lunes, 22 de julio de 2013

El capitalismo como religión


Walter Benjamin 

Fuente:
 http://catigaras.blogspot.com/2008/05/el-capitalismo-como-religin-walter.html

Hay que ver en el capitalismo una religión. Es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, penas e inquietudes a las que daban antiguamente respuesta las denominadas religiones.

 La comprobación de esta estructura religiosa del capitalismo, no sólo como forma condicionada religiosamente (como pensaba Weber), sino como fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy ante el abismo de una polémica universal que carece de medida. [Y es que] no nos es posible describir la red en la que nos encontramos. Sin embargo, será algo apreciable en el futuro. 

No obstante, son reconocibles tres rasgos de esa estructura religiosa del capitalismo en el presente. Primero, el capitalismo es una pura religión de culto, quizás la más extrema que haya existido jamás. En el capitalismo todo tiene significado sólo en relación inmediata con el culto. No conoce ninguna dogmática especial, ninguna teología. Desde este punto de vista, el utilitarismo gana su coloración religiosa. A esa concreción del culto se vincula un segundo rasgo del capitalismo: la duración permanente del culto. El capitalismo es celebración de un culto sans trêve et sans merci (sin tregua ni piedad). En él no hay señalado un día a la semana, ningún día que no sea día festivo (en el sentido terrible del desarrollo de toda la pompa sacral) que constituiría el esfuerzo más manifiesto de quien adora. Este culto es, en tercer lugar, culpabilizante. Probablemente el capitalismo es el primer caso de culto no expiante, sino culpabilizante. Este sistema religioso se encuentra arrastrado por una corriente gigantesca. 

Una monumental consciencia de culpa que no sabe sacudirse la culpabilidad de encima echa mano del culto no para reparar esa culpa, sino para hacerla universal, forzarla a introducir en la consciencia y, [finalmente] y sobre todo, abarcar a Dios mismo en esa culpa para que se interese finalmente en la expiación. La expiación, por tanto, no debe esperarse del culto mismo, ni de la reforma de esa religión. Tendría que sostenerse en algo más seguro que en ella misma. Tampoco podría sostenerse en su rechazo. En la esencia de ese movimiento religioso que es el capitalismo [yace la idea] de resistir hasta el final, hasta la culpabilización final de Dios, hasta la consecución de un estado mundial de desesperación que es, precisamente, el que se espera. En esto estriba lo históricamente inaudito del capitalismo, que la religión no es reforma del ser, sino su destrucción. La expansión de la desesperación hasta un estado religioso mundial del cual ha de esperarse la salvación. La trascendencia de Dios se ha derrumbado, pero no ha muerto, sino que está comprendido en el destino de la humanidad. Ese tránsito del planeta humano por la casa de la desesperación en la absoluta soledad de su trayecto es el ethos determinado por Nietzsche. Ese hombre es el ultrahombre, el primero que empieza a cumplir, 2 reconociéndola, la religión capitalista. Su cuarto rasgo es que Dios debe permanecer oculto, y sólo debe ser llamado en el cenit de su culpabilización.  El culto es celebrado ante una divinidad inmadura y toda representación, todo pensamiento en esa divinidad daña el secreto de su maduración. La teoría freudiana es también parte del dominio sacerdotal de ese culto. Está pensada de forma totalmente capitalista. Lo reprimido, la imaginación pecaminosa es, en lo más profundo y por [una] analogía que todavía habrá que clarificar, el capital, que paga intereses [verzinst] por el infierno del inconsciente. El tipo de pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche. El pensamiento del ultrahombre sitúa el salto apocalíptico no en la conversión, expiación, purificación [y] penitencia, sino en el aparente permanente acrecentamiento- si bien, en el último tramo, discontinuo y a saltos. Por eso, aumento y desarrollo son en el sentido del non facit saltum (del no dar saltos) inconciliables. El ultrahombre es el hombre histórico al que se llega sin conversión que traspasa el cielo. Este hacer saltar el cielo por medio de un acrecentamiento humano que religiosamente es y se mantiene (también para Nietzsche) como endeudamiento (culpa) [Verschuldung] lo prejuzgó Nietzsche. Y similarmente Marx: el capitalismo incambiable se tornará, con intereses e intereses de intereses, cuya función es la deuda (vid. La duplicidad demoníaca de ese concepto [deuda/culpa: Schuld], en socialismo. 

El capitalismo es una religión del mero culto, sin dogma. El capitalismo se ha desarrollado en Occidente –como se puede demostrar no sólo en el calvinismo, sino en el esto de las orientaciones cristianas ortodoxas- parasitariamente respecto del cristianismo de modo tal que, al final, su historia es en lo esencial la de su parásito, el capitalismo. -Comparación entre las imágenes de los santos de las distintas religiones, por un lado, y los billetes de los distintos Estados, por otro-El espíritu que se expresa en la ornamentación de los billetes. {Aquí hay varias anotaciones bibliográficas: Fuchs, Weber, Sorel, Landauer Troeltsch…} 

Las preocupaciones: una enfermedad del espíritu que es propia de la época. Situación espiritual (no material) sin salida que (deviene) en pobreza, vagabundeo, mendicidad, monacato. Una situación así que carece de salida es culpabilizante. Las “preocupaciones” son el índice de la consciencia de culpabilidad de la situación sin salida. Las preocupaciones se originan por el miedo ante la falta de salida colectiva, no individualmaterial. En tiempos de la Reforma el cristianismo no favoreció el advenimiento del capitalismo, sino que se transformó en él. Metódicamente habría que investigar en primer lugar qué vinculos estableció en cada momento el dinero con el mito, hasta que pudo atraerse hacia sí tantos elementos míticos del cristianismo para constituir ya el propio mito.[algunas citas..]Vinculo del dogma con el capitalismo, desde lo disuelto – y para nosotros en esa característica naturaleza del saber que es salvadora y que está muerta al tiempo (¿) . El balance como saber realizado y salvador (¿)}.Contribuye al conocimiento del capitalismo como una religión el hacer presente que originalmente los infieles consideraron la religión no como un “elevado interés moral”, sino como el más inmediatamente práctico. En otras palabras: fueron tan poco conscientes, como el capitalismo actual, de su naturaleza “ideal” o “trascendente”, que vieron más bien en el individuo irreligioso o heterodoxo de su comunidad, precisamente, a un miembro inconfundible de ella, igual que la burguesía actual los ve en sus miembros no productivos. 

W. Benjamin, Gesammelte Schriften,vol. VI, 100-103

domingo, 21 de julio de 2013

Cómo opera Estados Unidos en América Latina Comando Sur

por Adrian Murano


Un ex topo de la CIA destapó un peligroso programa de espionaje e intervención política en la región. Quiénes y cómo trabajan para desestabilizar a los gobiernos populares de la Unasur. 


Obama consolidó la militarización de la USAID, una agencia que opera en la región bajo la fachada de la ayuda humanitaria. La conduce Mark Feierstein, experto en contrainformación.

Edward Snowden no es un héroe, pero la humanidad le debe un enorme favor. Los documentos que el ex topo de la CIA filtró al mundo demuestran lo que hasta acá la política global sabía pero no se atrevía a denunciar: que Estados Unidos no ahorrará en crímenes para seguir siendo lo que es. Un imperio voraz.

Los habitantes de América latina podríamos presumir que no necesitábamos de Snowden para saberlo. En esta región, Estados Unidos propició golpes, dictaduras genocidas, políticas económicas predatorias y elites financieras mafiosas con el evidente objetivo de succionar sus recursos naturales, materiales y humanos. La intervención fue tan vasta y letal que en la diplomacia regional aún se intercambia un viejo chiste: “¿Sabe por qué en Estados Unidos no hay golpes de Estado? Porque allí Estados Unidos no tiene embajada”.

A pesar de las evidencias históricas, en varios países de Latinoamérica, como la Argentina, abundan quienes creen que la intervención estadounidense en asuntos domésticos es pura ficción. El equívoco fue alimentado por formadores de opinión aliados o cooptados por la diplomacia estadounidense, como lo revelaron los cables difundidos por Wikileaks, donde abundan referencias a los vínculos entre La Embajada y el sistema tradicional de medios que en nuestro país conduce el multimedios Clarín. Un detalle: referirse a la sede diplomática estadounidense como “La Embajada” explicita hasta qué punto se naturalizó a EE.UU. como faro político. Pero no son las sedes diplomáticas las únicas que perpetran las actividades intervencionistas de EE.UU. en la región. El país del Norte cuenta con una compleja red de organismos que, con fachadas varias, fueron y son utilizados para tareas sucias que van desde el espionaje y la formación de cuadros dirigenciales adictos hasta la desestabilización de gobiernos y economías con su consecuente costo político y social.

Una de las organizaciones más activas es la United States Agency International Development (USAID), un organismo que EE.UU. creó con la proclamada intención de desplegar tareas humanitarias en los países del Tercer Mundo. Su origen se remonta a la Alianza para el Progreso, creada el 13 de marzo de 1961 por los mismos funcionarios que varios años antes habían alumbrado el Plan Marshall con la intención de poner a su país a la cabeza de la reconstrucción de la Europa de posguerra. La Alianza fracasó a poco de nacer luego de que los países de la región rechazaran las condiciones de la “revolución pacífica y democrática” que pretendía imponer EE.UU. a cambio de los 20.000 millones que prometía invertir. Pero antes de que fuera cancelada, en noviembre de 1961 se fundó la USAID, una de sus agencias que, en las formas, debía vehiculizar parte de las inversiones a programas de desarrollo humanitario, fachada que se mantiene hasta hoy.

La fantasía filantrópica le permitió forjar, a través de generosos aportes financieros, una red de fundaciones y ONGs destinadas a difundir los beneficios del alineamiento con EE.UU. y su “american way of life” mediante propaganda y programas de formación. Pero esa es apenas la cara amable de su tarea. Apenas maquillado, el verdadero rostro de la agencia es más hostil: intervenir en los procesos políticos de la región con el pretexto de proteger la seguridad nacional de su país.

La militarización de los objetivos de la USAID tocó cumbre en 2010 cuando el presidente Barack Obama incluyó al general Jeam Smith –un estratega militar que estuvo en la OTAN– en el Consejo de Seguridad sólo para que atendiera los programas de “asistencia social” que llevaba adelante la agencia. Y como director adjunto se nombró a Mark Feierstein, cuya hoja de servicios encajaba con los desafíos que EE.UU. percibe en la región: experto en guerras de cuarta generación –o campañas de desinformación–, y dueño de Greenbarg Quinlan Rosler, una firma que ofrece orientación estratégica sobre campañas electorales, debates, programación e investigación.

Alérgico a los gobiernos populares que se extienden por América latina, Feierstein probó la eficacia de su método como asesor de Gonzalo Sánchez de Lozada durante la campaña que lo depositó en la presidencia de Bolivia. Goñi, como lo llamaban en su patria, fue el paroxismo del coloniaje político que EE.UU. impartió en los noventa sobre los países del Sur. Criado, educado y formado en suelo estadounidense, Sánchez de Lozada volvió a su tierra de nacimiento para ser presidente de la mano de Feierstein. Duró en el cargo algo más de un año: la denominada “Masacre del Gas”, en 2003, donde murieron más de sesenta personas, lo eyectó del poder y lo devolvió a EE.UU., donde vive como prófugo de la Justicia boliviana amparado por el gobierno que nombró a su amigo Feierstein al frente de la USAID.

Las correrías de su director no es lo único que liga a la agencia con Bolivia. El pasado 1 de mayo, el presidente Evo Morales no sabía que el escándalo Snowden lo llevaría a protagonizar una vergonzosa detención en Europa (ver nota aparte). Pero sí sabía de lo que la USAID era capaz. Por eso, en esa jornada emblemática donde los trabajadores celebran su día, el presidente anunció que expulsaba a la agencia de suelo boliviano por “injerencia política” y “conspiración”. Días después, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, detalló: “No se trata de una agencia inocente de cooperación filantrópica de Estados Unidos a Bolivia y al mundo. La agencia estadounidense sirvió para legitimar las dictaduras entre 1964 y 1982, para promover el neoliberalismo entre 1985 y 2005, además es un factor externo que alimenta la inestabilidad en el país desde 2006”.

Uno de los hechos que llamó la atención del gobierno boliviano fue la materialización, en 2007, de un convenio entre el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, y la USAID para llevar adelante “programas sociales” en Bolpedra, Cobija y El Porvenir. El apoyo logístico estuvo a cargo del Comando Sur y la cobertura institucional de la Iniciativa de Conservación de la Cuenca Amazónica. Otro episodio que motivó la expulsión fue la activa participación de la agencia estadounidense vía Wildlife Conservation Society (Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre) en la disputa violenta entre los pobladores de Caranavi y Palos Blancos por el lugar de instalación de una planta procesadora de frutas en enero de 2010, a pocos días de que Evo Morales asumiera su primer mandato dentro del Estado Plurinacional.

La utilización de fundaciones y ONGs para tercerizar operaciones es una práctica habitual de la USAID. En la Argentina, por caso, hay una decena de fundaciones que operan por cuenta y orden de la agencia estadounidense. Que los movimientos sean más sigilosos no implica que sean menos potentes. Un ejemplo: entre el 8 y el 12 de abril de este año, la USAID financió una cumbre de la derecha internacional. Organizada por la Fundación Libertad –el tentáculo predilecto de la agencia en nuestro país–, a la cita concurrieron el Nobel Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro –reactivos a los gobiernos populares que habitan la región–; José María Aznar –ex presidente español que impulsó la invasión a Irak–; el pinochetista Joaquín Lavín; Marcel Granier, presidente de la emisora venezolana RCTV que apoyó e impulsó el golpe a Hugo Chávez en 2002, y la cubana anticastrista Yoani Sánchez, quien a último momento desistió de la visita.

El seminario abundó en críticas contra los procesos emancipadores de la región. Y los expositores, sin sutilezas, pidieron terminar con los gobiernos populares en curso para reemplazarlos por otros más “modernos”, a tono con los conceptos de “democracia” que EE.UU. impuso como doctrina global. No fue, por cierto, un planteo original. Cinco años atrás, en el mismo escenario empachado de prosperidad sojera, se había realizado un seminario similar, con el propio Vargas Llosa como animador principal.

Aquel seminario contó con varios “expertos” alineados con las políticas del Consenso de Washington como el periodista de La Nación Carlos Pagni, el ex candidato presidencial Ricardo López Murphy, y Mauricio Macri, regente del Pro y de la Fundación Pensar, co-organizadora del evento.

Estas fundaciones, como otras similares que operan en la región, cuentan con el aval financiero del National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), financiada oficialmente por el Congreso norteamericano. Pero la vinculación no se agota en los aportes. En los ochenta, mucho antes de ser director de la USAID, el inefable Feierstein trabajó para la NED en Nicaragua. Su objetivo: evitar el triunfo del sandinista Daniel Ortega. Lo logró patrocinando la candidatura de Violeta Chamorro.

Las operaciones de la dupla USAID-NED en América latina fueron reveladas por Wikileaks, el sitio que difundió millones de telegramas internos del Departamento de Estado. En uno de ellos, el ex embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, reveló cómo su país alimentó la oposición a Hugo Chávez con ideas y millones. El telegrama, enviado desde la embajada de EE.UU. en Caracas en noviembre de 2006, detallaba cómo docenas de organizaciones no gubernamentales recibían financiamiento del gobierno norteamericano por intermedio de la USAID y de la Oficina de Iniciativas de Transición (Office of Transition Initiatives –OTI–). Este operativo incluyó “más de 300 organizaciones de la sociedad civil venezolana”, que iban desde defensores de los discapacitados hasta programas educativos.

En apariencia, esos programas tenían objetivos humanitarios, pero fue el propio embajador Brownfield quien detalló los objetivos reales de esas inversiones: “La infiltración en la base política de Chávez... la división del chavismo... la protección de los intereses vitales de EE.UU... y el aislamiento internacional de Chávez”.

Brownfield escribió que el “objetivo estratégico” de desarrollar “organizaciones de la sociedad civil alineadas con la oposición representa la mayor parte del trabajo de USAID/OTI en Venezuela”. A confesión de partes…

En una excepción a su modus operandi, en Paraguay la agencia hizo el trabajo sucio sin intermediarios. Invirtió 65 millones de dólares en el proyecto “Umbral”, un programa que incluyó la confección de un Manual Policial, lo que le permitió hacer pie en una institución que resultaría clave en el devenir político del país. Fue la policía, con una brutal e injustificada represión rural, la que sirvió en bandeja la excusa para derrocar al presidente Fernando Lugo. Ya lo predijo el ministro de la Corte argentina Raúl Zaffaroni: sepultado el partido militar, son las fuerzas de seguridad quienes ejercerán el rol de fuerza de choque de los poderes fácticos de la región interesados en interrumpir procesos políticos que contraríen sus intereses.

Las operaciones de la agencia revelan que la verdadera amenaza para la consolidación del proceso político de la región no es el espionaje, sino las decisiones que EE.UU. tome a partir de esa información. Como se demostró en Irak –donde el Pentágono utilizó información falsa para justificar la invasión–, ni siquiera es necesario que los datos sean fiables. Basta con que la CIA o algún organismo similar evalúe que algún país de América latina representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense para que se avance con ataques preventivos hacia esa nación. La avanzada puede ser brutal, como en Irak, o más sofisticada, ejecutando tareas que desestabilicen a un gobierno popular. Una conspiración que nunca descansa. 
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Todos bajo la lupa


A partir de las revelaciones de Edward Snowden, el ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, se descubrió un manto que confirma la red de espionaje del gobierno de Barack Obama. Todo comenzó cuando le ofreció a The Guardian y The Washington Post la publicación de documentos e información confidencial. Siguió con el episodio del secuestro del presidente Evo Morales luego de visitar Rusia, donde se suponía que estaba Snowden, cuando no le permitieron usar el espacio aéreo de España, Italia, Portugal y Francia por sospechar que estaba escondido en su avión. El hecho mereció el repudio de todos los mandatarios de la Unasur que se reunieron en forma urgente en Bolivia, para brindar apoyo a Evo. Mientras Snowden buscaba asilo político y con Estados Unidos tratando de cazarlo en todo el planeta, hace pocos días volvió a revelar nuevos documentos, esta vez fueron publicados en el diario brasileño O Globo. Se conoció que la red de espionaje de Estados Unidos se expandió por toda América latina, operando fuertemente en Brasil, México y Colombia, pero con una rigurosa vigilancia en países como la Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, Perú y Panamá. Los datos confirman el espionaje vía satélite de comunicaciones telefónicas, correos electrónicos y conversaciones online, hasta por lo menos marzo de este año. El monitoreo se realizaba a través de los programas de software: el Prism (Prisma) que permite el acceso a e-mails, conversaciones online y llamadas de voz de usuarios de Google, Microsoft y Facebook y el Boundless Informant (Informante Sin Límites), que permitían violar toda clase de comunicaciones internacionales, faxes, e-mails, entre otros. Los temas más controlados por los espías fueron petróleo y acciones militares en Venezuela, energía y drogas en México, un mapeo de los movimientos de las FARC en Colombia, además de la agonía y muerte de Hugo Chávez.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner mostró su preocupación en el acto del 9 de julio en Tucumán y señaló: “Me corre frío por la espalda cuando nos enteramos que nos están espiando a todos a través de sus servicios de informaciones. Más que revelaciones, son confirmaciones que teníamos de lo que estaba pasando”. De paso, aprovechó para hacer un llamado de atención: “Los gobernantes de los pueblos de la América del Sur, que hemos dado batalla en esta década incluyendo a millones de compatriotas, tenemos el deber de mirar lo que está pasando y unir nuestras fuerzas”. El viernes se reúnen los representantes del Mercosur y la Presidenta espera “un fuerte pronunciamiento y pedido de explicaciones” al gobierno de Obama.

viernes, 19 de julio de 2013

La ‘barbacoa de los chorizos’ termina con cargas policiales

Alrededor de 3.000 personas se han dado cita en la sede nacional de PP en la calle Génova para exigir la dimisión de un Gobierno plagado de casos de corrupción. La protesta ha sido pacífica durante varias horas pero ha derivado en enfrentamientos con la Policía en la plaza de Cibeles y Gran Vía

JAIRO VARGAS Madrid 19/07/2013

Miles de manifestantes piden la dimisión del Gobierno frente a la sede nacional del PP en Madrid.

Miles de manifestantes piden la dimisión del Gobierno frente a la sede nacional del PP en Madrid.

A las 19.30 horas, la Policía colocaba las vallas que cortaban la calle Génova. El tráfico quedaba interrumpido y unas 3.000 personas, convocadas por diferentes asambleas, colectivos y plataformas surgidas tras el 15-M, comenzaban a gritar el lema más repetido durante la protesta de este jueves: ¡Gobierno dimisión!.

Un dispositivo policial de más de 20 furgonetas ha protegido la sede nacional de PP en Madrid ante esta protesta organizada a raíz de las últimas revelaciones sobre el caso Bárcenas que, día a día, se va convirtiendo en el  caso PP (así te lo hemos contado en directo) . Según las últimas declaraciones ante el juez Ruz del extesorero del partido, Luís Bárcenas, el presidente Mariano Rajoy y la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, habrían recibido sobresueldos ilegales, algo de lo que se ha acordado la multitud que gritaba constantemente "Rajoy y Cospedal al Soto del Real" en la llamada barbacoa de chorizos, que también ha tenido lugar en más de 30 ciudades del país.

Entre grito y grito, Eloy Pérez, de 67 años explicaba a Público que había ido a la manifestación porque el Gobierno "no tiene vergüenza". "Es increíble que, además de que Bankia me estafe con mis ahorros ahora tenga que aguantar que el Gobierno nos estafe a todos", añadía.

Pablo Padilla, del colectivo Juventud Sin Futuro, que también convocaba a esta concentración aseguraba que "el sistema está completamente corrupto y el partido que nos gobierna se ha financiado ilegalmente durante 20 años". "Es normal que la gente se manifeste si a los recortes en Sanidad o Educación y a las reformas laboral y de la Constitución le sumas los casos de corrupción, porque el Gobierno y todos los partidos del régimen no dejan de pedir sacrificios a los ciudadanos mientras las cúpulas se reparten sobres a cambio de favores", criticaba.

A pocos metros y con su chapa de la Marea Verde por la Educación pública, Santiago, profesor de un instituto madrileño, protestaba junto a su mujer. "Como están las cosas y con los nuevos datos sobre estos corruptos (señalando a la sede del PP) este es el momento de estar aquí", afirmaba. Según este docente, "el Gobierno favorece a unos pocos: bancos, multinacionales, fondos de inversión... a lo que llaman los mercados", sostenía, aunque ve "muy difícil que el presidente dimita".

Marcha por Madrid

 

Un millar de personas corta la calle Hortaleza después de concentrarse frente a la sede del PP en Madrid. JAIRO VARGAS

Pero la manifestación no se ha quedado sólo en Génova, como ha ocurrido hasta ahora con todas las protestas ante la sede del PP. A las 21.00 horas, el grito "eo eo eo, nos vamos de paseo" llevaba a más de mil manifestantes a cortar la calle Hortaleza en dirección Gran Vía. "Que se vayan", "Que no nos representan" o "No es un Gobierno, es una mafia" eran los lemas más repetidos.

Después de cortar Hortaleza, la manifestación llegó a la Gran Vía y continuó su marcha recorriendo Cibeles y la Castellana hasta Colón. Allí, después de instantes de duda, el millar largo de manifestantes encaraba la calle Goya y llevaba la protesta hasta los barrios más acomodados de la ciudad. "A Serrano", se escuchaba desde una multitud eufórica por llegar hasta "el Madrid de los pijos", como algunos lo definóan.

Y no sólo llegó hasta la calle Serrano, sino que la recorrió hasta que se desvió y bajó por la Puerta de Alcalá hasta volver a Cibeles, todo ello seguidos de sendos cordones de antidisturbios a los flancos.


Un manifestante se agarra a la pierna de un antidisturbios durante las cargas en Cibeles. JAIRO VARGAS

Todo había transcurrido sin incidentes. Lo más violento fueron varias decenas de rollos de papel higiénico que les cayeron encima a los agentes en la calle Génova. Sin embargo, en Cibeles, tras un incidente con un coche, un pequeño grupo de antidisturbios se acercó y, tras un revuelo, cargó contra los manifestantes.

Duró poco la actuación de la Policía y los congregados comenzaban a dispersarse, cuando en la Gran Vía, otro grupo de policías volvía a cargar, esta vez también contra los periodistas y fotógrafos que asistían a la detención de una chica.

Durante la larga protesta, que concluyó alrededor de la media noche, al menos una persona ha sido detenida durante las cargas de Cibeles.

miércoles, 17 de julio de 2013

Las revoluciones del siglo XXI recién acaban de empezar: Grecia, España, Turquía, Brasil, Egipto son parte de la crisis del sistema capitalista mundial


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por Movimiento Popular Unificado

Julio de 2013 


Es curioso que la explicación que arriesgan diversos analistas, tanto de la derecha del sistema como Francis Fukuyama (Wall Street Journal Americas, 2/7/13), como de la izquierda reformista de América Latina, se parecen mucho.
Mientras se desarrollaba la Copa Confederaciones de fútbol, muy seguida por los espectadores panameños, la ciudadanía se impresionó con las multitudinarias movilizaciones populares en las ciudades brasileñas. Los comentarios sobre las protestas brasileñas fueron tan apasionados como los que se hacían respecto de los juegos. Las imágenes de la juventud brasileña confrontándose con la policía se mezclaron en los noticieros con las de otros jóvenes de un país un poco más distante, Turquía, donde la juventud también salía a la calle por otros motivos, o casi que por los mismos. No acababan de cantarse los goles en el Maracaná y de escucharse los ecos de las protestas brasileñas, cuando millones se lanzaron a las calles en Egipto contra el gobierno de Morsi, del partido de la Hermandad Musulmana, protestando contra la crisis económica y exigiendo democracia y laicismo.

Liberales de derecha y reformistas de izquierda usan los mismos argumentos
Como ha dicho en un artículo reciente el intelectual norteamericano Inmanuel Wallerstein: "Levantamientos aquí, allá y en todas partes".¿Cómo interpretar las protestas en tantos países? ¿La participación masiva de la juventud en Brasil, Turquía, Santiago de Chile, El Cairo, igual que antes en Grecia, o en la "primavera árabe" de hace dos años, tiene algo en común o se trata de hechos inconexos?

Es curioso que la explicación que arriesgan diversos analistas, tanto de la derecha del sistema como Francis Fukuyama (Wall Street Journal Americas, 2/7/13), como de la izquierda reformista de América Latina, se parecen mucho. Parten por una afirmación falsa, pero asumida como axioma: que el crecimiento económico produjo una mejoría del nivel de vida de esos países, donde supuestamente la mayoría de la población salió de la pobreza y, por ende, a primera vista no hay razón para estar descontentos. Segundo, asumen que estos jóvenes que encabezan las protestas no son ni pobres, ni pertenecen a la clase trabajadora, sino son la nueva "clase media", fruto de la prosperidad capitalista, según Fukuyama, o de la política social, según los reformistas latinoamericanos. Tercero, entonces lo único que explica que los jóvenes protesten es que "quieren más" ("democracia, libertad individual y tolerancia", a decir de Fukuyama).

Esas explicaciones son falsas porque el mundo "globalizado" de hoy no es mejor que hace 20 años, sino peor. La globalización neoliberal del "sistema mundo capitalista" (Wallerstein) ha producido una realidad social internacional en la que impera: más desigualdad, mayor concentración de la riqueza, más exclusión y superexplotación del trabajo, pérdida de poder adquisitivo de los salarios, carestía de los alimentos y la canasta básica, precariedad laboral (incluida la informalidad), depredación y destrucción de la naturaleza. Todo ello para garantizar a un puñado cada vez más chico de la humanidad, los capitalistas, la concentración de la riqueza social a través de "la ganancia".

En Latinoamérica el dilema es: o estancarse en reformas dentro del capitalismo, o avanzar hacia medidas revolucionarias

En América Latina, los efectos nocivos del neoliberalismo hicieron crisis en los años 90, produciendo estallidos sociales que impusieron gobiernos de izquierda, de moderados a radicales, dependiendo del grado alcanzado por las explosiones sociales. Dichos gobiernos adoptaron importantes programas sociales para reestablecer algo del equilibrio social perdido. La fuente de financiamiento de esos programas sociales han sido los buenos precios internacionales de las materias primas, principalmente el gas y el petróleo, pero también la soja. Sin embargo, esos programas no han ido más allá de las llamadas políticas de "transferencias" recetadas por los organismos de crédito internacional, y que también aplican los gobiernos de derecha.

Aunque hubo nacionalizaciones, sigue incólume el sistema capitalista dependiente latinoamericano. Los programas sociales han sido sólo paliativos que no han cambiado la esencia de la explotación de clase y la desigualdad social capitalista. El dilema que enfrenta los gobiernos "progresistas" latinoamericano (Brasil, por ejemplo) son los efectos de la crisis económica mundial, la desaceleración de las exportaciones y caída de los precios de las materias primas, la inflación, etc., que se empiezan a sentir. La crisis achicará los fondos destinados al área social, y las burguesías nacionales aspirarán a un pedazo mayor de la renta nacional a costa del estado y los derechos de la clase trabajadora.

Esa disputa económica se va a trasladar a lo político, como se aprecia en Venezuela, escalando los conflictos de clases y abriendo las puertas a golpes de estado contrarrevolucionarios o a nuevas revoluciones democráticas y socialistas. Por ende, el dilema es o profundizar los procesos revolucionarios, o estancarse en las reformas. Y esta última opción siempre ha terminado trágicamente en la historia del continente.

La miseria del sistema capitalista mundial

Los socialistas panameños del M.P.U., repudiamos la mentira que pretende embellecer el sistema capitalista, ya que lo haga la derecha liberal o la izquierda socialdemócrata. Capitalismo no es sinónimo de bienestar, sino de explotación de clase y miseria social. Fruto de la "globalización neoliberal" son los bellos edificios de Dubai, pero también los mil obreros carbonizados en una fábrica de ropa en Bangladesh; capitalismo son los millones de automóviles que circulan por la autopistas norteamericanas quemando combustibles fósiles, pero también los jóvenes pandilleros de Los Ángeles, Nueva York o Detroit que no encuentran trabajo; el gobierno panameño, para hablar de sus "éxitos" muestra los edificios de la Bahía de Panamá, pero esconde los niños que mueren de hambre en las comarcas indígenas y en los barrios marginales; muestra obras y construye (porque ahí está el negocio) hospitales, pero no hay medicinas en las farmacias del Seguro Social, la atención primaria es deficiente, cientos de pacientes fueron envenenados con dietyleneglicol, otras decenas han sido afectados por bacterias nosocomiales o han muerto niños en salas de neonatología de manera inexplicable. Ni hablemos del sistema educativo.

El sujeto social de estas revoluciones en proceso: la juventud de la clase trabajadora

La principal víctima de esas desigualdades sociales y males del capitalismo "postmoderno", es la juventud de todos los países. A los jóvenes de hoy no sólo les han robado los empleos sino todos los derechos sociales con que contaba la generación anterior, nacida bajo el "estado de bienestar". La juventud actual, de cualquier país, no conoce lo que es un empleo estable y bien remunerado, tampoco va a tener jubilaciones dignas, ni una buena cobertura de seguro médico, etc. La mayoría de los jóvenes tienen dificultades para hacer sus propias familias e independizarse de los padres, porque no pueden acceder a una vivienda, porque les niegan de plano acceso al crédito hipotecario o deben pagar altos intereses. En muchos países su única "esperanza" de una vida "mejor" está en unirse a la mafia, pandillas o maras. Millones de jóvenes se están convirtiendo en lo que llaman "ninis", "ni estudian, ni trabajan", es decir, una generación sin futuro dentro del sistema capitalista.

Se miente también cuando se habla unilateralmente de disminución del desempleo, en particular en América Latina, donde la crisis económica no ha llegado a fondo, por contraposición a Europa donde la crisis está en su apogeo. Cualquiera que revise los datos que ofrece la Organización Internacional del Trabajo (OIT) puede comprobar que en nuestros países (incluyendo Panamá) la mayor parte los nuevos empleos son empleos precarios y que, al menos la mitad o más de la fuerza laboral, se encuentra en la informalidad. Además, las tasas de desempleo abierto se duplican entre los menores de 25 años y entre las mujeres.

Esa es la juventud que estalla en ira: desde Londres a Estocolmo, desde Madrid a Estambul, del Cairo a Río de Janeiro. Es una juventud pobre y obrera. Obrera, porque carece de medios de producción propios y debe vender su fuerza de trabajo por un salario para poder vivir (ver el Manifiesto Comunista). No porque tenga teléfonos móviles y use "facebook" pertenece a la "clase media", esos aparatos son bienes de consumo al alcance de las masas y no "símbolos de status".

Esa juventud protesta porque el sistema capitalista le niega el derecho a una vida digna, cuando destruye un parque público en Turquía para construir un centro comercial (donde no podrá comprar la mayoría) o cuando le suben 20 centavos al pasaje en Brasil, porque esos centavos son vitales en estos tiempos, y son la diferencia entre poder ir a estudiar o vegetar en el barrio. Esa juventud está sometida a un dilema objetivo: o se vuelve protagonista de las revoluciones del siglo XXI o está condenada a padecer una vida de miseria, como era habitual para sus tatarabuelos antes de la Revolución Rusa de 1917.

No se olvide que, si durante buena parte del siglo XX la clase trabajadora europea y norteamericana tuvo derechos sociales y recibieron salarios que pagaban el valor real de su fuerza de trabajo, fue porque existió la Unión Soviética y el llamado "bloque socialista", contra el que el capitalismo occidental quería competir, no porque los capitalistas se volvieran dadivosos por voluntad propia. La juventud actual nace bajo el signo de la "caída del muro", no sólo por la aparente falta de alternativas al sistema capitalista, sino porque el capitalismo ya no necesita su careta de "estado benefactor" y puede mostrar su cara explotadora sin ambages.

¿"Clase media" o trabajadores empobrecidos?

La otra falacia es la de los pobres que llegaron a la "clase media". Los cantores del capitalismo hacen trampa cuando hablan de pobreza porque reducen el concepto a una de sus aristas: "la pobreza extrema" o "indigencia" o "pobreza absoluta", la cual se refiere a las personas o familias que no tienen ingresos suficientes para pagarse una canasta de alimentos básica. Una vez que los tecnócratas han hecho este reduccionismo, los gobiernos aprueban algunas "ayudas" (transferencias) que supuestamente (cuantificadas) hacen llegar los ingresos de las familias indigentes a superar la "línea de pobreza".

En el caso de Panamá en eso consisten los programas como el PRODEC, "cien a los setenta", "ángel guardián", "la beca universal", etc. La suma de esas ayudas, transferencia o subsidios, según el gobierno, sacó a la mayoría de las familias de la pobreza. Pero los montos que reciben las personas apenas son un paliativo que no cubre las necesidades básicas. Admás, se establece un mecanismos de dependencia de la voluntad política del gobierno de turno y no una solución permanente.

Ese criterio de "pobreza" reducida a los indigentes, excluye el sentido amplio de pobreza, que abarca a familias y personas que, si bien reciben ingresos superiores a una canasta de alimentos (en Panamá en estos momentos alrededor de 300 balboas), no les alcanza para cubrir el resto de las necesidades (vivienda, transporte, salud, vestido, educación, etc.). En esta situación de "pobreza relativa" se encuentra la amplia mayoría dela clase trabajadora de todos nuestros países. Si se observa el Censo de 2010 en Panamá, la mayoría de las familias tienen ingresos inferiores a 700 balboas mensuales, con lo que es difícil pagarse una Canasta Básica General. Por ende son pobres. Y de esos pobres es que nacen las protestas.

La única salida a la crisis sistémica capitalista: la revolución socialista
El combustible de estos "levantamientos en todas partes" (Wallerstein) es la profunda crisis económica del sistema capitalista mundial. Crisis que ha pasado de crónica a permanente, porque ni Europa, ni Estados Unidos, han superado el "crack" de 2008. Crisis que, ante un mundo globalizado, no encuentra nuevos mercados que conquistar. Al capitalismo solo le queda el aumento de las desigualdades sociales, la superexplotación de la clase trabajadora, la expoliación al máximo de la naturaleza, el saqueo de naciones enteras, la marginalidad e incluso la guerra. Un sistema social en estas condiciones se ve obligado a recortar y violar los derechos democráticos constantemente, y a tratar de vigilar a sus ciudadanos, como ha mostrado el Sr. Snowden.

Las revoluciones del Siglo XXI recién acaban de comenzar. Todavía están a nivel de la conciencia en una fase de búsqueda y ruptura. Esta juventud indignada rechaza de manera rotunda la corrupción e hipocresía de los partidos políticos que han gobernado y son los responsables del actual estado de cosas, tanto de derechas como de "izquierdas". De ahí que a veces la protesta adquiera formas "apolíticas" o de rechazo a todo lo político. La maduración de esta juventud trabajadora indignada continuará forjándose en la lucha y más temprano que tarde comprenderá que la única solución real a sus problemas vitales está en convertir su movilización en una acción política que eche del poder a quienes representan los intereses de la clase capitalista.

Los socialistas comprendemos que nuestra tarea es acompañar a esta juventud trabajadora en lucha, para ayudarla a construir los organismos amplios y democráticos en que confluyan todos los explotados, las organizaciones políticas nuevas y los nuevos programas que guíen a las generaciones del siglo XXI hacia las revoluciones que liquiden el anacrónico sistema capitalista y construyan la nueva sociedad: justa, equitativa, democrática, ecológica y socialista. Como dijo Rosa Luxemburgo hace cien años, la alternativa vital de la humanidad es: SOCIALISMO O BARBARIE.


lunes, 15 de julio de 2013

ELECCIONES PRESIDENCIALES EN CHILE: TACTICA Y ESTRATEGIA

Categoría: Pensamiento Critico


Andrés Figueroa Cornejo 
1. El uso de una, de otra o de combinadas  formas de lucha bajo la dictadura del capital y sus relaciones de clase y de poder, durante toda su historia, está determinado por la lucha de clases. Independientemente de los deseos o ideología de un sujeto individual, de un grupo de interés, o de una clase social en particular, sea parte de la hegemonía o de los hegemonizados. 
2. La totalidad de un modo de producción y reproducción de la vida consiste en el conjunto de las relaciones sociales que caracterizan una manera histórica de existencia, de asociación, de continuidad y ruptura entre humanidad y naturaleza, en un momento dado. Esas relaciones sociales se desenvuelven a través del conflicto. Allí concursan variables multidimensionales, de las cuales unas son más relevantes que otras. No es lo mismo una guerra mundial que la formación de un sindicato. No es lo mismo el cambio climático que la quiebra de un banco en la India. Sin embargo, en cada uno de esos fenómenos se manifiesta el movimiento contradictorio e irreductible de la lucha de clases. 
3. Entonces, la totalidad  es un movimiento dialéctico que en la actualidad se resume como la fase de un capitalismo mundializado y maduro, donde predomina el imperialismo financiero y especulativo, la deuda, el despojo, la explotación intensificada del trabajo humano. La contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y sus relaciones sociales, o entre la apropiación privada del excedente que sólo produce socialmente el trabajo humano, es clara para quien quiera ver. Únicamente a la conciencia y conducción de la minoría gran propietaria le cabe oscurecer, a través de  mediaciones alienantes, la cualidad  histórica y finita del modo de producción capitalista y fomentar la falsa naturalidad de la sociedad de clases. Esa conciencia de los que mandan y dominan provisionalmente se vale no sólo de los altos mandos militares y la propiedad de la industria armamentista. Para producir el consenso ampliado de sus intereses y, en consecuencia, un tipo de gobernabilidad inestable, debe controlar y controla los contenidos y maneras de los medios de comunicación de masas, la producción de un sentido común determinista y fatal, y el disciplinamiento operativo en los ámbitos del consumo, educativos, laborales, recreativos y represivos. Asimismo, cuenta con la complicidad de la alta oficialidad religiosa y con la industria de intelectuales orgánicos que, tanto institucional como informalmente, fabrica los relatos mistificados para fortalecer el presente orden de las cosas y su normalización.
Ese oscurecimiento está destinado a la sociedad en general, incluida la minoría dominante, y para los dominados en particular.
Los pocos gozan  de las granjerías que les posibilitan la mala vida yel permiso de los muchos. Sus  políticas tanto de fondo como de utilería teatral son la dictadura del capital y la democracia representativa, aparente y funcional.
Sin embargo, la cuestión no es ‘dar vuelta la tortilla’ por un puro asunto de justicia social milenaria. Ahora mismo las clases explotadas y expoliadas, las grandes mayorías, contienen en su desenvolvimiento conflictivo las potencias objetivas  para superar la sociedad de clases. Esto es, pueden conciente e históricamente precipitar su disolución como humanidad subordinada, cuando enfrenten el término del modo de producción capitalista.           

4. Para transformar la vida y demoler el viejo orden es imprescindible la comprensión conciente de la realidad concreta y contradictoria del capitalismo y su presente fase por parte de las formaciones políticas revolucionarias –es decir, de aquellos conjuntos de personas anticapitalistas y armadas poli-éticamente de vocación de poder- capaces de formular no sólo un proyecto de sociedad nueva desde y entre los de abajo (y cuyas pistas están en las propias fracturas tecnónicas y sin remedio de la sociedad actual), sino también una estrategia y las tácticas adecuadas según el movimiento real del capitalismo y a la parte que en él le toca a la mayoría malviviente. Si bien las formas determinantes de la emancipación son todavía nacionales o regionales, su contenido, hoy más que ayer, permanece condicionado por las relaciones de fuerzas internacionales. El sistema mundo nunca fue antes tan total.

5. La minoría dominante que ofrece contenido, sentido y horizonte al Estado de Chile es un complejo de facciones de clase dependiente de los imperialismos centrales, y sobre todo del norteamericano. La burguesía chilena nunca fue revolucionaria. Siempre ha sido rentista y transnacionalizada. Su breve período cuasi industrializador y sustitutivo de importaciones dentro del caduco paradigma desarrollista de mediados del siglo pasado, no pasó de ser una coyuntura presionada por la segunda guerra mundial y la existencia de la Unión Soviética. En efecto, las políticas imperialistas de la Alianza para el Progreso (administración Kennedy) para Chile y América Latina sólo tuvieron por objeto aminorar las formas más explícitas de la lucha de clases y reprimir el ‘peligro comunista’ proveniente del ejemplo de la Revolución Cubana. Sin embargo, y premeditadamente, los conocimientos científicos y técnicos estratégicos siempre fueron monopolizados por la burguesía imperialista. Su fin también era ‘poner al día’ a Chile  para su mejor explotación de acuerdo a los requerimientos del capital en la división internacional del trabajo. Esto es, para que el territorio chileno –al igual que todo el denominado ‘tercer mundo’- funcionara como proveedor de recursos naturales y trabajo barato para los Estados planetarios hegemónicos.
Pero Chile no sólo es cobre, litio, celulosa, harina de pescado, unos cuantos salmones y dos botellas de vino. Para el Estado corporativo estadounidense es la cuna experimental y paradigma de la vanguardia ultraliberal, plataforma de financiarización y negocios asociados para la región, y es un bien simbólico por la derrota de la Unidad Popular en 1973 y la imposición temprana del orden monetarista del liberalismo más rabioso.

6. Cuando se afirma que los pueblos y los trabajadores, que el conjunto de las fuerzas sociales que en Chile, conciente o inconcientemente, con su acción social se enfrentan a la dictadura del capital no tienen más remedio que emplear todas los medios y formas disponibles según la situación concreta de la lucha de clases, es preciso diferenciar aquellas formas estratégicas de las contingentes. Los instrumentos políticos que expresan los intereses de las grandes mayorías, lejos del eclecticismo y la conciliación de clases, están condenados a elaborar tácticas complementarias y flexibles, y que nunca pierdan de vista hacerse de todo el poder. No de una fracción, sino de todo el poder. No existe otra condición posible para el ejercicio pleno de la democracia radical, la superación del capitalismo y la socialización de todos los ámbitos de la vida.
Ahora bien, lo estratégico en materia de promoción de una mayoría crítica creciente, práctica y teóricamente, se encuentra hoy en la acción directa de los movimientos sociales con miras a la creación de otro momento de la lucha de clases: el poder popular.
En este marco, la participación del anticapitalismo en el momento electoral organizado por la democracia burguesa, no fortalece al sistema por sí mismo, en tanto el o los instrumentos políticos del pueblo nunca dejen de subordinarse a la estrategia arriba descrita. Se trata de participar en un momento, y no de hipotecar, canjear o clientelizar al movimiento social y político del pueblo por una simple campaña electoral.
En consecuencia, la campaña lectoral se emplea como táctica circunstancial con el fin de amplificar los contenidos provenientes del propio pueblo en lucha en un espacio  que  todavía ofrece la democracia restringida, tutelada, burguesa, etc., en Chile por razones explicables en otro borrador. Es imposible negar que las elecciones en el país dan tiempo y visibilidad en los medios de comunicación masivos a quienes participan en ellas. Y quien refute el impacto agitador, político, constructor de opinión, etc., de los grandes medios de masas, tendrá que estudiar sus efectos sobre la realidad desde la Alemania nazi hasta el imperialismo contemporáneo. Como botones de muestra frescos: el objetivo imperialista (norteamericano, israelí, de parte de Europa) de hacerse de los recursos petroleros de Medio Oriente fue capaz, mediáticamente, de convertir la invasión a Afganistán en ‘una lucha contra el terrorismo’; la destrucción de Libia en ‘evitar una masacre de civiles’; la ocupación de Iraq en ‘la búsqueda de armas de destrucción masiva’; y los recientes acontecimientos en Siria en ‘la lucha contra una tiranía que asesina pacifistas’.  Cada una de estas ‘nobles’ justificaciones  ha sido probada en su falsedad por comisiones de la ONU, organismos de DDHH y el periodismo independiente.
De no participar crítica e instrumentalmente en la contingencia electoral de 2013, sólo quedan tres alternativas para el anticapitalismo: lanzar una ofensiva político-militar del pueblo revolucionario; llamar a anular el voto como protesta antisistémica; o dejar hacer.
La primera no resiste análisis; la segunda probará, una vez más, que anular en Chile es ineficaz políticamente; que llamar a la abstención, oportunista; y dejar hacer, cómodo. No participar hoy significa la pérdida de oportunidades de acceso a la comunicación masiva desde los intereses del pueblo y a través de medios todavía ‘veraces’ para gruesas franjas sociales y donde los medios populares aún no llegan (más por falta de recursos y tecnología, y persecución política, que por sus probados talentos y creatividad). Siempre considerando que el uso político popular de la TV, la radio, los periódicos, las web de los que mandan tiene como finalidad sustantiva potenciar al movimiento social y sus luchas. En fin. No es un asunto moral, principista, o una conspiración para distraer políticamente a los de abajo. Simplemente es útil.
Ante las elecciones anteriores quien suscribe este artículo llamó a votar nulo. Pero ahora las condiciones han variado y, además, hay por quién votar-luchando. Y no se está aludiendo en ningún caso a Marcel Claude, sino a la candidatura de una luchadora fogueada y con un entorno de incuestionables  militantes populares. De una candidata que desde hace mucho tiempo es dirigenta de pobres en permanente pelea contra los dueños de todo. Una que es protagonista del movimiento social anticapitalista y que siempre ‘ha puesto el cuerpo’. No se trata de una ‘aparecida’ para nadie. Y que aun con procesos judiciales por luchar, hace de su campaña un todo único con su batallar de siempre ( http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=es&cod=74509 ). Su campaña electoral es una extensión de su condición humana de luchadora social y no lo contrario.  

7. Finalmente y como contribución modesta al debate anticapitalista chileno. Una Asamblea Constituyente para la construcción de una nueva Constitución, a la usanza histórica de Chile, es una reunión de abogados y especialistas de las expresiones políticas del bloque en el poder para refinar y actualizar la arquitectura legal de dominación. Lamentablemente, no sería distinto según las actuales relaciones de fuerzas en el Chile de hoy. De hecho, ni Salvador Allende ni la Unidad Popular la convocaron. Y la Constitución de 1925 consagraba la propiedad privada en todos sus niveles y salvaguardaba los intereses de la clase dominante. Fue legalizada mediante un plebiscito donde participaron 134 mil hombres de más de 21 años que supieran leer y escribir, y el quórum no alcanzó el 50 % de los pocos habilitados para sufragar. La población de Chile era de 4 millones de personas.
Una Asamblea Constituyente radicalmente democrática y una Constitución Popular es un punto de llegada, posterior a la construcción de la hegemonía política de los intereses históricos de los trabajadores y los pueblos. Porque las leyes son también hijas de la lucha de clases y de las relaciones de poder, y no al revés. Sólo cuando la dictadura militar contaba  7 años y ya imponía en los hechos la versión del capitalismo ultraliberal de Friedrich Hayek y Milton Friedman, fabricó una Constitución.
Primero es el poder y luego los cuerpos jurídicos que refrendan y legitiman  las relaciones de fuerzas sociales realmente existentes en una sociedad dada. Los ejemplos recientes en América Latina no hacen más que confirmarlo.

domingo, 14 de julio de 2013

ESPAÑA: A la izquierda de lo posible


anguita_monedero

Visita la tiendaCuando Julio Anguita habla, una gran parte de la opinión pública española escucha. Sus opiniones impactan directamente en ese escondido rincón de la conciencia donde se aloja todo lo que se refiere a ciudadanía, a colectividad, a sentido común.

A la izquierda de lo posible (Icaria Editorial) es un libro que contiene un diálogo entre Julio Anguita, maestro, ex alcalde de Córdoba e histórico político comunista, y Juan Carlos Monedero, profesor de ciencias políticas de la Universidad Complutense de Madrid, ex asesor de Hugo Chávez y dialogador incansable.

Estamos ante una conversación de gran profundidad, donde ambos bucean en las raíces históricas de los problemas presentes y eternos de España. Parten primero de entender cómo el relato de la historia de España, y por tanto la construcción de su identidad actual, está escrito por los vencedores. Un relato, como indica Monedero, que va “de Don Pelayo a María Dolores de Cospedal”, que tiene sus antecedentes en la Contrareforma y que Anguita y Monedero interrelacionan críticamente hasta llegar a la Transición. En ese punto, el ex secretario del PCE valora, sin ataduras, el papel de su partido en este periodo. Una etapa esencial en la historia de España que califica de “engaño tremendo cuyas graves consecuencias llegan hasta la actualidad”. Monedero, por su lado, completa la crítica a la Transición desde una nueva generación de la izquierda, con nuevas perspectivas. Ambos remarcan la necesidad de reconstruir un relato crítico, “un hilo rojo”, de la historia de España.

También analizan sin ataduras episodios polémicos de la historia reciente de Izquierda Unida. Anguita reflexiona sobre su estrategia, sus diferentes identidades políticas y sobre la política de pactos de IU en Extremadura y Andalucía.

Situándose en la crisis actual, Juan Carlos Monedero plantea nuevas estrategias para la izquierda, aprendiendo de prácticas y saberes desarrollados en América Latina. Anguita, sin perder el ritmo, demuestra una ideología en constante evolución poniendo sobre la mesa propuestas concretas y planteando la necesidad de buscar nuevas formas de organización en los partidos de izquierdas. Hablan de frentes cívicos, de cómo articular puntos de encuentro con propuestas alternativas. Un discurso unitario para la izquierda de aquí y ahora que incluye a una ciudadanía organizada.

Un diálogo que explora la ilegitimidad del poder actual y que anima a la ciudadanía a situar a la clase dirigente en la ilegalidad. En esta conversación se entretejen propuestas posibles planteando el derecho a la rebeldía que, como recuerda Julio Anguita, tiene su base legal en la Declaración de Derechos Humanos de 1948.

“Este sistema social está anquilosado”

Extracto de la conversión entre Anguita y Monedero contenida en A la izquierda de lo posible

Juan Carlos Monedero

Creo que tenemos un gran problema en España y es que España falla como país. Es la frase con la que Ramón Carande cuando le piden: «resúmame España en dos palabras», contesta: «demasiados retrocesos». En nuestro país, siempre que ha existido un impulso, ha venido un contraimpulso.

Y esto es así cuando menos desde la guerra de las Comunidades de Castilla, de Carlos V contra los Comuneros, cuando la derrota acabó con la posibilidad de una red de ciudades libres y autónomas; luego, cuando en Europa se extiende la Reforma, en España nos convertimos en los paladines de la Contrarreforma; frente a la revolución liberal en Europa, y pese a que fuimos avanzados y hasta entregamos al mundo el nombre del liberalismo, aquí surge primero Fernando VII y luego el Carlismo. Cuando avanza la Revolución Francesa, nosotros velamos porque funcione el cordón sanitario. Si en los años treinta emerge la revolución democrática y tras la derrota del fascismo nace el Estado social, a nosotros nos toca la anomalía de 40 años de franquismo en pleno siglo XX.

Esa es la marca España, eso de lo que ahora habla tanto el Partido Popular. Pero la marca España tiene unos cuantos problemas como país no resueltos desde el siglo XIX: la cuestión social, la cuestión territorial y la cuestión internacional. Ese «no recordar» del que hablamos, nos impide enfrentar quiénes somos, nos lleva a no asumir nuestra propia historia. Se llama los Cien mil hijos de San Luis para que vengan a solventar los problemas de la monarquía, Franco llama después a Hitler y a Mussolini para que bombardeen a otros españoles, Felipe González llama a Willy Brandt y a Mitterrand para que saqueen la industria nacional. Y en ese sentido creo que la solución es que en algún momento el pueblo de España decida por sí mismo, que asuma realmente las riendas de su futuro y se reinvente.

Es necesario poner enfrente de un espejo la idea de las dos Españas, que ha sido el gran argumento para frenar la transformación, como si realmente hubiera dos Españas iguales, similares, pero confrontadas, que se argumentan en la historia con los versos de Machado «españolito que vienes al mundo te guarde Dios/ una de las dos Españas ha de helarte el corazón» o con el Duelo a garrotazos de Goya, esos tipos semi enterrados en la arena en una pelea a muerte, o en la frase famosa de Larra en el cementerio la noche de difuntos: «aquí yace media España, víctima de la otra media». Pero no es verdad. Ha habido una mayoría de españoles en la historia que han querido construir su bienestar y han encontrado enfrente a una minoría con mucha fuerza que ha sabido frenar cualquier desarrollo de esa mayoría.

Lo que tú planteas, Julio, es el corazón de lo que tenemos que hacer y también lo que explica por qué están floreciendo tantos grupos políticos que tienen una parte analítica. Porque sin explicar qué es lo que ocurre no podemos operar políticamente. Creo que una de las primeras razones que tenemos que enfrentar es mostrarle a esta ciudadanía dónde ha sido engañada. Por esto al principio señalaba que hemos sido: «engañados, traicionados y envilecidos», porque me parece muy relevante.

La gente tiene que dejar de aceptar ese juego de nuevos ricos que piensa que en algún momento España fue maravillosa. Si no se contrarresta ese discurso, van a ganar los que dicen: «Pronto van a pasar los males, ya tenemos localizados a los culpables —que van a ser inmigrantes o malos españoles— y vamos a regresar a ese pasado luminoso».

Aquí, en el Reino de España, nunca hemos tenido, en las casi cuatro décadas de posfranquismo, un referéndum real. Cuando murió Franco no nos preguntaron si queríamos democracia o república; aquí no hubo un debate real sobre la Constitución de 1978; aquí no hubo un debate real ni siquiera sobre el referéndum de la OTAN, porque fue un referéndum amañado por la manipulación de la única televisión que había; aquí no nos preguntaron qué tipo de relación queríamos con Europa… Es decir, el nuestro es un país en el que no se ha confiado nunca en la población para que realmente opine cómo quiere articularse, y por lo tanto siguen funcionando las mentiras de ese relato, como tú bien dices, del siglo XIX.

Julio Anguita

E incluso de antes. Yo me sitúo en la Contrarreforma. Además, la Contrarreforma significa que existe una verdad oficial y, ¡ay de quien no viva según esa verdad oficial! Pero claro, esa Contrarreforma también existe porque hay un estancamiento social, de la propiedad: de la propiedad inalterable, de la Iglesia, de la nobleza, la propiedad de los ayuntamientos, aunque esta propiedad estaba muy al servicio de la gente, de los bienes propios.

Este sistema social está anquilosado. Hoy en día los agricultores, en concreto en Andalucía, siguen igual que en el siglo XVII, agricultores-labradores que en muchos casos te llevan la finca desde el cortijo. No cambia. Es esa misma situación. No ha habido una revolución agraria.

En el siglo XIX, en 1836, cuando a un propietario agrario de Córdoba —Álvaro de Sotomayor— se le ocurrió traer la Sociedad Económica de Amigos del país, yo tuve la oportunidad de poder leer cómo en la prensa de entonces el choteo era generalizado; se le contestaba con el refrán, se le contestaba con la apostilla, con la vulgaridad de que la vida es así, que por qué te vas a meter en determinadas circunstancias, etcétera.

Pero hay un momento en que parece que algo cambia. Es en la llamada Guerra de la Independencia, donde aparece un ejército, diríamos, liberal, donde se multiplican los aspectos de mayor creatividad en lucha contra el francés; pero a pesar de esa gran lucha contra el invasor, los Cien mil hijos de San Luis entran en España sin disparar un tiro y se plantan en Andújar.

¿Cómo es posible que aquella gente que se levantó en armas sea capaz ahora de aguantar que entren 100.000 franceses? La explicación está en la Iglesia. La Iglesia le estaba diciendo al guerrillero: «lucha porque la virgen lo está diciendo, porque el Señor, por tu costumbre…» y como los que vienen, vienen a poner al rey absoluto, automáticamente la Iglesia se mantiene.

Pero el hecho se repite. Vamos a ver: ¿hoy en día, alguien ha oído a la Iglesia criticar la política económica? ¿Alguien ha oído al cardenal Rouco decir cómo están viviendo millones de españoles, que hay gente que no come? ¿Alguien ha escuchado cualquier decisión, cualquier comentario de la Conferencia Episcopal, sobre la situación económica? No.

Simplemente están luchando por la pervivencia de la Iglesia como institución, para que predomine su pensamiento por encima de los otros. No han aprendido nada.

Porque la Iglesia no es solamente la Iglesia, la Iglesia se monta sobre un conjunto de perezosos mentales que defienden su chiringuito económico a capa y espada, y es una especie de costra que tiene una influencia a través de los mecanismos, de los tópicos y folclores con la gente del común: la Virgen del Rocío es un ejemplo. Ahí se disipan todas las diferencias sociales. La María Santísima es la importante. Y así la sociedad no se mueve.

¿Cómo intentar combatir eso o por lo menos poner a la gente delante de un espejo? No somos nuevos, esto ya se intentó: se intentó en la República, se intento muy poco, dentro de lo que se podía, con la Ilustración, esa Ilustración a la española que era más aguada que la francesa, de una minoría, que en un momento determinado prende porque hay mensaje en la izquierda que habla de un mundo nuevo: estoy hablando de Fermín Salvochea, estoy hablando de las primeras organizaciones obreras, estoy hablando de la Guerra Civil donde se da ese enfrentamiento que ya viene de todo el siglo XIX y que pone a toda la gente a luchar por una esperanza nueva defendiendo la República…

Pero llega después el Franquismo y llega la Transición, que es una auténtica apisonadora de vulgaridad, de pobreza intelectual. Y ahí, hay que decirlo, tienen responsabilidad, tenemos responsabilidad los partidos políticos, y entre ellos el Partido Comunista de España. Y lo dice alguien que fue su Secretario General, pero que ya en una reunión del Secretariado hicimos la conveniente autocrítica porque fuimos responsables también de lo que estaba pasando.

Julio Anguita

Gracias a una charla sobre la legalización del PCE que tuve que dar en la universidad, conocí lo que el Comité Central pensaba sobre la bandera y la Monarquía, pues yo no formaba parte de la dirección. Entre el material que pude oír una frase me llamó la atención: «bueno, hemos luchado para esto».

Pues no, no hemos luchado para esto. Miren ustedes, los que nos metimos en el partido en los años setenta teníamos dos ideas claras: una, luchábamos contra la dictadura, pero queríamos otra España avanzada socialmente. No nos metimos solo para que muriese Franco y a ver qué nos daban.

Pero se presentó así y tragamos, con más o menos debate pero tragamos, y ahí está el origen de muchos problemas. ¿Por qué?, porque el PCE era el único que había luchado consecuentemente, y por tanto su ejemplo tenía que continuar después. El fallo lo hemos pagado caro, porque el PSOE era el PSOE, y ya sabíamos lo que iba a pasar.

Desde la izquierda hay que tener la valentía de explicar todo esto a nuestro pueblo, con mucha paciencia y dulzura. Incluso arrostrando el riesgo de que no le guste la explicación. Es decir, combatir al PP en estos momentos tiene que ir acompañado de un proyecto alternativo y de un relato histórico, si no, acudimos, simplemente, a la lucha inmediata, a la tensión del momento, a la algarada ante cualquier situación. Es necesario un proyecto cultural que se enfrente como contrapoder al proyecto cultural que tiene la derecha, que está más arraigado de lo que nosotros podemos pensar.

Juan Carlos Monedero

La mirada suspicaz con la Transición me vino cuando estudié en Alemania. Los contrastes entre ambos países eran muy grandes. Defender el nazismo en Alemania era un delito, y en España, un franquista como Fraga, que estaría preso de haber sido alemán, encima escribía la Constitución Española de 1978. España era un país extraño donde, a diferencia del resto de Europa, podías ser demócrata sin ser antifranquista. Además, si la democracia española me parecía tan débil, la Transición no podía ser tan maravillosa [...]

La Transición no se cuestionaba. Tan grande era el fraude, que incluso el 23F desaparecía del relato de la Transición porque no había cómo encajarlo. Al final, tuvo que ser un novelista, Javier Cercas, el que escribiera el relato del triunfante golpe del 23F (porque el golpe triunfó en todos sus objetivos, más allá de que Tejero arruinara el plan inicial del Rey), cubriendo el hueco que la academia, de manera vergonzante, renunció a cubrir.

Yo creo que si uno mira la historia de nuestro país (bueno digo siempre país aunque soy consciente de que somos una peculiar nación de naciones aún por entender), no tiene fácil encontrar los hechos que podrían anticipar nuestra rabia. Francia mira a la resistencia contra los nazis, a la toma de la Bastilla. Nosotros a mitos llenos de falsedades como el Cid Campeador o la Transición, incapaces siquiera de reclamar el liberalismo progresista del siglo XIX.

Julio Anguita

En España falta el movimiento intelectual, eso es clave, porque sin ese movimiento intelectual no hay movimiento obrero. Los obreros o los trabajadores, librados simplemente a nuestras fuerzas, no pasamos del reformismo.

Los sindicatos necesitan una referencia de sociedad alternativa, porque cuando la han perdido se han transformado en gestores de la sociedad que hay.

Esta situación se ve a lo largo de la historia. Cuando la UGT, la CNT o Comisiones Obreras empiezan a hablar de otra sociedad alternativa, más participativa, donde la riqueza se reparta entre todos, están planteando otro mundo. Pero, hoy esto ya no se plantea. Ha desaparecido esa meta. Se habla de los convenios, de lo mal que lo hace el gobierno y, ¿qué ocurre? Que los sindicatos terminarán por desaparecer, porque, entre otras razones, están defendiendo unas causas que a veces ya no tienen sentido.

A la clase o las clases hay que darles el sentido de su deber en estos momentos, porque no solo de pan vive el hombre; necesita un sentido, un porqué, para poder seguir luchando, que solo se lo puede dar un discurso comprometido. Esa alianza que se llamó la alianza de los trabajadores y los intelectuales es necesaria, pero eso sí, esto no es mezclarse todos en una manifestación y punto, no se trata de eso, esto es un combate intelectual, por la historia, y, o se hace así o no tendremos ninguna salida.

[...] me han preguntado si tengo una obsesión por la historia. Pues sí, porque quiero decirles a mis compatriotas cuando me lean que la Transición fue un engaño tremendo, que ya venía precedido por otros engaños en la historia. Es tremendo el desconocimiento de la historia de España.

Juan Carlos Monedero

Y sin embargo Felipe González metió a los intelectuales en la bodeguilla. Cien intelectuales firmaron un cheque en blanco al Partido Socialista en el 82, después se vieron prácticamente obligados a apoyar el sí a la OTAN, gracias a todo el entramado del grupo Prisa, que era el que decidía si eras intelectual o no lo eras [...]