rusia. Una cuarta es la proliferación nuclear a una escala significativa. Una quinta es un proteccionismo generalizado. La sexta es una deflación mundial generalizada, que puede tomar dos formas –sea una reducción nominal de los precios o inflaciones rampantes que tienen la misma consecuencia.

Obviamente, éstos no son resultados felices para casi nadie. El desempleo mundial aumentará, no va a caer. Y la gente ordinaria sentirá los pinchazos de forma muy severa. La gente ya ha mostrado que está lista para responder luchando de múltiples formas, y esta resistencia popular crecerá. Nos encontraremos en medio de una vasta batalla política para determinar el futuro del mundo.

Aquellos que tienen riqueza y privilegios hoy no se sentarán sin hacer nada. Será más y más claro para ellos que no pueden asegurar su futuro a través del sistema capitalista existente. Buscarán implementar un sistema que no se base en un papel central del mercado, sino en una combinación de fuerza bruta y engaño. El objetivo clave es asegurar que el nuevo sistema garantice la continuación de tres rasgos clave para el actual sistema –jerarquía, explotación y polarización.

Por otra parte, habrá fuerzas populares por todo el mundo que buscarán crear una nueva clase de sistema histórico, uno que todavía no ha existido, uno basado en una democracia relativa y una relativa igualdad. Es casi imposible de prever lo que significará esto en términos de las instituciones que el mundo podría crear. Aprenderemos en la construcción de este sistema en las décadas venideras.

¿Quién ganará esta batalla? Nadie lo puede predecir. Será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas emprendidas por una infinidad de nanoactores en una infinidad de nanomomentos. Y en algún punto la tensión entre las dos soluciones alternativas se inclinará definitivamente en favor de una o la otra. Esto es lo que nos brinda esperanza. Lo que cada uno de nosotros haga en cada momento acerca de cada uno de los puntos inmediatos cuenta. Alguna gente le llama a esto el efecto mariposa. El batir de las alas de una mariposa afecta el clima de uno al otro extremo del mundo. En ese sentido, hoy todos somos pequeñas mariposas.

Traducción: Ramón Vera Herrera


Nuestro Tiempo: Análisis de las situaciones / Relaciones de fuerzas


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por Antonio Gramsci


Son los mismos deseos de los hombres y sus pasiones menos nobles e inmediatas las causas del error, en cuanto se superponen al análisis objetivo e imparcial y esto ocurre no como un "medio" consciente para estimular a la acción sino como un autoengaño.

Un estudio sobre la forma en que es preciso analizar las "situaciones", o sea, la forma en que es preciso establecer los diversos grados de relaciones de fuerzas, puede prestarse a una exposición elemental de ciencia y arte político, entendida como un conjunto de cánones prácticos de investigación y de observaciones particulares; útiles para subrayar el interés por la realidad efectiva y suscitar intuiciones políticas más rigurosas y vigorosas. Al mismo tiempo hay que agregar la exposición de lo que en política es necesario entender por estrategia y táctica, por "plan" estratégico, por propaganda y agitación, por "orgánica" o ciencia de la organización y de la administración en política. Los elementos de observación empírica que por lo general son expuestos en forma desordenada en los tratados de ciencia política (se puede tomar como ejemplo la obra de G. Mosca: ‘Elementi di scienza politica’) en la medida que no son cuestiones abstractas o sin fundamento, deberían encontrar ubicación en los diversos grados de las relaciones de fuerza, comenzando por las relaciones de las fuerzas internacionales (donde se ubicarían las notas escritas sobre lo que es una gran potencia, sobre los agrupamientos de Estados en sistemas hegemónicos y, por consiguiente, sobre el concepto de independencia y soberanía, en lo que respecta a las potencias medianas y pequeñas), para pasar a las relaciones objetivas sociales, o sea, al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, a las relaciones de fuerza política y de partido (sistemas hegemónicos en el interior del Estado) y a las relaciones políticas inmediatas (o sea, potencialmente militares).

¿Las relaciones internacionales preceden o siguen (lógicamente) a las relaciones sociales fundamentales? Indudablemente las siguen. Toda renovación orgánica en la estructura modifica también orgánicamente las relaciones absolutas y relativas en el campo internacional a través de sus expresiones técnico-militares. Aún la misma posición geográfica de un Estado nacional no precede sino sigue (lógicamente) las innovaciones estructurales, incidiendo sobre ellas, sin embargo, en cierta medida (precisamente en la medida en que las superestructuras inciden sobre la estructura, la política sobre la economía, etc.). Por otro lado, las relaciones internacionales inciden en forma pasiva o activa sobre las relaciones políticas (de hegemonía de los partidos). Cuanto más subordinada a las relaciones internacionales está la vida económica inmediata de una nación, tanto más un partido determinado representa esta situación y la explota para impedir el adelanto de los partidos adversarios (recordar el famoso discurso de Nitti sobre la revolución italiana ¡técnicamente imposible!). De esta serie de datos se puede llegar a la conclusión de que, con frecuencia, el llamado "partido del extranjero" no es precisamente aquel que es vulgarmente indicado como tal, sino el partido más nacionalista, que en realidad, más que representar a las fuerzas vitales del propio país, representa la subordinación y el sometimiento económico a las naciones, o a un grupo de naciones hegemónicas [11].


Es el problema de las relaciones entre estructura y superestructuras el que es necesario plantear exactamente y resolver para llegar a un análisis justo de las fuerzas que operan en la historia de un período determinado y definir su relación. Es preciso moverse en el ámbito de dos principios: 1) ninguna sociedad se propone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes o no estén, al menos, en vía de aparición y de desarrollo; 2) ninguna sociedad desaparece y puede ser sustituida si antes no desarrolló todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones [12]. A partir de la reflexión sobre estos dos cánones se puede llegar al desarrollo de toda una serie de otros principios de metodología histórica. Sin embargo, en el estudio de una estructura es necesario distinguir los movimientos orgánicos (relativamente permanentes) de los movimientos que se pueden llamar "de coyuntura" (y se presentan como ocasionales, inmediatos, casi accidentales). Los fenómenos de coyuntura dependen también de movimientos orgánicos, pero su significado no es de gran importancia histórica; dan lugar a una crítica política mezquina, cotidiana, que se dirige a los pequeños grupos dirigentes y a las personalidades que tienen la responsabilidad inmediata del poder. Los fenómenos orgánicos dan lugar a la crítica histórico-social que se dirige a los grandes agrupamientos, más allá de las personas inmediatamente responsables y del personal dirigente. Al estudiar un período histórico aparece la gran importancia de esta distinción. Tiene lugar una crisis que a veces se prolonga por decenas de años. Esta duración excepcional significa que en la estructura se han revelado (maduraron) contradicciones incurables y que las fuerzas políticas, que obran positivamente en la conservación y defensa de la estructura misma, se esfuerzan, sin embargo, por sanear y por superar dentro de ciertos límites. Estos esfuerzos incesantes y perseverantes (ya que ninguna forma social querrá confesar jamás que está superada) forman el terreno de lo "ocasional" sobre el cual se organizan las fuerzas antagónicas que tienden a demostrar (demostración que en última instancia se logra y es "verdadera" si se transforma en una nueva realidad, si las fuerzas antagónicas triunfan; pero inmediatamente se desarrolla una serie de polémicas ideológicas, religiosas, filosóficas, políticas, jurídicas, etc., cuyo carácter concreto es valorable en la medida en que son convincentes y desplazan la anterior disposición de las fuerzas sociales) que existen ya las condiciones necesarias y suficientes para que determinadas tareas puedan y, por consiguiente, deban ser resueltas históricamente (en cuanto todo venir a menos del deber histórico aumenta el desorden necesario y prepara catástrofes más graves).

 
El error en el que se cae frecuentemente en el análisis histórico-político consiste en no saber encontrar la relación justa entre lo orgánico y lo ocasional. Se llega así a exponer como inmediatamente activas causas que operan en cambio de una manera mediata, o por el contrario a afirmar que las causas inmediatas son las únicas eficientes. En un caso se tiene un exceso de "economismo" o de doctrinarismo pedante; en el otro, un exceso de "ideologismo"; en un caso se sobrestiman las causas mecánicas, en el otro se exalta el elemento voluntarista e individual. La distinción entre "movimientos" y hechos orgánicos y de "coyuntura", u ocasionales, debe ser aplicada a todas las situaciones, no sólo a aquellas en donde se verifica un desarrollo regresivo o de crisis aguda, sino también a aquellas en donde se verifica un desarrollo progresivo, o de prosperidad, y a aquellas en donde tiene lugar un estancamiento de las fuerzas productivas. El nexo dialéctico entre los dos órdenes de movimiento y, en consecuencia, de investigación, es difícilmente establecido con exactitud; y si el error es grave en la historiografía, es aún más grave en el arte político, cuando no se trata de reconstruir la historia pasada sino de construir la presente y la futura [13]-

Son los mismos deseos de los hombres y sus pasiones menos nobles e inmediatas las causas del error, en cuanto se superponen al análisis objetivo e imparcial y esto ocurre no como un "medio" consciente para estimular a la acción sino como un autoengaño. La serpiente, también en este caso, muerde al charlatán, o sea, el demagogo es la primera víctima de su demagogia.
 
Estos criterios metodológicos pueden adquirir visible y didácticamente todo su significado si se aplican al examen de los hechos históricos concretos. Se lo podría hacer con utilidad en el caso de los acontecimientos desarrollados en Francia de 1789 a 1870. Me parece que para mayor claridad en la exposición sería necesario abrazar todo este período. En efecto, sólo en 1870-71, con la tentativa de la Comuna, se agotan históricamente todos los gérmenes nacidos en 1789, lo cual significa que la nueva clase que lucha por el poder, no sólo derrota a los representantes de la vieja sociedad que se niegan a considerarla perimida, sino también a los grupos más nuevos que consideran como superada también a la nueva estructura surgida de los cambios promovidos en 1789. Dicha clase demuestra así su vitalidad frente a lo viejo y frente a lo más nuevo. Además, en 1870-71 pierde eficacia el conjunto de principios de estrategia y de táctica política nacidos prácticamente en 1789 y desarrollados en forma ideológica alrededor de 1848 (y que se resumen en la fórmula de "revolución permanente" *. Sería interesante estudiar cuánto de esta fórmula ha pasado a la estrategia mazziniana --en el caso, por ejemplo, de la insurrección de Milán de 1853-- y si ocurrió en forma consciente o no). Un elemento que muestra lo acertado de este punto de vista es el hecho de que los historiadores no están en absoluto de acuerdo (y es imposible que lo estén) cuando se trata de fijar los límites del conjunto de acontecimientos que constituyen la Revolución Francesa. Para algunos (Salvemini por ej.) la revolución se cumplió en Valmy. Francia creó el Estado nuevo y supo organizar la fuerza político-militar que afirmó y defendió su soberanía territorial. Para otros, la Revolución continúa hasta Termidor, o mejor, hablan de varias revoluciones (el 10 de agosto seria una revolución en sí, etc.) [14]. El modo de interpretar a Termidor y la obra de Napoleón ofrece las más ásperas contradicciones: ¿se trata de una revolución o de una contra-revolución? Según otros la historia de la revolución continúa hasta 1830, 1848, 1870 y aún hasta la guerra mundial de 1914. En todos estos puntos de vista existe una parte de verdad. En realidad, las contradicciones internas de la estructura social francesa, que se desarrollan después de 1789, sólo encuentran un equilibrio relativo con la tercera república y Francia conoce entonces sesenta años de vida política equilibrada luego de ochenta años de conmociones producidas en oleadas cada vez más espaciadas: 1789, 1794, 1804, 1815, 1830, 1848, 1870. El estudio de estas "oleadas" de amplitudes diferentes es precisamente lo que permite reconstruir las relaciones entre estructura y superestructura por un lado, y por el otro, entre el desarrollo del movimiento orgánico y del movimiento coyuntural de la estructura. Se puede decir, por lo tanto, que la mediación dialéctica entre los dos principios metodológicos enunciados al comienzo de esta nota puede encontrarse en la fórmula político-histórica de la revolución permanente.
 
Un aspecto del mismo problema es la llamada cuestión de las relaciones de fuerza. Se lee con frecuencia en las narraciones históricas la expresión genérica: "relaciones de fuerza favorables, desfavorables a tal o cual tendencia". Planteada así, en abstracto, esta fórmula no explica nada o casi nada, porque no se hace más que repetir el hecho que debe explicarse presentándolo una vez como hecho y otra como ley abstracta o como explicación. El error teórico consiste, por lo tanto, en ofrecer como "causa histórica" un canon de búsqueda y de interpretación.
 
En la "relación de fuerza" mientras tanto es necesario distinguir diversos momentos o grados, que en lo fundamental son los siguientes:
 
1) Una relación de fuerzas sociales estrechamente ligadas a la estructura, objetiva, independiente de la voluntad de los hombres, que puede ser medida con los sistemas de las ciencias exactas o físicas. Sobre la base del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción se dan los grupos sociales, cada uno de los cuales representa una función y tiene una posición determinada en la misma producción. Esta relación es lo que es, una realidad rebelde: nadie puede modificar el número de las empresas y de sus empleados, el número de las ciudades y de la población urbana, etc. Esta fundamental disposición de fuerzas permite estudiar si existen en la sociedad las condiciones necesarias y suficientes para su transformación, o sea, permite controlar el grado de realismo y de posibilidades de realización de las diversas ideologías que nacieron en ella misma, en el terreno de las contradicciones que generó durante su desarrollo.
 
2) Un momento sucesivo es la relación de las fuerzas políticas; es decir, la valoración del grado de homogeneidad, autoconciencia y organización alcanzado por los diferentes grupos sociales. Este momento, a su vez, puede ser analizado y dividido en diferentes grados que corresponden a los diferentes momentos de la conciencia política colectiva, tal como se manifestaron hasta ahora en la historia. El primero y más elemental es el económico-corporativo: un comerciante siente que debe ser solidario con otro comerciante, un fabricante con otro fabricante, etc., pero el comerciante no se siente aún solidario con el fabricante; o sea, es sentida la unidad homogénea del grupo profesional y el deber de organizarla, pero no se siente aún la unidad con el grupo social más vasto Un segundo momento es aquél donde se logra la conciencia de la solidaridad de intereses entre todos los miembros del grupo social, pero todavía en el campo meramente económico. Ya en este momento se plantea la cuestión del Estado, pero sólo en el terreno de lograr una igualdad política-jurídica con los grupos dominantes, ya que se reivindica el derecho a participar en la legislación y en la administración y hasta de modificarla, de reformarla, pero en los marcos fundamentales existentes. Un tercer momento es aquel donde se logra la conciencia de que los propios intereses corporativos, en su desarrollo actual y futuro, superan los límites de la corporación, de un grupo puramente económico y pueden y deben convertirse en los intereses de otros grupos subordinados. Esta es la fase más estrictamente política, que señala el neto pasaje de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas; es la fase en la cual las ideologías ya existentes se transforman en "partido", se confrontan y entran en lucha, hasta que una sola de ellas, o al menos una sola combinación de ellas, tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse por toda el área social; determinando además de la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral, planteando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha, no sobre un plano corporativo, sino sobre un plano "universal" y creando así la hegemonía, de un grupo social fundamental, sobre una serie de grupos subordinados. El estado es concebido como organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo; pero este desarrollo y esta expansión son concebidos y presentados como la fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías "nacionales". El grupo dominante es coordinado concretamente con los intereses generales de los grupos subordinados y la vida estatal es concebida como una formación y una superación continua de equilibrios inestables (en el ámbito de la ley), entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados; equilibrios en donde los intereses del grupo dominante prevalecen pero hasta cierto punto, o sea, hasta el punto en que chocan con el mezquino interés económico-corporativo.

En la historia real estos momentos se influyen recíprocamente, en forma horizontal y vertical, por así expresarlo, vale decir: según las actividades económicas sociales (horizontales) y según los territorios (verticales), combinándose y escindiéndose de diversas maneras; cada una de estas combinaciones puede ser representada por su propia expresión organizada, económica y política. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que estas relaciones internas, de un Estado-Nación se confunden con las relaciones internacionales, creando nuevas combinaciones originales e históricamente concretas Una ideología, nacida en un país muy desarrollado, se difunde en países menos desarrollados, incidiendo en el juego local de las combinaciones [15].
 
Esta relación entre fuerzas internacionales y fuerzas nacionales se complica aún más por la existencia en el interior de cada Estado de muchas secciones territoriales de estructuras diferentes y de relaciones de fuerza también diferentes en todos los grados (la Vendée, por ej., estaba aliada a las fuerzas reaccionarias y las representaba en el seno de la unidad territorial francesa; así también Lyón en la Revolución francesa presentaba un núcleo particular de relaciones).
 
3) El tercer momento es el de la relación de las fuerzas militares, inmediatamente decisivo según las circunstancias. (El desarrollo histórico oscila continuamente entre el primer y el tercer momento, con la mediación del segundo). Pero éste no es un momento de carácter indistinto e identificable inmediatamente en forma esquemática, también en él se pueden distinguir dos grados: uno militar en sentido estricto, o técnico-militar y otro que puede denominarse político-militar. En el curso del desarrollo histórico estos dos grados se presentaron en una gran variedad de combinaciones. Un ejemplo típico que puede servir como demostración-límite, es el de la relación de opresión militar de un Estado sobre una nación que trata de lograr su independencia estatal. La relación no es puramente militar, sino político-militar; y en efecto un tipo tal de opresión sería inexplicable sin el estado de disgregación social del pueblo oprimido y la pasividad de su mayoría; por lo tanto la independencia no podrá ser lograda con fuerzas puramente militares, sino militares y político-militares. En efecto, si la nación oprimida, para iniciar la lucha por la independencia, tuviese que esperar que el Estado hegemónico le permita organizar un ejército propio, en el sentido estricto y técnico de la palabra, tendría que esperar bastante (puede ocurrir que la reivindicación de un ejército propio sea satisfecha por la nación hegemónica, pero esto significa que una gran parte de la lucha ya ha sido desarrollada y vencida en el terreno político-militar). La nación oprimida, por lo tanto, opondrá inicialmente a la fuerza militar hegemónica una fuerza que será sólo "política-militar", o sea, una forma de acción política que posea la virtud de determinar reflejos de carácter militar en el sentido: 1) de que sea eficiente para disgregar íntimamente la eficacia bélica de la nación hegemónica; 2) que obligue a la fuerza militar hegemónica a diluirse y dispersarse en un gran territorio, anulando en gran parte su capacidad bélica. En el Risorgimento italiano, se evidencia la trágica ausencia de una dirección político-militar, especialmente en el Partido de Acción (por incapacidad congénita), pero también en el Partido piamontés-moderado, tanto antes como después de 1848, no ciertamente por incapacidad, sino por "maltusianismo" económico-político", esto es, porque no se quería ni siquiera mencionar la posibilidad de una reforma agraria y porque no se deseaba la convocatoria de una asamblea nacional constituyente y sólo se tendía a que la monarquía piamontesa, sin condiciones o limitaciones de origen popular, se extendiese por toda Italia mediante la simple sanción de los plebiscitos regionales.
 
Otra cuestión ligada a las precedentes es la de determinar si las crisis históricas fundamentales son provocadas inmediatamente por las crisis económicas. La respuesta a la cuestión está contenida en forma implícita en los parágrafos precedentes, donde se tratan cuestiones que no son más que otra manera de presentar las que tratamos ahora aquí. Sin embargo, es siempre necesario por razones didácticas, dado el público a las que están dirigidas, examinar toda forma de presentarse, de una misma cuestión, como si fuese un problema independiente y nuevo. Se puede excluir que las crisis económicas produzcan, por sí mismas, acontecimientos fundamentales; sólo pueden crear un terreno más favorable a la difusión de ciertas maneras de pensar, de plantear y resolver las cuestiones que hacen a todo el desarrollo ulterior de la vida estatal. Por otro lado, todas las afirmaciones que conciernen a los períodos de crisis o de prosperidad pueden dar lugar a juicios unilaterales. En su compendio de historia de la Revolución francesa, Mathiez, oponiéndose a la vulgar historia tradicional, que a priori "encuentra" una crisis coincidente con la gran ruptura del equilibrio social, afirma que hacia el 1789 la situación económica era más bien buena en lo inmediato; por lo que no se puede decir que la catástrofe del Estado absoluto sea debida a una crisis de empobrecimiento. Es necesario observar que el Estado estaba enfrentado a una mortal crisis financiera y se planteaba la cuestión de saber sobre cual de los tres estratos sociales privilegiados debían recaer los sacrificios y las cargas para poner en orden las finanzas del Estado y del rey. Además; si la posición económica de la burguesía era floreciente, no era buena por cierto la situación de las clases populares de la ciudad y del campo, especialmente de aquéllas atormentadas por una miseria endémica. En todo caso, la ruptura del equilibrio de fuerzas no ocurre por causas mecánicas inmediatas de empobrecimiento del grupo social que tiene interés en romper el equilibrio y de hecho lo rompe; ocurre, por el contrario, en el cuadro de conflictos superiores al mundo económico inmediato, vinculados al "prestigio" de clase (intereses económicos futuros), a una exasperación del sentimiento de independencia, de autonomía y de poder. La cuestión particular del malestar o bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial de la cuestión de las relaciones de fuerzas en sus diversos grados. Pueden producirse novedades tanto porque una situación de bienestar está amenazada por el egoísmo mezquino de un grupo adversario, como porque el malestar se ha hecho intolerable y no se vislumbra en la vieja sociedad ninguna tuerza que sea capaz de mitigarlo y de restablecer una normalidad a través de medios legales. Se puede decir por lo tanto, que todos estos elementos son la manifestación concreta de las fluctuaciones de coyuntura del conjunto de las relaciones sociales de fuerzas, sobre cuyo terreno adviene el pasaje de éstas a relaciones políticas de fuerzas para culminar en la relación militar decisiva.
 
Si falta este proceso de desarrollo que permite pasar de un momento al otro, y si es esencialmente un proceso que tiene por actores a los hombres y su voluntad y su capacidad, la situación permanece sin cambios, y pueden darse conclusiones contradictorias. La vieja sociedad resiste y se asegura un período de "respiro", exterminando físicamente a la elite adversaria y aterrorizando a las masas de reserva; o bien ocurre la destrucción recíproca de las fuerzas en conflicto con la instauración de la paz de los cementerios y, en el peor de los casos, bajo la vigilancia de un centinela extranjero.
 
Pero la observación más importante a plantear, a propósito de todo análisis concreto de las relaciones de fuerzas, es la siguiente: que tales análisis no pueden y no deben convertirse en fines en sí mismos (a menos que se escriba un capítulo de historia del pasado) y que adquieren un significado sólo en cuanto sirven para justificar una acción práctica, una iniciativa de voluntad. Ellos muestran cuáles son los puntos de menor resistencia donde la fuerza de la voluntad puede ser aplicada de manera más fructífera, sugieren las operaciones tácticas inmediatas, indican cómo se puede lanzar mejor una campaña de agitación política, qué lenguaje será el mejor comprendido por las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo, que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable (y es favorable sólo en la medida en que una fuerza tal existe y esté impregnada de ardor combativo). Es por ello una tarea esencial la de velar sistemática y pacientemente por formar, desarrollar y tornar cada vez más homogénea, compacta y consciente de sí misma a esta fuerza. Esto se ve en la historia militar y en el cuidado con que en todas las épocas fueron predispuestos los ejércitos para iniciar una guerra en cualquier momento. Los grandes Estados han llegado a serlo precisamente porque en todos los momentos estaban preparados para insertarse eficazmente en las coyunturas internacionales favorables y éstas eran tales porque ofrecían la posibilidad concreta de insertarse con eficacia en ellas.
 
Notas
 
11 Una mención a este elemento internacional "represivo" de las energías internas se encuentra en los artículos publicados por G. VOLPE, en el "Corriere della Sera" del 22 y 23 de marzo de 1932.

12 "Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia, hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo nacen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización". (MARX, Prólogo a la Crítica de la Economía Política).

13 El hecho de no haber considerado el elemento inmediato de las "relaciones de fuerza" está vinculado a. residuos de la concepción liberal vulgar, de la cual el sindicalismo es una manifestación que creía ser más avanzada cuando en la realidad daba un paso atrás. En efecto, la concepción liberal vulgar, dando importancia a la relación de las fuerzas políticas, organizadas en las diversas formas de partido (lectores de periódicos, elecciones parlamentarias y locales, organizaciones de masa de los partidos y de los sindicatos en sentido estricto), era más avanzada que el sindicalismo que daba una importancia primordial a la relación fundamental económica-social y sólo a ésta. La concepción liberal vulgar tenía, en cuenta también, en forma implícita, tales relaciones (como tantos elementos lo demuestran) pero insistía sobre todo en la relación de las fuerzas políticas, que eran una expresión de las otras y que en realidad las contenían. Estos residuos de la concepción liberal vulgar se pueden hallar en toda una serie de exposiciones que se dicen ligadas a la filosofía de la praxis y que facilitaron el desarrollo de formas infantiles de optimismo y de necedad.

* La expresión "revolución permanente" se encuentra en el Mensaje del Consejo Central a la Liga de los Comunistas. (Véase: K. MARX: Revelaciones sobre el proceso a los comunistas, edit. Lautaro, 1946, pp. 201 y 209): "...nuestro deber es el de lograr la revolución permanente" [...] "su grito de guerra debe ser: ... la revolución en permanencia". De esta consigna, de la revolución de 1848, Trotsky partió para elaborar su teoría fundamental de la revolución permanente, criticada por Gramsci en diversas partes de esta abra y en los demás Cuadernos de la Cárcel. Frente a las tesis de Lenin sobre la alianza del proletariado con los campesinos pobres, las tesis de Trotsky, impregnadas de una profunda desconfianza a las masas campesinas, tienden a hacer caer sobre los campesinos la coerción de una minoría proletaria y sobre el proletariado mismo una coerción de carácter militar que sólo puede conducir a la derrota. En una nota dePassato e Presente, p. 71, titulada: Pasaje de la guerra de movimiento (y del ataque frontal) a la guerra de posición, también en el terreno político, Gramsci considera a Trotsky como "el teórico político del ataque frontal en un periodo en que este tipo de ataque sólo puede conducir a la derrota". Enemigo declarado de las revoluciones democráticas, basadas en un amplio frente de clases, Trotsky proclama la necesidad de la revolución socialista mundial y combate la tesis del "socialismo en un sólo país". Al respecto, ver más adelante el escrito de Gramsci: Internacionalismo y política nacional. (N. del T.).
14 Cfr., La Revolution française, de A. MATHIEZ, en la colección Armand Colin. (De esta obra existe traducción castellana: La Revolución Francesa, 3 t., edit. Labor, 1935. - N. del T.).

15 La religión, por ejemplo, ha sido siempre una fuente para tales combinaciones ideológicas-políticas nacionales o internacionales, y con la religión las otras formaciones internacionales, la masonería, el Rotary Club, los judíos, la diplomacia de carrera, que sugieren expedientes políticos de diversos orígenes históricos y los hacen triunfar en determinados países, funcionando como partido político internacional que opera en cada nación con todas sus fuerzas internacionales concentradas. Religión, masonería, Rotary, Judíos, etc., pueden entrar en la categoría social de los "intelectuales", cuya función, en escala internacional, es la de mediar los extremos, de "socializar" los expedientes técnicos que hacen funcionar toda actividad de dirección, de encontrar los compromisos y los medios de escapar a las soluciones extremas.

Zapatistas, subcomandante Marcos Cien veces venceremos


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Desde la multitudinaria marcha silenciosa del pasado 21 de diciembre, en la que más de 40 mil zapatistas ocuparon pacíficamente cinco cabeceras municipales de Chiapas, éste es el séptimo documento emitido por el subcomandante Marcos.

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Cien veces venceremos: subcomandante Marcos

Posted By ada On enero 20, 2013 @ 12:58 In Geografía,México,Reportajes,Reportajes México | Desinformémonos

En un comunicado, el primero de lo que promete ser una nueva serie, el subcomandante Marcos, vocero y jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se refiere a las “(sin) razones de arriba” y en estilo de parodia da cuenta del cinismo y desprecio de “los más poderosos”. Al final, se despide con la palabra ¡Marichiweu!, que en lengua mapu significa Venceremos cien veces,  en posible alusión al pueblo mapuche que sufre en estos momentos una de las peores embestidas de las últimas décadas.

Desde la multitudinaria marcha silenciosa del pasado 21 de diciembre, en la que más de 40 mil zapatistas ocuparon pacíficamente cinco cabeceras municipales de Chiapas, éste es el séptimo documento emitido por el subcomandante Marcos. El primero se tituló “¿Escucharon?”, y con él anunciaron el resurgimiento público de la organización zapatista. Después se dieron a conocer tres cartas: una dirigida a Luis H. Álvarez, ex comisionado panista para la paz en Chiapas; otra en respuesta al nuevo gobierno federal que aseguró que aún no los conocían (el EZLN a ellos); y una más anunciando sus próximos pasos, entre ellos el de “construir los puentes necesarios hacia los movimientos sociales que han surgido y surgirán, no para dirigir o suplantar, sino para aprender de ellos, de su historia, de sus caminos y destinos”. Después vinieron una carta gráfica y una serie de 16 posdatas destinadas a las críticas que suscitaron los comunicados anteriores.

A partir de la nueva salida pública de los zapatistas, Marcos ha hecho acompañar sus comunicados, cartas, caricaturas y posdatas, con videos y canciones. En esta ocasión sugiere el video de la canción “Pachuco”, del grupo de rock ahora extinto La Maldita Vecindad; el video “Más por tu dinero”, con guion y dirección de Yordi Capó, de Guadalajara; y un tercer video titulado “De ratones y gatos”, con dibujos animados a partir de unas palabras de Thomas C. Douglas. Los tres pueden consultarse en la página oficial del EZLN, que es Enlace Zapatista (enlacezapatista.ezln.org.mx).

En la más reciente publicación del vocero zapatista, titulada “Ellos y Nosotros”, el subcomandante parodia a “los de arriba” y habla como si lo hicieran ellos: “Nosotros somos los que mandamos. Somos más poderosos, aunque seamos menos. No nos importa lo que digas-escuches-pienses-hagas, siempre y cuando estés mudo, sordo, inmóvil. Podemos imponer como gobierno a gente medianamente inteligente (aunque ya es muy difícil de encontrar en la clase política), pero elegimos a uno que ni siquiera puede simular que sabe de qué va el asunto”, señala, en clara alusión a Enrique Peña Nieto.

“Sí, hemos sembrado el odio, el cinismo, el rencor, la desesperanza, el valemadrismo teórico y práctico, el conformismo del “mal menor”, el miedo hecho resignación. Y, sin embargo, tememos que eso se transforme en rabia organizada, rebelde, sin precio”, señala en otro de los apartados, siguiendo la voz de arriba.

Al referirse a cómo ven los poderosos a los de abajo, señala: “En cambio, lo que sí es un peligro, un caos verdadero, es que cada quien se haga colectivo, grupo, banda, raza, organización, y en su lado aprenda a decir “no” y a decir “sí”, y que se pongan de acuerdo entre ellos. Porque el “no” apunta a quienes mandamos. Y el “sí”… uf… eso sí es una calamidad, imagínate que cada quién construya su propio destino, y decidan qué ser y hacer. Sería tanto como señalar que nosotros somos los prescindibles, los que sobramos, los que estorbamos, los que no somos necesarios, los que debemos ser encarcelados, los que debemos desaparecer”.
A continuación el texto completo signado de la siguiente manera: “Desde cualquier rincón, en cualquiera de los mundos.