martes, 7 de enero de 2014

Raúl Castro Ruz, Discurso de Raúl en Santiago: No cederemos ante agresiones, chantajes ni amenazas


1 enero 2014 Cubadebate
Raúl Castro interviene en el Acto Central por el 55 Aniversario de la Revolución Cubana en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 2014. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Raúl Castro interviene en el Acto Central por el 55 Aniversario de la Revolución Cubana en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 2014. Para descargar la imagen en alta resolución, haga clic sobre ella. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz,  Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto de conmemoración del 55 Aniversario del triunfo de la Revolución, en el parque Carlos Manuel de Céspedes, Santiago de Cuba, el 1ro de enero de 2014, “Año 56 de la Revolución”.
(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado) 
Santiagueras y santiagueros;
Orientales;

Combatientes del Ejército Rebelde, de la lucha clandestina y de todas las acciones combativas en defensa de la Revolución a lo largo de estos 55 años;

Compatriotas:

Ni el más soñador de los que acompañamos a Fidel en un acto como este, el Primero de Enero de 1959, podía imaginar que hoy estaríamos aquí.

Nada fácil ha resultado este largo y azaroso camino. Ello ha sido posible, en primer lugar, gracias a la inmensa capacidad de resistencia y lucha de varias generaciones del noble y heroico pueblo cubano, verdadero protagonista de esta, su Revolución, que es el triunfo del mismo ideal de los mambises que en 1868, con Céspedes a la cabeza, iniciaron la guerra por la independencia del yugo español; de Maceo y Gómez, con quienes José Martí en 1895 retoma la gesta libertaria, truncada por la intervención norteamericana en 1898, que impidió la entrada a Santiago de Cuba del Ejército Libertador.

Es también la causa que enarbolaron contra la república burguesa y neocolonial Baliño, Mella, Rubén Martínez Villena, Guiteras y Jesús Menéndez, por solo mencionar a algunos.

Fue ese el afán que motivó a la Generación del Centenario, bajo el mando de Fidel, a asaltar los cuarteles Moncada, en esta ciudad, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo; a sobreponerse al fracaso, resistir el rigor de la prisión, venir en la expedición del yate Granma, soportar el duro revés de Alegría de Pío y encaminarse a la Sierra Maestra para empezar la lucha guerrillera del naciente Ejército Rebelde, cuyo Comandante en Jefe, ejemplo personal de valor en el combate, tenacidad e inclaudicable fe en la victoria, junto a su vocación unitaria e indiscutible liderazgo, supo forjar la unidad de todas las fuerzas revolucionarias y conducirlas al triunfo definitivo.
Exactamente 60 años después de que los interventores norteamericanos escamotearan la victoria a las huestes insurrectas, esta vez los mambises sí pudieron entrar a la ciudad de Santiago de Cuba.

Rendimos hoy merecido tributo a quienes entregaron sus vidas en montañas, campos y ciudades, combatientes del Ejército Rebelde y luchadores clandestinos, a aquellos que después del triunfo cayeron en otras muchas honrosas misiones, a todos los que dedicaron su juventud y energías a construir el socialismo, guiándose por la prédica martiana de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz y que no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber.

No podemos dejar de mencionar la contribución decisiva de las mujeres cubanas a lo largo del proceso revolucionario, como dignas continuadoras del ejemplo de Mariana Grajales, la madre de los Maceo, tanto en la lucha guerrillera como particularmente en la clandestinidad, sometidas a la brutal persecución de los esbirros de la tiranía. En ocasión de este 55 aniversario, la Televisión Cubana ha estado difundiendo el serial histórico Clandestinas como un justo homenaje a aquellas valerosas muchachitas que tantas veces arriesgaron la vida. Algunas de ellas se encuentran aquí presentes, para alegría nuestra (Aplausos).

En este propio lugar, el Primero de Enero de 1959, en medio del júbilo popular que se adueñó de todo el país, ya Fidel premonitoriamente advertía, cito: “La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros.”

Desde bien temprano, se pusieron en marcha infinidad de planes de desestabilización, comenzando con el refugio brindado en Estados Unidos a criminales y torturadores del régimen de Batista y también a toda suerte de malversadores que se apropiaron del erario de la nación.

La Revolución triunfante debió enfrentar el fomento y la organización del terrorismo de Estado mediante el sabotaje y el bandidismo armado, que en dos ocasiones llegó a actuar en las seis provincias que entonces tenía el país; la exclusión de Cuba de la OEA  y la ruptura de relaciones diplomáticas por todos los países latinoamericanos, con la honrosa excepción de México; la invasión de Playa Girón, el bloqueo económico, comercial y financiero, la masiva campaña mediática para difamar al proceso revolucionario y a sus líderes, en especial contra Fidel, objetivo de más de 600 planes de atentado; la Crisis de los cohetes en octubre de 1962, el secuestro y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles, el asesinato de maestros y alfabetizadores, obreros, campesinos, estudiantes y diplomáticos, que dejó una estela, hasta ahora, de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados.

Han sido 55 años de incesante lucha frente a los designios de once administraciones norteamericanas que, con mayor o menor hostilidad, no han cejado en el propósito de cambiar el régimen económico y social fruto de la Revolución, apagar su ejemplo y reinstaurar el dominio imperial sobre nuestra Patria.

La Revolución Cubana puso fin a varios mitos, entre ellos, el de que no era posible construir el socialismo en una pequeña isla a 90 millas de Estados Unidos. Una Revolución que no fue consecuencia de una confrontación internacional ni contó con apoyo masivo del exterior. Una Revolución que no se limitó a la sustitución de un poder por otro, sino que en menos de 24 horas disolvió la maquinaria represiva del régimen dictatorial y sentó las bases de una sociedad nueva. Una Revolución que construyó un ejército que es el pueblo uniformado, y elaboró, para defenderse, su propia doctrina militar.

Una Revolución que cumple 55 años de trabajo por y para el pueblo, a quien hizo dueño de la tierra y las industrias, alfabetizando primero y formando maestros y profesores, construyendo escuelas generales y especiales para todos los niños, universidades, escuelas de arte y de deportes, edificando policlínicos y hospitales, preparando médicos para Cuba y el mundo. Una Revolución que nos ha llevado a alcanzar índices de educación y salud que hoy son referencia internacional.

Una Revolución que sentó las bases para democratizar los espacios de creación, difusión y acceso a la cultura.
Resumiendo, una Revolución que ha hecho realidad y proseguirá cumpliendo el profundo anhelo martiano que preside la Constitución y señala, cito: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”

Al hablar de estas cuestiones, recuerdo la frase de Fidel el 26 de julio del 2003 al intervenir en el acto por el aniversario 50 del Moncada cuando afirmó: “educar al pueblo en la verdad, con palabras y con hechos irrebatibles, ha sido quizás el factor fundamental de la grandiosa proeza que este ha realizado”.
Cómo calificar de otra manera la colosal capacidad de resistencia y de confianza en sí mismo que brindó al mundo nuestro pueblo, que supo resistir estoicamente el durísimo período especial a que nos vimos sometidos como consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, en medio de la ola de incertidumbre y desmoralización que esos dramáticos acontecimientos generaron en buena parte de las fuerzas progresistas de la humanidad.

La imagen de Cuba, famosa en América antes de la Revolución como un paraíso para el juego, la prostitución, refugio de mafiosos y destino preferido de sus sucias inversiones, facilitadas por la generalizada corrupción administrativa de la tiranía, se transformó mediante el proceso revolucionario en símbolo de dignidad, independencia, humanismo e intransigencia en defensa de los principios.

Siguiendo la máxima de Martí, la Revolución Cubana nunca ha preguntado de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber. Hemos sido coherentes y consecuentes con la ética martiana. A lo largo de 55 años recibimos la solidaridad noble y generosa de muchos pueblos hermanos, en primer lugar de la Unión Soviética mientras existió y muy especialmente en los primeros y difíciles años, al tiempo que brindamos nuestro apoyo solidario en distintas regiones del planeta, tanto en las gloriosas misiones combativas internacionalistas como en los programas de colaboración médica, educacional, deportiva y en otras esferas, haciendo realidad el legado de que “Patria es Humanidad”.

Jamás hemos cedido ni cederemos ante agresiones, chantajes ni amenazas. La política exterior de la Revolución siempre ha sido un arma poderosa para defender la independencia, autodeterminación y soberanía nacionales, en favor de la paz mundial, el desarrollo, la justicia social y la solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo.

El planeta que habitamos ha cambiado mucho desde el primero de enero de 1959. Esta pequeña isla, a la que mediante brutales presiones de los gobiernos norteamericanos se pretendió separar de su entorno regional, ejerce la presidencia Pro Témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y se apresta a celebrar su reunión Cumbre en La Habana a finales de este mes, animada por el ideal de forjar una nueva unidad dentro de la diversidad en Nuestra América.

No olvidamos la singular coincidencia histórica de que en una fecha como hoy, 1ro de enerohace 210 años, triunfó la primera revolución en la región latinoamericana y caribeña, la que también fue la primera y única victoria de un movimiento revolucionario dirigido por negros esclavos que luchaban contra ese oprobioso sistema y a la vez por la independencia nacional.

Los efectos de aquellos dramáticos acontecimientos repercutieron en Cuba, incluso por las venas de no pocos orientales corre sangre haitiana.

Ambas naciones hemos tenido que pagar un alto precio por la audacia de enfrentar a los imperios dominantes.
Al abordar este asunto deseo reiterar al hermano pueblo haitiano y a su gobierno que los cubanos jamás los abandonaremos y que siempre podrán contar con nuestra modesta colaboración (Aplausos).
Compañeras y compañeros:

Aprovecho la ocasión para dedicar unas breves palabras a la marcha de dos importantes programas en interés de Santiago de Cuba.

A un costo de más de 200 millones de dólares se ha ejecutado la reconstrucción del acueducto de la segunda ciudad en población del país, en la que un cuarto de millón de habitantes recibía el servicio de agua  entre 7 y 9 días, otros 76 500 tenían un ciclo de distribución superior a 15 días y más de 16 000 ni siquiera contaban con acueducto, lo que llevaba a realizar unos 200 viajes de pipas diarios para abastecerlos, con un elevado consumo de combustible.

Para casi todos ustedes hoy la situación descrita pertenece al pasado, pues de los 32 sectores hidrométricos existentes, 29 se abastecen diariamente, quedando tres que lo hacen en días alternos y se trabaja en la calibración del sistema de distribución para alcanzar la meta trazada. Además fueron rehabilitadas las tres plantas potabilizadoras y 22 estaciones de bombeo.

Como parte de este programa también se inició la construcción del alcantarillado y drenaje pluvial, específicamente en el reparto San Pedrito, lo que se extenderá al resto de la ciudad a partir del 2014.

Se ha dotado a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado del equipamiento requerido para asegurar la sostenibilidad de sus servicios. Corresponde ahora a ustedes hacer un uso racional del agua.

Como es conocido, esta ciudad sufrió la furia de los vientos del huracán Sandy en la madrugada del 25 de octubre del 2012, que también afectó, aunque en menor magnitud, a las provincias de Holguín y Guantánamo. La pérdida de 11 vidas humanas y las desoladoras imágenes de destrucción de viviendas, infraestructuras e instalaciones vitales que tuvimos que padecer en las primeras jornadas posteriores al evento, pusieron de manifiesto, junto a la solidaridad nacional e internacional, en primer lugar de los hermanos venezolanos(Aplausos), la capacidad del pueblo santiaguero para vencer cualquier obstáculo.

A un año y dos meses de intenso trabajo, se ha logrado solucionar el 50% de las 171 380 afectaciones reportadas a la vivienda, además fue restablecido el 97% de las instalaciones de salud pública, el 88% del sistema de educación, el 82% de cultura y deportes, así como el ciento por ciento en el caso de la industria alimentaria.

A pesar del incumplimiento del plan provincial de nuevas viviendas, se culminaron las 331 planificadas en el barrio de San Pedrito, históricamente uno de los más humildes,  y se continúan los trabajos en otras zonas de la ciudad.

Proseguiremos controlando sistemáticamente desde el Gobierno Central estas labores hasta su total restablecimiento.

Para lograr edificar una ciudad cada vez más bella, higiénica, ordenada y disciplinada, a la altura de su condición de Ciudad Heroica, cuna de la Revolución, como expresé el 26 de julio del año pasado al conmemorar el 60 aniversario del Moncada, corresponde ahora, en primer lugar a las autoridades, con el apoyo de sus ciudadanos, reforzar el respeto —repito, reforzar el respeto— al papel que debe jugar la Planificación Física, a lo que contribuirá el estricto cumplimiento del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad, que será aprobado este año por la Asamblea Provincial del Poder Popular.

Pienso que si todos cumplimos con nuestro deber, podremos continuar asegurando que “Santiago sigue siendo Santiago” (Exclamaciones de: “¡Santiago!”).  Exactamente (Aplausos).  Si quisiéramos ayudar a traducirlo, eso quiere decir que se puede construir, pero no donde a cada cual se le ocurra, si no más nunca vamos a tener una ciudad como decíamos el 26 de Julio y hoy:  bella, higiénica, ordenada y disciplinada.  ¿Están de acuerdo ustedes? (Exclamaciones de: “¡Sí!” y aplausos.)

Hasta aquí lo que pensaba decirles sobre ambos programas.

Seguidamente abordaré una cuestión en la que resta un largo trecho por recorrer. Me refiero al reto que nos impone la permanente campaña de subversión político-ideológica concebida y dirigida desde los centros del poder global para recolonizar las mentes de los pueblos y anular sus aspiraciones de construir un mundo mejor.
En su brillante definición del concepto “Revolución” formulada el primero de mayo del año 2000, en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Fidel enunció, entre otras ideas, las siguientes:

“Revolución es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional;”
“es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio;”
“es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”.

En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia y de la situación actual de crisis general del sistema capitalista, en menoscabo de los valores, la identidad y la cultura nacionales, favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el interés mercantilista por encima de la moral.

En resumen, se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social, como si esos preceptos no representaran cabalmente los intereses de la clase dominante en el mundo capitalista. Con ello pretenden, además, inducir la ruptura entre la dirección histórica de la Revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro, todo ello con el marcado fin de desmantelar desde adentro el socialismo en Cuba.

En las presentes circunstancias, el desafío se hace mayor y estamos seguros de que con el concurso de las  fuerzas de que dispone la Revolución saldremos victoriosos en este decisivo campo de batalla, haciendo realidad los objetivos que en la esfera ideológica aprobó la Primera Conferencia Nacional del Partido hace dos años, dirección en la que no se ha avanzado lo necesario.

Queda muchísimo trabajo por hacer. Para ello contamos con la pujanza y compromiso patriótico de la gran masa de intelectuales, artistas, profesores y maestros revolucionarios, así como con la firmeza de nuestros centros de investigaciones sociales, universidades y de su estudiantado, aún sin utilizar plenamente sus potencialidades.

Los empeños de diseminar ideas que niegan la vitalidad de los conceptos marxistas, leninistas y martianos, deberán contrarrestarse, entre otros medios, con una creativa conceptualización teórica del socialismo posible en las condiciones de Cuba, como única alternativa de igualdad y justicia para todos.

Las nuevas generaciones de dirigentes, que paulatina y ordenadamente van asumiendo las principales responsabilidades en la dirección de la nación, nunca podrán olvidar que esta es la Revolución Socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes (Aplausos y exclamaciones), premisa imprescindible y antídoto efectivo para no caer bajo el influjo de los cantos de sirena del enemigo, que no renunciará al objetivo de distanciarlas de nuestro pueblo, en el propósito de socavar su unidad con el Partido Comunista, único heredero legítimo del legado y la autoridad del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, el compañero Fidel Castro Ruz (Aplausos y exclamaciones de:  “¡Viva!”).

En este sentido, vale la pena recordar la relevancia que tiene continuar perfeccionando constantemente el principio de consultar de manera directa con la población las decisiones vitales para el desarrollo de la sociedad, como quedó demostrado durante el proceso previo a la aprobación del nuevo Código de Trabajo por nuestra Asamblea Nacional, al igual que en su momento se hizo con el proyecto de los Lineamientos de la Política Económica y Social, los que luego de su amplio y democrático examen popular fueron aprobados por el Sexto Congreso del Partido y refrendados posteriormente en nuestro Parlamento, ante el cual se rinde cuenta dos veces al año acerca de su implementación y de similar manera se procede en el seno del Gobierno y del Partido.

Con este método se podrá garantizar que el programa de la Revolución se actualice cada cinco años, para que siempre responda a los verdaderos intereses del pueblo en los asuntos fundamentales de la sociedad y corregir oportunamente cualquier error. Así se asegurará también el permanente perfeccionamiento y profundización de nuestra democracia socialista.

Estrechamente vinculada con estos conceptos de alcance estratégico, verdaderamente estratégico para el presente y el futuro de la Patria, está la frase pronunciada por Fidel aquí, casi a esta misma hora, desde ese balcón exactamente, hace hoy 55 años, con la que, por su eterna vigencia deseo concluir mis palabras, cito: “La Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único que le debe sus victorias” (Aplausos).

Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar, podemos repetir con orgullo: ¡La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absolutosolo con el pueblo!

Muchas gracias.
(Exclamaciones de: “¡Viva la Revolución, Vivan Fidel y Raúl!”)
(Ovación.)

sábado, 4 de enero de 2014

Llamarla democracia y que lo sea

Juan Carlos Monedero

Politólogo.
Profesor Ciencia Política Universidad Complutense de Madrid

Todo el mundo habla de política. Entonces ¿ya no hay que hacer más?

Democracia (demos, pueblo, y cratos, poder) es, etimológicamente, el gobierno del pueblo. Esto fue una novedad surgida en una pequeña zona entre el sur de Europa y el Asia oriental hace 2500 años. Cuenta Platón en su Protágoras que el apresuramiento de Epimeteo a la hora de repartir originariamente las cualidades entre los animales dejó a los seres humanos sin las habilidades que tenían otros seres vivos (rapidez, fuerza, vuelo, vista). Para compensar ese problema, los dioses concedieron a todos los humanos, sin distinción, el don de la política. No era poca cosa, pues junto a la economía y el trabajo que la procura, al lado de los asuntos normativos y las leyes de cualquier tipo que nos damos, acompañando a la cultura y a las identidades en donde nos reconocemos, la política es parte esencial de los asuntos relevantes de la vida social. Esta metáfora deja claro que cualquiera puede hablar de política, si bien, y tampoco es asunto de pequeña relevancia, deja sin responder a otra pregunta. Al ser también la economía, el sistema normativo y la cultura asuntos que conforman lo social ¿no debiéramos con la misma soltura opinar de esos ámbitos? Entonces, ¿por qué no lo hacemos sin preparación y sí lo hacemos en cambio con la política?

La política, como aquella parte de la vida en común que tiene que ver con las metas colectivas que todos los miembros de una sociedad han de cumplir, es un ámbito social que nos obliga a posicionarnos a favor o en contra de los asuntos comunes. Como compensación, nos permite participar, aunque sólo sea opinando. Ante una decisión política –algo evidente en el caso de cualquier ley- sólo hay dos posiciones: estar en contra o estar a favor. Nadie es apolítico, pues si algo que es colectivo y obligatorio no se confronta se apoya tácitamente. Aunque se refunfuñe en la soledad del hogar. El que no desobedece ni protesta, obedece y asiente. Los asuntos colectivos se solventan en los ámbitos colectivos. Las “mayorías silenciosas” refuerzan el poder. Aunque refunfuñen en la tranquilidad de sus hogares. Tenía razón Nixón y tiene razón Rajoy cuando afirman que “la mayoría silenciosa” refuerza sus políticas.

La política puede beneficiar al conjunto de una sociedad o beneficiar a las minorías. Siguiendo a Aristóteles sabemos que las variaciones son escasas: el gobierno de uno, de varios o de todos. Y sus mixturas. El gobierno de todos que beneficia al conjunto de la sociedad lo llamaba politeia. A su degeneración, democracia (para el conservador Aristóteles, se trataba del gobierno de la chusma). Nosotros diríamos que el ideal es la democracia y su degeneración la demagogia (un populismo que apelara a los instintos del pueblo y no lo corresponsabilizara). En la lectura moderna, llamamos democracia, siguiendo a Lincoln, al gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es decir, al gobierno que emana del pueblo (no de los reyes ni de los dioses ni de los ricos), que lo ejerce el pueblo (de manera directa o a través de alguna forma de representación consentida) y para el pueblo (al final del viaje, todo el pueblo debe beneficiarse de manera equitativa de la vida social).

Cuatro apreciaciones nada sencillas

Los problemas sociales existen cuando son expresados. Puede existir un 70% de pobreza y no estar en la agenda pública. Basta que los pobres sean invisibles o se vean a sí mismos como “perdedores”. La interiorización de los malos tratos hace que no existan como problema social los malos tratos. Ante la enunciación de un conflicto hay tres posibilidades: (1) solventar las causas del conflicto; (2) silenciar la enunciación del conflicto, logrando que vuelva a quedar sepultado; (3) maquillar el conflicto para que sin solventarse, su enunciación crítica -y, por tanto, su posible solución, pierda fuerza.

Crear un conflicto y solventarlo tiene mucho que ver con el poder. Hay dos grandes maneras de entrar al poder: una, poco transitada, es pensar el poder como una capacidad colectiva vinculada a las ventajas del número (poder para). Juntos podemos mover cosas que no podríamos desplazar en solitario. La otra interpretación del poder es igualmente una capacidad pero que puede ser individual o de un pequeño grupo y que tiene como objetivo lograr algo de los demás sin consideración de sus propios intereses (poder sobre).

Desde esa segunda perspectiva (poder sobre), en la ciencia política se distingue a su vez entre tres tipos de poder: la capacidad que tiene alguien de lograr que otra persona haga algo al margen de su voluntad (definición de Weber); la capacidad de alguien de lograr que alguien no haga algo aunque esa inacción lesione sus intereses (aportación de Bachrach y Baratz) y la capacidad de alguien de configurar las preferencias de otra persona (matiz muy relevante que introduce Lukes). Este último es el más difícil de combatir porque es invisible y choca contra la presunción de la libre autodeterminación de las personas (¿alguien va a saber mejor que uno mismo cuáles son sus intereses?). Para que exista democracia, estos tres tipos de poder deben estar limitados.
Igualmente es importante entender que los conflictos sociales pueden venir de tres lugares que coinciden con las formas de conocer que tenemos los seres humanos: la ciencia, la estética y la ética. La ciencia nos dice lo que es verdadero o falso, la estética lo que es hermoso (o alegre o expresivo o comprensible o armonioso o musical) y la ética lo que está bien o lo que está mal. De estos tres ámbitos, el que más ruido social crea es el de la justicia pues está siempre en tensión por las desigualdades (las diferentes cargas y la diferente distribución de las ventajas y desventajas de la vida social) y, más en concreto, por la percepción de las desigualdades que tenemos los seres humanos. Tenemos así diferentes puntos de vista sobre lo que las cosas son: disputas en la ciencia, en la lectura de la historia, en la existencia o no de lo que no se puede demostrar, en los efectos del uso de la tecnología, etc.-; también sobre los diferentes puntos de vista sobre las representaciones del mundo -recordemos que los nazis prohibieron el jazz o el arte expresionista, que la iglesia prohibía en Semana Santa toda música que no fuera sacra, que la risa o el humor pueden ser sancionados-; y, sobre todo, diferentes maneras de repartir cargas y beneficios de la vida social -hacer de la división técnica del trabajo una división social-. Todas estas diferencias son las que hacen interesante la democracia, ya que las desigualdes tensionan a las sociedades y las someten siempre al riesgo de la guerra civil (o cuanto menos de disturbios). La principal tarea de la política es evitar la guerra civil y, después, la guerra externa. Una invasión, una guerra, afecta a toda la sociedad. Las guerras son expresión máxima de la política: la guerra, dijo Clausewitz, es la continuación de la política por otros medios. La política, dijo Lenin, es la contnuación de la guerra por otros medios. La política y la guerra afectan a todos los miembros de una comunidad. Las guerras, a su manera, son democráticas. Aunque no es cierto que los que las empiezan paguen por ellas.

Vivimos en un mundo donde la hegemonía es neoliberal, es decir, un mundo en donde el individualismo y la competitividad son el sentido común general. De una forma u otra, toda la sociedad se rige por criterios mercantiles (nunca han existido tantos ámbitos convertidos en mercancías), por la precarización laboral (que genera una profunda frustración de estatus) y la desconexión propia de la vida urbana y tecnológica. Estos tres ámbitos generan miedo, y el miedo es el caldo de cultivo de soluciones autoritarias (ajenas a la democracia). Convertidos en “empresarios de nosotros mismos” nos olvidamos de una idea de democracia como sustancia y la convertimos en mero procedimiento. Es decir, en un mercado político. Y no es lo mismo.

Mirar a Grecia para saber a qué llamamos democracia

La Grecia que alumbró la democracia era una sociedad de ciudadanos económicamente desiguales. Las tensiones sociales que generaba la desigual distribución de la riqueza social generó unos mecanismos políticos (es decir, colectivos y obligatorios) que tenían como objetivo disminuir las tensiones generadas por la existencia de ricos y pobres. El primer paso fue el establecimiento de la ciudadanía (donde no estaban las mujeres, los jóvenes, los trabajadores inmigrantes ni los numerosos esclavos) y después, la puesta en marcha de mecanismos de participación, de deliberación y de decisión. Mientras que la Constitución norteamericana de 1787 estaba redactada por propietarios y, por eso, hizo énfasis en la libertad, las reformas puestas en marcha por Clístenes buscaban dar herramientas a la mayoría para enfrentar los problemas sociales ligados a la desigualdad. Dos palabras son clave en la democracia griega: isonomía, es decir, la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos (desde esta exigencia va a construir el liberalismo la división de poderes como garantía de esa igualdad), y la isegoría, esto es, la igualdad de los ciudadanos de defender en el ágora -en la plaza pública- sus propios intereses. Los griegos diferenciaron el ámbito privado (vinculado al oikos, es decir, la casa y su gestión) y el ámbito público que se construía rompiendo las cadenas heredadas de la antigua norma aristocrática: las de la culpa y las deudas, las del odio y la violencia, las de la venganza y la revancha (Roth). Con esta separación nacía la idea de que existía un “bienestar público” diferente del “bienestar privado” y que reclamaba unas reglas diferentes. La democracia griega buscaba darle a los pobres herramientas para disminuir las desigualdades sociales, gestionando las mayorías (el 99%) el bienestar colectivo, participando en la plaza pública de la definición de los problemas y de la enunciación de su posible solución.

La muerte de la democracia

Desde sus orígenes y hasta hoy, la democracia ha estado sometida a la tensión de dos grandes fuerzas: (1) la tensión entre los intereses individuales -o de un grupo- y los intereses colectivos (base de las desigualdades); (2) y la tensión entre la representación y la gestión propia de los asuntos particulares (es decir, entre la delegación a unas minorías de los asuntos que afectan a todos los individuos o la gestión de los mismos por cada cual). Decía con razón Rousseau que sólo se representa lo que no está. Por tanto, si se representa al pueblo, el pueblo no está. La representación es contraria a la democracia. La única democracia posible es la democracia directa. De ahí que uno de los principales teóricos contemporáneos de la democracia, Robert Dahl, dijera que nuestros sistemas debieran llamarse “poliarquías” en vez de democracias (el concepto no tuvo éxito). Ahora bien ¿es posible la democracia directa? Es lo que se llama el “problema de las escalas”. No es igual la democracia local -como la griega- que la democracia en los Estados modernos. El Estado, desde que nació a finales del siglo XV, fue representativo: unos pocos representan a todos. Por eso, el Estado, por definición, es un freno a la democracia y, al tiempo, la palanca más poderosa que se puede tener para establecer lka democracia. En esas contradicciones vivimos. La democracia absoluta es un ideal imposible. Pero sirve para marcar la pauta hacia donde se debe ir si en verdad se quiere hablar de democracia.

A través de diferentes hitos intelectuales, desde la Revolución Francesa y a través del desarrollo del pensamiento liberal, la democracia ha ido convirtiéndose en representación. Votar cada cuatro años. Rousseau decía «El pueblo inglés cree ser libre, pero se equivoca; sólo lo es durante la elección de los miembros del Parlamento; una vez elegidos, se convierte en esclavo, no es nada». De hecho, a los diputados, mandatados por el pueblo, los llamamos equivocadamente “mandatarios”, y nosotros, el pueblo soberano, ahora somos los mandatados. Pero la existencia del representante libera a la gente de la obligación de dedicar tiempo a los asuntos colectivos. Algo de agradecer cuando se trabajan tantas horas al día, cuando hay tantos estímulos para el consumo, para la “realización personal”, para “invertir en uno mismo”.

Riesgos y potencialidades en los comienzos del siglo XXI

Las necesidades de reproducción del capital necesitan “desconstitucionalizar” el Constitucionalismo de posguerra (Ferrajoli) y reducir la participación de una ciudadanía que se hizo más consciente y, por tanto, más exigente. Las garantías del Estado social y democrático de derecho van en contra del actual modelo neoliberal y el capitalismo de depredación en curso (en un momento donde no se puede seguir explotando pacíficamente a los países del sur, a la naturaleza o a las generaciones futuras) e, igualmente, las muchas exigencias sobrecargan al Estado que, de no disponer de recursos, termina colapsando. El vaciamiento del Estado social con las privatizaciones y los recortes, la disminución de los asuntos sobre los que se decide en las elecciones (por ejemplo, la política económica) o la partidización de la justicia, necesaria para sostener la cartelización de los partidos políticos, rompen ese paréntesis conocido como “edad de oro de la socialdemocracia” (1945-1973). Añadamos que después del 11S de 2001, hay un “derecho del enemigo” que puede llevar a crímenes de estado presentados como hechos heroicos (asesinato de Bin Laden, de Gadafi, de palestinos, etc.) o la persecución de personas que ayudan a la democracia (Assange, Manning, Snowden). Si es cierto que las luchas de ayer son los derechos de hoy, la ausencia de conflicto político de calado desde 1968 explica por qué, especialmente después de la caída de la URSS, ha significado una progresiva pérdida de derechos que se va viendo de manera “natural”.

Soluciones controvertidas


Para que haya democracia tiene que existir capacidad de deliberación, capacidad de decisión y capacidad de ejecución de políticas públicas. Tres elementos que estaban perdidos (y que gracias a Internet parece empezar a revertirse, especialmente por lo que implica de posibilidad de consciencia alternativa). La realidad invita al pesimismo: está el problema del aumento de la desigualdad, que quita capacidad, interés y tiempo para dedicarnos a la cosa pública, está la cartelización de los partidos (todos cumplen una serie de comportamientos similares que les alejan de la política de la calle y les entregan a las instituciones), está la desaparición de espacios para debatir y elaborar políticas públicas, está el hecho de que la libertad de expresión ha sido ocupada por las empresas de medios de comunicación.

Los políticos y los periodistas han perdido el control del monopolio de la representación ciudadana (Sampedro). Añadamos que también la universidad y la escuela han perdido el monopolio del conocimiento y la religión el monopolio de la trascendencia. Sólo el sector financiero sigue teniendo el monopolio de la riqueza monetaria. La unión de un Estado que no rinde cuentas, de corporaciones económicas (donde se cruza el mundo financiero, los gigantes informáticos –Google, Microsoft, Skype, Facebook, Twitter- y los servicios de inteligencia y militar público y privado, y de medios de comunicación que “privatizan” la información, construye un entramado muy consistente donde las minorías tienen más poder, en todos los sentidos, que las mayorías.


La reinvención de la democracia tiene cuatro espacios: (1) democracia en los ámbitos de la representación. Esto afecta a los partidos -su democracia interna y su financiación y el empoderamiento de los militantes-, a todo el entramado del Estado, con especial atención a los jueces -que tienen que estar controlados por la ciudadanía y responder ante ella-, y a los gastos y la financiación públicos y de los intermediarios políticos -es decir, a los asuntos de la transparencia-); (2) democracia en los ámbitos de la vida social (que afectan al ámbito doméstico, al derecho a la ciudad, a la fábrica o la empresa y a la colonización cultural que proviene de la globalización. Igualmente está aquí la democracia vinculada a la defensa común de los bienes comunes, con especial atención a los medios de producción colectivos y al medio ambiente); (3) democracia en los ámbitos de la deliberación (con nuevas formas de democracia ligadas a la información y la comunicación). (4) Y, finalmente, democracia vinculada a la elaboración y evaluación de políticas públicas y de control de la gestión política (referéndum vinculante, iniciativa legislativa popular con garantías, referéndum revocatorio de los cargos públicos, etc.). Dentro de este ámbito está la base democrática de todas las demás posibilidades: un proceso constituyente que establezca de manera participada y corresponsable los elementos compartidos del nuevo contrato social.

Final: las herramientas previas para lograr la democracia

Hace falta rebajar la incertidumbre en un mundo confuso. Para que eso no lo haga un líder o partido autoritario, xenófobo o nacionalista autoritario, hay que buscar soluciones. Para conseguir la democratización en los ámbitos señalados, en un mundo donde el sentido común es neoliberal, hacen falta los siguientes asuntos: liderazgos -en plural, que emerjan de las propias luchas sociales; organizaciones sociales que se articulen de manera autogestionada (y que para sumarse a otras organizaciones deberán asumir algún tipo de representación). Y formas tradicionales de representación, donde van a seguir siendo necesarios, al menos en el corto plazo, partidos políticos. Hace falta democracia en los ámbitos clásicos del Estado liberal y en el ámbito experimental de las nuevas formas políticas autogestionadas. Si ha cambiado el contrato social de posguerra por la imposición del modelo neoliberal, hay que reinventar el contrato social. No desde lo abstracto a lo concreto sino, muy al contrario, de lo concreto a lo abstracto. Partiendo de los derechos humanos esenciales de cualquier persona, empezando por el derecho a alimentarse. De ahí que la democracia ahora mismo pasa por reinventar un nuevo contrato que de respuestas a la necesidad de repartir el trabajo, de otorgar una renta básica universal, de terminar con el modelo de crecimiento depredador de la naturaleza, de cohonestar las necesidades particulares con las necesidades del resto del planeta y de las generaciones futuras. Y eso se logra con una ciudadanía consciente que ha tomado democráticamente sus propias decisiones. Es decir, a través de un proceso constituyente emanado desde abajo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

El nuevo escenario sociopolítico para la causa mapuche


Diciembre 2013
por Héctor Llaitul Carrillanca





















Estamos frente a un  escenario sociopolítico en que una vez más la oligarquía empresarial lleva la iniciativa para mantener el sistema. Debido al ascenso que estaban experimentando las distintas manifestaciones que expresan el descontento de los grupos sociales y que cada vez más se orientan en contra del modelo neoliberal y la clase política que lo sustenta.

Así, el empresariado toma la decisión de buscar la mejor salida en el marco del recambio de gobierno y definiendo apoyar abiertamente la propuesta de “La Nueva Mayoría” encabezada por Michelle Bachelet, lo que ciertamente implicaría dar ciertas concesiones a reformas superficiales que se plantean desde esta coalición. Una situación que parece contrasentido, pero que si se observa con mayor detención veremos que al empresariado y muy en particular a los grupos económicos les conviene mucho más un gobierno concertacionista, como fórmula probada para hacer frente a las protestas sociales que ya se han generalizado. La definición es hacia una propuesta con políticas de “consenso”, una alternativa matizada por una serie de condiciones en donde funcionan mecanismos políticos que encausan las reclamaciones y demandas a vías legales e institucionales quedando en los hechos subordinados al sistema, sobre todo en un contexto en que aún existe una constitución de inspiración fascista antidemocrática que impone una serie de trampas, herencia de la dictadura. 

Ciertamente, que un gobierno de Bachelet concita el apoyo del empresariado, sobre todo del capital nacional y transnacional que ha operado sin límites para explotar las riquezas básicas. Situación que ha quedado ampliamente registrada durante todos los gobiernos de la Concertación. De hecho, un dato no menor que grafica esta opción, es el apoyo económico que han dado ciertos grupos a la campaña de la nueva mayoría. Por tanto, estamos en presencia de una estrategia aún mayor, que establece una contención de los movimientos sociales y políticos que se oponen al sistema capitalista, en donde, el modelo neoliberal permite la explotación y depredación indiscriminada de los recursos naturales y que para caso de nuestro pueblo Mapuche ha significado un estado total deDOMINACIÓN que restablece un tipo de genocidio que pone en riesgo a muchas comunidades. El actual sistema económico político e ideológico que impera en Chile, está provocando cambios e impactos que están afectando a las comunidades y al pueblo Mapuche en su conjunto; como a nuestras aguas, suelos, montañas, entre otros. Hacia un deterioro irreversible de nuestro kume mongen, rakizuam Mapuche y entorno territorial simbólico y natural.

Es en este marco, que el empresariado pareciera avenirse a ciertas reformas, eso sí, siempre y cuando se les garantice un clima social estable para que sigan las inversiones que a la fecha han reportado exorbitantes ganancias, como ha quedado registrado durante los periodos en que ha gobernado la Concertación, sobre todo cuando estuvo en la presidencia la Sra. Bachelet. Periodo en que los grupos económicos obtuvieron las mayores ganancias que se hayan conocido, así se grafica claramente los registros en las utilidades de la banca, las inversiones en la minería, las forestales, las pesqueras y últimamente en el rubro de la energía con las centrales hidroeléctricas, actividades que dan cuenta de un despojo del capital nacional y extranjero que operan a sus anchas en este país.

Ciertamente, que al empresariado le conviene mucho más un gobierno que se presenta como de los “consensos” que uno de derecha de corte fascista que rememore resabios del pinochetismo, porque un gobierno como el de Piñera prácticamente fue al choque con las demandas sociales y políticas de la ciudadanía, cuestión que no fue apropiada para mantener la estabilidad y la imagen democrática. Por tanto, un nuevo gobierno de la Concertación ofrece muchas más garantías al empresariado, en tanto cuanto se impone sin tantos problemas en toda su dimensión el sistema capitalista que sólo favorece a unos pocos en desmedro de las mayorías. Se impone un modelo en que una de sus características es ser de tipo inclusivo, es decir, un capitalismo inclusivo – al menos eso es lo que se pregona en el discurso – que ofrece todas las condiciones imaginables para nuevos emprendedores, cuestión que no ha sido menor, en el marco de la intervención al conflicto con los Mapuche, ya que es una fórmula para atraer a ciertos sectores que tienen como intención “cambiar tierra por plata”, queriendo desperfilar así nuestra causa. El Estado y sus instituciones, permanentemente han impulsado políticas para integrarnos a la economía de mercado, para lo cual se están utilizando estrategias económicas que llaman a la inversión y el emprendimiento, creando incluso pequeñas empresas e industrias que traen consigo graves consecuencias, sobre todo porque están orientadas a la producción capitalista, esto en el marco del capitalismo inclusivo que se pregona, cuestión que es contraria al pensamiento mapuche desde sus fundamentos de desarrollo e integralidad natural y humana. Contraviniendo nuestra espiritualidad y proyección político-económico-cultural tradicional.

La vía que se propone desde La Nueva Mayoría tuvo mucho eco en el empresariado, sobre todo en los grupos económicos que ven garantías para seguir invirtiendo, sabiendo que el Estado y el gobierno de turno aplicaran diversas formas y mecanismos “eficaces”, es decir, ya probados para hacer frente a las movilizaciones en que no escapan la represión más brutal y la persecución, el asesinato político, así como la aplicación de la Ley Antiterrorista y el encarcelamiento de los dirigentes, como ha sido el caso con el pueblo Mapuche. También resulta necesario silenciar las denuncias y reclamaciones, para lo cual opera una gran maquinaria de cooptación acercando las posiciones de cierta izquierda que termina subordinándose a la institucionalidad, un terreno en que los esfuerzos estarán más centrados en buscar reformas a través de mecanismos legislativos limitados como ocurre en el parlamento. Además, las demandas basadas en la recuperación de las tierras son criminalizadas con las leyes que contravienen a un sistema democrático, lo que da cuenta de un tipo de gobierno que opta por defender corporativamente las empresas nacionales y transnacionales que ostentan y devastan los espacios territoriales y significativos para las comunidades.

Al opinar sobre el periodo electoral propiamente tal, no está de más indicar que en estas últimas elecciones ningún candidato visitó las cárceles para saber de la situación de los Presos Políticos Mapuche. Esta observación la hacemos, no con el afán de situar la lucha Mapuche en el quehacer político imperante, sino como una forma de graficar una situación de invisibilidad de la causa Mapuche, en donde queda demostrada la fuerza que tiene el discurso oficial para desvirtuar y desperfilar nuestra lucha, a tal punto que en este país las demandas del pueblo Mapuche no son abordadas seriamente por ningún sector político. Este es un diagnostico que hacemos desde la prisión política los Mapuche autonomistas que hemos sido perseguidos y encarcelados durante la concertación, y hemos estado prisioneros durante todo el periodo en que estuvo la derecha en el poder.

En esta ocasión, no hubo un tratamiento serio respecto del conflicto de nuestro pueblo con el Estado chileno y que dice relación con las históricas demandas de territorio y autonomía. Ni siquiera respecto de si se abordaran los distintos procesos de recuperación de tierras que llevan adelante las comunidades. Esta situación pareciera una paradoja, pero es la realidad, es parte del escenario que se va configurando con unas elecciones en las que solo se mantienen los intereses de los grupos dominantes, en un marco en que no se tocan los temas de fondo y menos aquellos de orden estructural porque implicaría develar las legítimas demandas de los sectores más desposeídos y golpeados por el sistema. Tampoco observamos algo significativo de parte de las candidaturas que se presentaron detractoras y alternativas al modelo neoliberal, más allá de rescatar las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos que se cometen en contra de los Mapuche. Porque la defensa irrestricta que se hace de éste sistema de dominación por parte de la clase dirigente, imposibilita cualquier tipo de iniciativa para abordar los temas más importantes para los oprimidos. En este sentido, podemos afirmar que son los grupos económicos y la derecha económica y política en este país, quienes dominan prácticamente todas las esferas socio políticas del Estado. Así quedó demostrado en la dinámica y contenido que tuvo las últimas elecciones. Sin duda, es la oligarquía histórica la que mantiene el poder económico, la situación estructural e ideológica para seguir explotando y depredando las riquezas básicas. Entonces, con un nuevo gobierno de la Sra. Bachelet la situación no cambiará sustancialmente, manteniéndose el modelo neoliberal el cual, por cierto, ha sido muy bien administrado por los sucesivos gobiernos de la concertación. Gobiernos, que supuestamente representan a la “Mayoría” y una clase política a su favor, que hacen creer a la gente que tienen diferencias, pero que en la práctica representan más de lo mismo. Así se mantendrá un quehacer político desde el sistema, que a su vez cuenta con el apoyo mayoritario de los medios de comunicación de masas, que están a favor de los poderosos, sosteniéndose así un discurso que va en contra de las justas demandas de los oprimidos.

Los grupos económicos ya celebran por cómo terminará esta elección presidencial, porque las dos candidatas representan a la derecha económica de este país, son las caras de una misma moneda, defensoras de un modelo de desarrollo económico que afecta a los más desposeídos. Sin embargo, que esta forma de gobernar llamada “democrática” es una modalidad que está entrando en una deslegitimación evidente, en cuanto a la representación del país se refiere, así está quedando demostrado con la alta abstención de votantes por las opciones señaladas. Es una abstención que pasó a ser indiferencia, a una verdadera forma de protesta a las formas de hacer política desde la clase dirigente. Al respecto, podemos deducir que la gente se abstiene de votar porque está cansada de que les mientan una y otra vez con “ofertones electorales” y engaños, a su vez de que no quieren participar porque hay mayor conciencia de la serie de trampas que existen en cuanto a los mecanismos que definen la representación, partiendo por las trampas constitucionales. Por lo tanto, con ésta abstención el proceso de vuelve ilegítimo, de ahí la preocupación de ambas candidaturas, sobre todo de La Nueva Mayoría de que la gente vaya a votar, porque un gobierno con escasa votación pasaría a ser en los hechos ilegítimo en cuanto a representatividad y sostenimiento, cuestionándose así todo el andamiaje del poder. En este escenario, se puede afirmar que el nuevo gobierno de Bachelet será ilegítimo, porque no tiene el respaldo suficiente y más bien representará la decadencia de la clase política que siempre se pone al servicio del poder económico. Es por esta razón que el Movimiento Mapuche Autónomo da por superado el hecho de participar en las elecciones, porque por esta vía no se resuelven nuestras demandas.

En cuanto a la izquierda en Chile, ésta se encuentra muy debilitada, al menos la que participa del proceso eleccionario, que ha optado por participar en el esquema de hacer política dentro del sistema, una situación que posee límites y pone trabas a los cambios que se demandan desde los diversos sectores sociales golpeados por el sistema de dominación. Nos enfrentamos a un nuevo gobierno de la Sra. Bachelet, quién gobernará con los mismos personeros de la Concertación, más el Partido Comunista que irá en esta ocasión como vagón de cola. Sin duda, que para el Movimiento Mapuche Autónomo este será un nuevo gobierno que representa la continuidad, es decir, más de lo mismo, y como se trata de un tipo de administración que estará al servicio de los grupos económicos continuaran las políticas que pretenden desmovilizar a nuestro pueblo, como son las políticas sociales de corte asistencialistas y las medidas de represión que han violentado permanentemente a las comunidades en lucha. Tal vez, una característica nueva sea que se pondrá mayor énfasis en dotar de recursos económicos a planes y programas que fomenten diversos emprendimientos de tipo capitalistas que surjan desde la realidad Mapuche. Al respecto debemos indicar que ya se está promoviendo las condiciones para prácticamente “cambiar tierra por plata”, una idea que surge desde la derecha para fortalecer el modelo en la región. A su vez, también observaremos como se da luz verde a nuevas iniciativas de parte de las forestales para que las comunidades y/o ciertos sectores de éstas se involucren en la explotación de los bosques a cambio de escuálidos ofrecimientos económicos. Es en este cuadro que se seguirá desenvolviendo nuestra lucha, aquella que tiene como horizonte principal la recuperación del territorio y la autonomía, cuestiones que para nosotros son de suma importancia para defender la totalidad de nuestro mundo Mapuche, desde una perspectiva integral, es decir, económica, política, social y cultural.

Afirmamos que el futuro gobierno seguirá en la misma dirección que los gobiernos que le antecedieron, incluyendo el de derecha, así lo demuestra la conformación del equipo político y sobre todo el económico que respalda y conforma “La Nueva Mayoría”, el que está constituido mayoritariamente por especialistas en el modelo neoliberal, cuestión que sienta un grave precedente para que se continúe con los procesos de inversión de capitales nacionales y transnacionales en el territorio ancestral Mapuche, situación que pone en serio riesgo a las comunidades en cuanto a las reservas de agua y tierras, esto considerando las nuevas arremetidas de empresas en los rubros energéticos con las hidroeléctricas y la actividad minera.

Además, es necesario señalar que durante los cuatro periodos de gobiernos de la Concertación y uno de la Alianza, el balance en materia de política indígena es condenable. Sobre todo porque se ha impuesto un discurso durante todos los gobiernos para calificar y asumir al pueblo nación Mapuche como el enemigo interno del Estado, un discurso asumido por los gobiernos de turno y su clase política, así por como los grupos de poder económico y todo el entramado político, jurídico y policial, más un sector importante de la prensa. Lo cual ha favorecido para la aplicación de la Ley Antiterrorista y todo el trato vejatorio y humillante de tipo racista en contra de nuestra nación. Esto, en un marco en que la preocupación de los gobiernos ha sido resguardar y proteger los intereses de los grupos económicos, colonos y clase política, en contra de las comunidades Mapuche. Prácticas que se ven facilitadas porque aún el Estado chileno no ha reconocido constitucionalmente al pueblo Mapuche, ni tampoco se ha reconocido como un Estado plurinacional, lo cual ciertamente favorece la mantención de medidas represivas y opresión.

Por lo tanto, estaremos frente a un gobierno que nuevamente estará al servicio de las grandes corporaciones, los que confrontaran con los grupos y sectores más vulnerables del pueblo chileno en general, y con nuestro pueblo Mapuche en particular.

Un gobierno que administrará nuevamente con una constitución pinochetista, la que por su forma y fondo es ilegítima, injusta y antidemocrática y que sirve como marco jurídico y político para seguir sometiendo al pueblo chileno y a nuestra nación. Esto explica porque ni la derecha, ni los sectores más neoliberales de la concertación se resisten a modificar y sólo se abren a un cierto “debate” para que esta sea remozada, más bien, perfeccionada. Es por esta razón que no creemos que en el parlamento se obtengan resultados importantes para la causa Mapuche, ni siquiera respecto de acciones de mayor justicia en materia de reconocimiento y respeto a los derechos humanos. De hecho, no habrá legislación a favor de las comunidades sobre todo en un contexto en que seguirá un estado de confrontación impuesta por los procesos de inversión.

Es este contexto que se nos avizora con el nuevo gobierno en el poder, por lo cual no nos queda otro camino que mantener la resistencia al sistema capitalista y a toda su expresión política e ideológica que actúe en su defensa, situación que nos pone en abierta confrontación con un gobierno neoliberal y que esté al servicio del empresariado, como de seguro será la administración de Michelle Bachelet.

Sin duda, que para el Movimiento Mapuche Autónomo, este será un escenario socio político complejo y difícil, con un tipo de gobierno ya conocido, porque fresca está en nuestra memoria, no sólo la nula voluntad para afrontar nuestras legitimas e históricas demandas por el territorio y la autonomía, sino por la serie de hechos que grafican la fuerte represión y criminalización de parte del Estado chileno, lo que ha implicado persecución, cárcel y muerte por nuestras posiciones en favor de la causa Mapuche. Por lo mismo es que no podemos soslayar el hecho de que fue la Concertación y más específicamente el gobierno de Bachelet, el contexto en que se asesinó a nuestros Weichafe Matías Catrileo y Mendoza Collío, se aplicó la Ley Antiterrorista que permitió perseguir y condenar a los más destacados militantes y dirigentes de la causa Mapuche, los que hoy aún cumplen largas condenas en las cárceles del Estado chileno.

Con un gobierno de continuidad no nos queda otro camino que seguir luchando, porque seguiremos viviendo bajo una realidad llena de injusticias, lo que ha sido una constante por ya décadas y que con los gobiernos “democráticos” de la Concertación se ha agudizado producto de que se han mantenido políticas de Estado en favor de los poderosos que arremeten permanentemente en contra de nuestro pueblo. Porque la continuidad está expresada claramente en la mantención de un modelo de desarrollo económico que en nuestro territorio ancestral ahoga a las comunidades Mapuche, expresión de aquello son la invasión forestal y otros procesos de inversión que como las hidroeléctricas y las mineras continúan con el despojo por desposesión de nuestros espacios territoriales.

Está en nuestro horizonte un nuevo escenario de lucha para el conjunto de nuestro pueblo nación, es un proceso que está en marcha y que ya partió en base a la defensa y recuperación de nuestros derechos fundamentales y esto a pesar de que el estado trate de frenar el movimiento con más asistencialismo, cooptación de dirigentes, prácticas de clientelismo político y las medidas represivas que buscan desmovilizar a las organizaciones más consecuentes con la línea y los principios de la autonomía y la liberación.

En efecto, consideramos significativo que la derecha fascista sea derrotada en las elecciones, pero este ánimo rápidamente se diluye cuando observamos que una nueva derecha regirá el Estado chileno, en un contexto en que resulta más complejo y difícil mostrar las contradicciones fascistas cuando los “demócratas” levantan discursos llenos de promesas de cambio. Con la derecha empresarial en el gobierno el asunto era claro en relación a la definición de nuestro enemigo histórico. Ahora habrá que establecer nuevos diagnósticos y elaborar más ideológica y políticamente para esclarecer el nuevo contexto sociopolítico.

Por lo anterior, es que afirmamos categóricamente que la lucha Mapuche autonomista continuará, haciendo frente a la explotación y depredación del Wallmapu, a la represión constante (criminalización y persecución política), haciendo frente a la nula voluntad política de devolución de las tierras Mapuche reivindicadas, que favorecen así procesos de inversión capitalista en nuestro territorio ancestral, destruyendo de esta forma nuestra cultura y espiritualidad.

Es por lo anterior que, desde nuestras definiciones de Mapuche autonomistas anticapitalistas, seguiremos en la senda de la resistencia y la reconstrucción nacional haciendo frente con diversas formas de lucha al nuevo gobierno, mientras que se administre para los poderosos y en la medida en que se siga con la política de guerra contra nuestro pueblo.

Frente a los fuertes procesos de inversión capitalistas en el Wallmapu y a su defensa irrestricta por parte del gobierno de turno, antepondremos EL WEYCHAN, como la autoconvocatoria para la resistencia de todo nuestro pueblo, creando las condiciones políticas e ideológicas para la Liberación Nacional Mapuche.
Mientras sigamos viviendo en la opresión y la injusticia
nuestro pueblo tiene el derecho a la rebelión.
Porque “seguimos viviendo en el banquillo de los acusados
en el juzgado de indios de la modernidad”, expoliados territorialmente
y bajo un sistema de dominación.
LA RESISTENCIA MAPUCHE CONTINUARÁ
Nuestros antiguos dijeron que volverá la memoria y tronaran
de nuevo las fuerzas volcánicas de la revolución en el Wallmapu.
Por territorio y autonomía
Feyentun – Newuentuaiw
Weuwaiñ pu peñi pu lamgen
Hector LLaitul Carrillanca
Weichafe, PPM
Vocero Político CAM