martes, 21 de octubre de 2014

Che Guevara “Trabajar con el Che fue uno de los momentos más importantes de mi vida”


Entrevista con Gerardo Bavio, colaborador del Che en el Ministerio de Industrias de Cuba, que lo recuerda en un nuevo aniversario de su caída en combate


EL CIUDADANO

Che Guevara

El presente artículo fue editado en base a textos de ‘El Peronismo que no fue. La (otra) otra historia’ de Gerardo Bavio y Mario Hernandez (Editorial Metrópolis)

M:- Conociste y trabajaste con el Che Guevara en La Habana.

G:- Así es, mi estadía en Cuba fue desde mediados del 1962 hasta fines del 1963, estuve con un compañero que era además compañero de estudios del Che, Jorge Vexenat, abogado cordobés. Lo entrevistamos al Che el 2 de junio de 1962 en el Ministerio de Industria. El Che acababa de ser designado Ministro de Industrias meses antes y estaba iniciando una transformación interna de la economía cubana centrada fundamentalmente en el monocultivo y la exportación de azúcar. Tenía el plan de transformar eso en un desarrollo industrial, con una concepción socialista.

Fue un encuentro inolvidable, nos atendió cerca de la una de la mañana, ya que sus horarios durante el día eran muy absorbentes, y volvía cerca de la madrugada a su despacho del Ministerio a darle una mirada a los papeles y a resolver cosas rápidas. Ahí nos encontramos, él entró sonriente, nos dimos un fuerte abrazo, le traía cartas de su padre, a quien habíamos entrevistado en Buenos Aires, el arquitecto Ernesto Guevara Lynch.

Charlamos distendidamente, le expliqué las razones por las que estábamos ahí. Mi historia de participación en la Resistencia Peronista en Córdoba fue la que nos llevó a plantear ese viaje a Cuba. Hablamos de muchos temas, él nos explicó cuál era el papel tan importante de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, las ORI, que fue la unificación de las fuerzas que habían impulsado el triunfo de la Revolución cubana. El movimiento 26 de julio, el Directorio Revolucionario, que tenía sede en la ciudad de La Habana y el Partido Socialista Popular que también se adhirió a la revolución prácticamente cuando estaba triunfando a través del Movimiento 26 de julio.

M:- El Partido Socialista Popular era el Partido Comunista.

G:- Claro, que fue fundado entre otros por Julio Antonio Mella, quien fue un personaje muy importante que murió asesinado en México por los esbirros de Machado. Tuvo que salir de Cuba porque imperaba la dictadura en ese entonces, pero de todas maneras fue asesinado en México. Después podemos ampliar este tema, que lo fue de varias conferencias de Gregorio Bermann, uno de los impulsores, junto con Deodoro Roca, Julio V. González y otros, de la Reforma Universitaria en Córdoba, que tuvo mucha importancia en todo el continente, sobre todo para la juventud revolucionaria de Cuba.

La conversación con el Che derivó pronto a la realidad de ese momento en la Argentina, a la Resistencia Peronista, al papel que podía tener el peronismo en el armado de una revolución emancipadora en Argentina.

Ese año, 1962, fue un año clave, el año de las elecciones del 18 de marzo, cuando triunfa la formula Framini-Anglada en la provincia de Buenos Aires. Después es desplazado Frondizi y las fuerzas armadas lo ponen a José María Guido de presidente. Esto fue muy importante a nivel histórico, la frustración de la posibilidad de una salida legal y electoral sin proscripción. Evidentemente eso repercutió en el pensamiento revolucionario de mucha gente de la Resistencia, empezaron a pensar que era necesario armarse contra una dictadura que se imponía y proscribía. Fue un año crucial, eso nos llevó a Cuba, a hablar con el Che. También teníamos el plan de hacerlo con John William Cooke y Alicia Eguren, que vivían en La Habana.

A partir del encuentro con el Che, empecé a trabajar en el Ministerio de Industria.
M:- ¿Cuáles eran tus tareas?


G:- Si bien es cierto que yo trabajaba en el Ministerio de Industria, lo hacía en un organismo que no estaba en el edificio del Ministerio, sino en la Compañía Cubana de Electricidad Antonio Guiteras. Por eso mi contacto con el Che no era cotidiano, nos encontrábamos una vez por mes, más o menos. El proyecto que yo desarrollaba en la Compañía Cubana de Electricidad, era de desarrollo termoeléctrico. Cuba tiene pocas posibilidades de producción de energía hidráulica, porque es una isla chica, no tiene grandes ríos internos con diques. Había varios proyectos con trabajo de técnicos checoslovacos, de desarrollo de centrales termoeléctricas, una en Ogurke, Cienfuegos, y yo trabajé en el cálculo estructural de esas usinas termoeléctricas. Para eso viajaba mucho al interior, como ingeniero civil y con mis conocimientos en materia de cálculos y estructuras, formé parte del desarrollo de esas centrales en sus aspectos arquitectónicos y estructurales en conjunto con otros compañeros ingenieros soviéticos, mexicanos, argentinos y una mayoría de cubanos.

La compañía se llama Antonio Guiteras, quien fue ministro durante el gobierno del presidente Grau San Martín, propuso la nacionalización de la industria, la producción y la energía de Cuba. Después fue desplazado del gobierno y Antonio Guiteras murió asesinado por el enemigo, creo que en la dictadura de Machado. Fue un hombre nacionalista con sentido popular, transformador, recordado con mucho respeto.

El Che y el peronismo

M:- ¿Cuál era la visión del Che del peronismo?

G:- En mi primer contacto con el Che a mi llegada a Cuba hablamos de ese tema, yo le llevé un documento del PAR (Peronismo de Acción Revolucionaria) que habíamos creado en Córdoba. El Che sintetizó su opinión en varios conceptos, él consideraba que para hacer una transformación social y para hacer la revolución en Argentina, la presencia, o la realidad del movimiento peronista con tanto respaldo de los trabajadores era algo fundamental. No se podía negar ni desplazar de la realidad un movimiento con tales características y que lideraba la resistencia contra la dictadura, posterior a 1955.

El Che mencionó los conceptos de John William Cooke, que ya estaba residiendo en Cuba. Algo que dijo y que me quedó muy grabado fue que temía que si bien el peronismo tenía una potencialidad revolucionaria muy grande, y que había que partir en gran medida de ahí, en un momento de crisis para el capitalismo en Argentina, la figura de Perón fuera utilizada para frustrar la posibilidad de hacer la revolución, es decir, desconfiaba del papel que podía jugar Perón en una etapa de crisis y de tensión en la Argentina.

Dijo que había que transformar, como decía Cooke, la potencialidad revolucionaria del movimiento, en acto. ¿Cuándo? ¿Cómo? Esa era la tarea, impulsar el peronismo revolucionario, vincularlo con los sectores de izquierda, promover una política de masas. Esa era su idea en cuanto a la realidad argentina, evidentemente durante mi estadía en Cuba persistía en la idea del foco, por el contrario, Cooke sostenía una idea de política de masas.

No se puede determinar cuál es la dialéctica de causa y efecto entre la apertura de un foco revolucionario y el posterior apoyo de masas; o la organización de masas tendiente hacia una insurrección o incluso hacia la apertura de uno o varios focos revolucionarios. Sí estaba de acuerdo en que eso tenía un componente fundamental en la lucha armada, lo cual nosotros veíamos como real. Ese fue otro elemento importante de 1962, hay que recordar las elecciones del 18 de marzo, en donde se le da a los sectores populares la posibilidad de manifestarse y luego clausuraron las elecciones porque perdió el sector de la derecha. Ante la frustración de esa posibilidad democrática, no quedaba otra alternativa que la lucha armada que terminó en el Cordobazo [1969]. Ese año fue clave, no solamente en el área internacional sino dentro de la Argentina, es cuando se fortalecen y se desarrollan las organizaciones armadas. Estaba clausurada la posibilidad de una salida política democrática.
M:- El cambia su posición con respecto al peronismo.

G:- Sí, porque él, cuando era estudiante, estaba muy influenciado por el anti peronismo, por los sectores de la juventud estudiantil de esa época. Sus padres incluso eran anti peronistas. Creo que su padre había sido de los Comandos civiles [grupos de civiles, normalmente de clase alta, que se unieron a los militares para reprimir al peronismo].

M:- Me imagino que John William Cooke y Alicia Eguren habrán ayudado a cambiar esa postura.

G:- Por supuesto. Se trataba de mostrar la realidad, desenmascarar el engaño que había, yo recuerdo una entrevista que le hicieron al Che al poco tiempo de su triunfo, donde el periodista le preguntaba si la revolución cubana y la caída de Batista, se asemejaban a lo que había sido la caída de Perón en Argentina con Aramburu, Rojas, etc. Y el Che rechazó totalmente esa versión: “No tiene nada que ver, al contrario, son antagónicas”. La Revolución cubana tiene una base social totalmente distinta a lo que fue el golpe cívico militar de 1955.

M:- Alguna vez se hizo esa comparación, ¿no?

G:- Sí, se hizo, sobre todo en los medios, que ya sabemos cómo tergiversan la realidad, lo planteaban de esa forma, equiparando una cosa con la otra. Al contrario, las fuerzas que impulsaron ambos golpes eran completamente antagónicas.

M:- ¿Cómo te impactó ver en persona al Che?

G:- Para mí fue una emoción muy grande, uno de los momentos más importantes de mi vida, que un médico joven, prácticamente de 30 años, se adhiere, forma parte de la Revolución Cubana, es el protagonista de su triunfo a través de la batalla de Santa Clara. Esa fue la batalla determinante de la caída de Batista.

M:- Cuando hace volar el tren blindado.

G:- Claro, exactamente. Ese muchacho tiempo después tiene que enfrentar la transición económica de un capitalismo totalmente dominado por el imperio yanki a un socialismo independiente, y transformar eso. Ese era el objetivo que se planteaba cuando yo lo conocí en 1962. Que ya venía trabajando de antes, en el INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria) en el área de industrialización, había sido presidente del Banco Nacional de Cuba. Empezó a formarse desde el punto de vista económico.

El Che economista

M:- Llegaste a Cuba a mediados del año 1962, en el Año de la Planificación, cuando el Che ya estaba a cargo del Ministerio de industria. Posterior a la polémica con Charles Bettelheim, quien defendía el modelo soviético de dirección económica. Cuando vos llegás, ¿quedaban resabios de esa polémica? Porque el Che defendía el Sistema Presupuestario de Financiamiento en el Ministerio de industria y sin embargo, en el INRA, Carlos Rafael Rodríguez aplicaba el cálculo económico, defendido justamente por Bettelheim.

G:- Había concepciones encontradas en muchos aspectos. El cálculo económico era una forma de medir la eficiencia de la producción, implicaba hacer un análisis económico, de costos, de cada empresa. Esto se hace en el capitalismo, se busca reducir los costos, aumentar las ganancias y con ellas volver a invertir, buscando la máxima rentabilidad.

El Che no rechazaba esto, lo que yo interpreté de su política estando allí fue que buscaba que la eficiencia económica, o la ganancia, la plusvalía que se generaba en cada una de las empresas, fuera centralizada en el Ministerio de industria y desde ahí invertir en los sectores que la planificación económica consideraba fundamentales para el objetivo de la transformación de la economía cubana. Tenemos que tener en cuenta que el Che hereda una industria cubana monopolizada, con monocultivo, monoproducción, sin industria prácticamente, dedicada a la producción azucarera.

Había que transformar ese modelo productivo en dos aspectos fundamentales: uno de ellos, socializar los centros de producción, que sean dirigidos con la participación protagónica de los trabajadores, y el otro que el Ministerio analizara la realidad para generar nuevas industrias, viendo cuáles eran las necesidades del mercado. Eso representaba darle al Ministerio de industria la posibilidad de orientar las inversiones de acuerdo a los objetivos de la planificación. Transformar una industria capitalista monopolizada, en una industria socialista que buscara la industrialización del país. El quería desarrollar el reemplazo a las importaciones mediante industrias cubanas.

M:- ¿Esa participación de los trabajadores cómo funcionaba en la práctica?

G:- Cada industria tenía sus organismos asesores.
M:- El Comité Técnico Asesor.

G:- Exacto, los sindicatos intervenían en eso. Se elaboraba un programa en cada industria, de metas de producción para el año siguiente. Eso se centralizaba en el Ministerio de industria y en base a eso se hacía el plan anual.

M:- ¿En qué aspectos difería esto que estás contando del planteo de Bettelheim?

G:- Lo que la postura soviética cuestionaba era la excesiva industrialización de Cuba, porque lo que quería el Che era una industrialización que generara autonomía. El concepto de planificación chocaba en la aplicación práctica, así comenzó a discrepar con la opinión de Carlos Rafael Rodríguez Mora y de otros personajes conductores de la economía cubana de ese momento.

M:- Hay también una postura del Che en cuanto al trabajo voluntario, ¿verdad?

G:- Antes de tocar ese tema, quiero hablar sobre uno de los temas de discusión que fue muy interesante, la aplicación de la teoría del valor en la etapa de transición del capitalismo al socialismo. El Che no estaba en contra de que hay una teoría del valor, eso significa que hay trabajo, valor agregado, hay plusvalía, que se centraliza y esa es la ganancia que en el capitalismo se distribuye a los accionistas en función de cada empresa y tiende a la monopolización.

El Che no negaba su existencia, opinaba que ese plusvalor se centrara en la planificación en base a un proyecto de transformación de la economía cubana, con la participación del Ministerio de industria, que centralizara el valor en un proyecto que él llamaba “programa presupuestario”, cada empresa presentaba su presupuesto y de acuerdo a ese plan de inversiones para el año siguiente se le asignaban los recursos desde el Ministerio en conjunto con el JUCEPLAN, “la Junta Central de Planificación”. 1962 fue un año fundamental porque fue el Año de la Planificación. Esta junta se había creado el año anterior, posteriormente a Playa Girón, cuando comienza el proyecto de transformación socialista.

En la interpretación de esa transformación era donde discrepaban el Che y otros más vinculados al concepto de la economía soviética. La planificación soviética, transformándola en un esquema, surge de la realidad soviética, y lo que el Che planteaba era una concepción de una planificación enraizada en la realidad de Cuba y Latinoamérica. Los otros no negaban eso, pero ponían el acento en respetar las formas de la planificación al estilo soviético. Esto chocaba con la idea de dar más participación, de descentralizar más, que cada industria tenga su grupo de asesoramiento técnico, que participen los trabajadores y que juntos elaboraran el programa de producción que luego se analizaba centralmente en el ministerio y, de ahí, de acuerdo con la programación presupuestaria se distribuían las inversiones. Es un poco la idea del Che para transformar la realidad económica de Cuba, un país que tuviera una industria independiente.


En cuanto al trabajo voluntario no creo que haya habido grandes choques, porque estaban todos de acuerdo. El Che lo impuso con el ejemplo, el trabajador dejaba de ser un explotado y aportaba su trabajo al conjunto de la sociedad. Él salía y tomaba las herramientas junto con el resto de los trabajadores, ya sea en una empresa, en la cosecha de caña, él se ponía al frente de los trabajadores impulsando la producción. Su concepción del socialismo era esa, poner el trabajo al servicio de la sociedad.

M:- Eso estaba vinculado a estímulos morales, pero ¿también se contemplaban estímulos materiales, relacionados con el trabajo voluntario, por la mayor productividad de una empresa o de un trabajador?

G:- No, él ponía el acento en el estímulo moral. No se le iba a pagar más al trabajador de la empresa que produjera más valor, o que tuviera mayor eficiencia. En ese sentido el cálculo económico es necesario y el Che no lo rechazó. Pero poniéndo al servicio de una planificación centralizada a ese Sistema Presupuestario de Financiamiento.

Creo que fueron años cruciales para el Che que definieron su pensamiento. El Che tuvo que vivir en esa etapa un conflicto con algunos sectores del gobierno cubano que cuestionaban algunas de sus ideas y prácticas dentro del Ministerio de Industria. Es interesante rescatar esas discusiones y profundizarlas porque nos enseñan mucho sobre las cuestiones inherentes a la transición que tiene que darse entre una sociedad capitalista y la construcción del socialismo, que se basa en el gobierno y el poder de los trabajadores, del pueblo organizado para transformar la sociedad.

El Che planteaba que ese período de transformaciones tenía que ser dirigido por los trabajadores, sobre todo por los trabajadores organizados. Por eso trató de organizarlos, creó cuerpos técnicos, de asesoramiento, que salían de los mismos centros de trabajo. El proyecto de transformación se gestaba fundamentalmente en las fábricas, en los centros de trabajo, con los trabajadores y para eso propugnaba que se organizaran. Además, con un principio que mantendría siempre y era la formación del Hombre Nuevo.

Había que salir de la alienación capitalista hacia una desalienación socialista, podríamos decir. El socialismo significa desalienación, o sea, la verdadera liberación del hombre que trabaja. En cambio, había otros cuadros dirigentes que planteaban, y los hechos parecen haberles dado la razón, que el trabajador en el régimen socialista seguía siendo un hombre enajenado, no era dueño de su trabajo, estaba sujeto a una falta de libertad que fue evidente en los regímenes socialistas del siglo XX, sin ir más lejos el estalinismo en la URSS.

El Che era un crítico de todo eso. Quería que el socialismo fuera un proceso de liberación del trabajador y del hombre, dándole posibilidades de acción, pensamiento y organización para transformar la sociedad. Ese pensamiento del Che a veces chocaba con algunas opiniones muy rígidas de sectores formados o, mejor dicho, deformados por las concepciones de la URSS vigentes en ese momento.

Realmente es un tema muy profundo. Siempre decimos que nos planteamos el socialismo del siglo XXI, pero para conocer cuáles son los datos importantes a rescatar de la historia del siglo XX, uno sería el por qué y cómo se frustró la experiencia socialista en el siglo pasado. A eso nos ayuda este tipo de análisis donde caben diferentes posiciones dentro del campo popular.

El Che y John W. Cooke

M:- Mencionaste al “Gordo” Cooke. ¿Cómo era la relación del Che con John W. Cooke?
G:- De acuerdo a mi experiencia fue muy buena de ambas partes. El Che admiraba y respetaba mucho al “Gordo” Cooke y asumía mucho de su pensamiento, sobre todo con respecto al peronismo.
M:- El “hecho maldito”.

G:- Así es. El “Gordo” Cooke tuvo la capacidad de influir en muchos sectores de la sociedad y dirigentes cubanos. Además, para Cooke, el Che era una figura fundamental y su proyecto no era antagónico con el suyo, eran complementarios. Cooke tenía más la concepción de la revolución como un proceso de insubordinación de las masas, de las bases sociales y el Che tenía algo de aquello que critican como foquismo, que las condiciones las crea “el foco” guerrillero. Ese fue uno de los debates que no los llevaron a antagonizar en ningún momento ya que podrían ser complementarios, según la realidad coyuntural. Porque lo que marca la táctica de un proceso revolucionario es la realidad concreta, sin partir de ella no se puede pensar en una transformación social. Eso es lo básico.

M:- Estando en la isla viviste la llamada “Crisis de los misiles”.

G:- Así es. Cuba se vio sacudida por aquella crisis en octubre de 1962, que puso al mundo prácticamente al borde de la guerra nuclear. De pronto se descubrió que EEUU, a través de vuelos en aviones especiales, había detectado la existencia de instalaciones de armas nucleares en el territorio cubano. Eso se había hecho a través de convenios, impulsados por la Unión Soviética, a modo de defensa de Cuba y del bloque socialista, de forma apresurada y que provocó la reacción de EEUU y la amenaza de represalias [ante la presencia de armas nucleares en lo que ellos consideran su "patio trasero"].

Nosotros, que además de trabajadores éramos milicianos, nos organizamos para la defensa ante un posible ataque de EEUU, sobre todo después del frustrado ataque del año anterior en Playa Girón. Estábamos organizados para la defensa, el Che tuvo una importante actividad de organización de la defensa ante un posible ataque del Imperio.

Afortunadamente, el proceso se resolvió telefónicamente en diálogos entre Kruschev y Kennedy y se evitó ese ataque que hubiera sido devastador. Fue un gran alivio, pero se generaron críticas, porque se había resuelto sin la intervención del gobierno cubano y eso molestó muchísimo a la estructura del gobierno revolucionario. El Che se manifestó molesto por esta resolución sin tener en cuenta la soberanía y el carácter fundamental que para Cuba tenía ese arreglo. Recuerdo que cantaban por la calle “Nikita (Kruschev) mariquita lo que se da no se quita”. Más allá de eso, se llegó a un acuerdo, que considero equitativo. EEUU aseguró que no atacaría a Cuba y no invadiría, Kennedy prometió respetar la soberanía cubana y la URSS decidió retirar las armas de Cuba y exigió que las bombas norteamericanas que estaban en Turquía fueran retiradas [aunque finalkmente decistió de esta última exigencia].

Después, en Argentina ya, me encontré con un amigo ingeniero, que había estado trabajando en Kansas City [EEUU] en esos días, y me transmitió cómo se vivió desde el lado norteamericano. Había sido de terror, el pánico generalizado, muchas familias se iban a Canadá, otras cavaban sótanos en sus casas para protegerse. Realmente eso no se registró de la misma manera en Cuba porque confiábamos con en el optimismo de la voluntad de que no podía darse un apocalipsis de esa naturaleza.

En una etapa posterior, el Che comienza a desarrollar un proyecto guerrillero para América Latina, y fue realizándolo de manera compartimentada, es decir, los argentinos que estábamos ahí ignorábamos los detalles de los preparativos de lo que culminó con la guerrilla de Jorge Masetti en Salta. Con el Comandante Segundo al frente, el intento fracasó por las crisis internas, el aislamiento y la pronta ubicación de ese foco guerrillero. Ahí comenzó un accionar que culminaría con el Che en Bolivia, bajo el concepto “foquista”.

John William Cooke era crítico de este concepto, sostenía que generar una patrulla perdida, con una vanguardia caída de la estratósfera no tenía sentido, ya que en realidad esa vanguardia y esa lucha insurreccional deberían ser la culminación de todo un proceso de lucha de masas y organización, de toma de conciencia y de apoyos en los distintos sectores de la población para luego culminar con una acción armada.

Nosotros creíamos que el Che compartía esas ideas, pero prevaleció la idea de acelerar el proceso. Inicialmente esto da para discutir bastante, en primer lugar el heroísmo del Che para llevar adelante un proceso, que sabemos que fracasó, en los relatos de su propio Diario se puede leer su autocrítica. Ese fue el proceso que culminó con la muerte heroica del Che y que abrió camino a una crítica más profunda de lo que debería ser la insurrección armada en América Latina y que todavía hoy es un tema abierto a la discusión.

Posteriormente al papel de Guevara al frente de la lucha, queda el papel valiente de John William Cooke respaldando la acción del Che, aunque desde una posición más de organización de masas y de toma de conciencia. Su idea era transformar el peronismo, con su gran mayoría de clase obrera y sectores combativos, en una fuerza revolucionaria


Finalmente, terminando 1963 yo regreso a Argentina, y me reincorporo en Córdoba a la Resistencia.
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* Gerardo Bavio. Nacido en Salta el 23 de febrero de 1926. Se recibió de Ingeniero Civil en la Universidad de Córdoba. En 1962 fue contratado por el Ministerio de Industrias de Cuba, a cargo de Ernesto Che Guevara. Se desempeñó como profesor en la Universidad de La Habana.
A principios de los ´70 milita en la organización Montoneros. El 25 de mayo de 1973 es designado Intendente de la ciudad de Salta. Fue detenido durante la gestión de Isabel Perón. Liberado en febrero de 1975 constituye la Junta Promotora del Partido Peronista Auténtico junto a ex gobernadores, Andrés Framini, Armando Cabo y otros.
Dado el golpe genocida permanece en Argentina hasta mayo de 1978. Parte al exilio en México, allí suscribe un documento crítico a la conducción de Montoneros junto a Jaime Dri y Miguel Bonasso, entre otros. Se desempeña en la Universidad Autónoma Metropolitana hasta 1990 en que regresa a Argentina siendo designado asesor legislativo de la Cámara de Diputados de la Provincia de Tucumán. En 2008 es nombrado Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Salta. Actualmente reside en Tucumán. Autor de ‘Huellas de la Memoria. Historia, vivencias y reflexiones sobre el siglo pasado’ y ‘El peronismo que no fue. La (otra) otra historia’, junto a Mario Hernandez

lunes, 20 de octubre de 2014

Che: el Pensador, la Teoría, la Crítica y el Legado



por Fernando Martinez Heredia 

CubaDebate martes, 14 de octubre de 2014

La obra de Ernesto Che Guevara es una de las cumbres de la historia del pensamiento político cubano; al mismo tiempo, él fue uno de los más prominentes entre los pensadores que participaron en el proceso de universalización del socialismo y el marxismo que sucedió en el siglo XX. Su actuación y su concepción constituyen una de esas expresiones supremas del radicalismo que existen siempre dentro de la compleja diversidad de componentes que contiene el campo de cada revolución. Fue un caso análogo al que constituyó José Martí respecto a la Revolución del 95, que pudiéramos sintetizar mencionando cinco rasgos principales de las ideas y la actuación martianas: el tipo de política insurreccional que promovió –que era a la vez el arma indispensable y la escuela para transformar a los participantes–, y la práctica que hizo de ella; su propuesta de convertir la independencia en una liberación nacional y de forjar una república nueva; el extraordinario y singular cuerpo de ideas que desarrolló, que entre otros aspectos contiene una interpretación pionera de comprensión y crítica del mundo moderno, y postula la necesidad de revolucionarlo desde la perspectiva de los que fueron colonizados; la consecuencia absoluta entre sus ideas y su conducta; y el alcance de los cuatro rasgos citados, que trascendió mucho a un mero enfrentamiento de las circunstancias en que actuó.

Expondré algunos aspectos seleccionados de la actuación y la concepción del Che que dan cuenta de ese papel descollante que tuvo en el pensamiento cubano, en la universalización del socialismo y el marxismo y en el radicalismo revolucionario. Su examen también puede sintetizarse en cinco rasgos, referidos al tipo de política que promovió y practicó, la propuesta que hizo, el extraordinario y singular cuerpo de ideas que desarrolló, la consecuencia absoluta entre sus ideas y su conducta, y el alcance superior de su actuación y su concepción respecto a sus circunstancias. Lo haré en forma más bien telegráfica y destinada a estimular el diálogo.

En el proceso de la insurrección y hasta su muerte durante la primera etapa de la Revolución en el poder –la que va de 1959 a inicios de los años setenta–, el Che compartió con Fidel la colosal aventura de la Revolución y lo siguió siempre, como el líder supremo del proceso y como un pensador radical excepcional. En el transcurso de aquellos años, Fidel debió asumir sobre todo las funciones de dirigente máximo y de educador popular, y el Che, que desempeñó un cúmulo de responsabilidades prácticas en numerosos terrenos, elaboró al mismo tiempo una obra teórica que es el más importante monumento intelectual de la Revolución, obra que ha resultado muy trascendente para la estrategia y el proyecto cubanos hasta el día de hoy, y que lo será en el futuro que alcanzo a pensar.

Las revoluciones son procesos complejos, que para triunfar deben subvertir y negar el orden vigente, demoler sus instituciones y desvalorizar sus símbolos; promover el carácter libertario e implantar disciplinas férreas, hacer de la unidad un valor superior, ser muy desafiantes y llegar a ser respetables, y construir un nuevo orden que reúne creaciones, adaptaciones, nuevas relaciones, instituciones, valores y costumbres, permanencias; en suma, un orden que combina promesa y administración, defensa y autocrítica, novedades y rutina. Si se estudia, se puede historiar el proceso, periodizarlo y hacer valoraciones sobre su curso. Alguna vez se ha propuesto el símil de un péndulo para mostrar el ciclo que suele caracterizar el curso y el mundo ideal de las revoluciones: primero, avances hasta un punto de máximo radicalismo; después, detenciones, retrocesos y estabilización. El péndulo, que había oscilado hasta un punto máximo hacia delante, hace giros cada vez menores y se va deteniendo al centro de la escena, pero el eje que lo sostiene se ha trasladado ya a un punto mucho más adelantado que el que ocupaba al inicio del ciclo. Martí y el Che habrían llevado el péndulo a su máximo punto de avance.

Aunque fueron hombres de acción que con ella colmaron sus vidas y llenaron sus épocas, y esa actuación y sus virtudes constituyen un tesoro moral y un ejemplo imperecederos, cuando volvemos –como hacemos hoy– sobre aquellos líderes radicales, lo principal que atendemos es a sus ideas y sus propuestas, porque en ellas reside lo fundamental de su trascendencia y de la utilidad que podemos obtener de ellos. Por cierto, el hecho de haber sido muy superiores a sus circunstancias les suele acarrear una posteridad inmediata sumamente difícil, precisamente porque resultan irreductibles a las concesiones y retrocesos que forman parte, junto a los avances, de la estabilización que se produce durante las posrevoluciones, mientras que su peso simbólico es enorme y se les identifica con la revolución.

La mundialización de su sistema ha sido un destino inevitable para el capitalismo, un tipo de dominación que es singular en la historia humana. Desde que ella comenzaba, el joven pensador alemán Carlos Marx les planteó a los anticapitalistas el requisito de la mundialización de la revolución para que esta pudiera tener posibilidades de vencer. La consigna final del Manifiesto Comunista no es una frase feliz: es una tesis. Pero el modo fundamental de ser de la mundialización capitalista ha consistido en las colonizaciones de la mayor parte del planeta, y, por otra parte, el ámbito de todas y cada una de las revoluciones sucedidas contra la dominación capitalista ha sido el nacional. Esas dos realidades han sido una gran fuente de tensiones, contradicciones y retos para las concepciones y las prácticas revolucionarias opuestas al dominio capitalista, y más de una vez han tenido inclusive consecuencias trágicas. El socialismo marxista ha vivido desde hace más de un siglo esos desafíos entre las ideas, los movimientos y las luchas que se han representado como prioritarios –o que han asumido en política– los antagonismos de clases sociales o la necesidad de liberar las naciones, o han hecho intentos diversos de combinar esos dos polos.

Otros dos condicionamientos que han marcado la historia del socialismo marxista han sido más graves. El primero y más general es el de la renuncia en muchas situaciones y casos a la pretensión de derrocar al capitalismo e implantar poderes socialistas, y la consecuente adecuación práctica a constituir solamente formas de oposición muy limitadas al sistema de dominación, que le resultan funcionales a este, o incluso a colaboraciones con ese sistema. El segundo, el curso de la experiencia que se inició con el triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia y terminó en 1991, llena de eventos y procesos que no puedo tratar aquí. Apunto al menos que entre la segunda posguerra mundial y los años sesenta su impacto general era muy contradictorio. Por un lado, el inmenso prestigio ganado en aquella guerra, el ser para muchos la antítesis del capitalismo imperialista, genocida, guerrerista y sujeto de una crisis prolongada, y la conversión de la URSS en una enorme potencia, rival de Estados Unidos, el nuevo campeón único del campo capitalista. Por otro, la dictadura del grupo que en los años treinta liquidó la Revolución bolchevique, hasta mediados de los años cincuenta, y, desde entonces, tímidas y muy parciales reformas desde arriba. Y una política mundial creciente, pero sujeta al convenio de esferas de influencia de 1945 con el imperialismo, por lo que manipulaba a los movimientos y la ideología de su campo y se guiaba por la razón de Estado en vez de por el internacionalismo.

Ernesto Guevara se crió en un ambiente en que eran muy fuertes la contradicción entre las perspectivas nacional y social, los condicionamientos prácticos de origen internacional y los conflictos que todo esto generaba. El paso decisivo que dio junto a Fidel y sus compañeros hizo que su vida política transcurriera en un medio en que se logró una victoria extraordinaria frente a los grandes obstáculos de la mundialización de las revoluciones: la insurrección y el triunfo de la Revolución cubana, su plasmación como una revolución socialista de liberación nacional y el predominio dentro de ella del socialismo cubano.

El Che fue hijo de la ruptura y la destrucción del orden dominante en Cuba, que permitió movilizar y concientizar a escala permanente y profunda al pueblo, y que unidos poder revolucionario y pueblo se apoderaran del país, lo reorganizaran y repartieran la dignidad humana, las riquezas y las oportunidades a partir de los principios de la justicia social y la igualdad de derechos, base social del edificio político de la Revolución desde entonces hasta hoy. Un proceso que aprendió de inmediato a defenderse, derrotó a sus enemigos y se enfrentó victoriosamente a los intentos de Estados Unidos de acabar con la Revolución, que obtuvo la soberanía nacional plena y tuvo un pensamiento propio, y que se vio obligado a ser crítico y contradecir al tipo de socialismo establecido por el sistema de la URSS, el campo de países y organizaciones que lideraba y el llamado movimiento comunista internacional y la ideología teorizada que llamaban marxismo-leninismo.

Al mismo tiempo, la segunda gran ola revolucionaria del siglo XX se había extendido por el llamado Tercer Mundo y obtenido algunas grandes victorias, combatía en Viet Nam y en otros lugares; y transcurría en el marco de numerosos intentos de consolidar las independencias, lograr desarrollos económicos nacionales y coordinar posiciones en esos tres continentes, y en el de un rechazo virulento a las políticas imperialistas que fue compartido por sectores internos en varios de esos mismos países, los cuales aportaron, además de sus críticas y resistencias, novedades importantes en el campo de la vida social y las relaciones interpersonales. Esa ola también pretendió liberar al pensamiento revolucionario de sus ataduras, por lo que tuvo que incluir la crítica de gran parte de las posiciones y los instrumentos del socialismo existente.

Desde aquella coyuntura actuó y pensó Ernesto Che Guevara. Dadas la sólida argumentación y la densidad teóricas con que elaboró y presentó su concepción, elaboró la base de un cuerpo de pensamiento muy rico que todavía necesita, quizás, la mayor parte de su desarrollo, y, sin duda, la mayor parte de su experimentación práctica. La violentación de sus circunstancias en su teoría y en sus prácticas, el comunismo y el internacionalismo en su proyecto, y el socialismo de liberación nacional como vehículo de su actuación, son tres aspectos esenciales para comprender al Che.

DESCOLLANTE EN LA ACCIÓN Y EL PENSAMIENTO

Entre muchas cuestiones que podrían abordarse, quisiera destacar que Che comprende y expone que el radicalismo en la concepción teórica, la posición política y las nuevas creaciones de las personas y las relaciones sociales que él defiende y promueve, pertenecen a una nueva época. En ella les resulta factible a los revolucionarios irse por encima de las insuficiencias del despliegue del capitalismo en sus países, pero ya las revoluciones no pueden proponerse menos que el socialismo y la liberación nacional, conquistarlos en un único proceso, profundizar de manera sistemática en ambas direcciones, y ser internacionalistas. Esta no es una opción entre las adoptables, sino que es la opción, la única forma de evitar el retorno y la reproducción de la dominación capitalista sobre las personas y las sociedades, un destino inexorable que de no asumirse esa alternativa esperaría a la experiencia socialista al final de su camino. A la vez, Che plantea que esa concepción y esa posición práctica deben proveer la escuela imprescindible, el complejo y gigantesco proceso educacional permanente que irá forjando las liberaciones de las personas y las sociedades. Esto es lo que explica su urgencia, su tenacidad sin límites y su descomunal batalla intelectual.

El Che es uno de esos raros casos de una persona que es muy descollante al mismo tiempo en la acción y en el pensamiento. Es bueno recordar que Ernesto comenzó sintiéndose marxista cuando todavía no tenía experiencias políticas, en un ambiente en el que entre los que estaban en su caso predominaba la admiración por la URSS que había vencido a los nazis y por el socialismo y el marxismo de orientación soviética. Pero, ¿por qué este joven no se sumó a los seguidores ni se sujetó a aquella “línea”? Opino que varios factores lo ayudaron. Primero, la vastísima información y la contrastación de tendencias intelectuales y teorías que adquirió, mediante la lectura de una multitud de obras y el ejercicio de escribir sus comentarios a ellas, es decir, una posición activa de pensamiento y de preguntas pertrechada de copiosos estudios. Mientras que la mera asunción de la llamada cultura universal por estudiosos de nuestros países puede hacerlos desembocar en la condición de colonizados mentales, que en buena medida son extranjeros en su propia tierra, una actitud intelectual como la que asumió Ernesto suele ser una vacuna eficaz contra los dogmatismos y la dependencia.

Por otra parte, el joven Ernesto asumió un antimperialismo beligerante que nunca lo abandonará, y lo asoció acertadamente al anticapitalismo, un paso que puede parecer lógico, pero que era en realidad difícil en aquel tiempo, y aún hoy sigue siéndolo. Antes de ser capaz de compartir o enunciar tesis sobre esa cuestión, la resolvió con su praxis: se puso de parte de los humildes. Por el largo camino que recorrió entre Buenos Aires y Guatemala, a través de sus vivencias y sus reflexiones, fue transitando desde el ansia altruista de prestarles servicios a los desposeídos y desvalidos hasta el arduo reconocimiento de que era necesario asumir una posición política. 

De esa manera pudo identificar al imperialismo y las variantes del colonialismo como enemigos de los pueblos, y al capitalismo como la fuente de aquel sistema y de sus consecuencias de opresión, explotación y enajenación. Conocer ese desarrollo de Ernesto puede ser útil hoy, cuando muchas veces la preocupación por el mejoramiento humano –que es tan valiosa– no quiere o no ve la necesidad de pasar a la actuación política.

Esa posición de Ernesto lo apartó del eurocentrismo que caracterizaba al marxismo-leninismo, y de las formulaciones abstractas que priorizaban al llamado sistema socialista y a la “clase obrera” de los países industrializados como palancas de hipotéticos cambios que sucederían en un futuro indeterminado. Lo hizo inmune también al doloroso proceso de esterilización de su voluntad de entrega y sacrificio de por vida y sus abnegadas prácticas y resistencias, que sufrían tantos militantes. La revolución anticapitalista y antimperialista no estaba en el plan de aquel movimiento político, ni en el de su ideología teorizada. Por eso, lo decisivo fue que Ernesto buscó por el continente una causa revolucionaria a la cual entregarle todo su ser, no solo el pensamiento, hasta que la encontró.

En la etapa que siguió desde que se incorporó a la organización fidelista en México hasta el triunfo de la Revolución, lo fundamental fue la experiencia práctica. Cuando un periodista le pregunta en la Sierra, en febrero de 1958, si él era marxista desde antes de venir a Cuba, el Che le responde que en la guerra él ha tenido que olvidar todo lo que aprendió antes. Es decir, ha sabido desaprender, como un instrumento más de su desarrollo personal. Pero no ha abominado de la teoría, ni la abandonará nunca.

Como otras grandes personalidades, Che comparte diferentes inclinaciones. La vida y las prioridades asumidas le acotan sus campos de labor, pero sus propensiones más fuertes permanecen, reaparecen cada vez que pueden o marcan con su impronta los modos de aproximarse a los problemas y tratarlos. Su vocación teórica es muy poderosa. Ella le ayudará a exigirle su sentido a los hechos, las conductas y los problemas, a ser analítico y problematizar; es decir, a utilizar el único modo de buscar lo cierto, lo esencial y los caminos. 

Le dará contenidos más trascendentes a su decisión de entregarse a la actuación social y política revolucionaria, le brindará instrumentos para evaluar y para inscribir lo contingente y los eventos en una totalidad de los procesos de liberación social y humana, y trabajar con ellos en el taller de los conceptos y las teorías. El ejercicio permanente de esa vocación le aportará al Che una mayor capacidad para prever y hacer proyectos, para exponer sus ideas y para conducir a sus compañeros. Y por último, pero no menos importante, formará una mente capaz de inquirir, dudar, preguntar, desconfiar, derribar las prisiones de los lugares comunes, lo establecido, la reproducción de lo existente y lo que se considera posible, y atreverse a crear y ser original. En una palabra, ejercer la ciencia más difícil: la de la revolución.

PENSAMIENTO ABIERTO Y PODEROSO

Su elocuencia sencilla y ajena a la estridencia, su lenguaje claro, son los vehículos del pensamiento abierto y poderoso de este hombre que jamás olvida los fosos profundos mediante los que las sociedades de dominación han separado a los que cultivan el intelecto de la masa enorme de la gente común, la gente de abajo. Él siempre es uno con ellos, y ellos lo premian con su devoción, pero al mismo tiempo advierten la densidad de pensamiento que está siempre detrás de la calma decidida con que el Che aborda las cuestiones cotidianas y los grandes desafíos. La huella de la teoría, unas veces expresa y otras no, lo acompañó a lo largo de su vida.

El Che estuvo produciendo teoría marxista a partir del triunfo de 1959, desde puntos de partida que son los naturales para un revolucionario: el análisis de la política, la economía, las ideologías y las teorías, sus contenidos, sus métodos e instrumentos, sus condicionamientos y los conflictos en que participan. Eso hace conveniente aclarar que buena parte de sus proposiciones y su posición teóricas se encuentran precisamente en el conjunto de sus productos escritos y orales, y allí hay que buscarlos. A la vez, el Che estudiaba textos teóricos y los comentaba, y hacía exposiciones propias directamente teóricas. Estudiando unas y otras fuentes podremos encontrar al Che pensador y al filósofo.

Este hombre que se sabía histórico y estuvo tan consciente del papel que desempeñaba y de lo que debía hacer, se puso un límite en cuanto pensador: su entrega a las tareas prácticas y a la causa; y otro en cuanto a la libre exposición de su ideas: sus compromisos como dirigente revolucionario. Pero supo comprender –y este es un aspecto más de su grandeza– que a la Revolución cubana le era indispensable elaborar un pensamiento creador y eficaz, y que esa debía ser una de sus dimensiones importantes, y logró desplegar una actividad intelectual ejemplar al servicio de esa tarea. Che fue elaborando una concepción suya dentro del marxismo, cumplió los requisitos de ese tipo de trabajo y avanzó en el desarrollo de ella hasta donde la vida se lo permitió.

No emplearé tiempo en referirme al contenido de su concepción teórica, que desde hace más de veinticinco años he tratado de exponer en extenso; estoy seguro de que será manejada y debatida en el curso de este coloquio. Solo quiero afirmar que esa concepción, que hoy puede parecerles improcedente a muchos, nos muestra precisamente su carácter trascendente con su capacidad de servir como instrumento para comprender las circunstancias actuales y plantearse conductas y estrategias ante ellas, y para enfrentar el formidable desarme ideológico al que han sido sometidos los pueblos en las últimas décadas.

Por entender que es uno de los aspectos de su legado que puede ser muy útil para Cuba y para la América Latina en la actualidad, voy a referirme a su crítica al socialismo que llamaban “realmente existente”, crítica que evolucionó y se hizo cada vez más dura y fundamentada. Al hacerla, el Che no olvidó en ningún momento su responsabilidad como dirigente cubano. Para situarnos mejor ante su crítica, es preciso tener en cuenta la existencia de dos formas de socialismo en Cuba, que se iniciaron desde la tercera década del siglo XX y han tenido una historia de contradicciones y conflictos, y también de coexistencias y colaboraciones. Esas dos formas son el socialismo proveniente del movimiento comunista internacional y el socialismo cubano.

El movimiento revolucionario insurreccional contra la dictadura dirigido por Fidel –en el cual el Che se incorpora desde los días de México– tuvo que abocarse en la práctica a la victoria para que el socialismo seguidor del movimiento comunista internacional lo admitiera como una opción política decisiva. El carácter de la revolución –una noción que entonces era muy manejada por la izquierda– estuvo determinado por la praxis organizada y consciente de los revolucionarios, y no fue consecuencia de características de la estructura económica del país. Por eso pudo ser una revolución socialista de liberación nacional la que triunfó en 1959. Esos dos choques con los principios de la teoría-ideología del socialismo guiado por la Unión Soviética y el movimiento comunista de su campo pronto fueron seguidos por otros. Se fue haciendo obvio que este evento trascendental por haber sido inconcebible y por su increíble alcance, que conquistó la liberación nacional y social del país, estableció un poder popular fortísimo, enfrentó con éxito a sus enemigos y sus obstáculos y produjo colosales transformaciones de las personas, las relaciones y las instituciones, constituía, además, una herejía dentro del campo de las experiencias y las ideas socialistas.

En octubre de 1963, al planear un seminario de profundización sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento para los cuadros del Ministerio de Industrias, Che orienta relacionar y comparar los sistemas de dirección con la estimulación al trabajo y con la centralización. Comenta que hay que estudiar las relaciones entre el sistema de dirección y los problemas económicos y las concepciones de los países socialistas. Encerrarse en una “falsa concepción de la ley del valor”, dice, les hizo perder contacto con el mundo exterior. La productividad mundial dejó atrás a los países socialistas que, a diferencia de la USSS, dependían del comercio exterior.

En una reunión posterior analizan la norma soviética de premiar o castigar a las empresas si cumplen o no el plan. Se produce una lucha continua entre los aparatos centrales y las empresas, dice el Che, porque estas buscan tener metas menores para sobrecumplir fácilmente o arriesgar menos un incumplimiento; su éxito consiste en obtener mayores premios. “Se está estableciendo entre el aparato central y la empresa una contradicción que no es socialista, una contradicción que atenta contra el desarrollo de la conciencia”. Los dirigentes de empresas socialistas se van convirtiendo así en expertos en engañar al Estado, deformándose como individuos, y ante el obrero, la imagen del buen dirigente es la del que “sabe” organizar para “sobrecumplir” siempre. De ese modo, el sistema se va apartando de sus objetivos y la gente se va separando de aquellos que debían ser capaces de dirigirlos. El Che aprovecha para exponer con vigor las cualidades que debe tener un director de empresa.

En julio de 1964, Che comenta con sus compañeros: “cuando el cálculo económico llega, como debe llegar, a un callejón sin salida, conduce por la lógica de los hechos a tratar de resolverlo por el mismo sistema, aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente específicamente a su interés material y por ahí al libre fuero de la Ley del Valor. Y por ahí al surgimiento en cierta manera de categorías estrictamente capitalistas”. Denuncia de manera categórica la apelación a tomar “como arma para luchar contra el capitalismo, las armas del capitalismo”. La autogestión intenta valorar al hombre por lo que rinde, dice, pero el capitalismo es el que sabe hacer eso perfectamente. Las motivaciones de “la sociedad donde la filosofía es la lucha del hombre contra el hombre, de los grupos contra los grupos y la anarquía de la producción” no podrán ser despertadas y utilizadas eficazmente para servir a una sociedad cuya base era el poder socialista. Esta exige control riguroso, control conciente, “la colaboración entre todos los participantes como miembros de una gran empresa (el conjunto de la economía), en vez de ser lobitos entre sí dentro de la construcción del socialismo”.

Opina que en vez de ir al fondo de los problemas, la práctica y el pensamiento de estos socialistas se deja llevar a la seguridad aparente de acudir a lo ya probado, reforzar el mercado, sus mecanismos y el estímulo material individual. Las reformas pueden relucir como “descubrimientos” que remediarían la falta de motivaciones suficientes en los actores económicos y lograrían la subordinación de la producción para el consumo a las demandas de sus consumidores, relacionar la rentabilidad con la venta del producto, etcétera. Esos experimentos y ensayos de política económica son, sin embargo, remedos de lo que el capitalismo hace eficazmente, porque lo universaliza y porque corresponde a las relaciones fundamentales de su sistema. Che cree firmemente que el socialismo no puede emplear los métodos capitalistas para resolver hipotéticamente sus problemas económicos a nivel de base, y mucho menos extrapolarlos a escala de la sociedad, porque todo eso contradice lo esencial de su sistema. “El único problema que hay es que cuando eso se traslada de una fábrica a todo el conjunto de la sociedad, se crea la anarquía de la producción y viene la crisis, y después tiene que venir el socialismo de nuevo”.

La última frase retrata al Che teórico revolucionario: existe una lógica de las sociedades, cuyo conocimiento debemos al propio marxismo; si la olvidamos, pagaremos un precio muy caro. Pero el socialismo no es un régimen determinado por el libre juego de las fuerzas económicas: después, tiene que venir el socialismo de nuevo. Es decir, tendrá que imponerse la acción consciente y organizada de los revolucionarios para recuperar el socialismo.

ESPÍRITU CRÍTICO Y EJERCICIO DEL CRITERIO

El Che insiste en desbaratar la imputación que se hace a sus ideas de mantener un desprecio “idealista” por el interés material, un simplismo que busca devaluarlas y rehuir la discusión. Nadie en sus cabales desconoce la fuerza y el arraigo del interés material, instalado a lo largo de la historia de las sociedades de dominación y multiplicado y refuncionalizado por el capitalismo. La elección está entre utilizarlo llana y acríticamente –aunque se pueda declarar o lamentar que sea nocivo–, o utilizarlo como un mal necesario, sin depender de él. Ser creativo desde la situación concreta e inevitable, y organizar un proceso de erradicación paulatina de los comportamientos económicos egoístas e individualistas. Ir forjando otro mundo de actuaciones y valores mediante una red de instrumentos diversos, económicos, sociales, políticos, legales, administrativos.

El Che aprendió –al mismo tiempo– a reflexionar sobre los problemas, la circunstancia en curso, las decisiones y la actuación inmediata; sobre los métodos, la organización y los fines mediatos; y a teorizar acerca de los asuntos fundamentales. La formidable experiencia práctica que realizó al frente de más de doscientos mil trabajadores industriales en esos primeros años sesenta ha sido sometida al olvido. Recuperar el conocimiento de su extraordinaria riqueza contribuiría a aumentar nuestras capacidades actuales. Y permitiría conocer al Che de los cómo, que es tan grande como el Che de los hechos históricos y las ideas expresadas en frases rotundas.

En aquel ámbito que tuvo como centro a Ernesto Che Guevara regía el principio de que la creación de otra realidad desde la existente, sin la cual no hay revolución socialista, tiene que incluir el espíritu crítico y el ejercicio del criterio, el fomento de la independencia y la capacidad de pensar y valorar con cabeza propia. Che estimulaba estas cualidades de manera sistemática. En el aspecto que estoy abordando, es impresionante la profundidad y el alcance del análisis teórico logrado, en medio de la tormenta de la Revolución, un avance que permitía una verdadera autonomía del pensamiento, salvado de no ver los graves peligros de la copia y el seguidismo, y no apto para conocer las deficiencias del socialismo existente y evitar o enfrentar la colonización mental, la apologética y la rutina.

El despliegue simultáneo de su concepción y de la profundización de la Revolución cubana lo llevan a hacer más general y más adversa su crítica del socialismo existente. Rechaza la noción tan repetida de que existe un sistema socialista mundial, porque los países del campo del socialismo también tienen desarrollos desiguales, como los del mundo capitalista: “…la práctica ha planteado el problema de contradicciones insalvables; de índole ideológica a veces, tienen siempre una base material, económica. De allí las posiciones que toman la URSS, China, Rumanía o Cuba, en problemas aparentemente desligados de la economía.” Al examinar conflictos bilaterales entre países del campo socialista, afirma que en la realidad “se dan fenómenos de expansión, de cambio no equivalente, de competencia, hasta cierto punto de explotación y ciertamente de sojuzgamiento de los Estados débiles por los fuertes”. Tacha al CAME de “olla de grillos” y plantea que los precios y la calidad de muchos artículos que venden los socialistas de Europa a los demás serían inaceptables en el mercado internacional capitalista. Reconoce que en este campo y en el de los créditos, la política de la URSS y China es más consecuente con el internacionalismo. Pero aclara que los precios fijos sostenidos a productos de países socialistas menos desarrollados, en el mejor caso, mitigan el intercambio desigual, pero no lo anulan.

No existe una confrontación planetaria principal entre el capitalismo y las supuestas tres fuerzas revolucionarias, como repiten las declaraciones del socialismo “realmente existente”, que las relacionan por orden de importancia: primera, el llamado sistema socialista mundial; segunda, la “clase obrera” de los países capitalistas desarrollados; y tercera, las luchas por la independencia y la democracia nacional en las “jóvenes” naciones del Tercer Mundo. La razón de Estado y los intereses económicos de cada país socialista, las esferas de influencia pactadas, la estrategia de potencias son la regla y la conducta usual. De la unión entre proletarios a escala mundial que preconizan las declaraciones dice el Che: “Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos (…) el oportunismo ha ganado una inmensa capa de la clase obrera de los países imperialistas…” Sobre las revoluciones: “También es falso que el proletariado (…) sea el que cumpla el papel dirigente en la lucha de liberación, en la mayoría de los países semicoloniales”. Ya no se puede admitir la idea de que la burguesía nacional sea un factor progresivo en las luchas revolucionarias: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso.”

También rechaza la consigna de la “crisis general del capitalismo”, supuesta teoría que deben acatar los partidarios del socialismo. No estamos en la “tercera etapa”; en realidad, dice, el imperialismo no agoniza: “ni siquiera ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad (…) La tendencia es a invertir capitales propios en el aprovechamiento de las materias primas o en la industria ligera de los países dependientes”. La aguda competencia “provoca una incesante marea de innovaciones técnicas…”

Los jóvenes de hoy no han escuchado nada del “sistema socialista mundial”, “las tres fuerzas revolucionarias” o la “crisis general del capitalismo”, y seguramente sonríen al escuchar su explicación. Pero en aquel tiempo estaban entre los principales dogmas que debían admitirse como artículos de fe y esgrimirse para entender las cosas más importantes, acallar todo criterio diferente y “vencer en la lucha ideológica”. El Che y los que como él escogían actuar como revolucionarios en aquella época debían salir de esas prisiones y pensar con cabeza propia. Recordar hoy la falta total de asideros en la realidad que tenían aquellas consignas seudocientíficas es una lección contra la tendencia a admitir ser gobernados por frases vacías.

MADUREZ DE LA CONCEPCIÓN TEÓRICA DEL CHE

En los primeros meses de 1965 la madurez de la concepción teórica de Ernesto Che Guevara se hace evidente en El socialismo y el hombre en Cuba, uno de los textos fundamentales de la historia del socialismo en América Latina. Pero enseguida comenzará la última fase de su vida, en la que vuelve a dedicarse a la acción armada, ahora como dirigente internacionalista cubano que intenta contribuir al desarrollo de las revoluciones de liberación. Y ahora emprende también una tarea intelectual que considera indispensable: la necesidad de llegar a conclusiones sobre el socialismo realmente existente, asunto crucial para todos en el mundo, y la de ofrecer una alternativa revolucionaria desde las ideas de los pensadores de los países que han sufrido o sufren el colonialismo y el neocolonialismo, que quieren pelear por la liberación total de las naciones y de las personas, y por el avance de la revolución mundial.

“Es un grito dado desde el subdesarrollo”, escribe en “La Necesidad de este libro”, breve introducción a los Apuntes críticos a la Economía Política, un texto que contiene planteamientos trascendentales. Se refiere a El capital, de Carlos Marx, a las nuevas situaciones de la época imperialista, los aportes extraordinarios de Lenin y la detención ulterior del desarrollo de la teoría marxista. 

Enseguida expone las razones por las cuales hace la crítica de la Economía Política:

Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, pero cuyos resultados finales son incalculables (…) Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la NEP han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura. Se está regresando al capitalismo.

Che confía en que muchos podrán sentirse atraídos por este “intento de retomar la buena senda”. A ellos se dirige el libro, “y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender ‘verdades eternas’ en las publicaciones que vienen, sobre todo, de la URSS, y observar como nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los textos”.

Un largo camino había recorrido Ernesto Guevara en una década. La revolución había sido su maestra. En la guerra y desde el poder revolucionario se desarrolló su estatura como combatiente, dirigente y pensador, y ahora él –como reclamara Lenin sesenta años antes– debía, en justo pago, enseñarle algo a la revolución. Y lo logró. La aventura socialista de un pequeño país aislado producía un pensamiento capaz de continuar el trabajo excepcional mediante el cual Marx había encontrado ideas capaces de subvertir el control de las ideas de la sociedad por la clase dominante. Che escribió: “nosotros aportamos nuestro modesto granito de arena”. Y a los compañeros cercanos más estudiosos les pidió componer un “manual” cubano. Pensó seguramente que los que compartían su posición continuarían la campaña de difusión de las actitudes y las ideas más revolucionarias que con tanto ardor y sistematicidad él llevó a cabo en su última etapa en Cuba.

El acierto y el alcance de los planteamientos del Che acerca de la esencia y el destino del socialismo realmente existente solo se comprobaron veinticinco años después. Pero cuando hacia el final del siglo XX pareció que todo lo logrado por la humanidad se perdería, incluso la esperanza, el Che regresó. Celebramos ese regreso, que evidencia la resistencia de los pueblos y el valor permanente de las ideas y del ejemplo. Sin embargo, el pensamiento del Che ha seguido encontrando escollos y ha tenido que ir ganando espacios paulatinamente. Ese pensamiento es uno de los lugares principales de los combates actuales.

Fernando Martinez Heredia – CubaDebate